Pedagogía de los peores

La educación argentina está en crisis. Cae sobre ella la sospecha fundada de que en sus claustros reina la ley del menor esfuerzo, que los docentes hacen lo que pueden y que los alumnos no estudian como antes. Así las cosas, la escuela antigua aparece como la Arcadia perdida a la que hay que volver en beneficio de nuestros hijos. Por estas y otras razones que van en la misma dirección no se entiende la reforma de la escuela primaria promovida por la Provincia de Buenos Aires.  Propuesta impolítica ¡si las hay!, incomprensible a la luz del  ánimo de los argentinos, sensibilizados por la decadencia educativa. Retirar los aplazos del boletín de calificaciones porque estigmatiza y no estimula es como prohibir en el deporte escolar la palabra derrota. Los que ganaron ¡ganaron! Los que perdieron…es un contratiempo. ¡Un disparate!

Al forzar los términos creando neologismos como una suerte de bálsamo espiritual para no herir susceptibilidades, caemos en la zoncera de construir palabras que hablan de lo que no queremos decir, de ideas que no revelan lo que  pensamos, para finalmente desvirtuar la realidad. Continuar leyendo

¿Un peronismo liberal?

El viejo debate sobre cuánto de liberalismo hay en la concepción política del peronismo ha reaparecido por estos días empujado, por un lado, por la crisis que atraviesa el progresismo enquistado en el peronismo y por el otro, por las declaraciones que el presidente del Banco Provincia, Gustavo Marangoni, ha realizado al diario La Nación. “No tenemos que tener ningún empacho en definirnos como liberales” aseguró el funcionario muy cercano a Scioli.

Inmediatamente, y como un rayo, salió a contestarle Julio de Vido, quien replicó que el peronismo es progresista. Luego, cientos de voces kirchneristas se alzaron para afirmar que nada hay más lejano al peronismo que el liberalismo. Naturalmente del liberalismo clásico partieron voces que afirmaron lo mismo.

En principio, Perón jamás se pronunció acerca de si era liberal o progresista, categorías ideológicas que el General jamás usó en virtud que como político abrazaba a todos por igual. Sin embargo, ha dejado algunas señas que podrían orientarnos en este laberinto de ideas. El liberalismo tradicional desconfió de él por surgir de un golpe militar con tintes fascitoides. El progresismo lo combatió, también, con todas sus fuerzas, pues escuchaba espantado los discursos que el Coronel improvisaba frente a los obreros: “Buscamos suprimir la lucha de clases, suplantándolo por un acuerdo justo entre obreros y patrones, al amparo de la justicia que emana del Estado”. Para la izquierda a la violeta, como gustaba decir a Perón, el General era fascista.

En síntesis ni liberal ni progresista. ¿Entonces si no fue una cosa ni la otra qué se discute hoy?

Orígenes del peronismo

El peronismo apareció en el ciclo mundial de crisis del liberalismo a consecuencia de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Soviética y la emergencia de los nacionalismos autoritarios. Ese tiempo se caracterizó por la valorización del intervencionismo de Estado, economías cerradas, dirigismo y la acción directa de las masas por encima de las instituciones. Todo ese movimiento mundial fue expresado por el nacionalismo y el marxismo. Bajo esa atmósfera, todos los partidos políticos argentinos sufrieron su influencia. El golpe del 30 y los años subsiguientes vieron avanzar esas ideologías sobre el conjunto de la sociedad. Sin embargo, es justo observar que Perón, quien apareció por primera vez en el golpe contra Yrigoyen, lo hizo acompañando la corriente liberal del general Justo, la que no abandonó hasta la muerte de este brillante oficial, como le gustaba decir, en enero de 1943, ingresando recién al GOU en febrero de ese año.

Tan fuerte ha sido la relación de Perón con este sector del liberalismo militar que desarrolló su carrera a la sombra de ellos. Primero como ayudante de campo del General Rodríguez, Ministro de Guerra de Justo, en paralelo, profesor de la Escuela Superior de Guerra, invitado luego por Levene, Presidente de la Academia de Historia, a escribir en ella. Enviado, más tarde, a Europa por el general Márquez, otro justista y así hasta 1943.

