Un mandato de continuidad con cambio

En una increíble coincidencia temporal, los dos socios más importantes de la Argentina dentro del Mercosur, Brasil y Uruguay, decidieron este domingo su futuro político.

En ambos casos, los oficialismos de centro-izquierda que gobiernan desde hace años enfrentaron duros desafíos electorales por parte de las fuerzas opositoras tradicionales. Pero no todo fue color de rosa para Dilma y Tabaré. La brasileña fue reelecta con el resultado más parejo de los últimos años, dejando un país profundamente dividido y con denuncias de corrupción que la salpicaron en forma personal. El uruguayo si bien quedó cerca de su consagración, deberá competir nuevamente en un ballotage con el joven blanco Lacalle Pou y perdió la mayoría parlamentaria de los últimos diez años.

Pero como goles son amores y finalmente se gana o se pierde por un voto, tanto en el gigante sudamericano como en el pequeño santuario rioplatense no puede negarse que se impuso la continuidad. De la misma manera, los desafíos potentes de las fuerzas tradicionales de derecha provocaron también que ambos modelos de gobierno tuvieran que exhibir y encarnar claras promesas de cambio y renovación, principalmente de estilos. Esta es tal vez la primera enseñanza que estas elecciones le pueden dejar a la ansiosa opinión pública argentina, que en una especie de espejo geográfico y temporal intenta verse reflejada para saber que podría pasar con nuestro destino dentro de un año, allá por octubre del 2015. Tras una fuerte pelea, nuestros socios se definieron por muy poco por la continuidad con cambio.

El otro aspecto común y a tener en cuenta es que finalmente en ambos países se consolidó una seria e institucional oposición de centro-derecha, que ha logrado representar a casi la mitad de los electorados pero que claramente fueron liderados por las fuerzas tradicionales. Los experimentos nuevos, que como Marina Silva, parecían poner en jaque a todo el sistema político, fueron barridos a la hora de buscar una verdadera opción a los que gobiernan desde hace más de una década desde Montevideo y Brasilia. En un bando y en el otro se impusieron las instituciones por sobre los personalismos. Brasil y Uruguay pueden finalmente exhibir un sistema político que les asegura un equilibrio de poder y la posibilidad de una alternancia futura. No hizo falta que oficialistas y opositores se disfrazaran de lo que no eran por consejos de los gurúes del marketing electoral. Las cosas quedaron claras y las fuerzas contradictorias del cambio y la continuidad, de modelos, valores y estilos confrontaron y finalmente se combinaron.

La clave para poder decodificar estas elecciones pasa por comprender el mandato que ambos pueblos fueron gestando para el tiempo que viene. Las subas y bajas en las encuestas, principalmente las brasileñas, marcaron que los partidos y sus candidatos tardaron un tiempo en entender esta premisa y ajustar a ella sus propuestas. El mandato era claro. Los dos electorados eligieron a quienes mejor les garantizaban la posibilidad de mantener los logros de los modelos de gobierno pero que a la vez les aseguraran varios ajustes y cambios necesarios. En Uruguay, la sola presencia y recuerdo de un más moderado Tabaré Vazquez bastó para que se impusiera sin mayores contratiempos. En Brasil, los sustos y subibajas de todo el proceso obligaron al PT y a su candidata Dilma a ir sintonizando más finamente con esta premisa. Algo nada fácil por la sutileza y el equilibrio necesario entre esas dos tendencias aparentemente contradictorias.

Tal cual lo que muchas veces ha sucedido en el marketing comercial, brasileños y uruguayos eligieron gobierno como los consumidores eligen un jabón en polvo de marca conocida, que se relanza anteponiendo la palabra nuevo a su nombre tradicional y que les asegura que sigue siendo el mismo, pero ahora con verdes ensolves que atacan directamente a las manchas más rebeldes. El tiempo dirá si los argentinos decidimos seguir el mismo camino y nuestro próximo presidente termina siendo aquel que mejor sintonice con ese mandato de continuidad con cambio.

Lecciones del PT para el kirchnerismo

Siempre se habló de la cercanía y similitudes entre el Brasil y la Argentina. Hasta hace pocos años, nuestro país marcaba el rumbo en lo económico y político. El fin de las dictaduras y la llegada de la democracia, los planes económicos fallidos, la adaptación del Consenso de Washington, las crisis de la deuda, siempre llegaban antes al sur y parecían expandirse hacia el norte. Esa tendencia empezó a cambiar después del 2001 cuando sólo nosotros estallamos en pedazos, una diferenciación que también puede verse entre los dos movimientos políticos que se hicieron del poder en los primeros años de este siglo que vivimos. Más allá de las aparentes coincidencias ideológicas entre el Partido de los Trabajadores de Lula y el Frente para la Victoria de Kirchner, las elecciones de ayer nos refrescaron una serie de distinciones que se han ido acrecentando a lo largo del tiempo.

Las diferencias pueden bucearse en el mismo origen. El obrero paulista devenido en líder político se hizo desde bien abajo. Desde su paupérrima y muy sufrida infancia en su Pernambuco natal hasta su emigración hacia Sao Paulo y su vida como tornero, con accidente laboral incluido que le costara un dedo de su mano, Lula protagonizó una especie de “American Dream” sudamericano. Los Kirchner, en cambio, terminada su carrera de abogacía en La Plata, rápidamente volvieron a Santa Cruz donde comenzaron a acumular una importante fortuna inmobiliaria en tiempos de la dictadura. Durante esos duros años, más que por el frío y el viento patagónico, no se les conoce otro sufrimiento a esos dos exitosos abogados a diferencia de su par brasileño, quien al igual que Dilma Rousseff, padeciera persecuciones y hasta la cárcel por su militancia política.

