El fracaso del progresismo

El trípode sobre el cual se asienta la inconcreta ideología progresista sostiene que el Estado es un justo distribuidor de la riqueza, garante de la equidad social y promotor del desarrollo económico. Resabio de la cultura decimonónica alemana que afirmaba que cuando un órgano del Estado ejecuta un acto de servicio, ese acto es necesariamente bueno. Así las cosas el estrepitoso fracaso del progresismo en la Argentina se asoma a la vista de todos aunque todos, aún, no lo perciban.

Seguridad, educación, salud y justicia conforman las cuatro obligaciones indelegables de todo Estado que se precie de estar al servicio de su pueblo. En esto hay una absoluta coincidencia entre los distintos cuerpos de doctrina, incluido el liberalismo moderno. Pero cuando uno observa a cada uno de estos rubros descubre que en los últimos doce años han retrocedido respecto de la calidad del servicio ofrecido anteriormente (educación, salud y justicia) y la inseguridad ha escalado a niveles jamás vistos. Continuar leyendo

El progresismo llora una enorme pérdida

Ha muerto Eduardo Galeano y el progresismo está de luto. El autor de las “Venas abiertas de América Latina” se bajó de la vida a consecuencia de un cáncer de pulmón ocasionado por el cigarrillo.

El eximio escritor fue uno de los más importantes intelectuales de una corriente ideológica que con bases fuertes en el marxismo abordó la historia de América Latina. Claramente identificado con la “izquierda nacional”.  El progresismo en todas sus variantes lo llora. Desde el áspero chavismo -su jefe le regaló un ejemplar a Obama-, pasando por “Pepe” Mujica, Evo Morales, el kirchnerismo, la izquierda  light del progresismo argentino y un núcleo fuerte de intelectuales “bien pensantes” que en universidades, radios, diarios y revistas le han rendido los correspondientes honores como a uno de los   más brillantes pensadores  de la década del 70. Rarezas de la cultura política  argentina y de ciertos intelectuales, que enfrentados fuertemente  al kirchnerismo, sin embargo, coinciden con él  en la admiración y ponderación de Galeano. ¿Acaso alguien duda que el autor de las “Venas abiertas” es uno de los responsables ideológicos del progresismo latinoamericano y del kirchnerismo?

Que Página/12 haga de él un prócer va en la línea de la lógica, ahora que La Nación, el grupo Clarín y tutti quanti  se sumen al coro de seducidos por la revolución imaginaria habla a las claras de por qué la Argentina jamás se apartará de  su decadencia inmemorial mientras dure la  admiración por los hombres “buenos que piensan bien”.

No hay dudas que Galeano fue un intelectual  cargado de buenas intenciones, que pintó con los colores más vivos la historia de un continente fatigado de injusticias.  Fue sin duda  un gran escritor, de frases cálidas y elegantes, de metáforas austeras y sencillas que con  ritmo poético se afirmó en una historia conspirativa de malos contra buenos, de explotadores contra explotados, dejando en el lector  cierto regusto amargo por el fracaso y la victimización permanente. Ahora ¿de qué sirven las buenas intenciones cuando se está equivocado? Creyó en la revolución y creyó en la utopía totalitaria del marxismo en el poder. ¿Lo hacen esas ideas, acaso, el mensajero de un mundo mejor, como he leído y escuchado por estos días de manera recurrente?

Su libro más famoso se enmarca en la atmósfera de toda una época, con diferencias, claro, respecto de otros historiadores que con similar orientación ideológica jamás abrazaron  la violencia elitista de la guerrilla que asoló a América Latina. Su imprudente apoyo a Castro, a la guerrilla del “Che” y su coqueteo con Tupamaros y Montoneros  hacen de  él un responsable   de la confusión a la que se sometió  a un sector de la  juventud ávida de saberes, y que equivocadamente marchó  a la guerrilla, a la violencia y finalmente a la muerte. Su historiografía es rupestre. Su eje discursivo descansa en la maldad de los grandes Imperios succionando la riqueza nativa y en un in crescendo de  injustica que finalmente  explotará en un mundo igualitario controlado por el Estado, siempre justo si está en manos de una dictadura nacional y popular.

