¿Se ha vuelto Argentina un país más violento?

Existe una pregunta de incierta respuesta dando vueltas en la sociedad: ¿se ha vuelto Argentina un país más violento?

No hay una cifra que permita dar cuenta en forma exacta de esta cuestión. Sin embargo, se puede ver en los medios y también percibir en las calles que algo no está bien: desde casos triviales, hasta los más complejos, marcan una respuesta violenta como forma de resolver conflictos cotidianos.

Desde un colectivo que no se abre la puerta en la parada y el frustado pasajero que responde pateando la puerta con furia; hasta discusiones entre vecinos que finalizan en una gresca con muertes que lamentar, pasando por barras bravas emboscándose en la salida de la cancha de fútbol; lastimados por armas blancas a la salida de un boliche o recital; o un maestro golpeado por el padre o madre de un alumno, son todas situaciones que ya no nos sorprenden. Continuar leyendo

Escenarios del kirchnerismo ante el 2015

El 10 de diciembre de 2015, Cristina F. de Kirchner le pasará la banda presidencial al candidato elegido por la voluntad popular. Este acto, protocolar en las democracias maduras, se constituirá lógicamente en una fiesta para los argentinos. Sin embargo, ese día D cada vez menos lejano genera muchos interrogantes sobre las estrategias a asumir por los principales actores políticos para llegar a él.

Una de las preguntas más relevantes es cuál será el futuro del kirchnerismo, concretamente cómo trascenderá, si podrá seguir liderando el peronismo; si se constituirá como una fuerza política independiente; si será subsumido por otras corrientes políticas del “movimiento”; o por el contrario, si simplemente se extinguirá como pasó con el menemismo.

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Elecciones 2013: barajar y dar de nuevo

Luego de una extenuante campaña de muchos meses, finalizaron las elecciones argentinas para renovar diputados y senadores, campaña que contuvo la aún extraña experiencia de las PASO.

Toda elección tiene tres momentos diferentes: el propio acto del sufragio, luego las interpretaciones que se realizan en la misma noche del día de la elección y días sucesivos, y finalmente las consecuencias políticas posteriores. Las elecciones del 27 de octubre de 2013 se van a caracterizar más por sus consecuencias a mediano plazo que por el propio desenlace cuantitativo del conteo de votos.

Los datos que provienen de los resultados electorales sincronizan como nunca antes con una aguda dispersión del sistema político argentino. La geografía electoral marca el previsible triunfo de Sergio Massa en Buenos Aires, de Gabriela Michetti en la Ciudad de Buenos Aires, de Hermes Binner en Santa Fe, de Juan Schiaretti en Córdoba y de Julio Cobos en Mendoza.

En síntesis, el Frente para la Victoria sale derrotado en los principales distritos del país, y en cada caso a manos de una agrupación política diferente. Sin embargo, sobre el total del país efectivamente el kirchnerismo supera por casi dos millones de votos al segundo -la sumatoria del Frente Cívico y Social, socialismo y radicales-, obteniendo la mayor cantidad de diputados y senadores en juego, manteniendo incluso el quorum propio en ambas cámaras.

En ese marco complejo, las interpretaciones cobran una mayor relevancia. Aquí sobresale lógicamente el triunfo de Sergio Massa en la Provincia de Buenos Aires sobre el candidato del kirchnerismo Martín Insaurralde. Como siempre, la provincia más poblada del país marca los tiempos electorales y no por menos anunciada, su victoria extiende ampliamente la diferencia obtenida en las primarias y coloca al intendente de Tigre como el hombre del día de la Argentina.

¿Cómo se interpreta el triunfo de Massa? 