Una vez en el poder, Lula estableció un sistema de redistribución muy eficiente, que le ha permitido al Brasil lograr una estabilidad política y social envidiable e incorporar varias decenas de millones de personas a las nuevas clases medias. Pero no por ello intentó asfixiar a la gallina de los huevos de oro. Siempre componedor, terció entre las masas pauperizadas que veían en él su única esperanza y los barones nordestinos que monopolizaban el poder de sus regiones, combinándolos también con los intereses de los poderosos empresarios de la FIESP de Sao Paulo y los conglomerados mediáticos. En el Brasil del PT siempre hubo lugar para todos y se les supo sacar provecho a cada sector. Se trató más de una armonización y coordinación que de una confrontación y pelea permanente. Otra distinción con sus vecinos de Buenos Aires.

Lo mismo sucedió en la arena internacional. Bien con Chávez pero sin por ello tener que realizarle costosos y adolescentes desplantes en la cara a Bush. Brasil pudo navegar entre los poderes mundiales ya establecidos y las nuevas emergencias que lo tienen como protagonista indiscutido de los Brics. Todo brillantemente guionado por la elite diplomática de Itamaraty, institución que no sufriera los embates y el proceso de partidización que padecen sus colegas del Palacio San Martín.

Pero si algo caracteriza la brecha entre los dos casos es que en Brasilia no se intentó instalar un exagerado culto a la personalidad o encaramar sólo a una familia en lo alto del poder. Se pensó en forma institucional y después de los ocho años de mandato correspondientes, se buscó una heredera dentro de las filas partidarias. Así llega Dilma a la presidencia. Nunca se soñó siquiera en elegir sucesora a la esposa para intentar burlar así la cláusula constitucional de los dos mandatos, ni se le ocurrió a ninguno de los hijos presidenciales pedir por una reforma de la Carta Magna para perpetuar a su propia madre.

Así se llega a esta instancia en donde el Brasil enfrenta en forma ordenada y responsable un nuevo desafío electoral. Sin el dramatismo propio de los populismos personalistas, en donde no se concibe la posibilidad del reemplazo del líder indiscutido, nuestros vecinos deberán decidir en pocos días entre la actual Presidenta y con ella la continuidad de este proceso iniciado por Lula u optar por el cambio que representa el ex gobernador de Minas Gerais, Aecio Neves. Escenarios muy diferentes pero que no por ello provocan caos o temor excesivo, más allá de las propias idas y venidas de una campaña electoral intensa, con publicidad negativa incluida.

De esta forma el país más grande de la región se recibe de potencia. Una democracia que encara tranquila hasta el desafío de la alternancia sin que esto implique el fin del mundo. Esa es la lección central que el kirchnerismo debería aprender del PT. Entender que no hace falta minar el camino de cuanto sucesor posible aparezca, intentando seguir con las alquimias electorales para armar un amañado proceso que garantice un pronto retorno. Después de dos períodos Lula, el indiscutido líder y fundador cedió el poder a Dilma, sin condicionamientos ni extorsiones, para que la antorcha de su proyecto no se extinguiera. Es ahora ella la que debe revalidar títulos ante su pueblo. Si no lo logra, el poder pendulará, pero Brasil prevalecerá y por cualquiera de los dos caminos saldrá fortalecido.

El Reino re-Unido

Y se salvó nomás. Después de un susto grande para ingleses y muchos europeos, los escoceses le dijeron que no a la independencia. Con una participación en las urnas absolutamente récord (85% del total de votantes habilitados), el 55% de los habitantes de las tierras altas del norte de la Gran Bretaña decidieron seguir siendo parte del reino que tiene por capital a Londres. Una diferencia de un muy considerable 10% sobre la otra opción fue la sorpresa de la jornada, ya que las últimas encuestas, si bien registraban algún repunte de los finalmente triunfantes, todas coincidían en una situación de mucha más paridad.

Esta enorme ola de escoceses que decidieron sobre un aspecto tan crucial sobre su futuro, como lo es la continuación del acuerdo de más 300 años que los une a sus poderosos vecinos del sur, trajo además alivio a muchos personajes e instituciones.

La política británica deberá realizar varios cambios y transformar en realidad las casi desesperadas promesas que sus principales líderes ofrecieron a último momento cuando todo parecía que se iba por la borda. El primer ministro David Cameron sobrevive agradecido y, si sabe maniobrar y capitalizar este momento, saldrá fortalecido.

La oposición laborista también respira, ya que Escocia constituía uno de sus principales bastiones electorales y su independencia le complicaba -para algunos alejaba definitivamente- la posibilidad de su acceso al número 10 de la calle Downing en el centro de Londres.

La unidad gestada hace más de 300 año de un país con cuatro naciones se consolida. Si Escocia dijo que no a su independencia, galeses e irlandeses del norte no deberían ya ni dudarlo. El Banco de Inglaterra y la idea de una política monetaria autónoma respecto del resto de Europa, se ven también reforzados junto a su hija dilecta la libra esterlina.

Pero no solo en aquellas islas se respiró aliviado. Más al sur en España, su poder central madrileño, se ilusiona con la posibilidad que el sueño independentista catalán sufra el impacto y pierda fuerza. Lo mismo que los desafíos por ahora más débiles del País Vasco, Galicia y Andalucía. Flamencos, bretones, franceses del sur, italianos del norte, frisios, bávaros, corsos y sigue la lista, tendrán que archivar sus reclamos por un tiempo y seguir aceptando los mapas del poder actual, pasando por los peajes de sus respectivas capitales nacionales.

