A la hora señalada

Hoy, domingo 22 de noviembre a las 18.00 horas, quedará definido quién gobernará Argentina por los próximos cuatro años. Si el elegido es Daniel Scioli, o Mauricio Macri se conocerá algunas horas después.

Han sido jornadas muy movilizadoras para los argentinos. Todos, sin diferencia de edades, clase social o nivel de politización se han inmerso en la discusión. Que la transmisión del debate haya superado el rating de la final del mundial Argentina-Alemania o que hashtag #ArgentinaDebate haya roto los mecanismos digitales de conteo de menciones, son noticias sin precedentes. Definitivamente un punto de inflexión para la Argentina.

Mucho se ha comentado sobre los parecidos entre ambos candidatos, cercanos generacionalmente, hijos de empresarios, de notorio buen vivir, sin una tradición intelectual, con una visión parecida del mundo e incluso amigos cercanos, como lo han comentado repetidas ocasiones. Sin embargo, la dinámica política los ha separado y al parece no se puede ser amigo de quien no piensa como uno. Hoy las diferencias los superan.

Ha sido una larga campaña, que comenzó con un hecho luctuoso, la muerte del fiscal Nisman. Eran momentos donde Sergio Massa parecía que iba a liderar la elección según las encuestas del momento. Sin embargo, nada volvió a ser parecido luego de ese fatídico enero. Allí la Argentina se despertó para ver la contienda real: el kirchnerismo contra quien pudiera ganarle. Demasiado grande para Massa.

También comenzaba a discutirse quién sería el sucesor de Cristina Fernández de Kirchner dentro del oficialismo. En esos momentos, marzo o abril, parecía que el elegido tendría que enfrentar las elecciones como un trámite. Como alguien dijo en estos días: “el peronismo es invencible”.

Sin embargo, la oposición también jugaba. El PRO comenzaba a pergeñar una alianza impensada con el radicalismo y con Elisa Carrió. Impensada porque los propios nuevos socios ya habían avisado que “el límite era Macri”. El ingeniero comenzaba a correr los límites.

Todas las elecciones provinciales fueron marcando triunfos para los oficialismos. La excepción iba a ser Mendoza fruto de una pésima gestión del gobernador saliente. Se debe recordar que las cascadas electorales provinciales van alimentado especulaciones y pronosticando los resultados de la elección final: la presidencial. Un punto minimizado, que tendría efectos políticos, la crisis de las elecciones en Tucumán, pondría sobre aviso (verdadero o no) que algunos sectores tendrían la voluntad de hacer fraude electoral. Inaceptable.

Días antes de las PASO, el FPV sufre un microcimbronazo. Cristina bajo el pedido de “baño de humildad” busca acomodar las fichas de las candidaturas según sus decisiones estratégicas: Scioli a la Nación, Randazzo a la Provincia. Logra parcialmente su cometido, todos los candidatos se bajan “amistosamente”, pero Randazzo, pretendiendo competir con Scioli en la PASO rechaza ir a la Provincia, un premio consuelo para él. Eso provoca un cambio de planes de fatídico desenlace, ahora competirían el archipolémico Aníbal Fernández, con un poco conocido Julián Domínguez. Desatarán sin saberlo un efecto mariposa.

La eliminación, por decisión de Cristina, de la competencia a presidente en la PASO del FPV tuvo como efecto principal atar la candidatura de Scioli a ella. Eliminó la legitimidad de origen y sellaría a gobernador saliente a su gobierno, también saliente. Macri fue más hábil y construyó una competencia débil con Carrió y Sanz (ninguno de los dos tendrían voluntad o capacidad de ganarle). La elección de Michetti como su candidata a vicepresidenta y a Vidal a gobernadora, eran apuestas mucho más arriesgadas. Significaba armar un esquema muy ceñido a la gestión del PRO en la ciudad de Buenos Aires.

En las PASO, los guarismos parecían acomodarse a las expectativas con el Frente para la Victoria ganando a nivel nacional, pero Vidal daba la sorpresa a triunfar a nivel individual en la provincia de Buenos Aires. Parecía una cuestión transitoria, luego seguramente se unirían los votos del FPV dispersos entre Fernández y Domínguez.

A partir de allí, Daniel Scioli y Aníbal Fernández cometieron un error que quedará grabado a futuro. Comenzaron a comportarse como Presidente y Gobernador en ejercicio, respectivamente. Se conformó el gabinete de ministros sciolista y se empezó a discutir los embajadores. Pasó algo extraño allí. El propio kirchnerismo comenzó a ver a Scioli como un extraño, podía pasar de ser un candidato débil a un presidente fuerte. El propio gabinete en ciernes no contaba en sus filas con ningún camporista.

Allí llegaron las elecciones generales con un conjunto de resultados francamente en disonancia cognitiva con el conjunto de creencias que los argentinos tienen sobre la provincia de Buenos Aires. Vidal le ganaba a una figura emblemática del kirchnerismo como Aníbal Fernández. Se empezaba a entrever un voto castigo, aunque se quisieran detectar insólitas cadenas de oraciones en las parroquias. Perder, en Quilmes, o Beriso, cuna del 17 de octubre de 1945 es insoportable.