Estatismo, dictadura, lucha de clases  y violencia popular han sido  sus paradigmas. Muchos de sus admiradores deberían  replantearse la defensa que han hecho de él. Incluso sospechar como poco cierta la sibilina crítica que realizó a su obra al afirmar que no la releería pues desconocía de economía y política.

Lo que le ha pasado a Galeano, como a muchos otros,  ha sido que su proyecto estratégico su hundió con la caída del Muro de Berlín. Si eso es desconocer de política y de economía, ahí podemos estar de  acuerdo.

Justo y Perón

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mediante un acuerdo entre el PRO y el FPV, ha tomado una buena decisión: levantar en la Plaza Agustín P. Justo un merecido monumento al general Perón quien fuera Presidente constitucional en tres oportunidades. La idea de por si atractiva es si se quiere novedosa, al unir en un espacio geográfico a dos ex Presidentes a quienes una historiografía con alto voltaje ideológico, por no decir mal intencionada, ubicó en las antípodas del pensamiento y la política. De la Legislatura parten voces que procuran modificar el nombre de la Plaza y sustituir el nombre por el de Perón atento a que Justo ha sido, afirman, el emblema de la Década Infame y el general de los trabajadores su contracara. Si así es la idea y el proyecto, repiten un grave error que se arrastra desde hace muchos años.

Perón ingresó a la política de la mano del general Sarobe, por lo tanto de Justo, como miembro del ala liberal del Ejército en la revolución del ‘30. Castigado por Uriburu, referente del nacionalismo extranjerizante, fue enviado al norte del país por su condición de justista. En tres cartas a Sarobe, hallables en su archivo personal, Perón revela su afinidad y simpatía por Justo. Al aproximarse las elecciones de 1932 le dice a su superior en una misiva fechada casualmente el 17 de octubre de 1931: Continuar leyendo

¿Populismo o progresismo?

En los últimos tiempos se escucha y lee con sospechosa frecuencia duras críticas al populismo con la sana intención de denostar al gobierno nacional. Extrañamente, intelectuales y periodistas abocados a tan noble labor omiten utilizar la acepción: progresismo. La maniobra no es inocente, por cierto. Secuestrar del idioma esta última palabra oculta una intencionalidad político-ideológica que arrastrará inevitablemente a nuevos males.

Progresismo fue la primera construcción lingüística utilizada para definir y abarcar la realidad política inaugurada en el 2003. Experimento acompañado por la inmensa mayoría de los partidos y corrientes políticas del arco nacional, que observaban azorados los profundos cambios introducidos en la década “maldita”. Privatizaciones, desregulación, convertibilidad, ruptura con el Tercer Mundo, inclusión en la economía mundial, frivolidad, entre otros. Allí, como coro griego, actuaba un sector del peronismo constituido como grupo Calafate para inyectar una dosis de izquierdismo light en un peronismo supuestamente neo-liberal, también radicales liderados por Alfonsín, el Frepaso, el Partido Comunista, el socialismo en todas sus variantes, excepto la extrema izquierda, intelectuales, periodistas, docentes, actores y un arco infinito de ciudadanos “bien pensantes”, que como Elisa Carrió, Ernesto Sábato, Beatriz Sarlo o Jorge Lanata, por caso, deliraban de alegría al ver como Menem y los malditos ‘90 se hundían blasfemados por el pueblo. El progresismo como definición los reunía a todos en un convite celebratorio. Continuar leyendo

El kirchnerismo y los acuerdos con Irán

El kirchnerismo y el peronismo que acompaña al Gobierno se encuentran en aprietos desde que firmaron y aprobaron en las Cámaras el nefasto acuerdo con Irán, el mismo que el gobernador Daniel Scioli, con austeridad de palabras, continúa respaldando.

