“No hay que creérsela”

“No hay que creérsela”… Fue la muy sensata frase del candidato presidencial de Cambiemos, pocas horas después del resultado electoral de la primera vuelta que mejoró notablemente sus chances de ganar.

Venimos de doce años de una gestión caracterizada por la soberbia y el sectarismo, acorde con la personalidad de sus dos presidentes, él y ella. Una gestión que no se cansó de descalificar, denostar, marginar y hasta perseguir a todo el que no se mostrara absolutamente disciplinado a sus dictados.

Los Kirchner ejercieron el mandato a contramano de lo que aconsejó Perón cuando escribió que “el sectarismo” es “una de las deformaciones de la conducción política”, y que “no hay cosa que sea más peligrosa para el político que la intransigencia” y el autoritarismo, “porque la política es el arte de convivir, y la convivencia no se hace en base de intransigencia”.

El famoso 54 por ciento de los votos obtenido por Cristina Kirchner en 2011, del que ella no se cansa de alardear, fue un agravante de las peores tendencias del estilo K. Continuar leyendo

Para Cristina, el modelo no tiene candidato

Esa es la síntesis del mensaje de Cristina Kirchner ayer. Pasionaria, la Presidente arengó a sus bases sobre el combate que viene, que no es electoral precisamente. Se trata de “cuidar” su legado cuando ella deje la Casa de Gobierno. Algo que, obviamente, Daniel Scioli no garantiza. Si no, el discurso de anoche hubiese sido: voten a Daniel, el candidato que encarna y continúa el modelo.

No sólo no lo nombró, sino que hasta se permitió cruzarlo en la única propuesta que el maltrecho gobernador hizo de cara al 22 de noviembre. La promesa del 82 por ciento móvil a los jubilados, una de las banderas con las cuales Sergio Massa mejoró sus chances y logró mantenerse en carrera.

Sorprende el empecinamiento de los analistas en negar lo evidente: ella trabaja para la derrota del candidato oficial. Para encontrarle una lógica al inexplicable discurso presidencial post primera vuelta algunos creen ver una división de tareas entre Cristina Kirchner y Daniel Scioli. Ella va por el voto K y él por los independientes. En realidad, lo que ella les dijo a los suyos es que el modelo no tiene candidato. En cuanto al gobernador bonaerense, quizás sea demasiado tarde para, como prometió, “convertirse en Scioli”.

Cristina para la Derrota Continuar leyendo

Que Cuba se abra al mundo

Ya no quedan excusas. Si es que alguna vez las hubo.

Inteligente, y en evidente sintonía con el pontífice argentino, Barack Obama anunció medidas de flexibilización hacia Cuba, a horas del inicio de la visita papal a la isla.

El presidente estadounidense no puede poner fin al embargo. Eso es resorte del Congreso. Pero tomó varias disposiciones destinadas a ampliar las corrientes financieras y económicas entre su país y la isla. Además de eliminar el cupo para las remesas que los exiliados cubanos envían a sus familias, se habilita a los ciudadanos norteamericanos a abrir negocios en Cuba en determinados rubros y a contratar mano de obra local, entre otras medidas.

Al llegar a La Habana, Jorge Bergoglio hizo suyo “el deseo de san Juan Pablo II con su ardiente llamamiento a ‘que Cuba se abra con todas sus magníficas posibilidades al mundo y que el mundo se abra a Cuba’”.

Desde aquella histórica visita de Karol Wojtyla, en 1998, el mundo no ha cesado de abrirse a Cuba, pero lo inverso no ha sucedido. Continuar leyendo

Cinismo oficial sobre los refugiados

El oficialismo tiene la caprichosa costumbre de interpretar toda mala noticia proveniente del exterior como una legitimación del relato. La crisis de deuda europea, la quiebra de Grecia, la desocupación en cualquier lugar del mundo, la pobreza en tierras lejanas, etcétera, etcétera; sistemáticamente, los voceros oficiales y oficiosos de este gobierno consideran que todos esos eventos son otros tantos espaldarazos al modelo y a una década de supuesta prosperidad, a un presente ideal y a un futuro venturoso que serían el legado de 12 años de gestión.

Sin que la realidad avale semejante actitud, se consideran con autoridad moral y política para pontificar sobre todo lo que sucede en el mundo.

¿Por qué extraño mecanismo mental la masiva llegada a Europa de personas que huyen de países asolados por la guerra y el hambre representaría un aval a la política del kirchnerismo en esta larga década? Es un misterio para la psicología. La Argentina, luego de 12 años de errática política exterior, ni siquiera ha incrementado su poder de palabra en el escenario mundial. Todo lo contrario. Continuar leyendo

Todas quieren ser Evita, pero…

“Eva entró en mi vida como el destino. Fue un trágico terremoto que sacudió la provincia de San Juan, en la Cordillera, y destruyó casi enteramente la ciudad, el que me hizo encontrar a mi mujer”, escribió Juan Perón en el exilio, en un texto titulado Cómo conocí a Evita y me enamoré de ella.

