Kirchnerismo de pura cepa

En una nota publicada el fin de semana en Tiempo Argentino bajo el ingenioso título de “Cuestiones Máximas”, Hernán Brienza plantea buenas y malas, o en todo caso, preocupantes noticias. Empecemos por las segundas, como le gustaba a Don Corleone, y luego vayamos por las primeras.

Es ciertamente preocupante que, a falta de un líder, el pueblo kirchnerista (expresión probablemente redundante aunque nuestra) siga siendo “una masa desorganizada y desunida” a pesar de la existencia de agrupaciones tales como “Unidos y Organizados”. Además, nos parece un arma de doble filo sostener, como lo hace Brienza, que “con todo el aparato mediático en su contra, con los principales grupos de presión, representantes de las elites dominantes, (el kirchnerismo) ha logrado, a casi 12 años de gobierno mantener cautivado a un gran porcentaje de la población”. En efecto, a la luz de semejante hecho, ¿qué sentido tiene empezar y terminar todas nuestras oraciones con una referencia al poder de los medios opositores? La respuesta, en realidad, quizás sea obvia: los medios opositores seguirán haciendo daño mientras haya gente que no sea kirchnerista.

En cuanto a las buenas noticias, es altamente loable que Brienza se esfuerce por alcanzar un punto de convergencia factible para todos los argentinos, para no decir para toda la Humanidad, o seres capaces de ser persuadidos razonablemente. Hay que reconocer que no es la primera vez que lo hace, ya que en su momento Brienza había proclamado urbi et orbi que, palabras más, palabras menos, “no nos merecemos al kirchnerismo”.

En efecto, es para alcanzar este consenso superpuesto que suponemos Brienza se formula dos preguntas. La primera es: “¿por qué los medios de comunicación de la oposición” primero maximizaron el discurso de Máximo para luego minimizarlo, “intentando de cualquier manera contrarrestar los posibles efectos positivos que pudiera haber generado el hecho político… más interesante de los últimos meses?”.

Con su habitual modestia y precisión, Brienza sostiene que la “respuesta es sencilla”. Se debe a que “todavía el kirchnerismo tiene la capacidad de mover el amperímetro en el mapa del poder local, hacia adentro y hacia afuera de las filas propias”. En verdad, nos guste o no, seamos oficialistas u opositores, Brienza tiene razón. Seguimos hablando del kirchnerismo, el cual probablemente sea un fenómeno político inolvidable. De hecho, ya hay bastantes calles, hospitales, rutas, escuelas, becas, cátedras, centros culturales y vaya uno a saber cuántas cosas más destinadas a tal efecto.

La segunda gran pregunta que se hace Brienza en aras de obtener un consenso superpuesto es: “¿por qué otro Kirchner?”. Brienza es consciente de que hay “claramente, un problema. ¿Hasta dónde es transmisible esa confianza política depositada en Néstor y Cristina?”. Y Brienza triunfa donde fracasaron insignes intelectuales. En efecto, su silogismo es arrollador:

(A) Tenemos fe en todo lo que hace Cristina.
(B) Cristina designa a Máximo como sucesor.
ergo
(C) Tenemos fe en Máximo.

Por si alguien todavía dudara de la validez de este silogismo, e incluso del valor de verdad de (A), Brienza incursiona nuevamente en la ontología kirchnerista, proponiendo una verdadera oferta que no podemos razonablemente rechazar: “Máximo viene, de alguna manera, a funcionar como ‘garantía de calidad kirchnerista’. No se sabe, en términos públicos, si tiene o no condiciones para la política. (…). Pero hay algo que es indudable: es kirchnerista de pura cepa –sepa disculpar el lector la ironía del lenguaje–”. Estamos tan de acuerdo con esta afirmación de Brienza que hasta hemos contemplado consultar con nuestro Departamento de Asuntos Legales (o “Legales” como lo llamamos habitualmente) para averiguar si no se trata de un plagio, o quizás de un caso de espionaje en nuestros archivos, con lo cual esta buena noticia no deja de tener cierto sabor amargo para nosotros.

