Proteger, preservar, custodiar

El derecho a un medio ambiente sano es un derecho humano fundamental, emergente y de primera magnitud. Todos dependemos del medio ambiente en el que vivimos. Sin un medio ambiente saludable, no podemos hacer realidad nuestras aspiraciones, ni siquiera vivir en un nivel acorde con unas condiciones mínimas de dignidad humana.

El estado de la naturaleza, el hábitat y el medio ambiente condicionan la vida humana en una escala individual, comunitaria y social; y a su vez es el hombre con su actividad económica, social, cultural y recreativa quien condiciona el medio ambiente y su hábitat. Al pensar en el derecho a un medio ambiente como un derecho humano básico tenemos que hacerlo mirando tres dimensiones: la degradación ambiental que es una vulneración de los derechos humanos; la falta de conciencia y responsabilidad ambiental que genera la obligación de reparar; y los problemas ambientales que tienen la peculiaridad de permanecer en el tiempo y ser transgeneracionales. Estos tres factores ponen en tensión y conflicto a la sociedad y a los ciudadanos unos con otros. Son en especial los sectores más vulnerables quienes soportan las consecuencias de la degradación ambiental. El desconocimiento en torno a las consecuencias de las problemáticas ambientales, la escasa o nula información disponible sobre situaciones potenciales o actualmente peligrosas, la no percepción de los riesgos ambientales en el presente y a futuro, la dificultad de acceder a la justicia son algunos de los déficit que tenemos como sociedades y como gobiernos.

Hay una marcada interdependencia de los derechos, como es el caso del derecho al medio ambiente y del derecho al desarrollo humano: el cambio climático, la ordenación y el uso no sostenibles de los recursos naturales y la gestión irracional de los desechos y las sustancias químicas representan hoy las principales amenazas para el disfrute de un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible, pero también para el disfrute efectivo del derecho a la vida, del derecho al más alto nivel posible de salud física y mental, del derecho a un nivel de vida económico adecuado del derecho a la alimentación y el derecho al agua potable y al saneamiento, y el derecho a una vivienda adecuada.

El número y el alcance de leyes internacionales y nacionales, decisiones judiciales y estudios académicos sobre la relación entre derechos humanos y medio ambiente han crecido rápidamente. A partir de la incorporación a la Constitución Nacional del derecho a un medio ambiente saludable, la Argentina y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires han avanzado en un marco normativa amplio de los temas ambientales que va desde la regulación, la protección, la preservación, el acceso a la información, etc. A pesar de que esto demuestra que en los últimos años el reconocimiento de los vínculos entre los derechos humanos y el medio ambiente ha aumentado considerablemente, hay numerosas cuestiones sobre la relación de los derechos humanos y el medio ambiente que siguen sin resolverse, que requieren un examen más detenido y una acción mas concreta.

El Día Mundial del Medio Ambiente fue establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas, en su Resolución (XXVII) del 15 de diciembre de 1972 con la que se dio inicio a la Conferencia de Estocolmo, Suecia, cuyo tema central fue el Ambiente.

Como las principales ciudades del mundo, Buenos Aires se suma a esta fecha en la gestión diaria incorporando proyectos y acciones para adaptar su infraestructura al cuidado del medio ambiente, en línea con las tendencias ecológicas mundiales: el Master Plan de Higiene Urbana –que incluye las columnas verdes en plazas para desechos reciclables, las acciones de reciclado y reducción de basura, la prohibición de bolsas plásticas-,  el Plan de Movilidad Sustentable, la incorporación de luminarias de menor consumo, la feria de consumo responsable, las mejoras en parques y plazas, las Escuelas Verdes. Así, la política de Buenos Aires Ciudad Verde tiene como visión una ciudad con conciencia verde, sustentable y que garantiza para sus habitantes el derecho humano a un hábitat adecuado para el desarrollo de su vida.

