Balas que no rozan el corazón de nadie

Causa gracia que tantas personas hayan esperado las condolencias del Gobierno por la muerte del fiscal Alberto Nisman.

¿Cómo puede esperarse empatía de quienes no se conduelen con la muerte de ningún argentino? Corrijo: ¿cómo puede esperarse empatía de quienes sólo reaccionan ante las muertes que creen posible usufructuar políticamente? De quienes no se cansan de usar a los muertos del pasado para justificar cualquier tropelía del presente.

El día en que se refirió por primera vez en cadena nacional al caso Nisman, Cristina Kirchner no se mostró dolida. En cambio, habló de las condenas a autores de crímenes de hace más de 30 años, para autoelogiarse una vez más. Y, para victimizarse, eligió recordar la ya célebre frase de su hijo Máximo: “La bala que mató a Mariano Ferreyra rozó el corazón de Néstor”. Continuar leyendo

Delirium tremens: los extremos se tocan en Cuba

Una izquierda trasnochada que habla de victoria castrista coincide con un sector recalcitrante del exilio y del lobby cubano en USA que ve una imperdonable concesión a la dictadura caribeña.

El anuncio de Barack Obama y Raúl Castro sobre el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana ha descolocado a ambos extremos que, como recordó aquí mismo Martín Guevara, se tocan. Y coinciden en el error.

Ni uno ni otro sector piensan en el pueblo cubano: unos lo identifican con el régimen, como si el castrismo no fuese una dictadura sino la legítima representación de la ciudadanía; otros, privilegian el interés sectorial de su comunidad favorita de exiliados y el sostenimiento de una retórica, que se extinguiría con el fin del comunismo.

Lo verdaderamente auspicioso no lo ven. Y es que, si este proceso evoluciona favorablemente, Castro y su régimen ya no tendrán “buitres” a los que apuntar para justificar la opresión del pueblo cubano. Continuar leyendo

¿Por qué pudo el Papa mediar entre Cuba y EEUU?

El anuncio de un cambio de política de los Estados Unidos hacia Cuba –y viceversa, ya que este giro no hubiera sido posible sin un previo diálogo entre los dos Estados- es una buena noticia para la región. Ambos actores destacaron el papel que cumplió el papa Francisco en este acercamiento, en calidad de “mediador”.

¿Por qué pudo el Papa desempeñar ese rol?

En primer lugar, sencillamente porque se lo propuso. Es algo que no pareció pasar por la cabeza de ninguno de los líderes latinoamericanos que en los últimos años se han vinculado con Cuba con fines más mediáticos que de otro orden, para confortar a sus electorados progresistas con una versión en color sepia de una Revolución que ya no existe, que ha fracasado en toda la línea, para únicamente dejar paso a un régimen anacrónico, autoritario e incapaz de llevar a su pueblo hacia el desarrollo de sus potencialidades. Continuar leyendo

Alicia Oliveira, una mujer valiente

El nombre de Alicia Oliveira está asociado a los momentos fundacionales de la lucha por el restablecimiento de los derechos humanos en la Argentina. Es bueno recordarlo, en esta etapa en la que muchos partidarios de la violencia como método de acción política se escudan –sin mediar autocrítica- detrás de las siglas “DDHH”, travestidos en jueces de una etapa negra de nuestra historia de la cual fueron parte.

Alicia Oliveira no fue una jueza del Proceso; lo enfrentó. Continuar leyendo

Esos raros “estatistas” que atacan a Roca

La iconoclasia antirroquista está de moda. Y es promovida desde el propio Gobierno, que, pese al origen sureño de algunos de sus integrantes, considera apropiado fomentar la leyenda negra contra el militar que garantizó la pertenencia al territorio argentino de la vastísima Patagonia, cortando así el riesgo de una mutilación más a lo que debió ser una Nación aun más extensa.

La trayectoria de Roca no se limita a eso, por otra parte. Aunque el anacrónico revisionismo actual intente estigmatizar su figura y encasillarlo como un exterminador de indios, hace tiempo que la historiografía ha reconocido el papel de Julio Argentino Roca en la construcción del Estado argentino. Y en su nacionalización. Roca derrotó definitivamente a la corriente porteña y mitrista –unitaria si se quiere- e impuso la federalización de Buenos Aires –sueño de Juan Bautista Alberdi y tantos otros-, que se convirtió en Capital de todos los argentinos recién en 1880, el año en que él asumió la presidencia. En esa lucha, fue respaldado por hombres de la talla de Carlos Pellegrini, Dardo Rocha, José Hernández -autor del Martín Fierro- y su hermano Rafael, Carlos Guido y Spano, Lucio Mansilla, etcétera. Todos ellos fueron “roquistas”. Y hasta un joven Hipólito Yrigoyen se alineó con el ejecutor de la Campaña del Desierto.

