Sin respuestas de Capitanich

El domingo por la tarde, tras 35 días de idas y vueltas en que el jefe de Gabinete de ministros prometió recibir a más de 100 integrantes de pueblos originarios de su provincia, el grupo liderado por el dirigente social Tito López regresó al norte argentino sin respuestas. Todo comenzó cuando el líder social, ex aliado del gobernador en uso de licencia, Jorge Milton Capitanich, me dijo en mi programa en FM Identidad que Joaquín “Chapo” Guzmán, jefe del cártel de Sinaloa, habría pasado por su provincia y que el ex gobernador debería responder a esa pregunta: “Lo que sé es que la efedrina estuvo en Buenos Aires y acá, en el Chaco”.

La nota provocó el llamado inmediato del jefe de gabinete, que aseguraba, en sus tradicionales conferencias de prensa con escasas preguntas, de que la Argentina no era un país productor de drogas. El audio fue citado por el periodista Jorge Lanata en su exitosa columna en Clarín. A López lo llamaron para invitarlo a conocer la Casa Rosada y ofrecerle la reclama ayuda social. Pero el dirigente no vino solo sino con más de 100 aborígenes que acamparon en la Plaza de Mayo durante 35 días. Sólo un grupo de periodistas, varios de ellos europeos, se interesaron por el tema.

López fue uno de los dirigentes sociales que acompañó el proyecto Sueños Compartidos de construcción de viviendas e inclusión social en la provincia del Chaco de la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Eran otros tiempos. Hoy está en la vereda de enfrente de Capitanich de quien dice que “traicionó al Chaco y traicionará al país”. Luego de mi participación en el programa de Juan Miceli de InfobaeTV, en el que el conductor y periodista me preguntó por la autoridad moral del jefe de gabinete, el entorno de Capitanich volvió a comunicarse con Tito López. En la última conversación, al dirigente le dijeron que regresase al Chaco y que debía levantar la huelga de hambre. López volvió el domingo a la noche con la promesa de que el gobernador Juan Carlos Bacileff Ivanoff y sus ministros lo recibirían en sus despachos. Pero, en vez de diálogo se encontró con las fuerzas policiales que les impidieron el paso. 

Mientras Capitanich cuantifica su autoridad moral como si tuviese relación con los votos obtenidos en una elección -en ese sentido el hoy denostado Carlos Saúl Menem sería el rey de la moral e incluso Adolf Hitler en Alemania podría haber argumentado lo mismo-, Tito López volvió a hablar en radio y denunció a “Coqui”.

“Vinimos con confianza pero con miedo porque vemos que es una política nacional de represión. Si vos no sos K, no existis. Acá, en el Chaco o en Buenos Aires, no existís”. Tito López continuó e hizo referencia a La Cámpora: “Ellos creen que porque algunos pelotudos hablan de revolución, la están haciendo. Pero no tienen contacto ni con sus mamás y se están llenando los bolsillos con la plata nuestra”.

El dirigente social conocía a Hebe de Bonafini en los tiempos de Sueños Compartidos. Se la cruzó los últimos 3 jueves de marzo y abril de este año en sus tradicionales marchas en la Plaza de Mayo. Dijo que “a la Hebe le tenía gran respeto por la lucha social y los desaparecidos pero lo que está haciendo ahora, diciendo que los chaqueños necesitan agua pero que eso no les incumbe, no lo entiendo. Estuvimos 35 días en la plaza histórica de la Nación y no vino Hebe a decirnos qué pasaba. No nos pueden sacar nada porque ya nos sacaron todo. Nos sacaron la fe, la esperanza, nos llenaron de causas, los compañeros que mataron como Gringo Pintos.”

Gringo Pintos era compañero de López. Nunca se supo exactamente quién y por qué lo asesinaron. En los días previos a su muerte, Tito había hablado de la instalación del narcotráfico en su provincia. 

“Vivo con miedo pero no por mí persona. Ya tengo 42 años, ya viví. No voy a vivir arrodillado. No me interesa porque soy consciente de que no tengo mi vida comprada. Antes de vivir sometido a lo que ellos quieren, prefiero morir por lo que yo pienso. Capitanich es responsable de la vida nuestra”.

¿Dirá algo Jorge Capitanich de Tito López?

¿Cómo se produce una cortina de humo?

