El déficit fiscal alcanza el 7% del PBI en 2014

En una semana en la que el dólar paralelo mantuvo su tendencia bajista y las reservas se acomodaron sobre los u$s28.000 millones, el Gobierno asumió, a través de una nueva ampliación presupuestaria, un déficit financiero que los analistas estiman en un 5% del PBI para todo 2014, en torno a los 200 mil millones de pesos.

El Ministerio de Economía informó que entre enero y septiembre, el déficit financiero –tras pago de deuda- subió a $53.629,6 millones, un 143% más que en el mismo período del año pasado. Según este resultado de la “base caja”, Argentina también se encamina a su tercer año consecutivo con déficit primario, al acumular en el mismo lapso un saldo negativo de 419 millones de pesos.

También la semana pasada se publicaron en el Boletín Oficial dos ampliaciones presupuestarias: una partida por $39.952,5 millones acreditada por decreto de necesidad y urgencia, más otros $8.876,4 millones dispuestos por decisión administrativa del Ministerio de Economía y la Jefatura de Gabinete. La Asociación Argentina de Presupuesto y Administración financiera Pública (ASAP) indicó que al contabilizar estas remesas, el déficit financiero asciende a 195.372,7 millones de pesos.

Gran parte del rojo fiscal es atenuado por los Adelantos Transitorios que le gira el Banco Central al Tesoro nacional. En el transcurso de 2014, estos préstamos se expandieron 27% ó 50 mil millones de pesos.  Los Adelantos Transitorios, en $232.450 millones al 15 de noviembre último, según el último reporte de la entidad se aproximan a los $250.844 millones que el BCRA emitió en Letras en pesos (LEBAC), la llamada deuda “cuasi fiscal”.

La emisión de estos títulos, que en el año se duplicaron (+127%), significó una activa absorción de liquidez por parte del Banco Central, que contuvo la mayor expansión de pesos circulantes y redujo su presión inflacionaria. Con este procedimiento para financiarse a través del Banco Central, el Gobierno transfiere su déficit a la autoridad monetaria que, a la vez, debe endeudarse en la misma proporción. Se aplica la particular interpretación dl dinero como “bien fungible” a la que adhieren los funcionarios nacionales.

Un déficit insostenible

Junto con el giro de “utilidades”, por efecto de la devaluación, el BCRA le envió al Tesoro entre enero y septiembre unos 64.900 millones de pesos. Las rentas de la Administración de la Seguridad Social (ANSeS) con el mismo destino crecieron en el ese lapso un 85%, a $30.000 millones de pesos. Al sumar los aportes de otros organismos –como el PAMI- son más de $96.000 millones los girados por entes descentralizados para sostener el gasto público en los primeros nueve meses del año.

Con un PBI que el INDEC calculó en 3,3 billones de pesos al cierre de 2013, este año (con actividad económica estancada e inflación superior a 35% anual) la producción de bienes y servicios de la Argentina podría cifrarse en unos 4,5 billones de pesos.

En esta aproximación, al sumar a un déficit fiscal de $195.372,7 millones los $96.000 millones en concepto de “Rentas de la Propiedad” que el Ministerio de Economía contempla como ingresos corrientes en su esquema de ahorro, el rojo de las cuentas públicas se acerca a los $300 mil millones ó casi 7,5% del PBI. Se trata de una tasa difícil de sostener y que atenta contra la intensión oficial de evitar una nueva devaluación del peso, el camino más rápido –y con serias contraindicaciones -para licuar el desbalance presupuestario.

Una recesión que desacelera la inflación

El último dato del IPC Nacional Urbano del INDEC reflejó un incremento de precios minoristas de 1,2% en octubre. El resultado oficial resultó un punto porcentual por debajo del 2,2% del cálculo de inflación que difunden legisladores de la oposición en el Congreso, que promedia los datos suministrados por las consultoras privadas.

A pesar del ampliamente anunciado cambio de metodología con el que el ente estadístico prometió normalizar sus mediciones de 2014, la realidad es que la brecha entre sus datos y los de los estudios privados -y otros oficiales de distritos como San Luis y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires- ya se amplía por encima del 10% en el año.

El INDEC calculó que en diez meses el alza acumulada fue 21,4%; la inflación “Congreso” sumó un 33,3 por ciento. El Índice de Precios al Consumidor de Buenos Aires (IPC CABA), elaborado por la Dirección de Estadísticas del Gobierno porteño, aumentó un 1,9% en octubre y avanzó un 33,6% en diez meses de 2014 y un 39,9% en la comparación interanual.

El flamante director del INDEC, Norberto Itzcovich, defendió los cálculos del ente intervenido desde enero de 2007 y desestimó un nivel de inflación del 40% anual que, a su juicio, se da en productos que se venden en los “barrios top” de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, el economista Paul Krugman, un premio Nobel que goza de la simpatía oficial, afirmó que “la Argentina realmente parece tener una inflación mucho mayor que aquella que el Gobierno admite”.

Los datos cruzados impiden definir con exactitud la evolución de los precios minoristas en el país, aunque la manipulación de los números oficiales evidenciada en los últimos siete años permite inferir que la inflación está más próxima a los informes privados y de provincias que no gobierna el Frente para la Victoria.

De todos modos, los cálculos coinciden en un punto: después de la brusca devaluación del dólar oficial en enero, que detonó una suba intempestiva de precios en el primer trimestre, los incrementos tendieron a moderarse con el transcurrir de los meses. Y aunque el aumento acumulado de 2014 es muy superior al de 2013, en los últimos meses empieza a observarse una inflación en un rango similar a la de los mismos períodos del año pasado. Así como el salto del dólar oficial replicó inmediatamente en los precios, el actual atraso cambiario explica parte de este período de estabilización de la inflación.

