Un fusil para D´Elía

Nicolás Maduro no está solo. Los hermanos Castro, Evo Morales y Daniel Ortega lo respaldan. Tiene además el apoyo de Dilma Rousseff, José Mujica y Cristina Fernández. Podemos decir que -exceptuando a las presidencias de Panamá, Colombia, Perú, Costa Rica y Chile- prácticamente todos los gobiernos de Latinoamérica están de su lado. Además cuenta con el guiño tácito de la Organización de Estados Americanos (OEA) comandada por el socialista chileno José Miguel Insulza.

Otro ciudadano chileno que simpatiza con su causa es la icónica militante estudiantil comunista y ahora diputada Camila Vallejo, quien se hizo famosa al liderar protestas universitarias contra el gobierno de Sebastián Piñera, pero ahora ha dado la espalda a los universitarios venezolanos. “La derecha venezolana repite el mismo guión golpista de 2002 pero ese bravo pueblo ya aprendió” tuiteó el 22 de febrero, tres días después de que la modelo y estudiante Génesis Carmona fuese asesinada de un tiro a la cara en una manifestación de la oposición venezolana.

También está expresando sus opiniones simpatizantes un famoso argentino, Diego Armando Maradona, que fue contratado por el canal de televisión satelital del gobierno venezolano Telesur para oficiar de comentarista en la Copa Mundial de Fútbol Brasil 2014. “Les digo a los venezolanos y al presidente Maduro que estamos viendo todas las mentiras que están diciendo y creando los imperialistas” anunció, y se ofreció “a ser un soldado de Venezuela para lo que mande… ¡Viva Chávez, viva Maduro!”.

Y luego está Luis D´Elía. El referente piquetero nacional participó a mediados de febrero en una manifestación frente a la embajada de Venezuela para expresar su solidaridad con el gobierno de Maduro y decir “no a esta nueva intentona fascista cuyo fin es el derrocamiento del gobierno venezolano”. También pidió, públicamente y sin pruritos, el fusilamiento del líder opositor Leopoldo López. “Maduro debe fusilar a López, agente de la CIA” disparó. Ante la avalancha de cuestionamientos, remató al aire en la Rock & Pop: “¿Tanto escándalo por plantear el fusilamiento de Leopoldo López?”. Y en su propio programa en FM Cooperativa, más tarde agregó: “Hay que fusilarlo a este tipo, sin dudar”. Esta postura extrema, que cruzó el límite de la incitación a la violencia, sintoniza enteramente con el fanatismo que él ha propugnado por largo tiempo.

En 2004 tomó una comisaría en el barrio capitalino de La Boca. En 2006, tenaza en mano, rompió una tranquera que demarcaba campos del terrateniente estadounidense Douglas Tompkins en la provincia de Corrientes. Ese mismo año realizó una contramarcha a una manifestación opositora a las políticas del gobierno en materia de seguridad ciudadana. En 2008 lideró otra contramarcha en defensa del gobierno, esta vez dirigida contra productores agropecuarios y ciudadanos críticos de las políticas económicas abusivas del oficialismo. Con la consigna “la plaza es nuestra” sus seguidores bloquearon a los manifestantes y el propio D´Elía agredió físicamente a uno de ellos. Ese mismo año, en el marco de una entrevista con un periodista que lo provocó, el piquetero pronunció una de sus frases más célebres: “¡Odio a la puta oligarquía, odio a los blancos!”.

En el plano de las relaciones internacionales se erigió como apologista de Irán en la Argentina. En 2007 viajó al país islámico, junto con el sacerdote Luis Farinello y el diputado Mario Cafiero, para entregar en mano una carta al entonces presidente Mahmmoud Ahmadinejad que expresaba apoyo a las posturas de la República Islámica en torno a la causa AMIA y su programa nuclear. La misiva llevaba las firmas de Osvaldo Bayer, Fernando Pino Solanas y Hebe de Bonafini entre otros referentes de la izquierda nacional. Al regresar al país acusó a “la derecha israelí” de estar detrás del atentado contra la sede judía. Como era de esperar, estuvo a favor del polémico Memorando de Entendimiento pactado unos años más tarde entre Buenos Aires y Teherán.

