Irán al acecho en Uruguay

Días atrás trascendió que en al menos dos incidentes, agentes y/o diplomáticos iraníes apostados en Montevideo podían haber estado involucrados en operaciones terroristas anti-israelíes.

A fines de noviembre y a comienzos de enero, dos maletines con materiales explosivos se hallaron en las inmediaciones de la antigua y nueva sede de la embajada de Israel en Montevideo. En un caso, el diplomático iraní Ahmed Sabatgold fue visto en la zona. El gobierno persa aseguró que su delegado estaba allí por una visita médica. Por supuesto. También hay en el barrio un deli que vende un humus exquisito. Teherán sacó del país rápidamente a su hombre.

Irán tiene un largo historial de involucramiento en operaciones terroristas internacionales. Sólo en los últimos años golpeó a turistas y diplomáticos israelíes en Bulgaria, Tailandia, Georgia y la India, mientras que planeaba hacer otro tanto en Turquía, Azerbaiyán, Chipre y Kenia. La Casa Blanca expuso un complot iraní para atentar contra el embajador saudita en Washington, D.C. El Tribunal Especial de la ONU señaló como responsables del asesinato del ex premier libanés Rafik Hariri a cuatro integrantes de Hezbollah. Células de este movimiento chiíta fueron denunciadas por distintas y confiables fuentes en Cuba, Venezuela, Bolivia, Brasil, la Triple Frontera y otras partes de América Latina.

De modo que si un diplomático iraní es visto merodeando cerca de una embajada israelí y de un artefacto explosivo… bueno, elemental, Watson. Además deben ser tenidas en cuenta las últimas confrontaciones entre israelíes e iraníes en los Altos del Golán. El 18 de enero la aviación israelí mató a un general de las Guardias Revolucionarias iraníes, Mohammed Allahdadi, al hijo combatiente del extinto archi-terrorista Imad Mugnyeh y a otros militantes de Hezbollah, en ruta a atacar posiciones de Israel. Diez días después, el grupo chiíta lanzó un misil que mató a dos soldados israelíes e hirió a otro siete en la frontera sirio-israelí. Si bien estos acontecimientos fueron posteriores a las fallidas bombas en Montevideo, dan cuenta de un contexto más grande. Irán continuamente busca dañar a Israel. Donde sea. Donde pueda.

El Gobierno uruguayo respondió a estos hechos de manera lamentable. El usualmente locuaz presidente se llamó a silencio, y el canciller minimizó la amenaza. La comunidad de inteligencia uruguaya ve a Irán como el país más proclive a atacar en territorio uruguayo, pero, informaba en una reciente nota en El Observardor Gabriel Pereyra, “se recibió la orden de no agitar el tema Irán, ni públicamente ni en reuniones reservadas del Gobierno”.

Según este periodista, las señales que dio la administración de Mujica no se condicen con la forma en que los servicios secretos creen que debe actuar. En sus palabras: “Durante una reunión del Consejo de Defensa Nacional (integrado por Presidencia, Relaciones Exteriores, Interior, Economía y Defensa), se planteó un informe de Inteligencia que abonaba la tesis de que Irán era, según las informaciones recabadas y las actitudes de sus diplomáticos, el objetivo número uno en seguridad… la que tomó la palabra fue Graciela García, secretaria de Almagro. La funcionaria sostuvo que nada indicaba que fuera a haber un atentado aquí y que Irán era una nación amiga… Fue después de esa reunión que el gobierno pidió no agitar el tema Irán, ni siquiera en reuniones reservadas”.

El canciller Luis Almagro estuvo apostado en Teherán entre 1991 y 1996, período en que se le atribuye haber forjado vínculos cercanos con los iraníes. Cuando el entonces representante iraní en Uruguay, Hojjatollah Soltani, negó el Holocausto, Almagro lo citó y repudió sus palabras pero acotó que “el hecho no tiene por qué dañar las relaciones diplomáticas con Irán”. También está el hecho de que hasta 2010 un promedio de diez iraníes con pasaportes falsos pasaban por Uruguay, generalmente rumbo a Brasil. Hace poco, presuntos refugiados sirios con pasaportes israelíes truchos cruzaron territorio uruguayo. Trascendió a su vez que el oficialismo hizo la vista gorda ante denuncias de violencia de género y maltrato infantil entre los refugiados sirios que acogió. La dupla Mujica-Almagro ha hecho de su país el primero en América Latina en dar cobijo a ex presos islamistas de Guantánamo.

El gobierno uruguayo está o bien despistado en torno a las intenciones de Irán en su suelo, o bien deseoso de minimizar el problema para no antagonizar al propio Irán, o bien prisionero de una ideología tercermundista pro-islámica. Su actitud de desconsiderar las advertencias de su propio servicio de seguridad resulta inquietante dados los antecedentes y la peligrosidad del régimen ayatollah. Su hospitalidad ingenua y política benevolente le podrá costar caro. Para la teocrática República Islámica de Irán, Uruguay no es más que una nación cristiana infiel. Mujica y Almagro son, a los ojos de Teherán, un par de idiotas útiles latinoamericanos.