Seguramente fueron muchas las razones que empujaron al Gobierno a la firma de semejante disparate. Se habla de intercambio comercial, de transferencia de tecnología nuclear, de una equivocada lectura sobre la decadencia de Occidente y la emergencia de Oriente, de la influencia de Hugo Chávez sobre Cristina Kirchner y de algunas otras razones de menor cuantía, como la “pretensión” de conocer la verdad acerca de la voladura de la AMIA, refugiada en la insinceridad de “interrogar” a los sospechosos en Teherán; aspecto, este último, que no resiste el análisis. ¿Se imagina el lector las insuperables dificultades en que se habría encontrado el juez Rodolfo Canicoba Corral al “comprobar” la responsabilidad de la banda de los cinco en el atentado y solicitar su detención? Imaginarlo es imposible. ¿Y creerlo? ¡Sólo los giles! A ninguno de ellos se les cayó el documento en la puerta de la AMIA, ni dejaron sus huellas digitales en las inmediaciones, ni siquiera una colilla de cigarrillos con ADN clavado en el filtro. Todo se dirigía a levantar las alertas rojas, pues si bien todo conduce a Irán, como afirman los EEUU e Israel, no hay huellas ni confesiones. Ni las habrá. Continuar leyendo

Perón y Mao

Indudablemente Cristina Kirchner de peronismo conoce poco. Por supuesto que no tiene por qué saber puesto que es la jefa de un partido ajeno al justicialismo como es el Frente para la Victoria. Sin embargo, estando en China, según han transmitido las agencias informativas, comparó a Mao Zedong con el general Perón al observar que ambos habían surgido al finalizar la Segunda Guerra Mundial cuando los aliados se repartieron el mundo y comenzó la Guerra Fría.

Hay en esta síntesis una visión sesgada y equívoca, si bien Mao y Perón guardaban dos años de diferencia, la vida política del chino había comenzado a muy temprana edad y en las filas del marxismo que, envalentonado con el triunfo de la Revolución Soviética, se iniciaba en la guerra civil que enlutó a su patria. En la década del ’20, Mao ya era un destacado militante del comunismo de su país que aliado a Stalin pugnaba por el poder, alcanzándolo en 1949 por medio de las armas. Perón por esos años era un joven oficial del ejército que encontró en el general Agustín P. Justo una referencia político-profesional, llegando al poder por medio de elecciones, en 1946. Continuar leyendo

La perversa ideología detrás del Memorándum con Irán

¿Qué  llevó  a Cristina a cambiar su visión respecto de Irán? ¿Qué voz edulcorada la sedujo de tal forma que decidió firmar un acuerdo con el eje del mal, cuando ella había adherido desde el inicio a la tesis del gobierno de Menem, de los EE.UU.,  de Israel y naturalmente de Stiuso? Esto es, que Irán era el responsable de los atentados. ¿Es que Ahmadinejad  se había puesto bueno y ella lo creía, ahora, capaz  de facilitar la indagatoria de los acusados según lo establecido en el Memorándum?  ¿Pensó en algún momento que producidas las mismas  y descubierta la participación de alguno de ellos en los hechos terroristas, en el supuesto caso que pudiera probarse, Irán los entregaría a la Justicia de Canicoba Corral?

¿Qué secreto, conversado o no, se dio entre el gobierno de Cristina, el Juez Canicoba e Irán para acordar las indagatorias? Y desde ese lugar seducir a la comunidad judía que se podía hacer algo más. Lo cierto fue que  el idilio con la comunidad duró unos días pues Nisman e Israel se encargaron de avivarlos y decirles que era una trampa.

La política de los derechos humanos llevada adelante por el kirchnerismo los cegó y les impidió ver los hechos desde una perspectiva  mundial. Al parecer a Néstor, no. Pero la errática emocionalidad de Cristina la perdió. ¿Qué quiero decir con esto? La condena de los jefes militares por crímenes y vejámenes durante la dictadura y la defensa  de las organizaciones subversivas fue la ecuación con la que entendieron la realidad mundial. Desde esta perspectiva ¿qué diferencia hay entre el asesinato de jefes montoneros o del ERP a manos de unidades militares con control del Estado con el asesinato perpetrado por el Estado israelí sobre jefes del Hezbollah o el asesinato de Bin Laden por fuerzas militares que respondían al Estado norteamericano. Como ha dicho Verbitsky al opinar sobre este hecho: “Arrojado al mar, sin defensor ni juez”. Lo mismo fue expresado por Cristina hace un tiempo atrás. En síntesis, el oficialismo considera que ni Israel ni los Estados Unidos en nada se han  diferenciado del Estado argentino durante el Proceso Militar.