En 2011 tuvo un cruce verbal con el político Diego Kravetz en el cual D´Elía negaba ser un antisemita. Cuando Kravetz lo invitó al Museo del Holocausto porteño, el militante K respondió: “La memoria del Holocausto debe servir para que no pase nunca más, no para justificar los crímenes del actual gobierno de Israel”. En 2013, el Centro Simon Wiesenthal expuso una filmación de un encuentro realizado en la mezquita at-Tauhid del barrio de Flores en el que eufemísticamente él pidió por la destrucción del Estado de Israel.

Yo mantuve un tête à tête televisivo con D´Elía en 2007, cuando él acompañó al jeque Abdul Karim Paz, líder espiritual de la mezquita at-Tauhid, al programa Tormenta de ideas conducido por Daniel Muchnik a debatir conmigo y con el legislador Jorge Henríquez sobre la responsabilidad de Irán en los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA. No hará falta indicar qué posición adoptó. Es un tanto irónico que su colega Abdul Karim Paz haya surgido de la oligarquía que D´Elía tanto desprecia: su nombre de nacimiento previo a su conversión al Islam es Santiago Paz Bullrich, “hijo de una de las familias patricias argentinas” según informó oportunamente Gustavo Sierra, enviado especial del diario Clarín a Irán. No menos curioso es el hecho de que el Partido Miles que él preside haya participado en la última marcha del orgullo lésbico, gay, bisexual, travesti, transgénero, transexual, intersexual y queer en la Argentina y que a la vez él respalde con tanto entusiasmo a un régimen que condena a muerte a los homosexuales en Irán.

En última instancia D´Elía es el epítome de las inconsistencias de gran parte de América Latina. Una región pletórica en discursos sobre democracia y derechos humanos pero cuyos presidentes reunidos en la última cumbre de de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe proclamó -como nos recordó Enrique Krauze- “guía político y moral de América” a Fidel Castro, el más longevo y último dictador del continente.

Los bolsillos inmodestos del Ayatollah

Poco antes de morir, en 1989, el entonces ayatollah Ruhollah Khomeini firmó un edicto de apenas dos párrafos de extensión que tendría repercusiones políticas y económicas enormes en la historia futura del país. El mismo creó una entidad con la misión de administrar todas las propiedades abandonadas durante los caóticos tiempos de la revolución de 1979 que llevó a los islamistas al poder. Se la conoce como Setad Ejraiye Farmane Hazrate Emam, Cuarteles para Ejecutar la Orden del Imán.

El pasado noviembre, Reuters publicó un informe de seis meses de investigación que valuó el total de los activos de esta entidad en USD 95.000 millones. “Setad se ha convertido en una de las organizaciones más poderosas en Irán, aunque muchos iraníes, y el mundo más ampliamente, saben poco sobre ella” consignó Reuters. “En los últimos seis años, se ha transformado en un gigante corporativo que ahora tiene intereses en casi todo sector de la industria iraní, incluyendo finanzas, telecomunicaciones, la producción de píldoras para el control de la natalidad e incluso la cría de avestruces”, explicó la agencia noticiosa. Al tope de este imperio se sienta un sólo hombre: el Líder Supremo de la República Islámica de Irán, el ayatollah Alí Khameini, sucesor del primer gran ayatollah del país y entronado por el último cuarto de siglo.

