Triunfo electoral, deterioro político

Lo que parecía un trámite más en la tercera etapa electoral se tradujo para el PRO en un sobresalto enorme por la diferencia mínima obtenida en el ballottage en la Ciudad de Buenos Aires.

El 51,6% obtenido por Horacio Rodríguez Larreta contra Martín Lousteau, que sacó el 48,4%, estuvo lejos de las diferencias esperadas. En forma sorprendente nueve de las quince comunas de la Ciudad de Buenos Aires cambiaron de color político desde las elecciones generales de apenas quince días atrás. El PRO sostuvo su triunfo en las zonas más acaudaladas de la ciudad.

El llamado al voto en blanco que realizaron el Frente por la Victoria y la izquierda no dio en el blanco. Sólo el 5,2% de los porteños eligieron esta modalidad de sufragio, contra el 1,1% de la elección anterior.

Pragmáticamente, un voto de diferencia alcanzaba para tener nuevo alcalde porteño, pero puede sostenerse la hipótesis de que de no mediar una elección nacional en pocos días con Macri como protagonista, a estas horas la Jefatura de Gobierno de la Ciudad podría tener un nuevo inquilino. ¿Qué pasó?

El sucesor de Macri en la ciudad se encerró en un discurso “municipalista” de poco atractivo. Frases del estilo “vamos a seguir haciendo lo que venimos haciendo”; “tenemos el equipo que viene trabajando”; “vamos a hacer lo que la gente necesita”, para no hablar del timbreo de rigor para estar cerca de “la gente” marcaron el ritmo cansino de la campaña del PRO, focalizada en el proyecto local. Esto llevó a muchos votantes a visualizar al PRO como un partido vecinal con escasas posibilidades de proyectarse a escala nacional, más allá de los voluntarismos de rigor.

Lousteau resultó ser un contrincante incómodo para el PRO. El partido amarillo, entrenado para responder a las “críticas” de neoliberal o privatista, no supo qué responder frente a los cuestionamientos de candidato de ECO. Por ejemplo, en el debate, Lousteau presentó en el plató televisivo estadísticas y números mostrando un novedoso perfil de auditor, planteando dudas sobre la trasparencia de los actos de gobierno de la ciudad, más que cuestionando la gestión propiamente dicha.

Las indicaciones sobre falta de “accountability” de la gestión PRO, en cuestiones como el presupuesto en salud, el juego, los gastos en propaganda o las cuentas en obra pública, resultaron más dañinas para el macrismo que simplemente tildarlo de neoliberal. En definitiva le quitan fuerza a los argumentos que Macri usa para posicionarse en la escena nacional. 

También Lousteau apeló al milenario recurso del David frente a Goliat, mediante su argumento inicial de “voy contra dos Estados”, al “hay presiones para que me baje”, cuando existieron dudas en su participación en el ballottage. Sin embargo, se empantanó cuando le pidieron que explicara la ambigüedad de pertenecer a la “Alianza Cambiemos” Macri-Carrió-Sanz a nivel nacional y su empecinamiento en enfrentar al macrismo en la Ciudad de Buenos Aires. Pero dio algunas pistas que hacen dudar de su encuadre futuro cuando dijo que no tenía “jefes políticos”.

En definitiva ECO fue formado a toda velocidad, luego de la implosión de UNEN y a diferencia de su oponente circunstancial sí tiene un ojo puesto en la política nacional. Una posible derrota de Macri en las elecciones de octubre dejaría el espacio para el nacimiento de un nuevo liderazgo de oposición. En este sentido, se equivocaron quienes vieron el ballottage como una interna del PRO. Tienen perspectivas e intereses contradictorios.

Sin embargo, el 48,36 por ciento obtenido el domingo de la segunda vuelta no es voto propio de Lousteau, y el 25,5% obtenido en las generales es parte del voto flotante, que va rotando de elección a elección: pudieron haber votado en anteriores oportunidades a Aníbal Ibarra, a Pino Solanas o en esta oportunidad a él. Como contrapartida Lousteau sí tiene una discurso nacional. En cada presentación televisiva se dedica a descargar sus conocimientos en economía, incluso invirtiendo el costo político de haber sido ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner durante los cuatro meses más críticos de los doce años del kirchnerismo.

