Epidemias en Cuba, de eso no se habla

  El gobierno de Cuba informaba hace dos semanas que "en el total de pacientes atendidos, han sido identificados diferentes gérmenes, precisándose el diagnóstico del Vibrión Cholerae en 53 casos, de ellos 3 fallecidos adultos mayores, de 95, 70 y 66 años de edad, con antecedentes de enfermedades crónicas". De esta forma, el régimen cubano evitaba usar la palabra cólera, como se identifica popularmente al virus que se presenta como epidemia donde existen condiciones sanitarias deficientes, hacinamiento, guerra e inanición.   Es cierto que, como tantas otras epidemias, el cólera tiene mala fama entre los gobernantes del mundo, ya que habla a las claras de falta de las condiciones de higiene y salubridad necesarias para evitarlo. Precisamente, su contagio se da mayormente en alimentos mal lavados o agua en mal estado. Es por eso que estos brotes sólo se registran en países subdesarrollados.   Al respecto, al igual que hizo con el brote de dengue, el gobierno de Cuba está buscando ocultar esta epidemia mediante un solo comunicado bastante críptico y luego el silencio.   "Dicen que es para no crear pánico", comentó el periodista independiente cubano Luis Joaquín García Vega, quien recordó que a su colega Desy Mendoza lo enviaron a prisión en los 90 por informar sobre los primeros casos de dengue. García Vega manifestó que "según datos no oficiales, hay más de una decena de fallecidos, se rumorea, se dice, pero nada oficial".   Por su parte, el periodista Guillermo Fariñas sostuvo que mediante la prensa independiente se logra obtener algo de información, siempre con fuentes off-the-record para que éstas no pierdan el trabajo. Asimismo, el disidente político Frank Correa agregó que "los periodistas de los medios informativos apenas tocan este tema del cólera, pues quienes están emitiendo las pocas informaciones que salen son los dirigentes del partido especializados en tratar temas de seguridad nacional, bajo las orientaciones del alto mando, así que ninguno de los periodistas oficiales se arriesgaría a perder el puesto con una información objetiva, ni ningún periódico sería capaz de publicársela".   Correa, líder del grupo opositor Rescate Cultural, explicó que "el Gobierno ha admitido una cifra mucho mayor que la informada en días pasados, aunque continúa alegando que la situación está bajo control, porque es un hábito enraizado en la política revolucionaria no dar atisbos negativistas en sus informaciones al pueblo, cero crónica roja, ningún tipo de opinión que alarme a la población".   Además, "los periodistas informan bajo el riesgo permanente de ser arrestados y amenazados, siempre para saber de dónde es que obtuvieron la información", agregó Fariñas, Premio Sajarov a la libertad de conciencia 2010, otorgado por el Parlamento Europeo.   Hace ya varios años, el Premio Nobel de Economía Amartya Sen manifestaba que "nunca ha habido una hambruna importante en países que gozan de una libertad de prensa relativamente grande". Lo mismo podría decirse seguramente de las epidemias. La idea es que la libertad de prensa informará sobre los hechos de tal manera que "obligará" a los políticos (que buscan mantenerse en el poder) a tomar las medidas necesarias para resolver la situación a tiempo. Sin embargo, esto no parece preocupar a los hermanos Castro. "Es que la élite gobernante no tiene problema en conseguir jabones, agua potable y demás recursos para evitar estos virus, el problema está en los hospitales y en las ciudades del interior donde la situación de la vivienda es muy precaria", explicó Fariñas.   En la misma línea que Sen, García Vega explicó que la solución está en "la transparencia y la limpieza pública", ambas cosas que hace más de medio siglo que no existen en la isla caribeña. Correa, quien obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión que otorga el Proyecto Puente Democrático, aseguró: "Las condiciones sanitarias son pésimas en casi toda la Cuba profunda y las condiciones elementales para contrarrestar una epidemia de grandes proporciones son escasas, aunque no dudemos una cuarentena general para aislar los casos, o alguna medida sacada de debajo de la manga de los líderes comunistas".   Lo más alarmante en cierto sentido es que Cuba tiene una larga trayectoria en materia de lucha contra el cólera... pero en Haití, donde "los médicos cubanos han realizado una gran tarea en ese sentido, pero en Cuba las condiciones de sanidad son precarias a diferencia de lo que dice la propaganda oficial", informó García Vega. Fariñas también explicó: "Precisamente la preocupación del Gobierno por tener una buena imagen en la opinión pública internacional a través de las brigadas médicas que envía a Haití, Bolivia, Ecuador y Venezuela, entre otros países, hace que ahora resulte más difícil enfrentar esta epidemia en nuestra propia casa".   Así, el país que se muestra como modelo en materia de salud pública podría verse afectado por una epidemia de cólera, en especial porque -según informaron los periodistas locales- hay problemas con la recolección de la basura, las filtraciones en los acueductos que contaminan el agua potable y por doquier hay cloacas con salideros, lo cual sumado al clima tropical y húmedo se convierte en un caldo de cultivo para estas enfermedades.   La prensa oficial está en estos días abocada a informar sobre el proceso electoral que ha comenzado en Cuba. Un proceso que según las autoridades cumple con todos los requisitos de un sistema democrático. Sin embargo, a las claras incumple con uno de los principios básicos de la democracia, como la libertad de expresión y el libre acceso a la información. Porque para las autoridades cubanas, cuando hay un riesgo para la salud pública... bueno, de eso no se habla.

