Reservas: el mejor mes desde 2010

Abril se encamina a ser un mes muy favorable para las reservas del Banco Central. Con un avance de u$s743 millones en sólo 15 días, está cerca de superar a septiembre de 2010 (+u$s777 millones) y octubre de 2010 (+u$s793 millones), aunque lejos aún de los u$s1.833 millones de julio de 2010, la siguiente marca a romper, alcanzada 44 meses atrás.

El salto del dólar oficial en enero, que encareció las importaciones e incentivó las exportaciones, dejó la puerta abierta al actual flujo positivo de divisas en el período más intenso de venta de granos por la cosecha gruesa. El aumento de las tasas de interés del Banco Central, que permitió una cómoda absorción del excedente de pesos, fue un complemento adecuado para quitar presión sobre un dólar estacionalmente más abundante. Y con importaciones restringidas, se impusieron las compras oficiales de divisas en el mercado mayorista.

En el segmento minorista, la liberación parcial de las ventas para atesoramiento ayudó a doblegar la demanda informal a tal punto que desde el récord de $13,10 que tocó el dólar “blue”, inmediatamente después de la devaluación de enero, el billete verde se depreció 21,5% a los actuales $10,28, un valor inferior al del dólar “tarjeta” o “turismo”, aquel que se paga sobre el precio oficial más un 35% de recargo como adelanto del Impuesto a las Ganancias.

La brecha entre el dólar libre y el oficial -que promedia a $8,075 en bancos y casas de cambio- se desplomó hasta el 27,3%, el menor rango en 22 meses. Con esta tendencia el dólar informal también empieza acercarse al dólar “ahorro”, en torno a $9,69, al aplicarse en este caso un recargo del 20% sobre el oficial. Por esta operatoria, el Banco Central ya sacrificó u$s486,6 millones desde el 27 de enero, cuando empezó la apertura controlada del “cepo”.

La inflación ejerce un rol fundamental en la evolución del tipo de cambio. En el corto plazo restringe la capacidad de los ahorristas de destinar pesos excedentes para adquirir divisas. Pero con el correr de los meses, y con la mejora salarial que aportarán las paritarias, el aumento de los precios de la economía será un poderoso incentivo para que el dólar suba en el mercado informal y para que el Gobierno aplique una segunda dosis devaluatoria al peso.

Las divisas liquidadas por el agro y sus industrias derivadas acumularon hasta el viernes 11 de abril u$s5.880,4 millones, un 17,5% más que en el mismo período de 2013. Este monto está muy cerca del alcanzado en el mismo lapso de 2011 (u$s6.057 millones), un año récord para el ingreso de divisas por las ventas del campo. Un informe del IARAF cifra en u$s42.900 millones el valor de la cosecha argentina 2013/2014, producción que, además de superar los 100 millones de toneladas, podría ser récord en monto y volumen. “Si se consideran los tres principales cultivos –soja, trigo y maíz- y se tiene en cuenta un coeficiente razonable de toneladas exportadas/toneladas producidas, se puede ver que el valor de las exportaciones de éstos tres cultivos en su conjunto ascendería a u$s29.643 millones durante el año 2014”, indica el estudio de la consultora que dirige Nadin Argañaraz.

“Bajo este escenario, particularmente las exportaciones de la soja alcanzarían los u$s23.630 millones. Con estos resultados, el gobierno nacional podría recaudar u$s9.521 millones de derechos de exportación de los principales cultivos, del cual el 85% se explicaría por las retenciones a la soja”, detalla el IARAF. El precio internacional actual de la soja está más de 70 dólares o 15% por encima del valor que tenía en el inicio del año. En torno a los u$s540 por tonelada, una elevada cotización en términos históricos, se disipa la posibilidad de una crisis económica de envergadura como las conocidas por Argentina en las últimas décadas.

Esto no significa que el panorama para el dólar esté despejado. En el segundo semestre ya habrá pasado la oleada exportadora, mientras que comenzarán a acumularse los vencimientos de Letras y Notas, que el BCRA deberá renovar con más tasa o cancelar con pesos. La liquidez de moneda local tendrá un empujón adicional hacia fin de año, ante las necesidades de financiamiento del Tesoro: parte de ese volumen de dinero buscará refugio en dólares físicos o activos respaldados en divisas. Sin el auxilio de una política fiscal austera o la llegada de crédito e inversión externos, los movimientos certeros la entidad que preside Juan Carlos Fábrega no serán suficientes para defender el terreno ganado en la estabilización del dólar y las reservas.​

El mundo todavía ayuda

La profundización del déficit fiscal y la estabilización de la inflación un peldaño por encima de la de 2013 agregan tensión a una coyuntura local que impide ver que este año las condiciones financieras internacionales aún colaboran para que el desempeño económico de la Argentina se rectifique. Es tan cierto que la sequía de divisas, la escasez de inversiones y la atrofia del crédito empantanan el crecimiento, como que estos condicionantes no son impuestos por el exterior, sino un daño autoinfligido por las políticas de Gobierno.

Una prueba de que el mundo no se “nos cayó encima” la da el complejo cerealero oleaginoso, con cifras alentadoras en términos de producción y exportaciones, para atenuar un año que será el más duro para la economía argentina desde la salida de la convertibilidad. Los contratos de la soja para entregar en mayo, cuando la cosecha gruesa estará a pleno, se situaron en u$s537,34 por tonelada, cerca del precio máximo del año (en u$s545 la semana pasada) y en un destacado nivel en términos históricos.