¿Todos somos Charlie Hebdo?

Para la época en que las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdo fueron atacadas en el centro de París por islamistas franceses, otros islamistas del Medio Oriente ocasionaron la muerte a treinta cadetes de policía en Yemen, a una veintena de feligreses en Irak y a ciento treinta niños en Pakistán, mientras islamistas en la Franja de Gaza y en Cisjordania agredieron con violencia a civiles y soldados israelíes. Las mujeres, los homosexuales, los librepensadores y las minorías kurdas, yasidis, bahais y cristianas viven bajo el acecho constante de los fanáticos en la vasta extensión del Dar-al-Islam.

Antes de que doce periodistas y caricaturistas franceses fueran ejecutados a quemarropa en su lugar de trabajo por haber dibujado al profeta del islam, otros editores, cineastas, intelectuales, escritores y figuras religiosas habían sido puestos en la mira del islam radical. En el 2004 Theo Van Gogh fue apuñalado en la vía pública por haber hecho una película sobre el maltrato femenino en el islam. Tras la publicación en el 2005 por parte del diario dinamarqués Jyllens Posten de una docena de caricaturas sobre Mahoma, islamistas intentaron matar al dibujante en tanto que la embajada danesa en el Líbano fue incendiada y la de Islamabad, bombardeada. Luego de dar un discurso en la localidad alemana de Ratisbona, en el que Benedicto XVI denunció la violencia que anida en el islam, cristianos fueron matados en el Medio Oriente y un edicto asesino fue emitido contra el Papa. Estos hechos fueron precedidos y sucedidos por otras amenazas lanzadas contra el británico Salman Rushdie, la somalí Ayan Hirsi Alí, la italiana Oriana Fallaci y la española Pilar Rahola, entre otros, por haber alertado contra el fundamentalismo islámico. Continuar leyendo

Dos Papas y el Islam

Al poco tiempo de su consagración en abril de 2005, Benedicto XVI disertó ante representantes de las comunidades musulmanas de Colonia, Alemania, y definió al terrorismo como “una opción perversa y cruel, que desdeña el derecho sacrosanto a la vida y corroe los fundamentos mismos de toda convivencia civil”. En ocasión de su habitual saludo al cuerpo diplomático, en enero de 2006, el Papa refirió al “…contexto mundial actual, en el cual sin duda se ha vislumbrado el peligro de un choque de civilizaciones. El peligro se hace más agudo por el terrorismo organizado, que se extiende ya a escala mundial”. Entre sus causas, el Papa aludió a “aberrantes concepciones religiosas” y agregó que “ninguna circunstancia puede justificar esta actividad criminal, que llena de infamia a quien la realiza y que es mucho más deplorable cuando se apoya en una religión, rebajando así la pura verdad de Dios a la medida de la propia ceguera y perversión moral”. Continuar leyendo

Las finanzas del nacionalismo palestino

Las últimas noticias que han revelado la magnitud del tesoro del ISIS (o Estado Islámico) -USD 2.000 millones- han captado la atención de una opinión pública sorprendida por los recursos a disposición de un movimiento terrorista sanguinario. Menos sabido es que quien le sigue en la lista de las agrupaciones terroristas más ricas del mundo es el Movimiento de Resistencia Islámico, más conocido como Hamas, que tiene un presupuesto operativo anual de USD 1.000 millones. A diferencia de ISIS, esta agrupación palestina no tiene acceso a pozos petroleros ni controla una región del tamaño de Bélgica esparcida entre dos Estados; Gaza es pobre y diminuta. Pero tiene en su poder algo sumamente valioso ante los ojos del mundo: el destino de 1.8 millones de palestinos.

Desde la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993 entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el pueblo palestino ha llegado a recibir la más grande asistencia económica mundial en términos per cápita desde el Plan Marshall tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Como gobernador de la franja, Hamas está a punto de beneficiarse de esa generosidad: el mes pasado países donantes comprometieron USD 5.400 millones para la reconstrucción de Gaza. Si bien no está planeado que ese monto enorme llegue a las arcas de Hamas sino a la sociedad civil palestina, asumir que Hamas no tomará una porción de la torta es una fantasía. Continue reading

Memo interno de la Jihad Global a Cristina

Hermanos en la causa de la Jihad, que Alá esté con ustedes:

Nuestro plan de atacar a la presidente de la República Argentina ha sido expuesto. Dos eficientes comisarios porteños han alertado a la Casa Rosada al respecto (¡además del mal gusto elijen un color gay para su palacio de gobierno!). Justo cuando habíamos reordenado nuestra prioridades y definido nuestro objetivo supremo, nos han detectado. Fue inteligente dejar de lado a Ban K i-Moon, Barack Obama, David Cameron, Francois Hollande, Angela Merkel y otros dignatarios infieles y centrarnos en una de las menos relevantes figuras internacionales contemporáneas para hacerla nuestro blanco. Eso desorientó a nuestros adversarios. Lastimosamente también a muchos de los nuestros, tal como me whatsappeó el otro día el hermano Abdullah: “¿¡Y esa quién es!?”. Pero ya no funcionará: se enteraron. Y encima la propia Cristina Fernández lo ha anunciado públicamente, y nada menos que en el Vaticano y en la ONU.

