Educación y fin de ciclo

En su libro Vivir para contarla, Gabriel García Márquez narra que se vio animado a dejar la Universidad “gracias” a una idea que bullía en su cabeza y que creía haber leído en Bernard Shaw: “Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela”. Semejante alegato nos advierte que la enseñanza escolarizada siempre ha tenido sus críticos y detractores. Aunque, claro, no debiera servirnos eso para disimular la catástrofe educativa argentina de los últimos veinte años, fundamentalmente cuando leemos, como lo hemos hecho por estos días, el clamor de estudiosos del nivel de Juan José Llach, Alieto Guadagni o Guillermo Jaim Etcheverry, por caso, al citar estadísticas y resultados de las más variadas pruebas internacionales, sudamericanas y argentinas donde en todas ellas hemos retrocedido, mientras el ministro de Educación Alberto Sileoni desafía a que le digan cuál ha sido la época de oro de la educación Argentina porque él se la ha perdido. ¡Una lástima! 

 

Un nuevo paradigma

Hay un clima de época que marca la dirección de los acontecimientos mundiales. Inmersos en él, hacia allá nos dirigimos. Tiene que ver con ciertos valores que han crecido exponencialmente en los últimos sesenta años como el fin de la adhesión a la vida colectiva, la valoración de los objetivos personales y las libertades individuales por sobre la responsabilidad comunitaria dando como resultado la deslegitimación de las obligaciones hacia la colectividad. Esta jerarquización de los derechos individuales, en sí misma interesante y creativa, se ha quedado a mitad de camino pues ha sido incapaz de generar una ética del compromiso que salvaguarde al individuo en el marco de una comunidad. Los derechos se han impuesto a las obligaciones. “Yo tengo derecho a que me den…” se oye de manera sistemática.

La familia ha sido penetrada por esa atmósfera y la escuela también, sin generar un paradigma alternativo. Tarea ciclópea que dejo para mentes más savias. Mientras tanto.

 

Qué se puede hacer hoy

Los cambios mundiales citados, más los aportes propios de nuestros políticos, han dado como resultado, en la educación, un tobogán hacia el lodo. Los datos que nos hablan de una crisis educativa pueden enunciarse del siguiente modo:

Una baja calidad educativa.

Una generalizada deserción e indisciplina escolar.

Un alto nivel de ausentismo docente.

Una infraestructura escolar deficiente.

Escaso compromiso familiar con la escuela y la educación de sus hijos.

Extrañamiento del docente con la institución escolar a la que pertenece.

Pérdida del entusiasmo profesional.

Deterioro de los saberes docentes.

Bajos salarios.

Ahora bien, a pesar de lo negativo la escuela continúa siendo una institución no contaminada como es la política, las fuerzas de seguridad, la justicia y la dirigencia gremial. No hemos tocado fondo, aún.

Ciertamente el próximo gobierno deberá instalar desde el centro mismo del poder la idea que el esfuerzo, el trabajo y las obligaciones son un camino a seguir. Mientras tanto.

 

Una escuela moderna

Se escucha y se lee, además, del crudo diagnóstico, ciertas propuestas que nos hablan de otorgar más poder a los docentes y a los directivos como un posible camino para revertir la crisis. ¿Qué poder sería ese que no tiene ahora un docente frente al aula y un directivo frente a su escuela? No se entiende y tampoco lo explican. Suena más a un cliché de campaña que a solución eficiente. Lo cierto es que los poderes que un directivo no tiene son el de elegir a sus docentes y el de disponer de un fondo para mejorar y arreglar su escuela.

La elección del docente es central a los efectos de constituir una comunidad educativa integrada en un proyecto compartido. Por antecedentes y oposición es la escuela la que debe definir quien trabaja en ella. ¡Eso es poder a los directivos y a los docentes! Pero claro, eso significa enfrentar a los gremios y a la burocracia educativa enquistada en los cuadros de conducción que define por juntas y actos públicos las vacantes a ser cubiertas. Es un poder que debe revertir a la escuela. Finalmente, el manejo de fondos en función de las carencias sociales es otra responsabilidad que debe estar en manos de los establecimientos educativos.

