Romantizar con los ayatolas

El pacto nuclear alcanzado entre el P5+1 e Irán ha sido una victoria geopolítica de Teherán, un logro comercial de Europa y un triunfo personal de Barack Obama.

Prácticamente desde el primer día en funciones, el Presidente estadounidense trabajó en pos de acercar posiciones con el régimen ayatola. Obama envió cartas al líder supremo Alí Khamenei, las que fueron respondidas hoscamente o ignoradas. Subió videos a YouTube en los que saludó a los iraníes por el año nuevo persa; pero hizo la vista gorda cuando el pueblo se levantó contra el régimen opresor en el marco de un fraude electoral en 2009. El nadir de esta excitación presidencial llegó en diciembre de 2014, cuando durante una entrevista con Steve Inskeep de la National Public Radio deseó buenaventura a Irán en su política de expansión regional: “Uno tiene que entender cuáles son sus legítimas necesidades y preocupaciones”, dijo Obama, y sugirió que un acuerdo nuclear ayudaría a que Irán se convierta en “una potencia regional de gran éxito que también se atenga a las normas internacionales”. Esto, aseguró el Presidente, “sería bueno para todo el mundo. Eso sería bueno para los Estados Unidos, sería bueno para la región, y sobre todo, sería bueno para el pueblo iraní”.

Ese mismo mes, en otra entrevista, esta vez con la revista The Atlantic, Obama minimizó la magnitud del antisemitismo del Gobierno iraní (que, entre otras, ha negado el Holocausto y ha llamado a la obliteración de Israel), alegando que no era más que una “herramienta organizacional” que no guiaba las consideraciones estratégicas de la nación persa. Continuar leyendo

El susurro de los artistas

En medio de la pompa y circunstancia que, comprensiblemente, rodearon el anuncio del deshielo entre Washington y La Habana, aconteció un incidente de esos que nos recuerdan la irrealidad de las cosas. En el preciso momento en que buena parte de la comunidad internacional ansía expectante una transformación democrática en la isla, Raúl Castro detuvo a una inofensiva artista cubana exiliada que regresó a su tierra natal y hasta el día de hoy no le ha permitido salir del paraíso comunista. Hablemos un poco de ella, de su causa y de la bochornosa postura de varios de sus colegas.

Tania Bruguera tiene 46 años y reside entre Chicago, Nueva York y Paris. Ha expuesto en importantes museos, participó en ferias internacionales y en las bienales de Liverpool y Venecia. Estaba invitada a dar el cierre a la Bienal de Buenos Aires que concluyó a comienzos de junio pero no pudo asistir porque las autoridades cubanas la retienen en la isla. ¿Su delito? Pues haberse expresado libremente en la vía pública, lo que es un pecado capital en la tierra de los Castro. Deshielo o no deshielo con los yanquis, en Cuba con ese molesto asunto de las libertades no se embroma. Su ordalía comenzó en diciembre de 2014 cuando -en un acto que sólo puede ser descripto como de tremenda valentía o de absurda ingenuidad- emprendió el viaje a La Habana para realizar su famosa performance El susurro de Tatlín #6 que consiste en ofrecer el micrófono a quien quiera gozar de “un minuto libre de censura”. A diferencia del 2009, cuando hizo lo mismo en un espacio cerrado de la capital cubana, esta vez eligió llevar su gesta a cabo en la emblemática  Plaza de la Revolución. Ella y los demás participantes fueron sumariamente arrestados. Tania fue liberada pero su pasaporte quedó en manos de las autoridades castristas. Desde entonces fue espiada, hostigada y difamada en un video oficial que la presenta como una contra-revolucionaria al servicio de la CIA y los conservadores de la Florida.

En mayo tuvo una idea genial. Desde el interior de su casa, micrófono en mano y turnándose con otros disidentes, inició la lectura ininterrumpida, durante cien horas, del seminal libro de Hannah Arendt, Los orígenes del Totalitarismo. Para silenciarla, Raúl Castro envió una cuadrilla de obreros a taladrar la calle justo en frente de su casa; al cuarto día perdió la paciencia y ordenó el arresto temporario de la artista. Dos días más tarde comenzó la Duodécima Bienal de La Habana, que lleva por lema “entre la idea y la experiencia”; una apta metáfora de la brecha que separa a una y otra en Cuba. Por supuesto, Tania Bruguera fue excluida del programa y se le prohibió asistir a las exhibiciones.