Como si ella quisiera agregar ofensa a la herida inicial, su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas fue un desastre. En su recinto condenó la muerte dada por Estados Unidos a Osama Bin-Laden, fundador de Al-Qaeda con la que estamos enemistados. ¿Y por qué condenó esa muerte y no las más recientes de Abu Yousef al-Turki, líder del Frente al-Nusra en Siria, o la de Ahmed Abdi Godane, jefe de al-Shabab en Somalia? Esta hereje no debió condenar muerte alguna, sólo las vidas de nuestros nobles mártires cuentan.

Luego la señora puso en duda la veracidad de nuestros videos de decapitaciones. ¿Pueden creerlo? ¿Acaso tiene ella alguna idea del tiempo y esfuerzo que lleva capturar infieles, mantenerlos en cautiverio, eludir a las agencias de inteligencia que constantemente nos monitorean, preparar el mensaje al mundo, convocar a un verdugo que hable inglés, confeccionar el vestido naranja onda-Guantánamo, conseguir la cámara y filmar la ejecución? ¿Todo para nada? ¿Tanta inversión de energía para que la presidente argentina nos ninguneé?

¿Y que necesidad había de comparar a su nación sudaca con nuestro archienemigo en el Medio Oriente, Arabia Saudita? Esos monarcas traidores que venden petróleo a cambio de seguridad al Tío Sam y que prestan sus pilotos para que sus aviones escolten a los jets norteamericanos mientras bombardean nuestras sagradas posiciones, no deben ser modelo de país para nadie. No es que no estemos de acuerdo con los duros castigos que Ryhad impone a los homosexuales, o con la ejemplar forma en que lapida a las mujeres adúlteras, o la eficaz manera en que amputa las manos a los ladrones. No, eso está bien. Pero este pozo petrolero con bandera es socio de Occidente y ha de pagar por ello. ¡Tómenos de ejemplo a nosotros señora! Mucho de lo que usted anhela ya lo estamos implementando en partes de Siria e Irak y, si Alá quiere, en toda la región prontamente: inexistente oposición política, nula libertad de expresión, nada de medios de prensa independientes. ¿Ve?

Debo admitir que me molestó sobremanera su insistencia, ya rayana en el ridículo, de acercarse a Irán. Soldados de sus Guardias Revolucionarias y combatientes de Hezbollah están luchando fieramente contra nuestros hombres. Teherán representa el corazón del chiísmo regional con el que estamos mortalmente enemistados y compitiendo por la supremacía en el Medio Oriente. ¿Qué tienen los iraníes para ofrecerle que nosotros no? Es cierto que desde que asumió funciones el gobierno de Hassan Rouhani ha matado alrededor de mil disidentes y está al tope en la cantidad de ejecuciones per cápita a nivel mundial. Pero dénos tiempo. Los ayatollahs llevan treinta y cinco años en el poder perfeccionando su técnica autoritaria. Volviendo a lo nuestro: ¿exactamente que parte de la frase “Teherán no validó el Memorando en todo este tiempo” usted no entendió? ¿Por qué persiste? En fin. Este sí que es un enigma divino.

Por último, la insinuación de que si algo le pasara los argentinos deberán mirar al Norte y no al Medio Oriente estuvo demás. ¿Acaso somos los del ISIS menos amenazantes que Washington? ¡Por favor! ¡Que cosas dice! Ya ven, hermanos en armas, lo que sucede cuando uno no milita en nuestra Fe y se forma en una provincia que lleva por nombre Santa Cruz.

No obstante, no todo fue malo en su discurso. Eso de los “demonios internos y externos” al referirse a los judíos me encantó. Le regalo un smiley por ello J y un me gusta en su portal de Facebook; aunque no me haré seguidor suyo en Twitter pues me han dicho que abusa de ello, too much como le agrada decir. También ha hecho bien en instar a los sionistas a que acepten la creación del estado de Palestina; ya usaremos ese territorio para atacarlos oportunamente, como nuestros amigos de Hamas acaban de hacer desde Gaza y nuestros enemigos de Hezbollah han hecho desde el Líbano. Y me saco el sombrero por su crítica al modo en que Washington nos está atacando, ojalá (u “Oh Alá” como decimos por acá) que Obama le haga caso. Uno nunca sabe.

Al fin de cuentas, no estuvo tan mal. Quizás reconsideremos y la perdonemos.

Salum Aleikum,

Abu Bakr al-Bagdadi,

CEO, Jihad Global

¿Infanticidio en Gaza?

Israel, escribe Mark Steel en The Independent horrorizado por las víctimas infantiles en Gaza, “es una comunidad de asesinos de niños”. La acusación contemporánea es descendiente directa de la infamia de los crímenes rituales que se atribuyó a los judíos durante la Edad Media, según los cuales éstos mataban niños cristianos, extraían su sangre y cocinaban con ella el pan leudado de la pascua hebrea. Grandes cantidades de judíos fueron en esas épocas perseguidos, expulsados y masacrados bajo la sombra de esta acusación infundada. Hoy cae sobre el estado judío el reciclaje moderno de similar injuria: los israelíes matan niños palestinos.

