La perversa ideología detrás del Memorándum con Irán

¿Qué  llevó  a Cristina a cambiar su visión respecto de Irán? ¿Qué voz edulcorada la sedujo de tal forma que decidió firmar un acuerdo con el eje del mal, cuando ella había adherido desde el inicio a la tesis del gobierno de Menem, de los EE.UU.,  de Israel y naturalmente de Stiuso? Esto es, que Irán era el responsable de los atentados. ¿Es que Ahmadinejad  se había puesto bueno y ella lo creía, ahora, capaz  de facilitar la indagatoria de los acusados según lo establecido en el Memorándum?  ¿Pensó en algún momento que producidas las mismas  y descubierta la participación de alguno de ellos en los hechos terroristas, en el supuesto caso que pudiera probarse, Irán los entregaría a la Justicia de Canicoba Corral?

¿Qué secreto, conversado o no, se dio entre el gobierno de Cristina, el Juez Canicoba e Irán para acordar las indagatorias? Y desde ese lugar seducir a la comunidad judía que se podía hacer algo más. Lo cierto fue que  el idilio con la comunidad duró unos días pues Nisman e Israel se encargaron de avivarlos y decirles que era una trampa.

La política de los derechos humanos llevada adelante por el kirchnerismo los cegó y les impidió ver los hechos desde una perspectiva  mundial. Al parecer a Néstor, no. Pero la errática emocionalidad de Cristina la perdió. ¿Qué quiero decir con esto? La condena de los jefes militares por crímenes y vejámenes durante la dictadura y la defensa  de las organizaciones subversivas fue la ecuación con la que entendieron la realidad mundial. Desde esta perspectiva ¿qué diferencia hay entre el asesinato de jefes montoneros o del ERP a manos de unidades militares con control del Estado con el asesinato perpetrado por el Estado israelí sobre jefes del Hezbollah o el asesinato de Bin Laden por fuerzas militares que respondían al Estado norteamericano. Como ha dicho Verbitsky al opinar sobre este hecho: “Arrojado al mar, sin defensor ni juez”. Lo mismo fue expresado por Cristina hace un tiempo atrás. En síntesis, el oficialismo considera que ni Israel ni los Estados Unidos en nada se han  diferenciado del Estado argentino durante el Proceso Militar.

La idea que Canicoba Corral marchase a Teherán a indagar a los acusados responde a universalizar la política kirchnerista de los derechos humanos, soplada al oído de Cristina por los ángeles del mal: Verbitsky, Zaffaroni y Zanini. Aunque también esconde una trampa. Quizás la que vio Nisman.

¿Y las pruebas?

Cuando el fiscal  Nisman  le insistió a Canicoba, por el año 2006,  que emitiera  la orden de  captura  de los sospechosos,  el juez, según contó Verbitsky en Página/12,  le advertía al fiscal que no existían elementos de validez judicial como soporte del pedido. Se había dado el caso de la detención en Londres de Soleimanpour en el año 2003 al que un juez británico dejó libre pues no alcanzaron las pruebas que Galeano envió  para inculparlo. Finalmente, Canicoba Corral emitió la orden. ¿Por qué? Seguramente sensibilizado por sugerencias políticas, pero no por Nisman.    

Verbistky vuelve a poner luz sobre el asunto y lo cito pues no tengo dudas que es uno de los ideólogos del Memorándum:

“La idea de Israel y EE.UU. fue culpar a Irán cuando todavía no se habían removido los escombros. Sin investigar la participación de Siria. El problema es que en la causa no abundan elementos que lo sostengan. Por lo cual el relato descansa en recursos políticos y publicitarios”. ¡Y aquí está la pata de la Sota!

Cómo no hay pruebas judiciables capaces de poner en aprietos a los sospechosos, Canicoba Corral luego de interrogarlos debería levantar las acusaciones y las alertas rojas y esto explica el “piripipí” de algunas grabaciones telefónicas. Ni siquiera esto aceptó la élite política de Irán.

Y así como no se ha podido probar judicialmente quienes han sido los asesinos de Rucci, no se podrá probar quién voló por los aires la Embajada y la AMIA.