Pero el capítulo Lousteau ahora tendrá que esperar, la etapa siguiente se abre con las elecciones primarias del 9 de agosto, el combate de fondo. Macri deberá enhebrar con velocidad un discurso político más allá de “todo lo que hicimos en la Ciudad”, que le permita convocar al espacio no kirchnerista y con la finalidad mínima de acceder al otro ballotage, el de la elección presidencial, donde se decidirá quien gobierne la Argentina los próximos cuatro años.

Tsipras en el centro del ring

Con un rotundo triunfo del No (OXI en griego) con el 61,5% de los votos contra el 38,5% del Sí (NOI) el pueblo griego se pronunció contra el acuerdo propuesto por las “instituciones”.

El triunfo electoral fue contundente en las treces regiones en las que Grecia se divide. De los casi diez millones de ciudadanos en condiciones de votar se presentó el sesenta y dos por ciento, lo que implicó que más de tres millones y medio de griegos votaron contra la propuesta de la ex Troika. Las instituciones, nuevo eufemismo para denominar a la Comisión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo, son efectivamente la ex Troika y en esta película sin duda fueron presentados como los malos.

La particularidad de este referéndum al que llamó el primer ministro Alexis Tsipras es que se no sabe exactamente lo que implicará el No. Que un gobierno llame a una consulta y al mismo tiempo esté en contra de la propuesta que se ofrece a la consideración no tiene muchos antecedentes.

Pero, ¿qué puede significar el No? Los más moderados señalan que el gobierno de Syriza tendrá mejores condiciones para negociar la deuda. Concretamente, piden una reducción del 30% en la deuda y un plazo de veinte años para su pago. Para los más pesimistas el NO, más que el rechazo a las políticas de austeridad implicaría el abandono de la Unión Europea, y la restitución del dracma como moneda nacional. Luego de conocerse los primeros resultados, el primer ministro griego en su comparecenci instó a mantener el lugar de Grecia en Europa.

Los más pesimistas toman el ejemplo histórico de la Argentina para sostener sus consideraciones. En diciembre de 2001 el gobierno de Fernando De la Rúa instaura el llamado “corralito” con la finalidad de frenar la salida masiva de los depósitos bancarios. Por este motivo se prohibió a los ahorristas retirar de los bancos una suma mayor a 250 pesos/dólar. La excusa del momento fue que se buscaba conseguir un mayor uso de los medios de pago electrónico, eliminando así la evasión impositiva y estimulando la bancarización de la población. Se debe recordar que si bien Argentina no integraba un bloque con una moneda común como Grecia en la UE, la convertibilidad, ataba el valor de la moneda al dólar, el inolvidable 1 a 1, y limitaba la expansión de la base monetaria.

En medio de caos social, con represión y muerte en las calles, el 20 de diciembre de 2001 De la Rúa renuncia a la presidencia. La Asamblea Legislativa nombra el día 23 a Adolfo Rodríguez Saá como presidente por el término de noventa días, pero sólo se mantiene en el cargo por siete días. Ese escaso tiempo le alcanzó para proclamar no pago de la deuda externa, que hay que recordar, medida muy reclamada y festejada en su momento.

Hasta aquí, la instauración del corralito y el no pago de las obligaciones externas son las similitudes entre Grecia y Argentina. La crisis en Argentina se devoró a La Alianza (UCR y Frente Grande), en Grecia se devoró a los socialdemócratas del PASOK, que ganara gran parte de las elecciones desde los años ochenta, pero también al derechista de Nueva Democracias de Samarás.

El efecto aprendizaje del caso argentino seguramente influyó en la decisión de Alexis Tsipras para llamar a un referéndum. Argentina no hizo esto, por el contrario Eduardo Duhalde, elegido por la Asamblea Legislativa en enero de 2002, rompe con la Convertibilidad, instaura el “corralón”, es decir, la pesificación compulsiva de los depósitos que estaban mayormente en dólares, y devalúa la moneda llevándolo al 1,40 pesos el dólar, pero la devaluación real llevaría a la moneda norteamericana a los cuatro pesos.

