La decadencia política del progresismo

¿Entonces, el proyecto de reforma del Código Penal es garantista o no? ¿Disminuye las penas de los delitos, las mantiene o las aumenta? Ante el lío que se ha armado, los autores del proyecto niegan la reducción de las penas y acusan a Massa de demagogo, apresurado y oportunista. Lo cierto es que la sociedad desconfía del gobierno nacional y sus amigos progresistas, incluido Pinedo, y el líder dell Frente Renovador, quien sabe esto se montó sobre esa desconfianza. Cría fama y échate a la cama, así dice el refrán y el gobierno nacional ya no puede zafar del estereotipo.

¿Qué hay de cierto?

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La travesía

En el Facundo de Sarmiento hay una escena, descrita con pluma maestra, que exuda un enorme dramatismo. El caudillo riojano, huyendo de la ley, marchaba a pie por el desierto conocido como la Travesía, que une a la provincia de San Luis con la de San Juan. Arrastraba Quiroga su figura por aquellas polvorientas tierras cuando oyó, a lo lejos, bramar a un tigre. El animal cebado en carne humana buscaba saciar su vicio en las entrañas del caudillo. Apuró éste el paso, abandonó su montura y corrió a un débil algarrobo, alcanzando la punta, mientras se mantenía escondido en el ramaje, en constante oscilación.

Sus pertenencias que yacían con la montura fueron despedazadas por las furiosas garras del tigre que frustrado lo miraba desde el llano. Esta vívida escena en la que para salvar la vida se abandona todo, hasta el coraje, prevaleciendo la prudencia, me recuerda la huida de Cristina de la “revolución a la contrarrevolución”.

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Un Perón poco conocido

Cuando Juan Domingo Perón buscó una salida electoral para la Revolución del ’43, pensó en el dirigente radical cordobés Sabattini como su acompañante en la fórmula presidencial. “¡Al fin y al cabo yo también he sido radical!”, dicen que afirmó. La estrategia fracasó. Y el peronismo se hizo solo. ¿Fue radical Perón? Y en tal caso ¿qué tipo de radical?

Perón y el 6 de septiembre de 1930

En mi libro Perón liberal, he abordado con más detalles la participación del capitán Perón en aquella jornada. A los efectos de esta nota solo diré que se sumó a la revolución, invitado por su amigo el teniente coronel Descalzo (padrino de su casamiento con Aurelia Tizón) y el coronel José María Sarobe, bajo la conducción del general Justo, por quien Perón profesaba gran admiración y respeto. Este pequeño núcleo sumó a doscientos oficiales, persuadidos por la proclama redactada por Sarobe, que reemplazó la escrita por Leopoldo Lugones, expresión del nazismo vernáculo.

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El revisionismo reaccionario

El Diputado Carlos Kunkel (ex-montonero)  espada filosa del kirchnerismo duro,  que  en sus años mozos fuera un militante de la violencia; ahora,   en la tercera edad,  no pierde el estilo que genera, en ciertas corrientes ideológicas, el placer por la agresión y la brutalidad. Antes por las balas, ahora por los gestos y la palabra.

En una reciente nota que le hiciera el diario La Nación, y al solo efecto de  provocar desde el inicio al cronista, se sentó prácticamente envuelto en una bandera, prolijamente desplegada, donde se dejaba leer: ¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios!

De arranque no más y como un hematólogo rupestre buscó la sangre en el pasado argentino, para que las heridas no cierren, escarbando en la carroña de dos siglos.

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Fin de ciclo

La idea de fin de ciclo ya era escuchada, en sectores opositores al gobierno nacional, hace aproximadamente cinco años. La crisis con el campo parecía haber marcado los límites de un proyecto que se sustentaba en las inversiones de los 90’, la formidable devaluación del 2002, la pesificación asimétrica y el aumento del precio de los productos exportables argentinos.

Estas variables posibilitaron cinco años de expansión del gasto y del consumo que no se correspondieron con inversiones productivas, ni mayores puestos de trabajo que acompañaran el crecimiento vegetativo. Fueron recuperados, sí, a los niveles del 97’, pero los guarismos de la desocupación descendieron, merced a que el Estado creo un millón cuatrocientos mil nuevos empleos, y los planes sociales, que hicieron de un desocupado un “trabajador”.