En efecto, nunca estuvimos tan de acuerdo con Brienza. ¿Quién en su sano juicio podría dudar de que Máximo Kirchner sea “garantía de calidad kirchnerista”, un “kirchnerista de pura cepa”? De hecho, se trata de un material destinado a convertirse en proverbio: “Ser más kirchnerista que Máximo” puede hacer empalidecer al muy actual “Ser más papista que el Papa”. En cuanto a que para ser kirchnerista de pura cepa o de calidad no hace falta tener condiciones para la política, cierto kirchnerismo podría mostrarse reticente a compartir esta creencia de Brienza. Por lo demás, las mismas consideraciones sobre plagio o espionaje se aplican a la otra gran ironía de Brienza: Máximo es “como cualquier hijo de vecino”.

Tranquiliza saber entonces que no predicamos en el desierto y que está lejos de ser quijotesca la búsqueda de consensos políticos basados en la razonabilidad, y quizás en la tautología. Como ya habíamos dicho alguna vez, a veces lo que más cuesta es el primer paso, tal como comentó Madame Du Deffand al escuchar la historia del santo patrón de París el cual luego de haber sido decapitado recogió su cabeza y se puso a recorrer varios kilómetros de París con la cabeza bajo el brazo.

El artículo apareció originalmente en el blog de Andrés Rosler, La causa de Catón

Abajo la restauración

En su nota de ayer en Página/12, Emir Sader nos alerta acerca de una inminente “Restauración Conservadora” en América Latina. Sin embargo, no hay que desesperar, ya que la nota contiene buenas y malas noticias. Empecemos por las malas, como quería Don Corleone.

Por supuesto, el sujeto que empuña las armas son “los medios de comunicación privados”. Las armas en cuestión son dos y de doble filo. En primer lugar, la democracia. En efecto, los medios privados buscan “proyectar candidatos que representarían la antítesis de los gobiernos progresistas”. Sader cree que “como no es posible el camino liso y llano de golpes militares al estilo de décadas atrás, la derecha se vuelca hacia los procesos electorales, con grandes maquinarias de publicidad, valiéndose además de los medios privados de comunicación como su arma esencial”.

Sin embargo, si la democracia es un arma que la derecha usa para sus propios fines, se trata de una actividad riesgosa pero legal, similar a comprar pasajes aéreos a alguien con la esperanza de que se caiga el avión en el que viaja. En otras palabras, se trata de riesgos inevitables si queremos democracia o viajar en avión.

El otro arma es el Código Penal. En efecto, la derecha ha puesto en marcha “campañas de denuncias de supuestas irregularidades de los gobiernos, que sirven para debilitar su imagen frente a la opinión pública, así como para descalificar a Estados, gobiernos, partidos, política, como forma indirecta de ensalzar al mercado y a las grandes empresas privadas”. En lo que atañe al caso argentino, dormimos con la conciencia tranquila porque hemos advertido la persecución mediática que sufre nuestro amado Vicepresidente. Otra vez, nos preguntamos si Sader solamente sospecha del Código Penal cuando es empleado contra la izquierda (suponiendo, tal como lo sostiene nuestra Presidenta, que a su izquierda está la pared) o si Sader se opone por principios a la idea misma de un Código Penal (o al menos al título mismo sobre delitos contra la administración pública). Nos vemos en la obligación de recordarle a Sader que el Código Penal de Cuba, por ejemplo, cuenta con un frondoso título al respecto.

Las buenas noticias son que dado que la “experiencia de Sebastián Piñera en Chile fue un primer intento” de la restauración conservadora, “con un empresario de éxito en la esfera privada como supuesto mejor gobernante para el Estado”, precisamente “su paso por el Ejecutivo demuestra cómo esas nuevas caras apenas reproducen los viejos programas de la derecha tradicional y terminan fracasando”. En otras palabras, la derecha podrá ganar alguna elección, pero siempre termina mal, lo cual a su modo reivindica a la democracia, ya que el fracaso de la derecha le abre un camino democrático a la izquierda. Pero por otro lado, esto debilita la preocupación de Sader por la restauración ya que tarde o temprano la derecha siempre pierde.

El resto de las buenas noticias es que el “éxito que puedan tener” las restauraciones conservadoras “supone, siempre, errores de esos mismos gobiernos [progresistas]“, que pueden ser corregidos por dichos Gobiernos. El primer desacierto progresista es “la no democratización de los medios de comunicación, lo cual permite a la derecha disponer de un gran arma de acción”. Por suerte, entonces, en nuestro país estamos salvados, porque la así llamada Ley de Medios está siendo implementada.