Así, el mandamás persa tiene a disposición recursos financieros cuyo valor “rivaliza con las pertenencias del Shá” depuesto en 1979 según Reuters, pero que en la opinión de algunos economistas ha superado treinta veces la riqueza de Reza Pahlevi actualizada por inflación. El origen de esta fortuna se basó en propiedades abandonas o confiscadas a figuras leales al Sha, enemigos declarados o fugitivos ideológicos. Durante las últimas tres décadas se agregaron las propiedades de todos aquellos desprotegidos políticamente. Tal como Holman Jenkins Jr. ha notado en el Wall Street Journal, el pasado mes de mayo miembros de la odiada minoría religiosa Bahai perdieron propiedades valuadas en al menos USD 88 millones. Reportando desde Londres y Beirut, los periodistas de Reuters, Steve Stecklow, Babak Dehghanpisheh y Yeganeh Torbati presentaron en su informe a una anciana iraní residente en Europa mostrando los documentos originales que llevaron a su desposesión: la orden judicial que autorizó el secuestro de los tres departamentos de sus hijos, la carta que les informó acerca de la venta de una de las unidades y la nota que le exigía el pago de alquiler por uno de sus propios departamentos. Al final esta mujer lo perdió todo.

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Francisco en Israel

Ya fue confirmada la visita del Papa Francisco a Israel, Jordania y la entidad palestina para marzo del 2014. Los detalles de la agenda causaron decepción en Jerusalem cuando se conoció que el obispo de Roma planea permanecer menos de 48 horas en el país, que no dará una misa allí sino en Belén (ciudad bajo gobierno palestino) y que será el Papa quien reciba al Primer Ministro de Israel (en la iglesia Notre Dame) y no al revés como era de esperarse. Dado que los previos pontífices en viajar a Israel en el siglo XXI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo han hecho por seis y cinco días respectivamente, las autoridades israelíes tomaron a mal la brevedad del anunciado viaje pontificio.

Quizás no debieran verlo así. Las visitas papales a Israel son acontecimientos diplomáticos y religiosos enormes que ofrecen la oportunidad de reforzar los lazos entre Roma y Jerusalem -formalizados con el establecimiento de relaciones diplomáticas exactamente veinte años atrás este mes de diciembre- independientemente de la duración de la gira. Francisco podrá enmarcar su viaje en este trascendente contexto. Al mismo tiempo, empero, las estadías papales en Israel pueden ser, y en el pasado así han sido, problemáticas. Cada gesto del Sumo Pontífice, cada palabra y cada silencio serán escrutados. Si honrará con su presencia un lugar o si no lo hará será causal de alegría o indignación. Se esperarán de Francisco varios discursos, cada uno de ellos tendrá el potencial de agradar u ofender. Previas visitas pontificas dan cuenta de ello.

En 1964, Pablo VI se convirtió en el primer Papa en pisar territorio israelí. Entonces la Santa Sede y el estado judío no tenían relaciones diplomáticas de modo que el obispo de Roma se ocupó de dejar en claro que lo suyo era una peregrinación espiritual a Tierra Santa desprovista de cualquier motivación política. Pablo VI se negó a ingresar a Israel por la capital del país y las autoridades israelíes debieron desplazarse a la Galilea para darle la bienvenida. Procedente de Jordania, el Papa pasó menos de 24 horas en Israel, donde visitó sitios de relevancia religiosa para la Iglesia Católica: Meggido, Nazareth, Tiberíades y Cafarnaúm. Durante su estadía completa no pronunció las palabras “Israel” o “estado judío” en momento alguno y no incluyó al Gran Rabino en su agenda de reuniones. Extrañamente, defendió al controvertido Pío XII aun en suelo israelí y realizó una declaración teológica que chocaba con el espíritu de acercamiento religioso del recientemente inaugurado Concilio Vaticano II. Una vez de regreso en Roma, envió un telegrama de agradecimiento al presidente de la nación a Tel-Aviv y no a Jerusalem, donde el presidente tiene residencia. Oportunamente la revista católica Commonweal señaló sobre la conducta pontificia: “La falta de sensibilidad hacia la historia judía y hacia la nación de Israel debe esperar un más feliz día de rectificación”.