Gran parte de la comunidad artística global salió en su defensa. Miles de personas expresaron su solidaridad, una gran manifestación tuvo lugar en el Times Square de Nueva York con apoyo del MOMA y el Guggenheim, y solamente durante el pasado mes de abril El susurro de Tatlín fue puesta en escena en Roma, Rotterdam, Dallas, San Francisco, Nueva York y Chicago. Otras figuras del mundo del arte prefirieron hacer la vista gorda, como Holly Block del Museo del Bronx y partícipe de la Bienal de la Habana, quien dijo estar triste por la situación de la artista pero no la incluyó en la muestra que llevó a Cuba. Su ejemplo fue imitado por todos los artistas que decidieron asistir a la bienal de los Castro ignorando el trato cruel dado a una colega. Como tantas veces en la historia, el pragmatismo y el hedonismo -pocas cosas regocijan más a un intelectual progresista que ser reconocido por gobiernos comunistas- truncaron el sentido de lo correcto.

El debate suscitado alcanzó dimensiones orwellianas cuando artistas adeptos al régimen se expresaron en defensa no de Tania, sino del gobierno. Alexis Leyva Machado, el más conocido artista cubano afín al castrismo, Rubén del Valle, presidente del Consejo de Bellas Artes de Cuba y Jorge Fernández Torres, director de la Bienal de La Habana, obviamente se aliaron al régimen. Pero, increíblemente, hubo quienes fuera de Cuba han cuestionado a Tania mientras apoyaron al Estado policíaco que la detiene. Ante la idea de boicotear la bienal en solidaridad con Tania, la artista y actriz cubana exiliada Carmelita Tropicana, por caso, dijo que “el boicot me remite a los viejos bloqueos y es por eso que prefiero participar”, justificó al régimen alegando que “Cuba no es el único país que censura a sus artistas” y a modo de ejemplo mencionó a los Estados Unidos. (Así es, no hay error de tipeo). El artista y curador uruguayo Luis Camnitzer, quien se declara amigo personal de Tania, dijo categóricamente: “Boicotear a la bienal me parece un disparate”. Para esta época, el diario oficial Granma anunció que Camnitzer presentará una exposición individual y un taller en la Casa de las Américas, el espacio de mayor prestigio cultural de la isla.

El artista Ai Weiwei en China, el cineasta Jafar Panahi en Irán, las rockeras Pussy Riot en Rusia, el bloguero Raif Badawi en Arabia Saudita y Tania Bruguera en Cuba, entre tantos otros, engrosan la ignominiosa lista negra de creadores reprimidos, encarcelados o penalizados por regímenes tiránicos. Como dijera cándida y cínicamente Raúl Castro en su reciente audiencia con el Papa Francisco: “Mi gobierno no cumple con algunos de los derechos humanos” (énfasis agregado). “Pero, de nuevo, ¿quién los cumple?”.

La FIFA Nostra y el escándalo por Qatar 2022

Por decisión de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA), adoptada en diciembre de 2010, con 12 años de anticipación, por primera vez en la historia de los campeonatos mundiales de fútbol una nación árabe sería anfitriona: Qatar en 2022.

La fecha lucía exageradamente distante; las temperaturas del Medio Oriente, inclementemente calurosas; las decenas de miles de millones de dólares necesarios en infraestructura sonaban cuantiosos; y el hecho de que Qatar nunca clasificó a una Copa Mundial, era algo extraño; pero el pequeño país del golfo parecía dispuesto al desafío.

La elección de Qatar fue cuestionada por Australia, el Reino Unido y los Estados Unidos, cuyas candidaturas fueron desechadas a pesar de haber recibido mejores puntajes técnicos y financieros por parte de consultores de la propia FIFA. Continuar leyendo

El complot de los judíos

Las acusaciones alucinatorias del sociólogo Jorge Elbaum contra la dirigencia judía de la Argentina, publicadas inicialmente en el diario oficialista Página 12 y tomadas luego por la presidenta de la nación para canalizar públicamente sus propias impresiones confabuladoras, la subsiguiente denuncia presentada en base a ello contra la AMIA y DAIA por un conocido filo-nazi local y -como piėce de résistence- la estrambótica carta de renuncia como socio de la AMIA del canciller Héctor Timerman, la que contiene y refuerza las fantasías ya anunciadas, han creado un cierto momento conspirativo en el país.