El segundo desacierto progresista son los “errores en las políticas económicas, con sus efectos en las políticas sociales (…). Asimismo, cuando fallan las políticas sociales, a veces también por el efecto de la inflación, se pierde apoyo popular”. Acá la situación es mucho más delicada. En primer lugar, para Sader, si gana la derecha la elección eso se debe a los errores de la izquierda, mientras que para nuestra Presidenta, todo voto que pierde se debe a una conspiración internacional en su contra.

En segundo lugar, la inflación, que para Sader es un error del progresismo, es antes bien la política pública por antonomasia del progresismo, al menos en su versión populista vernácula cristinista. De ahí que para nuestro país la recomendación de Sader, “readecuaciones en las políticas económicas y sociales”, sea imposible. Otra vez, es algo así como cristinismo sin demagogia, o Hamlet sin el Príncipe, como se suele decir en inglés. Encima, semejantes readecuaciones suelen implicar devaluación (o desplazamientos del punto de convergencia entre monedas de diversas nacionalidades, parafraseando a nuestro jefe de Gabinete), pero por suerte nuestra Presidenta ha anunciado públicamente que vamos a tener que esperar otro Gobierno porque ella no va a devaluar nuestra moneda.

Sin embargo, pensándolo bien, nosotros no tenemos por qué preocuparnos ya que no tenemos inflación, o al menos no tanta como para preocuparnos por ella. Parafraseando al Jefe de Gabinete otra vez, sólo tenemos variaciones estacionales de precios debido al insaciable apetito de las corporaciones. Deberíamos preguntarle entonces, v.g., a nuestros hermanos brasileños cómo es que pudieron contener la voracidad corporativa, al menos teniendo en cuenta su tasa de inflación. Con un poco de colaboración, juntos venceremos.

Este artículo apareció originalmente en el blog de Andrés Rosler, La Causa de Catón

Milagros kirchneristas

La reciente carta presentada por prestigiosos economistas de renombre mundial (entre ellos Joseph Stiglitz y John Roemer) para apoyar la posición argentina ante la ONU, a los efectos de que esta última regule las negociaciones de la deuda soberana, parece adolecer de cierto defecto: una de las firmas que lleva es la de Albert Hirschman, uno de los cientistas sociales más famosos del siglo XX, quien falleciera hace dos años.

Como no faltarán seguramente las voces opositoras que aprovecharán la ocasión para poner el grito en el cielo, nos vemos en la obligación de recordar la reacción de Madame Du Deffand, amiga de Voltaire, ante la extática narrativa del Cardenal de Polignac sobre San Denis, el santo patrón de París. En efecto, el Cardenal le había contado que San Denis luego de haber sido decapitado en el siglo XXIV antes de Kirchner (III a. C. en la vieja terminología), recogió su cabeza y se puso a recorrer varios kilómetros de París con la cabeza bajo el brazo. Cuando, entonces, Madame Du Deffand escuchó esta historia de boca del Cardenal, comentó: “¡Ah Monseñor! ¡Es sólo el primer paso el que cuesta!”.

Ahora bien, las muy tendenciosas notas publicadas sobre el aparente defecto de la carta no solamente pasan por alto la historia del santo patrón de París que acabamos de recordar, sino que además se olvidan de más que comparables y seculares hechos nuestroamericanos. En efecto, la muerte no le había impedido a Chávez probablemente designar funcionarios y sucesores sino incluso hablar con Maduro en estado metempsicótico en la forma de un ave (de hecho, aunque creemos que lo hizo en vida, Chávez viajó en el tiempo para firmar la Declaración de Independencia de Venezuela). Por lo demás, Hirschman bien pudo haber dejado una hoja firmada en blanco por si aparecía eventualmente una causa que valiera la pena luego de su fallecimiento. Después de todo, su familia no desmintió su posibilidad ni tampoco la biblioteca en la cual obran los documentos inéditos de Hirschman.