En el film Mentiras que matan, Robert De Niro es un asesor de la Casa Blanca que contrata a un excéntrico productor de Hollywood -Dustin Hoffman- para “inventar” una guerra de su país con Albania. El “relato” del conflicto bélico es transmitido por televisión mientras el público norteamericano olvida el escándalo sexual que involucraba al presidente de Estados Unidos y que amenazaba con acabar con su credibilidad. La “cortina de humo” es exitosa para el gobierno norteamericano pero le termina costando la vida al productor televisivo que no se conformaba con ser sólo un genio en las sombras.

La película, basada en una novela de Larry Beinhart, apareció en carteleras a mediados de los noventa, coincidiendo con el punto más álgido del recordado “caso Lewinsky“, la becaria de la Casa Blanca que había tenido relaciones sexuales con el, por entonces, presidente Bill Clinton a pesar de que él lo negó públicamente.

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Lo que Capitanich no puede explicar de Sueños Compartidos

En junio del 2011, pocas semanas después de que estallase el escándalo Schoklender, viajé a Resistencia, Chaco, a conocer las obras de Sueños Compartidos, el programa de construcción de viviendas e inclusión social, que dirigió la Fundación Madres de Plaza de Mayo con fondos públicos, nacionales y provinciales. “Pero claro que hubo choreo, acá lo hubo, íbamos mitá y mitá“, me confesó con honestidad brutal el alto funcionario del entonces gobernador chaqueño, Jorge Milton Capitanich. En una entrevista personal para mi libro, El negocio de los derechos humanos, el “Coqui”, en cambio, explicaba el desfalco porque “Sergio Schoklender era un loco, estaba enviciado”. Así justificaba el desvío de fondos públicos por la supuesta obsesión al juego del ex apoderado de la Fundación. Pero el hijo putativo de Hebe de Bonafini se alojaba en el hotel más caro y prestigioso de Resistencia, Amerian, pero jamás nadie lo vio jugando a las fichitas en su casino.

En noviembre del 2012, una semana antes de la publicación de mi libro, Sergio Schoklender se ofuscó cuando le pregunté por las tasas de retorno que se pagaban a funcionarios nacionales y provinciales para realizar las obras y esquivar los controles correspondientes. “No le saqué un peso a nadie” me dijo en la puerta del juzgado de Norberto Oyarbide, en la época en que el polémico juez estaba a cargo de la investigación. La información fue chequeada por dos fuentes dentro de la Fundación, por un arquitecto que se desempeñaba en el Chaco y, meses después, por uno de los implicados que me contó, con lujo de detalles, cómo era el manejo de dinero. Desde ya, Hebe de Bonafini autorizaba los pagos, Sergio “arreglaba” y los funcionarios recibían. Sueños Compartidos era una pantalla ideal para publicitar la gestión del gobierno nacional. Todos ganaban. Cristina construía casas con las Madres de Plaza de Mayo, símbolo de la resistencia a la última dictadura militar y al menemismo. Bonafini sentía que influía en el poder y Sergio Schoklender hacía sus propios negocios privados a través de su empresa constructora Meldorek. Los gobernadores e intendentes como Sergio Massa, Alejandro Granados y Darío Giustozzi, recibían a la Fundación con los brazos abiertos. Tenían la prensa asegurada a través de la consultora de Doris Capurro, otra socia clave en la ensalada de fondos públicos manejados como si fuesen privados. Jorge Milton Capitanich fue más allá y firmó más convenios que ningún otro gobernador para estar bien con la Casa Rosada. Los empresarios constructores chaqueños denunciaron que la competencia era desleal y que no había controles. Las advertencias fueron desoídas.

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Menos códigos que Al Capone

La Argentina no da tregua. El 2014 comenzó con cortes de luz y con Hebe de Bonafini criticando a los vecinos que se quejaban por “tener el freezer lleno de comida”. Ante la soledad y el desamparo de miles de vecinos que no encontraban respuestas en sus gobernantes ni en las empresas proveedoras de energía eléctrica, la Presidenta mantuvo su silencio. Días después, reapareció con toda la furia para atacar a sindicalistas, empresarios, ahorristas, la clase media y, como de costumbre, a los periodistas. Antes, el país devaluó su moneda en un 20% y abrió, apenitas, el grifo del cepo al dólar. La inflación sigue su espiral hasta vaya a saber dónde.