El ciudadano medio debe ser perdonado por sentirse desorientado ante la repentina avalancha de acusaciones desaforadas esgrimidas por los propagadores de estas teorías conspirativas. Según Elbaum, ella implica, además del fiscal Alberto Nisman, al financista Paul Singer (muy conveniente, dado el desprecio hacia su figura en la narrativa K), think tanks estadounidenses especializados en política internacional tales como la Foundation for the Defense of Democracies, referentes de la comunidad judía norteamericana, como Abraham Foxman de la Anti-Defamation League, la plana mayor de la dirigencia judía argentina de AMIA y DAIA y notables personalidades del quehacer nacional: el escritor Marcos Aguinis, el filósofo Santiago Kovadloff y el constitucionalista Daniel Sabsay. Lo que todos ellos tiene en común es ser críticos del acercamiento argentino a la República islámica de Irán, lo cual posiblemente explique también la mención a Carlos Alberto Montaner, un pensador disidente cubano (ipso facto enemigo de los Castro y CFK) y una de las voces más influyentes de Latinoamérica que ha cuestionado la política exterior argentina.

Para Cristina Fernández de Kirchner el complot denunciado es perfectamente lógico, puesto que “todo tiene que ver con todo cuando se trata de la geopolítica y el poder internacional”. Para ella, estamos ante un “modus operandi global” que “genera operaciones políticas internacionales de cualquier tipo, forma y color”.

Si hasta acá el asunto ya lucía retorcido, los aportes de Juan Gabriel Labaké y Héctor Timerman le han adicionado otra vuelta de tuerca. El primero incorpora al listado de confabuladores a la Radio Jai, la única emisora judía de América Latina, y honra así los delirios ya expresados en un libro de su autoría titulado AMIA y Embajada. ¿Verdad o Fraude? en el que afirma: “es muy probable que ambos atentados [contra la Embajada de Israel en 1992 y contra la AMIA en 1994] hayan sido perpetrados por grupos fundamentalistas religiosos judíos de Israel, amparados y apoyados por un sector del Shin Beth. Me inclino a creer que fue el Gush Emunim y no el Jabad Lubavitch…”. (El Centro Simon Wiesenthal tuvo el tino de notar esta cita). Para quienes no estén familiarizados con la sociedad israelí, el Shin Bet es su servicio de contraespionaje, Gush Emunim es un movimiento nacionalista religioso y Jabad Lubavitch es una agrupación ortodoxa hebrea que tiene su sede mundial en Brooklyn. Como dijo la presidenta, parece que todo tiene que ver con todo.

Y el ilustre canciller en su carta indignada enviada a la AMIA compone un collage formidable: se compara a sí mismo con el padre del sionismo político Theodor Herzl, hace un paralelo entre los dirigentes comunitarios argentinos con los del Gueto de Varsovia, inserta la saga de la familia Graiver y Papel Prensa y nombra a ClarínLa Nación y La Razón. Sí, ya entendimos: todo tiene que ver con todo.

Estos complots atribuidos hoy a los judíos de la Argentina y del exterior tienen un precedente famoso. En 1905 apareció el libro Lo grande en pequeño: el advenimiento del Anticristo y el dominio de Satán en la tierra del místico ruso Sergei Nilus, que contenía un apéndice titulado Los protocolos de los sabios de Sión. Allí se exponían por vez primera los presuntos planes secretos de la judería global para controlar al mundo entero por medio de la manipulación económica, la desinformación de los medios de comunicación y la promoción de los conflictos religiosos. (¡Piense hoy, respectivamente, en Paul Singer, Radio Jai y Jabad Lubavitch!). El eco contemporáneo de esta patraña está en la plataforma del Hamas palestino que acusa a los judíos haber instigado las revoluciones francesa y bolchevique, y en la propaganda del régimen iraní, que acusa a los judíos de haber inventado el mito del Holocausto para extorsionar a las naciones gentiles.

Invariablemente, se ha acusado a las víctimas de ser conspiradoras. Los Protocolos fueron publicados en épocas de la Rusia zarista, donde los pogromos contra judíos eran recurrentes. Irán niega la existencia del Holocausto en tanto planifica la comisión de uno nuevo; contra el estado judío. La presidenta argentina tacha a las principales víctimas del ataque a la AMIA de ser ellas las obstruccionistas. Esta es la quintaesencia del antisemitismo conspirativo.

Puede que a Cristina Fernández, Héctor Timerman, Jorge Elbaum y (quizás) Juan Gabriel Labaké no les gustará la comparación. Pero, a diferencia de sus descabelladas alucinaciones conspirativas antijudías, los hechos históricos son incontestables.