Sarobe y Perón

La relación de Perón con el general Sarobe, un vínculo ignorado por la historiografía peronista-revisionista, pone blanco sobre negro el firmamento ideológico de quien sería luego el Coronel del pueblo. Sarobe fue el oficial que Justo ubicó en la conspiración del 30 para sustituir al nacionalista-fascista de Lugones y su manifiesto. Condición innegociable para que los liberales se sumaran al golpe. Esta participación impidió que Uriburu realizara su fantasía de Führer criollo, y que el golpe buscara una salida electoral.

Precisamente, en las elecciones de noviembre de 1931, Justo fue el candidato de una coalición de conservadores, radicales y socialistas como alternativa al vacío de poder generada por la crisis del radicalismo y al progresismo representado por la fórmula de Lisandro de la Torre-Nicolás Repetto. En esa oportunidad, Perón jugó sus pocas fuerzas a favor de Justo. En una carta a Sarobe le advierte del peligro que “los peludistas resurjan disfrazados de campeones de la democracia. No imagina mi Teniente Coronel cómo han reaccionado los peludistas desde el 6 de setiembre a la fecha. Hoy se sienten fuertes como antes de 1928 y pretenden imponerse nuevamente. No creo que el Gobierno les afloje. Estamos a 17 días de las elecciones. Hasta ahora el General Justo es el candidato más seguro, la opinión sana del país, el elemento independiente, la banca, comercio, industria, han movilizado sus fuerzas para ponerlas al servicio del país prestigiando al General para Presidente. Por otro lado los peludistas, su fórmula fue vetada por el gobierno provisional, no creo que resulten peligrosos si se presentan a elecciones y aun cuando todavía hay muchos peludistas en el país no creo que tengan chance en su campaña electoral, porque en su situación no tienen nada para dar… no creo que queden incautos que se dejen influenciar por el canto de la ronca sirena personalista”

Y continúa: “El otro adversario está representado por la Alianza, unión un tanto aleatoria de los socialistas rojos con los demócratas progresistas, Es sin duda la desvergüenza en persona. Bien este es el adversario político del general Justo, su más grande detractor y más peligroso enemigo. Hace una campaña activa y difamatoria en todas partes, pero no creo que el pueblo se deje embaucar y seducir por estos mentirosos y aduladores profesionales. Yo creo que el país está hoy a peligros tanto o más serios que el resuelto el 6 de setiembre, si el buen tino y patriotismo de los ciudadanos no resuelve en los comicios la salvación del país, la paz y el orden interno. Si llegara a ganar la elección la fórmula De la Torre-Repetto apoyados por los peludistas creo que vendrían acontecimientos graves a corto plazo. En general la gente que piensa, entiende que la única solución es el general Justo y creo que será presidente.

Muchos oficiales que no entendemos nada de política estamos en plena tarea de movilización de familiares y amigos. Yo tengo por ejemplo a todos los varones de la familia y amigos civiles ocupados en la propaganda política activa y siento que las mujeres no voten porque en este caso, de la familia nomás me llevaba más de 20 votantes…Varios amigos curas que tengo, a quienes he encargado que hagan propaganda me han dado un alegrón porque me hicieron una reflexión muy acertada al respecto me dijo: los curas votan y propician al candidato más probable que permita asegurarles su estabilidad. Hasta ahora han sido peludistas pero ahora los peludistas no tienen chance y los curitas puestos a elegir entre los demócratas-socialistas y la fórmula de Justo no trepidan en votar esta última, pues saben que en la primera está el divorcio, la separación de la Iglesia. Esto va bien.”

Conclusión: los primeros pasos de Perón han estado del lado del liberalismo y en contra de la izquierda y los peludistas. Toda una definición.