Los escoceses con su decisión, tal vez casi sin tomar clara conciencia, marcaron un hito importante en la historia del continente que fuera cuna de nuestra civilización y que dominara por varios siglos a la humanidad entera. Ayer, el orden surgido de Westfalia se salvó y la idea de aprovechar la super-estructura de la Unión Europea para plantear una federación de nuevos países replanteados, o regiones autónomas con capital continental en Bruselas, fue herida de muerte y corre el riego de irse desvaneciendo.

La ilusión de ver a la Unión Jack bajando del mástil en tierras tan centrales para lo que supo ser el imperio dominante del planeta también alentó a algunos por estas lejanías australes, con la remota esperanza de algún efecto dominó que se esparciera hacia las colonias, incluyendo a las Malvinas. También tendremos que seguir esperando.

Escocia siguió el camino de Quebec en Canadá. Ahora, al igual que los líderes de habla inglesa de Ottawa, los políticos británicos deben cumplir sus promesas y construir un país más equilibrado y balanceado. De lo contrario, lo único que habrían ganado es algo de tiempo.

El furor por Scholas, la ocurrente idea de Francisco

Ciudad del Vaticano, Lunes 1 de Septiembre de 2014. La imponente aula Paulo VI se llena de celebridades del deporte, especialmente el fútbol internacional, la farándula, el mundo empresario y líderes espirituales de las principales religiones monoteístas. Mientras tanto, el periodismo de todo el planeta se desespera por obtener una exclusiva de Maradona, Zanetti, Simeone, Zidane y los corresponsales de Buenos Aires, del polifacético funcionario peronista -devenido en diplomático argentino- Guillermo Moreno. Algunas filas más atrás la blonda familia de Wanda Nara y su nuevo marido, le da a la reunión un toque de programa televisivo de espectáculos de la tarde. De repente, se abren las puertas del escenario y aparece el pivote que hace todo esto posible. Francisco, inmaculado de blanco, provoca el estallido de los casi 500 asistentes, especialmente del exótico grupo del “Padre César y sus Pecadores” que desde las últimas gradas entonan a los gritos su canción sobre un Papa Latinoamericano.

Como siguiendo la consigna con que él mismo instigara a los jóvenes católicos en Río de Janeiro el año pasado, todos hacen lío y mucho. Los teutones guardias suizos y los esquematizados oficiales del protocolo vaticano de impecable jaqué, casi desesperados, intentar controlar y ordenar esta masa compuesta mayoritariamente de argentinos e italianos, a excepción de los jugadores de fútbol que vienen de todas partes del planeta. Tarea para nada sencilla.

Así se presentaba ayer en la siesta italiana el partido que más tarde, en el Olímpico de Roma, jugarían a beneficio estos astros de la pelota. Una iniciativa conjunta de la Fundación Pupi y de Scholas Ocurrentes. El director de orquesta de todo este barullo, el joven argentino Roberto Sarti, en un muy prolijo italiano, le anunciaba al Santo Padre que se le entregaría el premio que obtendría el ganador del encuentro: un pequeño olivo de la paz, símbolo de todas estas iniciativas elaborado completamente en plata por el orfebre rioplatense Pallarols. Desde el escenario los directores mundiales de Scholas, los también argentinos José María del Corral y Enrique Palmeyro, junto con Monseñor Guillermo Karcher observaban orgullosos el inicio de su tercer encuentro y el haber podido cumplir al pie de la letra el mandato papal: lograr unir con esfuerzos como estos, todo lo que normalmente parece desunido.

Hace algunas semanas, el gurú del marketing político norteamericano, Dick Morris, le sugirió al Papa Francisco que, según su criterio, Scholas, además de sus actividades deportivas y de sus programas específicos, tenía que servir en el mundo de las redes sociales para agitar la web. En una imagen comparativa un tato provocadora, le comentó al sucesor de Pedro que él tenía la misma cantidad de seguidores que el CEO de Facebook. Pero que mientras que los 1200 millones de personas que todos los días se conectan por la red inventada por el joven Zuckerberg, la misma cantidad de fieles que en el planeta se identifican como católicos debían agitarla. Que como el “Italian salad dressing”, compuesto de aceite y vinagre que los estadounidenses utilizan para aderezar una ensalada, Facebook solo conecta pero no integra. Que esta red inventada por Francisco debía, a través de proyectos educativos comunes a todos, lograr mezclar con fuerza lo que normalmente no se mezcla. Estudiantes, maestros y padres palestinos con israelíes, coreanos del norte con los del sur, ucranianos con rusos, norteamericanos negros con blancos y latinos, ricos con pobres y la lista sigue interminable, lamentablemente para el mundo divido de hoy. Hay que agitar y unir sin distinciones de credos razas, nivel socioeconómico, ni nacionalidades.

Esto es lo que intentaremos hacer realidad en estos próximos días los convocados a la Ciudad del Vaticano pata trabajar en el proyecto Scholas por el argentino más famoso e influyente de la historia. Ir concretando esta idea, que hasta hace poco era una utopía, de unir lo desunido. Utilizando los deportes populares en cada lugar, como en este caso el fútbol con sus estrellas, para difundir una idea de hermandad y generando conocimiento y armonía entre las nuevas generaciones. Con el supuesto que mientras más se conozcan y compartan proyectos comunes desde la infancia, los pueblos tenderán a amarse y tolerarse más, alejando para siempre el fantasma del odio, la discriminación y haciendo que en un futuro la guerra sea una institución olvidada en el arcón de los recuerdos tristes de la humanidad. Esta es la Ocurrente idea de Francisco que poco a poco se va concrentando. Ojalá así sea.