Las cerealeras y procesadoras de granos informaron hasta el viernes 4 de abril un monto liquidado por exportaciones de u$s5.055 millones desde que arrancó el año, una cifra cercana al récord de 2011 para el mismo período, cuando también acompañaron las elevadas cotizaciones de materias primas con una cosecha por encima de las 100 millones de toneladas.

Las bolsas de cereales locales mantienen una estimación récord de 54,5 millones de toneladas de soja para la campaña 2013/2014, y de 24 millones de toneladas para el maíz. La producción agrícola y sus derivados representan el 36% de las exportaciones totales del país: Argentina es líder mundial en ventas de aceite de soja (45% del mercado global), harina de soja (43% del total), es el segundo exportador mundial de maíz (16% del mercado) y tercero de porotos de soja (8%).

El sector financiero, por su lado, hace negocios en base a expectativas futuras que se imponen sobre las señales de un presente desbordado de dudas e improvisación. Y en este caso, la evaluación a 24 meses es favorable para la Argentina, con un cambio de administración mediante. Fruto de esta visión, el índice Merval gana 19,5% en el año, medido en pesos, desde los 5.391 puntos del cierre de 2013 a los 6.444 puntos hoy.

Desde que inició el año, el dólar “contado con liquidación”, que resulta de dividir el precio de las acciones y bonos en el mercado local por su valuación en el exterior, subió 11%, desde los $8,88 a los $9,86, comparación que permite inferir que los activos de la Bolsa argentina no sólo no se depreciaron en dólares, sino que ganaron en promedio un 8,5% en divisas en poco más de tres meses. En el mismo lapso, el Dow Jones de Wall Street cayó 2%, desde los 16.576 puntos del 31 de diciembre a los actuales 16.245 enteros.

También fue importante el retroceso del llamado “riesgo país”, es decir, el diferencial que calcula la banca JP Morgan entre el rendimiento de los bonos del Tesoro de los EEUU y sus similares emergentes, que desde marzo mostró una caída de 15% para la Argentina, para alcanzar los 760 puntos básicos, la sobretasa más baja desde el 1° de septiembre de 2011, cuando se situaba en 757 enteros. Quiere decir que la deuda argentina redujo a 7,6% el rendimiento extra que está obligada a ofrecer para obtener financiamiento en el exterior. Es verdad que es elevada en la comparación regional, pero ya posibilita las colocaciones de deuda corporativa, como fue el caso de YPF, a tasas de un dígito.

En los últimos días se sumó otro indicador positivo para la Argentina. El real brasileño tuvo una neta apreciación contra el dólar en las últimas tres semanas. La divisa norteamericana, que se negociaba a 2,36 reales a comienzos de año, desciende ahora un 5,9% en el recorrido anual, a 2,22 reales del lunes. Como Brasil es el principal destino de las exportaciones argentinas, la revalorización de su divisa mejora la competitividad de los productos nacionales en cuanto a precio: otra mano tendida para apuntalar los débiles ingresos que presenta el comercio exterior en 2014.

Recesión sí, pero no crisis

El recorte en las estimaciones de la tasa de actividad que confirmó el ministro Axel Kicillof al anunciar que el PBI aumentó sólo 3% en 2013, debajo del 4,9% anual que el INDEC había calculado en febrero, transparenta un enfriamiento de la economía que los analistas privados ya habían advertido meses atrás y que se constata con más claridad en 2014.

La tendencia se profundiza en varias áreas de la producción de bienes y servicios. Aunque es prematuro prever que la economía local atravesará un año de retracción o bien aventurar un crecimiento débil, una serie de cifras conocidas en los últimos días muestran un nítido declive de actividad. Técnicamente, los economistas precisan contabilizar al menos dos trimestres de caída interanual del PBI o una expansión menor a la tasa de crecimiento vegetativo de la población para establecer que hay recesión.

La Asociación de Fabricas de Automotores (ADEFA) informó sobre una contracción de la producción del 26% en marzo frente al mismo mes de 2013, con un desplome del 30% en las exportaciones, en este caso justificadas por las menores compras de Brasil, que absorbe el 90% de las ventas externas de vehículos argentinos.

Entre enero y marzo se produjeron un total de 147.416 vehículos, un 16,2% menos respecto de los 176.003 que se alcanzaron en el mismo período del año pasado. Hay que retrotraerse a 2010, cuando en el primer trimestre se fabricaron 124.377 unidades, para encontrar un volumen de producción inferior al actual. Entre enero y marzo de 2012 se fabricaron 163.837 unidades, y en 2011, unos 159.486 vehículos.

Este rubro fabril es el de mayor importancia, aunque hay que recalcar que es una muestra parcial de una vasta realidad. No obstante, hace varios meses que las terminales evidencian una tendencia de producción declinante. Desde el fuerte repunte del 9,1% interanual de julio de 2013, agosto (-12,2% interanual), octubre (-4,8%), noviembre (-20,2%), diciembre (-26,4%), enero de 2014 (-18%) y marzo (-26%) tuvieron recorte de producción. Del lado positivo quedaron sólo septiembre de 2013, con un incremento de 4,7% contra septiembre de 2012, y febrero de 2014, con una mejora interanual de 0,1 por ciento.

En el caso de las automotrices, el aumento de impuestos, la devaluación y la caída de demanda brasileña golpearon con inusual fuerza este año. El atraso salarial en un marco de aceleración de la inflación también definió la suerte de las ventas en el mercado interno. Por eso, los envíos de las automotrices a las concesionarias en el primer trimestre se redujeron 25,4% frente a los tres primeros meses de 2013.

