El reto de la izquierda en Argentina

Izquierda dura, izquierda radical, izquierda anticapitalista. Son muchas las formas con las que es posible denominar a éstas corrientes políticas que tienen una larga tradición en Argentina y el mundo, pero que resultan casi una novedad en nuestro país, debido a que han ido mejorando sus performances electorales en lugares impensados como Salta o Mendoza, e incluso la provincia de Buenos Aires, y con perspectivas de crecimiento.

Tradicionalmente, se han mantenido en los márgenes de los escrutinios electorales, debido a su permanente fragmentación y a su distancia de las masas populares. Su factura asambleísta y generadora de consignas, originariamente destinadas a movilizar al proletariado, sólo venía encontrando eco en pequeños círculos intelectuales y estudiantiles. Con su tradicional internacionalismo también se constituyó en productor de adhesiones a desconocidas gestas en lejanos lugares. Continuar leyendo

Elecciones en la Ciudad de Buenos Aires: primer PASO hacia el 2015

Algunos jugaron  al misterio y a la sorpresa. Otros tuvieron que construir sobre la marcha y decidir sobre la hora. Finalmente las cartas están sobre la mesa. Son más de veinte los (pre) candidatos a Jefe de Gobierno, que intentarán tomar el testimonio que deja Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires.

El día 26 de abril será la primera llamada a las urnas en la Ciudad con motivo de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias en cumplimiento de la Ley 4894. Se elegirán en tres categorías: jefe de Gobierno, diputados de la Ciudad y comuneros. Será la primera vez que el sistema se utilice para la elección local.

Extrañamente la ley no incluye la elección del vicejefe de gobierno en las primarias, que queda al arbitrio del ganador para las generales. Sin embargo, se debe considerar que ningún candidato en las PASO puede ser serlo de otra fuerza política en las elecciones generales, lo que evita los “pases” de último momento. También se debe considera que para progresar a la siguiente etapa de la “oca electoral” se debe superar el 1,5% de lo votos emitidos, en cada categoría (Art. 40 de la Ley), lo que seguramente pondrá un límite a algunos frentes. Continuar leyendo

La lucha por el capital político

Si bien no existe una teoría general de las “crisis políticas”, se puede caracterizar de esta forma el momento actual de la Argentina tras la muerte del fiscal Nisman.

La crisis política es una instancia compleja dentro de un proceso político. Produce un cambio desordenado de los tiempos de ese proceso y una modificación en el juego de los actores políticos, que puede implicar entre otros cambios el ocaso de algunas figuras y/o el surgimiento de otras. También puede provocar cambios institucionales muy pronunciados, como por ejemplo la desaparición y reemplazo de un organismo entero del Estado como la Secretaría de Inteligencia, como ocurre en estos días.

La aceleración de los tiempos políticos constribuye a la inestabilidad institucional y al aumento de los niveles de incertidumbre que puede o no “contagiarse” a otros subsistemas como el económico o el social. También el camino contrario es posible, la crisis económica que se devora un sistema político, como tantas veces se vio a lo largo de la historia.

El concepto de crisis suele ser más habitual en el mundo económico, derivado de la idea que la economía responde a ciclos de largo, mediano, y corto plazo y que el pasaje de un ciclo a otro está marcado por una crisis. Las crisis económicas más usuales suelen darse por exceso de oferta, la baja de la rentabilidad empresaria y deterioro de la actividad económica. La percepción habitual de estas las situaciones es que terminan en un estallido, la quiebra de una parte de la economía, gran aumento del desempleo, fuerte baja de los salarios y recuperación de la rentabilidad empresaria. Cada vez más los gobiernos intervienen para regular y amortiguar estas situaciones.

A diferencias de las económicas, las crisis políticas no tienen un ciclo teórico que pueda guiarnos. Pero tienen pérdidas y recomposiciones, que no son mensurables en forma directa. Lo que se pierde o se gana es capital político, que suele vincularse con los sistemas de representación y legitimidad. En las crisis, este capital tan volátil puede quedar momentáneamente en el aire, o puede cambiar de manos rápidamente creciendo la desconfianza y desaprobación hacia una parte o todo el sistema político. También es cierto que si la crisis se maneja con inteligencia, el capital político puede volver al lugar de partida.

En términos general, las crisis políticas suelen tener un elemento que funciona como “acontecimiento fundante” (que puede ser desencadenante). A veces este elemento puede ser evidente o pasar inadvertido, ser significativo o puramente simbólico. Por ejemplo, en octubre de 2001 la Alianza pierde las elecciones legislativas y en diciembre la mayoría peronista elije a Eduardo Camaño como presidente de la Cámara de Diputados, que se interponía en la línea de acefalía. Ese elemento es clave y De La Rúa abandona el gobierno quince días después. Claro que se da en un contexto mayor por la recesión imperante, la renuncia del vicepresidente Chacho Alvarez, las dificultades propias del presidente, etc.

