Cuba: el as bajo la manga de Francisco

Y se dio nomás. La bandera cubana flamea en Washington y la estadounidense en la isla rebelde. Impresionantes imágenes que llegan desde La Habana. El secretario de Estado de los Estados Unidos John Kerry, presidiendo la ceremonia de izado de la star spangled banner en la nueva embajada, tarea a cargo de los mismos tres marines que hace 54 años la arriaron para siempre desde lo alto del mástil. Miles de cubanos sorprendidos e ilusionados por que este deshielo les traiga prosperidad y más libertad. El mundo preguntándose si este logro indica la llegada del verano o se trata simplemente de una tímida golondrina desorientada. Los Castro, moviendo una pieza clave en el tablero del poder real. Eso sí, también mucho más viejos. El tiempo pasa para todos, para los soldados del norte y para los comandantes revolucionarios.

El gran interrogante es si hacían falta tantos años para que esto sucediera. Peleas y desencuentros entendibles durante la Guerra Fría, aunque muchas veces no justificables, necesitaron casi dos décadas y media adicionales a la caída del muro de Berlín para ser superados. Mientras tanto, generaciones enteras de cubanos que sufrían en silencio a un régimen que, por acorralado, cada vez se ponía más paranoico y autoritario. Los logros de la revolución se iban asfixiando al ritmo de las libertades individuales, los derechos humanos, la posibilidad de disidencia, el respeto por el que piensa diferente y una economía raquítica que languidecía. Continuar leyendo

Latinoamérica se perdió la nueva Revolución Francesa

Un millón o más de personas en las calles de toda Francia. Liderados por más de 50 jefes de Estado del mundo entero. El presidente Hollande como anfitrión acompañado de Merkel, Cameron, Renzi, Rajoy, los presidentes de Hungría, Suiza, el Primer Ministro Turco, el rey de Jordania, hasta el Premier israelí Netanyahu y el Presidente palestino Abbas, y sigue la lista casi interminable. Todos unidos contra el terrorismo y la barbarie.

Latinoamérica estuvo muy poco representada, así como nuestro país.  Tal vez haya sido por la urgencia de la convocatoria y las largas distancias por recorrer hasta la golpeada París, donde por una tarde “todos fueron Charlie Hebdo”. Un faltazo extraño porque normalmente no nos perdemos ninguna de las muy frecuentes y repetitivas cumbres y reuniones de los innumerables organismos y siglas de integración regional. No hay mes en los que no tengamos una nueva versión de la tradicional foto sonriente de nuestros jefes de Estado.

Uno quiere pensar que la falta de presencia, especialmente en el caso argentino, no haya sido por ningún tipo de subestimación a la carnicería ocurrida  hace pocos días en aquella redacción parisina, por cuestiones de “contexto” como piensan algunos,  ni mucho menos por la instalación de  alocadas teorías conspirativas que tratan de relacionar todo con la ya hace años perimida ecuación y confrontación entre la izquierda y la derecha. Algo preocupante que se agrava teniendo en cuenta que oficialmente desde Buenos Aires la condena de estos hechos aberrantes fue muy tímida y a muy baja voz.

Los que pedían respaldo y ayuda mundial para salvar su República y sus valores de libertad, fraternidad e igualdad eran los socialistas franceses, no los “halcones norteamericanos”. Lo que está en riesgo es la columna vertebral de nuestra civilización  y un logro valiosísimo de toda la humanidad. En su defensa no caben las medias tintas. Se está por la libertad de expresión, o se está por el silencio de los cementerios; se está a favor de un gobierno con estado de derecho y cumplimiento de la ley o se está por alternativas autoritarias; se está por el respeto de los derechos individuales y la vida o se está por  la tiranía y la muerte.

La invitación gala debería haber superado cualquier bronca o especulación pequeña. Se ha puesto en riesgo algo mucho más importante que la pelea con los fondos buitre, que la persecución judicial en búsqueda de supuestos escondites millonarios, o que las tácticas enemistades con el “Imperio” y el sistema que ellos representan. Mucho nos ha costado alcanzar el nivel que hemos logrado. En los últimos siglos miles y miles dieron la vida para que los tiranos y monarcas absolutos de toda laya y pelaje fueran historia en una gran parte del mundo.

Los que hace unos días muy cerca del Sena atacaron a sangre y fuego a dibujantes y periodistas no piensan ni creen lo mismo. Quieren imponer a la fuerza un estado medieval, donde las mujeres no cuenten, donde las minorías sean sometidas, donde todos tengan que cumplir a rajatabla la interpretación literal de un libro escrito hace casi quince siglos y el castigo por incumplirlo sea la muerte, donde gobierne un déspota disfrazado de religioso. Pero además quieren extenderlo en todas partes, como una verdad revelada porque les molesta que existamos y ejerzamos nuestros derechos, odian que podamos confrontar civilizadamente, detestan que los toleremos y respetemos aunque pensemos diferente.

Por eso deberíamos haber dicho presente en la Place de la Republique, en la nueva Revolución Francesa. Como región, como país y en el caso de Cristina, como pretende ser, como una de las abanderadas de la lucha por las injusticias y desigualdades internacionales.