Y hablando de Hirschman, su libro Exit, Voice, and Loyalty (Salida, voz y lealtad) nos da el pie ideal para tratar el muy interesante artículo publicado en Perfil por el Prof. Guido Croxatto, uno de los afortunados ganadores de la beca Néstor Kirchner, miembro de Justicia Legítima, ex asesor de la Secretaría de DD.HH. de la Nación (en la época de Eduardo Luis Duhalde) y aparentemente actual asesor de la Presidenta de la Nación en materia de política nacional (a juzgar por lo que el autor, v.g., cuenta en otra nota: “Recordarás, Cristina, lo que pienso de Moreno, lo que te escribí desde Alemania lo sostengo punto por punto”). En esta nota, el autor muestra su preocupación por cómo el personalismo hiperpresidencialista pone a la sociedad bajo la dominación demagógica dando lugar entonces a lo que entendemos la historia recordará como el nacimiento del kirchnerismo deliberativista.

Nuestros lectores se imaginarán nuestra curiosidad intelectual acerca de la posición de Croxatto: ¿cómo pensar al kirchnerismo sin la demagogia hiperpresidencialista? ¿No es acaso la noción de kirchnerismo republicano, un kirchnerismo sin Néstor ni Cristina, una contradicción en sus términos, algo así como un contractualismo sin contrato o Hamlet sin el Príncipe, como se suele decir en inglés? ¿No será entonces que Croxatto, retomando a Hirschman, ha decidido salir del movimiento, poniendo en duda de este modo su lealtad? Croxatto, con razón, podría replicar que el Peronismo sin Perón todavía subsiste, quizás más fuerte que nunca. Pero mucho nos tememos que la idea de un peronismo deliberativista tiene problemas estructurales muy similares a los del kirchnerismo deliberativista propuesto por Croxatto. Así y todo, como cuentan (aunque equivocadamente) que dijo Chou en Lai sobre la Revolución Francesa, todavía es algo apresurado para juzgar.

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de Andrés Rosler, La Causa de Catón

“Siempre parece haber excusas para bombardear Irak”

En un reciente video de Télam el destacado analista internacional Pedro Brieger sostiene que, al menos en lo que respecta a EEUU, “siempre parece haber excusas para bombardear Irak”.

Semejante tesis es ambigua. Decir que EEUU tiene una “excusa” para bombardear Irak puede referirse por lo menos a que (a) la razón que EEUU invoca no existe (no hay ninguna grave violación de DDHH (decapitaciones, persecuciones, violaciones, etc.) en el Norte de Irak), o a que (b) si bien las graves violaciones de DDHH existen no podrían ser interrumpidas por los bombardeos, o (c) las graves violaciones de DDHH existen pero son aprovechadas por EEUU para bombardear Irak por razones auto-interesadas.

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Pensamiento masónico nacional

En medio de tanta discusión efímera sobre la economía, es refrescante que en dos entrevistas recientes, el Secretario para el Pensamiento Nacional, quizás sin proponérselo, haya revelado la estructura masónico-trinitaria de su pensamiento. En efecto, es fácil de advertir la manera en que el Secretario apela frecuentemente a la trinidad para revelar su pensamiento. Por ejemplo, tomemos una reciente entrevista en Página/12 (los corchetes son nuestros):

- “El nombre [de la Secretaría] [1] tocó sensibilidades, [2] movilizó ciertos fantasmas, [3] provocó reacciones”.
- “‘Pensamiento nacional’ es un nombre [1] polisémico, [2] equívoco, [3] complejo”.
- “Lo nacional hoy en la Argentina es muy difícil de categorizar desde una sola perspectiva. ¿A Borges cómo lo colocamos? [1] ¿Como un escritor cosmopolita sin raíces? [2] ¿Como un escritor del criollismo vinculado a su Palermo natal o a los relatos de Guillermo Hudson o de Güiraldes, o lo vinculamos con su descubrimiento de Herder, de Keats, de Whitman o de Schopenhauer? [3] ¿O es todas las cosas al mismo tiempo?”
- “Lo que hay son [1] giros, [2] invenciones, [3] sentidos en disputas y eso nos plantea la dificultad de pensar la Argentina”.