En medio de la tragedia, el escándalo con el vicepresidente Amado Boudou y nuevos cortocircuitos políticos entre parte del peronismo y Casa Rosada, Jorge Capitanich instaló un tema de agenda por varios días: el cambio en las transmisiones de Fútbol Para Todos. Los que secuestraron los goles, volverían a relatarlos, comentarlos y producirlos. Víctor Hugo Morales se comía un sapo y el relato de la maravillosa juventud camporista, crujía. El jueves por la noche, en una entrevista radial por FM Identidad, Alejandro Apo no se daba por muerto. La tarde de ese 6 de febrero, Hebe de Bonafini, le había marcado la cancha a Marcelo Hugo Tinelli: el fútbol es para hacer política, no plata. Según la Madre así les había enseñado el ex presidente, Néstor Kirchner. No tengo dudas que así era. Sólo los estúpidos, los inocentes y los cooptados –económica o simbólicamente- podían creer que el gobierno cambiaría. La bajada de línea política partidaria debía continuar y los periodistas “militantes” tenían que permanecer. Cristina levantó un teléfono, el segundo del día pues antes había llamado a una mujer que se quejaba de los aumentos de precios, y dio la orden. Chau cabezón.

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La intolerancia no es sólo kirchnerista

A 30 años del regreso de la democracia, el ataúd prendido fuego, con el símbolo radical, del sindicalista y ex intendente de Avellaneda, el pejotista Herminio Iglesias, parece cosa de niños. Desde el conflicto con los sectores rurales que el gobierno encaró a todo o nada, el kirchnerismo llevó a la sociedad a una crispación sin antecedentes en la vida democrática. Cinco años después, los ciudadanos nos hemos acostumbrado a la intolerancia gobernante, al fanatismo de los seguidores del “modelo” y nos fuimos convirtiendo en parte de lo que criticamos. Casi sin darnos cuenta, analizamos los discursos, no por sus contenidos, sino por quién lo dice. Para los periodistas, artistas y músicos afines al gobierno nacional, la única corrupción posible fue la menemista. En cambio, para los antikirchneristas acérrimos, si Mauricio Macri -líder del PRO- condona la multimillonaria deuda del empresario Cristóbal López que tiene con la ciudad de Buenos Aires, no se trata de una contradicción y denunciarlo, es hacerle el juego al gobierno.

La intolerancia se observa en la calle, en el tránsito y en las endiosadas redes sociales. La vida se ha convertido en blanca o negra. No hay matices. Hace poco volví a hablar con un ex compañero del colegio secundario que me recordaba por mi adoración adolescente por la figura del Che Guevara. Rápidamente me preguntó si era o no K. Ante mi crítica al gobierno nacional repreguntó si simpatizaba por el PRO y cómo explicaba mi simpatía por ideas “de izquierda” siendo crítico del kirchnerismo. La semana pasada presencié los festejos de la diputada de UNEN Elisa Carrió por los diez años de la creación del Instituto de Formación Política Hannah Arendt en su hall central, al día siguiente de la fiesta en que asistieron Jorge Lanata y Mirtha Legrand, entre otros. La nota, publicada en Perfil.com, relataba los chistes de la líder de la Coalición Cívica, sus humoradas, pasos de baile y el fanatismo que provocaba entre sus seguidores. Para algunos de ellos se trató de una herejía, pues “Fontevecchia siempre trata mal a Lilita”. No sólo los kirchneristas suponen que a los periodistas les dictan, supuestamente, cada línea de sus notas los dueños de los medios. La propia Carrió se rió de la nota.

El 8 de diciembre del 2013 una joven militante de la Tendencia Piquetera Revolucionaria, alejada por divergencias internas del Frente de Izquierda fue agredida en los bosques de Palermo junto con otros cuatro compañeros. Cuando los militantes del Partido Obrero descubrieron que la joven los estaba filmando con su celular intentaron arrebatárselo mientras la insultaban y la echaban con golpes de puño. “Fue una represión avalada por los dirigentes políticos pues ningún referente condenó el hecho“, aseguró para Infobae.com la mujer quien teme perder su trabajo si se conoce su militancia en un partido de izquierda. Para ella, “la actividad más revolucionaria del Frente de Izquierda sería una disculpa“. Por ahora, sólo encontró el silencio.