La idea que Canicoba Corral marchase a Teherán a indagar a los acusados responde a universalizar la política kirchnerista de los derechos humanos, soplada al oído de Cristina por los ángeles del mal: Verbitsky, Zaffaroni y Zanini. Aunque también esconde una trampa. Quizás la que vio Nisman.

¿Y las pruebas?

Cuando el fiscal  Nisman  le insistió a Canicoba, por el año 2006,  que emitiera  la orden de  captura  de los sospechosos,  el juez, según contó Verbitsky en Página/12,  le advertía al fiscal que no existían elementos de validez judicial como soporte del pedido. Se había dado el caso de la detención en Londres de Soleimanpour en el año 2003 al que un juez británico dejó libre pues no alcanzaron las pruebas que Galeano envió  para inculparlo. Finalmente, Canicoba Corral emitió la orden. ¿Por qué? Seguramente sensibilizado por sugerencias políticas, pero no por Nisman.    

Verbistky vuelve a poner luz sobre el asunto y lo cito pues no tengo dudas que es uno de los ideólogos del Memorándum:

“La idea de Israel y EE.UU. fue culpar a Irán cuando todavía no se habían removido los escombros. Sin investigar la participación de Siria. El problema es que en la causa no abundan elementos que lo sostengan. Por lo cual el relato descansa en recursos políticos y publicitarios”. ¡Y aquí está la pata de la Sota!

Cómo no hay pruebas judiciables capaces de poner en aprietos a los sospechosos, Canicoba Corral luego de interrogarlos debería levantar las acusaciones y las alertas rojas y esto explica el “piripipí” de algunas grabaciones telefónicas. Ni siquiera esto aceptó la élite política de Irán.

Y así como no se ha podido probar judicialmente quienes han sido los asesinos de Rucci, no se podrá probar quién voló por los aires la Embajada y la AMIA.

Ahora… ¿alguien duda que los asesinos de Rucci fueron los Montoneros?

La democracia occidental, nuevamente bajo ataque

Escribía Anatole France  en 1919: “Los pueblos gobernados por sus hombres de acción y sus jefes militares derrotan a los pueblos gobernados por sus abogados y profesores. La democracia es el mal, la democracia es la muerte. Hay un solo modo de mejorar la democracia, destruirla.

Por su parte Oswald Spengler afirmaba: “La política, la sangre y la tradición deben levantarse para destruir el intelecto y la abstracción y sus consecuencias la razón y la democracia. El sentido de la política es claro, revertir este estado de caos y decadencia, de elecciones sin sentido, partidos superfluos y egoístas, parlamentos paralizados”.

Un liberal de pura cepa como Raymond Aron dudaba acerca de los valores de la democracia y por aquellos años meditaba: “Lo que nos sorprendía a todos  -y con razón-  era el contraste entre la parálisis de los regímenes democráticos y el resurgimiento espectacular de la Alemania de Hitler y los índices de crecimiento de la Unión Soviética. ¿Qué gobierno podía salir de la competencia entre partidos que se perdían entre intrigas parlamentarias. En algunos momentos llegué a pensar, quizás hasta decir en voz alta: si para salvar a Francia hace falta un régimen autoritario que así sea”.

En nuestro país la intelectualidad no le iba a la zaga, Ignacio Anzoátegui escribía: “El voto secreto es el voto cantado a bocca Chiesa. Pero la contención tiene un límite, tras el cual estalla el griterío de las revoluciones. Porque el pueblo no quiere que se lo encierre en el meadero del cuarto oscuro; quiere cantar su voto por las calles y los caminos. Quiere gritar ¡Viva! Y ¡Muera! Porque eso es tener conciencia de Patria, inexplicada conciencia de Patria, que es lo que en definitiva vale.”