Si se analiza el IPC Congreso, en los últimos meses hay una progresión alcista pero tendiente a moderarse en agosto (de 2,14% en 2013 a 2,65% en 2014), septiembre (2,2% en 2013 a 2,48% en 2014) y octubre (2,1% contra 2,25%).

El IPC CABA muestra incluso que la inflación de julio de 2013 (2,5%) fue mayor a la del mismo mes de 2014 (2,2%), mientras que subió levemente en agosto (2,3% en 2014 frente a 2,1% en 2013) y en septiembre (2,2% en 2014 frente a 2,1% en 2013). En octubre de este año (+1,9%) fue inferior al año pasado (2,2%).

El IPC elaborado por la Dirección de Estadísticas y Censos de San Luis mostró una desaceleración en junio (2,3% en 2013 contra 1,8% en 2014) y julio (2,3% en 2013 frente a 2,0% en 2014), y una aceleración en agosto (1,9% en 2013 y 2,5% en 2014) y septiembre (1,9% en 2013 y 3,1% en 2014). Todavía no hay datos de octubre último.

La suba de precios de este año es, según los datos oficiales, la mayor del período de gobierno del matrimonio Kirchner, y según las consultoras, superior a la de 2002, durante el gobierno de Eduardo Duhalde, que acumuló entonces un 40,9% en doce meses. Para el sitio Inflación Verdadera, el alza interanual de octubre de 2013 a octubre de 2014 es de 41,86%, mientras que en el IPC Congreso fue de 41,25 por ciento.

La actual escalada alcista se produce en el marco de una recesión de la economía, que no es comparable a las crisis de 1989-91 y 2001-2002, pero asoma como un límite para que el público convalide incrementos de precios que alcanzaron un récord desde la hiperinflación de 1991.

Absorción del excedente de pesos

Además del modesto efecto del plan de Precios Cuidados, contribuyen a contener los aumentos un medidas de corte ortodoxo, como la fuerte emisión de Letras del BCRA (las LEBAC) para absorber pesos excedentes, complementa con la emisión de deuda del Tesoro, iniciativas que no se implementaron el año pasado con esta magnitud.

En lo que va de 2014, el monto de LEBAC se incrementó 117,8%, a 240.764 millones de pesos. Esto es $130.217 millones más, que representan un 31,2% de la Base Monetaria (billetes, monedas y cheques en circulación más depósitos en cuentas corrientes). Además, el Ministerio de Economía colocó deuda en pesos por unos 200 mil millones a través de diferentes instrumentos, como los recientes Bonad 16 y Bonad 18. Es casi la mitad de la Base Monetaria, que en el año se expandió 10,8% (un tercio que la inflación) a 417.909 millones de pesos.

En forma indirecta, la flexibilización del “cepo” cambiario, con ventas de divisas a particulares para atesoramiento y turismo por unos u$s2.850 millones, también significó el retiro de pesos que antes se destinaban al consumo. Al efecto recesivo de la pérdida de ventas en comercios también le correspondió un efecto disuasivo para eventuales remarcaciones. Esto se produce incluso con una pérdida de poder adquisitivo del salario, con alzas promedio (29,7% según las paritarias) inferiores a la tasa anualizada de inflación.

La recesión resultó ser una barrera más contundente que los controles para evitar una espiralización inflacionaria, a falta de medidas específicas de política económica no sólo contra la carestía de precios, sino contra el déficit fiscal que debe ser financiado con emisión. O como sintetiza el mismo Krugman, “la Argentina tiene un déficit presupuestario persistente que se está monetizando porque carece de acceso a los mercados de capitales”, a la vez que “se mantuvo heterodoxa demasiado tiempo, lo que lleva a la inflación persistente y problemas de balanza de pagos”.

El dólar ‘blue’ tantea un piso

El arribo de Alejandro Vanoli a la presidencia del Banco Central significó la puesta en marcha de una serie de medidas de control adicionales sobre el mercado financiero, que detonaron una caída del dólar informal de 28% en apenas 40 días. La divisa norteamericana llegó a ofrecerse a $12,47 durante el mediodía del lunes. Este precio es un 27,9% inferior al récord de cierre de $15,95 del 24 de septiembre, cuando los temores por las consecuencias del default “selectivo” de los bonos Discount y Par extendieron el pesimismo inversor.

El dólar oficial minorista recortó la brecha con el “blue” a menos del 50%; también quedó debajo de 30% la diferencia con el dólar “ahorro”. El incremento de los volúmenes operados para atesoramiento minó la demanda en la plaza informal y alimentó la oferta: en diez días de noviembre las ventas autorizadas a particulares rozaron los u$s230 millones, más que la mitad del monto récord de octubre (u$s446,5 millones). “El Gobierno está utilizando al Banco Central vendiendo dólares en el ‘dólar ahorro’, que parte de eso después se vende en el mercado informal”, dijo a InfobaeTV Agustín Echebarne, de la Fundación Libertad y Progreso.

La suspensión de las sociedades de Bolsa Arpenta y JR bursátil, de la casa de cambios América, y la multa de $160 millones para el Banco de Valores fueron muestras contundentes de la ofensiva de Vanoli, secundado por otros funcionarios de menor rango como el superintendente de Entidades Financieras, Germán Feldman. Además, las autoridades del Central citaron a una docena de operadores cambiarios y sociedades de Bolsa para dar explicaciones sobre supuestas violaciones de la Ley Penal Cambiaria. Los agentes del mercado sienten la presión de estar en la mira de los entes de control y limitan los negocios como no se detectó desde la imposición de las restricciones cambiarias en de octubre de 2011.