Massa sostiene su triunfo sobre tres bases. En primera medida viene sosteniendo una astuta estrategia de instalación política desde su paso por el Anses, sabiendo proyectar su buena imagen a nivel nacional, en particular por sus políticas de seguridad como intendente de Tigre. Luego, durante la campaña electoral organiza un discurso que discute la lógica amigo-enemigo del kirchnerismo, arrebatando el estilo a Scioli que queda arropado en los abrigos del Gobierno nacional. Finalmente, como parte de su instalación política, ha sabido presentarse como un estadista, un presidenciable, aceptando el desafío que lanza el kirchnerismo cada vez que plebiscita su acción de gobierno. No se puede olvidar que el massismo se ha nutrido por dirigentes que se han ido desprendiendo del kirchnerismo, desde el propio Sergio Massa, pasando por Darío Giustuzzi, Roberto Lavagna, Martín Redrado y un largo etcétera.

Las consecuencias políticas se irán hilvanando con el trascurrir de los meses. Pero ya se empieza a advertir el surgimiento de varios candidatos a Presidente de la Nación con la mirada fija en 2015. En esta grilla surgen Mauricio Macri, ya lanzado amplificando un triunfo no tan contundente en la ciudad; Hermes Binner, que intenta hegemonizar el pan-radicalismo, y por supuesto el propio Sergio Massa.

Pero el potencial mapa no puede completarse sin ver cuáles serán los movimientos subsiguientes de la presidenta, que sigue siendo una jugadora central de la política nacional.

Surge la incertidumbre de cómo enfrentará los dilemas de gestión en los próximos tiempos, en especial los problemas económicos y la pendiente creación de un candidato para competir con Massa. Una de las intrigas que habrá que atender será la continuidad de la particular alianza cuasi-electoral del sciolismo con el kirchnerismo, que potenciaría la candidatura presidencial del gobernador de la provincia de Buenos Aires, o lo obligará a establecer una estrategia diferenciada, con los riesgos que esto implica para la gobernabilidad futura.

Oscuros nubarrones sobre el panorama político

Un raro tamiz cubrió el último tramo de la larga campaña electoral que comenzara ya hace más de cuatro meses. Las noticias principales se centraron de dos tipos de operaciones: la sufrida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y por la catarata de trascendidos que auguran diversos tipos de males para Argentina en los próximos dos años.

Es habitual que cualquier persona tenga a lo largo de su vida diversos malestares y problemas físicos, pero cuando se trata de quien ostenta la primera magistratura se vuelve, como ocurre en todas partes,  automáticamente en cuestión de Estado. Sin embargo, el caso argentino resulta especialmente problemático por tres factores.

Primero por el controversial rol de los vicepresidentes que, más allá de sus características particulares, se vuelven en forma instantánea sospechosos de conspiración. Hay que repasar el listado de vicepresidentes de la democracia del ’83 para acá para verificar esto. Víctor Martínez vice de Alfonsín, Eduardo Duhalde primer vice de Menem, “Chacho” Alvarez vice de De la Rúa, y Julio Cobos vice del primer mandato de Cristina Kirchner, fueron a su turno sospechados por diferentes motivos que valdría la pena analizar el detalle en otro espacio. Tampoco se salvó de las generales de la ley el propio Daniel Scioli, quien siendo vicepresidente de Néstor Kirchner sufriría su propia Siberia de los vicepresidentes expulsados del núcleo íntimo de las decisiones presidenciales.

El problema de los vicepresidentes es que existe una gran asimetría entre la situación de ser parte de un binomio ganador de la elecciones presidenciales y sus funciones ejecutivas sancionadas por la Constitución, cuya principal atribución es reemplazar al presidente ante su ausencia temporaria o permanente. En la situación de Amado Boudou la desconfianza sobre su persona se multiplica por sus características personales, lejos de la circunspección esperable de un jefe de Estado, y por los escándalos acontecidos al principio del segundo mandato de Cristina Kirchner y que llevaron a la renuncia del procurador Esteban Righi.