Según la Asociación de Concesionarios (ACARA), en el primer trimestre del año se comercializaron 218.173 vehículos, un 13% menos que en el mismo período de 2013 (247.804 unidades), un 13,7% menos que en 2012 (252.887 unidades) y un 5,2% menos que en 2011 (230.185). Hay que regresar al período enero-marzo de 2010, cuando se registraron 180.513 ventas, para encontrar una cantidad inferior a la actual. En términos porcentuales, la baja interanual del 13% en el primer trimestre de 2014 es la mayor desde 2002.

El INDEC reveló que la actividad de la construcción cayó en febrero 5,2% en relación a igual mes de 2013, la contracción más fuerte desde diciembre de 2012, con lo que acumuló en el primer bimestre un retroceso de 1,7%, aún con el efecto multiplicador del Plan Procrear, que ofrece créditos a tasas subsidiadas. La construcción había aumentado un 4,6% interanual en 2013 –según datos oficiales-, frente a una merma interanual de 3,2% en 2012. De mantenerse el ritmo presente, la actividad tendrá este año un desempeño similar al que alcanzó en 2011.

En cuanto al comercio de bienes y servicios de mayor rotación, la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), indicó que las ventas minoristas cayeron 7,2% en marzo respecto al mismo período del año anterior. “Marzo es el tercer mes consecutivo en que las ventas se desploman, ante una demanda que muestra algunos síntomas de debilitamiento”, reconoció la entidad que preside Osvaldo Cornide, una de las más representativas del comercio de proximidad.

Estos son sólo algunos indicadores en rojo del presente económico argentino, que no son concluyentes si se analiza la mejora de la valuación las empresas argentinas y de los títulos públicos en la Bolsa porteña y en mercados del exterior, así como los sostenidos precios internacionales para el agro, acompañados de una abundante cosecha. Aunque es probable que el PBI disminuya en 2014, la Argentina aún se mantiene lejos de atravesar una crisis como las experimentadas en las últimas cuatro décadas.

El mercado financiero se adelanta a la economía real

El primer trimestre del año dejó un cúmulo de datos financieros mixtos, que analizados en detalle permiten anticipar un panorama más auspicioso para la Argentina en el segundo trimestre del año y aún hacia el cierre de 2014, sin que esta evaluación oculte que la actividad económica sigue en “señal de ajuste”.

El mercado cambiario genera noticias inquietantes, aunque analizar los indicadores argentinos desde la perspectiva del dólar puede decir más del pasado que del futuro. Hacerlo en base a la evolución de la cotización de los activos, en cambio, ayuda a anticipar el curso que tomará la economía, si bien esta perspectiva está sujeta a la volatilidad de las expectativas de los agentes bursátiles.

Del lado negativo del balance, las reservas del Banco Central perdieron un preocupante 12% en el primer trimestre del año y quedaron debajo de los u$s27.000 millones, según datos definitivos de la entidad al 27 de marzo. Los u$s3.660 millones que se evaporaron del activo representan el monto más elevado desde los u$s6.528 millones del primer trimestre de 2006, cuando se efectuó la cancelación total de la deuda con el FMI. Claro que entonces las reservas se encontraban en una firme progresión alcista que permitió recuperar el terreno perdido en apenas 10 meses, mientras que hoy un escenario optimista se confirmaría con frenar la sangría de divisas hasta diciembre.

El piso para las reservas puede estar cerca, después de que se redujeran prácticamente a la mitad (-48,8%) desde el récord de enero de 2011 (u$s52.654 millones). Las liquidaciones de exportaciones del agro en el segundo trimestre, más los u$s3.500 millones que eventualmente no se destinarán al pago del Cupón PBI, ayudarán a compensar la salida de divisas por importaciones de energía y del rubro industrial. También lo harán los dólares que ingresarán por la colocación de obligaciones negociables de YPF y préstamos del BID y el Banco Mundial, entre otros conceptos.

El giro de política económica del Gobierno fue contundente e incluyó el acuerdo con Repsol, las tratativas con el Club de París, la aceptación de pago a empresas litigantes ante el CIADI, el acercamiento al FMI y el sinceramiento de las estadísticas oficiales. Si bien la mejora del perfil financiero de la Argentina no necesariamente se advertirá a la vez en la economía real, golpeada por el estancamiento, la inflación, la devaluación y el ajuste –que aún recae sobre el sector privado más que en el público-, puede anticipar un panorama favorable en próximos meses.

Claudio Zuchovicki, gerente de Desarrollo de Mercado de Capitales de la Bolsa de Comercio, destaca que “es la primera vez que el ajuste lo hace el Gobierno saliente” y no una administración que recién llega al poder. Este cambio refuerza las apuestas bursátiles por un repunte a partir de 2015 en la actividad en general y en los activos locales en particular. Para Jorge Fedio, experto de Clave Bursátil, “la Bolsa festejó que algo de caja queda y, mucho más, que comienzan a visualizarse cambios que lucen serios. Son por los que la Bolsa apuesta: cambios en este Gobierno para que termine lo mejor posible y también cambios para los que pretendan tomar el gobierno después de Cristina”.

Entre enero y marzo, las acciones del Merval subieron 18,2% en promedio, el doble que el dólar libre (+7,6%). Le ganaron a la inflación y se aproximaron al incremento del dólar oficial (+22,7%), fortalecido éste por la devaluación de enero, la mayor en doce años. En tres meses, Grupo Galicia acumuló un alza de 29,7% en pesos -en el Merval- y de 17,8% en dólares -en Wall Street-. Telecom ganó 20,2 y 10,6 por ciento, respectivamente, y Tenaris subió 16,3% en pesos y 1,3% en dólares. Germán Fermo, titular de MacroFinance y director de la Maestría en Finanzas de la Universidad Di Tella, anticipó “un rally voluptuoso para la Argentina, que creo que en estos días lo empezamos a ver”.