Ahora… ¿alguien duda que los asesinos de Rucci fueron los Montoneros?

La democracia occidental, nuevamente bajo ataque

Escribía Anatole France  en 1919: “Los pueblos gobernados por sus hombres de acción y sus jefes militares derrotan a los pueblos gobernados por sus abogados y profesores. La democracia es el mal, la democracia es la muerte. Hay un solo modo de mejorar la democracia, destruirla.

Por su parte Oswald Spengler afirmaba: “La política, la sangre y la tradición deben levantarse para destruir el intelecto y la abstracción y sus consecuencias la razón y la democracia. El sentido de la política es claro, revertir este estado de caos y decadencia, de elecciones sin sentido, partidos superfluos y egoístas, parlamentos paralizados”.

Un liberal de pura cepa como Raymond Aron dudaba acerca de los valores de la democracia y por aquellos años meditaba: “Lo que nos sorprendía a todos  -y con razón-  era el contraste entre la parálisis de los regímenes democráticos y el resurgimiento espectacular de la Alemania de Hitler y los índices de crecimiento de la Unión Soviética. ¿Qué gobierno podía salir de la competencia entre partidos que se perdían entre intrigas parlamentarias. En algunos momentos llegué a pensar, quizás hasta decir en voz alta: si para salvar a Francia hace falta un régimen autoritario que así sea”.

En nuestro país la intelectualidad no le iba a la zaga, Ignacio Anzoátegui escribía: “El voto secreto es el voto cantado a bocca Chiesa. Pero la contención tiene un límite, tras el cual estalla el griterío de las revoluciones. Porque el pueblo no quiere que se lo encierre en el meadero del cuarto oscuro; quiere cantar su voto por las calles y los caminos. Quiere gritar ¡Viva! Y ¡Muera! Porque eso es tener conciencia de Patria, inexplicada conciencia de Patria, que es lo que en definitiva vale.”

Hasta aquí algunas ideas que fueron el reflejo  de la crisis que sacudió al mundo entre las dos guerras mundiales, el surgimiento de la revolución soviética y el nazismo. La intelectualidad puso en duda los valores de la democracia y los pueblos, al retorno de la guerra, se llevaron por delante las instituciones y los valores democráticos. 

Ciertamente, como asegura Arturo Perez-Reverte, Occidente dio cuenta de sus errores y derrotó los dos grandes males del siglo XX: el marxismo y el nacionalismo, ideologías nacidas de la cultura occidental, y las ideas liberales, republicanas y democráticas volvieron a florecer tras la caída del Muro de Berlín. El fracaso de los dos grandes cuerpos de doctrina del siglo XX dejó en pie al liberalismo, que los derrotados denominan peyorativamente neoliberalismo. Luego de treinta años de esta experiencia las cosas  no están bien y nuevamente nos hallamos en guerra, dice el escritor español.

Una nueva crisis de valores

La caída del comunismo llevó al capitalismo a abrazar a la totalidad del globo. Este capitalismo tardío benefició a Oriente sumergiendo en una profunda crisis al viejo continente. Los inmigrantes que marcharon a Europa, desde las colonias independizadas en búsqueda de un futuro mejor, encuentran ahora a sus hijos y nietos atrapados en una economía que no crece, siendo cultivo de un malestar que generó, entre otras cosas,  los graves disturbios del 2005 en París y 2011 en Tottenham. En el caso de Francia, con miles de autos quemados y la ciudad en vilo. En aquella oportunidad, Nicolas Sarkozy, Ministro del Interior, calificó a los jóvenes revoltosos de escorias. Al ser elegido Presidente, la fractura social de Francia se puso en evidencia. Aspecto que podría aclarar, sin justificar, las expresiones del terrorista Coulibaly, desaparecidas de la web,   que responsabilizaba a todos los franceses por elegir políticos de la manera que lo han hecho. La movilización del domingo 11 de enero tiende a construir puentes.

