El kirchnerismo como evento discursivo

La década es un lapso de extensión suficiente como para verificar si en el discurso público circulan nuevas representaciones sociales. Ideas que antes no estaban en la conversación pública y ahora, en cambio, comparecen sistemáticamente. Desde este punto de vista se puede aseverar que el kirchnerismo es un evento discursivo, un régimen de prioridades, énfasis, relaciones con los actores políticos y sociales realmente distinto al de las dos décadas democráticas anteriores.

Todo nuevo presidente de la República tiene la oportunidad de fundar su régimen discursivo con las primeras intervenciones públicas. Néstor Kirchner hizo uso de las prerrogativas que el poder otorga sobre el discurso público. Instaló una nueva agenda, la de la intervención del Estado para procurar la distribución de los recursos y la de los derechos humanos, concretada en el impulso a los juicios. Construyó sus enemigos: los noventa, la Corte Suprema menemista, las corporaciones. Encuadró un debate en el que quedaban marginados los republicanos y recuperaban capital simbólico los militantes de los setenta y la intelectualidad peronista de izquierda. En lo esencial, Cristina Kirchner prosiguió a partir de esta matriz discursiva, con una diferencia fundamental, creo yo, respecto de la estrategia de enunciación.

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