Cuatro Papas juntos: la genialidad de un argentino

Roma, literalmente tomada y ocupada como tantas otras veces en el pasado. Pero ahora no fueron los bárbaros, ni Napoleón, mucho menos los nazis. Es el turno de los polacos que sin armas ni tanques, solo con estandartes y banderas, cantaban, festejaban y alababan a su nuevo santo. Un poco más tranquilos, pero no por ello menos en cantidad, son los peregrinos que llegaron por el otro, el italiano, el Papa bueno. Como ya es habitual, todos sin excepción, aclamando y vivando al argentino que llegara el año pasado desde el fin del mundo. Francisco, antes de iniciar la imponente ceremonia de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, se acercaba y abrazaba con su antecesor y Papa emérito, el alemán Benedicto XVI. Algo inédito y universal por donde se lo viera.

Mientras tanto la mañana lluviosa y gris que amenazaba con aguar esta fiesta de fe y esperanza, de repente, justo en el mismo instante en que nuestro compatriota proclamaba con vos solemne la santificación, se iluminaba con un rayo de sol que inundaba la Plaza de San Pedro. Allí entre las sillas y las gradas se mezclaban los aplausos y gritos de júbilo de reinas y reyes, presidentes y jefes de Estado, que un número cercano a los cuarenta llegaron hasta el Vaticano para no perderse esta brillante idea de Francisco y representar dignamente a sus pueblos. En el público se abrazaban, por ejemplo, el hijo y la nieta de Ronald Reagan con curas y misioneros venidos desde los más profundos rincones del África negra. Michael Reagan luciendo un traje marrón, en homenaje a su padre, que vistiera uno del  mismo color en su primer audiencia con Karol Wojtyla. Eran los tiempos en que trabajaban y acordaban  por la libertad de medio mundo.

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En una muestra más de su enorme habilidad política,  esta ceremonia conjunta manda una señal muy potente de lo que el actual Papa quiere para la Iglesia y su papado. Combinar a un luchador, principista, carismático y extremadamente popular como el polaco con la bondad infinita, el afán de modernidad y reforma del italiano. Esa es la genialidad de Francisco. Sin grandes declaraciones, ni profundas e incomprensibles encíclicas, con gestos más que simbólicos y elocuentes, dar por terminado un ciclo de profundas divisiones internas en la institución fundada hace dos mil años por Cristo. Una convulsión que la condujera a la mayor crisis de los últimos tiempos y que culminara con la renuncia de Ratzinger. Nuevamente el político, el estratega, el jesuita en acción.

Como si esto no fuera suficiente, otra vez en aquella histórica plaza se cantaba el evangelio en latín, como corresponde a la liturgia romana pero también en griego, un nuevo gesto para los cristianos ortodoxos y la posibilidad de reunificación de los que se dividieron en el 1054. Algo que por primera vez en siglos se había registrado en la entronización de Francisco en retribución a la visita de Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla y líder espiritual de los casi 300 millones de personas que siguen los ritos de Oriente.

La confluencia en un mismo liderazgo y una misma visión superadora de los que venían convocados por la santidad del uno o del otro sintetiza perfectamente lo que se ha propuesto el hasta hace un año Cardenal Bergoglio. Personalmente, formé parte de una delegación invitada por Newsmax, la página web conservadora más leída de los EEUU, que convocó a Roma a un grupo muy importante de dirigentes políticos y empresarios que se sintieron llamados principalmente por el legado de Juan Pablo II y su enorme contribución al mundo libre. Lech Walesa, entre otros,  nos habló de cuán importante fue su rol en el derrumbe del comunismo soviético, empezando por su tierra polaca.

Pero en forma paralela, en otros rincones de la ciudad eterna, se congregaban al mismo tiempo los convocados por la obra de Juan XXIII. Su ejemplo de vida, su bondad y su convicción reformista y modernizadora marcaron un antes y un después en el devenir de la Iglesia y su forma de conectarse con el mundo moderno y sus fieles.

El domingo todos coincidimos en la Plaza de San Pedro y bajo la protección de los santos y mártires de mármol, producto del genio creativo de Miguel Angel y Bernini, que parecían testificar extasiados este momento histórico de la institución  a la que ellos mismos entregaron sus vidas, un argentino, el más famoso de todos los tiempos, proclamaba la santidad de dos de su predecesores casi inmediatos.

Allí, en el medio de la multitud, uno no podía sino sentir un inmenso orgullo. Uno de los nuestros concitando la atención de todo el planeta y dando una muestra impresionante de que en este mundo en que vivimos, se puede practicar la humildad y la sencillez, sin por eso renunciar a los grandes objetivos trascendentes. Se puede hacer sin necesidad de defeccionar. Se puede ser y parecer.

¡Dios salve y ayude al Papa argentino!

Una nueva era para el cristianismo

“El viaje que haremos en mayo junto con el Papa Francisco a Jerusalén marcará el inicio de una nueva era para el cristianismo”. Con esas palabras, Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla (hoy Estambul) y líder espiritual de todos las Iglesias Ortodoxas Orientales, les daba la bienvenida a un grupo de argentinos que lo visitaron en su sede, a orillas del Bósforo, en la milenaria ciudad turca.