Si han mentido con la inflación se imagina el lector como lo habrán hecho con los guarismos de los sin trabajo.

Cuando efectivamente se llegaba al final del modelo por déficit fiscal, y al fracasarle la resolución 125,  el gobierno manoteó las AFJP y se alzó con los dineros de los jubilados. Como esos depósitos ya no alcanzan, (se desconoce la situación real del sistema, en una palabra cuánto dinero vivo queda) se abalanzaron sobre la recaudación impositiva de las provincias y sobre las reservas del Banco Central, total “las hemos juntado nosotros”, afirman sin publicarlo, al mejor estilo de amos de hacienda y tienda.

 

La sustitución de importaciones

El intento fallido mercado internista  o de sustitución de importaciones con el que se llenaron la boca de alabanzas hoy revela que se ha quedado a mitad de camino, como no podía ser de otra manera en un mundo globalizado.

Nuestra industria demanda divisas normales para épocas normales, pero como los tiempos que corren en el país no son normales, se le restringen los dólares que necesita para seguir andando. Como el gobierno ha sido duro con el capital internacional, no consigue inversiones que sustituyan los dólares faltantes.

Aquí el déficit no se ha producido por demanda de industria de base, como fue característica de la argentina  industrial sustitutiva no exportadora, iniciada en el 30’.  Nuestra industria hoy es exportadora.

El déficit se ha producido por otras razones: crisis energética, subsidios, corrupción, hostilidad al clima de negocios y a las inversiones, pagos de deuda que podrían haber sido refinanciados a bajas tasas de interés si se hubiera acomodado nuestra relación con el mundo financiero internacional en vez de denunciar al imperialismo y gritar como tarados patria sí, colonia no. La autarquía que el gobierno vincula a la independencia económica era un buen discurso en un mundo autárquico, no en esta época de globalización cuando los capitales se dirigen a cualquier punto del globo que los trate bien a desarrollar y promover industrias globalizadas.

Nadie invierte en el país. Ni argentinos ni extranjeros. El gobierno nacional con su discurso torpe de revolucionarismo kisch los espanta. Entonces ni chicha ni limonada. Ni revolución ni capitalismo amigable. ¡Así es el retroprogresismo!

Hoy ha llegado a las filas del kirchnerismo el clima de final de juego. Y en el kirchnerismo los caminos se bifurcan. Por un lado los que gobiernan; de manera vergonzante, devalúan, buscan dinero afuera, de las cerealeras, del campo, es decir de los poderes hegemónicos (Laclau dixit) y por el otro  los que afirman  “lo peligroso es una revolución incompleta”,  los que dicen  “Lo defendemos o retrocedemos”  o los que enojados escriben “si bien se han tomado medidas que no se querían tomar es necesario pensar de nuevo y creer una nueva actitud”. También están los que plantean la nacionalización  del comercio exterior o  la creación de un Instituto a cargo de las exportaciones y negociar ventas y compras de Estado a Estado como en el 30’. Ocurrido esto, que podría ser factible puesto que perduran culturalmente en el imaginario del peronismo añejo y del progresismo no gubernamental las ideas  estatistas de los 40’, el dinero de todos modos  se va a terminar. Quedarán entonces  los depósitos bancarios,  las riquezas personales,  la totalidad de la propiedad privada y tutti cuantti.  ¿En qué mundo viven?

 

El síndrome de la desilusión

Hay una enorme desilusión en el partido de gobierno. Buscan la revolución fuera de época. Por otro lado no han construido una cultura para la revolución. ¡Todo fue jarabe de pico!

No cuentan con un sujeto histórico que la impulse, una fuerza social real que se ponga al hombro la tarea. El movimiento obrero no va para ese lado.

Coquetearon con la delincuencia y los barras bravas, a ver si de Vatayón Militante salía algo capaz de impulsar los cambios revolucionarios. ¡Un disparate colosal!