En este día tenemos que comenzar a pensar, como funcionarios, políticos y ciudadanos, en una política ambiental con enfoque de derechos humanos que incluya como lineamientos tres palabras: PROTEGER –la naturaleza y al prójimo de las acciones que dañan su desarrollo humano-, PRESERVAR –el medio ambiente y los recursos para las generaciones futuras-, CUSTODIAR –aquello que nos fue dado y legado, de aquellos que quieren dañarlo y degradarlo-.

Para erradicar la violencia entre los jóvenes

Una vez más nos enfrentamos con la realidad de casos de violencia entre niños y jóvenes que esta vez termina con la vida de una chica de 17 años en Junín, y con otra niña de 8 años internada por una golpiza en Hudson. No importa el lugar o el tiempo porque esta es una escena recurrente de nuestras escuelas, nuestras calles y barrios. Allí confluyen la intolerancia, el desprecio hacia el otro y la discriminación. En estos hechos de violencia hay no solamente un acto de agresión brutal y repudiable como el de estos días, sino también omisión por parte de muchos otros jóvenes que miran como testigos activos lo que acontece. El carácter ordinario, encadenado y estructural que tiene la violencia para niños y adolescentes, hace que resuelvan sus conflictos interpersonales y grupales por medios violentos. Muchas veces ante la pasividad de los adultos y de sus familias que no saben o no pueden abordar el problema, o en otros casos son parte de la cadena de violencia. Entonces estamos frente a un emergente social que nos pone en alerta.

Es cierto que la Ley nacional 26.892 para la Promoción de la Convivencia y el Abordaje de la Conflictividad Social en las Instituciones Educativas aún no fue reglamentada. De todos modos esto no impide que cada jurisdicción tome este asunto como prioritario en su agenda de gobierno. Desde la Subsecretaria de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural venimos desde el mes de mayo de 2013 trabajando en la implementación de mecanismos y dispositivos para concientizar, prevenir e intervenir sobre estas conductas en oportunidades invisibles o invisibilizadas de acoso o violencia entre pares, niñas, niños y adolescentes. Hemos impulsado en conjunto con el Ministerio de Educación y el Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad acciones de fortalecimiento de las prácticas institucionales que alienten la convivencia en la diversidad. Llevamos a las escuelas los talleres “Educando en la Diversidad”, que tienen por objetivo trabajar en el reconocimiento de estas situaciones por parte de alumnos y docentes, prevenir estas conductas desde la reflexión activa y participativa. Ya han pasado 2500 alumnos y más de 600 docentes por esta experiencia inicial de 7 meses. Hemos constituido un Centro de Orientación como dispositivo de consulta para directivos, docentes y alumnos de escuelas donde se reciben situaciones de acoso y/o violencia a partir de las cuales se realizan intervenciones en aulas.

Todos los actores estatales con capacidad de decisión e intervención debemos reforzar nuestro trabajo integral e inter-jurisdiccional en la prevención porque es el único camino para erradicar la violencia entre los jóvenes.

Hacia una Argentina más justa

Los homenajes sentidos, los testimonios, las investigaciones e indagaciones académicas, los silencios, las intervenciones artísticas y los sitios de la memoria son todas formas válidas, genuinas y necesarias de ejercitar la memoria y poner de manifiesto una conciencia colectiva que nos permite pensarnos como sociedad.¿Memoria? No hay que descuidar el verbo. “Hacer” memoria es un acto instantáneo que consiste en producir un sentido de aquello que ha sucedido pero deja siempre sus repiques en un presente continuo. Se trata de actividades simbólicas, de representaciones, de un comentario al pasar.

Pero lo importante del ejercicio de la memoria es la posibilidad de involucrarnos con un acontecimiento que nos interpela, nos cuestiona, a la vez que nos invita a ir mejorando nuestra capacidad de acción. Aquello que ha sucedido ahora puede ser resignificado. Cada suceso deja su marca y también una base sólida sobre la que se puede construir un devenir.

La memoria no es simplemente el ejercicio de recordar o evocar. Es la valentía de formularnos nuevas preguntas que habiliten “volver a pensar”. Repetir no es hacer siempre lo mismo sino ejecutar una misma acción con la intención de mejorarla y en cada pasaje descubrir todas aquellas cosas que todavía hay por hacer. Construir es hacer memoria, seguir adelante reconociendo el pasado para transformar el presente. ¿Qué es una ley, un reglamento, una norma o la misma Declaración Universal de los Derechos Humanos sino una forma de hacer memoria y que lo que en una época sucedió no vuelva a pasar nunca más?