La estrategia de Vanoli consiguió un rápido resultado, aunque los analistas dudan de la posibilidad de sostener este escenario en los próximos meses. “El tipo de cambio está subiendo tan ordenadamente, que eso marca que todavía la corrida no se armó. Esto es suba con compra y corrección. A cada suba del blue desde sus máximos sobrevino una corrección entre el 20 y el 25 por ciento. Me parece que vimos el piso”, señaló Marcelo Trovato, analista de Pronóstico Bursátil a Desde la Bolsa en Directo. Por InfobaeTV, el economista Lorenzo Sigaut Gravina, de Ecolatina, recordó que “el tipo de cambio oficial prácticamente no se ha movido en octubre y si esto sigue así, el tipo de cambio real cada vez va a estar más atrasado”.

Una variable que grafica este estado es el salto del dólar en Brasil, que deteriora la competitividad cambiaria argentina frente a su principal socio comercial. La divisa norteamericana ascendió 5,8% desde el 24 de septiembre de 2,41 a 2,55 reales, mientras que en la Argentina, según la cotización mayorista, ganó apenas 1%, desde los 8,428 a los 8,51 pesos, período en el que el “blue” perdió 26,1%, a los $12,65 del cierre del lunes.

“El Gobierno consiguió mejorar las perspectivas de las reservas de acá a fin de año, básicamente porque alcanzó un acuerdo con los exportadores, que prometieron acelerar las liquidaciones a u$s5.700 millones hasta fin de año”, recordó Agustín Etchebarne. La semana pasada, el complejo agroexportador rindió u$s641 millones por ventas al exterior, con un fuerte aumento de la oferta de billetes que permiten al BCRA acaparar las compras y fortalecer sus activos. Las reservas del Banco Central se sitúan hoy en 28.156 millones de dólares. Sin embargo, la intensificación de la emisión de pesos para financiar al fisco mantiene la relación de “convertibilidad” entre la cantidad de pesos en la Base Monetaria y los activos internacionales en $14,49 por dólar, tasa que le da al dólar paralelo un potencial de suba de casi 15 por ciento.

Otro indicador que refuerza la idea de que el “blue” está en un precio de piso es el nivel de inflación, que según cálculos privados acumuló un alza superior al 30% entre enero y octubre. En poco más diez meses, el dólar informal avanzó un 26%, por lo cual a valores actuales mantiene un rezago respecto del encarecimiento del promedio de bienes y servicios de la economía.

Un mes de bruscos sobresaltos financieros

En el plano económico, la novedad sobresaliente del pasado octubre fue el reemplazo de Juan Carlos Fábrega por Alejandro Vanoli en la conducción del Banco Central. Este nombramiento tuvo decisivas derivaciones: el ajuste de los controles sobre el mercado y los gestos contundentes para disuadir a los referentes de la plaza financiera que buscaban el refugio del dólar. Éstos últimos optaron por desarmar posiciones, con relativo éxito para frenar la escalada del precio de la divisa. Si esta presión permite un forzado triunfo al Gobierno, trae duras consecuencias, como el exacerbado el “cepo” a las importaciones y una continuidad sin plazo para la recesión. El propio INDEC reconoció que la producción industrial acumuló 14 meses de retroceso interanual.

Inspecciones rigurosas, como el publicitado allanamiento a la sociedad de bolsa Arpenta, y la advertencia del titular del BCRA acerca de que se investigará si hay maniobras de lavado de dinero en las operaciones de “contado con liquidación” fueron ejemplos de las movidas oficiales que desactivaron la dolarización de carteras a través de operaciones bursátiles formales. Cayó el volumen negociado en la Bolsa y el índice Merval perdió en promedio un 12,2% en octubre.

En el mismo sentido, también se recortó con fuerza el precio implícito del dólar en transacciones financieras, al dividir las cotizaciones en pesos en la Bolsa porteña por los precios en dólares en Wall Street. El “contado con liqui” se desplomó 12% (de $14,93 a $13,14), el dólar MEP cayó 12,6% (de $15,26 a $13,34) y el dólar “blue” perdió 9,1% (de $15,72 a $14,28).

El descenso del dólar informal tuvo cierto sustento si se observa la relación de “convertibilidad” entre la Base Monetaria ($396.113 millones) y las reservas (u$s27.402 millones), con datos actualizados por el BCRA al 23 de octubre, que resulta en un dólar teórico de $14,45, más cercano al valor actual del “blue” que de los casi 16 pesos del 24 de septiembre pasado. El atraso cambiario parece ser un baluarte del esquema económico: el dólar mayorista terminó el mes en $8,5025, con una suba de apenas 0,9%, la mitad que la inflación real, desde los $8,4275 del final de septiembre.

Sobre el cierre del mes, el Banco Central activó el swap con China y sumó unos u$s800 millones a las reservas, a las que hay que añadir unos u$s200 millones adquiridos en el mercado mayorista, donde la autoridad monetaria monopoliza las compras, a expensas de los importadores. Así, el ente emisor logró un modesto éxito: terminar octubre con un saldo positivo de u$s237 millones para los activos internacionales, en u$s28.103 millones, aún con la efectivización récord de divisas para atesoramiento y turismo por un total de 485 millones de dólares. Hay que recordar que por el default “selectivo”, el BCRA todavía contabiliza u$s700 millones de intereses de bonos Discount y Par, cuyo desembolso fue bloqueado por el juez Thomas Griesa.

De todos modos, hay que resaltar las muy buenas noticias desde el frente externo. Por una parte, los precios de la soja rebotaron desde sus pisos del año y recuperaron un 14% en el mes. Los granos y sus derivados aportan más de un tercio de las exportaciones argentinas y las mejores cotizaciones en el exterior alientan mayores liquidaciones de divisas.

