Todos los países deben cooperar

Irma Argüello

Los primeros casos de Ébola contraídos fuera de África Occidental, los de las trabajadoras de la salud Teresa Romero Ramos en Madrid y Nina Pham en Dallas, plantean la necesidad imperiosa de aumentar la cooperación internacional para evitar que la propagación de la infección adquiera dimensión de pandemia. El CDC (Centers for Disease Control and Prevention), organismo oficial de salud pública de los Estados Unidos, indica que sin una respuesta contundente el número de infectados podría alcanzar casi un millón y medio de personas en enero de 2015.

La Organización Mundial de la Salud da cuenta hasta ahora de 5000 casos fatales registrados y más de 9000 entre infectados y casos sospechosos en siete países, aunque se estima que esta cifra podría ser en realidad hasta dos veces y media mayor por falta de estadísticas confiables.

La incertidumbre respecto de la magnitud del brote va de la mano del escaso desarrollo socio-económico de los países afectados y de las dificultades prácticas para identificar la infección por falta de laboratorios para el diagnóstico temprano de la enfermedad, así como de unidades de tratamiento. Ante la cantidad y complejidad de los casos, los sistemas sanitarios se encuentran hoy completamente desbordados. Si bien la investigación científica para una vacuna avanza contra reloj, se estima que la primera estará disponible para ser utilizadas en humanos recién a principios del año próximo, cuando comenzará a probarse en los países más afectados.

La movilidad de personas alrededor del mundo favorece la propagación del virus a diferentes países y continentes, sin respetar fronteras.  En términos regionales, una evaluación dada a conocer por el Banco Mundial alertó que si el brote no es contenido de inmediato y alcanza a varios de los países limítrofes el costo para la región podría alcanzar los 32 mil 600 millones de dólares para 2015.

David Nabarro, enviado especial de la ONU a cargo de las estrategias de respuesta indicó que la situación podría ser controlada en tres meses si se toman las medidas adecuadas, las cuales son conocidas. Sin embargo hacerlo posible un trabajo intenso y el compromiso de la comunidad internacional.

Contrarrestar el actual brote de Ébola demandará grandes esfuerzos de gobiernos, bancos de desarrollo y otros organismos multilaterales, organizaciones no-gubernamentales y muchos otros actores internacionales públicos y privados. Las Naciones Unidas han definido una lista con las necesidades más urgentes para la respuesta, en la idea de que se trata de una crisis sin precedentes que si no se detiene con celeridad, tendrá impacto en todo el mundo.

Según los reportes de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios hasta ahora 35 países, de diferente grado de desarrollo junto con organismos multilaterales y entes privados de diferente índole ya han concretado su ayuda en fondos o en recursos, incluyendo equipos de profesionales de la salud, por valor de casi 488 millones de dólares y se han ofrecido otros 331 millones. Las autoridades de tales países, entre los que se encuentran Brasil y Cuba por nuestra región, han comprendido que no basta solamente con reforzar el sistema sanitario nacional sino que hay que trabajar en forma mancomunada para extinción del brote, allí donde la situación es más grave.

Es claro que la crisis del Ébola, además de los impactos humanitarios devastadores, debe tratarse como un problema de seguridad global. En este sentido, el desafío del Ébola encierra también la oportunidad para los Estados de actuar en forma cooperativa para un fin común, a la vez que llegar a acuerdos clave que permitan estructurar un sistema global eficiente, apto para prevenir, detectar en forma temprana y responder a cualquier nuevo brote infeccioso, sea éste natural o provocado por el bioterrorismo.

Sin dudas, la dimensión y gravedad de la amenaza impone la intervención directa de las máximas autoridades de los estados, de modo de garantizar una efectiva y rápida toma de decisiones. Es deseable que países con suficiente desarrollo en el área de salud tal como Argentina y otros que aún no lo han hecho se incorporen a este esfuerzo colectivo para así lograr el control del virus allí donde se encuentra y evitar las consecuencias catastróficas de su propagación global.