YPF, la compañía más grande del país, avanzó un magro 6,4% en el Merval y cayó 4% en Nueva York. No obstante, habrá que seguir de cerca este papel, que desde ahora pasa a tener la mayor ponderación del panel líder, pues la captación de dólares para inversiones en Vaca Muerta, el incremento del precio de los combustibles y el decidido respaldo oficial con el que cuenta por su participación estatal van a darle un importante impulso a la empresa que preside Miguel Galuccio, que asume el rol protagónico en la batalla contra el déficit energético.

Otro ítem que dará aire a las cuentas públicas es el precio de la soja, en su nivel más alto en seis meses y medio, a u$s537 por tonelada para los contratos a mayo. De la mano de una esperada cosecha récord en la campaña que finaliza en junio, la oleaginosa y sus derivados hacen un doble aporte: ingresan dólares por exportaciones a las arcas del BCRA y contribuyen al fisco con las retenciones.

Los títulos públicos soportaron el arrastre negativo por la improbabilidad de pago del Cupón PBI este año: el precio en dólares del Bonar X subió 5,8% en marzo, igual que el Global 17, mientras que el Boden 2015 cedió un mínimo 1,4% mensual. Al riesgo país argentino, es decir la sobretasa que pagan los títulos soberanos nacionales en comparación a sus pares de los EEUU, le falta recorrido bajista: está cerca de sus nivel más bajo del año, en 800 puntos básicos, aunque aún es el más elevado de la región detrás de Venezuela.

La arbitrariedad tiene costo

Es un rasgo de la personalidad del Gobierno forzar la agenda de las instituciones políticas y económicas. Siempre trata de mantener la iniciativa, desplazar el eje de discusión a conveniencia y, de ser necesario, cambiar las reglas de juego en su provecho. Después de haber anunciado durante meses que el PBI crecía en torno al 5% anual, y haber rubricado en febrero pasado que el Estimador Mensual Actividad Económica (EMAE) mostraba un alza acumulada de 4,9% en 2013, el INDEC recortó su medición a un 3 por ciento.

Por debajo del 3,2% de crecimiento anual no se pagan los cupones atados al PBI, opciones que en el canje de deuda de 2005 oficiaron como incentivo para los acreedores, tentados con altas rentabilidades ante la falta de credibilidad que pesaba sobre un país que tres años antes había declarado el default de sus obligaciones soberanas. Es cierto que la cancelación de este vencimiento sólo justificado por la sobreestimación de crecimiento del INDEC hubiera sido un despropósito, pero el ajuste de datos sobre la hora obedeció a una necesidad de caja del Gobierno y no al reconocimiento de un grave error.

La excusa fue la aplicación de una nueva metodología en los cálculos del cuestionado ente estadístico – ya explicitada con el nuevo IPC Nacional que sinceró la inflación de enero y febrero-, pero en forma retroactiva sobre las planillas del año pasado. Los datos de crecimiento de 2013, que daban prácticamente por seguro el pago de cupón, incidieron en la firme demanda por estos títulos, así como las restricciones cambiarias, que los transformaron –en el caso de las emisiones en dólares y euros- en un recurso para hacerse de divisas en efectivo y en forma legal.

Conocido el sorpresivo informe oficial, el desplome de precios que habían acusado los cupones atados al PBI el jueves, entre el 10 y el 14 por ciento, recrudeció el viernes con una oleada de ventas que arrasó con estas emisiones. El Cupón PBI en pesos se hundió 53,4 por ciento. Este “warrant” fue el más castigado: el jueves 27 había arrancado la rueda de negocios a $13,17; al cierre del viernes 28 su precio fue de 5,24 pesos. Las pérdidas por “creerle” al INDEC fueron generalizadas: el Cupón en euros se derrumbó 30,6%; el nominado en dólares bajo ley de Argentina, 29,1%, y en dólares bajo ley de Nueva York, 32,4 por ciento. Fue un duro golpe a las expectativas.

El cambio de metodología estadística contagió con una renovada dosis de desconfianza al mercado financiero, que siempre sufrió la actitud despectiva de la administración kirchnerista. Varios analistas diagnosticaron que los u$s3.500 millones liberados del pago de cupones iban a consolidar los precios de los bonos en dólares, ahora con la garantía de ese refuerzo de solvencia. Sin embargo, el daño estaba hecho: el Boden 2015 perdió 1,3%, el Discount en dólares (ley argentina) cayó 2,2% y el Global 17 restó 1,9 por ciento.

A estos precios, los cupones, que vencen en 2035, ofrecen excelentes rendimientos. Incluso el Presupuesto 2014 prevé una expansión del PBI del 6,2%, para aquellos inversores que aspiran a una renta inmediata. Pero, ¿quién en su buena fe puede confiar su dinero a una colocación sujeta a la arbitrariedad del Gobierno?

Para Alfonso Prat Gay, ex presidente del Banco Central, “la asociación ilícita dentro del INDEC, que nos quería hacer creer a los argentinos que crecíamos tanto, finalmente comprendió lo cara que nos costaba esa mentira“. El ex secretario de Finanzas Guillermo Nielsen fue más allá: “Esto puede ser causal de default. ¿Cómo probás, estadísticamente y en función de técnicas de cálculo de Producto Bruto, para pasar justo al 3%, cuando venías hasta 24 horas antes estimando el crecimiento del PBI en 4,9%? El escenario de mayor riesgo es que se presenten a la Justicia norteamericana bonos de jurisdicción Nueva York”, como en el caso de los cupones en dólares emitidos bajo legislación norteamericana (TVPY) durante la gestión de Néstor Kirchner.