La pareja política más emblemática de la Argentina –espejo en el que muchos candidatos pretenden mirarse- se formó practicando la solidaridad efectiva con los damnificados de una catástrofe natural.

María Eva Duarte conoció al entonces Ministro de Trabajo y Asistencia Social mientras éste organizaba, en sus palabras, “un verdadero ejército de voluntarios que llamasen a todas las puertas de la ciudad, a lo largo y a lo ancho, solicitando socorros y enviándolos luego a las zonas afectadas”.

Juan y Eva Perón con niño

Desde ese día, empezó su proceso de conversión en Evita, la mujer que no se tomaba un minuto de descanso hasta no haber resuelto, sin demoras ni excusas administrativas, las necesidades más urgentes de los argentinos.

Tras su muerte y transformación en mito, no hay mujer que haga política en la Argentina que no sea comparada con ella. Y que, más o menos confesadamente, no quiera parecerse a ella.

La militancia juvenil jura por Evita y la exaltación de su obra social es casi de rigor por parte de toda la dirigencia.

En el primer tramo de la campaña presidencial que concluyó con las PASO del domingo pasado, hubo un excesivo protagonismo de las mujeres de los candidatos; excesivo, porque, con alguna excepción, no se corresponde con la militancia de estas potenciales futuras primeras damas. Su rol fue estético, decorativo, expresión cabal de una campaña en la que abundó la imagen y faltó la idea.

Todas quieren ser Evita, pero olvidan que la Eva femenina, naturalmente elegante, incluso glamorosa –que el mundo también admira y que es ícono de argentinidad-, nunca fue en detrimento de la otra Eva –más bien fue al revés-, la de riguroso traje sastre y cabello recogido, trabajadora incansable que no se dedicó la menor pausa a sí misma y lo pagó con la vida.

Perón la recuerda así, en el texto citado: “Hablaba de manera vivaz, tenía ideas claras y precisas e insistía en que se le confiara un encargo. ‘Un encargo cualquiera’, decía. ‘Quiero hacer algo por esa gente que en este momento es más pobre que yo’. Eva estaba pálida, pero mientras hablaba su rostro se encendía”.

Todas quieren ser Evita, pero la soledad de los damnificados por las inundaciones en Buenos Aires y Santa Fe se vuelve hora tras hora más patente, y ninguna “Dama” da señales de vocación social. Ni siquiera por demagogia se calzan un par de botas, ni son capaces aunque más no sea de un simulacro de solidaridad.

Cristina Kirchner lo hizo una sola vez, en la pasada inundación de La Plata, pero para poner en evidencia la desidia de Daniel Scioli. No la movía el amor, sino el rencor.

Por las calles convertidas en ríos de Luján, Areco o Mercedes, no se ven las pecheras de La Cámpora, corriente juvenil “evitista”, sino sólo a los propios vecinos o a bomberos, boy scouts y otras asociaciones no partidarias llevando alguna asistencia a los inundados.

En el gobierno provincial hasta hay una funcionaria que no deja de usufructuar el parentesco con Eva Duarte –en realidad, con sus hermanas no militantes-, y sin embargo no la emula en lo más importante, en aquello que la convirtió en Evita.

Todas quieren ser Evita, pero no viven la urgencia de servir que a ella la consumía.

Todas quieren ser Evita, pero en el balcón, no en el barro. 

Bad information: Cristina, Chirac y los DDHH

En la entrevista que Cristina Kirchner mantuvo con un periodista estadounidense –y cuya transcripción publicó ella misma- la Presidente anunció que iba a contar una anécdota que le había tocado vivir “acompañando a Néstor Kirchner en su primer viaje al exterior en el año 2003”.

“Estuvimos en París, en Francia –contó-. Gobernaba Jacques Chirac, que si uno lo tiene que ubicar en un arco ideológico lo coloca a la derecha. (…) En un momento dado, [Chirac] le dice a Kirchner: ‘Sabe, presidente, tengo que decirle algo: la sociedad francesa no puede entender que quienes asesinaron, torturaron y desaparecieron gente en la dictadura –concretamente las monjas francesas, que era una causa en Francia muy fuerte–, están libres, en la calle, por imperio de leyes que ustedes aprobaron y que no reciban ningún tipo de castigo. Es algo que la sociedad francesa no entiende ni mucho menos aún acepta”.

La Presidente aseguró haber sentido “una profunda vergüenza”. Continuar leyendo