Son éstas, apenas, algunas ideas que pueden sumarse a las que otros ya han vertido.

Por qué Duhalde eligió a Kirchner

Marcos Novaro, historiador e intelectual destacado, ha escrito en La Nación (26/11/2014) una nota donde afirma que el acuerdo de Duhalde con Alfonsín salvó al país de la grave crisis del 2001, aunque, añade, al elegir como candidato a Néstor Kirchner para sucederlo a la Presidencia, el lomense se equivocó, como también lo hizo Raúl Alfonsín al no evitar que se consagrara. Lamenta asimismo que Kirchner traicionara al caudillo bonaerense tanto como al programa innovador y potente iniciado por Duhalde y sostenido por Alfonsín.

Cómo fue la decisión

El doctor Duhalde me explicó en su momento, en grabaciones que conservo en mi poder, las razones que tuvo para elegir a Kirchner como su sucesor: Continuar leyendo

Las raras referencias históricas de Carrió

Las acusaciones de Carrió a UNEN de tener una vocación suicida y propiciar una política de minorías chocan con la realidad de su conducta, que se ha caracterizado, en los últimos años, por una marcada inclinación a la soledad  y al individualismo. Sus creaciones políticas han durado un instante, pues al menor contratiempo las destruye. Su mirada del acontecer de los últimos treinta años es, asimismo, rápida y ligera y no se asienta en un pensamiento elaborado y meduloso. Su lucha histórica contra el peronismo la ciega, volviéndola primitiva y tosca. El 20 de abril del 2003, en el programa de Mariano Grondona, ante la afirmación del periodista de que Carlos Menem crecía en la intención del voto, afirmó que el expresidente tenía la rara habilidad de potenciar y expresar al hijo de puta interior que corroe nuestras vidas. Ahora, acusa al conjunto del peronismo de ser narco y de no tener una política para acabar con la inseguridad. No percibe que al interior de este partido hay profundas diferencias, pues no es lo mismo aliarse con Occidente que con Venezuela e Irán, desregular que regular, privatizar que estatizar, intervenir que liberar. Sí, tiene razón respecto de la corrupción y la droga pero esto les cabe a muchos políticos y no a un solo partido. Debiera ser más estilista en sus análisis. Continuar leyendo

El retorno de Perón

Un 17 de noviembre de hace cuarenta y dos años, tras diecisiete  de exilio, retornaba al país el general Perón. Lo hacía en el marco de un gobierno militar jaqueado por  levantamientos populares que  en varias provincias  habían alcanzado niveles pre-insurreccionales. La Argentina  se incendiaba a la vista de todos y la dictadura militar reinante, herida de muerte,  balbuceaba respuestas disparatadas. El general Onganía, entonces Presidente,  llegó a afirmar ante oficiales superiores, convocados por la grave crisis social, que aún faltaban veinte años para los tiempos políticos. Punto. Un silencio mortuorio recorrió al marcial auditorio.

El gobierno de entonces estaba escaso de materia gris.  El último y único militar lúcido del antiperonismo gobernante era el general Lanusse. Llegado a la presidencia a consecuencia de la ingobernabilidad política, tomó la decisión y se dispuso a hablar con Perón. Para eso pergeñó un plan  que denominó el Gran Acuerdo Nacional (GAN), que  consistía en reivindicar su figura histórica para arrancarle luego la renuncia a su candidatura.

Se fundamentaba en restituirle el rango militar  con derecho al uso del uniforme, abonarle los salarios adeudados, declararlo libre de las causas legales pendientes y devolverle el cadáver de Evita. Como contrapartida, Perón debía aceptar un presidenciable negociado y renunciar. El disparate era más colosal aún: Lanusse pensaba en él como el candidato de la unidad nacional, tal como se lo confió a su amigo Paco Manrique.