Hasta aquí algunas ideas que fueron el reflejo  de la crisis que sacudió al mundo entre las dos guerras mundiales, el surgimiento de la revolución soviética y el nazismo. La intelectualidad puso en duda los valores de la democracia y los pueblos, al retorno de la guerra, se llevaron por delante las instituciones y los valores democráticos. 

Ciertamente, como asegura Arturo Perez-Reverte, Occidente dio cuenta de sus errores y derrotó los dos grandes males del siglo XX: el marxismo y el nacionalismo, ideologías nacidas de la cultura occidental, y las ideas liberales, republicanas y democráticas volvieron a florecer tras la caída del Muro de Berlín. El fracaso de los dos grandes cuerpos de doctrina del siglo XX dejó en pie al liberalismo, que los derrotados denominan peyorativamente neoliberalismo. Luego de treinta años de esta experiencia las cosas  no están bien y nuevamente nos hallamos en guerra, dice el escritor español.

Una nueva crisis de valores

La caída del comunismo llevó al capitalismo a abrazar a la totalidad del globo. Este capitalismo tardío benefició a Oriente sumergiendo en una profunda crisis al viejo continente. Los inmigrantes que marcharon a Europa, desde las colonias independizadas en búsqueda de un futuro mejor, encuentran ahora a sus hijos y nietos atrapados en una economía que no crece, siendo cultivo de un malestar que generó, entre otras cosas,  los graves disturbios del 2005 en París y 2011 en Tottenham. En el caso de Francia, con miles de autos quemados y la ciudad en vilo. En aquella oportunidad, Nicolas Sarkozy, Ministro del Interior, calificó a los jóvenes revoltosos de escorias. Al ser elegido Presidente, la fractura social de Francia se puso en evidencia. Aspecto que podría aclarar, sin justificar, las expresiones del terrorista Coulibaly, desaparecidas de la web,   que responsabilizaba a todos los franceses por elegir políticos de la manera que lo han hecho. La movilización del domingo 11 de enero tiende a construir puentes.

El nuevo  terrorismo globalizado hunde sus raíces en un islamismo extremo. Está dispuesto a acabar con la democracia como otros extremismos occidentales se lo propusieron. Los argentinos de esto sabemos algo. Pérez-Reverte en el artículo citado reproduce el texto de la pancarta de una militante islámica en Inglaterra: “Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia”. Por su lado, el líder de Boko Haran  afirma: “Un hombre no puede ser musulmán sin rebelarse contra la democracia”. Estos ataques al liberalismo provienen desde afuera de Occidente, en su forma intelectual, pero crecen  en sectores sociales europeos marginados, en forma política.

¿Estos extremistas proponen un  modelo de sociedad como antes lo hicieron el marxismo o el nacionalismo, con sus planes quinquenales y dirigismo estatal? La única experiencia de gobierno de los nuevos extremistas se ha dado en Afganistán cuando los talibanes se apoderaron de ese país. La excelente novela “Cometas en el Cielo” de Khaled Hosseini  es un desgarrante relato de una sociedad sometida a la barbarie por estos personajes vomitados por el paleolítico y padecidos por los afganos como una horrible pesadilla. Rigidez moral, sometimiento de la sociedad a sus valores y un antimperialismo caníbal cercano a los argumentos de Franz Fanon en su libro: “Los condenados de la tierra.”  

Finalmente, el fundamentalismo no es solo patrimonio del terrorismo globalizado. También lo ejecuta el liberalismo en su forma extrema al pretender forzar por las guerras la universalización de la democracia.

La falacia del pensamiento kirchnerista

Raul Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, José M. Rosa, Juan J. Hernández Arregui, Rodolfo Puigros, Jorge Abelardo Ramos y John W. Cook han sido los pensadores al que este Gobierno más atención a prestado a la hora de interpretar la historia de nuestro país. Todos ellos han formado parte de la generación intelectual que se educó en el marco de un mundo quebrado por dos guerras y sumergido en la profunda crisis del 30. Bajo la influencia de las ideologías nacientes del siglo XX, el nacionalismo y el marxismo, abordaron desde esa cosmovisión su presente y el pasado.Como correspondía a su tiempo fueron feroces críticos del liberalismo a quien responsabilizaron de ser un cuerpo doctrinario al servicio de la anti-patria.