Las características de la muerte del Fiscal Nisman se ha transformado en un enunciado metafísico, es decir cualquier cosa que se diga sobre su trágico desenlace no va a ser ni verdadero, ni falso, por lo que se debe identificar las dimensiones de la crisis que provoca por sus consecuencias. Las acciones inmediatas del Gobierno nacional luego de la muerte mostraron un fuerte desacople entre sus actores principales, ministros y funcionarios, sus discursos y sus acciones. El resultado de este desacople es que la Presidente pone en juego su propio capital político y sus oponentes se colocan inmediatamente en marcha para capturar y reconfigurar ese capital.

El tiempo de esa lucha para capturar el capital político se adelanta muchos meses al que el sistema democrático había destinado para tal fin: las elecciones. El epicentro de la lucha puntual es sobre la credibilidad de Cristina Kirchner. Parece que quebrar ese núcleo es vital para excluirla de poder real. Sin embargo, la disputa se enmarca en un manifiesto descontento de sectores opuestos a las formas y contenidos del gobierno kirchnerista. Estos sectores buscaron en los últimos años marcar presencia en las calles (territorio peronista) con amplias pero decrecientes manifestaciones, sin lograr claras referencias políticas que parece que ahora sí han encontrado.

El enigma Michetti

Dentro de las situaciones que se presentan en la política argentina en este año electoral, existe uno que resulta de particular interés: el caso de Gabriela Michetti. La controversia, finalmente zanjada sobre su futuro político, dispuesta entre su voluntad de competir por la Jefatura de Gobierno, y “lo que es mejor para el partido”, actualiza debates sobre las modalidades de selección de candidatos y la pluralidad de miradas aceptadas en los partidos políticos argentinos.

Sin duda, la actual senadora por la ciudad de Buenos Aires ha reunido un gran capital político en los últimos diez años. Es la dirigente con mayor imagen positiva en CABA y con una intención de voto que le permitiría sortear con razonables probabilidades de éxito la futura compulsa electoral. En un partido que emplea en forma masiva las armas de marketing político, y dónde los cañones han apuntado a instalar a Horacio Rodríguez Larreta, Michetti llega y se mantiene en los primeros planos prácticamente sin utilizar las herramientas que recomiendan los expertos. Continuar leyendo

Massa y el fuego cruzado

Para el observador imparcial el mapa político civil argentino el siglo XX fue dominado por dos expresiones: el justicialismo y el radicalismo. El radicalismo prácticamente abrió y cerró el siglo democrático (1916-1999), pero el peronismo rigió la segunda mitad desde su surgimiento en 1945. ¿Qué diría ese observador frente al siglo XXI? Es probable que se sume en una aguda confusión. Podría explicar que el Frente Para la Victoria, ganador de las tres elecciones nacionales del presente siglo, es el nombre del peronismo actual, pero que no es exactamente lo mismo. Obervar qué fue del radicalismo es un tema más complejo.

Trasladado ya a las presidenciales de 2015, ¿cuál sería la configuración en pocas palabras? Se podría decir que Scioli es la continuación del FPV por otros medios, aunque no comparta parte del programa, de la estética y de la construcción política del kirchnerismo. También se podría racionalizar al PRO como un partido político nuevo de centro derecha, surgido de las capas medias y altas de la ciudad de Buenos Aires, basado en la idea que se pueden emplear modelos organizativos empresariales al gobierno de lo público.

¿Y Massa? Sergio Tomás Massa ha sido beneficiario de un fenómeno relativamente nuevo que es el voto flotante. Se trata de un votante insatisfecho, que no se vincula a ninguna expresión política en particular, y suele votar distinto en cada elección, a veces eligiendo más “en contra de” que a favor de tal o cual programa de gobierno. La pregunta que surge es: ¿se puede transformar el voto flotante en voto fiel? El voto flotante aparece especialmente en elecciones intermedias, en las presidenciales los ciudadanos comienzan a pensar en otras cuestiones como la gobernabiidad, la solidez de los candidatos, etc.

En 2009, hubo fenómeno de voto flotante cuando Francisco de Narváez triunfó en la Provincia de Buenos frente al mismísimo Néstor Kirchner con un frente llamado Unión–Pro. Sin embargo, la figura de De Narváez se diluiría rapidamente en el olvido, no pudiendo transformar su triunfo electoral en político.