Si llegara a realizarse este desembolso en diciembre representaría una caída de 13% de las reservas internacionales del BCRA, según su nivel presente. Pero el golpe de timón que implica frustrar el pago no significará el final de la estrechez de divisas que atraviesa la economía argentina y que erosiona el activo de la entidad monetaria; probablemente contribuirá a ahuyentarlas.

Una muestra de racionalidad con claro sesgo progresista

Con la reasignación de subsidios que anunció el Gobierno se intentan alcanzar varios objetivos simultáneos, a través de una iniciativa racional y que respeta el enunciado progresista que el oficialismo atribuye a sus políticas. Si bien no se traducirá en una reducción del gasto del Estado, la medida aporta una visión más lógica sobre la administración de los fondos públicos, protege la rentabilidad de las industrias en un contexto recesivo, incentiva el ahorro de los particulares en el uso de servicios básicos y, sobre todo, sostiene el verdadero fundamento de los subsidios, que es beneficiar a los sectores postergados de la sociedad.

Por una parte, se intenta reducir el peso de estos beneficios en el total del déficit fiscal, con el menor perjuicio posible sobre la función social que cumplen, es decir, en la contribución a sostener el nivel de consumo de la población más vulnerable en términos económicos, cuya calidad de vida se está deteriorando en un contexto de inflación creciente.

Este redireccionamiento de recursos se completará en tres etapas en los servicios de gas, justamente para que no sean perjudicadas las familias pobres, pero que cuentan con servicio de red. En este aspecto hay que subrayar las excepciones dispuestas, entre las que figuran los usuarios que cobran la Asignación Universal por Hijo, el Plan Progresar, aquellos propietarios que están exentos del pago de ABL o quienes tienen certificado de discapacidad, entre otros.

El Gobierno busca también preservar la competitividad de la industria, en una etapa del ciclo económico en el que se percibe un estancamiento en varios sectores productivos. El INDEC informó que la actividad fabril tuvo un retroceso del 1,8% interanual en el primer bimestre del año. Cuidar el empleo es un objetivo indirecto, pero palpable del anuncio. En palabras del ministro de Planificación Julio De Vido, “cuando protegemos las tarifas del sector industrial, estamos protegiendo los seis millones de puestos de trabajo creados” en la última década.

Es claro que el déficit energético que atraviesa la Argentina desde 2011 es una preocupación en el Palacio de Hacienda. En los hechos, las compras de energía lastraron el superávit comercial de enero y febrero. El bimestre registró el saldo positivo más bajo desde el año 2000, unos insignificantes u$s79 millones en el primer bimestre, un 90% menos que en el mismo lapso del año pasado. Por eso otro objetivo central de la iniciativa oficial es la de promover el ahorro en la utilización de estos servicios. “Si la reducción de consumo está entre 5 y el 20 por ciento, la quita del subsidio será del orden de 50 por ciento. Si no hay ninguna mejora, se le quita el subsidio. Queremos que sea un incentivo para usar responsablemente un insumo que es escaso”, apuntó el ministro de Economía, Axel Kicillof.

La reducción del 20% en los subsidios al gas y agua se concretará en abril, junio y agosto. No obstante los usuarios que alcancen una reducción del consumo del 20% no serán alcanzados por esta decisión. Así se busca incentivar el ahorro en el uso de servicios básicos o, al menos, un consumo racional de estos recursos: quien no quiera afrontar la quita, que consuma menos gas, luz y agua corriente.

En principio no se trata de un ahorro para el Estado, aunque sí una prudente “quita con redistribución”, como explicó Kicillof, pues –según sus dichos- “lo que se genere de facturación adicional por la quita de subsidios se va a destinar a cubrir gastos de las distribuidoras, el Programa Progresar y la Asignación Universal por Hijo“. Este punto es de vital importancia, pues estos beneficiarios destinan casi la totalidad de sus ingresos a la compra de alimentos, no ahorran, y por eso la eventual mejora en sus ingresos que significa la continuidad del subsidio se transformará en consumo pleno, contribuirá en el sostenimiento de ventas minoristas y en la actividad económica general, y mantendrá su aporte en la recaudación, a través del pago de IVA.

La energía consume el superávit comercial en el inicio de 2014

La semana pasada el INDEC informó el resultado del Intercambio Comercial de febrero, con un saldo favorable de apenas u$s44 millones, un 91,6% menos que el mismo mes de 2013, con exportaciones por u$s5.393 millones e importaciones por 5.349 millones. En el primer bimestre el saldo positivo acumuló tan solo u$s79 millones, con una baja interanual del 90% frente al mismo lapso del año pasado, en su nivel más bajo en 14 años.

En enero y febrero prácticamente desapareció el superávit en el comercio de bienes, uno de los llamados “pilares” del modelo, aunque los analistas económicos confían en un balance positivo para el recorrido anual similar al de 2013 y por encima de los 9 mil millones de dólares. El aporte de una cosecha récord y precios internacionales aún elevados permite margen para que haya estabilidad en el ingreso de divisas, en particular en el segundo trimestre.

Sin embargo, el Gobierno se aseguró, a través de mayores controles sobre las importaciones, que los dólares destinados a adquirir productos del exterior sean prioritarios para las crecientes compras de hidrocarburos. Las importaciones subieron en febrero 2% por el incremento de los precios internacionales, aunque no crecieron en volumen. Por eso, el alza de 43% en las compras de energía (u$s852 millones) demandaron u$s250 millones más que en febrero de 2013 y desplazaron a otros rubros productivos necesitados de importaciones.