El nuevo  terrorismo globalizado hunde sus raíces en un islamismo extremo. Está dispuesto a acabar con la democracia como otros extremismos occidentales se lo propusieron. Los argentinos de esto sabemos algo. Pérez-Reverte en el artículo citado reproduce el texto de la pancarta de una militante islámica en Inglaterra: “Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia”. Por su lado, el líder de Boko Haran  afirma: “Un hombre no puede ser musulmán sin rebelarse contra la democracia”. Estos ataques al liberalismo provienen desde afuera de Occidente, en su forma intelectual, pero crecen  en sectores sociales europeos marginados, en forma política.

¿Estos extremistas proponen un  modelo de sociedad como antes lo hicieron el marxismo o el nacionalismo, con sus planes quinquenales y dirigismo estatal? La única experiencia de gobierno de los nuevos extremistas se ha dado en Afganistán cuando los talibanes se apoderaron de ese país. La excelente novela “Cometas en el Cielo” de Khaled Hosseini  es un desgarrante relato de una sociedad sometida a la barbarie por estos personajes vomitados por el paleolítico y padecidos por los afganos como una horrible pesadilla. Rigidez moral, sometimiento de la sociedad a sus valores y un antimperialismo caníbal cercano a los argumentos de Franz Fanon en su libro: “Los condenados de la tierra.”  

Finalmente, el fundamentalismo no es solo patrimonio del terrorismo globalizado. También lo ejecuta el liberalismo en su forma extrema al pretender forzar por las guerras la universalización de la democracia.

La falacia del pensamiento kirchnerista

Raul Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, José M. Rosa, Juan J. Hernández Arregui, Rodolfo Puigros, Jorge Abelardo Ramos y John W. Cook han sido los pensadores al que este Gobierno más atención a prestado a la hora de interpretar la historia de nuestro país. Todos ellos han formado parte de la generación intelectual que se educó en el marco de un mundo quebrado por dos guerras y sumergido en la profunda crisis del 30. Bajo la influencia de las ideologías nacientes del siglo XX, el nacionalismo y el marxismo, abordaron desde esa cosmovisión su presente y el pasado.Como correspondía a su tiempo fueron feroces críticos del liberalismo a quien responsabilizaron de ser un cuerpo doctrinario al servicio de la anti-patria.

Para todos ellos la Argentina del siglo XIX, a excepción del período que gobernó Rosas, se había transformado, liberalismo mediante, en un país dependiente del capitalismo británico, por lo tanto una especie de semi-colonia con veleidades europeístas de gran nación de la cual debíamos avergonzarnos. Seguían las ideas de Lenin, que en su libro “El Imperialismo, fase superior del capitalismo” afirmaba que esa dependencia era la razón de la pobreza de unos y la riqueza de otros. En consecuencia, la lucha frontal contra el imperialismo auguraba un futuro de grandeza y desarrollo industrial autónomo como también, para los de inspiración marxista, el advenimiento del socialismo, pues al reintroducir la crisis en los países centrales, al verse privados de sus regiones de influencia, verían disminuidas sus enormes ganancias viéndose obligados a ajustar el cinturón de su clase obrera. De ahí al conflicto de clase y al socialismo un solo paso. Esta cosmovisión afincada en el peronismo tradicional y la izquierda pro-peronista es la que ha profesado el kirchnerismo, al menos hasta estos días.

El 2010 fue el punto más alto y agudo del ideologismo historiográfico kirchnerista, expresado en esta instancia por divulgadores que nada nuevo aportaron a la ciencia histórica, como Pacho O’Donnel, Felipe Pigna o Hugo Chumbita, por citar algunos, que replicaban una visión historiográfica gastada y perimida. La creación del Instituto Dorrego fue un claro ejemplo de lo enunciado. Más de lo mismo. En ese año, el Gobierno, desde la Presidente hacia abajo, repitió el viejo esquema de “liberación o dependencia”, claro que con otras palabras. Al discutir con el pasado, costumbre habitual del kirchnerismo, la argentina del Centenario se les antojaba injusta, extranjerizante y pro europea. Carta Abierta decía en esa oportunidad: “Un modelo de país agroexportador incapaz de proyectarse con autonomía del Imperio Británico”. Recorrer los discursos y declaraciones de los cuadros políticos e intelectuales del kirchnerismo es hallar ideas similares.