El neoiluminismo

El progresismo, sea  kirchnerista o no, es una corriente de pensamiento que tiene su historia y sus raíces. Hace ochenta años, un gran novelista y escritor argentino opinaba así de ellos:

“El izquierdismo es un enemigo del orden, de la jerarquía y de la disciplina. El izquierdismo es el comunismo vergonzante: Los izquierdistas admiran a la Rusia de los soviets. Los izquierdistas, de cualquier pelaje que sean, son enemigos furiosos de la Iglesia, de la Familia, del Ejército. Los izquierdistas de este país no intentan establecer el comunismo ni el colectivismo, pero sí el divorcio, la separación de la Iglesia del Estado, el desarme, el culto de los incompetentes y la indisciplina social. Los izquierdistas son los destructores de la familia. El socialismo, y aun el comunismo, son, desde su punto de vista, lógicos; y algo tienen de respetables. El izquierdismo es el comunismo compatible con la camisa de seda y con cierto dandismo intelectual. (Manuel Gálvez. Recuerdos de la vida literaria)

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Educación, la cara moderna de la justicia social

Por estos días se  debate en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la creación de un Instituto de calidad y equidad educativa, que en el marco del Ministerio de Educación, asuma la responsabilidad de diagramar acciones y políticas tendientes a mensurar los niveles académicos, los conocimientos y los saberes del conjunto del colectivo escolar. La propuesta impulsada por el Jefe de Gobierno avanza en la dirección de promover y hacer carne en la sociedad porteña la idea, generalizada en el mundo actual, que la educación de calidad es la cara moderna de la justicia social.  Una educación de calidad y para todos.

Claro que para lograrlo hay que saber dónde estamos parados y desde qué lugar partimos. El Instituto es, pues, una herramienta formidable que puede contribuir, con datos fidedignos, a estos conocimientos.

Sin embargo no es tarea fácil  introducir en el sistema educativo  reformas que alteren lo cotidiano y las prácticas habituales pues, como “un animal de costumbres”, el sistema se cierra y las novedades inquietan. Ciertamente los miedos no tienen sentido. Aunque el miedo no es zonzo, dado que muchas veces para movilizar la pesada carga burocrática de un sistema que se resiste al cambio es preciso que actúe una fuerza externa que active lo que la maquinaria  auto protege.

La oposición

Se podría decir que el conjunto de la oposición mira con recelo la propuesta del Gobierno. Aunque con matices y diferencias. Mientras la izquierda rechaza en bloque la idea, pues la calidad es un valor propio del modelo capitalista que desnaturaliza el proceso social de aprendizaje, al transformar en mercancía a la educación (sic), el Frente para la Victoria lo rechaza al asumir la representación parlamentaria de los gremios docentes que se han quedado sin escaños en la Legislatura. Por coincidencia ideológico-política la alianza del  F.P.V. y los gremios persigue un objetivo claro, infligirle una derrota al PRO y privar a Macri de una creación tan oportuna como el Instituto, perjudicando también al ciudadano porteño que observa inquieto el amesetamiento  de la educación capitalina.

El abanico de legisladores de UNEN es un rompecabezas. En principio acuerdan con la necesidad de una educación de calidad y en implementar políticas que avancen en esa dirección, divergiendo, sólo, en aspectos menores. Estos temas, técnico-pedagógicos, podrían ser acordados y consensuados fácilmente si el diablo de la política menuda no hubiera  metido la cola.

Es que UNEN no logra una postura unívoca. En asuntos de política nacional, Sanz y Carrió no piensan lo mismo que Pino o Binner respecto de las AFJP, la ley de prensa, Venezuela o Macri, por poner algunos ejemplos. Los unifica la lucha contra la corrupción pero no alcanza para ser gobierno o establecer acuerdos con fuerzas externas. UNEN nació en Capital para vencer al PRO, entonces cómo se conjuga esto con buscar a Macri en el escenario nacional. Apoyarse en Macri, para vencerlo es un contrasentido.