Una delegación de dirigentes políticos y sociales convocados por la Fundación Universitaria del Río de la Plata (FURP), encabezados por su presidenta Graciela Adán, cumple en la República de Turquía un programa de intercambio en colaboración con Hizmat, la organización de voluntarios inspirada en el pensamiento humanista de Fethulllah Gülen, representada en Buenos Aires por la fundación ALBA. A lo largo de diez días recorrerán Estambul, Ankara y otras localidades de lo que fuera el antiguo Imperio Otomano. La idea es contribuir al diálogo y el encuentro entre los pueblos, construyendo puentes de dos vías que contribuyan a promover la interrelación pacífica entre distintas comunidades, sociedades, culturas y tradiciones religiosas.

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Entre las actividades previstas, que incluyen encuentros con altos dignatarios del gobierno, empresarios, periodistas, instituciones educativas y referentes religiosos, participaron de la tradicional misa del Domingo de Ramos en la antigua Iglesia de San Jorge, sede de este Patriarcado desde fines del siglo XVI, cuando tras la conquista de Constantinopla por los turcos y la caída del Imperio Romano de Oriente, tuviera que abandonar la magnífica Basílica de Santa Sofía, transformada en mezquita para cumplir con los preceptos religiosos de los nuevos gobernantes.

“Estoy muy complacido de recibir a un grupo de compatriotas de ese gran hombre y Papa que es Francisco” afirmaba Bartolomé I ante los visitantes argentinos. “Por primera vez en la historia, un Patriarca asistió a la entronización de un Obispo de Roma”  afirmó al recordar su participación hace un poco más de un año en la ceremonia de asunción papal en la Ciudad del Vaticano, en donde por primera vez en mil años se cantó el evangelio en griego, la costumbre y el idioma de las Iglesias ortodoxas, un gesto de enorme trascendencia para alcanzar el objetivo común del ecumenismo.

Las Iglesias ortodoxas se separaron de Roma en el cisma del 1054 precisamente por no querer reconocer en el papado la máxima autoridad de la cristiandad. De los aproximadamente 2.200 millones de seguidores de Cristo que existen el mundo, 1.200 millones responden a la Iglesia Católica, 700 millones pertenecen al protestantismo en sus diferentes denominaciones y cerca de 300 millones profesan su fe siguiendo los ritos y tradiciones ortodoxas. La gran mayoría de estos últimos, si bien no reconocen una autoridad suprema, consideran al Patriarca de Constantinopla como su líder espiritual y el Primus Interpares de todos los Patriarcas.

Católicos y Ortodoxos se encuentran abocados desde hace 40 años en un profundo diálogo ecuménico que persigue la reunificación del cristianismo, objetivo planteado por los últimos papas y reafirmado fuertemente por el propio Francisco.  El hasta entonces cardenal Bergoglio, desde el mismo día de su designación, dio señales muy fuertes en este sentido, cuando desde el balcón de San Pedro apareciera despojado de ornamentos y lujos y se autodenominara como Obispo de Roma y no como jefe universal del cristianismo. Lo mismo en numerosos discursos y reportajes cuando se refiriera a su asunción en el papado como un cambio de diócesis entre la capital argentina y la capital italiana.

El viaje que ambos realizarán a Tierra Santa será sin dudas histórico y contribuirá decididamente a este objetivo de reunificación, que de concretarse, sería el acontecimiento más trascendente en la vida del cristianismo en los últimos mil años. Para encontrarse y buscar acuerdos, qué mejor que hacerlo siguiendo la tradición rioplatense de tomarse unos mates como buenos amigos, mucho más allá, en la tierra de Cristo.Hasta podrían compartirlos con sus contrapartes judías y musulmanas. Bartolomé I desde este Domingo dispone de uno. Al igual que el regalo de la Presidente Kirchner al Papa Francisco, la delegación de la FURP le entregó uno de recuerdo de su visita al Patriarcado de Constantinopla. Nunca se sabe…

El proyecto de Francisco que conecta al mundo

Si a uno le dicen que en una misma reunión se encontraron Julio Grondona, más los directivos mundiales de las principales empresas de tecnología, sentados a la mesa junto con Gianni Vattimo, para muchos el filósofo vivo más trascendente de los últimos años y todo esto rematado por la música de Juan y Juan, que después de 25 años de separación luego de los éxitos que todos los argentinos sabemos de memoria, volvieron a unirse en una nueva canción, seguramente sonaría poco creíble. Pero esto sucedió en el Vaticano, obviamente bajo la batuta del argentino más famoso y querido de la historia.

El Papa Francisco abrió su casa en la Residencia de Santa Marta, justo al lado de la enorme Basílica de San Pedro, para recibir a todos aquellos que participamos en las segundas jornadas organizativas y estratégicas de ScholasOccurrentes, la red global de escuelas para el encuentro que él mismo inspira. Durante tres días toda esta mezcla y variedad de personalidades fue posible y cada uno fue aportando su saber, experiencia y punto de vista para enriquecer una idea muy sencilla, pero no por ello menos impresionante: unir y combinar en una misma red a estudiantes, jóvenes, escuelas, deportes y artes, aprovechando las increíbles ventajas que brinda la tecnología actual.