El alocado proyecto duró poco pues Perón se negó a semejante tramoya. Fue tal el disgusto del “Cano” que sancionó un decreto que estipulaba que para ser candidato había que estar presente en el país antes del 25 de agosto de 1972 y residir permanentemente después de esa fecha.  No podrían ser candidatos, tampoco,  quienes se alejaran de la patria  por más de quince días sin informárselo al ministro del Interior.  Es bien conocido que Perón no vino en los términos estipulados por Lanusse. Nueva proscripción. Sin embargo, el peronismo estaba habilitado y los muchachos ya gastaban a cuenta los  emolumentos de los futuros cargos. Acompañando la proscripción, Lanusse  sancionó una reforma electoral que incluía el balotaje. Para ser presidente se necesitaba el 50,01 % de los votos y don Agustín  estaba convencido que sin Perón en la fórmula  se derrumbaba el mito de las perpetuas mayorías.

Perón no aceptó los términos planteados y regresó cuando se le dio la gana o mejor dicho cuando sus consejeros le informaron que a su arribo se  generarían  las condiciones de un golpe militar en el marco de una inmensa movilización popular que echaría por tierra el plan de Lanusse. El 17 de noviembre de 1972 cuando el ilustre exiliado llegó a Ezeiza nada de eso ocurrió. Ni hubo pueblada ni menos fractura militar. Perón no logró torcer el brazo de Lanusse. Sin desmayar, convocó a una reunión al conjunto de los partidos a realizarse en un restaurante de Vicente López llamado Nino.  Allí se dio de bruces con la realidad, se percató que los políticos presentes nada harían  frente a la nueva proscripción. ¡Eran todos concurrencistas! Abrumado y sin masa crítica capaz de modificar la relación de fuerzas, se marchó del país nominado la fórmula Cámpora-Solano Lima.

Perón volvía a tensar la cuerda ya que Cámpora violaba la ley del 25 de agosto pues se había marchado del país sin informar al gobierno. ¿Por qué lo hacía?  Muy sencillo, para que Lanusse lo proscribiera.  Ante esa circunstancia límite, el anciano general convocaría al voto en blanco. Lanusse, tan pícaro como Perón, se dio cuenta de la maniobra y no lo hizo. Tiempo después escribió:

“¿Por qué hizo esa designación? Es razonable pensar que lo fue para encontrar en el veto de su candidato el pretexto para resolver el voto en blanco que le permitiera provocar un clima de honda perturbación política y social que pudiera provocar la caída del gobierno” (Lanusse: Mi testimonio)

En esta observación de Lanusse estuvo el secreto de aquellos aciagos días. Lanusse no proscribió a Cámpora, como buscaba Perón, violó su propia ley y lo dejó correr, en el entendimiento que el odontólogo no alcanzaría al 50% de los votos.  Habría balotaje. Ante esa situación, el peronismo caería derrotado. Así pensaba Lanusse, como lo ha manifestado con claridad en su libro.

Perón fue sorprendido por dos razones, primero porque avanzaba la fórmula de Cámpora a quien él no deseaba como candidato y segundo porque no hubo balotaje y Cámpora fue presidente.

¡Perón no podía sufrir un desengaño mayor!   Lanusse tampoco podía cantar victoria puesto que las  cuentas le salieron mal   Cámpora llegó al 49,60% de los votos y no hubo balotaje. Asumió el 25 de mayo de 1973.

Perón y Lanusse, en esa oportunidad, podrían haberse mirado y preguntarse: ¿Qué pasó?

Un comentario más. El anciano General, nuevamente proscripto y con el silencio cómplice de aquellos políticos  que no quisieron comprender  el sentido del 17 de noviembre y el almuerzo en Nino, decidió no concurrir a la campaña electoral, lanzando desde Europa, a donde había regresado, todo tipo de brulotes  temerarios contra la dictadura con el  fin de provocar a Lanusse  y  anular las elecciones. No ocurrió. La soledad en que quedó Cámpora posibilitó su copamiento  por las bandas terroristas que asolaban al país,  procurando  desde adentro y con apoyo presidencial  derrotar a Perón. La lección no ha podido ser más ejemplar: la tozudez de Lanusse y la pasividad de la élite política posibilitaron el encumbramiento en el gobierno camporista del terrorismo de Estado.