Por supuesto, cualquiera puede tener un día triádico, y quizás las respuestas en esta entrevista hayan sido sólo una casualidad. Pero hete aquí que en otra entrevista (click) reaparece la estructura masónica, la cual a la sazón, es la misma que la del vals y sobre todo del pericón nacional (un, dos, tres):

- “Darle a la cultura ese lugar de gabinete ministerial permite una serie muy poderosa de [1] acciones, de [2] reconocimientos y de [3] legitimidad”.
- “Esto implicaría dejar afuera a todos aquellos modos de la creación cultural [1] que no son inmediatamente rentables, [2] que no son un negocio, [3] que no están en el ‘main street’ de la creación cultural”.
- “Un Ministerio de Cultura básicamente protege… a aquellos que con enorme esfuerzo sostienen esa trama de la creación cultural y que no tienen como objetivo [1] el negocio, [2] la construcción mercantil o [3] la rentabilidad”.
- “La verdad que las actividades que estamos planeando son [1] diversas, [2] múltiples y [3] con mucha intensidad”.
- “Yo creo que el nombre que decide desde la Presidencia de la Nación para esa Secretaría tiene esa potencia. Porque es un nombre que produce [1] escozor, que produce [2] interrogación, que produce [3] rechazo también”.

Por si esto fuera poco, Forster nos ha legado una frase para reflexionar -no sería la primera vez que el Secretario nos deslumbra con su sutileza- como respuesta a la pregunta acerca de por qué “la derecha mediática atacó” la creación de su Secretaría:

“Se combinan dos cosas. A veces los nombres tienen dos posibilidades: o pasar desapercibidos, no producir ningún efecto; o tener la potencia de generar efectos. Y yo creo que el nombre que decide desde la Presidencia de la Nación para esa Secretaría tiene esa potencia. Porque es un nombre que produce escozor, que produce interrogación, que produce rechazo también”.

En otras palabras, (1) que los nombres producen efectos o no lo hacen a primera vista parece ser una obvia tautología, algo así como decir que el mundo se divide entre los que conocen al Gallo Claudio y los que no lo conocen, pero no lo es porque Forster sutilmente, casi de manera inadvertida, califica su aserto mediante el adverbio “a veces”. En cambio, las tautologías se cumplen necesariamente: la división que provoca el Gallo Claudio tiene lugar siempre.

Y (2) la respuesta según la cual la Secretaria es rechazada porque produce rechazo, no es otra tonta tautología como parece, sino una velada referencia a aquella virtus dormitiva de Molière, que tiene la virtud de producir sueño porque precisamente da sueño, y da sueño porque tiene la virtud de dar sueño. En otras palabras, se trata de otra muestra del fino sentido del humor que caracteriza al Secretario y que tanto bien le hace al pensamiento.

Finalmente, quisiéramos aprovechar esta ocasión para insistir en que, como bien dice Forster en Página/12, su Secretaría no es nazi, y no lo es por una muy sencilla razón: los nazis no tuvieron una secretaría para el pensamiento. A Heidegger le habría hecho mucha gracia semejante idea.

Pobre de vos

En su nota del sábado en Página 12, Luis Bruschtein sale al encuentro de quienes sostienen que en lo que atañe al índice de pobreza el kirchnerismo básicamente ha logrado lo mismo que el menemismo. Se trata, por supuesto, de una comparación que no deja bien parado al kirchnerismo (ya habíamos visto sin embargo que el rechazo que los kirchneristas sienten por el menemismo no era compartido por el propio Kirchner; o en todo caso, quizás Kirchner también rechazaba el menemismo, pero era un confeso admirador de Menem como presidente).

Sin duda, la decisión por parte del INDEC de no publicar el índice de pobreza ha puesto al kirchnerismo en una posición difícil. Algunos creen que la omisión del índice de pobreza se debe a que los números son tales que el Gobierno prefirió pasar semejante papelón antes que exponerse a la realidad de las cifras. Bruschtein, no obstante, cree que la decisión se debió a un cambio de metodología. Es curioso, sin embargo, que el cambio de metodología no haya impedido que el INDEC publicara índices de inflación de un diez por ciento trimestral aproximadamente.

Además, es muy llamativo que Bruschtein mismo hable en su nota de inflación cuando el kirchnerismo hasta hace muy poco negaba la existencia de semejante fenómeno. También es extraño que Bruschtein sostenga que la política redistributiva del Gobierno “interfiere con la tendencia del capitalismo a la concentración”, cuando el propio Guillermo Moreno se enorgullecía de que unas pocas empresas manejaban la economía del país, lo cual facilitaba su control.