¿Puede evitar el gobierno griego este derrotero marcado por la Argentina?

Las cifras que muestra la economía griega no habilitan más medidas de austeridad. La caída del PBI del país báltico es del orden del 35% desde 2008, el desempleo se estacionó en el 26,6% y el desempleo juvenil llega a casi la mitad de su población joven. La deuda pública como también pasó en Argentina asciende al 177,10 del PBI, que paradójicamente se incrementa no sólo por los intereses, sino por la reducción del PBI.

Syriza, la organización política que hoy gobierna Grecia, es un frente de diez partidos políticos de izquierda. Era, hasta 2012, un espacio político minoritario que no superaba el 5%. Sin embargo, en las legislativas del 2012 queda como primera minoría con el 27% de los votos y en 2015 llegan por primera vez al gobierno con el 36,4%, es decir un total de 2.245.139 votos. Como se observa, los resultados del referéndum del domingo resultan un respaldo importante para el gobierno de Tsipras, más allá de no tener influencia en la composición del Parlamento.

Ningún plan de acción parece ser aceptable. Cualquier mejora de las condiciones de la deuda podrá ser solicitado al FMI y acreedores privados por otros países con abultada deuda como España, Italia, Portugal, o incluso en otras latitudes como Puerto Rico o el propio Japón. Finalmente, la posible salida del Euro por parte de Grecia pondría a la Unión Europea frente a una situación inédita, que Francia y Alemania deberían evitar a toda costa.

La última consideración es que la decisión de Grecia de abrir las discusiones tan decisivas a la consideración popular está lejos de la modalidad habitual de las elites que gobernaron en Europa y en otras partes del mundo desde la posguerra mundial. Dicha decisión tendrá consecuencias a futuro que va más allá del problema griego en particular.

Será interesante conocer si las clases dirigentes tomaron nota de esto.

Campana de largada para Macri

El súper 5 de julio electoral finalizó dentro de lo esperado. Sin embargo, las elecciones en Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, La Rioja, La Pampa y Corrientes marcaron triunfos de diversa intensidad y trascendencia.

En particular, el triunfo de Horacio Rodríguez Larreta no por poco sorpresivo tiene menor significación. Es para el PRO la primera elección a jefe de Gobierno sin Mauricio Macri encabezando la boleta, tal como lo hiciera en el 2003, 2007, y 2011.

Macri logra finalmente instalar a su candidato preferido a pesar de las conocidas dificultades de Rodríguez Larreta para escalar en el conocimiento de la ciudadanía y la inesperada y enconada oposición interna de Gabriela Michetti.

No obstante, el 45,6% obtenido por la fórmula Rodríguez Larreta-Santilli en la elección del domingo queda a 2,2% de lo obtenido en las PASO de abril. Ese pequeño porcentaje, que probablemente votó a Michetti en las primaria se desplazó hacia Martín Lousteau que pasó del 22,5 al 25,6 por ciento, para sostener el segundo puesto de la contienda. Sin embargo, el ex Ministro de Economía no fue la aspiradora de votos que prometía. El hecho de no alcanzar el 30% de los votos lo saca del radar de un posible triunfo, por más que insista en continuar con el ballotagge.

El tercer lugar fue para Mariano Recalde con el 21,7%. Realizó una correcta elección en un territorio tradicionalmente adverso, sobre todo porque supera el 20% crítico, y mejora la elección de la primaria, arrastrando los votos de los demás compañeros de ruta de la primaria (no era seguro, por ejemplo, que todos los votantes de Ibarra lo siguieran) y superándose en casi 2 puntos.

Por su parte, Luis Zamora sin estructura y prácticamente sin campaña, logra arrebatarle el cuarto lugar a la candidata del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Myriam Bregman, con un escueto, pero valioso 4%, que por supuesto queda lejos del 12,29% que supo obtener en la elección de 2003, cuando fue tercero.

Observando el detalle del mapa de la Ciudad de Buenos Aires, el PRO gana en todas las comunas. No obstante, sobresale la elección de Rodríguez Larreta en la comunas del norte de la ciudad.

