Yrigoyen y Massa

Claudio Chaves

Corría el año 1897 y el país se preparaba para una nueva elección nacional. Gobernaba el doctor José Evaristo Uriburu, político salteño, referente y amigo del general Roca, que desde la presidencia movía las piezas para que el Zorro alcanzara la Rosada. El viejo resentimiento entre roquismo y mitrismo, renacía diecisiete años después. Don Bartolo, muy activo,  desplegó su influencia para cerrarle el camino a Roca, construyendo con el radicalismo naciente una propuesta denominada “las paralelas”. El entuerto consistía en que los radicales ponían al presidente que sería Bernardo de Yrigoyen, sin ningún parentesco con Hipólito, y el mitrismo al vice.

El radicalismo 

El partido radical  reconoce su origen en la denominada Revolución del ’90, cuando un rejunte de católicos, mitristas, como el mismísimo general, la versión progre del mitrismo como Alem  y también antiguos roquistas como don Hipólito Yrigoyen, desilusionado por diez años de gobierno del PAN, se alzaron en armas contra el gobierno de Juárez  Célman. No hubo, por cierto, homogeneidad ni sintonía de miras en aquellos revolucionarios; si bien  su intransigencia frente al fraude electoral los empujó en reiteradas oportunidades a acciones revolucionarias que conmovieron los cimientos de la República vacía de pueblo, no era creíble que el mitrismo dejara atrás su política fraudulenta y golpista. De modo que entre Hipólito y su tío Alem aparecieron serias diferencias que no es el caso narrar y que dejaré para otra oportunidad. El primero se refugió en la Provincia de Buenos Aires donde construyó su fortaleza dejando la organización nacional en manos de su tío, del mitrismo, como también de figurones de claro espíritu aristocrático como Bernardo de Yrigoyen. Para el exterior, esto es, para el pueblo de a pie el radicalismo era una opción de gobierno, sin alcanzar a percibir la fractura entre los dirigentes nacionales y el jefe de la Provincia de Buenos Aires.

Llegado el año 1897, como ya hemos dicho, el mitrismo se aprestó a cerrarle el camino a Roca complicando al radicalismo en la aventura de “las paralelas”. Hipólito que advirtió a tiempo el error de abrirle el camino al mitrismo, no dio su apoyo, clausuró el partido de su provincia encerrándose en ella para reconstruir una opción política novedosa y en la línea de las tradiciones federales que de alguna manera aún expresaba el roquismo.

Massa

Como observará el lector hoy la situación es muy diferente a la de aquellos años, incluido el posicionamiento político, sin embargo hay ciertos aspectos que el massismo debiera replantearse a la luz de lo narrado. Ninguneado a nivel nacional, ocultado y corrido de su armado en provincias por las fuerzas que hoy pretenden disputarse el escenario nacional, marginado económicamente por los grandes grupos económicos que contribuyen a manos llenas con las dos fuerzas políticas encumbradas, ninguneado por los grandes diarios y las encuestadoras generosas con los generosos; digo, frente a tanta adversidad el massismo debiera deshacer algunos acuerdos de provincia  y dejar otros que no pongan en juego la derrota de aquellos políticos que estén dispuestos a poner fin al garantismo, la delincuencia, el narcotráfico, el juego y la decadencia educativa. Clausurar, entonces, la lucha nacional, dejar en manos de De la Sota la presidencial, encerrarse en la Provincia de Buenos Aires, ganarla y marchar hacia el futuro. Es posible que le vaya bien. No está la Argentina y su pueblo  convencido, aun, de la guerra que hay que dar contra los grandes males que corroen a la Patria. Ya vendrán tiempos mejores.