El ex presidente del Banco Central, Martín Redrado, dijo a InfobaeTV que “sigue habiendo pocos dólares. La política económica es incapaz de generar los dólares que la Argentina necesita (…) Hay una demanda reprimida por dólares apretando las importaciones, incluso esenciales, por algo está cayendo también la producción. Se está logrando un equilibrio bastante parcial y artificial, con la anestesia en el mercado cambiario por provisión de dólares de la soja, pero con eso no alcanza, porque después viene la ‘sequía’ (de divisas) del segundo semestre”.

Agentes del mercado de cambios mayorista, a través del cual se cursan las compras de divisas para comercio exterior, señalan que el volumen negociado se redujo a la mitad en dos meses, de los u$s150 millones diarios de enero, antes de la devaluación, a los actuales u$s70 millones en promedio. Como muchos pagos son diferidos a 60 ó 90 días, cuando deberá ingresar la mercadería por Aduana, se estima que el efecto recesivo para industrias necesitadas de insumos del exterior se advertirá a partir de abril y mayo de este año.

Prueba de esta tendencia es que la producción industrial se contrajo 0,6% en febrero en relación a igual mes de 2013, para acumular una baja de 1,8% en el primer bimestre. La actividad fabril acumuló así cinco meses de retracción, con caídas en octubre pasado (-1,1% interanual), noviembre (-4,9%), diciembre (-5,6%) y enero (-3%). La industria automotriz tuvo una baja de 5,7% en el acumulado del primer bimestre frente a igual lapso de 2013. Las terminales son las principales demandantes de importaciones de la economía nacional, tanto para abastecer al mercado local como para fabricar unidades que serán exportadas. Por lo tanto, reducir importaciones significará menos exportaciones en meses subsiguientes.

Aporte del agro

En cuanto a las exportaciones, el INDEC detalló que el principal descenso interanual en valores absolutos correspondió al rubro Productos Primarios, que bajó el 34% interanual en febrero, debido a una caída conjunta de cantidades y precios (-29% y -7%, respectivamente), en particular por trigo y maíz. De todos modos, el agro cumplió con su cuota, pues se incrementaron 10% las exportaciones de Manufacturas de Origen Agropecuario, como harinas y aceites de soja, para alcanzar el 38,6% del total vendido al exterior. Las liquidaciones de los industriales oleaginosos y exportadores de cereales acumularon en el primer bimestre del año unos u$s2.960 millones, por encima de los u$s2.300 millones del mismo lapso de 2012 y un monto cercano al récord de 2012 para dicho período.

El primer bimestre del año tuvo el saldo comercial más bajo desde 2000, cuando se registró un déficit de 208 millones de dólares. En divisas el intercambio comercial muestra un estancamiento en los últimos cuatro años, signo de un crecimiento de la actividad económica que se fue moderando desde 2011. El acumulado de importaciones y exportaciones de enero y febrero ascendió a u$s21.169 millones, debajo de 2013 (u$s22.016 millones) y 2012 (u$s21.744 millones), y apenas encima de 2011 (u$s20.431 millones).

El superávit comercial se obtendrá este año por la desaceleración brusca del crecimiento, obligada por la pérdida de reservas que no deja al Gobierno más alternativa que preservar en lo posible estos activos del Banco Central. En 2013 ya se había perdido el superávit en el frente externo. Al analizar el balance de cuenta corriente, que además del intercambio de bienes contempla servicios –como el turismo- y los flujos de inversión, el año pasado dejó un fuerte déficit de u$s4.330 millones, contra un superávit de u$s48 millones en el 2012.

Decepciona la inflación oficial de febrero

Axel Kicillof necesitó algo más de media hora para explicar que la inflación de febrero fue de 3,4%, lo que significó una “leve desaceleración” en el indicador oficial respecto de enero, en el 3,7%, con un acumulado en 2014 del 7,2 por ciento. Con su elocuencia habitual, el ministro defendió el último número del INDEC y dejó pasar la oportunidad de dar otra señal contundente que contribuya a recuperar la credibilidad en los datos oficiales, como había sucedido el pasado 13 de febrero.

La abundante explicación de Kicillof se distinguió por preocupantes omisiones. A la devaluación la denominó “variación de tipo de cambio”, y a la inflación, “movimiento de precios”. Describió cómo la “variación cambiaria” fue trasladada por muchos comerciantes a remarcaciones, que llamó “corrimientos de precios excesivos e injustificados”. El “rubro por las dudas” –dijo- generó aumentos que “resienten la demanda, porque la gente no va a comprar cualquier cosa a cualquier precio”.

Por ese motivo, Kicillof expresó que “en marzo se ha observado una desaceleración de los precios”, pues la inflación de febrero “generó muchas distorsiones” que por exageradas, obligaron a “un reordenamiento, un reacomodamiento” de esos valores. Probablemente sea cierto lo que dice el ministro y que la inflación de marzo se reduzca, aunque inquieta que sea la propia dinámica inflacionaria la que –recesión y caída de consumo de por medio- frene estos incrementos y no un plan definido por el Palacio de Hacienda el que ponga en caja los números fiscales y la sobreemisión monetaria que son promotores de estas alzas.

Desde que comenzó con la difusión del nuevo IPC Nacional, el INDEC dejó de publicar la canasta básica de alimentos y la canasta básica total. La primera es la que delimita la línea indigencia, mientras que la segunda determina la línea pobreza. Reconocer un fuerte aumento en estos ítems significaría dar a la luz pública el incremento de la población cuyos ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas.