En efecto, en la 1 (Retiro, Puerto Madero, San Nicolás, Monserrat, Constitución y San Telmo) Larreta superó el deseado cincuenta por ciento, donde salió Recalde segundo con el veinte por ciento. En la 2 (Recoleta) el PRO se acerca al 59%, y Recalde retrocede a casi el 10%. En la 14 (Palermo) Larreta araña el 53%, y Lousteau se lleva el 26%. Finalmente en la 13 (Núñez, Belgrano y Colegiales) el partido amarillo saca el 53,6%, ECO sale un poco por arriba de su promedio con el 26,2%, mientras que Recalde retrocede al 14.5% de los votos.

Las mejores comunas para Martín Lousteau fueron las del corredor central de la ciudad. En la comuna 6 (Caballito) alcanza el 29,4%, luego en la comuna 11 (Villa Devoto, Villa del Parque, Villa Gral. Mitre y Villa Santa Rica), el candidato de ECO llega al 28,8%.

Por otra parte, Recalde logra el segundo puesto en las comunas del sur de la ciudad. En la 8, (Villa Lugano, Villa Soldati y Villa Richuelo) hace su mejor elección alcanzando el 31,1% de los votos. En la 4 (Nueva Pompeya, Parque Patricios, La Boca y Barracas) alcanza el 28,2% y la apuntada comuna 1.

La insistencia de Martín Lousteau para continuar la elección en el ballottage tiene total legitimidad política y legal ya que la Constitución de la Ciudad requiere la mayoría absoluta de los votos (art. 96). Sin embargo, queda por ver la reacción de la ciudadanía por tener que votar nuevamente en una elección casi imposible de remontar.

Más allá de los riesgos que toda elección lleva, no sería tan mal negocio para el macrismo protagonizar una nueva elección en la ciudad de Buenos Aires, con dificultades para mostrar triunfos en diversos lugares del país. La capital de la nación sigue siendo una vidriera única para mostrar el mensaje nacional de Mauricio Macri. El ballottage, de no mediar el arrepentimiento de Martín Lousteau, se llevará adelante el 19 de julio, a veinte días de las primarias nacionales.

La probable segunda vuelta provocará situaciones hilarantes e inesperadas, en la actual circunstancia. Casi 370.000 votantes del Frente para la Victoria deberán elegir entre el sucesor de Mauricio Macri y el ex ministro de Cristina Fernández de Kirchner y mentor de la ya histórica resolución 125. En forma simétrica, quedarán casi 120.000 votantes de la izquierda frente al mismo dilema. Muchos votantes probablemente engrosen la lista de los votos blancos, que en definitiva cuentan para quien encabece la contienda.

Sorpresas y decepciones

A las 00.01 horas del día, domingo 21 de junio de 2015, coincidiendo con el Día del Padre, quedaron definidas las listas de precandidatos para las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias que se realizarán el 9 de agosto.

Con el trascurrir de los días se irá pasando el “peine fino” para el análisis de las boletas presentadas por los distintos frentes para las diversas categorías. Allí se podrá observar el peso relativo de los distintos espacios políticos, así como las potencialidades de los candidatos y la futura posible conformación del Congreso Nacional.

Sin embargo, se pueden presentar algunas conclusiones del complejo proceso de selección de candidatos:

1) El kirchnerismo sigue manteniendo la centralidad del escenario político.

La gran novedad la aportó la incorporación de Carlos Zannini en la fórmula presidencial del Frente de la Victoria, y la salida de Florencia Randazzo como contrapeso de Daniel Scioli.

Los riesgos de dividir las candidaturas singulares frente a Mauricio Macri impulsó a unificar la fórmula presidencial, aún a riesgo de retirar a un Randazzo que no sólo había ascendido en su intención de voto en la primaria del FPV, sino quien era sentido como próximo para una parte de la militancia kirchnerista.

Queda claro, que a pesar de los 10.000 anuncios del fin de ciclo kirchnerista, el oficialismo nacional sigue mostrando vocación de poder, audacia, disposición a asumir riesgos políticos y capacidad para provocar (de paso) al antikirchnerismo.