Ahora China
La Argentina de 1862 a 1930 creció exponencialmente vinculando su economía al mercado mundial algo que al revisionismo kirchnerista le parece deplorable. La crisis del 30 rompió el hechizo y debimos encerrarnos en nuestro mercado interno, sustituyendo importaciones, alejándonos lentamente del mercado mundial dejando de ser el mundo el engranaje central de nuestra economía. A esta realidad no buscada había que encontrarle un relato, esto es, un cuerpo de doctrina que diera sentido a la novedad y esta arquitectura cultural fue el nacionalismo con colores y sonidos marxitoides. En ese tiempo de desconexión los pensadores citados construyeron la idea que la autarquía era el camino a la grandeza. Algo salió mal. La industria no trepó a los niveles competitivos internacionales y la “oligarquía ganadera” continuó siendo el sector competitivo por excelencia. Lo cierto que el ciclo sustitutivo ha culminado como lo pone en evidencia nuestra industria automotriz, la de Tierra del Fuego y cientos de pymes que dependen de insumos de un mundo interconectado.

De pronto aparece China y se dispone a ocupar el rol que ciento cincuenta años antes cumplió Inglaterra y ¿qué hace el kirchnerismo? ¡Lo que hay que hacer! Acuerdos con ellos. Pero claro, ¿cómo los realiza? De manera vergonzante, ocultando, escondiendo, con tapujos. ¡Rehacer un discurso aprendido de memoria no se hace de un día para el otro!  Resultado: para la mediocridad intelectual del kirchnerismo el imperialismo solo es norteamericano, los chinos son humanistas, solidarios, portadores de una cultura amigable con los valores humanos. En fin… comunistas.

Scalabrini Ortiz, ídolo del kirchnerismo, denunciaba la entrega de tierras al capitalismo británico para la construcción del ferrocarril Rosario- Córdoba, tanto como la importación de insumos con preferencia aduanera y otras preciosuras. Esta mirada contribuyó en la política a aquella famosa consigna”Patria sí, Colonia no”, que la Cámpora enarbola con un vigor rayano en el paroxismo. ¿Luego de los acuerdos con China, que ni la maldita oligarquía se animó con Gran Bretaña, seguirán los sones patrióticos. No hay nada más peligroso que los conversos puestos a gobernar.

Los clichés educativos

Pedro Godoy es un notable pensador chileno, un  talentoso historiador y un agudo polemista. Es asimismo docente y un incisivo crítico del progresismo en cualquiera de sus expresiones terrenas: históricas, políticas, culturales y pedagógicas. Sorprendentemente, ha sido invitado al país en distintos momentos por un sector del kirchnerismo que no ha reparado que las ideas del profesor chileno nada tienen que ver con el mamarracho ideológico que nos gobierna.

Vía mail nos  enviamos lo que cada uno por su lado publica en distintos medios. A propósito de una nota mía en Infobae sobre  la situación educativa argentina y el fin de un ciclo, me dirigió una de su autoría  que  voy a transcribir, en sus aspectos centrales, y ampliarla, puesto que sus argumentos son tan abiertos que permiten agregados y adiciones. Su queja fundamental se dirige  hacia una forma de pensamiento enhebrado artificiosamente con frases hechas que han  construido una visión pedagógica causante de la actual crisis  a la que Godoy denomina el  “bla bla magisterial”. He aquí algunas de estas ideas fuerza:

“Los exámenes hay que abolirlos porque trauman. Los uniformes son camisas de fuerza en consecuencia, libertad en la indumentaria. La motivación es la matriz del aprendizaje. Todo alumno puede aprender. La clave es la estrategia usada por quien enseña. Memorizar es retro. La escala de notas fluye del rendimiento del curso. Autodisciplina es democracia. Disciplina, fascismo. Hay que mediar en vez de sancionar. El docente es sólo un facilitador. Tatuajes, aros, moños, porro… son expresiones de la identidad juvenil y, como tal, tolerables. La clase debe ser entretenida. Muchos rojos: falla del educador. El conductismo pasó de moda, hoy se impone el constructivismo. Estas consignas, como fondo, tienen un coro: Aprender a aprender”. Hasta aquí Godoy.

