Por otra década ganada

Los argentinos logramos en estos diez últimos años la recuperación de la autoestima y la esperanza, con mejoras sustanciales en un país que incluye a sus cuarenta millones de habitantes.

Los datos en tal sentido son contundentes. En materia de distribución del ingreso, la participación de los asalariados en el ingreso se incrementó de un 34% a un 48% de la renta nacional.

En distribución de la palabra, con la construcción de un nuevo mapa de medios que finalmente desmonopolice el esquema anterior.

En distribución del conocimiento, consolidando un modelo inclusivo en educación, con mayor presupuesto (6% del PBI), la construcción de más de 1200 escuelas en todo el territorio del país y la inauguración de nuevas y dinámicas universidades.

En materia de cobertura de la seguridad social, asegurando un aumento de la tasa de cobertura social del 65% al 95%.

Todo esto durante los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner. También conmueven, cuando hacemos una mirada retrospectiva, los testimonios de millones de personas que vieron recuperados sus derechos al trabajo, a la jubilación, al estudio, a un proyecto de vida en el marco de la transformación del Estado al servicio de un Proyecto Nacional.

Tuvimos que superar resistencias y oposiciones, tanto internas como externas. Han sido reiteradas las operaciones de vaciamiento de sentido que realiza la oposición sobre los logros realizados.

Diariamente soportamos la violencia simbólica que se ejerce desde el agravio y el prejuicio, por sobre la discusión y el respeto a la institucionalidad democrática.

Ante los peores escenarios tanto internos -crisis con “el campo”-, como externo -crisis económica internacional-, hemos tenido certezas desde la conducción política. Desde 2003, nuestro Presidente y nuestra Presidenta mantuvieron dos criterios: que la solución a los problemas tiene un carácter político antes que económico; y que debe sostenerse la demanda agregada, es decir la capacidad de compra de los sectores populares.

Es decir, una lógica que englobe al conjunto de la sociedad, garantizando su pertenencia e inclusión a través del empleo y un Estado presente que acompañe.

Algunos sectores de poder no nos perdonan este criterio de justicia social, o la actualización de la Asignación Universal por Hijo, o de las jubilaciones que semestralmente se hace por ley.

Quizás les duela que hemos priorizado el mercado interno y la reindustrialización por sobre la especulación financiera, con un marco macroeconómico que tiene soberanía en la toma de decisiones.

Esos sectores quieren convencer a la clase media que no tiene lugar en el proyecto nacional pero no es así, ya que el conjunto de la sociedad está mejor que hace diez años, y nadie se realiza en una comunidad que no se realiza.

Por supuesto nos queda una agenda de temas a resolver. Vivimos un proceso de transformación en paz, y la coherencia de las acciones consecutivas dentro de una racionalidad política, conlleva pujas permanentes en la productividad, en la redistribución de excedentes, en la ampliación de derechos para hacer más equitativa nuestra sociedad.

Para seguir avanzando, debemos superar la visión de “suma cero”. Porque no sólo se trata de repartir mejor la torta del ingreso, sino al mismo tiempo hay que agrandarla, como también se ha hecho durante 2003-2013, con la elevación del Producto Bruto Interno per cápita hasta casi 13.000 U$S. Eso es posible, así funcionan las economías desarrolladas, y para ello debemos disponer de más tecnología, más valor agregado.

También debemos seguir mejorando la productividad, y de ese modo aumentar los salarios para las grandes masas populares, al tiempo que se consolide un entramado económico nacional con altas tasas de reinversión.

Las soluciones encontradas en la última década, demuestran a las claras que tenemos la credibilidad para afrontar los desafíos que se abren el 26 de mayo. Tenemos la firme convicción que el rumbo seguido nos permitirá darle a nuestro país diez años más de felicidad para el pueblo y grandeza para la Nación.

 

Fuente: NA