2) La oposición política sigue siendo una constelación de pequeños planetas girando en torno a las decisiones de Cristina Fernández de Kirchner.

En efecto, quienes intentan asumir la conducción política del país desplazando al kirchnerismo del poder, mostraron, en términos generales, confusión, comedias de enredos, decisiones de último momento, candidatos que se conocieron para la foto, en definitiva una falta general de liderazgo y voluntad de confrontar con autoridad a la Presidenta.

Sin interés de establecer un gran “acuerdo nacional”, entre Macri y Massa, el primero se inclinó por Gabriela Michetti como candidata  a vicepresidente a último momento, luego de una serie de discusiones conocidas a través de versiones, y las insólitas presiones del ya famoso “círculo rojo”. Massa, luego de jugar al misterio y a la sorpresa con el fin de superar las deserciones de parte de su espacio, pero finalmente se inclinó, para completar su boleta, por un dirigente salteño desconocido para el gran público.

Las idas y venidas de muchos políticos (especialmente de los intendentes del Conurbano bonaerense) entre el massismo, el macrismo y el kirchnerismo, más allá de hilaridad que causa, requiere un llamado a la reflexión sobre la vulnerabilidad de las identidades políticas de nuestros días.

3) Por lo dicho, la discusión actual se traslada velozmente a la futura duplicidad entre quien tiene alta probabilidad de  asumir la primera magistratura el 10 de diciembre y entre quién lidera el espacio político kirchnerista.

La discusiones en la semana sobre la posible conformación del gabinete de Scioli confirman esto. Cómo alinear dos formas superpuestas de poder será un rompedero de cabezas a partir del 10 de diciembre, y pondrá en juego la innegable muñeca de Daniel Scioli, y su vocación de tiempista político.

4) Que la Presidenta no ocupe ningún cargo electivo, como se había especulado en los últimos tiempos, muestra dos elementos: su convicción de poder conducir el próximo proceso político, y su deseo de evitar polarizar la elección en torno a su figura.

El primer elemento se observa en la conformación de las listas a diputados del FPV. Allí si bien conviven distintos espacios del kirchnerismo y el sciolismo, las boletas más emblemáticas son lideradas por nuevas figuras surgidas del riñón k.  De esta forma, Eduardo “Wado” de Pedro, encabezando la lista de diputados en la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof  en la ciudad de Buenos Aires y por supuesto Máximo Kirchner por Santa Cruz, entre otros, cristalizan esta nueva realidad.

Luego, una presencia rutilante de la presidenta encabezando la lista del Parlasur hubiera impulsado la polarización total de la elección en torno a su figura. Tal como queda planteado el escenario ahora, los matices superan el espíritu plebiscitario de  su potencial candidatura.

5) Como queda planteado el escenario político, las PASO pierden peso específico. Dos elecciones prácticamente calcadas no ayuda a cumplir el objetivo de acercar la política a la sociedad, finalidad esencial de las primarias.

Sin mediar cambios a posteriori de la presentación de las listas, una de las internas más inesperada se dará en la provincia de Buenos Aires donde  Aníbal Fernández y Martín Sabbatella se enfrentarán en las PASO del FPV a Julián Domínguez y Fernando Espinoza. Sin dudas será una batalla demás interesante.

En definitiva esta etapa del proceso político finaliza con menos lustre que el esperado, donde la sociedad fue más espectador que actor. Ahora comienza la real campaña para conquistar la voluntad de los argentinos.

La depuración

Los reflectores del teatro político argentino volvieron a correrse. En medio del “mes de Macri” fruto básicamente de su triunfo en la Ciudad de Buenos Aires, en el primer round que fueron las PASO, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner intervino públicamente en la interna del Frente para la Victoria. Su pedido de “baño de humildad” provocó una catarata de defecciones: la llamada depuración de los candidatos a presidente de la Nación y a gobernador por la Provincia de Buenos Aires por el Frente para la Victoria.