Contra la banalidad de la indiferencia

El filósofo germano-israelí Emil Fackenheim caracterizó la historia del antisemitismo con esta secuencia. Inicialmente se les dijo a los judíos: “ustedes no pueden vivir entre nosotros como judíos”, es decir, deben convertirse. Luego se les dijo: “ustedes no pueden vivir entre nosotros”, es decir, deber partir. Los nazis postularon: “ustedes no pueden vivir”. Y los asesinaron en masa.

Holocausto en hebreo se dice Shoá, término que -según explica Louis Weber, editor de la monumental Crónica del Holocausto: las palabras e imágenes que hicieron historia- surgió en un folleto publicado en Jerusalem en 1940 por el Comité Unido de Ayuda a los Judíos en Polonia. La palabra refiere al exterminio de seis millones de judíos en Europa, entre 1939 y 1945, llevado a cabo por los nazis y sus aliados.

El genocidio de los judíos del siglo último fue algo único en los anales de las masacres sufridas por el pueblo hebreo y, resta aclarar, fue un enorme crimen contra toda la humanidad.

El papel del hombre en este infierno de muerte y destrucción aún es materia de estudio e interpelación. Hubo víctimas y hubo verdugos, hubo colaboradores y hubo resistentes, hubo justos entre las naciones y hubo observadores indiferentes. El Holocausto fue ideado, perpetrado, desafiado y sufrido por hombres. Y las noblezas y las bajezas que signaron esa época atroz serán símbolos de heroicidad y estigmas de vergüenza para toda la raza humana por siempre.

Se atribuye al historiador judío Simón Dubnow, quién fue asesinado por los nazis en Riga en 1941, haber dicho estas palabras finales a sus hermanos: “¡escriban y registren!”. Su llamado, junto al de tantos otros, ha reverberado a través del tiempo y ha legado una literatura del Holocausto, documentada y emotiva a la vez, cuya divulgación se ha convertido en un mandato moral para todos los hombres de bien. Ella nos confronta con la muerte. “Pero el estudio de estas muertes”, en la apta observación del renombrado académico Michael Berenbaum, “es un servicio a la vida”.

En la actualidad hay concientización sobre el Holocausto: películas, museos, testimonios de los sobrevivientes, programas educativos, conmemoraciones oficiales y una vasta literatura académica dan cuenta de ello. ¿Pero comprendemos realmente? ¿Hemos verdaderamente aprendido las lecciones terribles de la Shoá? Una de sus más cruciales lecciones yace -parafraseando a Hanna Arendt- en la banalidad de la indiferencia. Así la retrató para la posteridad Martin Niemöller, un pastor alemán encarcelado entre 1937 y 1945: “Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Hoy, tristemente, casi nadie está diciendo nada sobre la incitación genocida que anida en grupos y estados fundamentalistas que anhelan la aniquilación de Israel, el único estado judío del mundo y nación-refugio para los sobrevivientes de la Shoá. El movimiento palestino Hamas anuncia en su carta fundacional que busca la erradicación de Israel y la de todos los judíos donde sea que se encuentren, y a nadie parece importarle. El Estado Islámico tuitea “estamos yendo a matarlos, oh judíos” sin que a alguien eso le mueva una pestaña. El líder del movimiento libanés Hebzolá, Hassan Nasralá, declara impunemente que “si todos los judíos se reúnen en Israel, eso nos va a ahorrar la molestia de ir en pos de ellos por todo el mundo”. El ex presidente iraní Ali Akbar Hashemi Rafsanjani (considerado un moderado) proclamó a inicios de este milenio que “la aplicación de una bomba atómica no dejaría nada en Israel, pero la misma cosa sólo producirá daños en el mundo musulmán”, frase convenientemente olvidada por un Occidente entusiasmado en negociar con Teherán. El estandarte de los houtis que han recientemente derrocado al gobierno en Yemen es “Dios es grande. Muerte a América. Muerte a Israel. Al diablo con los judíos. Poder para el Islam”. ¿A alguien le concierne?

Nos debería preocupar a todos, pues así comienzan los genocidios. Con la propaganda, con la incitación. Es decir, con la destrucción intelectual de las víctimas como preludio a su exterminación física. Primero se los difama y deshumaniza, luego se los ejecuta. El Medio Oriente es un hervidero de feroces proclamas antijudías, de una magnitud no vista desde los tiempos de la Alemania nazi. La manera genuina de honrar la memoria de los mártires judíos asesinados en el pasado es actuar para preservar las vidas de los judíos que están bajo amenaza en el presente. En este Día del Holocausto tomemos conciencia de ello.