A la vez, se consolidó el descenso del precio del petróleo, que permitirá a la Argentina estabilizar en 2014 el déficit en materia energética, que había trepado en todo 2013 a unos 6.500 millones de dólares. El barril de crudo de Texas se situó apenas sobre u$s80 el barril y desde enero cedió 18%, mientras que la variedad Brent, que se negocia en Londres, perdió alrededor de 25% en el año.

Según el Balance Cambiario del BCRA correspondiente al tercer trimestre del año, en el lapso julio-septiembre los pagos de importaciones de las empresas vinculadas al sector energético bajaron un 7% o u$s258 millones frente al mismo período de 2013. Si bien entre enero y septiembre las compras de energía al exterior se mantuvieron por encima del año anterior (u$s10.800 millones frente a u$s9.722 millones), la tendencia es declinante por el efecto conjunto de la recesión local y la baja de precios internacionales.

La conclusión que dejó octubre es la de una cierta tregua financiera en un país aquejado por el estancamiento, el default y la carencia de crédito. Es un poco de aire fresco para una política económica agotada, que tiene como único objetivo pagar el menor costo político posible para llegar al cambio de mando en diciembre de 2015, a costa de postergar esfuerzos contra los problemas de base acumulados desde la intervención del INDEC para encubrir la inflación, el atraso cambiario que nació a la sombra de “crisis del campo” de 2008 y el camino sin retorno a la recesión que significó el “cepo” al dólar desde 2011.

Comercio exterior: Chile superó a la Argentina

Argentina duplica a Chile en cuanto a número de habitantes y al tamaño de su economía. Sin embargo, la nación trasandina superó en septiembre a nuestro país en el volumen de su comercio y en el superávit alcanzado en su balance de intercambio. Esta dinámica era previsible: las prohibiciones sobre el dólar en la Argentina llevaron a una economía local más cerrada al mundo. Del otro lado de la frontera, Chile profundizó la senda que eligió hace más de dos décadas, la de apostar a una agresiva apertura comercial para crecer, con mayor exposición a la volatilidad del frente externo, pero también con mayores réditos.

Desde que el Gobierno argentino decidió implementar el “cepo” en 2011 varios indicadores de actividad dejaron de mostrar evolución positiva. Uno de ellos fue el comercio exterior, que en 2014 marcó una neta caída si se lo compara con el récord de 2011 y los niveles anteriores al control de divisas. Según datos de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), las exportaciones argentinas en el período 1987/98 se expandieron un 315% y entre 2002/2014 subieron un 184 por ciento. Al desagregar este último período, se observa que entre 2002 y 2011 las ventas externas se incrementaron un 226%, pero la caída de 12% entre 2011 y 2014 redujo el promedio de crecimiento. “De los últimos 65 años, en 35 se obtuvieron récords de exportaciones. Faltan dólares, pero 2014 será el tercer año consecutivo sin poder igualar o superar un récord. No ocurre algo así desde 1981”, explicó Marcelo Elizondo, CEO de DNI.

Entre enero y septiembre de 2014 las exportaciones argentinas acumularon u$s56.116 millones y las importaciones, u$s50.236 millones, con un saldo positivo de 5.880 millones. En los primeros nueve meses de 2011, las exportaciones sumaban u$s63.553 millones; las importaciones, u$s55.391 millones, y el superávit, 8.162 millones de dólares.

Del otro lado de la cordillera, la balanza comercial de Chile acumuló entre enero y septiembre de 2014 un superávit de u$s6.523 millones, resultado de exportaciones por u$s57.496 millones e importaciones por 50.974 millones de dólares. Estas cifras son 11,9%, 2,5% y 1,5% superiores, respectivamente, a las informadas por el INDEC la semana pasada.

Las matrices exportadoras y las estructuras económicas de la Argentina y Chile son muy diferentes, aunque ambos países dependen de las materias primas para insertarse en el comercio global: la minería acapara un 57% de las exportaciones trasandinas, mientras que los granos y la agroindustria significan el 35% de las ventas argentinas. Chile es el principal exportador de cobre del mundo, por lo tanto sufrió también los avatares de la caída del 10% en el precio del metal en 2014, como nosotros con la soja y el maíz.

En cuanto a población, la Argentina, con unos 42 millones de habitantes, prácticamente duplica a Chile, con 18 millones. Similar es la relación del Producto Bruto Interno: según el Banco Mundial, el PBI argentino alcanza los u$s510.000 millones, frente a u$s277.000 millones del chileno.

Sin embargo, el ingreso de dólares a Chile muestra mayor fortaleza que en nuestro país. Las reservas internacionales en el banco central de Chile se mantienen estables, en torno a los u$s40.000 millones; en la Argentina muestran tendencia declinante, apenas por encima de los 27.000 millones. En el mismo sentido, la inversión extranjera directa en Argentina se desplomó el año pasado un 25%, a unos u$s9.000 millones, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), menos de la mitad de lo que recibió el vecino Chile.

Debilidad en la economía, debilidad en el comercio

La caída de la actividad económica en Argentina genera una menor demanda de productos extranjeros e, indirectamente, menores exportaciones industriales por el retroceso de la producción. Para las manufacturas, el estancamiento de la economía brasileña también contrajo la demanda para las fábricas argentinas que enfocan sus exportaciones en el mercado más grande de la región.

La baja de precios internacionales, como reflejaron las materias primas este año, trae como consecuencia un ingreso de dólares inferior, aún con un volumen de ventas externas similar al del año anterior. Según las cámaras exportadoras del agro, por ventas de granos y derivados se llevan liquidados hasta el 17 de octubre u$s19.492 millones, un 3,6% menos que los u$s20.271 millones que se registraron en el mismo período del año pasado, cuando la retracción de precios en el mercado de Chicago supera el 20% en 2014.