Muchos analistas explican que las PASO de la Ciudad de Buenos Aires dejaron una enseñanza. La dispersión entre múltiples candidatos podría dañar la legitimidad de quien lograra sacar la mayor cantidad de votos. Si esto fuera así, las primarias estarían funcionando como la antigua Ley de Lemas que se aplicaban en algunas provincias. La multiplicidad de boletas podría hacer inflar artificialmente la sumatoria de los votos de un determinado partido o frente, y al final del día resultar electo alguien que no hubiera ganado en la elección entre los votantes por candidato individual. Esa resultado podría sobrellevarse en una elección municipal, pero no en una elección nacional. Esta es una verdad relativa, ya que existen dos siguientes instancias superiores de legitimación: las elecciones generales y el ballotage. Continuar leyendo

Sorpresas y confirmaciones

Finalizaron las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias tan esperadas en la Ciudad de Buenos Aires. Las PASO, pensadas para que los partidos políticos pudieran elegir sus candidatos buscando rehabilitar a éstas estructuras desactualizadas, son un acontecimiento que aún provoca extrañeza y que introduce discusiones según como se lean sus resultados: por partido o por candidato.

Las elecciones de la Ciudad finalizaron con el esperado triunfo del PRO, con una importante distancia sobre sus seguidores. Sin embargo, la diferencia de Rodríguez Larreta sobre Michetti fue mayor que la esperada. Ciertamente, se observó una fuerte caída de la senadora nacional en el último mes. El apoyo de Mauricio Macri a su jefe de Gabinete fue un elemento determinante en los resultados, pero no el único factor. La candidata, que buscó diferenciarse fortaleciendo una imagen más política, no leyó a la propia construcción del PRO, un partido de gestión. Paradójicamente, en su discurso de aceptación de la derrota electoral Michetti retomó su rostro más carismático y el discurso directo que había logrado cautivar a parte de la ciudadanía porteña desde el 2003.

Más llamativo fue, en cambio, el avance de Lousteau, que queda a poca más de un punto de Michetti.  A una velocidad sorprendente, el ex ministro de Economía no sólo logró construir su frente y su candidatura, sino que desafió al PRO en su propio terreno: la eficacia en la gestión.

En cambio, los resultados del Frente para la Victoria, y de Mariano Recalde en particular no sorprendieron, el voto consolidado del kirchnerismo no dudó frente a las especulaciones de que sus votantes pudieran elegir votar por fuera, para que perdiera el candidato predilecto de Macri.

Quedó muy poco para repartir por fuera de los tres principales frentes políticos. Dos agrupaciones de izquierda, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores con Miriam Bregman y el Autodeterminación y Libertad de Luis Zamora logran apenas superar el dos por ciento y podrán concurrir a la general en busca de algunos legisladores.

En cambio, Guillermo Nielsen, por el Frente Renovador, y que concurriera a la elección con un duro discurso de confrontación con el macrismo, no alcanza el piso mínimo requerido por ley, mientras que Claudio Lozano con la Alianza Camino Popular, queda peleando voto a voto para acceder a la próxima etapa.

En el futuro inmediato, habrá poco descanso para los porteños. El 5 de julio será la elección general y los debates se orientarán hacia saber si habrá una nueva cita en las urnas en ballotage dos semanas después. Habrá que atender a la discusión si el electorado seguirá a los mismos candidatos o entidades políticas, y tangencialmente a las nuevas disyuntivas de los votantes de los partidos que no alcanzaron el piso de 1,5 para pasar a la siguiente etapa.

Entre el candidato de ECO y del FPV; en sus candidatos ahora oficiales, Lousteau y Recalde, se abrirá la verdadera competencia en la elección general para ver cuál de los dos podría acceder al ballotage, mientras el PRO buscará lograr los votos que le faltan para superar el 50% y que proyecten a Rodríguez Larreta a la jefatura de gobierno, intentando que no se les vaya los votantes obtenidos en las primarias.

Sin embargo, no será posible realizar una redistribución lineal de los votos de la PASO. La elección de la ciudad inevitablemente se nacionalizará tanto por el peso simbólico de la capital de la Nación, como por el interés del ex Presidente de Boca Juniors en su proyección nacional.