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Hamás e Israel fuera de foco

Tal como el proverbial cuento del hombre que pierde sus llaves en una zona oscura del barrio pero las busca en el patio de su casa sólo porque allí hay un faro de luz que le permite ver bien, la atención mundial sobre el último round bélico entre Hamas e Israel se ha vertido sobre los aspectos usuales que la prensa internacional ha destacado, a expensas de otras cuestiones que por no estar bajo el foco de luz mediático han quedado relegadas de la mirada global. Bien vale la pena echarles un vistazo pues ellas dicen mucho a propósito de la naturaleza de este conflicto, de la conducta de los combatientes y de la cultura de estos pueblos enfrentados.

Esta nueva confrontación -la tercera desde que Israel abandonó Gaza- no surgió de la nada; tuvo un hecho disparador y un actor responsable. El 12 de junio tres adolescentes israelíes fueron secuestrados y asesinados en Cisjordania. Sus ejecutores cantaron luego de matarlos. Pasarían tres semanas hasta que sus cuerpos serían hallados. En ese lapso y a modo de celebración, grupos jihadistas comenzaron a lanzar cohetes desde Gaza hacia poblados de Israel. Un gesto se popularizó en la calle palestina: una mano con tres dedos elevados, simbolizando a los tres jóvenes secuestrados y anunciando la esperanza de un nuevo intercambio como el de Gilad Shalit, soldado israelí secuestrado antaño por Hamas y recuperado a cambio de la liberación de 1027 terroristas que habían matado, en conjunto, a 569 israelíes. Cuando la policía israelí informó del arresto de dos sospechosos en el crimen, la madre palestina de uno de ellos declaró: “Estaré orgullosa de él hasta el día del Juicio Final… El objetivo de mis hijos es el triunfo del Islam”.

Al poco tiempo, en injustificada represalia, seis ultranacionalistas israelíes secuestraron y asesinaron a un adolescente palestino. Prácticamente toda la sociedad israelí se mostró consternada y el gobierno condenó enérgicamente el crimen. La madre de uno de los chicos israelíes asesinados denunció el acto de venganza y un tío hizo llegar sus condolencias personales a la familia de la víctima palestina. Estas respuestas moralmente dispares a crímenes similares no tuvieron el subrayado que merecían en la cobertura de medios.

El arresto de islamistas en Cisjordania y el crimen del joven palestino elevaron la determinación de Hamas de atacar a Israel. Cuando la cantidad y regularidad de misiles lanzados desde Gaza se tornaron intolerables, los israelíes respondieron con ataques aéreos. Los medios masivos de comunicación se ocuparon de mostrar las fotos de las víctimas palestinas: niños, mujeres, ancianos, familias enteras diezmadas en los bombardeos de la aviación hebrea; lo cual es trágico. Pero fracasaron en informar cabalmente sobre los diametralmente opuestos comportamientos militares de los contrincantes.

Típicamente, Hamas escondió militantes y arsenales en zonas densamente pobladas de civiles. Para evitar o minimizar víctimas civiles palestinas, el ejército israelí llamó telefónicamente a los habitantes de los edificios en los que miembros de Hamas se ocultaban para advertirles que ese edificio sería próximamente atacado. A continuación, la fuerza aérea disparaba un misil sin carga explosiva que, al impactar en el objetivo, servía de alerta a los residentes para que se diesen a la fuga. Recién entonces era lanzado el misil real. Esta técnica lleva por nombre “golpe en la puerta” en la jerga castrense israelí. En los anales de la historia militar es difícil hallar ejemplo semejante de sensibilidad hacia una población enemiga. Y sin embargo, la noticia apenas fue divulgada por la prensa internacional. Tristemente, tampoco recibió demasiada cobertura, si alguna, la reacción de Hamas, cristalizada en este comunicado de su Ministerio del Interior, publicado en la prensa gazatí: “El Ministerio de Interior advirtió a los habitantes a no prestar atención a los mensajes que las Fuerzas de Defensa israelíes transmiten a través de teléfono a los ciudadanos según los cuales deben desalojar sus viviendas inmediatamente [antes de los bombardeos]… El Ministerio solicita a los ciudadanos no prestar atención a esos mensajes y no abandonar sus hogares”. Los palestinos obedecieron a Hamas. Las fotos de sus cadáveres hicieron titulares de prensa críticos de la represalia militar israelí.

Tampoco fue lo suficientemente notado en los cables de prensa el hecho de que Hamas disparó cohetes contra Ashdod, donde está alojada la central eléctrica desde la cual Israel provee de energía a Gaza (aún durante la contienda); contra Jerusalén, lugar de residencia de las mezquitas más sagradas para el Islam y en cuyo nombre en el pasado los palestinos han lanzado intifadas contra los israelíes; y contra el centro atómico en Dimona, ubicado a pocos kilómetros de Gaza, cuya explosión presuntamente detonaría una carga radioactiva que afectaría no solamente a israelíes sino a masas de palestinos, egipcios, jordanos y según soplen los vientos quien sabe a quién más. ¿No debiera esta actitud genocida ser noticia de interés para la prensa internacional?