La escasez de dólares que golpea a la economía desde el establecimiento de las restricciones cambiarias hace tres años obliga a racionar divisas que se destinan a la compra de insumos, piezas y unidades terminadas en el exterior.

A la par, el atraso cambiario por la creciente inflación desincentiva las exportaciones y reprime la oferta interna de divisas, con un efecto contractivo aún mayor. Se estima que entre 20 y 23 millones de toneladas de soja de la campaña 2013/14 todavía no fueron comercializadas. “La persistencia y ampliación de la brecha existente entre la cotización del dólar ‘oficial’ vis a vis el precio en el mercado paralelo, incentiva a los productores y acopiadores -que venden al tipo oficial menos derechos de exportación- a no vender su producto a la espera de una devaluación”, sintetiza Abeceb.com.

El dólar en Brasil toca su precio máximo desde 2005

En un marco de tensión política por las elecciones presidenciales, el mercado financiero brinda a través de los precios su punto de vista y preferencias sobre los candidatos. Así, las últimas encuestas en Brasil que hablan de una reñida definición en segunda vuelta entre Dilma Rousseff y Aécio Neves, con leve ventaja para la actual mandataria, generaron una reacción contraria en la bolsa y la plaza cambiaria. Esta dinámica no debe resultar indiferente: por su peso en la región y su estrecha relación con la Argentina, un cambio de gobierno en Brasil puede acelerar los tiempos para que se produzcan cambios en la política económica de nuestro país.

Para los grandes inversores y operadores financieros, Neves no sólo representa una renovación en el centro del poder de Brasilia, luego de 12 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), si no que propone una versión de la economía menos proteccionista, intervencionista y regulada, frente a un gobierno que dejó de encontrar respuestas para mitigar el enfriamiento económico que atraviesa el gigante sudamericano: tras un notorio repunte de 7,5% del PBI en 2010, Brasil creció 2,7% en 2011, solo 1% en 2012, un 2,5% en 2013 y se anticipa una expansión menor al 1% para este año.

Las acciones de la Bolsa de Valores de San Pablo retroceden en octubre más de 6%, mientras que el real brasileño profundiza su sendero declinante frente al dólar. La divisa norteamericana alcanzó su valor más alto en casi una década, al negociarse el jueves a 2,5166 reales por unidad, una cotización no vista desde el 27 de abril de 2005, cuando cerró a 2,515 reales.

La evolución de los activos en Brasil tiene mayor influencia en la Argentina que lo que se observa en la superficie. Petrobras Brasil cotiza en el recinto de Buenos Aires y tiene una ponderación del 6,1% en el Merval, y su filial Petrobras Argentina aporta otro 3,4% en la elaboración del indicador referente de la plaza accionaria local. Casi 10% del panel líder está influido directamente por el movimiento de precios en Brasil, y en menor grado también por aquellas compañías que integran sus negocios con operaciones en el país vecino.

No son realidades simétricas ni siempre comparables. En octubre, el índice Bovespa retrocede 6,3%, contra 18,2% del Merval, mientras que el Bovespa pierde un 1,5% desde comienzos de año y el Merval avanza un 90,5 por ciento. En este aspecto, las restricciones cambiarias en la Argentina potenciaron las transacciones bursátiles y exageraron las ganancias muy por encima de la inflación, al utilizarse a la Bolsa local como vehículo para dolarizar carteras ante la vigencia de las prohibiciones sobre la divisa norteamericana.

Más nítido es el paralelo entre la inflación y el tipo de cambio. La Argentina acumuló una inflación de 30,53% entre enero y septiembre de este año –según el índice Congreso-, un porcentaje casi idéntico al que mostró el dólar oficial, que en el mercado mayorista subió 30% en el año –contabilizando tres semanas de octubre-, de 6,532 a 8,49 pesos. Mientras, Brasil experimentó un alza de precios minoristas del 4,61% entre enero y septiembre, aunque el dólar se apreció 7,7%, más de 3 por ciento por encima de la inflación.

Brasil es el principal socio comercial de la Argentina. Si su economía no crece, tampoco lo hace su demanda por productos argentinos. Si el real se deprecia a mayor ritmo que el peso argentino, el Banco Central brasileño, en cierto modo, está erosionando la competitividad cambiaria de nuestro país, ya muy deteriorada por el encarecimiento de los precios internos con una inflación del 40% anual. Cuando Brasil acelera el ritmo de devaluación, ejerce una involuntaria presión para que la Argentina también lo haga.

La otra cara de la moneda es la decisión de la Argentina en los últimos 12 años de priorizar el crecimiento económico y sacrificar las políticas antiinflacionarias, que se replica en el salto del dólar. Hace diez años, el 25 de octubre de 2004, el dólar en Argentina cotizaba a 2,969 pesos, casi igual que en Brasil, a 2,88 reales. Hoy, el dólar oficial en Argentina vale en moneda local un 186% más; en Brasil, un 15% menos.

Las reservas caen 10% en 2014

Octubre es un mes de trascendentes movimientos en el mercado cambiario. La llegada de Alejandro Vanoli al Banco Central disuadió a bancos y empresas de profundizar su dolarización de carteras: el “blue” retrocedió 6,5% (de 15,72 a 14,70 pesos), el “contado con liqui” cayó 7% (de 14,93 a 13,88 pesos) y el dólar mayorista avanzó un módico 0,6% (de 8,4275 a 8,475 pesos). Pero al mismo tiempo las reservas recortaron casi u$s600 millones: se trata de la mayor pérdida de activos en nueve meses, superada en el año por los u$s2.851 millones que salieron en enero, cuando todavía no se sentían los efectos de la devaluación.