En la general, Scioli saca el 37% de los votos contra el 34% de Mauricio Macri. Lejos de configurarse como un triunfo nominal se lo vive como una derrota sin precedentes. El clima de opinión se da vuelta dramáticamente. ¿El primer balotaje de la historia podría ser para Macri?

En menos del mes que distaron entre las elecciones generales y el balotaje la campaña vuelve a estremecer. Muchas personas, incluso kirchneristas, e inorgánicos (como se decía antes) que miraban a Scioli con desconfianza e indiferencia comienzan a expresarse públicamente. Miles de hojas impresas expresando mil infiernos si Macri fuera electo comenzaron a verse en las calles.

Mientras tanto pareció ver que las barajas se dieran vuelta y quien comenzaba a actuar como Jefe de Estado ungido era Macri. Los candidatos comenzaron a multiplicar las promesas, muchas de ellas inconsistentes y de dudosa (para ser leve) aplicación. Se comportaban en parte como esos partidos pequeños que tienen pocas posibilidades.

La estrategia de Scioli fue mostrar a Macri como el futuro ejecutor de un salvaje ajuste fiscal, con una maxidevaluación, recorte del gasto público, etc. Macri buscaba algo más sencillo que era vincular a Scioli con el gobierno en retirada, previendo poder asociarlo a un gobierno con desgastado luego de doce años de ejercicio impiadoso del poder. Esa es la síntesis del debate entre ambos y las decenas de apariciones públicas en programas de radio, televisión, entrevista, etc. Nunca se ha visto a candidatos a semejante exposición mediática.

En esta apretada síntesis se llega al 22 de noviembre de 2015. Como decían los antiguos romanos: Alea jacta est, la suerte está echada.

La pelea de fondo

Llega la última semana de campaña electoral. Lo que se juega no es sólo un nuevo presidente, sino quien será en encargado de cerrar una etapa y de abrir otra.

Luego de un fatigoso año electoral, con una catarata de elecciones provinciales, las imperfectas PASO y unas elecciones generales con resultados inesperados, llega un inédito ballotage entre dos candidatos que logran conmover a la platea. Pero uno de ellos dispondrá el día 10 de diciembre de los atributos formales de la presidencia: bastón, banda y la firma ante el Escribano de Gobierno. Inmediatamente pasaremos a discutir si el elegido tendrá los atributos reales, el poder para construir un proyecto político e inmediatamente analizar las características de ese nuevo proyecto.

En un rincón del ring se encuentra Daniel Scioli, incómodo y contradictorio portador del legado kirchnerista. La propia lógica política de Néstor y Cristina Fernández los inhibió de acreditar un heredero que pudiera desarrollar una visión propia y que pudiera acumular poder y capacidad de tomar el testigo para llevar el “proyecto” a otro espacio histórico-temporal. Eligieron en cambio un candidato que evaluaron como suficientemente débil para simplemente gestionar con éxito una transición hacia dos nuevos mandatos de Cristina. Pero no contaron con un dato central: la sociedad percibió con total claridad el movimiento.

En el otro rincón se halla Mauricio Macri, la gran esperanza para derrotar setenta años de peronismo en las urnas, y con legitimidad. El potencial triunfo de Macri significaría una revolución para la estructura política del país. En Argentina sólo dos partidos, el radicalismo y el peronismo gobernaron desde que existe sufragio secreto y universal.

El macrismo es un movimiento político sincrético. Lleva en sus entrañas el elemento central del peronismo: el líder indiscutido. Mauricio Macri es primus inter pares, pero incorpora un elemento que pone un nuevo eje al eterno debate liberalismo-estatismo: la posibilidad de implementar modelos organizativos propios de la empresa privada en la elaboración de la política pública incorporando el concepto de gestión. La gestión, como idea clásica de la administración, es tremendamente atractiva, pero no considera la matriz inherentemente conflictiva del tipo de modelo capitalista implantado en Argentina.

La gestión -o- mejor aun- la falta de la misma- es (¿fue?) el talón de Aquiles del kirchnerismo. Esto se tradujo en la generación de cientos de políticas descoordinadas, sin planificación, ni metas, sin tiempos, con la improvisación propia de quien sólo prioriza el dominio de la iniciativa política. La incapacidad de traducir momentos brillantes para la historia económica reciente en mejor calidad de vida, se transformó en el deseo para millones de argentinos de dar vuelta la página. Apagones, inundaciones, cruentos accidentes ferroviarios, infinitos hechos de inseguridad, dan sobrada muestra de lo dicho. Todos estos infortunios no se logran compensar con los efectivos logros en materia social y la ampliación de derechos que generó el kirchnerismo, aun muchas veces con la propia indiferencia de la sociedad.

Desde dentro del kirchnerismo no hay un diagnóstico claro de porqué la sociedad le ha dado la espalda en las elecciones generales del 25 de octubre con la derrota en la provincia de Buenos Aires, y se pasa de la descabellada teoría de los rezos contra Aníbal Fernández, candidato a gobernador por la Provincia, al desagradecimiento de los pobres que ahora serían clase media y al inevitable y temprano pase de facturas al interior del Frente para la Victoria.