02Tal día llegó treinta seis años después. En el 2000 viajó a Israel Juan Pablo II, el pontífice responsable del intercambio de embajadores entre las partes. Una vez más ello fue anunciado como una peregrinación religiosa (“me entristecería si alguien le atribuyera otros significados a este plan mío”, afirmó) pero el relieve político de la gira era innegable. El Papa fue recibido en el aeropuerto internacional de Tel-Aviv por el presidente y el primer ministro, se reunió con los dos principales rabinos del país, fue al Museo del Holocausto Yad Vashem e insertó una plegaria en el Muro de los Lamentos en la ciudad santa. Esta última imagen quedó para la posteridad y se erigió en el símbolo visual más notable del nuevo vínculo Vaticano-Israel. Inevitablemente, la política se inmiscuyó en los discursos pontificios y algunos de sus pronunciamientos pro-palestinos irritaron al gobierno israelí. Pero no se perdió de vista que Juan Pablo II -con su sola visita- repudió la teología antisionista de la Santa Sede cristalizada en las palabras de Pío X al momento de recibir en audiencia al padre del sionismo político Theodor Herzl, en 1904: “Los judíos no han reconocido a nuestro Señor, por consiguiente no podemos nosotros reconocer al pueblo judío”. Al partir, el papa polaco dejó una impresión memorable entre los israelíes.

En el 2009 le llegó el turno a Benedicto XVI. “He venido como un peregrino de la paz”, postuló, tal como sus antecesores, pero nadie se hacía ilusiones de que la política estaría ausente. “Si él simplemente se las ingenia para regresar a Roma sin haber comenzado una guerra, algunos declararían el viaje exitoso”, opinó entonces el corresponsal en Israel del National Cathollic Reporter. El Papa se esforzó en ser ecuánime pero el desafío era imposible y algunas expresiones a favor de los palestinos empañaron la gira. “La última semana mostró que en lo relativo al conflicto palestino-israelí, el Papa Benedicto XVI sencillamente no lo entiende”, editorializó The Jerusalem Post. Especialmente decepcionantes fueron sus palabras en Yad Vashem -no mencionó expresamente a los nazis, a los alemanes o a sus colaboradores ni al antisemitismo- y se le atribuyó haber adoptado una postura meramente protocolar ante el Holocausto. Dada su nacionalidad alemana y su pasado como miembro de las Juventudes Hitlerianas, su actitud cobró una dimensión apreciable. Le jugó a su vez en contra su personalidad distanciada de las masas, el precedente de la mayormente exitosa visita de Juan Pablo II y las esperadas comparaciones así como la menor trascendencia histórica de una segunda visita papal.

El año entrante hallará a un nuevo Papa en Israel. Francisco es un amigo genuino de los judíos pero también es un hombre del Tercer Mundo y un pontífice que deberá honrar la tradicional diplomacia pro-palestina de la Santa Sede. Una agenda corta minimizará los posibles puntos de fricción sin dañar la relevancia simbólica del viaje en sí. A la luz de la duración de pasadas visitas papales, 48 horas puede lucir poco. Ante las controversias potenciales, la brevedad puede terminar siendo una bendición.

Yusuf Islam en la Argentina

Nació como Steven Demetre Georgiou de un padre greco-chipriota y madre sueca pero adoptó el nombre artístico de Cat Stevens. Con este alias alcanzó gran fama y forjó una leyenda musical extraordinaria. Compuso canciones bellísimas, como “Father and Son”, “Wild World” y “I love my dog” entre muchas otras. En tanto su carrera progresaba, el joven Steven exploraba el budismo zen, el vegetarianismo, la numerología y la astrología. Pero sería finalmente en el Islam donde hallaría su refugio espiritual final.

Su primer encuentro con la religión del profeta Mahoma ocurrió a principios de los años setenta en un mercado en Marrakech, Marruecos, a donde había ido en busca de inspiración. Stevens oyó una bella melodía y preguntó qué música era esa. Le respondieron que era música para Dios. “Nunca había oído nada igual en mi vida”, exclamaría el compositor. “He oído hablar de la música de alabanza, de aplauso, por el dinero, pero esto era música que no buscaba recompensa sino de Dios. ¡Qué maravillosa declaración!”.