Según datos sujetos a ajuste, las reservas se situaron este viernes en u$s27.301 millones, con un retroceso de u$s565 millones respecto de los u$s27.866 millones del cierre de septiembre, cuando aún restan 10 días hábiles en octubre. Marzo también había sido otro mes muy negativo para las reservas, con una pérdida de 539 millones de dólares. Así, en el transcurso de 2014, la tenencia de activos internacionales del BCRA retrocedió u$s3.289 millones, un 10,8%, desde los u$s30.599 millones que se contabilizaban en enero.

El Gobierno hizo efectivo este viernes el pago semestral de intereses del Bonar X, título bajo legislación local, por unos u$s240 millones, cuyo pago no es alcanzado por los bloqueos dispuesto por el juez de Nueva York Thomas Griesa. Ya el 3 de octubre se habían cancelado otros u$s208 millones por el vencimiento de Boden 2015. Además, con la apertura parcial del “cepo” cambiario empezaron a tomar cuerpo las ventas a minoristas para atesoramiento y viajes, que sólo en el décimo mes del año representan unos 390 millones de dólares.

Las reservas habían tocado su piso del año el 3 de abril, en u$s26.729 millones, una marca similar a la del 15 de agosto 2006, durante la presidencia de Néstor Kirchner y pocos meses después de la cancelación total de la deuda con el FMI. Si se hubiera evitado el default “selectivo” que impide pagos de deuda bajo legislación extranjera, el cumplimiento de las obligaciones con bonistas reestructurados el 30 de junio (bonos Discount) y el 30 de septiembre (bonos Par) hubiera absorbido reservas líquidas del BCRA por unos u$s700 millones, aún exceptuados los u$s1.650 millones que los tribunales norteamericanos ordenaron pagar a los holdouts por títulos incumplidos desde 2001.

En 2013 el BCRA perdió u$s12.691 millones de sus reservas: fue el año más negativo desde el 2001, cuando salieron de las arcas de la entidad más de u$s19.000 millones, en el prólogo de la peor crisis económica de la historia argentina. En 2014, las reservas caerán un tercio del monto perdido el año pasado, a fuerza de mayores controles sobre las importaciones y las operaciones financieras y una mayor devaluación de la moneda que encarece a los productos e insumos extranjeros. Estas medidas traen consecuencias recesivas que se perciben en todos los órdenes del desempeño económico.

“Estamos a la deriva, prácticamente paralizados en materia de política económica, con poco tiempo y menos herramientas. Esto se suma un escenario externo que se complica día a día, con el precio de la soja nublando aún más las perspectivas”, explica Juan Pablo Ronderos, de la consultora Abeceb.com.

El Gobierno podrá argumentar que en 2014 se recortó a menos de la mitad la pérdida de reservas en comparación al 2013, pero por un fuerte ajuste de la actividad, pues otras variables no aportaron divisas como se esperaba. Con una devaluación más acelerada, en los ocho primeros meses de 2014 las exportaciones se desplomaron 10% con respecto a igual período del año anterior. Además, las ventas a Brasil disminuyeron un 13% por el estancamiento económico del país vecino. Las inversiones extranjeras para Vaca Muerta y la llegada de dólares por la colocación de bonos de YPF tampoco alcanzaron el volumen estimado.

La pérdida de valor para la soja, en la zona de u$s350 por tonelada, y también para otros cultivos significó una caída en los ingresos de divisas por liquidación de exportaciones del 3,5% en lo que va del año (u$s19.225,5 millones contra u$s19.924,3 millones). Como contracara, por efecto de la recesión y la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos, entre enero y agosto el déficit del rubro energético cedió 2,6% contra similar período de 2013 (u$s4.922 millones contra u$s5.053 millones) .

Múltiples razones detrás del récord de dólar “ahorro”

Las compras de dólar para atesoramiento se aceleran con el transcurrir del año, incentivadas por un incremento del dólar oficial que apenas acompaña a la inflación y no puede escapar al atraso cambiario acumulado en tres años de establecido el control de cambios.

En ocho días hábiles de octubre la demanda minorista cursada por el circuito oficial ascendió a u$s323,1 millones, que representan un 85% del total vendido en septiembre, hasta ahora el mes récord con 379,1 millones de dólares. Transcurrió un tercio de octubre y ya es el segundo mes con más dólares efectivizados para minoristas.

¿Los ahorristas tienen más dinero ahora que a comienzos del año y por eso demandan más divisas? Seguramente no en términos reales: los incrementos salariales registrados durante las paritarias, con un promedio de 29,7% según el Ministerio de Trabajo, coinciden con el 29,8% que aumentó en el año el dólar oficial en el mercado mayorista, de 6,523 a 8,467 pesos.

Un motivo menos obvio que el atraso cambiario está detrás de la transferencia de pesos excedentes –y no tanto- del consumo al ahorro en moneda dura. La incertidumbre sobre el futuro de la economía llevó a muchos pequeños ahorristas a optar por el refugio del billete verde, en detrimento de la compra, por ejemplo, de bienes durables, que tanto favoreció la expansión de la actividad interna.

Esta cobertura del “chiquitaje”, como se dice en la jerga financiera, tiene doble consecuencia recesiva: contrae el consumo y retira dólares del sistema financiero, imprescindibles para inyectar dinámica al comercio exterior, debido a que nueve de cada diez dólares para atesoramiento salen de los bancos y se “fugan”, disminuyendo además las reservas del Banco Central. Parcialmente contrarresta esta pérdida la percepción anticipada de 20% en concepto de impuesto a las Ganancias por cada transacción, aunque luego puede ser deducida.

El Gobierno insistió la semana pasada en que no suspenderá la alternativa de la compra legal del dólar para ahorro, habilitada desde el 27 de enero, ni alentará una devaluación abrupta, lo cual mantendrá como muy atractivo el precio de la divisa, cuando el dólar paralelo se aproxima a los 15 pesos, con una brecha que aún con la carga impositiva es casi del 50 por ciento.