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 instauró el terrorismo de Estado e inhabilitó todos los derechos y garantías que hacen a la esencia de la vida democrática. Se puso en práctica un plan sistemático de detenciones ilegales, torturas, asesinatos y robo de bebés nacidos en cautiverio que cambiaron el curso de nuestra historia para siempre. Aquella nefasta experiencia por la que atravesamos todos los argentinos es la que nos reclama comprometernos día a día con una sociedad basada en sólidas convicciones democráticas, con apego a la ley, que destierre la impunidad, que permita e incentive el debate de ideas y el respeto a lo diferente.

Debemos para ello honrar el ejercicio de la memoria y también recordar el dolor vivido. Un dolor que lejos de replegarnos pasivamente nos hace un llamado a la acción, a ejercer activamente la democracia; plataforma en la que los ciudadanos pueden disponer de las más valiosas garantías: la vida, el respeto la igualdad de oportunidades y la libertad de ser.

Porque la memoria es acción y la acción, la posibilidad de transformar la realidad en la que vivimos. Como en el año 2002, cuando se instituyó a través de la ley 26.633 el 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Para reafirmar el camino hacia una Argentina más justa y democrática, que no olvida, que construye el futuro pensando y repensando su pasado, que lucha por la libertad, por la identidad, por la dignidad, por la memoria, la verdad y la justicia. Para continuar con una Argentina que sabe lo que no quiere nunca más.

20 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Israel y el Vaticano

Se celebran hoy 20 años del  inicio de las relaciones diplomáticas entre el Estado Vaticano y el Estado de Israel, un hecho de enorme significado político para toda la humanidad, no sólo para judíos y católicos.

Shmuel Haddas (1931-2010) fue el primer embajador israelí ante la Santa Sede, algo que enorgulleció al judaísmo argentino, pues se trataba de un hijo suyo, nacido en la comunidad judía de la provincia del Chaco que desarrolló su vida en Israel logrando esta enorme distinción.

El embajador Haddas resaltaba las afirmaciones del papa Juan Pablo II  durante la ceremonia de presentación de sus cartas credenciales en junio de 1994, cuando en su discurso afirmó que este acuerdo y el tiempo que se abría tenía un “significado histórico” y que una “nueva era” se iniciaba en las relaciones entre ambos estados, expresando su confianza que éstas contribuirían a la intensificación del diálogo entre la Iglesia Católica y el pueblo judío, permitiendo a ambos “servir mejor a las grandes causas de la humanidad”.

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Más derechos, más democracia

Cumplimos 30 años de vida democrática, y es sin duda un aniversario que merece ser celebrado en su verdadera magnitud.

No es un dato menor que al menos dos generaciones ya nacieron con la dicha de no saber qué significa tener los derechos conculcados, ni haber sufrido imposiciones sobre qué ver, qué leer, cómo pensar y en qué creer.

No hay duda de que es mucho lo que nos queda por andar y resolver en materia de derechos humanos para consolidar esta democracia en temas como seguridad, alimentación, educación, trabajo, medio ambiente, discriminación y muchos más. Pero no por eso debemos olvidarnos de valorar lo mucho que logramos en estas tres décadas, como la educación obligatoria hasta la secundaria, el matrimonio igualitario, el reconocimiento del genocidio armenio, el servicio militar voluntario, la asistencia integral a las victimas de trata, la recordación en las escuelas del atentado a la AMIA, la salud reproductiva y procreación responsable, la prohibición del trabajo infantil, la igualdad entre hombres y mujeres, el derecho a la identidad de género, la consolidación o ampliación de los derechos de los pueblos originarios, de las personas con discapacidad y de los niños, niñas y adolescentes, entre muchos otros.