Para todos ellos la Argentina del siglo XIX, a excepción del período que gobernó Rosas, se había transformado, liberalismo mediante, en un país dependiente del capitalismo británico, por lo tanto una especie de semi-colonia con veleidades europeístas de gran nación de la cual debíamos avergonzarnos. Seguían las ideas de Lenin, que en su libro “El Imperialismo, fase superior del capitalismo” afirmaba que esa dependencia era la razón de la pobreza de unos y la riqueza de otros. En consecuencia, la lucha frontal contra el imperialismo auguraba un futuro de grandeza y desarrollo industrial autónomo como también, para los de inspiración marxista, el advenimiento del socialismo, pues al reintroducir la crisis en los países centrales, al verse privados de sus regiones de influencia, verían disminuidas sus enormes ganancias viéndose obligados a ajustar el cinturón de su clase obrera. De ahí al conflicto de clase y al socialismo un solo paso. Esta cosmovisión afincada en el peronismo tradicional y la izquierda pro-peronista es la que ha profesado el kirchnerismo, al menos hasta estos días.

El 2010 fue el punto más alto y agudo del ideologismo historiográfico kirchnerista, expresado en esta instancia por divulgadores que nada nuevo aportaron a la ciencia histórica, como Pacho O’Donnel, Felipe Pigna o Hugo Chumbita, por citar algunos, que replicaban una visión historiográfica gastada y perimida. La creación del Instituto Dorrego fue un claro ejemplo de lo enunciado. Más de lo mismo. En ese año, el Gobierno, desde la Presidente hacia abajo, repitió el viejo esquema de “liberación o dependencia”, claro que con otras palabras. Al discutir con el pasado, costumbre habitual del kirchnerismo, la argentina del Centenario se les antojaba injusta, extranjerizante y pro europea. Carta Abierta decía en esa oportunidad: “Un modelo de país agroexportador incapaz de proyectarse con autonomía del Imperio Británico”. Recorrer los discursos y declaraciones de los cuadros políticos e intelectuales del kirchnerismo es hallar ideas similares.

Ahora China
La Argentina de 1862 a 1930 creció exponencialmente vinculando su economía al mercado mundial algo que al revisionismo kirchnerista le parece deplorable. La crisis del 30 rompió el hechizo y debimos encerrarnos en nuestro mercado interno, sustituyendo importaciones, alejándonos lentamente del mercado mundial dejando de ser el mundo el engranaje central de nuestra economía. A esta realidad no buscada había que encontrarle un relato, esto es, un cuerpo de doctrina que diera sentido a la novedad y esta arquitectura cultural fue el nacionalismo con colores y sonidos marxitoides. En ese tiempo de desconexión los pensadores citados construyeron la idea que la autarquía era el camino a la grandeza. Algo salió mal. La industria no trepó a los niveles competitivos internacionales y la “oligarquía ganadera” continuó siendo el sector competitivo por excelencia. Lo cierto que el ciclo sustitutivo ha culminado como lo pone en evidencia nuestra industria automotriz, la de Tierra del Fuego y cientos de pymes que dependen de insumos de un mundo interconectado.

De pronto aparece China y se dispone a ocupar el rol que ciento cincuenta años antes cumplió Inglaterra y ¿qué hace el kirchnerismo? ¡Lo que hay que hacer! Acuerdos con ellos. Pero claro, ¿cómo los realiza? De manera vergonzante, ocultando, escondiendo, con tapujos. ¡Rehacer un discurso aprendido de memoria no se hace de un día para el otro!  Resultado: para la mediocridad intelectual del kirchnerismo el imperialismo solo es norteamericano, los chinos son humanistas, solidarios, portadores de una cultura amigable con los valores humanos. En fin… comunistas.