La decadencia de Carta Abierta

En su última misiva Carta Abierta, el colectivo intelectual (como gustan nominarse) pro kirchnerista, ha puesto toda la carne en el asador. Con su acostumbrado estilo críptico de pensadores abstractos, réplica especulativa del Indio Solari y sus Redonditos, admiten que el proyecto Nacional y Popular atraviesa turbulencias que lo ponen al filo de sus exequias. ¡Al fin un atisbo de realidad!

Más allá de sus comentarios económicos acerca de un “intervencionismo democrático” que tuerza los designios de las corporaciones y mejore el distribucionismo nacional y popular preocupan los aspectos filosóficos con los cuales fundan su mirada de las instituciones y la democracia. Continuar leyendo

Pedagogía de los peores

La educación argentina está en crisis. Cae sobre ella la sospecha fundada de que en sus claustros reina la ley del menor esfuerzo, que los docentes hacen lo que pueden y que los alumnos no estudian como antes. Así las cosas, la escuela antigua aparece como la Arcadia perdida a la que hay que volver en beneficio de nuestros hijos. Por estas y otras razones que van en la misma dirección no se entiende la reforma de la escuela primaria promovida por la Provincia de Buenos Aires.  Propuesta impolítica ¡si las hay!, incomprensible a la luz del  ánimo de los argentinos, sensibilizados por la decadencia educativa. Retirar los aplazos del boletín de calificaciones porque estigmatiza y no estimula es como prohibir en el deporte escolar la palabra derrota. Los que ganaron ¡ganaron! Los que perdieron…es un contratiempo. ¡Un disparate!

Al forzar los términos creando neologismos como una suerte de bálsamo espiritual para no herir susceptibilidades, caemos en la zoncera de construir palabras que hablan de lo que no queremos decir, de ideas que no revelan lo que  pensamos, para finalmente desvirtuar la realidad. Continuar leyendo

¿Un peronismo liberal?

El viejo debate sobre cuánto de liberalismo hay en la concepción política del peronismo ha reaparecido por estos días empujado, por un lado, por la crisis que atraviesa el progresismo enquistado en el peronismo y por el otro, por las declaraciones que el presidente del Banco Provincia, Gustavo Marangoni, ha realizado al diario La Nación. “No tenemos que tener ningún empacho en definirnos como liberales” aseguró el funcionario muy cercano a Scioli.

Inmediatamente, y como un rayo, salió a contestarle Julio de Vido, quien replicó que el peronismo es progresista. Luego, cientos de voces kirchneristas se alzaron para afirmar que nada hay más lejano al peronismo que el liberalismo. Naturalmente del liberalismo clásico partieron voces que afirmaron lo mismo.

En principio, Perón jamás se pronunció acerca de si era liberal o progresista, categorías ideológicas que el General jamás usó en virtud que como político abrazaba a todos por igual. Sin embargo, ha dejado algunas señas que podrían orientarnos en este laberinto de ideas. El liberalismo tradicional desconfió de él por surgir de un golpe militar con tintes fascitoides. El progresismo lo combatió, también, con todas sus fuerzas, pues escuchaba espantado los discursos que el Coronel improvisaba frente a los obreros: “Buscamos suprimir la lucha de clases, suplantándolo por un acuerdo justo entre obreros y patrones, al amparo de la justicia que emana del Estado”. Para la izquierda a la violeta, como gustaba decir a Perón, el General era fascista.

En síntesis ni liberal ni progresista. ¿Entonces si no fue una cosa ni la otra qué se discute hoy?