Y es aún más arduo de explicar para el kirchnerismo un muy difícil logro: a pesar de las políticas redistributivas de las que se suele jactar, la pobreza no parece haber cambiado sustancialmente. La posición estándar kirchnerista actual consiste en replicar que el índice de pobreza es redundante: cualquiera que observe las políticas públicas del Gobierno en los últimos años puede inferir muy fácilmente que la pobreza ha bajado sustancialmente. Es muy curioso sin embargo que el Gobierno no se quiera tomar el trabajo de indicar literalmente la pobreza para eliminar de ese modo todas las suspicacias provocadas por esta diabólica alianza que se ha formado entre la derecha y la izquierda contra el Gobierno.

A decir verdad, la alianza anti-kirchnerista es mucho más amplia aún. En efecto, Bruschtein señala como miembros de dicha alianza a Infobae (por alguna razón que se nos escapa completamente el grupo Clarín ni siquiera es mencionado en la nota, quizás porque lo obvio no debe ser mencionado), a “la mayoría de la oposición”, a la UCA (cuyo Observatorio de la Deuda Social, dirigido por Agustín Salvia, está políticamente contaminado, a diferencia del INDEC suponemos) y “a una becaria del Conicet” (por alguna razón, esta última mención nos hace acordar a los legionarios romanos que luego de recibir una paliza por parte por Asterix y Óbelix no olvidaban señalar en sus informes la existencia de “una jauría de perros salvajes” para hacer referencia a Ideafix, que siempre acompañaba a su amo en sus aventuras).

Frente a los escépticos que dudan de semejante alianza entra la derecha conservadora y la izquierda revolucionaria, y en defensa de Bruschtein, debemos recordar, nobleza obliga, que no es la primera vez que la extrema derecha y la extrema izquierda unen fuerzas para lograr un objetivo común. Para muestra, basta el botón de la breve aunque significativa alianza entre el nazismo alemán y el comunismo soviético mediante el así llamado pacto Molotov-Ribbentrop de 1939 merced al cual se repartieron Polonia.

Finalmente, hagamos un mea culpa. Antes nos quejábamos de los índices falsos del INDEC. Ahora, nos quejamos de que el INDEC directamente prefiere no mentir y por eso prefiere no dar a conocer el índice de pobreza. No hay nada que nos venga bien.

Este artículo apareció originalmente en el blog de Andrés Rosler, LaCausadeCatón.

En materia penal, cualquiera puede tirar la primera piedra

Ante la gravedad de las denuncias por corrupción en la función pública, medios afines al Gobierno han decidido adoptar la política de devolver golpe por golpe. A cada acto delictivo que se sospecha ha sido cometido por algún funcionario del Gobierno, la estrategia oficialista consiste en responder con denuncias de actos delictivos que se sospecha fueron cometidos por las corporaciones. Sin embargo, esta estrategia es un arma de doble filo.

En efecto, si bien el kirchnerismo tiene razón en creer que la política es conflicto o polémica, toda polémica, e incluso la guerra misma, es acompañada por un régimen normativo que contiene por lo menos un núcleo de prohibiciones legales. Como nos lo recuerda Hobbes, quien difícilmente era un pacifista, hay ciertas cosas que “ni siquiera en la guerra” se pueden hacer. La idea de una guerra en la que literalmente vale todo es una contradicción en sus términos. Por eso es precisamente que distinguimos la guerra del terrorismo, y sobre todo repudiamos el terrorismo de Estado.

Siguiendo con la metáfora bélica, la comisión de un delito contra la administración pública viene a ser entonces algo así como un crimen de guerra. De ahí que no tenga sentido la estrategia de alegar bíblicamente que nadie puede tirar la primera piedra. Si lo tuviera, podríamos tratar de exculpar un genocidio mediante la comisión de otro. Nadie, sin embargo, compararía razonablemente genocidios, sino que expresaría su más terminante repudio a todo genocidio, sin que importe quién lo cometa. Lo mismo debería aplicarse a los delitos en general. La prohibición penal no depende de sus efectos relativos.

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