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Hassan Rohani y el Holocausto: del negacionismo al revisionismo

El tratamiento que las autoridades iraníes de las últimas tres décadas han dado al genocidio judío en manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial ha sido deplorable. Sus líderes, regularmente, han negado la existencia del Holocausto, conferencias fueron organizadas en Teherán para refutar su veracidad y se dio rienda libre a una prensa controlada a que mintiera abiertamente al respecto. Es por ello que las declaraciones del flamante presidente Hassan Rohani, efectuadas durante su reciente visita a Nueva York, han concitado atención. Pero ¿qué ha dicho exactamente el presidente iraní sobre el Holocausto?

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De Siria mejor no hablar

Con este título no quiero significar que el asunto no sea importante; lo es. Tampoco pretendo sugerir que en vez de hablar se debe actuar; aunque creo ello. El título refiere puramente a las penosas implicancias recientes de la retórica del gobierno estadounidense sobre la crisis en este país árabe.

Un año atrás Barack Obama proclamó que el uso de armas químicas sería una línea roja. Esa frase espontánea y no coordinada con sus redactores de discursos lo puso en aprietos doce meses después cuando alrededor de mil cuatrocientas personas, cientos de niños entre ellas, fueron gaseadas en las afueras de Damasco. Forzado a abordar el asunto con seriedad, el presidente de los Estados Unidos advirtió que la credibilidad presidencial y la imagen de la nación estaban en juego y sumadas las consideraciones humanitarias, morales y estratégicas, concluyó que la acción bélica era el único curso de acción viable para castigar al gobierno sirio por su conducta inadmisible y a la vez disuadir a futuros regímenes malhechores de replicar esas acciones. La Casa Blanca comprendió que permitir a Bashar al-Assad permanecer en el poder daría el mensaje equivocado respecto de la proliferación de armas de destrucción masiva, el fortalecimiento de Irán como mandamás regional y la seguridad mundial.

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Hassan Rohani, marca registrada

¿Exactamente en qué momento se convirtió Hassan Rohani en un moderado? ¿Fue cuando pidió a las milicias Basij que reprimiesen “impiadosa y monumentalmente” las protestas estudiantiles de 1999? ¿Fue cuando presidió el Consejo de Seguridad Nacional entre 1989-2005, período en que las autoridades iraníes planificaron el atentado contra la AMIA (1994, 85 muertos) en la Argentina y contra las Torres Khobar (1996, 19 muertos) en Arabia Saudita? ¿Fue cuando lideró las negociaciones nucleares con Europa a partir del 2003 y no detuvo el programa nuclear persa? ¿Fue cuando no condenó públicamente a Ahmadinejad por negar reiteradamente el Holocausto durante los últimos ocho años? ¿O fue cuando no instó a su gobierno a que dejase de apoyar al régimen genocida de Bashar-al-Assad en Siria? ¿Exactamente cuando se moderó?

La moderación de Rohani es un espejismo que los occidentales sedientos de flexibilidad ven en el desierto de la política iraní. Pero él es parte y parcela de la estructura de poder en Irán, un hijo dilecto de la Revolución Khomeinista, un hombre seleccionado por el líder supremo ayatollah Alí Khameini para postularse a la presidencia de la República Islámica, sólo uno entre ocho privilegiados que dejó a 592 excluidos. Es tal la desesperación occidental por encontrar un reformista en Irán que basta una sonrisa fraudulenta para que las expectativas afloren.

Pero ya hemos estado en este mismo lugar.