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Francisco cerró este encuentro como es habitual desde su humildad, con un profundo agradecimiento a todos los presentes. Hasta sugirió que el estar allí, tan comprometidos con él y su causa, nos iba a deparar a cada uno de nosotros alguna pérdida de credibilidad y fama en nuestras carreras y profesiones. Señaló también que era bueno utilizar una palabra que se había repetido muchas veces en esos días: salvataje. Salvataje de los jóvenes y los ancianos que esta sociedad moderna está descartando porque sobran, porque no encajan. Para eso surgió Scholas.

La intención es clara: aggiornar al siglo XXI algo que la Iglesia sabe de memoria y que ya lo hicieron en su momento Don Bosco, Don Cafasso, Don Orionne, Champagnat y tantos otros. Ahora la Internet permite que todo esto pueda potenciarse al infinito y como siempre, Francisco no piensa sólo en los católicos. Scholas no pretende ser un instrumento más de evangelización de la Iglesia, para reforzar sus lazos con los fieles actuales o pescar otros nuevos. Para eso ya hay varias organizaciones. Quiere servir para conectar a todos, sin ningún tipo de distinción con el objetivo de contribuir a un mundo más vivible y justo.

Con la premisa de que a través del conocimiento mutuo y el intercambio, crecemos y nos transformamos enmejores seres humanos, se pretende utilizar la alta tecnología, especialmente las redes de celulares al alcance de prácticamente todos los humanos, para interconectar e intercambiar proyectos, ideas, iniciativas, pensamientos. Si los niños y jóvenes de hoy se forman en esta filosofía, seguramente se limarán las diferencias y odios y se alejará el fantasma de la discriminación, la violencia y las guerras.Todo potenciado al infinito por la fuerza multiplicadora del deporte y la cultura popular. Por eso tenía sentido que estuviéramos reunidos bajo la misma consigna filósofos, deportistas, tecnológicos, artistas, docentes y comunicadores.

Este programa, dirigido a nivel mundial por nuestros compatriotas José María del Corral y Enrique Palmeyro, está inspirado en dos iniciativas porteñas que el entonces cardenal Bergoglio puso en práctica cuando era Arzobispo de Buenos Aires. Las “Escuelas de Vecinos” y “Escuelas Hermanas” perseguían este mismo objetivo, aunque reducido en escala, de “unir escuelas, deportes populares y solidaridad”. Ahora el desafío es enorme, ya que se calcula que hay más de dos mil millones de estudiantes en el planeta que asisten a casi 5 millones de escuelas. El techo es prácticamente infinito: toda la humanidad, sin distinción de credos, razas o nacionalidades.

No es casual que Scholas dependa directamente de la Pontificia Academia de Ciencias, conducida por Monseñor Sánchez Sorondo, ya que ese ámbito es el más plural y abierto de la Iglesia Católica. Es precisamente en su sede central, en la formidable y marmórea Casina Pío IV, en el medio de los jardines vaticanos, donde se reúnen con frecuencia los científicos más destacados del mundo, incluyendo varios premios nobeles, para discutir los más variados temas, muchos de ellos confrontativos con la propia doctrina y con los dogmas que paradójicamente se cuidan y protegen desde este pequeño estado independiente. El Papa le encomendó a su director que siga manteniendo un pie en ese mundo duro, rígido y formal de la ciencia, pero le agradeció que se aventurara a abrir primero la ventana y ahora literalmente la puerta a iniciativas como estas.

Fue en ese marco, donde en una cuasi transgresión a una práctica y estilo que llevan siglos, entre medio de presentaciones e intercambios vía web de escuelas filipinas, paraguayas, de Mozambique, de Hong Kong y varios casos argentinos, Juan y Juan estrenaron su tema musical “Francisco”. Desde las paredes, los bustos de Juan Pablo II y Pío XI, así como los retratos de los académicos, incluyendo el de Galileo Galilei, parecían esbozar una sonrisa ante los nuevos tiempos que se viven en el Vaticano.

El Papa Francisco, muy conforme tras la reunión con Cristina

La bucólica paz de los jardines vaticanos poco se alteró por la presencia de la presidente argentina. En este pequeñísimo país independiente todos están acostumbrados a visitas de alto nivel en forma casi permanente. Prácticamente no pasa un día, ni mucho menos semana alguna, sin que algún mandatario, rey, jefe de Estado o personaje importante se acerque a saludar el líder espiritual más influyente de toda la humanidad.

En coincidencia con el almuerzo entre estos dos compatriotas del fin del mundo en la Residencia de Santa Marta, un grupo de personas de todo el planeta, entre ellos muchos argentinos, sesionábamos a pocos metros en la Casina Pío IV sede de la Academia Pontificia de las Ciencias. Se trataba de las segundas jornadas organizativas y estratégicas de Scholas Ocurrentes, la red global que interconecta escuelas de todos los continentes, como forma de potenciar el diálogo, el encuentro y la paz entre los más jóvenes sin distinciones de raza, credo o nacionalidad. En esta oportunidad chicos y chicas de las zonas más pobres y marginadas de la tierra intercambian experiencias y visiones con sus congéneres de vidas mucho más privilegiadas. Una idea que surgiera en Buenos Aires, en tiempos del entonces Arzobispo Bergoglio y que coordinada por José María del Corral y Enrique Palmeyro, ahora está siendo extendida a nivel universal.