El porcentaje de votos obtenidos entre las dos principales precandidaturas del PRO (y haber apostado fuerte al candidato ganador), le servirá a Macri para mostrar que es posible fundamentar su ambición presidencial, y ahora va por los potenciales votos de Sergio Massa. Sin embargo, permanece la incógnita de si María Eugenia Vidal podría seguir la trayectoria ascendente de Larreta ya en la enorme provincia de Buenos Aires. Por su parte, para Mauricio Macri, la Ciudad de Buenos Aires es un portaviones político y difícilmente prescindirá de Michetti como evangelizadora de la gestión local en toda la geografía del país.

Finalmente, se debe que considerar que la importante diferencia de casi diez puntos entre Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti producirá un efecto de aprendizaje en las dirigencias políticas. El modelo tradicional de las candidaturas “dirigidas” desde el liderazgo político ya ha superado las fronteras del peronismo. Se va a volver difícil (o más difícil) establecer disidencias de candidaturas alternativas al oficialismo. El ascenso de Larreta, un político de difícil “posicionamiento” para los gurúes del marketing político, desde una tercera posición hasta ser el cómodo ganador de la jornada implicará análisis tanto académicos como políticos, que trascenderán la elección local.

¿Quién ganó en Santa Fe? De los votos a la apropiación

Toda elección, conlleva dos instancias: la difusión de los resultados y su interpretación.

Los números, puros y duros, en elecciones limpias como sucede en Argentina, no suelen ser sometidos a interpelación, salvo en algún caso excepcional.

En cambio, la interpretación de los resultados suele traer más polémica y tener más aristas. Los analistas, periodistas y encuestadores listan ganadores y perdedores, enumeración que llamativamente suele contener a actores políticos que no participaron como candidatos pero que en verdad pueden quedar debilitados o fortalecidos con los resultados en el gran juego de la política.

En las elecciones de este año en Argentina, se suma otro factor a los datos y a su interpretación, que es la apropiación de los resultados: es decir, qué candidato presidencial puede decir “ganó mi candidato”, un inventario que se supone sumará en octubre. Continuar leyendo

El reto de la izquierda en Argentina

Izquierda dura, izquierda radical, izquierda anticapitalista. Son muchas las formas con las que es posible denominar a éstas corrientes políticas que tienen una larga tradición en Argentina y el mundo, pero que resultan casi una novedad en nuestro país, debido a que han ido mejorando sus performances electorales en lugares impensados como Salta o Mendoza, e incluso la provincia de Buenos Aires, y con perspectivas de crecimiento.

Tradicionalmente, se han mantenido en los márgenes de los escrutinios electorales, debido a su permanente fragmentación y a su distancia de las masas populares. Su factura asambleísta y generadora de consignas, originariamente destinadas a movilizar al proletariado, sólo venía encontrando eco en pequeños círculos intelectuales y estudiantiles. Con su tradicional internacionalismo también se constituyó en productor de adhesiones a desconocidas gestas en lejanos lugares. Continuar leyendo

Elecciones en la Ciudad de Buenos Aires: primer PASO hacia el 2015

Algunos jugaron  al misterio y a la sorpresa. Otros tuvieron que construir sobre la marcha y decidir sobre la hora. Finalmente las cartas están sobre la mesa. Son más de veinte los (pre) candidatos a Jefe de Gobierno, que intentarán tomar el testimonio que deja Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires.

El día 26 de abril será la primera llamada a las urnas en la Ciudad con motivo de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias en cumplimiento de la Ley 4894. Se elegirán en tres categorías: jefe de Gobierno, diputados de la Ciudad y comuneros. Será la primera vez que el sistema se utilice para la elección local.

Extrañamente la ley no incluye la elección del vicejefe de gobierno en las primarias, que queda al arbitrio del ganador para las generales. Sin embargo, se debe considerar que ningún candidato en las PASO puede ser serlo de otra fuerza política en las elecciones generales, lo que evita los “pases” de último momento. También se debe considera que para progresar a la siguiente etapa de la “oca electoral” se debe superar el 1,5% de lo votos emitidos, en cada categoría (Art. 40 de la Ley), lo que seguramente pondrá un límite a algunos frentes. Continuar leyendo

La lucha por el capital político

Si bien no existe una teoría general de las “crisis políticas”, se puede caracterizar de esta forma el momento actual de la Argentina tras la muerte del fiscal Nisman.