Boko Haram, ISIS, Al-Qaeda y los talibanes instantáneamente despiertan una mirada escéptica por parte de la opinión pública mundial. No así Hamas. A pesar de ser un movimiento fundamentalista islámico idénticamente comprometido con el desprecio hacia -y la lucha contra- los infieles, reina una cierta complacencia en la actitud periodística hacia él. Eso no es mérito de este grupo integrista. Es sencillamente suertudo: tiene por enemigo a una nación que la prensa ama odiar.

Acrobacia papal en Tierra Santa

No hay modo de que un Papa -cualquier Papa, incluso Francisco- satisfaga a todas las partes en una peregrinación pontificia a la convulsionada Tierra Santa. Es inevitable que sus gestos hacia unos ofendan a otros, y viceversa. Es de esperar además que cada actor procure sacar el máximo rédito político a la presencia del Papa en su tierra, lo que usualmente pone al Sumo Pontífice en aprietos diplomáticos. El viaje pontificio puede evaluarse en su integralidad y en la evaluación general la gira ha sido exitosa. Si deseamos ponernos más específicos, sin embargo, debemos prestar atención a los detalles, pues son ellos los que -con mayor o menos sutileza o con diversos grados de simbolismo- expresan con elocuencia las posturas vaticanas.

¿Que nos dicen, entonces, los detalles del viaje de Francisco a la zona?

Desde Jordania, nación atestada de refugiados sirios, pidió por la paz en Siria. El Papa no tiene tanques y aviones a su disposición y es predecible que apele a un sermón moral para agitar conciencias. No obstante, él puede respaldar acciones de terceros que sí tienen el poderío político y militar para actuar. La Nación informó que en esa terrible guerra civil la comunidad cristiana ha padecido “degüellos, asesinatos de ancianos, niños y mujeres embarazadas, y hasta crucifixiones por negarse a abjurar de su fe y no renunciar a sus creencias y aceptar su conversión al Islam”. Y aun así, el año pasado, cuando Estados Unidos y Francia estaban montando el caso a favor de la intervención en aquel país árabe para detener las matanzas, Francisco se opuso a toda acción militar y convocó a una jornada mundial de ayuno y plegaria por la paz. El gesto fue caritativo y estuvo en sintonía con la prédica pacifista de la Iglesia, pero a la vez fue geopolíticamente vacuo ya que no tuvo impacto real en el régimen Assad ni en los rebeldes jihadistas. Los cristianos, junto con otros, seguirán sufriendo en Siria.

De allí viajó directamente a Belén donde fue recibido con afiches que mostraban al presidente palestino Mahmoud Abbas flanqueado por Francisco y el patriarca griego de Jerusalem con el lema “Estado de Palestina, mayo 2014”. De este modo la Autoridad Palestina buscaba capitalizar la presencia pontificia como una expresión favorable hacia la soberanía de su inexistente estado. Al no objetar eso, la diplomacia vaticana implícitamente lo validó y el propio Francisco habló allí del “Estado de Palestina” y se manifestó por “un reconocimiento al derecho del pueblo palestino a una patria soberana”. Ya antaño la Santa Sede había dado su apoyo a la movida unilateral del gobierno palestino de postular a “Palestina” al sistema de las Naciones Unidas.

El incidente más comentado lo tuvo como protagonista frente a lo que podemos a estas alturas llamar el “Muro de los Lamentos” palestino, es decir, la valla de seguridad erigida por Israel para contener ataques terroristas. Ante un sector con la leyenda “Papa, necesitamos que alguien hable de justicia. Belén luce como el gueto de Varsovia. Liberen a Palestina”, Francisco rezó brevemente en silencio. La equiparación con la ocupación nazi en Polonia pasó inadvertida. Empero, Francisco tuvo un mensaje claro ante un grupo de niños de un campo de refugiados de Belén, a quienes les dijo que “la violencia no se vence con la violencia”, un llamado tan necesario como importante para una joven generación demasiado educada en la jihad y la guerra de liberación. En un gesto paralelo, al visitar la Mezquita Al-Aqsa un día después, exclamaría “¡Que nadie use el nombre de Dios para la violencia!”, unas palabras que, en el contexto del abuso teológico por parte de grupos fundamentalistas, fueron contundentes y oportunas.