La ausencia de diagnóstico se vio reflejada en lo zigzagueante de la campaña, y la dificultad de elaborar una visión propia por parte de Daniel Scioli, atrapado entre una sociedad que pide a gritos cambios (no sabemos cuáles o de qué profundidad) y una fuerza política que no lo “ungió” para romper con el pasado.

Dicen que desde los laberintos se sale desde arriba, y de las encerronas electorales se sale con campaña negativa. De hecho en los últimas semanas antes del ballotage los principales argumentos desde el kirchnero-sciolismo se enfocaron a cuestionar las posibles políticas que llevaría adelante un hipotético gobierno de Mauricio Macri. Es extraño, porque el axioma fundamental del inteligente consultor Durán Barba era no hablar sobre nada concreto.

Sin embargo, dentro del macrismo conviven diferentes líneas de pensamiento, algunos decididamente liberales que opinan que lo más adecuado son las políticas de shock, inmediata liberación del mercado cambiario, contención de los “desbordes salariales”, apertura del mercado de capitales, etc. No obstante, el macrismo más pragmático sabe que estas políticas pueden ser penosas y podrían llevar a una recesión profunda siguiendo el esquema español.

Ante la estampida de críticas a su “futuro gobierno”, Macri, inteligentemente, encerró a todos sus economistas en un galpón y se guardó la llave. Sin embargo, él mismo dio una pista fundamental, que como esas declaraciones ante la policía podrán ser usadas en su contra: la apertura del cepo cambiario el día mismo de asumir.

La propuesta de apertura del cepo en sí mismo supone una brusca devaluación del dólar. Y a pesar de la diatribas de la Presidenta sobre la dolarización mental de los argentinos, la campaña de los últimos días suspendió todas las cuestiones sustantivas y propositivas para concentrase sólo en una: cuánto valdría un dólar con cada presidente.

Frente a la intensificación de la campaña negativa por parte del oficialismo, Macri adoptó la estrategia del aikido, es decir utilizar la fuerza del oponente en su contra para derribarlo utilizando la menor cantidad de fuerza propia. Tuvo innumerables muestras de auxilio para esta táctica. las declaraciones de Hebe Bonafini, José Pablo Feimann, Aníbal Fernández, las actitudes de los intendentes derrotados en la provincia de Buenos Aires como el caso de Merlo, entre muchas otras, no hicieron más que dificultar la ya espinosa campaña de Daniel Scioli.

El debate es una de las últimas oportunidades para los candidatos para fortalecer sus posiciones. Scioli buscará atacar raudamente para mostrar la prevalencia de los halcones económicos del entorno del líder de Cambiemos. Macri buscará, con amabilidad, rechazar esos supuestos, para demostrar que detrás de la fe y esperanza de Scioli, viene lo más arcaico del kirchnerismo y los que habría sido rechazados por la sociedad en las últimas elecciones.

Suena el gong, y salen los boxeadores al ring.

Cuando sucede lo inesperado

Sí, pasó lo inesperado. No hay ejercicio electoral en el pasado reciente que permita encontrar una situación parecida a la vivida durante la noche del domingo.

Los resultados a nivel presidencial, donde Daniel Scioli gana por apenas dos puntos y medio a Mauricio Macri, significan no solo que habrá segunda vuelta, sino que Daniel Scioli sufrió una derrota política completamente inesperada.

El triunfo de la candidata de Cambiemos María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, por encima de su rival del Frente para la Victoria, Aníbal Fernández, fue un shock para la política nacional y obligará a actualizar los escenarios esperables para cualquier elección en la Argentina, doblegando la (arraigada) idea de que los bonaerenses votan en forma automática. Para decirlo de otra forma: se puede ganar una elección nacional y que el candidato en la provincia más grande del país pierda al mismo tiempo.

El corte de boleta, mecanismo siempre relativizado por su dificultad, se desplegó en forma decisiva en la provincia de Buenos Aires: allí donde el FPV para presidente obtuvo el 37%, Aníbal Fernández obtuvo el 35%, y donde Cambiemos sacó el 33% para presidente, Vidal logró el 39,5%. Es decir, la rubia candidata forzó un corte de boletas con diferentes combinaciones, que mostró un consustanciado esfuerzo de los bonaerenses para que el actual Jefe de Gabinete pierda la elección.

La remontada de Macri a nivel nacional se explica tanto por la pérdida de dos puntos para Scioli en la provincia más grande del país, como por el triunfo de Cambiemos en Córdoba (53,2%), Santa Fe (35,3%) y Entre Ríos (37,8%). Sin embargo, en esta última provincia el corte de boleta favoreció al candidato del FPV Gustavo Bordet (42,3%) frente al de Cambiemos Alfredo De Angeli (39,5%).

La otra gran derrota del kirchnerismo es Jujuy. En la provincia norteña Scioli pierde dos valiosos puntos y Gerardo Morales (que era compartido por los presidenciales Macri, Massa y Stolbizer) saca el 58,3% y es una muestra de lo que hubiera sucedido si hubiera habido un “gran PASO opositora”.