Este contrasentido atenaza a UNEN en la ciudad de Buenos Aires. Sus legisladores y sus jefes políticos deberán ser más precisos a la hora de aspirar a ser gobierno o para resolver problemas a los ciudadanos como es el caso del Instituto.

La fractura como modus vivendi

Ahora, que se van acallando las voces de tantos argentinos que durante el último mes confraternizamos frente a televisores, con compatriotas que nunca habíamos visto y que jamás volveremos a ver. Ahora, que la luces de los estadios se apagaron y la selección nacional ha dejado de ser centro de charlas y encuentros; que el humo de los combates botineros se ha marchado tras la línea del horizonte, pienso, que es llegado el momento, al menos para quien esto escribe, de compartir algunas reflexiones producto de cierto sabor amargo que las declaraciones presidenciales provocaron en mi ánimo y que vienen a confirmar lo que la mayoría de los habitantes de este país sospechamos desde hace un largo tiempo.

Antes que nada, huelga decir que los argentinos nos sentimos orgullosos de haber sido activos espectadores de este Mundial al cinchar parejo por el éxito futbolero. Algunos ejemplos: promesas, esfuerzos personales, propuestas de cambios, viajes multitudinarios para apoyar a los muchachos, cábalas infalibles, modificaciones de hábitos, costumbres y modas, todas conductas muy humanas, que habla de cierto pensamiento mágico que nos vincula y emparienta, además, con nuestros antepasados remotos al momento de ofrecer un cordero a los dioses tutelares y de esta forma manejar el destino, la naturaleza o la suerte. ¡Hombres al fin y al cabo!

Al llegar a la patria la Selección Nacional, la Presidente de la Nación les dio la bienvenida a los jugadores y los técnicos en el predio de la AFA, en Ezeiza. Lo hizo en el marco de un encuentro descontracturado y sencillo. En el centro y rodeada por los jugadores, les habló con cierta complicidad canchera, ponderando los valores que esta selección ha mostrado a los argentinos: trabajo en equipo, espíritu de cuerpo, solidaridad, compañerismo. Buenos ejemplos que nos ha dejado, al decir de 678, la “Década Ganada”.

En el mismo sentido se expresó el senador Aníbal Fernández en un artículo y en declaraciones radiales. Hago notar que fueron muchos los comentaristas deportivos, políticos, sociólogos y tantos otros que observaron los mismos valores. Sin embargo, el kirchnerismo, que todo lo bueno y lo sano lo asocia a su estilo político, una vez más metió la pata. O para decirlo cortito y al pie, Cristina Kirchner, Aníbal Fernández y 678 se apoderaron de esos ejemplos arrastrándolos por el fango, al borrar con el codo lo escrito con la mano.

Inmediatamente de ponderar lo colectivo y el valor de la unidad para la existencia de una nación, pidió memoria a los muchachos, rogándoles recordaran lo mal que habían hablado de ellos y del director técnico el periodismo descreído y pesimista al que se sumaron muchos argentinos. ¡Unos y otros! ¡Los buenos y los malos!

El cristinismo no puede con su genio. La fractura como modus vivendi forma parte de su política y estructura psicológica. La mirada conspirativa como estilo de vida es una construcción ideológica pero también mental. Fuerzas oscuras que conspiran permanentemente y la luz de los buenos emergiendo victoriosos de entre las brumas. Demasiado sencillo para ser cierto.

La Patria y sus símbolos

Cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata, en el futuro República Argentina, iniciamos el camino de la independencia nacional, se hizo indispensable contar con símbolos que nos unificara, nos diera identidad y al mismo tiempo nos recortara del viejo amo colonial.

Fue la Asamblea del Año 13 la encargada de llevar adelante las primeras resoluciones sobre nuestra simbología. El Escudo Nacional, el Himno y la Bandera azul y blanca fueron reconocidos como tales. En el caso de la Bandera, la Asamblea, fue algo ambigua en su resolución aunque autorizó al Director Supremo, Ejecutivo Nacional creado por ella, a portar una banda con esos colores. Al mismo tiempo mandó retirar, de todos los organismos públicos o privados los emblemas que recordaban la simbología goda.