Sin necesidad de compartir al pie de la letra su visión pedagógica podríamos decir que lo que ocurre en Chile es similar a lo que pasa en la Argentina y el resto de los países iberoamericanos ganados para una pedagogía de izquierda soluble.

A los conceptos vertidos por Godoy podríamos agregar otros, propios del coleto progresista vernáculo como por ejemplo: urge desincentivar la competencia escolar  pues este es un principio cruel del modelo capitalista que abruma la autoestima de los más flojos.  No hay que premiar a los mejores pues esto es un mecanismo que atenta contra  la igualdad, valor fundamental del modelo educativo progre ignorando, esta corriente ideológica,  que un alumno es diferente al otro y en esta desigualdad descansa la naturaleza humana. La educación debe ser para la libertad y no para igualar, principio del iluminismo que asumió un siglo después el pensamiento de izquierda.

¿Qué evalúa un progre? El proceso  de aprendizaje mediante la observación profesional docente, jamás por  una prueba que recoja los conocimientos adquiridos en un momento dado. Las evaluaciones  deben ser segmentadas por sectores sociales, puesto que los pobres no disponen del mismo bagaje cultural que los sectores acomodados, consolidando de esta forma, la fragmentación social,  desde los saberes. Un alumno es sujeto de derechos, dice esta corriente, y no se entiende por qué es un sujeto cuando se trata de un alumno y por qué no se habla de las obligaciones y los deberes. Los derechos remiten al individuo los deberes al bien común.

Finaliza su artículo Godoy con una frase que, en este caso, comparto integralmente. “Los slogans enumerado permiten exhibir cáscara de modernos y lapidar a quienes se oponen como megaterios. Desde mis estudios, experiencias y sentido común tales frases clichés son rieles que precipitan el sistema a la catástrofe y  sogas que ahorcan a los mismos educadores.”

Educación y fin de ciclo

En su libro Vivir para contarla, Gabriel García Márquez narra que se vio animado a dejar la Universidad “gracias” a una idea que bullía en su cabeza y que creía haber leído en Bernard Shaw: “Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela”. Semejante alegato nos advierte que la enseñanza escolarizada siempre ha tenido sus críticos y detractores. Aunque, claro, no debiera servirnos eso para disimular la catástrofe educativa argentina de los últimos veinte años, fundamentalmente cuando leemos, como lo hemos hecho por estos días, el clamor de estudiosos del nivel de Juan José Llach, Alieto Guadagni o Guillermo Jaim Etcheverry, por caso, al citar estadísticas y resultados de las más variadas pruebas internacionales, sudamericanas y argentinas donde en todas ellas hemos retrocedido, mientras el ministro de Educación Alberto Sileoni desafía a que le digan cuál ha sido la época de oro de la educación Argentina porque él se la ha perdido. ¡Una lástima! 

 

Un nuevo paradigma

Hay un clima de época que marca la dirección de los acontecimientos mundiales. Inmersos en él, hacia allá nos dirigimos. Tiene que ver con ciertos valores que han crecido exponencialmente en los últimos sesenta años como el fin de la adhesión a la vida colectiva, la valoración de los objetivos personales y las libertades individuales por sobre la responsabilidad comunitaria dando como resultado la deslegitimación de las obligaciones hacia la colectividad. Esta jerarquización de los derechos individuales, en sí misma interesante y creativa, se ha quedado a mitad de camino pues ha sido incapaz de generar una ética del compromiso que salvaguarde al individuo en el marco de una comunidad. Los derechos se han impuesto a las obligaciones. “Yo tengo derecho a que me den…” se oye de manera sistemática.

La familia ha sido penetrada por esa atmósfera y la escuela también, sin generar un paradigma alternativo. Tarea ciclópea que dejo para mentes más savias. Mientras tanto.