Que el 22 de noviembre hubiera baltotage para definir quién gobernará la Argentina en los próximos cuatro años era un escenario posible. Pero no en estas condiciones.

El confuso discurso de Scioli en la noche del domingo, cuando aún la ciudadanía no contaba con resultados de la elección, marca la condición con que el actual gobernador comienza el mes que viene: en crisis. Sus estrategias para definirse como un candidato continuador acrítico del kirchnerismo y al mismo tiempo autónomo de Cristina Fernández de Kirchner fracasaron. No conformó a nadie. ¿Tendrá tiempo para replantear completamente sus líneas de campaña?

Como se mostró en Jujuy, un escenario probable es que el 22 de noviembre los votos de la oposición se consoliden en torno a Macri. Al contrario se como se venían desarrollando la campaña desde las primarias, ahora la pelota está en manos del saliente jefe de Gobierno porteño. Se abre la posibilidad de que, por primera vez en la historia de la democracia argentina, un presidente triunfante en las urnas no sea ni radical, ni peronista. La sociedad espera atenta a escuchar su mensaje.

De regreso a agosto

Luego de tres meses intensos para los candidatos, las últimas encuestas marcaron que la intención de voto para las elecciones presidenciales finalizó muy cerca de los guarismos de las PASO del 9 de agosto.

En este sentido, todos los esfuerzos de Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa para aumentar su base electoral habrían resultado inocuos. Congelados los resultados, quedaría sellado que habrá una nueva ronda electoral: el ballotage. Pero vale la pena analizar brevemente si esto podría cambiar.

Resulta lógico y razonable que en sólo tres meses de diferencia no existan grandes cambios en las preferencias de los votantes. La oferta electoral en esta elección general es prácticamente la misma que en las primarias, con dos excepciones: el millón cuatrocientos mil ciudadanos que votó por Juan Manuel de la Sota, al que ya no encontrarán en el cuarto oscuro y los cuatrocientos mil electores que optaron por boletas minoritarias, que tampoco estarán en esta ronda por no haber superado el mínimo solicitado.

En el primer caso, las hipótesis sobre un corrimiento de los votos de gobernador de Córdoba habrían sido falseadas por las encuestas, que suponen que se mantendrán dentro del frente que encabeza Massa. En el segundo, sobre los votantes de alternativas minoritarias, es de suponer que se dispersen entre las otras opciones, sin concentrarse en ninguno en particular. Habrá que esperar hasta la noche del domingo para observar si esto es así. Continuar leyendo

El debate: relevante y necesario

Pasó el primer debate de la historia argentina y, en verdad, fue un evento mucho más relevante que el conjunto de pequeñas miserias que adornaron la campaña electoral.

De hecho, la solemnidad con la que fue estructurado el escenario de intercambio resultó un programa de otra campaña y probablemente de otro país. El acartonamiento, fruto de los múltiples condicionamientos que impusieron los equipos de los seis candidatos (el de Daniel Scioli incluido), le quitó vitalidad e invitó a la somnolencia en algunos de sus tramos. Más de uno debe haber hecho justicia por mano propia con el control remoto.

Sin embargo, es elemental que un país con una democracia consolidada (aunque con sobresaltos) conozca qué piensan los candidatos a la Presidencia de la nación.

Con el diario del lunes inevitable, se vio que la ausencia de Scioli estuvo ampliamente injustificada. Por un lado, dentro de esa estructura, los ataques personales se minimizaron (y con ello la plausible posibilidad de los cinco contra él). Además, dentro del esquema discursivo que todos le conocemos, hubiera hecho un digno papel. Continuar leyendo

Confirmaciones y sorpresas

El politólogo francés Daniel Gaxie ha dicho que toda elección son en realidad dos elecciones: la primera es el acto real de la votación, y la segunda es la interpretación de sus resultados. En el caso argentino de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del 9 de agosto, las interpretaciones sobre los resultados son tan variadas como las modalidades de organizar y leer los datos.

Dos cuestiones contribuyen a la confusión. La primera es coyuntural: la demora en el escrutinio de los datos y la arbitraria organización de carga y publicación de los mismos en las primeras horas del día lunes favorecieron la generación de falacias ecológicas: tomar la parte por el todo. La segunda cuestión es estructural. El propio esquema organizativo de las PASO no contribuye a entender su mecanismo central de funcionamiento, esto es si son personas compitiendo en distintas categorías; desde la presidencial hasta para concejal del último pueblo del país; o si son partidos y frentes presentando candidatos, y estos son los que compiten entre sí.

Desde ya se debe aclarar que toda afirmación sobre si ganó tal o cual candidato es virtual, o en el mejor de los casos transitorio, simplemente se ha resuelto que ese ganador por frente o partido concurrirá en las elecciones generales del 25 de octubre, mientras que los perdedores quedan eliminados, así como los frentes que no hayan logrado reunir el piso del 1,5%.