Aún cuando la ponderación de los “Precios Cuidados” dentro del cálculo del ente estadístico tenga mayor peso que en las encuestas privadas, el 3,4% final dio la sensación de número escaso que empieza a despertar dudas. El efecto de la devaluación, que se aplicó los días 22 y 23 de enero, no pudo influir en los precios de enero más que en los de febrero. Así como es parcial el efecto de una suba del dólar en el promedio de los precios minoristas –como argumenta con razón el Gobierno-, también su influencia es extendida en el tiempo y no puede agotarse en los días próximos al salto cambiario.

Que los números del organismo ratifiquen que el alza de precios minoristas trepa al ritmo más alto en 23 años preocupa tanto como las claras divergencias con las cifras relevadas por las consultoras, que a pocas semanas de lanzado el nuevo IPC alcanzan hasta un 2% en el cálculo del primer bimestre.

El índice Congreso mostró un incremento de 4,3% en febrero, nueve décimas más que el INDEC, con un acumulado 9,1% en los dos primeros meses del año. Para FIEL, los precios al consumidor registraron durante febrero -en la ciudad de Buenos Aires- un alza de 5,2% y acumularon en el bimestre un 10,6 por ciento. La medición de la Dirección General de Estadística y Censos porteña indicó que en la ciudad de Buenos Aires la inflación ascendió a 4,4% en febrero (debajo del 4,8% de enero), para acumular en dos meses 9,4 por ciento. Para la consultora Elypsis, la inflación minorista fue 5,3% en febrero a nivel nacional, mientras que en enero había alcanzado el 3,94 por ciento. Así, el acumulado bimestral en este caso llega también a un 9,4 por ciento.

La capacidad del INDEC para realizar sondeos en comercios de todo el país y procesar ese gran volumen de datos no puede ser reemplazada por otras instituciones, pero todavía se muestran más creíbles esas estimaciones que ubican el incremento interanual de precios minoristas entre el 34 y el 35 por ciento, un rango bastante cercano al que perciben los argentinos en sus gastos cotidianos.

El mercado inmobiliario se adapta al rigor del dólar

El sector inmobiliario fue el más afectado por las restricciones cambiarias impuestas a fines de 2011. La imposibilidad de acceso a las divisas redujo las operaciones a su nivel mínimo y la presión del Gobierno para la pesificación de las transacciones fue infructuosa. En este marco de depresión de la actividad, el comportamiento del mercado de viviendas en la ciudad de Buenos Aires -que acumula más de dos años retroceso- comenzó a evidenciar una mayor adaptación a un dólar oficial más caro y escaso, con una nítida caída en los precios.

Un informe de la consultora Reporte Inmobiliario detectó que en la Capital Federal la baja de precios acumuló en el último año un 10,6 por ciento. En términos trimestrales, el valor promedio de las unidades cedió 1,2% en mayo de 2013 respecto de febrero de ese año. Entre mayo y agosto, la caída fue de 3,2%, y entre agosto y noviembre, de 2,4 por ciento. Asimismo, de diciembre de 2013 a febrero de 2014 la baja de cotizaciones se profundizó a 4,1 por ciento.

Circunscriptos al circuito porteño, un departamento valuado en u$s100 mil hace un año, hoy cotiza a 89.400 dólares. “Los barrios en los que se verifica una retracción de precios interanual más marcada son Palermo (-22%), Barracas (-19%), Belgrano (-18,7%) y Almagro (-17,6%)”, indica Reporte Inmobiliario. Estas zonas son algunas de las que mostraron con más énfasis el “boom” inmobiliario y constructivo entre 2003 y 2011, acompañado con un repunte de las tasaciones.

Por efecto de la inflación, en los últimos cinco años el costo de la construcción subió más que el dólar y, por lo tanto, los mayores precios en moneda norteamericana de las unidades a estrenar empujaron al mercado en general. Así se dio el particular fenómeno de un aumento del valor de las propiedades aún con “cepo” cambiario: en noviembre de 2011, cuando comenzaron los controles sobre la divisa, el valor del metro cuadrado para un departamento usado de 2/3 ambientes se situaba en 1.632 dólares. En febrero de 2013 tocó el nivel de u$s1.919, un 12,3% más que en el mismo mes de 2011 y un 17,6% más que en noviembre de 2011.

Sin embargo, la persistencia de un mercado atrofiado y la actualización del precio del dólar empezaron a aportarle racionalidad a las valuaciones. En febrero de este año, el metro cuadrado promedio en Capital se ubicó en u$s1.702, con una baja de 11,3% respecto del mismo mes de 2013 y casi al mismo valor de febrero de 2012. Para esta comparación, Reporte Inmobiliario analizó unidades en buen estado en 36 barrios porteños “con fuerte actividad inmobiliaria, ubicados en piso promedio”.

Esta reversión de los precios siguió la relación entre el aumento del costo de la construcción del INDEC y el incremento del dólar oficial. Mientras que a lo largo de 2012 el primero aumentó un 20%, el segundo lo hizo sólo 13,6 por ciento. En 2013 se dio la tendencia inversa: los materiales, mano de obra y gastos generales promediaron un aumento anual del 22,4%, cuando la cotización oficial de la divisa subió 33,1 por ciento. En el acumulado de dos años, el costo de la construcción trepó 46,9% y el dólar oficial, un 51,2%; este equilibrio se observa en los precios en dólares de las propiedades, que hoy se asemejan a los de 24 meses atrás.

Esta misma perspectiva permite inferir que el aumento de los costos le pone, a su vez, un piso a eventuales rebajas en las cotizaciones. Por eso abundan los propietarios que prefieren retirar sus unidades de la venta antes que aceptar contraofertas agresivas, achicando aún más a un mercado atorado por la dificultad para adquirir divisas. El Colegio de Escribanos porteño informó que en enero las escrituraciones registraron su vigesimosexto mes consecutivo de retroceso. En 2013, la cantidad de registros de compraventa en Capital fue de 35.956 operaciones, un 22,9% menos que en todo 2012 (46.627 escrituras) y también debajo de las magras cifras de años recesivos como 2009 (51.666), 2002 (56.293) y 2001 (54.493).