Finalmente se esperanzaron en un grupúsculo de jóvenes ambiciosos, estatistas al decir de Jauretche, porque viven del Estado, y de otros, al frente de organizaciones sociales fantasmas. Últimamente apuestan al Ejército. De todos modos han tenido que colocar un Jefe que, para que sea aceptado por la tropa, tuvo que participar en la lucha contra el terrorismo como de hecho lo hizo Milani.

Sin sujetos para el cambio y sin votos. ¡A  taparse  la nariz y devaluar.  Con seguridad. Podremos estar peor.

Scioli y las fuerzas armadas

Cuando el gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli solicitó, días atrás, rediscutir la Ley de Seguridad Interior que inhabilita al Ejército a ocuparse de asuntos internos como son el narcotráfico y la delincuencia, todo el arco progresista de la oposición y del gobierno nacional unieron sus voces para acallar la petición de Scioli. Esta fatal coincidencia explica, entre otras cosas, por qué este gobierno tuvo el apoyo entusiasta, desde el comienzo de su gestión, de todo el arco progre, por más que ahora se hagan los desentendidos y se corran espantados de lo que ellos habilitaron con sus palabras de aprobación.

Es que en los puntos centrales de toda gestión moderna como son la seguridad, el rol del Estado, la política exterior y el modelo educativo, las coincidencias son llamativas. Sólo Macri observó como positiva esa posibilidad.

¿El peronismo habló por Scioli o está escondido?

Las fuerzas armadas en la historia nacional

Desde  las invasiones inglesas, pasando por la guerra de la independencia y los conflictos por la organización nacional, el Ejército fue un factor decisivo en la construcción de la Patria. Organizado y unificado el país luego de Pavón (1861) comenzó a prefigurarse un Ejército nacional y  profesional cuyo bautismo de fuego fue la guerra de la Triple Alianza. El paso siguiente, aunque el problema venía de larga data, fue abordar de manera definitiva el grave problema indígena y darle una Capital al país. Esto es, terminar con los robos y asaltos a pueblos y estancias por parte de los indios pampas que en sus correrías arreaban el ganado, su gran negocio, tanto como el secuestro de  mujeres. Las famosas cautivas. Heroínas rurales sometidas a las peores bajezas.

El asunto indígena era un problema de seguridad interior y exterior, en la medida que los pampas, dominados por los mapuches, se reconocían chilenos y el país hermano así los consideraba para sus reclamos por la posesión de la Patagonia. Fue el general Roca quien abordó la cuestión que venía dando vueltas sin que nadie se atreviera a darle un corte definitivo.

El Congreso Nacional sancionó, entonces, la Ley 947 y el Ejército a las órdenes de Roca acabó con la  inseguridad interior y exterior. Un diario opositor al tucumano, El Nacional,  tuvo el coraje de reconocer que “finalmente ha desaparecido la causa de vivir armados”.

Algunos años después las FFAA volvieron a involucrarse en, lo que ya nadie duda fue, la revolución social más importante de la historia patria: el peronismo. Esta revolución no podría haberse dado sin el apoyo de las FFAA.  Hoy día la justicia social es un valor indiscutible de todo el arco político a derecha e izquierda. Patrimonio de los argentinos.

Otro momento decisivo fue la incorporación de las FFAA a la guerra contra la subversión. Transitaba el gobierno de Isabel Martínez de Perón y las organizaciones armadas habían pasado a la clandestinidad y apuraban la lucha final contra la democracia y el sistema capitalista. En el marco de la Guerra Fría formaban del lado de la URSS y de Cuba, en pos de una dictadura militar, pues esto pretendían las organizaciones terroristas militarizadas. Desataron una tormenta de crímenes sobre todo aquello que identificaban con el capital imperialista. Enemigo central de los soviéticos y sus aliados mundiales.

En síntesis organizaciones armadas aliadas a fuerzas extranjeras se enfrentaron a sangre y fuego contra el gobierno nacional surgido de la voluntad popular. En esa grave situación el gobierno peronista sanciona el decreto 261/75  y otros adicionales con el objeto de neutralizar o aniquilar a los elementos subversivos que actuaban en el país.