La crisis política es una instancia compleja dentro de un proceso político. Produce un cambio desordenado de los tiempos de ese proceso y una modificación en el juego de los actores políticos, que puede implicar entre otros cambios el ocaso de algunas figuras y/o el surgimiento de otras. También puede provocar cambios institucionales muy pronunciados, como por ejemplo la desaparición y reemplazo de un organismo entero del Estado como la Secretaría de Inteligencia, como ocurre en estos días.

La aceleración de los tiempos políticos constribuye a la inestabilidad institucional y al aumento de los niveles de incertidumbre que puede o no “contagiarse” a otros subsistemas como el económico o el social. También el camino contrario es posible, la crisis económica que se devora un sistema político, como tantas veces se vio a lo largo de la historia.

El concepto de crisis suele ser más habitual en el mundo económico, derivado de la idea que la economía responde a ciclos de largo, mediano, y corto plazo y que el pasaje de un ciclo a otro está marcado por una crisis. Las crisis económicas más usuales suelen darse por exceso de oferta, la baja de la rentabilidad empresaria y deterioro de la actividad económica. La percepción habitual de estas las situaciones es que terminan en un estallido, la quiebra de una parte de la economía, gran aumento del desempleo, fuerte baja de los salarios y recuperación de la rentabilidad empresaria. Cada vez más los gobiernos intervienen para regular y amortiguar estas situaciones.

A diferencias de las económicas, las crisis políticas no tienen un ciclo teórico que pueda guiarnos. Pero tienen pérdidas y recomposiciones, que no son mensurables en forma directa. Lo que se pierde o se gana es capital político, que suele vincularse con los sistemas de representación y legitimidad. En las crisis, este capital tan volátil puede quedar momentáneamente en el aire, o puede cambiar de manos rápidamente creciendo la desconfianza y desaprobación hacia una parte o todo el sistema político. También es cierto que si la crisis se maneja con inteligencia, el capital político puede volver al lugar de partida.

En términos general, las crisis políticas suelen tener un elemento que funciona como “acontecimiento fundante” (que puede ser desencadenante). A veces este elemento puede ser evidente o pasar inadvertido, ser significativo o puramente simbólico. Por ejemplo, en octubre de 2001 la Alianza pierde las elecciones legislativas y en diciembre la mayoría peronista elije a Eduardo Camaño como presidente de la Cámara de Diputados, que se interponía en la línea de acefalía. Ese elemento es clave y De La Rúa abandona el gobierno quince días después. Claro que se da en un contexto mayor por la recesión imperante, la renuncia del vicepresidente Chacho Alvarez, las dificultades propias del presidente, etc.

Las características de la muerte del Fiscal Nisman se ha transformado en un enunciado metafísico, es decir cualquier cosa que se diga sobre su trágico desenlace no va a ser ni verdadero, ni falso, por lo que se debe identificar las dimensiones de la crisis que provoca por sus consecuencias. Las acciones inmediatas del Gobierno nacional luego de la muerte mostraron un fuerte desacople entre sus actores principales, ministros y funcionarios, sus discursos y sus acciones. El resultado de este desacople es que la Presidente pone en juego su propio capital político y sus oponentes se colocan inmediatamente en marcha para capturar y reconfigurar ese capital.

El tiempo de esa lucha para capturar el capital político se adelanta muchos meses al que el sistema democrático había destinado para tal fin: las elecciones. El epicentro de la lucha puntual es sobre la credibilidad de Cristina Kirchner. Parece que quebrar ese núcleo es vital para excluirla de poder real. Sin embargo, la disputa se enmarca en un manifiesto descontento de sectores opuestos a las formas y contenidos del gobierno kirchnerista. Estos sectores buscaron en los últimos años marcar presencia en las calles (territorio peronista) con amplias pero decrecientes manifestaciones, sin lograr claras referencias políticas que parece que ahora sí han encontrado.