Orígenes del peronismo

El peronismo apareció en el ciclo mundial de crisis del liberalismo a consecuencia de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Soviética y la emergencia de los nacionalismos autoritarios. Ese tiempo se caracterizó por la valorización del intervencionismo de Estado, economías cerradas, dirigismo y la acción directa de las masas por encima de las instituciones. Todo ese movimiento mundial fue expresado por el nacionalismo y el marxismo. Bajo esa atmósfera, todos los partidos políticos argentinos sufrieron su influencia. El golpe del 30 y los años subsiguientes vieron avanzar esas ideologías sobre el conjunto de la sociedad. Sin embargo, es justo observar que Perón, quien apareció por primera vez en el golpe contra Yrigoyen, lo hizo acompañando la corriente liberal del general Justo, la que no abandonó hasta la muerte de este brillante oficial, como le gustaba decir, en enero de 1943, ingresando recién al GOU en febrero de ese año.

Tan fuerte ha sido la relación de Perón con este sector del liberalismo militar que desarrolló su carrera a la sombra de ellos. Primero como ayudante de campo del General Rodríguez, Ministro de Guerra de Justo, en paralelo, profesor de la Escuela Superior de Guerra, invitado luego por Levene, Presidente de la Academia de Historia, a escribir en ella. Enviado, más tarde, a Europa por el general Márquez, otro justista y así hasta 1943.

Sarobe y Perón

La relación de Perón con el general Sarobe, un vínculo ignorado por la historiografía peronista-revisionista, pone blanco sobre negro el firmamento ideológico de quien sería luego el Coronel del pueblo. Sarobe fue el oficial que Justo ubicó en la conspiración del 30 para sustituir al nacionalista-fascista de Lugones y su manifiesto. Condición innegociable para que los liberales se sumaran al golpe. Esta participación impidió que Uriburu realizara su fantasía de Führer criollo, y que el golpe buscara una salida electoral.

Precisamente, en las elecciones de noviembre de 1931, Justo fue el candidato de una coalición de conservadores, radicales y socialistas como alternativa al vacío de poder generada por la crisis del radicalismo y al progresismo representado por la fórmula de Lisandro de la Torre-Nicolás Repetto. En esa oportunidad, Perón jugó sus pocas fuerzas a favor de Justo. En una carta a Sarobe le advierte del peligro que “los peludistas resurjan disfrazados de campeones de la democracia. No imagina mi Teniente Coronel cómo han reaccionado los peludistas desde el 6 de setiembre a la fecha. Hoy se sienten fuertes como antes de 1928 y pretenden imponerse nuevamente. No creo que el Gobierno les afloje. Estamos a 17 días de las elecciones. Hasta ahora el General Justo es el candidato más seguro, la opinión sana del país, el elemento independiente, la banca, comercio, industria, han movilizado sus fuerzas para ponerlas al servicio del país prestigiando al General para Presidente. Por otro lado los peludistas, su fórmula fue vetada por el gobierno provisional, no creo que resulten peligrosos si se presentan a elecciones y aun cuando todavía hay muchos peludistas en el país no creo que tengan chance en su campaña electoral, porque en su situación no tienen nada para dar… no creo que queden incautos que se dejen influenciar por el canto de la ronca sirena personalista”

Y continúa: “El otro adversario está representado por la Alianza, unión un tanto aleatoria de los socialistas rojos con los demócratas progresistas, Es sin duda la desvergüenza en persona. Bien este es el adversario político del general Justo, su más grande detractor y más peligroso enemigo. Hace una campaña activa y difamatoria en todas partes, pero no creo que el pueblo se deje embaucar y seducir por estos mentirosos y aduladores profesionales. Yo creo que el país está hoy a peligros tanto o más serios que el resuelto el 6 de setiembre, si el buen tino y patriotismo de los ciudadanos no resuelve en los comicios la salvación del país, la paz y el orden interno. Si llegara a ganar la elección la fórmula De la Torre-Repetto apoyados por los peludistas creo que vendrían acontecimientos graves a corto plazo. En general la gente que piensa, entiende que la única solución es el general Justo y creo que será presidente.

