El neoiluminismo

Claudio Chaves

El progresismo, sea  kirchnerista o no, es una corriente de pensamiento que tiene su historia y sus raíces. Hace ochenta años, un gran novelista y escritor argentino opinaba así de ellos:

“El izquierdismo es un enemigo del orden, de la jerarquía y de la disciplina. El izquierdismo es el comunismo vergonzante: Los izquierdistas admiran a la Rusia de los soviets. Los izquierdistas, de cualquier pelaje que sean, son enemigos furiosos de la Iglesia, de la Familia, del Ejército. Los izquierdistas de este país no intentan establecer el comunismo ni el colectivismo, pero sí el divorcio, la separación de la Iglesia del Estado, el desarme, el culto de los incompetentes y la indisciplina social. Los izquierdistas son los destructores de la familia. El socialismo, y aun el comunismo, son, desde su punto de vista, lógicos; y algo tienen de respetables. El izquierdismo es el comunismo compatible con la camisa de seda y con cierto dandismo intelectual. (Manuel Gálvez. Recuerdos de la vida literaria)

Si a la palabra izquierdismo la sustituimos por progresismo estamos hablando del mismo fenómeno cultural que ya castigaba a los argentinos a comienzos del siglo pasado. Este movimiento político que no se proponía una sociedad alternativa como el comunismo que “algo tiene de respetable”, sino destruir los pilares básicos del ordenamiento social dado, sin sustituirlo, tiene más de nihilismo que de utopía. Por lo tanto lleva ínsita la ética de la demolición.

 

Las cosas por su nombre

En su camino de destrucción  de valores y principios el primer ataque lo ha recibido la realidad. ¡Si entre lo que pienso y lo real no hay correspondencia, el problema será, pues, de la realidad! Más o menos de esta forma cavila un progre. Para modificar la naturaleza de las cosas, la ciencia y la técnica  han dado excelentes respuestas. Lo novedoso es que ahora, progresismo mediante, son las palabras las que crean la existencia. En vez de expresarla o representarla, el lenguaje  inventa el mundo de lo real. El secreto consiste en crear en el campo del habla palabras o ideas capaces de sustituir lo evidente.

Esta forma de pensar tiene mucho de iluminismo. ¿En qué consiste esta experiencia? En construir una idea  y con ella  procurar modificar la realidad sin respetar las leyes internas e inherentes al devenir natural de los hechos. Por lo general destruyendo tradiciones y costumbres, o sea la historia  en la que estamos inmersos. “La razón ajena a la cultura, que se arroga la potestad de hacer todas las cosas de nuevo y mejor es, pues, tiránica.” (Safranski, Rüdiger: Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán.)

Desde que gobierna en nuestro país el  neo-iluminismo, ocurre que una construcción teórica se nos aparece como verdadera e inapelable. Veamos algunos ejemplos.

Lanata, provocador serial, pero sumamente creativo, ha metido el dedo en la llaga. Ignoro sus motivos, pero me ha dado pie para la presente reflexión. El periodista declaró que Florencia de la V no es madre, que es un hombre o que en tal caso  es un travesti. Lanata describió la realidad. Inmediatamente el mundillo de la intelectualidad progre se le fue encima. ¿Por qué? Porque las leyes y le progresía dicen otra cosa.

Se sancionó el matrimonio igualitario. Otro invento racionalista. ¿Desde cuándo el matrimonio es igualitario? ¿Hay algo más desigual y diferente que un hombre y una mujer? Son, estos últimos, los componentes naturales de la unión. Ahora bien, dos hombres o dos mujeres quieren unirse, que lo hagan. pero eso debiera llamarse de otra manera. El matrimonio es la unión de lo desigual y diferente.

“Pueblos originarios”, otro invento progre. ¿Originarios respecto de quién? ¿Acaso son los primeros hombres que llegaron a América hace treinta mil años?  Por supuesto que no. Claramente esta definición no es aséptica. Como la antigüedad da derechos, al plantearlo de esta manera tiene una carga despectiva y crítica hacia la cultura criolla que no es otra cosa que la cultura del encuentro.

Nunca menos. Con esta construcción intelectual violentan la realidad. Imaginan un progreso sostenido cuando la realidad indica lo contrario.

Finalmente, “Patria o Buitres”, reminiscencia de Patria sí, colonia no. El antiimperialismo de Chevron, del Ciadi, del Club de París, de Repsol y de haber pagado 190 mil millones de dólares al “capitalismo salvaje”, suena bastante raro. La realidad dice otra cosa.

El neo-iluminismo kirchnerista  descubre tarde que la realidad se impone por encima de las ideas que supieron construir.