El desenlace todos lo conocemos. Las FFAA con sus errores y brutalidades salieron triunfantes de esta guerra que de algún modo anticipó lo que luego sería la caída del Muro de Berlín y del comunismo. Y aquí hay que discriminar la obligación que tenían las FFAA de aniquilar a la guerrilla por orden de un gobierno constitucional y el golpe militar inducido por  una camarilla ávida de poder.

El Ejército hoy

Colombia, México y Brasil han incorporado a sus FFAA a lucha contra la el narcotráfico. Scioli plantea el caso y el ministro de Defensa y el progresismo vernáculo arguye que sería un disparate. El ministro y los partidos progresistas  deberían, entonces,  explicarnos cómo se preparan para dar esta batalla  que pone en riesgo la continuidad de la Argentina como nación.

¡No tienen respuestas! Todo lo que han escrito en estos días es un decálogo de buenas intenciones pero ninguna acción concreta. No saben cómo abordar el problema. ¡No tienen soluciones! Mientras tanto el problema avanza y las bandas de narco corrompen, preferentemente, a los jóvenes sumergidos en la pobreza.

 

Revisionismo y peronismo

La primera guerra mundial, la revolución bolchevique y la crisis del 30 trastornaron al mundo de tal forma que nada de lo que quedó en pie podía recordarnos ya al siglo XIX. De esta manera, violenta y abrupta se inició uno de los peores siglos de la historia de la humanidad: el siglo XX. Un tiempo de lucha salvaje e inhumana en el cual los hombres se destruyeron sin piedad por razones ideológicas, cuasi religiosas. El liberalismo, herencia de la revolución francesa y norteamericana, se retiró de la escena mundial abatido por la irrupción de dos grandes sistemas, que al parecer sustituían la sed de absoluto del hombre moderno, carente ya de referencia sobrehumana. De este modo el marxismo y el nacionalismo venían a llenar un vacío que la metafísica estudiaba desde los tiempos de Aristóteles.

Tanto uno como otro de estos cuerpos doctrinarios desvalorizaron las instituciones hijas del demo-liberalismo. La división de poderes, la república, la democracia y la participación popular institucionalizada fueron barridos de la vida política. A derecha e izquierda no se creía más en estos valores. Un célebre escritor francés de inclinación progresista, Anatole France, afirmaba: “los pueblos gobernados por sus hombres de acción y sus jefes militares derrotan a los pueblos gobernados por sus abogados y profesores. La democracia es el mal, la democracia es la muerte. Hay un solo modo de mejorar la democracia, destruirla”.

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La crisis de los partidos políticos

Últimamente se lee o escucha que el peronismo sirve tanto para un barrido como para un fregado. Esto es, que como el camaleón “cambia de colores según la ocasión”. Se afirma que, en su afán de perpetuarse en el control de los cargos, sigue a pie juntillas las directivas de quien manda, que siempre es, al menos en los últimos tiempos, el que detenta el poder central. Esta “obsecuencia” lleva a pensar que se trata de un partido de Estado que responde ciegamente a las autoridades constituidas legalmente.

Se citan infinidad de ejemplos: es el partido que levantó la mano para privatizar y algunos años después las levantó para estatizar. ¡Como si fuera lo mismo! Es el partido que sostuvo la integración al mundo, el ingreso al Grupo de los 20, el paraguas con Inglaterra por el asunto de Malvinas y años después despotricó contra las potencias hegemónicas, las relaciones carnales y estableció una alianza estratégica con Venezuela y Cuba en contra de los EEUU como se vio en Mar del Plata en el 2005. ¡Cómo si todo fuera lo mismo! Es el partido que apoyó la desregulación de la economía y años después regula a tambor batiente. ¡Cómo si fuera lo mismo!