El sistema es imperfecto. Daniel Scioli fue como único candidato por el Frente para la Victoria. Con más de 82 por ciento de las mesas escrutadas, el 37.7% obtenido a nivel nacional por Scioli está levemente por debajo de lo esperado, pero se da por hecho que esos votos son propios de su espacio político, y lo seguirán en las generales. Por su parte, Cambiemos presentó tres candidatos con diferentes posibilidades. Macri, obtuvo el 24,9%, en forma individual quedó a más de 12 puntos de Scioli, pero fue socorrido por Sanz y Carrió para alcanzar en conjunto casi el 31%, lo cual lo deja a 6.3 puntos del Gobernador.

Pero los votantes no son robots, nadie asegura que algunos de los votantes de Sanz viajen automáticamente a Macri y no para Stolbizer que sacó apenas 3,5% pero de cosecha propia. Esto es más notorio en UNA, el frente entre Massa y de la Sota. Globalmente obtuvo en muy destacable 20,6% que lo vuelve a colocar en la carrera competitiva. Sin embargo, con de la Sota fuera de carrera, nadie asegura que parte del 7,2% de los votantes del cordobés vayan automáticamente al tigrense.

Una pequeña sorpresa se daría en el Frente de Izquierda de los Trabajadores, donde el debutante Del Caño (PTS) le estaba ganando por escaso margen al incombustible Jorge Altamira (PO), propiciando una renovación en este espacio.

Aquí hay una problemática no menor. Las PASO fueron pensadas idealmente para que los partidos dinamicen su democracia interna, sin embargo, la primera línea de la clase política argentina optó, de acuerdo a sus consideraciones y posibilidades, construir unidades transitorias entre dirigentes con estructuras partidarias de muy diversa envergadura. Estos frentes políticos tienen una finalidad electoral y no constituyen nuevas identidades políticas. En el caso del oficialista Frente para la Victoria, el camino fue el inverso, la propia Presidenta invitó a la no participación de los múltiples candidatos a presidente disponibles, en especial a Florencio Randazzo.

A revés de presidenciales, en la carrera a Gobernador en la provincia de la provincia de Buenos Aires, el FPV forjó una interna competitiva por lo que dividió sus votos entre Aníbal Fernández (21,1%) y Julián Domínguez (18,4). Esto elevó a Vidal, la candidata de Cambiemos a ganadora en términos individuales 30,7%, superando a su propio jefe político a modo individual. Pero enunciar que Vidal le ganó al actual Jefe de Gabinete es real pero a la vez engañoso, porque es esperable que la gran mayoría los votantes de Domínguez sigan al ahora sí candidato Fernández podría superar los 40 puntos.

Por lo visto, las reales sorpresas hay que rastrearlas a nivel municipal con las derrotas de Raúl Alfredo Othacehé en Merlo, Darío Giustozzi en Almirante Brown y Mariano West en Moreno. Ellos sí estarían hasta el momento perdiendo las internas dentro del FPV contra Gustavo Menéndez; Mariano Casacallares y Walter Festa, respectivamente. En este caso, los notorios barones del Conurbano quedarían fuera para las elecciones generales del 25 de octubre.

Como síntesis, el análisis de los resultados de las PASO muestra más un juego de estrategias y especulaciones, que de dato cerrado. Se trata de ver para la siguiente ronda, si los candidatos de cada espacio puede mejorar sus performances, pero observando cuáles son las fuentes de los nuevos votos.

La principal mirada estará puesta en si Daniel Scioli puede evitar el ballotlage. Si el Macri de Cambiemos logra mantienerse por encima del 30%, el actual Gobernador de la provincia de Buenos Aires, tendrá que ir por el 45% de los votos, lo que hace a primera vista inevitable la pelea en la última vuelta entre Scioli y Macri. Y allí sí a todo o nada.

¿Cómo llegar con vida a las PASO?

El camino a las PASO ha mostrado ser uno muy intrincado y con muchos baches. En sí y para sí, como le hubiera gustado decir a Hegel.

En los seis meses que pasaron entre diciembre de 2014 y agosto de 2015 los tres principales candidatos, Sergio Massa, Mauricio Macri y Daniel Scioli, han tenido su oportunidad de liderar la carrera presidencial. Cada uno utilizó de diferente forma ese capital político transitorio.

Sin embargo, a su tiempo, ni Massa ni Macri pudieron o quisieron aprovechar la ventana de oportunidad que les abría para establecer un liderazgo para subsumir tras de sí al resto del arco político no kirchnerista, mientras que Scioli, contra muchos pronósticos, es finalmente el sucesor de doce años de Gobierno K.

Massa lideró las encuestas todo el año 2014. Esa ventaja importante la utilizó para construir un espacio, cuya estrategia principal se basó en cooptar intendentes del conurbano bonaerense, sin entender las características políticas y personales de esos actores ni las consecuencias de esa alianza débil, mal vista por los sectores medios que lo habían acompañado en las elecciones de 2013.