El fanatismo ha aumentado en el último lustro. El kirchnerismo fogoneó actitudes de esta naturaleza pero no es el único responsable. El fanático no piensa. Equipara a sus ideas con el dogma, como si fuese una cuestión de fe. El dogma no se discute, la política sí. 30 años después del regreso de la democracia, el autoritarismo está a flor de piel.

Para el gobierno nacional, Córdoba queda en Marte

Los diciembres en la Argentina son extraños. En diciembre del 2012, la sociedad en general conoció al intendente de Bariloche Omar Goye, quien denunció un intento de golpe institucional encubierto en medio de los saqueos. En Junín se comprobó la presencia de militantes de La Cámpora durante los disturbios. Rosario fue un caos y el gobierno nacional no se inmutó. En San Fernando se produjeron saqueos a un hipermercado y noviembre del 2013 terminó con un intento de robo generalizado en la misma localidad.

El mes terminó con un extraño incidente, otra vez en Rosario, en el que se habló de bandas narcos. Tan similar a las conjeturas previas esbozadas por Sergio Schoklender y parte del gobierno nacional en diciembre del 2010 cuando miles de personas tomaron el Parque Indoamericano. El ministro que manejaba la Policía Federal, Aníbal Fernández, fue eyectado del cargo horas después. Su reemplazante inauguró la era del “garantismo militante“, que concluyó en la OEA. Garré a la embajada, Berni al poder. Esta semana asumió otra militante, María Cecilia Rodríguez, experta en crisis, al frente del polémico Ministerio de Seguridad. Hasta ahora no se le conoce la voz. El único funcionario nacional que habló de los históricos saqueos en Córdoba fue el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. Hasta sus defensores del establishment comunicacional se sorprendieron cuando el licenciado gobernador del Chaco se excusó, recordó que Argentina es una República, dio clases de civismo a los movileros que se están hartando de las falsas conferencias de prensa a las corridas del ex marido de Sandra Mendoza, y se fue porque lo esperaba un encuentro de salud en Asunción, Paraguay. Capitanich recordó que José Manuel de la Sota, gobernador cordobés, estaba fuera del país cuando estalló el conflicto con la policía de su provincia pero no se puso colorado para informar que se iba, él también, del país. La solidaridad selectiva es una regla no escrita del gobierno nacional. Lo que rige es la discrecionalidad y la falta de criterio para enviar a Gendarmería Nacional al interior del país.

Pero la virulencia con que los delincuentes tomaron una de las ciudades más importantes del país desde el martes 3 de diciembre y la insensibilidad de los funcionarios nacionales no tienen precedentes. En Córdoba, el kirchnerismo obtuvo menos votos que en ningún otro distrito. De la Sota también fue duramente cuestionado. La anomia es total. El acuartelamiento policial escondería motivos no expresados por sus referentes. ¿Cuánto menos gana un policía cordobés que su par de la provincia de Buenos Aires? Nada. No existe la diferencia. La intransigencia de los uniformados recuerda a los estudiantes de la ciudad de Buenos Aires tomando las escuelas contra la reforma educativa del PRO mientras que en Formosa o Jujuy, los chicos no tienen una ventilador para sobrevivir las altas temperaturas en el aula. Capitanich nada dijo de lo que está sucediendo en estas horas en su propio territorio como relaté en mi artículo “¿Caos social o interna del peronismo chaqueño?“.

¿Cómo seguirá esta historia? Escenario 1) El gobierno nacional desembarcará en Córdoba con un Sergio Berni exultante y el caos terminará abruptamente, 2) los saqueos se reproducirán en otros distritos del país, 3) el final es incierto o 4) 1 y 2 irán de la mano. En todo caso, para Capitanich y el gobierno nacional, hoy por hoy, Córdoba es una provincia de Marte.

El “kirchnerista-cura”

No es un error. El padre Juan Carlos Molina, flamante titular de la Sedronar, es más kirchnerista que sacerdote. Su fanatismo por el proyecto político, más que en Dios, lo demuestra en sus mensajes vía Twitter y en su trayectoria. Su designación va de la mano del avance del jefe de gabinete, Jorge Capitanich, en la toma de las decisiones más trascendentes del gobierno nacional como así también de Alicia Kirchner. ¿Por qué?