En 1989 ascendió a la presidencia Alí Akbar Hashemi Rafsanjani, un político ampliamente etiquetado como un reformista y un moderado en la política persa. Y sin embargo, un informe de la CIA de 1990 aseveró: “Aunque Rafsanjani ha buscado mejorar las relaciones con algunos países occidentales desde que asumió directamente la presidencia el pasado agosto, acontecimientos del año pasado muestran que Teherán sigue considerando el uso selectivo del terrorismo como una herramienta legítima”. Dos años después, otro reporte de la CIA responsabilizaba a las autoridades iraníes por orquestar ataques contra funcionarios israelíes, sauditas y estadounidenses en Turquía, emigrados judíos de la ex Unión Soviética, así como a disidentes iraníes exiliados. En diciembre de 2001, dos meses posteriores al 9/11 en Estados Unidos, Rafsanjani vaticinó que el uso de una bomba atómica contra Israel no dejaría nada vivo sobre la tierra mientras que la posible respuesta israelí afectaría apenas a una porción del Islam. En lo relativo a la cuestión nuclear, en noviembre del 2004 Rafsanjani afirmó: “Definitivamente no podemos parar nuestro programa nuclear y no lo pararemos”. Así fue.

Rafsanjani fue sucedido en el sillón presidencial por Muhammad Khatami, otro presunto ícono de la moderación persa. No obstante, bajo su mandato (1997-2005) las cárceles del país siguieron atestadas de prisioneros políticos, Hezbollah continuó recibiendo el patrocinio de Irán y el programa nuclear prosiguió su marcha. Unos meses antes de dejar el poder aseguró ante un grupo de diplomáticos extranjeros que el enriquecimiento de uranio “es nuestro claro derecho” y legó una de las citas más extraordinariamente cómicas de la historia de Irán: “Damos nuestra garantía de que no vamos a producir armas nucleares, porque estamos en contra de ellas y no creemos que sean una fuente de poder”.

En el 2005 Mahmoud Ahmadinejad fue designado presidente y por los siguientes ocho años las cárceles del país siguieron atestadas de prisioneros políticos, Hezbollah continuó recibiendo el patrocinio de Irán y el programa nuclear prosiguió su marcha. En abril del 2012 él prometió: “No nos moveremos un milímetro de nuestros derechos atómicos”. La Agencia Internacional de Energía Atómica tenía motivos para creerle. Uno de sus informes del año previo había indicado: “La Agencia tiene serias preocupaciones concernientes a las posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán”; además había señalado: “La información indica que Irán ha llevado a cabo actividades relevantes al desarrollo de un mecanismo de explosión nuclear” e inequívocamente afirmó que Irán trabajó “en el desarrollo de un diseño local de un arma nuclear incluyendo el testeo de componentes”.

Al ganar las últimas elecciones nacionales, Hassan Rohani extendió un ramo de olivo a la familia de las naciones y aseguró: “Nuestros programas nucleares son completamente transparentes”. Parece que el humor es un atributo típico de la idiosincrasia política iraní.

El flamante presidente Rohani será funcional a Bruselas y a una Casa Blanca poco dispuestas a tomar acciones decididas para frenar el proyecto nuclear persa. El Ayatollah Khameini comprendió que es preferible, y más fácil, engañar a las potencias que confrontar con ellas. Ahmadinejad reflejaba demasiado fielmente el verdadero rostro del régimen teocrático y eso le complicó las cosas al país. Una nueva política de relaciones públicas era necesaria. Con la fachada de “Rohani el moderado”, Irán espera confundir y ganar tiempo. Total, mientras se dialoga Parchín, Natanz, Arak, Bushehr e Isfaham pueden seguir operando. A juzgar por las primeras reacciones mundiales al nuevo producto presidencial made in Iran, es notable ver cuán exitosa hasta ahora ha sido la treta.

El efímero gobierno de Mohamed Morsi

Hosni Mubarak derrotó por goleada a Mohamed Morsi: 30-1. Los egipcios toleraron treinta años al primero en el poder pero no aguantaron más que un solo año del segundo en el gobierno. La coyuntura hace a la diferencia. Morsi cayó en un contexto de convulsión social y agitación política prácticamente inéditos en Egipto y en la región. La paciencia popular ya está agotada con los autócratas. Las multitudes ya han salido a las calles.

