La situación internacional y la economía de Kicillof

¿Y ahora qué hacemos? Durante doce años malgastamos una fortuna en demagogia barata y en un nacionalismo antiguo y ahora, que se viene la noche con las noticias que se conocen en materia económica en el mundo, vamos a la alcancía y nos encontramos con que no tenemos nada. ¡Extraordinario el modelo de inclusión con matriz productiva diversificada!

Usamos un capital enorme, echamos a los inversores y destruimos la infraestructura y, cuando deberíamos recurrir a todas esas reservas, nos encontramos con las economías regionales en la ruina, con un estrambótico esquema cambiario que se basa poco menos que en perseguir a la gente con perros por la calle y que ha estrangulado la producción y la competitividad productiva argentinas.

Contrastadas con esta realidad hasta suenan ridículamente patéticas las palabras de Daniel Scioli en sus avisos de propaganda hablando del trabajo, de la industria argentina y de los productos argentinos en el mundo. ¿Con qué especula? ¿Con la ignorancia de la gente? ¿Con el hecho de que el ciudadano de a pie no es un especialista y se cree el producto terminado cuando ya no hay alternativas?

Brasil ha instaurado un programa de ajuste a los desequilibrios que arrastra desde Lula da Silva y ello ha provocado una devaluación del real que ha colocado el precio del dólar en R$ 3,40 por unidad norteamericana. A esta situación debe sumársele lo que comentamos respecto de dólar como moneda mundial: su proceso de apreciación lo tiene en una paridad de 1,15 contra el euro, una de las más bajas desde que se creó la moneda común de la Unión Europea. Continuar leyendo

Totalitarismo electivo vs Estado de Derecho

Dilma Roussef fue reelecta en Brasil por el 51% de los votos contra el 49% de Aecio Neves. ¿Es Dilma el pueblo?, ¿es Neves un buitre no-brasileño?

Sobre millones de votos emitidos apenas el 2% de los votantes decidieron la elección. ¿El “pueblo” son ellos? Y ese 2%, ¿qué 2% fue?, ¿el de más aquí o el de más allá?

¿Podrá Dilma decir entonces que su voz es la voz de Brasil y que las demás voces son las de los enemigos locales del país que, aliados con los enemigos exteriores buscan hundir al país?, ¿y si ese 2% se hubiera ubicado en el otro platillo de la balanza?, ¿la enemiga del pueblo seria Dilma y el “pueblo” los que habrían votado a Neves?

Quizás poniéndole nombres extranjeros a este juego se entienda mejor las ridiculeces que pueden decirse en nombre de la democracia. Continuar leyendo

De nuevo ante la realidad

Terminó el Mundial y con él se fue el magnetismo, aunque sea temporal, que provocaba el avance de la selección argentina hacia la final. Durante un mes los problemas del país se agudizaron. Tanto desde el punto de vista económico como desde el político, los inconvenientes por los que atraviesa la Argentina están hoy peor que cuando Brasil y Croacia dieron comienzo a la Copa del Mundo en el Arena Corinthians de Sao Paulo.

El gobierno especuló con que la anestesia futbolística de un equipo que se afianzaba en el torneo iba a ser suficiente para que los problemas desaparecieran o, al menos, fueran dejados en un segundo plano. Pero cometió el error de caer él mismo en la ensoñación y, en lugar de trabajar para cortar el deterioro, también pareció caer en la tentación de que todo se solucionaría por la inspiración de Messi y el sacrificio inacabable de Mascherano.

Durante el Mundial se consumió la mitad del tiempo que el país tenía para no caer el default. El 31 de julio ocurrirá esa debacle si antes no se llega a un acuerdo de ejecución de sentencia del fallo del juez Griesa con los holdouts, que ganaron el juicio en New York.

El ánimo negociador del gobierno no ha sido hasta ahora el mejor. Aferrado a una visión ilusionista del asunto, sigue vociferando la parcialidad del juzgado y juntando apoyos “políticos” como si creyera que eso efectivamente producirá algún resultado que tuerza la suerte judicial. Kicillof y la Presidente parecería que no entienden que la Justicia ya se ha expedido y que ese hecho no podrá ser cambiado por discursos efectistas. Si bien el gobierno tiene una larga tradición de no acatar las decisiones condenatorias de la Justicia argentina, esa conducta no es trasladable a lo que sucede en Estados Unidos y en el mundo. Nadie concibe la idea de que, simplemente, un “condenado” diga “no voy a cumplir lo fallado por el juez”.

El gobierno podrá reunir voces de simpatía de la OEA, de Putin, de Maduro, de la UNASUR, de quien sea, pero eso no lo eximirá de entregar alguna salida que le permita decidir a Griesa que lo fallado en su sentencia se ha cumplido. Y los avances en ese sentido son lentos. El gobierno entiende que cualquier movida suya que dé la imagen de que los holdouts se salieron con la suya es una especie de capitulación final, una derrota en una guerra que fue el propio gobierno quien la inventó.

No se entiende la diferente actitud que la Presidente ha tenido en este asunto respecto de la que tuvo con el CIADI, con Repsol y con el Club de París. En todos esos casos terminó pagando más de que lo que podría haberse conseguido bajo otras condiciones de negociación con tal de terminar con el asunto y desligarse de su vinculación con esos organismos o empresas. El caso del Club de París, por ejemplo, con el capricho de que no intervenga el FMI nos costó más de U$S 3000 millones sin ton ni son.

El el ámbito interno, la situación del vicepresidente Boudou que, justo es decirlo, no fue abandonada desde el punto de vista informativo por la influencia de la fiebre mundialista, tampoco alcanza a ser abordada con altura y conciencia.