Viejos conocidos

El “kirchnerista-cura” suele estar en el momento justo y en el lugar indicado. Según OPI Santa Cruz, Juan Carlos Molina estaba presente en el restaurante Rocco la tarde del 2007 en que a la hermana del ex presidente Néstor Kirchner fue escrachada por docentes que le arrojaron harina, huevos y le tiraron del pelo. En aquel entonces, su hija, Romina Mercado, pidió que se destituya del cargo de conjuez a Dino Zaffrani basándose en el testimonio de su hermana, Natalia, quien estaba presente junto con Molina en el momento en que Alicia la pasaba mal. Al conjuez lo acusaban de haber sido uno de los instigadores del escrache. Zaffrani argumentaba que estaba presente como abogado de Ibáñez, uno de los empleados municipales reprimidos por la policía, y que se había acercado al restaurante a recordarle a la ministra que la crisis era producto de las políticas sociales tomadas por su hermano presidente. Natalia Mercado es fiscal de la provincia y ha intervenido en investigaciones judiciales contra su propia familia. Molina trabajaba como asesor ad honorem del Ministerio de Desarrollo Social, brazo político desde el que se financian organizaciones sociales como Kolina, liderado por la propia Alicia Kirchner, y una de las agrupaciones más importantes de Unidos y Organizados como también de la Fundación “Pibes de la Patagonia” del propio Molina. Uno de los 42 maestros que se desempeñaban en esa fundación era el hermano del “kirchnerista-cura”, Marcos. La fundación recibía importantes aportes de YPF en tiempos en que la familia Eskenazi y los españoles de Repsol eran grandes amigos del gobierno nacional.

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El sueño de Capitanich

La flamante designación del gobernador del Chaco, Jorge Milton Capitanich, como jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, abre varios interrogantes. ¿Quién es realmente el hombre que supo ocupar ese mismo cargo durante el momento más difícil de la presidencia de Eduardo Duhalde? ¿Cómo hará Cristina para vender entre sus fieles, que el Coqui es un revolucionario nac & pop siendo un político del ala más conservadora del peronismo? La respuesta está clara: una infinidad de recursos económicos, la versatilidad del “pensamiento nacional” y el antecedente de Amado Boudou. ¿Alcanzará? Por ahora, Jorge Capitanich sueña con ser el heredero natural de CFK.

En las últimas elecciones, Jorge Capitanich pudo entregarle una de las pocas buenas noticias a la presidenta, a quien conoce desde sus tiempos en el Senado de la Nación, donde los dos trabajaban en conjunto en sus respectivas bancas. En octubre, en el Chaco, el Frente para la Victoria, superó el 60% de los votos. A fines de los noventa, ella y él afianzaron una relación muy cercana. Padre de dos hijas, junto con su ex mujer, la ex ministra de Salud de su gobierno, Sandra Mendoza, el Coqui había llegado a la gobernación en el 2007, tras un reñido escrutinio con el radicalismo. Pocos recuerdan su pasado como jefe de Gabinete duhaldista durante la devaluación asimétrica y sus anteriores relaciones con el menemismo en la extraña privatización del banco de Formosa.

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Bingo: Hebe de Bonafini le dará su pañuelo blanco a Aníbal Fernández

Tras la tradicional marcha de los jueves a las 15:30 alrededor de la Pirámide de Mayo, Hebe de Bonafini realizó un encendido discurso en el que asoció la fuga de un represor de la cárcel, los hechos sucedidos en la Catedral porteña y los dichos del asesor de Mauricio Macri, Durán Barba, sobre el nazismo. “Vieron cómo está la derecha, vieron la Catedral, impidieron el acto que había que hacer, que era importante, pero claro, los fachos están en todas partes. Entonces, no es que están sólo ahí, ellos también son Durán Barba. Durán Barba está con Macri, Macri está con los que vinieron a joder el acto, más Barrionuevo, más Massa, más Duhalde, más De La Sota, son una banda de reverendos…”, dijo la Madre de Plaza de Mayo. Cuando Jorge Bergoglio fue elegido Papa, entre los jóvenes que ocupan las terceras líneas del gobierno nacional la noticia provocó una conmoción interna pero no por el hecho en sí sino por el cambio de postura de Cristina sobre Francisco.