Por suerte el camino a recorrer es largo. Al tener motivaciones y objetivos claros seguiremos generando una sociedad dinámica que se piense a sí misma en su tiempo histórico, pero fundamentalmente que pueda pensar en las generaciones venideras para asegurarles otros 30 y más años de democracia.

Un agravio antisemita, una humillación a toda la sociedad

Un nuevo signo de intolerancia se mostró ayer en la tarde en la Catedral Metropolitana. Una multitud que aceptó la convocatoria realizada por la Comisión de diálogo interreligioso de la B´nai B´rith Argentina junto a la Arquidiósecis de Buenos Aires para conmemorar el 75º aniversario del pogrom del 9 de noviembre de 1938, conocida como la Noche de los Cristales Rotos, se vio sorprendida por una veintena de personas, pertenecientes a la Hermadad Sacerdotal San Pio X que pretendieron desde su intolerancia y radicalismo religioso obstruir el homenaje.

Esta Hermandad es una sociedad internacional de sacerdotes católicos tradicionalistas junto con otros miembros religiosos que son hermanos, hermanas, oblatos y, por afiliación, los miembros de la tercera orden

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Frente al negacionismo, la contundencia de los hechos

Podría, al igual que muchas personas, extenderme largamente para refutar las declaraciones del Sheik Edgardo Rubén Assad, y la de todos los que junto a él se empeñan en negar la Shoá y diseminar el odio antisemita.

Prefiero celebrar en estas pocas líneas tres buenas noticias simultáneas que con fuerza abrumadora dan por tierra cualquier argumento que intente distorsionar los hechos de la historia y más precisamente de la Shoá y el drama que el nazismo representó para la humanidad, y que no fue una mera opinión o línea de pensamiento.

La primera – y que a mi entender mereció mayor difusión de la que tuvo- fue la recuperación por parte del Gobierno de Estados Unidos y el Museo del Holocausto de Washington, de una parte importante del diario personal de Alfred Rosenberg, quien fue confidente de Hitler, director del Diario Nazi de aquellos años, y autor de libros antisemitas durante el régimen, responsable de las relaciones exteriores del Partido Nacional Socialista, y de enorme influencia en las tomas de decisión sobre la Solución Final del pueblo judío.

La segunda fue aquí en Buenos Aires en el día de ayer en la Biblioteca del Congreso Nacional, donde el IWO, importantísima entidad cultural del pueblo judío, abrió al público la Biblioteca y el Archivo Histórico de José y Elena Moskovits, que contiene un millón y medio de documentos que pertenecen a 1.300 sobrevivientes de la Shoá que llegaron a la Argentina, y que aquí dieron testimonio, recrearon su vida y permitieron con su reclamo las reparaciones históricas primero de Alemania y luego del resto de Europa.

Por último, hoy se presenta en el Museo del Holocausto/Shoá el tercer libro de Eugenia Unger: Eugenia Coraje. Eugenia, como sobreviviente de la Shoá, no sólo es fundadora del Museo del Holocausto/Shoá de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sino que además es una permanente transmisora y educadora, lo que le valió ser reconocida por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como personalidad destacada en el campo de los Derechos Humanos.

En definitiva, ante los negadores la contundencia de los hechos, la fuerza de los testigos y la decisión de la mayoría de nosotros, herederos de la historia, y hombres comprometidos con la vida en respeto y la convivencia pacífica.

Recordemos el genocidio armenio

Tras la hecatombe que significó (y significa) el genocidio armenio, la Argentina albergó a una de las comunidades armenias más numerosas. Miles de refugiados hambrientos, sin idioma, huérfanos y desposeídos llegaron a nuestro país y aportaron su cultura a nuestra identidad, tal y como lo documenta el último trabajo de investigación de Nélida Boulgourdjian-Toufeksian y Juan Carlos Toufeksian, recientemente publicado bajo el título “Inmigración armenia en Argentina”.

La consistente lucha de la comunidad armenia por la memoria y la verdad fue lo que posibilitó que la Argentina aprobara en el año 2007, la Ley Nº 26.199, la cual reconoce el genocidio armenio, y que la Ciudad de Buenos Aires continuara ese mismo camino al año siguiente con la Ley Nº 2.675.