Sobre el Escudo Nacional mucho se ha escrito acerca de la influencia cultural que le dio sentido. El debate se centró fundamentalmente en el origen del sol. Si se trataba del sol inca o del sol griego. Esto es, de la influencia de la historia clásica europea o de la historia americana de los Incas. No quedan dudas del aporte incásico en nuestros símbolos, en el himno, e incluso en el debate sobre nuestra forma de gobierno, cuando en el Congreso de 1816 Belgrano defendió la idea de una Monarquía Inca.

La Revolución francesa con sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad hizo su aporte, verificado en el gorro frigio del Escudo. Lo cierto fue que todos estos estandartes recorrieron el continente del brazo de los Ejércitos libertarios como también de las fuerzas criollas que enfrentaron en diversas circunstancias la agresión extranjera. La unidad nacional y la organización constitucional de nuestra patria se hicieron, también, a la sombra de nuestros símbolos patrios, tanto, como el ejercicio de nuestra soberanía sobre la totalidad del actual territorio nacional. En definitiva los símbolos nacionales son emblemas de encuentro, consensos y unidad nacional.

Los pañuelos blancos

¿Qué representan estos pañuelos para que una inmensa mayoría de nuestros Diputados hayan votado afirmativamente una ley que los transforma en símbolos nacionales? ¿Acaso la defensa de la soberanía nacional? ¿La unidad de los argentinos frente a un enemigo extranjero? ¿O el emblema de una vida democrática y republicana? Lo que sí expresan es el dolor de las madres y abuelas que perdieron sus hijos o nietos en una guerra fratricida que dividió en partes desiguales a los argentinos.

Hubo a lo largo de nuestra historia distintos momentos de crisis entre compatriotas pero jamás el terrible error de proponer como símbolos de la argentinidad los emblemas de los federales o unitarios, de provincianos o porteños, de conservadores o radicales, de peronistas o socialistas o de cualquier fracción política por encima del conjunto. Esa idea de levantar el emblema de una minoría sobre las mayorías o al revés, surge de un espíritu de facción al servicio de la fractura nacional. Es un error que habrá que enmendar.

Como dijimos, estos pañuelos expresan el llanto de una época aciaga de la patria pero lo que los diputados y en el futuro los senadores debieran saber y contemplar a la hora de votar es que el dolor, genuino y humano de las madres, se derrama sobre unos jóvenes y no tan jóvenes que lucharon por instalar una dictadura armada en el país, apoyada por fuerzas extranjeras radicadas en Cuba y la Unión Soviética.

Sería como instaurar en calidad de símbolos patrio, también, el luto que llevaron los familiares de los maturrangos muertos en Sipe-Sipe, Ayohuma o San Lorenzo. Frente a este grave error político no he escuchado ni leído ningún comentario del Instituto Dorrego o del Juan Manuel de Rosas como tampoco de la Academia Nacional de la Historia y demás Institutos Nacionales.

La Ley sancionada en Diputados es el más claro ejemplo del espíritu divisionista y de facción que anida en la ideología kirchnerista y ha impregnado a un amplio sector de nuestra ciudadanía.

El último Perón

Conversando  con el doctor Carlos Menen, en el año 2009, con el objetivo de recuperar algunos recuerdos de su vida política, el ex-presidente me contó que siendo gobernador de La Rioja se había reunido, hacia fines de 1973, con el entonces Presidente de la Nación, el general Perón.

El motivo de aquella conversación fue poner al tanto al caudillo justicialista de las dificultades económicas de La Rioja y las escasas posibilidades de generar trabajo genuino para  su gente.

Perón, con el gracejo y el humor que lo caracterizaba, le dijo que ya conocía el problema: “¡Al fin y al cabo mi mujer es riojana! Y me ha contado que hasta  las langostas cuando ingresan a la provincia lo hacen con mochilas provistas de viandas”.