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Solo la presidente y el Papa sabrán a ciencia cierta cuáles fueron los temas tratados durante la muy extensa reunión que celebraron este mediodía justo al lado de la Basílica de San Pedro. Cristina ya algo ha comentado a la prensa. Señaló que se habló de pobreza y exclusión, de economía; se conocieron sus regalos; se la vio llegar con su tobillo inmovilizado tras su accidente en el hotel romano donde se aloja y se la vio emocionada y contenta. No es para menos. El líder espiritual de los 1200 millones de católicos, su compatriota más famoso y querido de toda la historia, la personalidad mundial del momento, le dedicó más tiempo a ella que a cualquiera de sus colegas. Estuvieron más de dos horas a solas.

Si bien el Papa no se ha expresado al respecto, la señal concreta de la larga duración de su reunión indicaría claramente su comodidad e interés en la misma. Aquí en el Vaticano la gente que lo conoce bien, se anima a afirmar que para el hasta hace un año cardenal Bergoglio, el encuentro también fue más que provechoso. Muchos gestos y señales concretas indicarían lo mismo. Hasta habría suspendido su corta siesta habitual, una costumbre más que justificada por su pesada agenda que comienza todos los días al alba.

Pero más allá de los contenidos, las conversaciones y de las especulaciones, mucho es lo que se puede extraer del hecho mismo de la reunión. Primero, vuelve a señalar la especial preferencia y atención que Francisco le sigue prestando a su país y sus habitantes. Un año después de su asunción, el Papa avanza a paso firme en varios frentes al mismo tiempo. La reforma del gobierno de la Iglesia y la Curia romana, la transparencia de sus finanzas, el freno a los abusos, el aporte a la discusión ideológica internacional, las acciones concretas para derrotar a la pobreza, el rol en el manejo de los asuntos geoestratégicos planetarios, son asuntos de una complejidad y gravedad tal que lo podrían tener absolutamente absorbido. Pero Bergoglio sigue prestándole mucha atención a lo que sucede en su patria. Las numerosas visitas argentinas que recibe, así como los muy frecuentes llamados telefónicos que realiza reafirman claramente que no olvida a su tierra de origen.

Esta preocupación se traslada ahora a los cuidados y atenciones que le prodiga a Cristina. Consciente del rol que puede desempeñar quiere que la democracia en la Argentina funcione bien y que los extremismos peligrosos se moderen. En momentos en que se vive un fin de ciclo, algo habitualmente muy conmocionante en un sistema como el nuestro, procura fortalecer las instituciones y que todos cuidemos a la Presidenta para que termine bien su mandato en el 2015. Además reafirma que en la vida se puede perdonar, sin por ello olvidar. Se puede tender una mano magnánima cuando se está en lo alto, dejando de lado rencores y pequeñeces improductivas. Una lección importantísima de auténtico amor cristiano para la muy dividida dirigencia argentina.

Francisco no necesita intervenir directamente en la política concreta para influir en su tierra. Con más de 90% de imagen positiva entre sus compatriotas, basta con que siga predicando con el ejemplo para producir un verdadero terremoto político. Poco a poco, el orgullo enorme que nos depara a todos el saber que finalmente un argentino es querido y admirado en todas partes por su humildad y hombría de bien, va haciendo que todos empiecen a exigirle mucho más a sus gobernantes. Un estándar cada vez más alto. Algo que será imparable, si logra demostrar que además de humilde y coherente entre lo que dice y hace, es eficiente, consiguiendo superar algunos de los problemas enormes que enfrenta. Dejar de lado esa terrible dicotomía criolla, que como una maldición inevitable, distingue entre el que roba y hace del honesto que no logra modificar nada. El Papa nos señala que uno puede preocuparse de verdad por los pobres y hacer política con mayúsculas, sin necesidad de “hacer caja” o entregarse a los poderes de turno. De verificarse, esa sola contribución habrá modificado para siempre a su querida Argentina. ¡Fuerza Francisco!

Estados Unidos debería suspender sus importaciones petroleras de Venezuela

Cuando Hugo Chávez ironizaba sobre el olor a azufre que todavía flotaba en el aire del recinto principal de las Naciones Unidas, un día después de haber disertado allí George Bush, no aclaró que el fuego del inferno donde habitaba ese diablo norteamericano estaba en gran medida alimentado por el petróleo venezolano.

Venezuela produce, principalmente en la cuenca de Maracaibo, un combustible fósil muy pesado y de mala calidad, que prácticamente sólo puede ser procesado del otro lado del Mar Caribe, en las refinerías estadounidenses de la costa del Golfo de México. Por esa razón principal las exportaciones del país gobernado por el chavismo adolecen de una enorme dependencia con el califican como su gran enemigo. Una postura éticamente muy discutible.

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El fascista no es Leopoldo

En Miami, donde me encuentro presentando Francis. A Pope of Our Time, la biografía en inglés del Papa Francisco que escribí especialmente para éste, el mercado editorial más grande del mundo, estuve pensando bastante cómo titular esta nota. La tentación de utilizar el significado del apellido del presidente venezolano siempre es grande. Ya lo hicimos antes, cuando apenas asumía su controvertido mandato,  decíamos: “El plan de los Castro para la América Latina, ya está Maduro”… Y los hechos posteriores muestran que no nos equivocamos.