Dentro de la colección de contradicciones oficiales está el control de cambios, impuesto con la intención de preservar las reservas sin apurar la devaluación, en un escenario de déficit fiscal, elevada emisión de pesos y escalada inflacionaria. En tres años de “cepo” las reservas cayeron un 42%, de u$s47.523 millones del 31 de octubre de 2011 a unos u$s27.615 millones hoy. Y la economía se sumió en una clara recesión que promete extenderse a 2015.

Otro “subsidio” a los que más ganan

La apertura parcial del mercado minorista, con cupos establecidos por la AFIP, no llega a satisfacer la demanda de los ahorristas, pues el mercado marginal se mantiene firme y con precios en alza, y tampoco consigue proteger las reservas del BCRA. En el año, por ahorro y turismo el público demandó un total de u$s2.414,4 millones, mientras que los activos internacionales de la entidad monetaria cedieron 2.984 millones de dólares. Si bien hay múltiples factores que explican el ingreso y egreso de divisas a las arcas del BCRA, las ventas para atesoramiento contribuyeron a esta merma.

Con la misma debilidad de criterio se resolvió incrementar las tasas que los bancos deben ofrecer a los ahorristas, con un piso de 23% anual, y triplicar la garantía para depósitos a plazo fijo a 350.000 pesos. Mientras el dólar oficial y el “blue” avancen a mayor ritmo que los rendimientos por esas colocaciones, seguirá el apetito por la divisa y el sacrificio de reservas, aún cuando la cotización aumente a menor ritmo que la inflación, algo poco probable. Prueba de ello es que en octubre ya se contabilizan 482.440 particulares que compraron dólares por el circuito formal, un 50% más que en el mismo lapso de septiembre, cuando lo hicieron 322.026 personas.

Por otra parte, queda plantear si este procedimiento no implica un subsidio para los que más ingresos tienen. Un tercio de los asalariados, que trabaja “en negro”, tiene vedado el acceso al mercado de cambios. También aquellos que cobran “en blanco”, pero con ingresos inferiores a $8.800 mensuales (equivalentes a dos salarios mínimos). Asimismo, como se pueden adquirir dólares por una proporción de los ingresos registrados, los que más ganan, más divisas “baratas” pueden comprar, lo que luce como una política regresiva si en el futuro no se mantiene este nivel tan bajo de tasa de cambio.

Las operaciones para atesoramiento de octubre dejan un promedio de u$s670 por individuo. Como la AFIP fija un cupo determinado por el 20% del ingreso promedio mensual comprobable en el promedio de los últimos doce meses, puede inferirse que el ingreso medio del ahorrista en dólares es de unos 28.300 pesos, un salario que de ninguna manera puede ser equiparado por la mayoría de los trabajadores argentinos.

A este beneficio para el asalariado de altos ingresos hay que sumarle la diferencia que puede hacerse por la posterior venta de los dólares formales en el mercado paralelo. En el caso de los u$s670 de promedio, representarían una ganancia aproximada de unos $3.000 –más de 10% del salario-, aún contabilizando la percepción por Ganancias y el spread que descuentan los cambistas de las “cuevas” respecto del precio de venta del “blue”.

La Bolsa deshace su apuesta por la devaluación inminente

La negativa a devaluar hecha explícita por el nuevo presidente del Banco Central cambió la perspectiva de los inversores bursátiles. En sus encuentros con banqueros, Alejandro Vanoli manifestó de “manera terminante” que no dejará escapar al dólar oficial y la repercusión en los mercados financieros fue inmediata.

En el transcurso de octubre, luego de la salida de Juan Carlos Fábrega del BCRA y la llegada de un funcionario que ya mostró su propensión por los controles desde la Comisión Nacional de Valores, las posiciones vendedoras llevaron a una baja del 18,7% promedio para las acciones del Merval de la Bolsa de Comercio. Está claro que desactivada la apuesta por una pronta devaluación del peso, el 132% que había acumulado como ganancia promedio el panel líder, cuatro veces más que la inflación real, había perdido fundamento en el corto plazo.

En el exterior también quedó bajo observación el valor de los títulos argentinos. En Wall Street, la acción de YPF, la más representativa para determinar cómo se pondera la valuación los activos nacionales, perdió en el transcurso del mes un 14,9% en dólares (de u$s36,99 a u$s31,46). Grupo Financiero Galicia restó un 18,3% en las siete jornadas operativas de octubre.

A la vez, otras maniobras oficiales, como el pedido a las aseguradoras para que liquiden bonos en dólares, permitieron aplacar aún más el “contado con liquidación”, la variante para acceder a dólares a través de la compra de activos en pesos en la plaza local para venderlos en el exterior a cambio de divisas.

El “contado con liqui” recortó un 10%, de los $14,93 en los que terminó septiembre a los actuales 13,43 pesos. En el mismo sentido, el dólar marginal cedió 5,7% desde que asumió en Vanoli en el Central, de 15,72 a 14,83 pesos. El funcionario fue quien había cuestionado la difusión de esta cotización “como si se publicara el precio de la cocaína”.

Por ahora, la disuasión fue más eficaz que apelar a una reforma de la ley penal cambiaria para modificar la tipificación que pesa sobre el mercado negro de divisas y así desterrar las “cuevas”. Rebajarla a delito correccional posibilitará que las fuerzas públicas actúen ante la evidencia de estas operaciones cambiarias sin la autorización previa de los organismos públicos. Apenas se reiteraron las inspecciones de la AFIP y Gendarmería en el microcentro para dispersar por un tiempo a los “arbolitos” y desalentar las ventas.

