La paz entre La Habana y Caracas

El mal momento de las negociaciones de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC que se adelantan en La Habana está relacionado con muchos factores. Una agenda más amplia de lo que se cree. Vamos para ocho meses de trajín y ni siquiera se ha podido evacuar el primer punto, si el tema agrario ha sido duro, qué decir del que trata de la participación política que muchos “gestores de paz” despachan como si el gobierno estuviera conversando con los integrantes del coro de niños cantores de Viena. Una actitud insolente de los delegados de la guerrilla que va desde su desafiante discurso de Oslo hasta la negación de víctimas a resarcir, y exigencias fuera de foco como la de convocar una constituyente, reducir el tamaño del ejército, abolición de los TLC y cambio del modelo económico.

Nada conmueve a los delegados de las FARC. Parece que la vieja consigna que señala como máximo objetivo la toma del poder por la vía armada sigue vivita y coleando. En el imaginario colectivo persisten, con toda razón, los malos recuerdos del Caguán. Ni siquiera la benevolencia del Fiscal General y de los jefes políticos de la U y del liberalismo, que les prometen cero prisión y amplias facilidades para la participación en política. Ninguna exigencia como si se tratara de un préstamo bancario para comprar carro.

Continuar leyendo

No hay izquierda sin derecha y viceversa

Si la política, como dijera alguien, es dinámica, entonces hemos de aceptar que las nociones que la constituyen también son dinámicas. Uno de los temas más importantes en cualquier sistema, doctrina, corriente u organización pública moderna es el atinente a su ubicación en el espectro político.

Los franceses en plena agitación revolucionaria inauguraron un sistema clasificatorio que pervive hasta el presente. En la Asamblea Nacional los diputados más moderados se sentaban en el lado derecho del recinto parlamentario, eran los girondinos. A la izquierda se sentaban los más radicales, los jacobinos.

Continuar leyendo

Paramilitares y FARC: parecidos y diferencias

Es cierto que las negociaciones de paz entre el Estado colombiano y los grupos paramilitares no fueron perfectas, que hubo impunidad, que un porcentaje superior al 10% de los desmovilizados han reincidido en la delincuencia. Pero, si de hacer memoria se trata, como lo planteó María Elvira Samper (El Espectador, 6 de abril de 2013), sería saludable que la hiciéramos a fondo, contemplando todas las aristas del problema y de la coyuntura en que tuvieron lugar esas conversaciones en vez de citar aisladamente lo que a ella conviene.

Veamos: en primer lugar, los diferentes grupos de autodefensa se habían confederado y tomado la decisión de dejar las armas y cesar sus acciones violentas. Sus jefes, como ahora los de las guerrillas, pensaron que podían aspirar a hacer política, a obtener el perdón total y a no ir a la cárcel. Esto último estuvo en la mesa de diálogo, unos acuerdos iniciales fueron debatidos ampliamente por todos los sectores de opinión. El Polo Democrático, por ejemplo, llegó a decir que esa era “una negociación de yo con yo”, afirmación que recoge sin objeciones la columnista Samper. Todos los poderes públicos participaron en la estructuración del estado del arte finalmente consignado en la ley de Justicia y Paz. Las Cortes, el Congreso, el gobierno Uribe y la Fuerza Pública hicieron valer sus opiniones. Respecto de los hechos de violencia es constatable una reducción considerable desde que se inició el diálogo. El número de masacres al año, uno de los delitos que más dolor causaba entre la gente pobre del campo bajó de tres a un dígito, hasta desaparecer aquellas que tenían supuestas motivaciones políticas. La persecución y asesinato de líderes políticos también disminuyó considerablemente. Las fuerzas de izquierda y los líderes sociales pudieron adelantar su trabajo en condiciones más seguras. La izquierda democrática en 2006, con Carlos Gaviria, alcanzó la votación y la bancada más numerosa en su historia. No creo que apelar a acciones aisladas de saboteo de los compromisos sea un buen argumento para desdecir de ese proceso. Los que estudian con seriedad esas experiencias saben que siempre hay un margen de violaciones. Aclaremos que ahí no reside el embrollo y la duda con la negociación que se realiza con las FARC en La Habana.

Continuar leyendo

La guerra como unción

¿Se desatará finalmente la guerra entre Corea del Norte y la del Sur y Estados Unidos de América? ¿Qué busca el reyecito de un país que ocupa uno de los últimos lugares en desarrollo humano y donde miles mueren de hambre, con provocar un conflicto bélico de consecuencias desastrosas para todas las partes? ¿Hasta dónde puede llegar la inflamada retórica belicista de la dirigencia norcoreana y de su ejército que no obstante la pobreza del país es el cuarto más numeroso del mundo después de China, Rusia y Estados Unidos, y que posee misiles de corto, mediano y largo alcance, y, según se cree hasta armas atómicas? Estas y otras inquietudes son las que tienen en vilo a buena parte de la opinión mundial.

Continuar leyendo

El presidente Santos se molesta con las críticas

De nuevo desde el Palacio de Nariño mandan a callar. El presidente Santos se queja de la dureza de sus críticos, le parece que van demasiado lejos, que son ofensivos, que hacen política con la paz, con la fuerza pública, con San Andrés, con el desempleo, con todo, y a él le parece que eso no está bien, que hay gran injusticia e intereses oscuros detrás de esa “campaña negra”. Pero uno se pregunta: ¿será que el presidente da ejemplo de usar buen tono y armas leales en el debate? Fue él el que sembró la cizaña al traicionar el programa con el que fue elegido, al aliarse con los enemigos de las tesis que lo promovieron. Fue él quien empezó a hablar de una siniestra “mano negra” para referirse a las críticas iniciales a su iniciativa de paz, tildó de “partidarios de la guerra” y “guerreristas” a quienes le hacían observaciones sobre los términos entreguistas en que iba a sentarse a dialogar con grupos armados irregulares.

Continuar leyendo

Algunas verdades sobre las FARC

Todo tiempo pasado fue peor es el nombre de un libro con aroma nostálgico. Se trata de una larga entrevista concedida al sociólogo Juan Carlos Celis por Álvaro Delgado. Este personaje, de muy bajo perfil, según lo describe el profesor e historiador Medófilo Medina en el prólogo, fue durante 40 años militante del partido Comunista colombiano y por más de 30 miembro de su Comité Central (CC). A la fecha, tiene 82 años y dejó la militancia en la turbulenta década de los 90 sin renunciar a su empatía con el ideal de un mundo más democrático y más justo. Se destacó por su trabajo educativo en el frente sindical del partido. Las experiencias que él narra, con sabor a desengaño y decepción, no tienen ningún parecido con la voz de un “renegado” o “traidor” a la causa, como suele decirse de aquellos que abandonan el camino y la línea.

Continuar leyendo