Cuatro años después, Massa construye en un par de meses el Frente Renovador y da la sorpresa de la elección de 2013. Se sabe que tanto en política como en estrategia militar la sorpresa es un fenómeno efímero y de corta duración, luego hay que disponer de otras armas. Claro que Massa es, como se dice, un “animal” de la política, y desde el día en que se decidió ser candidato a diputado, también se postulaba a presidente, sin pasar por escalas intermedias.
Massa se afincó en dos temáticas: la seguridad, tema (relativamente) minimizado por Cristina Kirchner y la economía, armando un llamativo equipo de ex funcionarios kirchneristas como Miguel Peirano, Martín Redrado, Roberto Lavagna o Guillermo Nielsen. También espera volver a dar lugar a la sorpresa de las candidaturas a vicepresidente, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, o a jefe de Gobierno de la Ciudad.

Jugando con una alta exposición mediática, las encuestas lo acompañaron hasta hoy, encabezando la intención de voto. Sin embargo, algunas movidas como convocar a algunos intendentes del Conurbano, buscando precisamente el voto peronista, espantó a parte de la clase media, sectores urbanos lejos de la lógica de los “barones”. Esto llevó a que sus apoyos en las encuestas se estancaran e incluso empezaran a decaer levemente hacia finales de 2014. No obstante, ha logrado un fenómeno a tener en cuenta: sectores del sur y del oeste del Gran Buenos Aires podrían ser potenciales votantes, es decir penetró en parte del voto peronista. Efectivamente mantuvo el porcentaje pero cambió parte de la composición social de sus seguidores.

Desde principios de 2015 la campaña electoral entrará en otra fase. Scioli cuenta con el paraguas de la moderación, y Macri de la novedad y la gestión. Ambos gobiernan amplios distritos y parecen tener recursos ilimitados. Paradójicamente, la campaña se reideologizará más allá de la voluntad de los contendientes. Se enfatizará en dos modelos, uno basado en la mayor intervención estatal y otro en la mayor apertura a los mercados. Massa, como tercero en cuestión, corre el riesgo de quedar atrapado en ese fuego cruzado.

¿Hay espacio para un cuarto hombre?

Como escalador de la cara más oculta de la montaña viene lentamente subiendo en las encuestas Florencio Randazzo.

¿Existe el espacio para la incorporación de un cuarto candidato, en el ya fragmentado proceso preelectoral? Los votantes parecen obligados a optar sí o sí, entre los tres contendientes principales: Scioli, Macri y Massa. Desde aquí, muchos ciudadanos muestran el desaliento por una oferta electoral constreñida a este triángulo equilátero, cuyos lados se identifican más por sus parecidos que por sus diferencias.

Florencio Randazzo, que debe su nombre de pila a la gratitud familiar al doctor Florencio Escardó,  se va posicionando, como les gusta decir a los expertos en marketing, mediante una estrategia muy particular: el cuidado de los trenes. Es desde 2007 Ministro de Interior de Cristina F. de Kirchner. Esa cartera es la sombra gris de lo que supo ser, el “ministerio político”, y que fuera desplazado como centro de poder desde la creación de la Jefatura de Gabinete pos reforma de la Constitución en 1994. Continuar leyendo

Macri, Massa, Scioli: cómo se sale del triple empate

Massa, Scioli, Macri: no importa en el orden que se expresen en las encuestas, encarnan una situación no muy común en la historia de las candidaturas presidenciales en Argentina, incluso en el mundo. Un triple empate. Visto desde el presente es imposible predecir quién asumirá en diciembre de 2015.

Para ponerlo blanco sobre negro, todas las encuestas (incluso los censos) tienen un margen de error propio como el “precio” a pagar por estimar desde una muestra. Este error suele calcularse en general en más o menos 2 al 5 por ciento. Por ejemplo, si se dice Macri tiene el 22% de adhesión a su candidatura, en realidad la estimación iría del 20 al 24% (pensando en el mínimo del 2%). Los tres candidatos están medianamente dentro de esta ventana. Continuar leyendo

¿Se ha vuelto Argentina un país más violento?

Existe una pregunta de incierta respuesta dando vueltas en la sociedad: ¿se ha vuelto Argentina un país más violento?

No hay una cifra que permita dar cuenta en forma exacta de esta cuestión. Sin embargo, se puede ver en los medios y también percibir en las calles que algo no está bien: desde casos triviales, hasta los más complejos, marcan una respuesta violenta como forma de resolver conflictos cotidianos.