El segundo motivo por el cual se vuelve problemático el alejamiento temporario de la presidenta fruto de su estado de salud, es la enorme vacancia que deja en su rol de factótum del gobierno nacional. Su presencia a diario en actos, presentaciones e inauguraciones de diverso tipo conformó un estilo de gran exposición, multiplicado por las últimas entrevistas en exclusiva conferidas en los días previos a su intervención quirúrgica. Esto crea una gran ausencia que no puede ser suplida por el entorno presidencial, ministros y vicepresidente incluido. También es claro que gran parte de las decisiones pasan por sus manos, situación que agudiza la incertidumbre.

El tercer motivo por el cual resulta especialmente problemática su ausencia temporal remite a su momento específico. Frente a la derrota electoral sufrida por el oficialismo en las elecciones primarias del 11 de agosto pasado, la campaña queda sin el liderazgo natural de la presidenta y coloca a Daniel Scioli frente una extraña paradoja: ponerse  al hombro la difusión de una lista  a diputados nacionales sobre la cual no tuvo ninguna injerencia y bajo el riesgo (bastante probable) de ser el mariscal de la derrota del 27 de octubre, con impacto en sus propias aspiraciones, que buscará minimizar de todas las formas posibles.

Finalmente, a nadie se le escapa que restan dos años de alta complejidad en un país donde las sucesiones presidenciales siempre han sido conflictivas. El modelo económico basado en dotar de capacidad de consumo a amplios sectores de la población da muestras de un alto nivel de agotamiento, y desde las usinas del establishment bregan por un ajuste que vaya desde la eliminación de los subsidios hasta directamente la rebaja de salarios, pasando por una megadevaluación que recomponga la tasa de ganancia del sector agropecuario argentino.

El gobierno nacional, con cierta coherencia, resiste a ser el ejecutor de estas políticas; sin embargo ha perdido la iniciativa fundamental para buscar alternativas políticas y económicas viables para dar un salto de calidad en el modelo económico y productivo.

La era de la dispersión

Las elecciones de 2011 se caracterizaron por un reforzamiento de los “oficialismos”. Tanto las categorías presidencial, como gobernadores e intendentes se caracterizaron por guarismos importantes para el candidato ganador, donde fue normal que muchos superaran valores del 50 y aun el 60% de los sufragios. La elección primaria de 2013 presenta un panorama totalmente diferente, con una fuerte dispersión y valores bastante más escuetos donde algunos de los principales contendientes oscilaron entre el 30% y el 35%. De esta forma, Gabriela Michetti por Unión Pro en la Ciudad de Buenos Aires obtiene el 32%, en Córdoba Schiaretti, por Unión por Córdoba, araña el 30%, y Sergio Massa con el Frente Renovador queda cerca del 35%.

Una de las razones de estos resultados estriba en la lógica propia de las elecciones de medio término, donde el voto se dispersa entre una variedad de opciones. A esto debe sumarse un cambio en el clima de opinión de la sociedad argentina que busca opciones distintas al Frente para la Victoria, conjugado con las características de la oposición al gobierno nacional que por distintas razones no ha vertebrado dos o tres organizaciones políticas que puedan extenderse por todo el territorio nacional.

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El FpV, la única fuerza que rendirá cuentas a nivel nacional

El kirchnerismo lanzó el sábado 29 de junio desde el microestadio de Argentinos Juniors en la Ciudad de Buenos Aires su campaña electoral con eje central en la figura de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La polarización será la estrategia central del oficialismo frente al escenario electoral, con la finalidad central de evitar la partición en tercios o en cuartos de las preferencias electorales.

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De Cafiero a Massa: el nuevo Frente Renovador

En 1985 Antonio Cafiero se presenta en las elecciones a diputados nacionales por fuera de las estructuras del peronismo copadas en aquel momento por Herminio Iglesias y por la ortodoxia. En pleno auge del alfonsinismo, Cafiero saca en la Provincia de Buenos Aires el 27%, perdiendo las elecciones contra la UCR que supera el 41%, pero le gana al Frente Justicialista de Liberación que apenas araña un 10%. Dos años después, en 1987, Cafiero sería electo gobernador de la provincia empujando el declive del gobierno de Raúl Alfonsín, pero un año después perdería una histórica interna con Carlos Menem que cambiaría al país para siempre.