El siguiente tramo de la gira lo llevó a Israel, país al que decidió entrar por Tel-Aviv. Belén está a pocos minutos en auto de Jerusalem, pero en un gesto diseñado para subrayar el no-reconocimiento vaticano a la capital designada por Israel, el Papa se desplazó hasta el aeropuerto internacional Ben-Gurión para, una vez allí, emprender el rumbo de regreso hacia Jerusalem. Eso no tuvo el menor sentido geográfico, pero políticamente fue rotundo. Una vez allí, Francisco se expresó por “el derecho del Estado de Israel a existir y a florecer en paz y seguridad dentro de fronteras internacionalmente reconocidas” e invitó a los presidentes palestino e israelí a orar juntos en el Vaticano próximamente. La iniciativa es noble pero admite más de una lectura a la luz de que la reciente ruptura del diálogo entre Israel y Ramallah surgió como consecuencia de la alianza de la AP con Hamas (movimiento fundamentalista islámico-palestino que repudia la existencia de Israel). ¿Estaba el Papa indirectamente consintiendo esa unión? Posiblemente no. Con seguridad el acto se inscribe en sus honestos esfuerzos a favor de la paz. Es sólo que acarrea el riesgo de poner al gobierno de Israel en una postura difícil: la de aceptar negociar con Abbas mientras éste forma gobierno con Hamas.

En Israel, Francisco tuvo una serie de gestos notables. Al visitar la tumba de Theodor Herzl, el fundador del sionismo político, sentó precedente y se diferenció de los previos pontífices que visitaron el país, lo que toma gran relieve además en el contraste con el hecho de que no fue a la tumba de Yasser Arafat en Ramallah. Asimismo, Francisco rindió tributo a las víctimas israelíes del terrorismo árabe y palestino, a lo que accedió a pedido del primer ministro Benjamín Netanyahu que estaba molesto con la decisión papal de orar frente a la valla de seguridad. En Yad Vashem, el Museo del Holocausto, besó las manos de los sobrevivientes que lo recibieron, un gesto de una humildad y calidez excepcionales. Ante el Muro de los Lamentos rezó y se abrazó con sus dos acompañantes argentinos, uno musulmán y el otro judío, logrando una emblemática iconografía de la coexistencia y del diálogo. A la vez, al destacar de manera tan extraordinaria la presencia simbólica de las tres religiones monoteístas frente al Muro de los Lamentos, el Papa podía estar sutilmente afirmando la universalidad del carácter de la ciudad santa; una postura tradicional de la Santa Sede que históricamente bregó por la internacionalización de Jerusalem.

Jorge Bergoglio tenía un amplio entrenamiento como líder religioso, pero no como diplomático. Aun así, Francisco ha sorteado exitosamente los desafíos de una visita delicada, ha hecho aportes positivos a la dinámica de la zona, ha sembrado optimismo y ha partido de regreso a Roma con un logro apreciable: dejar mayormente complacidas a todas las partes involucradas.

Un legado musical ensombrecido

El año 1933 marcó el quincuagésimo aniversario de la muerte de Richard Wagner y el ascenso del nazismo al poder en Alemania. Fue una apta coincidencia, pues Wagner ejerció una influencia ideológica suprema sobre el movimiento nazi, fue una figura preeminente de su musicología y un hombre sobre el que el propio Adolf Hitler dijo: “Los trabajos de Wagner son la encarnación de todo a lo que el Nacional-Socialismo aspira” y “Para entender lo que el Nacional-Socialismo es, uno debe leer a Wagner”.

Ya desde la década del 1920 empezaron los esfuerzos nazis por divulgar los escritos y la obra de Wagner en Alemania, conforme han documentado Jonathan Carr, Joachim Köhler y Éric Michaud, entre otros. La Sociedad Richard Wagner fue fundada en 1926, compuesta principalmente por seguidores nazis del compositor, y el teatro de Bayreuth, creado por el maestro teutón para montar exclusivamente sus óperas, fue erigido epicentro de las actividades culturales de los nazis. El primer festival de posguerra abrió en 1924 para “reforzar el espíritu alemán”, tal como indicó la dirección. Se cantó Deutschland über alles y miembros del (ilegal) Partido Nazi gritaron “Heil” y alabaron a su Führer, entonces encarcelado. El programa de aquel año en Bayreuth contenía una nota con esta frase: “Richard Wagner es una guía al Nacional-Socialismo”.

En 1928, el crítico de música Bernhard Diebold escribió que “el público culto y situado políticamente a la derecha ha elevado a Richard Wagner a la especial condición de Dios supremo del arte y la cultura”. En 1933 el crítico de música del New York Times informó: “Bayreuth es el símbolo del Tercer Reich. El Nacional-Socialismo ve en las obras de Richard Wagner algo relacionado a él en la esencia y en el espíritu”. Junto con retratos del compositor, comenzaron a venderse retratos de Hitler como souvenirs en sus performances, y su rostro acompañaba el de su ídolo Wagner en los folletos. Eventualmente la esvástica flamearía en el festival y el Führer se pararía ante la tumba de Wagner para depositar un arreglo floral. En el Festival de Bayreuth de 1934 fue puesta en escena Parsifal, obra sobre la que Hitler comentó: “Es sobre Parsifal que edifico mi religión”.

Hitler personalmente se ocupó de que Bayreuth recibiera todo el apoyo financiero necesario para su funcionamiento entre 1933 y 1940, y durante la Segunda Guerra Mundial organizó transporte gratuito a Bayreuth para soldados heridos. Hitler, Goebbels, Speer y Göring, entre otros jerarcas nazis de importancia, eran asiduos visitantes al festival. A partir de 1931 las puestas en escena de Bayreuth comenzaron a ser transmitidas por radio a otras partes del mundo; a Europa, las Américas y África. “Adolf Hitler ha transformado el ideal de Bayreuth en el ideal alemán”, escribió el crítico Hans Conrad en 1936.