Es el partido de apertura al mundo que fomenta la participación de los sectores económicos, dinámicos y competitivos, en el mercado mundial y años después se cierra a “vivir con lo nuestro” al grito de “Patria sí, colonia no”. Cualquier individuo bien pensante, rápidamente, comprende que se trata de valores muy diferentes. Diría, opuestos. Imposible que estén al mismo tiempo en la misma cabeza y para abordar los mismos problemas. Esta ambigüedad, cierta intelectualidad más sofisticada, la comprende bajo el criterio de que la realidad mundial que le tocó al peronismo, a la caída del Muro de Berlín, no es la misma que la que tuvo que administrar a partir del 2001. Por lo tanto en un tiempo se privatiza y en el otro se estatiza. En uno se desregula y en otro se regula. En uno se está con el mundo capitalista desarrollado y en otro con el “socialismo del siglo XXI. ¡Así de sencillo! Veamos este último asunto.

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La Argentina que nos dejan

Puerto Madero ¡tan elegante y tan lejos de la Patria! El microclima que allí se respira no deja ver la realidad. Obnubila y ciega. La opulencia advenediza de negocios rápidos y políticos ligeros, ha hecho de este exclusivo reducto la residencia privilegiada de funcionarios kirchneristas, desde que Néstor abriera sus oficinas, al dejar la presidencia. Cierto o no, Puerto Madero es el emblema del kirchnerismo, como el Barrio Norte lo fue de la contra del peronismo clásico. Encerrados en esas cúpulas de vidrio y cemento observan en sus LED cómo el país se incendia sin atinar a una respuesta y una explicación que nos merecemos.

¿Qué han hecho con el país en estos diez años?

El conflicto social en el cual nos hallamos sumergidos fue disparado por las demandas salariales de las fuerzas policiales en una sucesión provincial sin precedentes. Pero si se cree que la intransigencia de los uniformados se debe sólo a sus bajos salarios, el error puede confundir, como distorsionan los ventanales de Puerto Madero. La realidad es que durante diez años las fuerzas policiales han sido bastardeadas por la atmósfera garantista del gobierno nacional. Las principales voces del kirchnerismo han sido duras y desconsideradas con las fuerzas del orden. Policía fue sinónimo de gatillo fácil. ¡Por decir poco! Solo un ejemplo. El 2 de febrero de 2009 caía asesinado en un negocio de San Isidro el oficial Garrido, querido y respetado por todos lo que lo conocían. Modelo de policía al servicio de la gente. El mismo día del entierro y lejos de allí, el ex presidente Kirchner en un discurso cargado de odio y resentimiento apuntaba contra la policía del gatillo fácil. No podía soportar el cálido homenaje que un pueblo le ofrendaba a un uniformado. De modo que una policía ofendida, ninguneada y mal paga es una bomba de tiempo. Y ahora ha estallado. Y el garantismo en el poder está aturdido.

La frontera

Los conflictos con saqueos y enfrentamientos entre sectores populares es lo novedoso de los años que nos tocan vivir. Suceden en la frontera que separa a los que viven con normas, trabajo y ciertos beneficios que la vida en sociedad ofrece y los que están más allá…casi en el abismo y que el gobierno nacional ha usado hasta la fatiga, merced a un clientelismo humillante y deshumanizador. La demagogia criminal del kirchnerismo ha consistido, entre otras cosas, en creer que la marginalidad y el delito, consecuencias del capitalismo salvaje, según afirman sus principales referentes, son los sectores dinámicos capaces de generar una brecha que abra el camino a una sociedad más justa. Sustituyeron al trabajador por el delincuente como sujetos de la historia. Y ahora que están en la calle robando y matando, ahora… justo ahora piden que toda la sociedad condene la barbarie. La caja de Pandora que estos irresponsables han abierto deben cerrarla ellos o declararse impotentes.

¿Qué pensar de un gobierno que tiene como referente fundamental al doctor Zaffaroni, que un giro alocado de su ideología ha afirmado: “Frente a la inseguridad creada en el mundo por el retroceso del Estado de Bienestar. ¿Cómo se compensa esta sensación? Mostrando que la principal amenaza que hay es el delito común” (La Nación, 18/2/09). Precisamente el día que asesinaban a Garrido.

La frontera arde y el gobierno la apaga con pequeños baldes de jardín maternal. O actúan de modo decisivo o la convulsión se los lleva por delante.

