Carta a los familiares de las víctimas de Once

El presente es el texto de la carta que la Defensora del Pueblo de la Ciudad Alicia Pierini entregó a padres de víctimas de Once.

 

Buenos Aires, 22 de febrero de 2013

 

Hay tragedias que trazan una línea entre el antes y el después. No sólo para las víctimas o sus familias. También para toda la sociedad.

En diciembre del 2004 nos pasó con Cromagnon, aquí, en la ciudad, en pleno Once. En una crónica de entonces escribí lo que había visto: “familias destrozadas buscando a sus hijos, cientos de sobrevivientes hospitalizados y traumatizados… desesperación en la búsqueda … padres atravesados por el dolor… y también: Funcionarios atónitos y atemorizados por su propio destino, ausentes de solidaridad”.

¿ Hay alguna diferencia entre aquél diciembre del 2004 y ese febrero del 2012 ? Si hasta el barrio del Once los hermana…

Teñida de dolor y de bronca, la palabra Cromagnon quedó como un emblema. Significa DESASTRE EVITABLE , tragedia que no remite a causas naturales.

Desastre evitable fue también el del 22 de febrero del año pasado.

Creímos que Cromagnon sería una línea divisoria entre dos tiempos, que pondría fin a la omnipotencia del “a mí no me va a pasar”.

Pero no ha sido así, al contrario: ha vuelto a pasar.

Y por las mismas causas: desidia, corrupción, ineficiencia.

Otra vez: empresarios y Estado asociados en lo que el fiscal Federico Delgado califica de “relación espúrea” cuando explica que “las fuentes que posibilitaron el estrago han sido una deliberada desidia y un ciego interés económico”.

Tremendamente igual que en Cromagnon.

Ocho años después, el único aprendizaje parece haberlo asimilado sólo el sistema de Emergencias: porque en 2012 la emergencia se coordinó profesionalmente; mientras que en el 2004 había sido una vergüenza.

La tragedia de hace un año hubiera podido evitarse simplemente con un poco menos de corrupción.  El dolor y la bronca son difíciles de sobrellevar y requiere tiempo cicatrizar y más aún superar.

Los que integramos la Defensoría del Pueblo les hacemos llegar nuestra solidaridad y nuestro abrazo fraternal. Los acompañaremos en la búsqueda de verdad y de justicia, en el aporte a la conciencia social para no olvidar, para que no se repita. Más aún: para aprender a no tolerar más la corrupción.

Junto a ustedes queremos volver  a creer: en que nunca más ni boliches ni transportes se transformen en trampas mortales,  o –como diría el Fiscal-: queremos creer que no se reiterarán “las desidias cómplices de intereses económicos”.

Dra. Alicia Pierini

Defensora del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires

Intolerancia en el parque

En días del Bicentenario de aquélla Asamblea de 1813,  pionera en derechos humanos, en el parque celebratorio del primer Centenario se vivían escenas de violencia, intolerancia y represión que nos preocupan.

Hemos presenciado un fuerte disenso vecinal respecto de las rejas, y ninguna mediación para el diálogo. Seguramente muchos creen que enrejar es una solución al vandalismo y la depredación que se viene sufriendo en los parques, pero también otros muchos exigen que haya libertad en el espacio público para su esparcimiento.  Cuesta creer que en un parque tan grande como el Parque Centenario no se puedan acordar los lugares para conformar a todos o casi todos los sectores.

En cambio se vio al mismo funcionario con la misma inflexibilidad que ya había mostrado en las calles FloridaPerú al desalojar agresivamente a los vendedores informales y convocando a la policía para que reprima, decomise sus mercancías y los estigmatice como “ilegales”, lo que equivale a “delincuentes”.

El derecho a comprar y vender es constitucional, además de universal y existir desde el tiempo de los fenicios. No es ilegal, excepto que se vendan cosas robadas a sabiendas. Los funcionarios debieran saber que las normas que regulan el espacio público son de rango inferior a la Constitución.  Y que un parque es un lugar donde las personas tienen derecho a ejercer sus derechos.

Los llamados “manteros” son trabajadores informales, irregulares. Bastaría con regularizar sus situaciones -aunque dé mas trabajo que reprimir- asignando los espacios y paulatinamente abordar un problema social que es obvio y creciente en tanto el trabajo formal disminuye y aumenta la pobreza. Sin embargo, aun siendo irregulares, los manteros son trabajadores, y a quienes trabajan y no salen a robar, hay que protegerlos, ordenarlos legalmente y no llamar a la policía que, para colmo, actuó brutalmente.

El Centenario fue un lamentable espectáculo de intolerancia y ausencia de conducción democrática, para finalmente -como siempre- terminar poniendo en manos de jueces el conflicto que debió haber sido previsto y encauzado cívicamente por el área ejecutiva.

Por favor, reflexionen: hay otros métodos para abordar la conflictividad social, es usando las herramientas de la democracia.