En un sentido acotado, el wagnerismo fue un fenómeno hitleriano más que nazi. Durante la guerra, obras de Verdi, Puccini y Lortzing se pusieron en escena más a menudo que las de Wagner. Incluso él parece no haber sido el compositor preferido de todos los oficiales nazis. “En realidad”, dijo después de la guerra Heinz Tietjen, director-general del Festival de Bayreuth en la era nazi, “los principales oficiales de la cúpula del gobierno durante el Reich eran hostiles a Wagner… La cúpula toleraba el entusiasmo de Hitler por Wagner, pero luchaba, oculta o abiertamente, contra aquellos que, como yo, éramos fieles a sus obras”. El ideólogo Alfred Rosenberg se inclinaba por Beethoven. “Quien quiera entender la esencia de nuestro movimiento”, escribió en 1927 para marcar el centenario del fallecimiento del compositor, “sabe que en todos nosotros existe un impulso semejante al que Beethoven encarna en su máxima expresión”.

En 1933 Hitler invitó a miembros del Partido Nazi a una gala wagneriana de Los maestros cantores en Núremberg y asistieron tan pocos que, indignado, envió patrullas a buscarlos a los burdeles y cervecerías de la ciudad. Al año siguiente, el Führer se aseguró de que el teatro estuviese repleto pero se ofuscó al comprobar que muchos de los asistentes forzados dormitaban o aplaudían a destiempo. En ocasión de una puesta en escena de Tristán e Isolda, el desenlace fue vergonzoso, según relató la secretaria de Hitler, Traudl Junge. Así lo transcribió Carr: “En cierta ocasión, recordó, uno de los integrantes del séquito del Führer fue rescatado en el último instante, cuando después de dormirse en plena representación estuvo a punto de caerse del palco. Quien lo rescató había estado completamente dormido poco antes. Otro de los miembros del grupo, dichosamente ajeno al pequeños drama del palco y al gran drama del escenario, se dedicó a roncar de principio a fin”.

Wagner no fue adorado por cada integrante del movimiento nazi ni fue el único músico tocado durante el Tercer Reich, tampoco fue siempre dominante. Su obra Parsifal fue condenada por los nazis como ideológicamente inaceptable y se prohibió su puesta en escena en Alemania desde 1939 en adelante. Pero simbólicamente Wagner fue supremo. La cabalgata de las valquirias fue el acompañamiento musical de muchos de los noticieros alemanes durante la guerra, especialmente al mostrar los ataques de la fuerza aérea. Segmentos de la obertura de Rienzi anticipaban los discursos nazis en Núremberg y otras ciudades. El ocaso  de los dioses se emitió por radio para anunciar la muerte de Hitler.

Su música sonó en los altoparlantes de algunos campos de concentración y, según ha escrito Sam Shirakawa, biógrafo del prominente conductor Wilhelm Furtwängler, el doctor Mengele escuchaba obras de Wagner mientras llevaba a cabo sus experimentos médicos monstruosos. “La música de Richard Wagner conquistó el mundo porque fue conscientemente alemana y pujó por no ser más que eso”, sintetizó Goebbels en 1935. El Ministro de Propaganda consagró Die Meistersinger como la ópera oficial del régimen nazi: “De todos los dramas musicales, Die Meistersinger se destaca como el más alemán. Es simplemente la encarnación de nuestra identidad nacional”, afirmó. Leni Riefenstahl  incluyó extractos de esta obra en su película El triunfo de la voluntad en 1934 y fue habitualmente presentada en las galas. Un segmento de la ópera dice: “¡Despierten! Pronto llegará el amanecer”; el llamado unificador de Hitler fue “¡Alemania, despierta!”. El Führer y los nazis celebraron a varios compositores -Bach, Mozart, Beethoven, Lizst- pero de Wagner hicieron su objeto de culto, su fetiche musical, ensombreciendo su legado para siempre.

Un fusil para D´Elía

Nicolás Maduro no está solo. Los hermanos Castro, Evo Morales y Daniel Ortega lo respaldan. Tiene además el apoyo de Dilma Rousseff, José Mujica y Cristina Fernández. Podemos decir que -exceptuando a las presidencias de Panamá, Colombia, Perú, Costa Rica y Chile- prácticamente todos los gobiernos de Latinoamérica están de su lado. Además cuenta con el guiño tácito de la Organización de Estados Americanos (OEA) comandada por el socialista chileno José Miguel Insulza.

Otro ciudadano chileno que simpatiza con su causa es la icónica militante estudiantil comunista y ahora diputada Camila Vallejo, quien se hizo famosa al liderar protestas universitarias contra el gobierno de Sebastián Piñera, pero ahora ha dado la espalda a los universitarios venezolanos. “La derecha venezolana repite el mismo guión golpista de 2002 pero ese bravo pueblo ya aprendió” tuiteó el 22 de febrero, tres días después de que la modelo y estudiante Génesis Carmona fuese asesinada de un tiro a la cara en una manifestación de la oposición venezolana.