La irritabilidad está a flor de piel. Un error, un exceso, una ofensa y la cabeza del líder puede rodar. A su vez, Mubarak era un hombre del ejército, un militar secular (entendiendo al término solamente como antítesis del fundamentalismo) que contaba con el respaldo de su casta. Morsi, al contrario, no tenía el menor poder sobre los estamentos de seguridad de su nación: no controlaba al ejército ni a la policía ni a los servicios secretos ni a la guardia presidencial que lo protegía. El general golpista Abdul Fataj al-Sisi había sido puesto en el cargo por el propio Morsi.

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El bicentenario de Richard Wagner

Richard Wagner (1813-1883) fue un músico extraordinario, un esnob revolucionario, un creador de inmenso talento colmado de paradojas y un antisemita legendario. Un hombre que trabajó con judíos, se benefició de su filantropía y los odió como pocos. Un reaccionario que detestó a la aristocracia y militó en su contra, y a la vez recibió el apoyo de reyes y personalidades del establishment. Durante gran parte de su carrera fue un paria político, perseguido por las autoridades, con prohibición de ingresar a partes de su Alemania natal e incapacitado incluso de ver la representación de sus propias obras donde fuera que la orden policial imperial estuviera vigente. Y al mismo tiempo fue un artista aclamado.

Tal fue su naturaleza que incluso la misma persona podía albergar opiniones encontradas sobre él en diferentes momentos de su vida. La primera impresión que de él tuvo Friedrich Nietzsche fue óptima: “Cuando ayer conocí a Richard Wagner sentí un deleite de un sabor tan peculiar que ya no soy exactamente quien era antes”. Pero al final de sus días escribió dos ensayos hostiles afirmando: “sostengo que Wagner es perjudicial” y “Mi vivencia más importante fue una convalecencia. Wagner es tan sólo una de mis enfermedades”. En un libro titulado En búsqueda de Wagner, escrito a fines de la década de 1930 que es una exploración de las raíces ideológicas del nazismoTheodor Adorno postuló que el antisemitismo de Wagner no era un atributo idiosincrático de su personalidad sino una característica de toda su obra artística. Sin embargo, unas décadas después, Adorno desarrolló cierto aprecio por el compositor y en una serie de ensayos breves escritos en los años cincuenta y sesenta buscó rehabilitarlo. Thomas Mann inicialmente se refirió a Wagner como “la fuente de la experiencia más fértil y profunda de mi juventud” para terminar despreciándolo como “ese gnomo resoplado de la Sajonia con su talento colosal y personalidad lamentable”.

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La diplomacia del emoticón

De esto se trató principalmente el tourº1 de Barack Obama por Israel, Jordania y Palestina: poner un smile político sobre la relación con Israel, reasegurar a la monarquía Hashemita y decirles a los palestinos que no están olvidados.

Esta ha sido su primera visita al Estado judío como presidente. Obama tomó nota de las críticas efectuadas sobre el hecho de que en su previo mandato había viajado a varias naciones árabes y musulmanas pero nunca a Israel, un aliado histórico, lo que, sumado a la frialdad exhibida hacia el premier Benjamín Netanyahu, resultó en que el mensaje equivocado estaba siendo enviado a un Medio Oriente transformado por las revueltas árabes y otros desarrollos. De ahí que sus discursos y gestos personales hayan estado cargados de simbolismo y cordialidad.

Ni bien aterrizó en Tel-Aviv, el presidente reafirmó solemnemente “los lazos indisolubles entre nuestras naciones” y “el compromiso inquebrantable de Estados Unidos con la seguridad de Israel”. En una cita dedicada a corregir una pasada afirmación suya, hecha en El Cairo en el 2009, en la cual sugirió que el Estado de Israel fue creado en respuesta al Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, recalcó que “hace más de tres mil años, el pueblo judío vivió aquí, tendió la tierra aquí, oró a su Dios aquí”, palabras que subrayan el vínculo milenario del pueblo judío con la Tierra de Israel y refutan la narrativa extremista que niega esa realidad.

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