Así fue que Massa armó una ronda con cinco, seis (o más) candidatos a gobernadores a la provincia de Buenos Aires y mientras, con aires patriarcales, planteaba que “todos compitieran en las PASO”. Allí mismo, al verse no ser el elegido, muchos comenzaron a hacer las valijas para retornar al kirchnerismo, y Massa se quedó finalmente con Felipe Solá, a ciencia cierta un “tapado”, que en otro contexto podría haber sido un protagonista de primer nivel. Continuar leyendo

Triunfo electoral, deterioro político

Lo que parecía un trámite más en la tercera etapa electoral se tradujo para el PRO en un sobresalto enorme por la diferencia mínima obtenida en el ballottage en la Ciudad de Buenos Aires.

El 51,6% obtenido por Horacio Rodríguez Larreta contra Martín Lousteau, que sacó el 48,4%, estuvo lejos de las diferencias esperadas. En forma sorprendente nueve de las quince comunas de la Ciudad de Buenos Aires cambiaron de color político desde las elecciones generales de apenas quince días atrás. El PRO sostuvo su triunfo en las zonas más acaudaladas de la ciudad.

El llamado al voto en blanco que realizaron el Frente por la Victoria y la izquierda no dio en el blanco. Sólo el 5,2% de los porteños eligieron esta modalidad de sufragio, contra el 1,1% de la elección anterior.

Pragmáticamente, un voto de diferencia alcanzaba para tener nuevo alcalde porteño, pero puede sostenerse la hipótesis de que de no mediar una elección nacional en pocos días con Macri como protagonista, a estas horas la Jefatura de Gobierno de la Ciudad podría tener un nuevo inquilino. ¿Qué pasó?

El sucesor de Macri en la ciudad se encerró en un discurso “municipalista” de poco atractivo. Frases del estilo “vamos a seguir haciendo lo que venimos haciendo”; “tenemos el equipo que viene trabajando”; “vamos a hacer lo que la gente necesita”, para no hablar del timbreo de rigor para estar cerca de “la gente” marcaron el ritmo cansino de la campaña del PRO, focalizada en el proyecto local. Esto llevó a muchos votantes a visualizar al PRO como un partido vecinal con escasas posibilidades de proyectarse a escala nacional, más allá de los voluntarismos de rigor.

Lousteau resultó ser un contrincante incómodo para el PRO. El partido amarillo, entrenado para responder a las “críticas” de neoliberal o privatista, no supo qué responder frente a los cuestionamientos de candidato de ECO. Por ejemplo, en el debate, Lousteau presentó en el plató televisivo estadísticas y números mostrando un novedoso perfil de auditor, planteando dudas sobre la trasparencia de los actos de gobierno de la ciudad, más que cuestionando la gestión propiamente dicha.

Las indicaciones sobre falta de “accountability” de la gestión PRO, en cuestiones como el presupuesto en salud, el juego, los gastos en propaganda o las cuentas en obra pública, resultaron más dañinas para el macrismo que simplemente tildarlo de neoliberal. En definitiva le quitan fuerza a los argumentos que Macri usa para posicionarse en la escena nacional. 

También Lousteau apeló al milenario recurso del David frente a Goliat, mediante su argumento inicial de “voy contra dos Estados”, al “hay presiones para que me baje”, cuando existieron dudas en su participación en el ballottage. Sin embargo, se empantanó cuando le pidieron que explicara la ambigüedad de pertenecer a la “Alianza Cambiemos” Macri-Carrió-Sanz a nivel nacional y su empecinamiento en enfrentar al macrismo en la Ciudad de Buenos Aires. Pero dio algunas pistas que hacen dudar de su encuadre futuro cuando dijo que no tenía “jefes políticos”.

En definitiva ECO fue formado a toda velocidad, luego de la implosión de UNEN y a diferencia de su oponente circunstancial sí tiene un ojo puesto en la política nacional. Una posible derrota de Macri en las elecciones de octubre dejaría el espacio para el nacimiento de un nuevo liderazgo de oposición. En este sentido, se equivocaron quienes vieron el ballottage como una interna del PRO. Tienen perspectivas e intereses contradictorios.

Sin embargo, el 48,36 por ciento obtenido el domingo de la segunda vuelta no es voto propio de Lousteau, y el 25,5% obtenido en las generales es parte del voto flotante, que va rotando de elección a elección: pudieron haber votado en anteriores oportunidades a Aníbal Ibarra, a Pino Solanas o en esta oportunidad a él. Como contrapartida Lousteau sí tiene una discurso nacional. En cada presentación televisiva se dedica a descargar sus conocimientos en economía, incluso invirtiendo el costo político de haber sido ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner durante los cuatro meses más críticos de los doce años del kirchnerismo.

Pero el capítulo Lousteau ahora tendrá que esperar, la etapa siguiente se abre con las elecciones primarias del 9 de agosto, el combate de fondo. Macri deberá enhebrar con velocidad un discurso político más allá de “todo lo que hicimos en la Ciudad”, que le permita convocar al espacio no kirchnerista y con la finalidad mínima de acceder al otro ballotage, el de la elección presidencial, donde se decidirá quien gobierne la Argentina los próximos cuatro años.