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Relato y realidad

Cada época o tiempo histórico tiene su relato. Esto es, un conjunto de ideas, valores y principios que explican y, de alguna manera, conducen el devenir.  Este relato es una construcción teórica realizada por filósofos, pensadores, intelectuales, economistas, poetas, escritores, músicos, entre algunos de los creativos, que consciente o inconscientemente reflexionan y racionalizan la realidad. Como la historia es un continuo, es natural que las ideas acompañen ese acontecer o lo promuevan según la corriente filosófica en la que uno se incluya: la que cree que la realidad material es la que evoluciona y las ideas acompañan, o aquella que sostiene que son las ideas las que modifican la realidad, existiendo entre estos dos extremos una amalgama de ambas. No será éste el tema del presente artículo.

Con la revolución americana, la institucionalización de su república y finalmente la revolución francesa, las ideas liberales abrazaron todo el siglo XIX, promoviendo el crecimiento exponencial del capitalismo. En el caso de la Argentina vienen a cuento aquellas palabras del general Perón: “Todos somos hijos del liberalismo creado por la Revolución Francesa.”  Citando nuevamente a Perón, ese ciclo virtuoso culminó con la Primera Guerra Mundial: “En 1914, para mí, comienza un nuevo ciclo histórico que llamaremos de la Revolución Rusa”

La naciente etapa requirió de un nuevo relato que la explicara y facilitara. Además, su arrollador avance trajo aparejado dos cuerpos de doctrina o ideologías que se disputaron el siglo: el nacionalismo y el marxismo, y finalmente una combinación entre los dos pensamientos. Este período vio crecer los movimientos de liberación nacional, la lucha contra las naciones imperiales, el nacionalismo industrial, cultural, el proteccionismo y la autarquía económica. El vivir con lo nuestro como paradigma de la nacionalidad enfrentado a las fuerzas “extranjerizantes” expresadas por aquellos sectores vinculados al mercado mundial, que la palabra oligarquía los describía acabada y despectivamente. Este esquema con sus más y con sus menos tuvo vigencia en buena parte del siglo XX y fue promovido por la revolución soviética y la crisis del 30.

La mayoría de los partidos políticos de la novedosa fase cayeron bajo la influencia del paradigma de su época . Conservadores, peronistas, radicales del programa de Avellaneda, desarrollistas, incluido algunos liberales aggiornados. Ahora bien, ese mundo nacido con la revolución rusa, corregido y aumentado por la Gran Depresión, ha desaparecido. La caída del Muro de Berlín, la implosión de la Unión Soviética, el fin de la Guerra Fría y el fenomenal boom tecnológico dieron por tierra con todo un siglo. Los tiempos que corren ameritan un nuevo relato y otra explicación a treinta años de la novedad que no puede dejar afuera valores y principios asociados a un novedoso liberalismo social.

Malvinas y los fondos buitre

La comparación y el peligro del que hablan políticos y periodistas, que encierra la igualación por parte del gobierno actual con el de Galtieri, no tiene asidero ni punto de comparación. Intrínsecamente, no es lo mismo defender o intentar recuperar lo robado que pagar deudas contraídas. Pero lo que fundamentalmente ha cambiado es el mundo en el que se dio el conflicto de Malvinas y el actual.

En 1982 aún se vivía bajo la pesada carga de la Guerra Fría, hacía cuatro años que el Frente Sandinista de Liberación había tomado el poder en Nicaragua y tres que el ayatollah Khomeini dirigía los destinos de Irán. Es decir, el capitalismo liberal no salía aún de la formidable derrota de Vietnam. El entusiasmo del nacionalismo y de la izquierda fue tan manifiesto que creyó posible el triunfo de Malvinas, pensando que la Unión Soviética velaba desde las sombras. En ese mundo bipolar, al decir de Hernández, siempre había “un palenque ande rascarse”.