 

Qué se puede hacer hoy

Los cambios mundiales citados, más los aportes propios de nuestros políticos, han dado como resultado, en la educación, un tobogán hacia el lodo. Los datos que nos hablan de una crisis educativa pueden enunciarse del siguiente modo:

Una baja calidad educativa.

Una generalizada deserción e indisciplina escolar.

Un alto nivel de ausentismo docente.

Una infraestructura escolar deficiente.

Escaso compromiso familiar con la escuela y la educación de sus hijos.

Extrañamiento del docente con la institución escolar a la que pertenece.

Pérdida del entusiasmo profesional.

Deterioro de los saberes docentes.

Bajos salarios.

Ahora bien, a pesar de lo negativo la escuela continúa siendo una institución no contaminada como es la política, las fuerzas de seguridad, la justicia y la dirigencia gremial. No hemos tocado fondo, aún.

Ciertamente el próximo gobierno deberá instalar desde el centro mismo del poder la idea que el esfuerzo, el trabajo y las obligaciones son un camino a seguir. Mientras tanto.

 

Una escuela moderna

Se escucha y se lee, además, del crudo diagnóstico, ciertas propuestas que nos hablan de otorgar más poder a los docentes y a los directivos como un posible camino para revertir la crisis. ¿Qué poder sería ese que no tiene ahora un docente frente al aula y un directivo frente a su escuela? No se entiende y tampoco lo explican. Suena más a un cliché de campaña que a solución eficiente. Lo cierto es que los poderes que un directivo no tiene son el de elegir a sus docentes y el de disponer de un fondo para mejorar y arreglar su escuela.

La elección del docente es central a los efectos de constituir una comunidad educativa integrada en un proyecto compartido. Por antecedentes y oposición es la escuela la que debe definir quien trabaja en ella. ¡Eso es poder a los directivos y a los docentes! Pero claro, eso significa enfrentar a los gremios y a la burocracia educativa enquistada en los cuadros de conducción que define por juntas y actos públicos las vacantes a ser cubiertas. Es un poder que debe revertir a la escuela. Finalmente, el manejo de fondos en función de las carencias sociales es otra responsabilidad que debe estar en manos de los establecimientos educativos.

Son éstas, apenas, algunas ideas que pueden sumarse a las que otros ya han vertido.

Por qué Duhalde eligió a Kirchner

Marcos Novaro, historiador e intelectual destacado, ha escrito en La Nación (26/11/2014) una nota donde afirma que el acuerdo de Duhalde con Alfonsín salvó al país de la grave crisis del 2001, aunque, añade, al elegir como candidato a Néstor Kirchner para sucederlo a la Presidencia, el lomense se equivocó, como también lo hizo Raúl Alfonsín al no evitar que se consagrara. Lamenta asimismo que Kirchner traicionara al caudillo bonaerense tanto como al programa innovador y potente iniciado por Duhalde y sostenido por Alfonsín.

Cómo fue la decisión

El doctor Duhalde me explicó en su momento, en grabaciones que conservo en mi poder, las razones que tuvo para elegir a Kirchner como su sucesor: Continuar leyendo

Las raras referencias históricas de Carrió

Las acusaciones de Carrió a UNEN de tener una vocación suicida y propiciar una política de minorías chocan con la realidad de su conducta, que se ha caracterizado, en los últimos años, por una marcada inclinación a la soledad  y al individualismo. Sus creaciones políticas han durado un instante, pues al menor contratiempo las destruye. Su mirada del acontecer de los últimos treinta años es, asimismo, rápida y ligera y no se asienta en un pensamiento elaborado y meduloso. Su lucha histórica contra el peronismo la ciega, volviéndola primitiva y tosca. El 20 de abril del 2003, en el programa de Mariano Grondona, ante la afirmación del periodista de que Carlos Menem crecía en la intención del voto, afirmó que el expresidente tenía la rara habilidad de potenciar y expresar al hijo de puta interior que corroe nuestras vidas. Ahora, acusa al conjunto del peronismo de ser narco y de no tener una política para acabar con la inseguridad. No percibe que al interior de este partido hay profundas diferencias, pues no es lo mismo aliarse con Occidente que con Venezuela e Irán, desregular que regular, privatizar que estatizar, intervenir que liberar. Sí, tiene razón respecto de la corrupción y la droga pero esto les cabe a muchos políticos y no a un solo partido. Debiera ser más estilista en sus análisis. Continuar leyendo