En aquel entonces, José Pablo Feinmann dijo que “había que adueñarse del Papa” y por ello había que peronizarlo. Las críticas contra la Iglesia se apagaron. Internamente, entre militantes de La Cámpora y otras agrupaciones se preguntaron cómo justificaría el pensamiento seissieteochista que nuestro país pudiese engendrar un Papa de derecha, que viaja en subte todos los días, es honesto y ayuda a los pobres mientras que la presidenta sea de “izquierda”, pero en su vida se subió a un transporte público y no puede justificar su patrimonio. Raro, ¿no? ¿Cómo seguir poniendo del lado de los malos a un tipo que, de repente, todos querían y se había convertido en intocable? Había que reconvertirlo en santo, a pesar de que antes se lo consideraba un demonio. En ese sentido, la mujer que tomó la Catedral en 2008 cuando Bergoglio era cardenal y apoyó las pintadas contra las autoridades eclesiásticas, salió a defender la misa interreligiosa ideada por Francisco. Está claro: para los ideólogos del gobierno, Francisco nació de un taper y su pasado no guarda relación con el del terrenal Jorge Bergoglio.

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Todos ganaron menos los Daniel

La escena del domingo a la noche fue previsible. Festejaron todos. El búnker del PRO bailaba exultante por la victoria en Capital Federal y el ingreso de los primeros senadores al Congreso Nacional de esa fuerza política y la gran performance en Santa Fe y Entre Ríos. UNEN conseguía su objetivo principal, que había sido arrebatarle el senador por la minoría al gobierno nacional compitiendo contra un gobierno local que estaba en su mejor momento de gestión y la maquinaria kirchnerista en la ciudad de Buenos Aires. En Mendoza y en Santa Fe, Julio Cobos resurgía en el radicalismo y Hermes Binner demostraba que el socialismo mantiene su fuerza tras años de gobierno, mientras que la izquierda dejaba de ser una fuerza meramente testimonial para arribar al Congreso con más fuerza que nunca en toda su historia.

Párrafo aparte merece el gobierno nacional y su ex jefe de gabinete, Sergio Massa. Cuatro meses atrás, el intendente de Tigre era uno de sus jóvenes referentes pero hoy le asestó el golpe más duro al oficialismo pues le cortó en dos el famoso “aparato”. El Frente para la Victoria mejoró, levemente, los resultados de las PASO recuperando algunos distritos como San Juan tras el efecto “Flaco Gioja” y conservó la primera minoría en todo en el total país -algo así como pan para hoy y agua para mañana pues nadie asegura que eso se conserve ni siquiera en las próximas semanas-. Es que la fuerza de “la Rata del Tigre” como llama a Sergio Massa el filoso escritor Jorge Asís, amenaza por ir por todo. En poco tiempo, el ex jefe de gabinete pos crisis del campo armó una estructura envidiable que le posibilitó duplicar la distancia entre su perseguidor más inmediato, el  novio de la vedette, y ganar en el conurbano profundo, bastión kirchnerista por excelencia. El gobierno le teme pues Massa sabe que para ser Presidente debe robarle el aparato al kirchnerismo como Néstor hizo en las elecciones del 2005 con el duhaldismo y Eduardo Duhalde había hecho, previamente, con Carlos Menem dos años atrás. Pero el aparato no alcanza y Massa, en su discurso, ya comenzó a hablar como un pastor que convoca a todos, sin importar de donde venga: algo así como la transversalidad de la buena onda, de la “gente”. Una especie de Kirchner sin Él, mucho menos sin Ella. La gran ausente.

Es que la imagen del palco del Frente para la Victoria mostraba rostros desencajados, aplausos descontrolados y maquillajes desteñidos. Amado Boudou, convertido en un Marcelo Tinelli de la política, presentó a los distintos oradores y allí el grupo de los Daniel demostró por qué fueron los grandes derrotados de la jornada. El primero, Filmus, se quedó sin su preciada banca en el Senado, volvió a perder, tal vez, en su última elección, en parte gracias al “yo me banqué la dictadura” y los correctivos de Juan Cabandié. El segundo, Scioli, tuvo que hacerse cargo de una derrota que, en gran parte, él quiso cargarse. Seguramente, durmió con una gran duda: ¿Después de todo seré el candidato en el 2015 de la Presidenta que le asegure al gobierno estar en el ballotage o ya empezaron a reemplazarme por algún gobernador del norte argentino como Jorge Capitanich? El núcleo duro no lo quiere. Nunca lo quiso. Scioli apostó y perdió.

El 2015 parece lejano pero, si algunos opositores, siguen festejando, más de la cuenta, esa fecha nunca llegará para ellos. Por ahora, Massa es el que lo entendió antes que el resto pero falta mucho.