En la actualidad, el capitalismo ha triunfado en todos los frentes y la Argentina se halla, propiamente, en el centro geopolítico de los vencedores. Cavilar como en aquellos años es un disparate fenomenal en el que incurren sectores de izquierda y del kirchnerismo. No hay dudas que Cristina ha virado hacia posiciones amigables al capitalismo mundializado. Hace más de un año y en vísperas de una reunión en Naciones Unidas la Presidente aseguró que por su formación político-cultural, en la década del 60, miraba con desconfianza el proceso de globalización, pero después de diez años de gobierno lo observaba como una oportunidad. ¡Finalmente se asomó al mundo!
Estas palabras son ignoradas por la izquierda kirchnerista que ya no tiene dónde aferrarse. Patria sí, buitres no, vociferada en una raleada concentración espectral, suena tan añejo como Patria sí, colonia no, de los años 40.

El kirchnerismo, sobre su ocaso, le hace un gran favor al país al dejar a la deriva al infantilismo político.

La estatización del pensamiento

Con motivo  del nombramiento del militante de Carta Abierta, Ricardo Forster, como Secretario de Estado para coordinar el Pensamiento Nacional, muchas voces se levantaron y el asunto aparece como muy opinado. El periodismo y la intelectualidad  han dejado correr páginas y declaraciones donde una de las preocupaciones centrales ha sido: ¿le corresponde al Estado llevar adelante dicha tarea?  Las respuestas fueron muy variadas y en general críticas.

Por mi parte me pregunto: ¿es saludable estatizar al pensamiento como se hizo con las AFJP, Repsol, Aerolíneas, Ciccone y demás yerbas? Estatizaciones acompañadas por un abanico social y político muy amplio de la sociedad argentina que creen ingenuamente que el avance del Estado siempre es necesario para la defensa de la Patria. Bueno… ¡ahora no se quejen! El gobierno nacional ha decidido estatizar el pensamiento para impedir que se diluya y se contamine por el neoliberalismo, que naturalmente ¡siempre es extranjerizante!

 

¿Qué es el pensamiento nacional?

La idea del Pensamiento Nacional surgió en la Argentina de la mano del nacionalismo, cuerpo doctrinario que hizo furor en el mundo inmediatamente después del Primera Guerra Mundial. En nuestro país  ingresó, gracias al libre fluir de las ideas, en la década del 20’y como hecho político, con el golpe de Estado del 30’, en la figura de Uriburu. Desplazado del poder, dos años después,  alcanzó la Presidencia el general Justo, un hombre que se reivindicaba liberal, pero que sin embargo debió implementar medidas intervencionistas porque la atmósfera mundial torcía la brújula hacia esos lares. El nacionalismo vernáculo, sin embargo, bautizó a esos tiempos como Década Infame casualmente por intentar Justo, al menos desde las ideas y los discursos, asociarse al liberalismo que en el mundo estaba de capa caída. El nacionalismo, entonces, ganó adeptos también en la Argentina; y sin lograr constituirse en partido político alcanzó algo mucho más trascendente, instalar la ideología nacionalista, nacida en Europa, como esencia y componente sustancial de nuestra cultura, mejor dicho, construir en el imaginario popular e intelectual la idea de  que nuestra cultura guarda en sus pliegues, componentes nacionalistas que provienen de un pasado remoto y arcádico. Confundiendo aviesamente cultura con ideología. Pues los nacionalistas no aceptan que su dogma es una construcción intelectual moderna, precisamente del siglo XX. El revisionismo histórico fue su más alta creación en el territorio del pensamiento argentino.

Así las cosas el nacionalismo permeó a la totalidad de los partidos políticos e impregnó con sus principios las décadas siguientes. Estatismo, intervencionismo, nacionalismo cultural fueron algunos de los valores que hicieron furor en la década del 60’ y el 70’.  Ganó al peronismo, a los radicales del programa de Avellaneda, a los Demócratas Progresistas de Lisandro de la Torre, a los conservadores, a los desarrollistas e incluso a ciertos socialistas.

Sin embargo el mundo del siglo XXI ha dado una vuelta de campana respecto de aquellos años. Huele a viejo esta ideología que ha perdido el encanto de la controversia para transformarse en una “cultura oficial”. Congelada en el pasado y en el poder.