Tsipras en el centro del ring

Con un rotundo triunfo del No (OXI en griego) con el 61,5% de los votos contra el 38,5% del Sí (NOI) el pueblo griego se pronunció contra el acuerdo propuesto por las “instituciones”.

El triunfo electoral fue contundente en las treces regiones en las que Grecia se divide. De los casi diez millones de ciudadanos en condiciones de votar se presentó el sesenta y dos por ciento, lo que implicó que más de tres millones y medio de griegos votaron contra la propuesta de la ex Troika. Las instituciones, nuevo eufemismo para denominar a la Comisión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo, son efectivamente la ex Troika y en esta película sin duda fueron presentados como los malos.

La particularidad de este referéndum al que llamó el primer ministro Alexis Tsipras es que se no sabe exactamente lo que implicará el No. Que un gobierno llame a una consulta y al mismo tiempo esté en contra de la propuesta que se ofrece a la consideración no tiene muchos antecedentes.

Pero, ¿qué puede significar el No? Los más moderados señalan que el gobierno de Syriza tendrá mejores condiciones para negociar la deuda. Concretamente, piden una reducción del 30% en la deuda y un plazo de veinte años para su pago. Para los más pesimistas el NO, más que el rechazo a las políticas de austeridad implicaría el abandono de la Unión Europea, y la restitución del dracma como moneda nacional. Luego de conocerse los primeros resultados, el primer ministro griego en su comparecenci instó a mantener el lugar de Grecia en Europa.

Los más pesimistas toman el ejemplo histórico de la Argentina para sostener sus consideraciones. En diciembre de 2001 el gobierno de Fernando De la Rúa instaura el llamado “corralito” con la finalidad de frenar la salida masiva de los depósitos bancarios. Por este motivo se prohibió a los ahorristas retirar de los bancos una suma mayor a 250 pesos/dólar. La excusa del momento fue que se buscaba conseguir un mayor uso de los medios de pago electrónico, eliminando así la evasión impositiva y estimulando la bancarización de la población. Se debe recordar que si bien Argentina no integraba un bloque con una moneda común como Grecia en la UE, la convertibilidad, ataba el valor de la moneda al dólar, el inolvidable 1 a 1, y limitaba la expansión de la base monetaria.

En medio de caos social, con represión y muerte en las calles, el 20 de diciembre de 2001 De la Rúa renuncia a la presidencia. La Asamblea Legislativa nombra el día 23 a Adolfo Rodríguez Saá como presidente por el término de noventa días, pero sólo se mantiene en el cargo por siete días. Ese escaso tiempo le alcanzó para proclamar no pago de la deuda externa, que hay que recordar, medida muy reclamada y festejada en su momento.

Hasta aquí, la instauración del corralito y el no pago de las obligaciones externas son las similitudes entre Grecia y Argentina. La crisis en Argentina se devoró a La Alianza (UCR y Frente Grande), en Grecia se devoró a los socialdemócratas del PASOK, que ganara gran parte de las elecciones desde los años ochenta, pero también al derechista de Nueva Democracias de Samarás.

El efecto aprendizaje del caso argentino seguramente influyó en la decisión de Alexis Tsipras para llamar a un referéndum. Argentina no hizo esto, por el contrario Eduardo Duhalde, elegido por la Asamblea Legislativa en enero de 2002, rompe con la Convertibilidad, instaura el “corralón”, es decir, la pesificación compulsiva de los depósitos que estaban mayormente en dólares, y devalúa la moneda llevándolo al 1,40 pesos el dólar, pero la devaluación real llevaría a la moneda norteamericana a los cuatro pesos.

¿Puede evitar el gobierno griego este derrotero marcado por la Argentina?

Las cifras que muestra la economía griega no habilitan más medidas de austeridad. La caída del PBI del país báltico es del orden del 35% desde 2008, el desempleo se estacionó en el 26,6% y el desempleo juvenil llega a casi la mitad de su población joven. La deuda pública como también pasó en Argentina asciende al 177,10 del PBI, que paradójicamente se incrementa no sólo por los intereses, sino por la reducción del PBI.

Syriza, la organización política que hoy gobierna Grecia, es un frente de diez partidos políticos de izquierda. Era, hasta 2012, un espacio político minoritario que no superaba el 5%. Sin embargo, en las legislativas del 2012 queda como primera minoría con el 27% de los votos y en 2015 llegan por primera vez al gobierno con el 36,4%, es decir un total de 2.245.139 votos. Como se observa, los resultados del referéndum del domingo resultan un respaldo importante para el gobierno de Tsipras, más allá de no tener influencia en la composición del Parlamento.

Ningún plan de acción parece ser aceptable. Cualquier mejora de las condiciones de la deuda podrá ser solicitado al FMI y acreedores privados por otros países con abultada deuda como España, Italia, Portugal, o incluso en otras latitudes como Puerto Rico o el propio Japón. Finalmente, la posible salida del Euro por parte de Grecia pondría a la Unión Europea frente a una situación inédita, que Francia y Alemania deberían evitar a toda costa.

La última consideración es que la decisión de Grecia de abrir las discusiones tan decisivas a la consideración popular está lejos de la modalidad habitual de las elites que gobernaron en Europa y en otras partes del mundo desde la posguerra mundial. Dicha decisión tendrá consecuencias a futuro que va más allá del problema griego en particular.