Desde un colectivo que no se abre la puerta en la parada y el frustado pasajero que responde pateando la puerta con furia; hasta discusiones entre vecinos que finalizan en una gresca con muertes que lamentar, pasando por barras bravas emboscándose en la salida de la cancha de fútbol; lastimados por armas blancas a la salida de un boliche o recital; o un maestro golpeado por el padre o madre de un alumno, son todas situaciones que ya no nos sorprenden. Continuar leyendo

Escenarios del kirchnerismo ante el 2015

El 10 de diciembre de 2015, Cristina F. de Kirchner le pasará la banda presidencial al candidato elegido por la voluntad popular. Este acto, protocolar en las democracias maduras, se constituirá lógicamente en una fiesta para los argentinos. Sin embargo, ese día D cada vez menos lejano genera muchos interrogantes sobre las estrategias a asumir por los principales actores políticos para llegar a él.

Una de las preguntas más relevantes es cuál será el futuro del kirchnerismo, concretamente cómo trascenderá, si podrá seguir liderando el peronismo; si se constituirá como una fuerza política independiente; si será subsumido por otras corrientes políticas del “movimiento”; o por el contrario, si simplemente se extinguirá como pasó con el menemismo.

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Elecciones 2013: barajar y dar de nuevo

Luego de una extenuante campaña de muchos meses, finalizaron las elecciones argentinas para renovar diputados y senadores, campaña que contuvo la aún extraña experiencia de las PASO.

Toda elección tiene tres momentos diferentes: el propio acto del sufragio, luego las interpretaciones que se realizan en la misma noche del día de la elección y días sucesivos, y finalmente las consecuencias políticas posteriores. Las elecciones del 27 de octubre de 2013 se van a caracterizar más por sus consecuencias a mediano plazo que por el propio desenlace cuantitativo del conteo de votos.

Los datos que provienen de los resultados electorales sincronizan como nunca antes con una aguda dispersión del sistema político argentino. La geografía electoral marca el previsible triunfo de Sergio Massa en Buenos Aires, de Gabriela Michetti en la Ciudad de Buenos Aires, de Hermes Binner en Santa Fe, de Juan Schiaretti en Córdoba y de Julio Cobos en Mendoza.

En síntesis, el Frente para la Victoria sale derrotado en los principales distritos del país, y en cada caso a manos de una agrupación política diferente. Sin embargo, sobre el total del país efectivamente el kirchnerismo supera por casi dos millones de votos al segundo -la sumatoria del Frente Cívico y Social, socialismo y radicales-, obteniendo la mayor cantidad de diputados y senadores en juego, manteniendo incluso el quorum propio en ambas cámaras.

En ese marco complejo, las interpretaciones cobran una mayor relevancia. Aquí sobresale lógicamente el triunfo de Sergio Massa en la Provincia de Buenos Aires sobre el candidato del kirchnerismo Martín Insaurralde. Como siempre, la provincia más poblada del país marca los tiempos electorales y no por menos anunciada, su victoria extiende ampliamente la diferencia obtenida en las primarias y coloca al intendente de Tigre como el hombre del día de la Argentina.

¿Cómo se interpreta el triunfo de Massa? 

Massa sostiene su triunfo sobre tres bases. En primera medida viene sosteniendo una astuta estrategia de instalación política desde su paso por el Anses, sabiendo proyectar su buena imagen a nivel nacional, en particular por sus políticas de seguridad como intendente de Tigre. Luego, durante la campaña electoral organiza un discurso que discute la lógica amigo-enemigo del kirchnerismo, arrebatando el estilo a Scioli que queda arropado en los abrigos del Gobierno nacional. Finalmente, como parte de su instalación política, ha sabido presentarse como un estadista, un presidenciable, aceptando el desafío que lanza el kirchnerismo cada vez que plebiscita su acción de gobierno. No se puede olvidar que el massismo se ha nutrido por dirigentes que se han ido desprendiendo del kirchnerismo, desde el propio Sergio Massa, pasando por Darío Giustuzzi, Roberto Lavagna, Martín Redrado y un largo etcétera.

Las consecuencias políticas se irán hilvanando con el trascurrir de los meses. Pero ya se empieza a advertir el surgimiento de varios candidatos a Presidente de la Nación con la mirada fija en 2015. En esta grilla surgen Mauricio Macri, ya lanzado amplificando un triunfo no tan contundente en la ciudad; Hermes Binner, que intenta hegemonizar el pan-radicalismo, y por supuesto el propio Sergio Massa.

Pero el potencial mapa no puede completarse sin ver cuáles serán los movimientos subsiguientes de la presidenta, que sigue siendo una jugadora central de la política nacional.

Surge la incertidumbre de cómo enfrentará los dilemas de gestión en los próximos tiempos, en especial los problemas económicos y la pendiente creación de un candidato para competir con Massa. Una de las intrigas que habrá que atender será la continuidad de la particular alianza cuasi-electoral del sciolismo con el kirchnerismo, que potenciaría la candidatura presidencial del gobernador de la provincia de Buenos Aires, o lo obligará a establecer una estrategia diferenciada, con los riesgos que esto implica para la gobernabilidad futura.