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70º aniversario del levantamiento del Gueto de Varsovia

Marek Edelman falleció el 2 de octubre de 2009. En su juventud fue uno de los jóvenes que junto a Mordejai Anilevich lideraron el Levantamiento del Gueto de Varsovia el 19 de abril de 1943, que hoy se conmemora en todo el mundo. En su última entrevista periodística, al diario El País de España, dijo: “Queríamos demostrarnos a nosotros mismos que éramos iguales, seres humanos como los soldados que estaban en el otro bando. Fue una insurrección contra la muerte en la humillación”.

En Polonia, donde habitaba la comunidad judía más grande de Europa, en 1940 las fuerzas alemanas de ocupación obligaron a los más de 400 mil judíos de Varsovia a concentrarse en una zona del centro de la ciudad que pasó a llamarse “Gueto”, y que fue aislada por un muro tras el cual apenas se disponía de alimentos, medicina o ropa de abrigo. Muchos murieron de hambre y enfermedades por las pésimas condiciones de vida, mientras el resto aguardaba su traslado, casi siempre sin saberlo, a los campos de concentración, donde los esperaba una muerte segura.

El Levantamiento del Gueto de Varsovia simboliza el heroísmo contra toda lógica y probabilidad de éxito. Es la mayor de muchas muestras de resistencia activa que inundan las páginas de la Shoá, el genocidio perpetrado por el régimen nazi, y pone ante nuestros ojos la fortaleza de luchar por los propios derechos. Esto es lo que hoy conmemoramos: un acto de resistencia de los jóvenes frente a la liquidación sistemática llevada a cabo por los alemanes que planeaban reducir todo a cenizas.

El Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel reflexiona: “Alguien podría decir: todo esto sucedió hace mucho tiempo, no ahora. Falso. Hoy en día el fanatismo se ha convertido o se ha vuelto a convertir en una fuente de peligro, la más grave de todas”.

En nuestro país el Consejo Federal de Educación, en su resolución N°126 del 2000, estableció el 19 de abril como el Día de la Convivencia en la Diversidad Cultural. La definición de esta norma debe ser adoptada por cada uno de nosotros como un mandato más de práctica diaria que nos ayude a comprender que el respeto al prójimo, la defensa irrestricta de todas las libertades y el concepto sagrado de igualdad son valores imprescindibles en la construcción ciudadana.

Marek Edelman, al recibir una condecoración por parte del Gobierno Polaco, ya en sus últimos años de vida, lo dijo claro y sencillo: “Recordad. Fuisteis pasivos una vez, nunca más podéis volver a serlo”. Este día de homenaje y recordación nos debe servir para la reflexión: para entender que recordar el pasado significa indagar y aprender sus lecciones.

Un incansable reclamo de justicia

Los aniversarios son momentos para reafirmar nuestros pensamientos y expresar nuestros sentimientos. El ataque a la Embajada de Israel en Argentina, perpetrado el 17 de marzo de 1992, dejó el saldo de 29 víctimas fatales y 242 heridos, muchos de ellos de gravedad.

La investigación llevada a cabo desde entonces por la Corte Suprema de Justicia no arrojó aún ni detenidos ni juzgados concretos. Sin embargo, es la misma Corte la que determinó que el atentado fue producido por un coche bomba y que la República Islámica de Irán es la responsable política del ataque. Este es el resultado del trabajo del Dr. Esteban Canevari.

La historia nos demostró que la impunidad estimula la reincidencia; y el atentado a la AMIA, ocurrido dos años después, lo corrobora. La impunidad nos deja desazón, enojo y una fuerte sensación de desamparo. La decisión política de llevar adelante el memorándum con Irán lo pone en evidencia.

Por ello, este 17 de marzo, en el que recordamos el atentado, es necesario reafirmar nuestra postura como sociedad que privilegia la paz, que defiende los valores democráticos, los derechos humanos y que quiere vivir en plena justicia.

Hoy, a más de dos décadas del horror, debemos seguir exigiendo memoria, verdad y justicia. Todos juntos debemos decir no al terrorismo y al olvido.