Veintiocho años después, Sergio Massa se ilusiona con superar aquella histórica performance de la “cafieradora”. La conexión entre ambos acontecimientos es el Frente Renovador, estructura que Antonio Cafiero construyó para destrabar al peronismo bloqueado por la muerte de su líder en 1974 y desde donde Massa se propone destronar al kirchnerismo.

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A pasos de las PASO: panorama electoral

Falta poco tiempo para las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) que tendrán lugar el 11 de agosto, y no parecen existir grandes novedades en el arco político argentino, quedando todo el panorama resumido a la reiterada pregunta sobre qué piensa hacer el intendente de Tigre, Sergio Massa, o algunos arreglos de último momento. Como pasó en 2011 cuando debutaron las PASO y se convirtieran en una rara elección previa a la “verdadera”, las agrupaciones vigentes no parecen tener muchos planes para dirimir sus internas en las primarias. A esta altura parecen existir cuatro polos o cinco polos en la oposición con posibilidades de presentar una propuesta nacional y con chances de superar el fatídico 10%.

El Frente Amplio Progresista tiene la expectativa de crecer desde el baluarte de la provincia de Santa Fe de la mano de Hermes Binner, cierto espacio ganado en la Ciudad de Buenos Aires con Victoria Donda, Prat Gay y probablemente Gil Lavedra; y en Córdoba con el aporte del verborrágico Luis Juez. La presencia de Dante Caputo en las listas de provincia de Buenos Aires apunta a erosionar aún más el caudal electoral de la UCREl FAP corre con la enorme ventaja de no poner diputados en renovación (excepto algunos que han sido electos por otras fuerzas), con lo cual es “todo ganancia” y espera, si logra superar el 20% a nivel nacional, desplazar a la UCR como segunda fuerza de oposición parlamentaria.

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La patria y los otros

El 25 de mayo se cumplió el 203° aniversario de la Revolución de Mayo. En el acto en la Plaza de Mayo, la Presidenta de la Nación realizó una férrea defensa de la política llevada a cabo en estos diez años y llamó al pueblo a organizarse para defender los logros de esas políticas. Entre sus conceptos, la presidenta llamó a revalorizar lo que se podría llamar frase de convocatoria al evento: “La patria es el otro”.

La idea de patria es muy interesante, pero sin embargo no es unívoca a lo largo de la historia. En efecto, existen varias versiones o interpretaciones de lo que es la patria o lo que debiera ser. En primera instancia hay una versión elitista de la patria, basada en que la revolución la realizaron los criollos comerciantes, que se reunían en tertulias para conspirar contra el decadente régimen colonial, con patriotas cuyos nombres hoy denominan las calles de Buenos Aires, en particular los barrios acomodados de Barrio Norte y Recoleta.

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2013, el año de definiciones

El año que conmemora los doscientos años de la Asamblea del año XIII va a convertirse en una instancia de definiciones en torno a la continuidad del proceso kirchnerista iniciado el 25 de mayo de 2003. Al igual que la etapa que siguió a la Revolución de Mayo, la actual va a estar plagada de incertidumbres, y probablemente se asista a reconfiguraciones y cambios en el mapa político nacional.

La Asamblea del año XIII no logró declarar la independencia (tendría que esperar hasta 1816), pero avanzó con un proceso de democratización interna de la sociedad y una ruptura del orden colonial cuyos hechos más sobresalientes fueron la abolición de la esclavitud, la revocación de los títulos de nobleza, la puesta en circulación de una moneda propia y la composición del Himno Nacional. Sin embargo, otra de las contribuciones de la Asamblea fue la constitución de un Poder Ejecutivo fuerte, característica que llega hasta nuestros días.

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