Alta en el cielo: volar con Aerolíneas Argentinas

Para los amantes de lo incierto, no hay nada como volar con Aerolíneas Argentinas. Miles de pasajeros habituales lo saben. Tuve mi propia experiencia singular días atrás en un vuelo de Santa Fe a Buenos Aires. Es un vuelo de una hora nomás, pero déjeselo a la aerolínea de bandera y usted lo padecerá como si estuviera cruzando el globo terráqueo. Continuar leyendo

El discurso de Netanyahu

Enterada de la invitación extendida al Primer Ministro Binyamin Netanyahu a disertar ante el Congreso americano, la Administración Obama respondió con una campaña de descrédito y ataque personal al líder de una nación aliada como nunca había lanzado contra, por caso, el ruso Vladimir Putin o el turco Recep Erdogan. Alegó que el israelí transgredió protocolo al aceptar el convite, que era un oportunista electoral, un saboteador diplomático y un belicista que estaba poniendo en riesgo la mismísima relación bilateral especial. Puras tonterías exageradas. Continuar leyendo

Irán al acecho en Uruguay

Días atrás trascendió que en al menos dos incidentes, agentes y/o diplomáticos iraníes apostados en Montevideo podían haber estado involucrados en operaciones terroristas anti-israelíes.

A fines de noviembre y a comienzos de enero, dos maletines con materiales explosivos se hallaron en las inmediaciones de la antigua y nueva sede de la embajada de Israel en Montevideo. En un caso, el diplomático iraní Ahmed Sabatgold fue visto en la zona. El gobierno persa aseguró que su delegado estaba allí por una visita médica. Por supuesto. También hay en el barrio un deli que vende un humus exquisito. Teherán sacó del país rápidamente a su hombre.

Irán tiene un largo historial de involucramiento en operaciones terroristas internacionales. Sólo en los últimos años golpeó a turistas y diplomáticos israelíes en Bulgaria, Tailandia, Georgia y la India, mientras que planeaba hacer otro tanto en Turquía, Azerbaiyán, Chipre y Kenia. La Casa Blanca expuso un complot iraní para atentar contra el embajador saudita en Washington, D.C. El Tribunal Especial de la ONU señaló como responsables del asesinato del ex premier libanés Rafik Hariri a cuatro integrantes de Hezbollah. Células de este movimiento chiíta fueron denunciadas por distintas y confiables fuentes en Cuba, Venezuela, Bolivia, Brasil, la Triple Frontera y otras partes de América Latina.

De modo que si un diplomático iraní es visto merodeando cerca de una embajada israelí y de un artefacto explosivo… bueno, elemental, Watson. Además deben ser tenidas en cuenta las últimas confrontaciones entre israelíes e iraníes en los Altos del Golán. El 18 de enero la aviación israelí mató a un general de las Guardias Revolucionarias iraníes, Mohammed Allahdadi, al hijo combatiente del extinto archi-terrorista Imad Mugnyeh y a otros militantes de Hezbollah, en ruta a atacar posiciones de Israel. Diez días después, el grupo chiíta lanzó un misil que mató a dos soldados israelíes e hirió a otro siete en la frontera sirio-israelí. Si bien estos acontecimientos fueron posteriores a las fallidas bombas en Montevideo, dan cuenta de un contexto más grande. Irán continuamente busca dañar a Israel. Donde sea. Donde pueda.

El Gobierno uruguayo respondió a estos hechos de manera lamentable. El usualmente locuaz presidente se llamó a silencio, y el canciller minimizó la amenaza. La comunidad de inteligencia uruguaya ve a Irán como el país más proclive a atacar en territorio uruguayo, pero, informaba en una reciente nota en El Observardor Gabriel Pereyra, “se recibió la orden de no agitar el tema Irán, ni públicamente ni en reuniones reservadas del Gobierno”.

Según este periodista, las señales que dio la administración de Mujica no se condicen con la forma en que los servicios secretos creen que debe actuar. En sus palabras: “Durante una reunión del Consejo de Defensa Nacional (integrado por Presidencia, Relaciones Exteriores, Interior, Economía y Defensa), se planteó un informe de Inteligencia que abonaba la tesis de que Irán era, según las informaciones recabadas y las actitudes de sus diplomáticos, el objetivo número uno en seguridad… la que tomó la palabra fue Graciela García, secretaria de Almagro. La funcionaria sostuvo que nada indicaba que fuera a haber un atentado aquí y que Irán era una nación amiga… Fue después de esa reunión que el gobierno pidió no agitar el tema Irán, ni siquiera en reuniones reservadas”.