Recuerdos de una conversación con Carlos Menem

Fue durante el año 2009 que visité al ex presidente Carlos Menem en su casa del barrio de Belgrano. Durante diez encuentros conversamos sobre su gestión. Le formulé preguntas no pactadas, absolutamente  abiertas, tendientes a recuperar en su memoria, algo frágil por esos años, viejos recuerdos que evidenciaran su mirada política,   ideológica e histórica  tanto como a sus valores y principios. No pretendía escribir un libro de historia de su presidencia sino más bien una aproximación a su personalidad y a su forma de concebir la política. Aspectos que no aparecen en discursos, declaraciones o escritos que con seguridad siempre redactan otros. Treinta horas de grabación, como las que poseo,  me hubieran permitido la realización de la obra que nunca hice, no obstante mi compromiso de realizarla. Deuda que no creo vaya a saldar alguna vez. De todos modos en cortos artículos periodísticos narré algunos pasajes de aquellas conversaciones. En esta oportunidad, y a propósito de las declaraciones de Zulema Yoma respecto de la muerte de su hijo a consecuencia de un atentado – hipótesis que ella siempre sostuvo-,  me veo liberado de una decisión mía de no escribir sobre este asunto tan controvertido como doloroso.

Zulema afirmó que  finalmente su ex marido  le había reconocido, en el mes de enero, la posibilidad del atentado. Más allá de que sea una confesión sincera o el firme deseo de acabar con la controversia matrimonial que anímicamente lo tenía a mal traer al ex Presidente, según me lo confesara en las conversaciones, lo cierto fue lo que me dijo y que transcribiré, sin asumir posiciones personales.

LA CONVERSACIÓN

Ese día, el 14 de abril del 2009, el  ex Presidente se hallaba un poco retraído y apocado, hablaba lento y meditaba mucho antes de responder. Al narrar el desgarro de su alma por aquella muerte y por la enorme tristeza en que se había hundido  Zulemita, le pregunté:

-¿Por qué Zulema cree que no fue un accidente?

- No sé, la verdad es que no sé. Pero todos los datos indican que fue un accidente. Aunque hay cosas que no se saben, por ejemplo quién iba piloteando el helicóptero, si Carlitos o su amigo Oltra.

- De todos modos no entiendo, con todas las evidencias que hay, que ella siga sosteniendo  la idea del atentado (le dije).

- Bueno, es la madre y la intuición puede hacerle pensar una cosa así.

- ¡Pero la intuición muchas veces puede  llevarnos a la verdad!

- Sí, sí y máxime cuando la intuición es de una madre.

- ¿Entonces a usted le cabe la sospecha…?

- No, no…es muy difícil de responder.

- Sin embargo, Carlos, usted me habla de la intuición de la mamá.

- Sí, intuición de madre.

CONVERSACIÓN CON ZULEMITA

El 10 de noviembre del mismo año conversé con Zulemita. Es pública su postura: al igual que su madre afirma que la muerte de su hermano ha sido un asesinato.

- Lo único que yo sé es que a mi hermano lo mataron. Nosotros habíamos recibido amenazas de que nos iban a matar al punto que un día abro mi cama y encuentro en ella una bala. Carlitos estaba muy cerca de papá y antes de que lo toquen a mi papá debían pasar por encima de él.

- Entonces, hay otra hipótesis que no es la del tercer atentado, le espeté.

- Seguramente, no sé. Yo no quiero dar… si uno se pone a ver la causa ella habla por sí sola.

Me reservo la opinión de Zulemita respecto de quiénes podrían estar interesados en la muerte de su hermano.

Hasta aquí lo conversado con el doctor Menem y su hija. Personalmente, no tengo opinión al respecto. Y si he escrito esta nota, que insisto no pensaba realizar, ha sido por las declaraciones de Zulema. Quiera Dios que  esta familia halle la paz que se merece y pueda llorar a su hijo muerto en el sosiego de una única verdad compartida.