Treinta años de democracia y el Estado ha desaparecido

Que el gobierno ha perdido el rumbo lo revela la irresponsabilidad de conmemorar, en el marco de una decena de muertos, los treinta años de una democracia que no ha resuelto aún los problemas sociales y que clama al cielo por políticos más realistas. Si el gobierno no piensa bien, los artistas debieran decir que no. ¡No hay nada que festejar! Estamos de duelo. La Argentina está sumergida en la peor de las guerras sociales. ¡Cuánta razón tenía aquel titular irónico de la revista Barcelona cuando decía: “La redistribución ya se hizo. Lástima que no alcanzó para los pobres”. Y esta es la cruel realidad de nuestro país. La desigualdad ha escalado a niveles insoportables. La inflación y la ausencia de autoridad corroen las instituciones. ¿Dónde está Cristina?

De Lanusse a Cristina

Delincuentes, marginales, bajo pueblo o desesperados sociales, cualquiera sea la realidad de los saqueadores de Córdoba, o todas juntas. Más pícaros y avivados, lo cierto fue que la provincia de Córdoba ha vivido los acontecimientos sociales más violentos desde el Cordobazo, ocurrido en mayo de 1969. Naturalmente con las diferencias sociales y políticas tras cuarenta y cuatro años entre unos y otros. No hace a este artículo la descripción de los cambios sociales en casi medio siglo. Sí observar de manera inquietante la repetición de conductas de los principales actores políticos de uno y otro hecho.

La indolencia de Lanusse

Mucho se habló en su momento y hasta nuestros días de la actitud del comandante en jefe del Ejército, general Lanusse, en aquel caldeado 1969, sobre su lentitud para ordenar el avance de las tropas sobre la ciudad de Córdoba, sacudida por la tormenta social y destruida por la ira popular. Sabido era que la orientación política de Lanusse se inclinaba más por una salida electoral acordada con el radicalismo y eventualmente con el peronismo que continuar con el dislate de Onganía y el gobernador de Córdoba, Carlos Caballero, de implementar un corporativismo más cercano a los nacionalismos europeos que a una vida en democracia. De modo que, al parecer, Lanusse esperó para dar la orden de marcha cuando calculó que los violentos acontecimientos habían destruido políticamente al gobernador y dañado seriamente a Onganía. Una decisión peligrosa pero de exquisita filigrana política. El que fuera ministro del Interior de Onganía, durante aquellos acontecimientos, Guillermo Borda, muchos años después, en carta a La Nación aseguró: “Todo prueba que Lanusse demoró deliberadamente la acción del Ejército. ¿Cuál fue el motivo? Aunque tengo mi opinión al respecto, dejo librado al juicio del lector cuál fue la razón”.

Naturalmente, diferencias políticas fundamentales que ambos generales mantenían entre sí ha sido la razón de la lentitud del “Cano”. Corporativismo o democracia amañada, he ahí la cuestión.

En su libro Mi testimonio, el general Lanusse negó aquellas afirmaciones.

La indolencia de cristina

El gobierno nacional conocía los acontecimientos que desde la tarde del 3 de diciembre estaban ocurriendo en distintos puntos de la ciudad de Córdoba. Con suficiente precisión el gobernador De La Sota informó, luego, de todas las llamadas telefónicas realizadas solicitando el apoyo del gobierno nacional, que jamás contestó. El gobierno esperó hasta que la situación social-delincuencial dañara profundamente al gobernador, para enviar dos mil gendarmes a media mañana, siendo que a primera hora del día el jefe de Gabinete había rechazado todo tipo de apoyo logístico bajo la excusa de que las provincias son responsables de la seguridad jurisdiccional y el gobierno nacional respetaba el federalismo (sic).

En síntesis, a primera hora de la mañana el daño no era, aún, evidente. Se necesitaban más imágenes del caos y que los informativos hablaran sobre el asunto. Cuando las noticias habían penetrado en todos los hogares, llegó la orden de enviar efectivos. Capitanich ya no estaba pero estaba Berni. Para el caso es lo mismo, porque es evidente que hay una sola voz de mando: Cristina, quien deberá hacerse responsable de los daños ocasionados por su perverso cálculo político.