Será interesante conocer si las clases dirigentes tomaron nota de esto.

Campana de largada para Macri

El súper 5 de julio electoral finalizó dentro de lo esperado. Sin embargo, las elecciones en Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, La Rioja, La Pampa y Corrientes marcaron triunfos de diversa intensidad y trascendencia.

En particular, el triunfo de Horacio Rodríguez Larreta no por poco sorpresivo tiene menor significación. Es para el PRO la primera elección a jefe de Gobierno sin Mauricio Macri encabezando la boleta, tal como lo hiciera en el 2003, 2007, y 2011.

Macri logra finalmente instalar a su candidato preferido a pesar de las conocidas dificultades de Rodríguez Larreta para escalar en el conocimiento de la ciudadanía y la inesperada y enconada oposición interna de Gabriela Michetti.

No obstante, el 45,6% obtenido por la fórmula Rodríguez Larreta-Santilli en la elección del domingo queda a 2,2% de lo obtenido en las PASO de abril. Ese pequeño porcentaje, que probablemente votó a Michetti en las primaria se desplazó hacia Martín Lousteau que pasó del 22,5 al 25,6 por ciento, para sostener el segundo puesto de la contienda. Sin embargo, el ex Ministro de Economía no fue la aspiradora de votos que prometía. El hecho de no alcanzar el 30% de los votos lo saca del radar de un posible triunfo, por más que insista en continuar con el ballotagge.

El tercer lugar fue para Mariano Recalde con el 21,7%. Realizó una correcta elección en un territorio tradicionalmente adverso, sobre todo porque supera el 20% crítico, y mejora la elección de la primaria, arrastrando los votos de los demás compañeros de ruta de la primaria (no era seguro, por ejemplo, que todos los votantes de Ibarra lo siguieran) y superándose en casi 2 puntos.

Por su parte, Luis Zamora sin estructura y prácticamente sin campaña, logra arrebatarle el cuarto lugar a la candidata del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Myriam Bregman, con un escueto, pero valioso 4%, que por supuesto queda lejos del 12,29% que supo obtener en la elección de 2003, cuando fue tercero.

Observando el detalle del mapa de la Ciudad de Buenos Aires, el PRO gana en todas las comunas. No obstante, sobresale la elección de Rodríguez Larreta en la comunas del norte de la ciudad.

En efecto, en la 1 (Retiro, Puerto Madero, San Nicolás, Monserrat, Constitución y San Telmo) Larreta superó el deseado cincuenta por ciento, donde salió Recalde segundo con el veinte por ciento. En la 2 (Recoleta) el PRO se acerca al 59%, y Recalde retrocede a casi el 10%. En la 14 (Palermo) Larreta araña el 53%, y Lousteau se lleva el 26%. Finalmente en la 13 (Núñez, Belgrano y Colegiales) el partido amarillo saca el 53,6%, ECO sale un poco por arriba de su promedio con el 26,2%, mientras que Recalde retrocede al 14.5% de los votos.

Las mejores comunas para Martín Lousteau fueron las del corredor central de la ciudad. En la comuna 6 (Caballito) alcanza el 29,4%, luego en la comuna 11 (Villa Devoto, Villa del Parque, Villa Gral. Mitre y Villa Santa Rica), el candidato de ECO llega al 28,8%.

Por otra parte, Recalde logra el segundo puesto en las comunas del sur de la ciudad. En la 8, (Villa Lugano, Villa Soldati y Villa Richuelo) hace su mejor elección alcanzando el 31,1% de los votos. En la 4 (Nueva Pompeya, Parque Patricios, La Boca y Barracas) alcanza el 28,2% y la apuntada comuna 1.

La insistencia de Martín Lousteau para continuar la elección en el ballottage tiene total legitimidad política y legal ya que la Constitución de la Ciudad requiere la mayoría absoluta de los votos (art. 96). Sin embargo, queda por ver la reacción de la ciudadanía por tener que votar nuevamente en una elección casi imposible de remontar.

Más allá de los riesgos que toda elección lleva, no sería tan mal negocio para el macrismo protagonizar una nueva elección en la ciudad de Buenos Aires, con dificultades para mostrar triunfos en diversos lugares del país. La capital de la nación sigue siendo una vidriera única para mostrar el mensaje nacional de Mauricio Macri. El ballottage, de no mediar el arrepentimiento de Martín Lousteau, se llevará adelante el 19 de julio, a veinte días de las primarias nacionales.

La probable segunda vuelta provocará situaciones hilarantes e inesperadas, en la actual circunstancia. Casi 370.000 votantes del Frente para la Victoria deberán elegir entre el sucesor de Mauricio Macri y el ex ministro de Cristina Fernández de Kirchner y mentor de la ya histórica resolución 125. En forma simétrica, quedarán casi 120.000 votantes de la izquierda frente al mismo dilema. Muchos votantes probablemente engrosen la lista de los votos blancos, que en definitiva cuentan para quien encabece la contienda.