México: un escote más allá de todo debate

  Durante los últimos días los medios argentinos y las redes sociales dedicaron una buena parte de su tiempo y espacio a la fugaz aparición (de sólo 24 segundos) de una joven compatriota playmate en el primer debate electoral camino a las elecciones presidenciales en México. Más allá de lo llamativo, irrisorio y colorido de la situación, todos pasan por alto un dato que no parece menor: en México se realizan debates electorales.   Durante la década del noventa, cuando el régimen político se encontraba en una lenta senda de democratización para la elección de sus autoridades, México privilegió todo lo que tuviese que ver con recuperar un proceso electoral lo más equilibrado y limpio posible. Y en la construcción histórica de una elección transparente uno de los pasos fue la promoción de los debates. Por eso, ya en 1994, el candidato del oficialista Partido de la Revolución Institucional (PRI) debatió por televisión con sus dos principales rivales.   Desde entonces se ha desarrollado de forma ininterrumpida esta sana tradición democrática (desde 2007 impuesta por ley) de enfrentar a los candidatos y sus propuestas ante las cámaras. En esta oportunidad, el organizador fue el Instituto Federal Electoral, y los candidatos debatieron en el formato que ellos y sus representantes acordaron unánimemente.   El orden que sobrevoló al debate en su mayor parte era tal que, si se lo miraba con el televisor sin volumen, daba la sensación de que se trataba de presentadores hablando de un mismo tema, sin diferencias entre sí, sin interrupciones, casi como un noticiero previamente guionado.   Según el IFE, el evento contó con la más amplia cobertura de la historia electoral de México con 577 permisionarios públicos de la radio y la televisión mexicana, además de 484 concesionarios privados, sumado a que el debate fue seguido por 294 mil usuarios desde 25 países a través de Internet.   En la Argentina y en el resto de la región se lo pudo ver en vivo y en directo en CNN en Español y también por Telesur.   Pero México no es el único país de la región que ha logrado consolidar esta tradición democrática. En países como Brasil, Costa Rica, Perú, Colombia y Chile, está incorporándose como un requisito informalmente obligatorio para el candidato a presentarse a un debate presidencial.   Por el contrario, en las últimas elecciones nacionales en Argentina ni siquiera se discutió la posibilidad de realizar un debate, mientras que para las elecciones a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, los candidatos no pudieron ponerse de acuerdo para asegurar la participación de todos.   Ahora, tras este episodio en México surge la inquietante duda: ¿tan lejos estamos en la Argentina de la posibilidad de un debate electoral serio que ya nadie repara en el hecho?