Siguiendo el manual del buen marxista, el sucesor de Chávez pareciera estar tensando la situación para intentar generar las condiciones necesarias a fin de poder instalar la llamada “dictadura del proletariado”,  instancia imprescindible para derivar luego en la utopía socialista de la que él siempre estuvo convencido. Todos los países que experimentaron gobiernos de este tinte siguieron más o menos el mismo camino. La Unión Soviética, sus naciones satélites de Europa del Este, Vietnam, Camboya, Corea del Norte, los experimentos africanos, Cuba y sigue la lista. Siempre se sostuvo que una vez que llegan al poder, aunque lo hagan por elecciones libres, no se van nunca por medios democráticos. En aras de la transformación de la injusta y para ellos perimida sociedad burguesa y capitalista, suprimen libertades individuales, asfixian a la prensa independiente, nacionalizan y estatizan la economía y hasta suspenden las elecciones o las transforman en verdaderas parodias dominadas por el partido único de gobierno. El problema es que esta visión  revolucionaria, las nuevas burocracias socialistas siempre tienen un buen pretexto o una buena amenaza para seguir aferrados al poder y nunca se dan las condiciones suficientes para terminar con esa etapa transicional de gobierno autoritario. Se reemplaza un sistema imperfecto por otro mucho peor, plagado de abusos, autoritarismo, ineficiencia económica, corrupción y mayores desigualdades. En el mundo entero todos los casos terminaron igual. Venezuela, en la que los bolivarianos nunca aplicaron esta receta en extremo en vida de Chávez, ahora con Maduro  no parece ser la excepción.

La patria de Bolívar vive hoy días muy tristes y complicados. La paciencia de millones de sus habitantes ha llegado a un límite peligroso. El gobierno, en vez de poner paños fríos y descomprimir, alienta y alimenta el conflicto. Un país partido en dos, que trágicamente se encamina hacia situaciones por nadie deseadas. Maduro llegó al poder en unas elecciones muy controvertidas. La mayoría de los líderes opositores, como también sus seguidores y votantes, están convencidos que se las robaron impunemente, demostrando una vez más que es muy difícil que un marxista reconozca una derrota electoral. La insoportable presión de los medios oficialistas que ahora son la enorme mayoría, sumado a los militares, leales al chavismo y armados hasta los dientes y una Justicia absolutamente imparcial y prostituida, hizo que finalmente se dejaran de lado todas las quejas y denuncias de fraude. La muy rápida decisión de la comunidad de naciones sudamericanas de reconocer a Maduro sin ninguna objeción también alimentó esta sensación de desprotección y desamparo que experimentan millones de venezolanos.

Durante los meses siguientes, la oposición fue tomando diferentes perspectivas respecto de este asunto, todo agravado por la espiral casi explosiva de crisis económica con altísima inflación combinada con un crecimiento alarmante de la inseguridad ciudadana. Los más moderados, encabezados por el gobernador del Estado de Miranda y ex candidato a presidente  Henrique Capriles, creen que con el diálogo lograrán convencer al gobierno de enderezar el rumbo y piensan que podrán eventualmente derrotarlo y reemplazarlo a través del voto popular.

Los más radicales, representados por Leopoldo López, sostienen un curso de acción diferente. Considerando que el régimen es ilegal desde su propio origen y viendo que en vez de avanzar hacia soluciones lógicas de estos gravísimos problemas,  el presidente Maduro redobla la apuesta, recurren a la protesta ciudadana para conseguir los mismos objetivos. Menos confiados que sus otros aliados,  están convencidos que sin una presión fuerte Maduro no reaccionará y nunca entregará el poder por más que se le sigan ganando elecciones.

Conozco a Leopoldo López desde hace años. Desde cuando era alcalde del Chacao, uno de los municipios en que se divide el Gran Caracas y yo asesoraba como consultor político en una de las tantas elecciones presidenciales en las que con bastante transparencia Chávez reafirmaba su liderazgo nacional. Puede considerárselo como una víctima importante del chavismo. En una práctica muy extendida del régimen, López, una de las tres personas más populares de la política venezolana, fue proscripto para ejercer cargos públicos, en un muy controvertido fallo judicial, por causas irrelevantes, justo cuando las encuestas lo mostraban como el sucesor natural de Chávez, aun por encima de Capriles.

Desde entonces supo esperar y dar pasos al costado. Cuando era evidente que ni siquiera la fuerte declaración de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contraria a su proscripción haría cambiar de opinión al gobierno, dejó de competir en las primarias por la presidencia y sumó sus fuerzas a las del quien terminara siendo el candidato opositor único. A pesar de que ahora el Presidente lo califica de fascista, construyó un partido moderno y progresista, que muchos consideran de centroizquierda democrática. Leopoldo es un dirigente preparado y profundamente democrático. Nada que ver con ese monstruo violento que la enorme maquinaria de la propaganda oficial quiere mostrar.

López, quien estuvo varias veces en la Argentina denunciando los abusos del chavismo, ejerce un liderazgo muy potente entre los jóvenes y los estudiantes, verdaderos protagonistas de estas revueltas y protestas ciudadanas. Hartos de lo que ellos consideran abusos,  mentiras flagrantes y errores garrafales del gobierno decidieron tomar la calle. En una actitud parecida a lo que sucediera en Egipto y que terminara con los 30 años de la autocracia de Mubarak, desafían por igual a los policías y las bandas paramilitares chavistas, armadas (en todos los sentidos) desde hace años por el propio gobierno como forma de imposibilitar una hipotética invasión norteamericana. La reacción y represión del gobierno fue absolutamente desmedida.

El tiempo dirá si el futuro próximo nos permite seguir relacionando a Caracas con El Cairo, o si por lo contrario, el gobierno de Maduro se decide a escuchar el reclamo, dejar de reprimir, permitiendo que la situación comience a normalizarse. Por el bien de toda la región y por la paz de nuestra tierra hermana y querida de Venezuela, todos esperamos que el presidente Maduro finalmente recapacite y cambie.