La Sra. de Kirchner ha dispuesto un férreo sostenimiento del Vicepresidente con el acto cúlmine de hacerlo presidir los festejos del 198 aniversario de la Declaración de la Independencia, provocando la incomodidad de todos, propios y extraños.

La situación judicial de Boudou empeorará en los próximos días con otro probable procesamiento y con mayores revelaciones en el caso Ciccone. Dos hechos que aparecían vinculados por alguno de sus protagonistas pero que hasta ahora no tenían una relación causal -Ciccone y el caso de la renegociación de la deuda de Formosa con la Nación- parecen finalmente conectarse con la ruta del dinero: la Justicia tendría probado que fueron los fondos formoseños los que justamente se usaron para hacer el primer depósito que produjo el levantamiento de la quiebra de la imprenta a favor de su nuevo dueño, The Old Fund, la misma firma que había “asesorado” a Insfrán para que renegocie su deuda con el ministerio de economía que, por entonces, presidía Boudou.

Al mismo tiempo, el deterioro económico cotidiano, las trabas al fluir operativo del trabajo de las personas comunes, la inflación, el cerramiento cambiario, la falta de pago de importaciones, la caída del mercado de autos, inmobiliario, del consumo de la clase media, el aumento de las suspensiones y despidos, la caída del precio de la soja y una proyección de conflictividad gremial creciente, hacen ver lejano el horizonte electoral de 2015. La velocidad del empeoramiento de las condiciones tiene una discordancia evidente con el tiempo que falta para que el pueblo sea llamado a expresarse.

Por eso es preciso que la Presidente tome conciencia rápida de los tiempos y de los valores en juego para disponer acciones que resuelvan la cuestión de los holdouts y deje de proteger políticamente a quien le está causando un serio daño a las instituciones. Del mismo modo, sería ideal que utilizara el tiempo que le queda en el gobierno para deshacer la enorme maraña de trabas en que ha transformado al simple hecho de trabajar en el país, para que, quien tenga que sucederla, encuentre parte del camino hacia esa liberación ya iniciado y en consecuencia la carga para todos nosotros sea más liviana.

Pero, obviamente, sabemos que esperar esto es ingenuo. La presidente sostendrá hasta último momento un modelo colonial de administración que nos ha condenado a la escasez, al aumento de las villas miseria y a la pérdida de una enorme oportunidad mundial. Una oportunidad tan grande como la que tuvimos el domingo en el Maracaná de Río de Janeiro, con la única diferencia que esa se escapó no por nuestras propias torpezas.

Al ministro no le gustan las pruebas

El ministro de educación Alberto Sileoni acaba de decir, frente al opaco resultado argentino en las pruebas PISA que “no es importante medir cómo nos está yendo”. Las pruebas PISA dependen de la OCDE (la organización de economía y comercio de los países desarrollados) y miden el desempeño de estudiantes secundarios en distintos países.

La Argentina, que ocupaba lugares de relevancia en la medición de América Latina a principios de siglo, ha caído sustancialmente debajo de los índices de países como Brasil, Colombia y Chile, pasando en muchos lugares del primero o segundo lugar al sexto o séptimo.

Ésta es de por sí una manifestación de decadencia y de llamado de atención. Pero que el ministro del área sostenga que las mediciones de resultados no son importantes es como si no importara lo que hacemos y para qué lo hacemos; algo así como que todo diera lo mismo.

No resulta extraño que esta postura se parezca bastante a las iniciativas que han disminuido las evaluaciones en las escuelas y en los colegios, despreciando el sistema de calificaciones como un esquema discriminatorio y cruel, y pretendiendo promover a los alumnos a través de mediciones sui generis que han terminado repercutiendo (como estas evaluaciones internacionales lo demuestran ahora) en el nivel académico y de formación de los estudiantes.

Si el criterio del ministro se extendiera a todas las actividades, la vida social sería prácticamente imposible porque nadie sabría si hace bien o mal las cosas. Si las personas no tuvieran una respuesta sobre cuál es el punto en el que se encuentran respecto de un determinado horizonte, es como si caminarán sin destino, sin brújula, como un barco a la deriva. Son los resultados de este tipo de pruebas las que nos dicen qué tenemos que corregir, cómo debemos hacerlo y con qué velocidad.

El principal drama, con todo, no han sido ni los resultados de las pruebas ni las desafortunadas declaraciones del ministro. Lo peor es la tendencia que muestra la evidencia. La Argentina está en una pendiente de declinación respecto de sus rendimientos educativos mientras que los países de la región están en la curva inversa.

Esta brecha, de no repararse, sin dudas traerá complicaciones competitivas para nuestros jóvenes porque estarán en una situación de desventaja en un mercado que es global, pese a los esfuerzos de encierro del gobierno.

A la hora de perder trabajos o de acceder sólo a aquellos de menor calidad y de menor paga, será el momento de acordarse de estas vivezas demagógicas que le quieren hacer creer a los estudiantes que las calificaciones y las evaluaciones son poco menos que funcionales a las dictaduras.

Sin una prueba que nos diga cómo estamos no sabremos si nuestras políticas son correctas o incorrectas y si estamos en una buena o mala senda. Es probable que, justamente, como la realidad que nos devuelve ese espejo nos está diciendo que estamos haciendo todo mal en materia educativa (área en la que el presupuesto se aumentó de manera astronómica), el ministro prefiera cerrar los ojos, creer que todo está bien y seguir en sus trece sin cambiar un ápice su rumbo.

Si es así no será él seguramente el que sufra las peores consecuencias: Sileoni, en mayor o menor medida, es un hombre hecho. Pero los chicos que él cree cautivar con su mensaje de laxitud demagógica son los que quedarán en el camino, con un menor nivel de vida y presos de algún otro demagogo que quiera seguir estafándolos en el futuro.