El canciller Luis Almagro estuvo apostado en Teherán entre 1991 y 1996, período en que se le atribuye haber forjado vínculos cercanos con los iraníes. Cuando el entonces representante iraní en Uruguay, Hojjatollah Soltani, negó el Holocausto, Almagro lo citó y repudió sus palabras pero acotó que “el hecho no tiene por qué dañar las relaciones diplomáticas con Irán”. También está el hecho de que hasta 2010 un promedio de diez iraníes con pasaportes falsos pasaban por Uruguay, generalmente rumbo a Brasil. Hace poco, presuntos refugiados sirios con pasaportes israelíes truchos cruzaron territorio uruguayo. Trascendió a su vez que el oficialismo hizo la vista gorda ante denuncias de violencia de género y maltrato infantil entre los refugiados sirios que acogió. La dupla Mujica-Almagro ha hecho de su país el primero en América Latina en dar cobijo a ex presos islamistas de Guantánamo.

El gobierno uruguayo está o bien despistado en torno a las intenciones de Irán en su suelo, o bien deseoso de minimizar el problema para no antagonizar al propio Irán, o bien prisionero de una ideología tercermundista pro-islámica. Su actitud de desconsiderar las advertencias de su propio servicio de seguridad resulta inquietante dados los antecedentes y la peligrosidad del régimen ayatollah. Su hospitalidad ingenua y política benevolente le podrá costar caro. Para la teocrática República Islámica de Irán, Uruguay no es más que una nación cristiana infiel. Mujica y Almagro son, a los ojos de Teherán, un par de idiotas útiles latinoamericanos.

¿Todos somos Charlie Hebdo?

Para la época en que las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdo fueron atacadas en el centro de París por islamistas franceses, otros islamistas del Medio Oriente ocasionaron la muerte a treinta cadetes de policía en Yemen, a una veintena de feligreses en Irak y a ciento treinta niños en Pakistán, mientras islamistas en la Franja de Gaza y en Cisjordania agredieron con violencia a civiles y soldados israelíes. Las mujeres, los homosexuales, los librepensadores y las minorías kurdas, yasidis, bahais y cristianas viven bajo el acecho constante de los fanáticos en la vasta extensión del Dar-al-Islam.

Antes de que doce periodistas y caricaturistas franceses fueran ejecutados a quemarropa en su lugar de trabajo por haber dibujado al profeta del islam, otros editores, cineastas, intelectuales, escritores y figuras religiosas habían sido puestos en la mira del islam radical. En el 2004 Theo Van Gogh fue apuñalado en la vía pública por haber hecho una película sobre el maltrato femenino en el islam. Tras la publicación en el 2005 por parte del diario dinamarqués Jyllens Posten de una docena de caricaturas sobre Mahoma, islamistas intentaron matar al dibujante en tanto que la embajada danesa en el Líbano fue incendiada y la de Islamabad, bombardeada. Luego de dar un discurso en la localidad alemana de Ratisbona, en el que Benedicto XVI denunció la violencia que anida en el islam, cristianos fueron matados en el Medio Oriente y un edicto asesino fue emitido contra el Papa. Estos hechos fueron precedidos y sucedidos por otras amenazas lanzadas contra el británico Salman Rushdie, la somalí Ayan Hirsi Alí, la italiana Oriana Fallaci y la española Pilar Rahola, entre otros, por haber alertado contra el fundamentalismo islámico. Continuar leyendo

Dos Papas y el Islam

Al poco tiempo de su consagración en abril de 2005, Benedicto XVI disertó ante representantes de las comunidades musulmanas de Colonia, Alemania, y definió al terrorismo como “una opción perversa y cruel, que desdeña el derecho sacrosanto a la vida y corroe los fundamentos mismos de toda convivencia civil”. En ocasión de su habitual saludo al cuerpo diplomático, en enero de 2006, el Papa refirió al “…contexto mundial actual, en el cual sin duda se ha vislumbrado el peligro de un choque de civilizaciones. El peligro se hace más agudo por el terrorismo organizado, que se extiende ya a escala mundial”. Entre sus causas, el Papa aludió a “aberrantes concepciones religiosas” y agregó que “ninguna circunstancia puede justificar esta actividad criminal, que llena de infamia a quien la realiza y que es mucho más deplorable cuando se apoya en una religión, rebajando así la pura verdad de Dios a la medida de la propia ceguera y perversión moral”. Continuar leyendo