También está expresando sus opiniones simpatizantes un famoso argentino, Diego Armando Maradona, que fue contratado por el canal de televisión satelital del gobierno venezolano Telesur para oficiar de comentarista en la Copa Mundial de Fútbol Brasil 2014. “Les digo a los venezolanos y al presidente Maduro que estamos viendo todas las mentiras que están diciendo y creando los imperialistas” anunció, y se ofreció “a ser un soldado de Venezuela para lo que mande… ¡Viva Chávez, viva Maduro!”.

Y luego está Luis D´Elía. El referente piquetero nacional participó a mediados de febrero en una manifestación frente a la embajada de Venezuela para expresar su solidaridad con el gobierno de Maduro y decir “no a esta nueva intentona fascista cuyo fin es el derrocamiento del gobierno venezolano”. También pidió, públicamente y sin pruritos, el fusilamiento del líder opositor Leopoldo López. “Maduro debe fusilar a López, agente de la CIA” disparó. Ante la avalancha de cuestionamientos, remató al aire en la Rock & Pop: “¿Tanto escándalo por plantear el fusilamiento de Leopoldo López?”. Y en su propio programa en FM Cooperativa, más tarde agregó: “Hay que fusilarlo a este tipo, sin dudar”. Esta postura extrema, que cruzó el límite de la incitación a la violencia, sintoniza enteramente con el fanatismo que él ha propugnado por largo tiempo.

En 2004 tomó una comisaría en el barrio capitalino de La Boca. En 2006, tenaza en mano, rompió una tranquera que demarcaba campos del terrateniente estadounidense Douglas Tompkins en la provincia de Corrientes. Ese mismo año realizó una contramarcha a una manifestación opositora a las políticas del gobierno en materia de seguridad ciudadana. En 2008 lideró otra contramarcha en defensa del gobierno, esta vez dirigida contra productores agropecuarios y ciudadanos críticos de las políticas económicas abusivas del oficialismo. Con la consigna “la plaza es nuestra” sus seguidores bloquearon a los manifestantes y el propio D´Elía agredió físicamente a uno de ellos. Ese mismo año, en el marco de una entrevista con un periodista que lo provocó, el piquetero pronunció una de sus frases más célebres: “¡Odio a la puta oligarquía, odio a los blancos!”.

En el plano de las relaciones internacionales se erigió como apologista de Irán en la Argentina. En 2007 viajó al país islámico, junto con el sacerdote Luis Farinello y el diputado Mario Cafiero, para entregar en mano una carta al entonces presidente Mahmmoud Ahmadinejad que expresaba apoyo a las posturas de la República Islámica en torno a la causa AMIA y su programa nuclear. La misiva llevaba las firmas de Osvaldo Bayer, Fernando Pino Solanas y Hebe de Bonafini entre otros referentes de la izquierda nacional. Al regresar al país acusó a “la derecha israelí” de estar detrás del atentado contra la sede judía. Como era de esperar, estuvo a favor del polémico Memorando de Entendimiento pactado unos años más tarde entre Buenos Aires y Teherán.

En 2011 tuvo un cruce verbal con el político Diego Kravetz en el cual D´Elía negaba ser un antisemita. Cuando Kravetz lo invitó al Museo del Holocausto porteño, el militante K respondió: “La memoria del Holocausto debe servir para que no pase nunca más, no para justificar los crímenes del actual gobierno de Israel”. En 2013, el Centro Simon Wiesenthal expuso una filmación de un encuentro realizado en la mezquita at-Tauhid del barrio de Flores en el que eufemísticamente él pidió por la destrucción del Estado de Israel.

Yo mantuve un tête à tête televisivo con D´Elía en 2007, cuando él acompañó al jeque Abdul Karim Paz, líder espiritual de la mezquita at-Tauhid, al programa Tormenta de ideas conducido por Daniel Muchnik a debatir conmigo y con el legislador Jorge Henríquez sobre la responsabilidad de Irán en los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA. No hará falta indicar qué posición adoptó. Es un tanto irónico que su colega Abdul Karim Paz haya surgido de la oligarquía que D´Elía tanto desprecia: su nombre de nacimiento previo a su conversión al Islam es Santiago Paz Bullrich, “hijo de una de las familias patricias argentinas” según informó oportunamente Gustavo Sierra, enviado especial del diario Clarín a Irán. No menos curioso es el hecho de que el Partido Miles que él preside haya participado en la última marcha del orgullo lésbico, gay, bisexual, travesti, transgénero, transexual, intersexual y queer en la Argentina y que a la vez él respalde con tanto entusiasmo a un régimen que condena a muerte a los homosexuales en Irán.

En última instancia D´Elía es el epítome de las inconsistencias de gran parte de América Latina. Una región pletórica en discursos sobre democracia y derechos humanos pero cuyos presidentes reunidos en la última cumbre de de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe proclamó -como nos recordó Enrique Krauze- “guía político y moral de América” a Fidel Castro, el más longevo y último dictador del continente.