El retorno de Perón

Un 17 de noviembre de hace cuarenta y dos años, tras diecisiete  de exilio, retornaba al país el general Perón. Lo hacía en el marco de un gobierno militar jaqueado por  levantamientos populares que  en varias provincias  habían alcanzado niveles pre-insurreccionales. La Argentina  se incendiaba a la vista de todos y la dictadura militar reinante, herida de muerte,  balbuceaba respuestas disparatadas. El general Onganía, entonces Presidente,  llegó a afirmar ante oficiales superiores, convocados por la grave crisis social, que aún faltaban veinte años para los tiempos políticos. Punto. Un silencio mortuorio recorrió al marcial auditorio.

El gobierno de entonces estaba escaso de materia gris.  El último y único militar lúcido del antiperonismo gobernante era el general Lanusse. Llegado a la presidencia a consecuencia de la ingobernabilidad política, tomó la decisión y se dispuso a hablar con Perón. Para eso pergeñó un plan  que denominó el Gran Acuerdo Nacional (GAN), que  consistía en reivindicar su figura histórica para arrancarle luego la renuncia a su candidatura.

Se fundamentaba en restituirle el rango militar  con derecho al uso del uniforme, abonarle los salarios adeudados, declararlo libre de las causas legales pendientes y devolverle el cadáver de Evita. Como contrapartida, Perón debía aceptar un presidenciable negociado y renunciar. El disparate era más colosal aún: Lanusse pensaba en él como el candidato de la unidad nacional, tal como se lo confió a su amigo Paco Manrique.

El alocado proyecto duró poco pues Perón se negó a semejante tramoya. Fue tal el disgusto del “Cano” que sancionó un decreto que estipulaba que para ser candidato había que estar presente en el país antes del 25 de agosto de 1972 y residir permanentemente después de esa fecha.  No podrían ser candidatos, tampoco,  quienes se alejaran de la patria  por más de quince días sin informárselo al ministro del Interior.  Es bien conocido que Perón no vino en los términos estipulados por Lanusse. Nueva proscripción. Sin embargo, el peronismo estaba habilitado y los muchachos ya gastaban a cuenta los  emolumentos de los futuros cargos. Acompañando la proscripción, Lanusse  sancionó una reforma electoral que incluía el balotaje. Para ser presidente se necesitaba el 50,01 % de los votos y don Agustín  estaba convencido que sin Perón en la fórmula  se derrumbaba el mito de las perpetuas mayorías.

Perón no aceptó los términos planteados y regresó cuando se le dio la gana o mejor dicho cuando sus consejeros le informaron que a su arribo se  generarían  las condiciones de un golpe militar en el marco de una inmensa movilización popular que echaría por tierra el plan de Lanusse. El 17 de noviembre de 1972 cuando el ilustre exiliado llegó a Ezeiza nada de eso ocurrió. Ni hubo pueblada ni menos fractura militar. Perón no logró torcer el brazo de Lanusse. Sin desmayar, convocó a una reunión al conjunto de los partidos a realizarse en un restaurante de Vicente López llamado Nino.  Allí se dio de bruces con la realidad, se percató que los políticos presentes nada harían  frente a la nueva proscripción. ¡Eran todos concurrencistas! Abrumado y sin masa crítica capaz de modificar la relación de fuerzas, se marchó del país nominado la fórmula Cámpora-Solano Lima.