Muchos oficiales que no entendemos nada de política estamos en plena tarea de movilización de familiares y amigos. Yo tengo por ejemplo a todos los varones de la familia y amigos civiles ocupados en la propaganda política activa y siento que las mujeres no voten porque en este caso, de la familia nomás me llevaba más de 20 votantes…Varios amigos curas que tengo, a quienes he encargado que hagan propaganda me han dado un alegrón porque me hicieron una reflexión muy acertada al respecto me dijo: los curas votan y propician al candidato más probable que permita asegurarles su estabilidad. Hasta ahora han sido peludistas pero ahora los peludistas no tienen chance y los curitas puestos a elegir entre los demócratas-socialistas y la fórmula de Justo no trepidan en votar esta última, pues saben que en la primera está el divorcio, la separación de la Iglesia. Esto va bien.”

Conclusión: los primeros pasos de Perón han estado del lado del liberalismo y en contra de la izquierda y los peludistas. Toda una definición.

El neoiluminismo

El progresismo, sea  kirchnerista o no, es una corriente de pensamiento que tiene su historia y sus raíces. Hace ochenta años, un gran novelista y escritor argentino opinaba así de ellos:

“El izquierdismo es un enemigo del orden, de la jerarquía y de la disciplina. El izquierdismo es el comunismo vergonzante: Los izquierdistas admiran a la Rusia de los soviets. Los izquierdistas, de cualquier pelaje que sean, son enemigos furiosos de la Iglesia, de la Familia, del Ejército. Los izquierdistas de este país no intentan establecer el comunismo ni el colectivismo, pero sí el divorcio, la separación de la Iglesia del Estado, el desarme, el culto de los incompetentes y la indisciplina social. Los izquierdistas son los destructores de la familia. El socialismo, y aun el comunismo, son, desde su punto de vista, lógicos; y algo tienen de respetables. El izquierdismo es el comunismo compatible con la camisa de seda y con cierto dandismo intelectual. (Manuel Gálvez. Recuerdos de la vida literaria)

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Educación, la cara moderna de la justicia social

Por estos días se  debate en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la creación de un Instituto de calidad y equidad educativa, que en el marco del Ministerio de Educación, asuma la responsabilidad de diagramar acciones y políticas tendientes a mensurar los niveles académicos, los conocimientos y los saberes del conjunto del colectivo escolar. La propuesta impulsada por el Jefe de Gobierno avanza en la dirección de promover y hacer carne en la sociedad porteña la idea, generalizada en el mundo actual, que la educación de calidad es la cara moderna de la justicia social.  Una educación de calidad y para todos.

Claro que para lograrlo hay que saber dónde estamos parados y desde qué lugar partimos. El Instituto es, pues, una herramienta formidable que puede contribuir, con datos fidedignos, a estos conocimientos.

Sin embargo no es tarea fácil  introducir en el sistema educativo  reformas que alteren lo cotidiano y las prácticas habituales pues, como “un animal de costumbres”, el sistema se cierra y las novedades inquietan. Ciertamente los miedos no tienen sentido. Aunque el miedo no es zonzo, dado que muchas veces para movilizar la pesada carga burocrática de un sistema que se resiste al cambio es preciso que actúe una fuerza externa que active lo que la maquinaria  auto protege.

La oposición

Se podría decir que el conjunto de la oposición mira con recelo la propuesta del Gobierno. Aunque con matices y diferencias. Mientras la izquierda rechaza en bloque la idea, pues la calidad es un valor propio del modelo capitalista que desnaturaliza el proceso social de aprendizaje, al transformar en mercancía a la educación (sic), el Frente para la Victoria lo rechaza al asumir la representación parlamentaria de los gremios docentes que se han quedado sin escaños en la Legislatura. Por coincidencia ideológico-política la alianza del  F.P.V. y los gremios persigue un objetivo claro, infligirle una derrota al PRO y privar a Macri de una creación tan oportuna como el Instituto, perjudicando también al ciudadano porteño que observa inquieto el amesetamiento  de la educación capitalina.

El abanico de legisladores de UNEN es un rompecabezas. En principio acuerdan con la necesidad de una educación de calidad y en implementar políticas que avancen en esa dirección, divergiendo, sólo, en aspectos menores. Estos temas, técnico-pedagógicos, podrían ser acordados y consensuados fácilmente si el diablo de la política menuda no hubiera  metido la cola.