Si el Gobierno se propone evitar una nueva etapa de atraso cambiario y habilita en 2014 un aumento del dólar oficial a un ritmo mayor que la inflación –y por añadidura, que el costo de la construcción-, el descenso de precios en dólares de las propiedades continuará profundizándose.

El campo reasume el protagonismo de la economía

Después de la devaluación de enero y la suba de tasas de interés, el Gobierno instauró un período de relativa estabilidad en el mercado de cambios, a la espera de la concentración de las liquidaciones de exportaciones del agro y sus industrias derivadas, que añadirá en el segundo trimestre del año una importante dosis de divisas para fortalecer las castigadas reservas del Banco Central.

“Con las últimas medidas en el mercado cambiario y con la política monetaria, el Gobierno ha ganado un período ‘ventana’ con una cuasi estabilización del mercado cambiario, que va a tener su hito cuando empiece el período de liquidación fuerte de la cosecha gruesa, especialmente la soja”, dijo Mariano Lamothe, gerente de Análisis Económico de Abeceb.com. Ya en febrero, las cerealeras cumplieron su compromiso con el Gobierno para liquidar unos u$s2.000 millones por exportaciones. Según informaron las entidades del sector, en febrero se rindieron u$s1.892 millones, correspondientes a ventas que se concretarán durante marzo en el caso de los granos y otras que se producirán hasta junio, en el caso de la exportación de aceites y harinas proteicas.

Hasta el 7 de marzo, el monto liquidado desde comienzos de año acumuló unos u$s3.203 millones, un 21,3% más que en el mismo lapso de 2013, explicado casi en totalidad por las mayores cantidades, pues los precios acompañaron poco. Por ejemplo, en el caso de la soja, las posiciones más negociadas muestran un repunte de cotizaciones del 11% frente al cierre del año pasado, pero los u$s521 por tonelada de este lunes contrastan con los u$s556 de un año atrás (-6,3%).

Varios indicadores permiten un margen para el optimismo respecto del aporte de agrodólares a la economía. Además de los precios sostenidos, la importante cosecha de soja esperada por la Argentina en la presente campaña, probablemente récord, hará necesario intensificar las liquidaciones en el corto plazo para aprovechar las buenas cotizaciones. El analista técnico Ruben Ullúa observó que los u$s535 por tonelada alcanzados el viernes para la postura mayo 2014 en el mercado de Chicago, su precio máximo del año, sugieren una zona de resistencia: “La soja cede posiciones y ello mantiene las chances de techo para el proceso de avance”. El tándem del dólar oficial a ocho pesos y una tasa de interés en torno al 30% anual facilitarán a su vez la reinversión en pesos de las ganancias de las exportaciones.

El ingeniero agrónomo Dante Romano, de Austral Agroperspectivas, no subestima la “volatilidad inmensa” que afecta al principal producto de exportación de la Argentina, pero destaca a la vez un contexto internacional que todavía ayuda al dinamismo del mercado de granos, debido a que “se sumó la inestabilidad de Ucrania, que es un oferente de primera línea en trigo y maíz”, mientras que los cultivos en EEUU “siguen deteriorándose por el clima frío y la baja humedad de los suelos”, como en el caso del trigo rojo en el invierno boreal.

En su reporte mensual de marzo, el Departamento de Agricultura de los EEUU mantuvo sin cambios sus estimaciones de producción de soja y maíz para la campaña argentina 2013/14 con 54 millones y 24 millones de toneladas, respectivamente. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires prevé 54,5 millones de toneladas de la oleaginosa y 23,5 millones de toneladas del cereal. Argentina es un jugador de peso mundial en la producción de alimentos: es líder en exportaciones de aceite de soja, con un 45% del mercado, y de harina de soja, con el 43 por ciento. Además, es segundo exportador mundial de maíz (16% del mercado) y tercero de porotos de soja (con un 8% del total).

Para dimensionar la contribución del campo en el fortalecimiento del perfil externo de la economía nacional, el Banco Central indicó que de los u$s75.250 millones ingresados en 2013 por el cobro de exportaciones de bienes, más de un tercio (u$s26.979 millones, un 35,9%), correspondieron a lo percibido por ventas de oleaginosas y cereales. Este año se mantendrá esa elevada proporción. “Un factor de relevancia es el ritmo de comercialización interna de soja, el cual fue significativamente más lento que en la campaña anterior, en un contexto de crecimiento de la producción de 23%”, subrayó la autoridad monetaria.

Por ello, Iván Barbero, analista del mercado granario, no desestima “una mayor devaluación a la anticipada por los privados” si las ventas no recuperan el ritmo esperado para sumar reservas internacionales al BCRA. “Considerando que los poco más de u$s27.500 millones con que cuenta en sus arcas están en el menor nivel desde septiembre de 2006, el timing con el cual evolucionan las ventas de soja juega un papel trascendental”, estimó. Queda claro que el mercado seguirá susceptible al movimiento de la tasa de cambio y los precios internacionales.

Diversos estudios económicos coinciden en estimaciones alentadoras para la llegada de divisas. Finsoport cuantificó en unos u$s31.000 millones los ingresos por ventas de granos y derivados, de los cuales unos u$s24.000 millones serán provistos por el complejo oleaginoso. El Estudio Bein & Asociados calculó en unos u$s34.445 millones la producción exportable del agro en 2014, con un aporte de u$s26.090 millones por la soja y sus subproductos.