Perón volvía a tensar la cuerda ya que Cámpora violaba la ley del 25 de agosto pues se había marchado del país sin informar al gobierno. ¿Por qué lo hacía?  Muy sencillo, para que Lanusse lo proscribiera.  Ante esa circunstancia límite, el anciano general convocaría al voto en blanco. Lanusse, tan pícaro como Perón, se dio cuenta de la maniobra y no lo hizo. Tiempo después escribió:

“¿Por qué hizo esa designación? Es razonable pensar que lo fue para encontrar en el veto de su candidato el pretexto para resolver el voto en blanco que le permitiera provocar un clima de honda perturbación política y social que pudiera provocar la caída del gobierno” (Lanusse: Mi testimonio)

En esta observación de Lanusse estuvo el secreto de aquellos aciagos días. Lanusse no proscribió a Cámpora, como buscaba Perón, violó su propia ley y lo dejó correr, en el entendimiento que el odontólogo no alcanzaría al 50% de los votos.  Habría balotaje. Ante esa situación, el peronismo caería derrotado. Así pensaba Lanusse, como lo ha manifestado con claridad en su libro.

Perón fue sorprendido por dos razones, primero porque avanzaba la fórmula de Cámpora a quien él no deseaba como candidato y segundo porque no hubo balotaje y Cámpora fue presidente.

¡Perón no podía sufrir un desengaño mayor!   Lanusse tampoco podía cantar victoria puesto que las  cuentas le salieron mal   Cámpora llegó al 49,60% de los votos y no hubo balotaje. Asumió el 25 de mayo de 1973.

Perón y Lanusse, en esa oportunidad, podrían haberse mirado y preguntarse: ¿Qué pasó?

Un comentario más. El anciano General, nuevamente proscripto y con el silencio cómplice de aquellos políticos  que no quisieron comprender  el sentido del 17 de noviembre y el almuerzo en Nino, decidió no concurrir a la campaña electoral, lanzando desde Europa, a donde había regresado, todo tipo de brulotes  temerarios contra la dictadura con el  fin de provocar a Lanusse  y  anular las elecciones. No ocurrió. La soledad en que quedó Cámpora posibilitó su copamiento  por las bandas terroristas que asolaban al país,  procurando  desde adentro y con apoyo presidencial  derrotar a Perón. La lección no ha podido ser más ejemplar: la tozudez de Lanusse y la pasividad de la élite política posibilitaron el encumbramiento en el gobierno camporista del terrorismo de Estado.

La decadencia de Carta Abierta

En su última misiva Carta Abierta, el colectivo intelectual (como gustan nominarse) pro kirchnerista, ha puesto toda la carne en el asador. Con su acostumbrado estilo críptico de pensadores abstractos, réplica especulativa del Indio Solari y sus Redonditos, admiten que el proyecto Nacional y Popular atraviesa turbulencias que lo ponen al filo de sus exequias. ¡Al fin un atisbo de realidad!

Más allá de sus comentarios económicos acerca de un “intervencionismo democrático” que tuerza los designios de las corporaciones y mejore el distribucionismo nacional y popular preocupan los aspectos filosóficos con los cuales fundan su mirada de las instituciones y la democracia. Continuar leyendo

Pedagogía de los peores

La educación argentina está en crisis. Cae sobre ella la sospecha fundada de que en sus claustros reina la ley del menor esfuerzo, que los docentes hacen lo que pueden y que los alumnos no estudian como antes. Así las cosas, la escuela antigua aparece como la Arcadia perdida a la que hay que volver en beneficio de nuestros hijos. Por estas y otras razones que van en la misma dirección no se entiende la reforma de la escuela primaria promovida por la Provincia de Buenos Aires.  Propuesta impolítica ¡si las hay!, incomprensible a la luz del  ánimo de los argentinos, sensibilizados por la decadencia educativa. Retirar los aplazos del boletín de calificaciones porque estigmatiza y no estimula es como prohibir en el deporte escolar la palabra derrota. Los que ganaron ¡ganaron! Los que perdieron…es un contratiempo. ¡Un disparate!

Al forzar los términos creando neologismos como una suerte de bálsamo espiritual para no herir susceptibilidades, caemos en la zoncera de construir palabras que hablan de lo que no queremos decir, de ideas que no revelan lo que  pensamos, para finalmente desvirtuar la realidad. Continuar leyendo