Scalabrini Ortiz, ídolo del kirchnerismo, denunciaba la entrega de tierras al capitalismo británico para la construcción del ferrocarril Rosario- Córdoba, tanto como la importación de insumos con preferencia aduanera y otras preciosuras. Esta mirada contribuyó en la política a aquella famosa consigna”Patria sí, Colonia no”, que la Cámpora enarbola con un vigor rayano en el paroxismo. ¿Luego de los acuerdos con China, que ni la maldita oligarquía se animó con Gran Bretaña, seguirán los sones patrióticos. No hay nada más peligroso que los conversos puestos a gobernar.

Los clichés educativos

Pedro Godoy es un notable pensador chileno, un  talentoso historiador y un agudo polemista. Es asimismo docente y un incisivo crítico del progresismo en cualquiera de sus expresiones terrenas: históricas, políticas, culturales y pedagógicas. Sorprendentemente, ha sido invitado al país en distintos momentos por un sector del kirchnerismo que no ha reparado que las ideas del profesor chileno nada tienen que ver con el mamarracho ideológico que nos gobierna.

Vía mail nos  enviamos lo que cada uno por su lado publica en distintos medios. A propósito de una nota mía en Infobae sobre  la situación educativa argentina y el fin de un ciclo, me dirigió una de su autoría  que  voy a transcribir, en sus aspectos centrales, y ampliarla, puesto que sus argumentos son tan abiertos que permiten agregados y adiciones. Su queja fundamental se dirige  hacia una forma de pensamiento enhebrado artificiosamente con frases hechas que han  construido una visión pedagógica causante de la actual crisis  a la que Godoy denomina el  “bla bla magisterial”. He aquí algunas de estas ideas fuerza:

“Los exámenes hay que abolirlos porque trauman. Los uniformes son camisas de fuerza en consecuencia, libertad en la indumentaria. La motivación es la matriz del aprendizaje. Todo alumno puede aprender. La clave es la estrategia usada por quien enseña. Memorizar es retro. La escala de notas fluye del rendimiento del curso. Autodisciplina es democracia. Disciplina, fascismo. Hay que mediar en vez de sancionar. El docente es sólo un facilitador. Tatuajes, aros, moños, porro… son expresiones de la identidad juvenil y, como tal, tolerables. La clase debe ser entretenida. Muchos rojos: falla del educador. El conductismo pasó de moda, hoy se impone el constructivismo. Estas consignas, como fondo, tienen un coro: Aprender a aprender”. Hasta aquí Godoy.

Sin necesidad de compartir al pie de la letra su visión pedagógica podríamos decir que lo que ocurre en Chile es similar a lo que pasa en la Argentina y el resto de los países iberoamericanos ganados para una pedagogía de izquierda soluble.

A los conceptos vertidos por Godoy podríamos agregar otros, propios del coleto progresista vernáculo como por ejemplo: urge desincentivar la competencia escolar  pues este es un principio cruel del modelo capitalista que abruma la autoestima de los más flojos.  No hay que premiar a los mejores pues esto es un mecanismo que atenta contra  la igualdad, valor fundamental del modelo educativo progre ignorando, esta corriente ideológica,  que un alumno es diferente al otro y en esta desigualdad descansa la naturaleza humana. La educación debe ser para la libertad y no para igualar, principio del iluminismo que asumió un siglo después el pensamiento de izquierda.

¿Qué evalúa un progre? El proceso  de aprendizaje mediante la observación profesional docente, jamás por  una prueba que recoja los conocimientos adquiridos en un momento dado. Las evaluaciones  deben ser segmentadas por sectores sociales, puesto que los pobres no disponen del mismo bagaje cultural que los sectores acomodados, consolidando de esta forma, la fragmentación social,  desde los saberes. Un alumno es sujeto de derechos, dice esta corriente, y no se entiende por qué es un sujeto cuando se trata de un alumno y por qué no se habla de las obligaciones y los deberes. Los derechos remiten al individuo los deberes al bien común.

Finaliza su artículo Godoy con una frase que, en este caso, comparto integralmente. “Los slogans enumerado permiten exhibir cáscara de modernos y lapidar a quienes se oponen como megaterios. Desde mis estudios, experiencias y sentido común tales frases clichés son rieles que precipitan el sistema a la catástrofe y  sogas que ahorcan a los mismos educadores.”