Sin embargo, estas iniciativas apenas distienden la plaza financiera en el corto plazo. La liquidación de bonos en dólares en la cartera de organismos oficiales como la ANSeS o en la de inversores institucionales como las aseguradoras no puede sostenerse en el tiempo. Por el contrario, los desfinancian, al reducir su exposición a activos dolarizados de la misma forma que se resquebraja el patrimonio del BCRA al perder reservas internacionales a cambio de títulos de menor calidad o, directamente, de pesos.

El horizonte hacia 2015 contempla la persistencia del “desacato” dictado por el juez Griesa en EEUU, el impago a los holdouts y la profundización del “default” selectivo con los acreedores reestructurados. El 30 de octubre vencerá el período de gracia por el incumplimiento de intereses de bonos Par bajo legislación extranjera, que se sumará al de los Discount el pasado 30 de julio. La posibilidad de detonar una “aceleración” de la deuda que ingresó a los canjes de 2005 y 2010 será cada vez mayor, cuando se avecina un cierre de año con un pronunciado faltante de dólares.

Ese es un problema significativo para Vanoli, pues el Gobierno mantiene el foco en la salida de divisas del país y no trabaja en alternativas para que ingresen: las reservas del Banco Central perdieron unos u$s400 millones desde que comenzó el mes. Por debajo de los u$s28.000 millones, los activos internacionales del BCRA siguen en disminución aún con el diferimiento de los pagos de deuda. Al mismo tiempo, los argentinos “fugan” sistema financiero local unos u$s224.000 millones que por sí solos permitirían pagar toda la deuda pública. Con que una cuarta parte de estos fondos reingresara como inversiones y depósitos, podrían recomponerse las reservas a niveles récord de 2011, reactivar la actividad económica y cumplir con los vencimientos sin sobresaltos.

El mes de la “dolarización”

En un difícil año para la economía, el mes de septiembre será recordado por la profundización del default y la declaración de desacato en los tribunales de los EEUU. También por cifras para el asombro en el plano financiero debido a la revalorización de activos, como resultado de la creciente incertidumbre que motorizó los negocios, a falta de fundamentos positivos.

La Bolsa de Comercio local es la plaza que más ganancias obtuvo en el año en todo el mundo. La búsqueda de cobertura ante una inflación persistente y el riesgo de una devaluación brusca que muchos operadores anticipan intensificó las posiciones dolarizadas en acciones y títulos públicos, pues empresas y grandes inversores se valieron del canal financiero para acceder a divisas.

Para las transacciones que se efectivizan en el exterior, es decir el dólar “contado con liquidación” o “cable”, el tipo de cambio implícito finalizó en $14,93, con un incremento de 15,6% en septiembre. Para las operaciones que se cierran en el mercado interno con títulos públicos, es decir el dólar “bolsa” o MEP (Medio Electrónico de Pago), la cotización finalizó en $15,26 y un alza mensual del 17,1 por ciento.

“En el plano doméstico, la escena estuvo nuevamente dominada por el conflicto con los holdouts, que motivó a los inversores a acentuar la dolarización de las carteras, elevando el tipo de cambio implícito en las cotizaciones de los activos financieros. Ley de pago soberano, cambios de jurisdicción y desacato incrementaron el grado de incertidumbre”, sintetizó un informe de Tavelli Sociedad de Bolsa.

Para el ahorrista común, la salida del dólar “blue” fue una alternativa cara. El billete subió un 11,9% en septiembre, a $15,72 en el mercado paralelo, y acumuló un incremento del 56,6% en nueve meses de 2014, el doble que el 29% que subió el dólar oficial en el mercado mayorista, ahora en 8,4275 pesos.

La brecha cambiaria cercana al 90% también activo la avidez por acceder al cupo de dólares para atesoramiento permitido por la AFIP. La divisa acumuló compras récord en septiembre por u$s376,6 millones, mientras que las operaciones minoristas efectivizadas este año para ahorro y turismo sumaron 2.073,1 millones de dólares. La huida del peso hacia el dólar es incentivada por el atraso perceptible de la cotización oficial, que subió apenas 0,2% en el último mes, contra una inflación que multiplicó por diez ese porcentaje.

El índice Merval de la Bolsa porteña se lució con un repunte promedio de 27,8% en el mes, ascenso que se trasladó a los bonos soberanos, especialmente los nominados en divisas. Aluar subió 68,4% en septiembre y anotó la mayor ganancia mensual entre las líderes, seguido por Siderar (+46,3%), Pampa Energía (+41,5%), Banco Francés (+39,5%) e YPF (+32,2%). En el panel general, Transener escaló 84,2% y Banco Patagonia, 80,1 por ciento.

El default “selectivo” cumplió dos meses, luego de que el 30 de julio caducaran los 30 días de plazo para cancelar intereses de bonos Discount en dólares bajo legislación extranjera, giro que bloqueó el juez Griesa. Sin embargo, el apetito por el dólar superó todos los temores y estos títulos ganaron un contundente 27,4% en septiembre. Otras emisiones que pagan capital e intereses en divisas se apreciaron con fuerza en el mercado secundario: el Bonar 2017 sumó 20,5% y el Boden 2015, un 14,20 por ciento.

A los mediocres resultados macroeconómicos de la Argentina, la soja les aportó el dato más preocupante: en el mes, el contrato más negociado retrocedió 11,2%, a u$s335,54 por tonelada, el precio más bajo en cuatro años y medio. Desde enero, el principal producto de exportación de la Argentina perdió 30,4 por ciento.

En ese contexto de una reducida liquidación de exportaciones del agro se comprende mejor por qué retornó con fuerza el proceso de declive de las reservas del Banco Central, que en u$s27.914 millones cayeron u$s706 millones en septiembre, aún con pagos de deuda que no se están haciendo efectivos. En 2014 las tenencias internacionales de la entidad ceden 8,8% ó 2.685 millones de dólares.