Es que UNEN no logra una postura unívoca. En asuntos de política nacional, Sanz y Carrió no piensan lo mismo que Pino o Binner respecto de las AFJP, la ley de prensa, Venezuela o Macri, por poner algunos ejemplos. Los unifica la lucha contra la corrupción pero no alcanza para ser gobierno o establecer acuerdos con fuerzas externas. UNEN nació en Capital para vencer al PRO, entonces cómo se conjuga esto con buscar a Macri en el escenario nacional. Apoyarse en Macri, para vencerlo es un contrasentido.

Este contrasentido atenaza a UNEN en la ciudad de Buenos Aires. Sus legisladores y sus jefes políticos deberán ser más precisos a la hora de aspirar a ser gobierno o para resolver problemas a los ciudadanos como es el caso del Instituto.

La fractura como modus vivendi

Ahora, que se van acallando las voces de tantos argentinos que durante el último mes confraternizamos frente a televisores, con compatriotas que nunca habíamos visto y que jamás volveremos a ver. Ahora, que la luces de los estadios se apagaron y la selección nacional ha dejado de ser centro de charlas y encuentros; que el humo de los combates botineros se ha marchado tras la línea del horizonte, pienso, que es llegado el momento, al menos para quien esto escribe, de compartir algunas reflexiones producto de cierto sabor amargo que las declaraciones presidenciales provocaron en mi ánimo y que vienen a confirmar lo que la mayoría de los habitantes de este país sospechamos desde hace un largo tiempo.

Antes que nada, huelga decir que los argentinos nos sentimos orgullosos de haber sido activos espectadores de este Mundial al cinchar parejo por el éxito futbolero. Algunos ejemplos: promesas, esfuerzos personales, propuestas de cambios, viajes multitudinarios para apoyar a los muchachos, cábalas infalibles, modificaciones de hábitos, costumbres y modas, todas conductas muy humanas, que habla de cierto pensamiento mágico que nos vincula y emparienta, además, con nuestros antepasados remotos al momento de ofrecer un cordero a los dioses tutelares y de esta forma manejar el destino, la naturaleza o la suerte. ¡Hombres al fin y al cabo!

Al llegar a la patria la Selección Nacional, la Presidente de la Nación les dio la bienvenida a los jugadores y los técnicos en el predio de la AFA, en Ezeiza. Lo hizo en el marco de un encuentro descontracturado y sencillo. En el centro y rodeada por los jugadores, les habló con cierta complicidad canchera, ponderando los valores que esta selección ha mostrado a los argentinos: trabajo en equipo, espíritu de cuerpo, solidaridad, compañerismo. Buenos ejemplos que nos ha dejado, al decir de 678, la “Década Ganada”.

En el mismo sentido se expresó el senador Aníbal Fernández en un artículo y en declaraciones radiales. Hago notar que fueron muchos los comentaristas deportivos, políticos, sociólogos y tantos otros que observaron los mismos valores. Sin embargo, el kirchnerismo, que todo lo bueno y lo sano lo asocia a su estilo político, una vez más metió la pata. O para decirlo cortito y al pie, Cristina Kirchner, Aníbal Fernández y 678 se apoderaron de esos ejemplos arrastrándolos por el fango, al borrar con el codo lo escrito con la mano.

Inmediatamente de ponderar lo colectivo y el valor de la unidad para la existencia de una nación, pidió memoria a los muchachos, rogándoles recordaran lo mal que habían hablado de ellos y del director técnico el periodismo descreído y pesimista al que se sumaron muchos argentinos. ¡Unos y otros! ¡Los buenos y los malos!

El cristinismo no puede con su genio. La fractura como modus vivendi forma parte de su política y estructura psicológica. La mirada conspirativa como estilo de vida es una construcción ideológica pero también mental. Fuerzas oscuras que conspiran permanentemente y la luz de los buenos emergiendo victoriosos de entre las brumas. Demasiado sencillo para ser cierto.