Pero además fue durante sus dos mandatos presidenciales no consecutivos que se promulgaron las leyes que convirtieron a la Argentina en una Nación moderna homologándola al mundo de entonces: educación pública gratuita, servicio militar obligatorio, registro civil, moneda única, territorios nacionales…

Roca fue el hombre que hizo efectiva la autoridad del Estado sobre todo el territorio nacional, un rasgo indispensable en la construcción de la Nación.

¿Cómo se explica entonces que su figura sea blanco de escarnio por parte de quienes alardean de estatismo y de nacionalismo?

Es gracioso que el Gobierno, que además se pretende revisionista, desconozca la opinión de muchos exponentes de esa corriente histórica y en particular la de Jorge Abelardo Ramos (1921-1994), de quien la Presidente se dice lectora. Fue justamente este gran historiador y polemista, surgido de la llamada izquierda nacional, quien respondió magistralmente a los críticos de Roca.

En su obra Revolución y contrarrevolución en la Argentina, Ramos pone la Campaña del Desierto en el contexto de la época, de una Argentina en el umbral de su desarrollo moderno y con fronteras todavía no del todo consolidadas: “Las estancias vivían bajo el constante temor del malón. No había seguridad para los establecimientos de campo. La provincia misma carecía de límites precisos. En sus confines, a una noche de galope, se movía la indiada. (…) Toda la estructura agraria del país en proceso de unificación exigía la eliminación de la frontera móvil nacida en la guerra del indio, la seguridad para los campos, la soberanía efectiva frente a los chilenos, la extensión del capitalismo hasta el Río Negro y los Andes. (…) Las anomalías y fricciones con Chile obedecían en esa época a la presencia de esos pueblos nómades que atravesaban los valles cordilleranos, alimentaban con ganado de malón el comercio chileno del sur y suscitaban cuestiones de cancillería”.

Y, en referencia a la campaña diseñada por Roca, escribe: “Sería de una exageración deformante concebir otros métodos para la época. Algunos redentoristas del indio del desierto derraman lágrimas de cocodrilo sobre su infortunado destino; pero la ‘exterminación’ del indio fue inferior a la liquidación del gauchaje en las provincias federales. (…) El puritanismo hipócrita de los historiadores pseudo izquierdistas juzgará más tarde ese reparto de tierras como expresión de una política ‘oligárquica’. En realidad, la verdadera oligarquía terrateniente, la de Buenos Aires, ya estaba consolidada desde el régimen enfitéutico de Rivadavia, que Rosas amplió y que legalizaron los gobiernos posteriores”.

Finalmente, Ramos exalta el otro gran logro roquista, del que el curiosamente desmemoriado revisionismo de hoy no habla: “La federalización de Buenos Aires amputó a la oligarquía bonaerense la capital usurpada y creó una base nacional de poder. El principal factor centrífugo de la unidad argentina era aniquilado. Esa victoria nacional fue obra de la generación del 80″.

Ramos murió hace 20 años; para homenajearlo, se acaban de reeditar algunas de sus polémicas. Pero al promover un relato vergonzante sobre el pasado argentino que él en modo alguno habría convalidado, quienes dicen honrar a este intelectual en el fondo lo traicionan. Como traicionan la propia historia del país al contribuir a una “desconstrucción” –palabrita tan de moda hoy en las ciencias sociales- que hasta somete a cuestionamiento los fundamentos de nuestra existencia nacional. Con “patriotas” así…

Lo que pasa es que la administración de hoy no es estatista en el mismo sentido en el que lo fue la generación roquista. Aquella construyó el Estado, sus instituciones, impulsó la extensión del alcance de su autoridad, su gobierno y sus leyes a todo el territorio nacional, y pacificó el país.

El oficialismo actual confunde estatismo con manejo arbitrario de los recursos públicos o con gigantismo de la plantilla de funcionarios, entre otras prácticas clientelares, a la vez que deserta de funciones básicas del Estado –educación, seguridad, defensa-.

Por eso su “estatismo” y su “nacionalismo” son compatibles con el maltrato a instituciones y protagonistas de la etapa fundacional del Estado y la Nación.

Cuando el Gobierno prohibía a los militares peregrinar

Hace una semana, La Cámpora lucía sus pecheras en la marcha a Luján, multitudinaria muestra de devoción mariana en nuestro país, pero unos años atrás el kirchnerismo prohibía a los militares argentinos honrar a la Virgen de Lourdes, el célebre santuario francés hacia el que todos los años convergen los ejércitos del mundo para un acto simbólico de reconciliación; una tradición nacida en la posguerra.

Era el año 2006, y la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré, negaba la autorización a las Fuerzas Armadas para enviar el año siguiente una delegación a la peregrinación internacional de militares al santuario de la Virgen de Lourdes, en el sur de Francia; un evento del cual venían participando parte desde hacía unos 15 años. Continuar leyendo