Atentado en París: el monstruo ataca de nuevo

Cuando en 1992 Samuel Huntington publicaba en Foreign Affairs su teoría sobre el Choque de Civilizaciones, que cuatro años después se transformara en su polémico libro, la comunidad académica internacional se estremecía ante la idea de que sus profecías pudieran hacerse realidad. Allí se señalaba que, después del colapso de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría, los enfrentamientos en el planeta se darían en las líneas de fractura entre las diferentes civilizaciones en las que se divide la humanidad. Si bien señalaba que las luchas y batallas ocurrirían en los bordes y  confines, los hechos registrados en París -el sangriento ataque a la redacción del semanario satírico de izquierda Charlie Hebdo- estarían dando vigencia a estas visiones un tanto apocalípticas.

Un enfrentamiento total entre civilizaciones provocaría un conflicto de magnitudes impensadas. Tal vez mayor que las enormes carnicerías del siglo XX que la historia recuerda como las dos Guerras Mundiales. Un enfrentamiento que podría tomar proporciones bíblicas. El germen para una tragedia tal se encuentra precisamente en el extremismo con que algunos interpretan los valores y principios de sus propias  culturas y religiones. Allí está el verdadero peligro del ataque parisino. Continuar leyendo

Francisco, el argentino que puede cambiar al mundo

Esta semana se conoció que el Papa movió una pieza clave en uno de los cinco tableros de ajedrez, en los que juega partidas simultáneas, como aquellos maestros rusos de la era soviética. Ahora le tocó al Papa geoestratega que, al igual que con sus planes relativos al gobierno de la Iglesia, su preocupación por el ecumenismo y el diálogo interreligioso, su contribución a la discusión ideológica actual y sus planes y acciones para enfrentar y resolver temas concretos, como la trata de personas o el programa de Scholas Occurrentes, a favor de la educación, va marcando una agenda de trabajo muy variada y extensa.

En el gobierno de la Iglesia, el primer jesuita en la historia en ocupar la cátedra de Pedro está produciendo una verdadera revolución. Más allá de las posibles divisiones entre conservadores y reformistas en algunos temas sensibles de la doctrina y el dogma, sus gestos simples y su austeridad personal, han abierto una puerta por la que entra oxígeno fresco a un ambiente desde hace años muy viciado. La Iglesia necesitaba en forma imprescindible más transparencia y honestidad. No era concebible que la organización espiritual fundada en los valores de Cristo se hubiera transformado en una especie de fría transnacional muy alejada de esos principios y de espaldas a la gente. Continuar leyendo

La resurrección del Grand Old Party

Los norteamericanos volvieron a votar. En una muestra más de la enorme fortaleza de sus instituciones y tradiciones, otra vez lo hicieron el primer martes de noviembre. En esta oportunidad y en amplia mayoría le dieron la razón a la oposición republicana, transformando así al presidente Obama en un pato rengo que a duras penas podrá llegar al fin de su mandato en el 2016.

Los resultados van mostrando una tendencia aún mayor de lo que predecían todas las encuestas y estudios de opinión. El primer mandatario negro de la historia de los EE.UU. deberá negociar con sus adversarios hasta las comas de la legislación que necesita para gobernar durante estos meses finales. El GOP (Grand Old Party), como se lo conoce al Partido Republicano, no sólo retendrá la mayoría de la Cámara de Representantes, obtenida en los comicios parlamentarios del 2010, sino que también conquista el control del poderoso Senado, por una diferencia de votos aún más amplia de lo prevista.

A los demócratas no sólo se les complica la situación respecto de la legislación futura, sino que también permite la apertura de la caja de pandora. Proyectos y logros de estos seis años, como los del seguro de salud, las leyes relativas a la inmigración y tantos otros pueden ser revisados y en muchos casos revertidos. Sin dudas, en los próximos años Estados Unidos asistirá a un cambio de rumbo significativo.

Pero tal vez lo más importante de la decisión de ayer puede consistir en lo que los estadounidenses puedan estar gestando de cara a la selección del máximo ocupante del Salón Oval después del 2016. Si bien una diferencia remarcable en las elecciones parlamentarias como la que obtuvieron los republicanos no les asegura nada, sin dudas acelera y facilita el recambio. Será más complicado que candidatos demócratas de fuste, que como la ex Primera Dama Hillary Clinton, finalmente se decidan a competir por el premio mayor. Por otro lado, estos números alentarán a varios opositores a probar suerte. Muchos hablan ya de una nueva final a lo Romeo y Julieta, donde las dos familias archirrivales se enfrenten nuevamente: los Clinton versus los Bush, estos últimos ahora representados por Jeb, hermano e hijo de presidentes y ex gobernador del Estado de la Florida.

Pero tal vez lo más destacable del comicio lo constituye la solidez de las instituciones y la salud el sistema. Allí radica la verdadera fortaleza del gigante. Ayer Obama tomaba con tranquilidad el resultado y convocaba para este viernes a la Casa Blanca a los principales líderes políticos con la idea de rediscutir el rumbo de la Nación. Nunca se planteó la situación como un asunto de vida o muerte, de él o el caos. Y eso que desde aquella oficina se maneja algo más de poder que desde las de otros de sus colegas, especialmente los del extremo sur del mismo continente: las reservas monetarias más grandes del mundo, la máquina de fabricar dólares, el ejército más poderoso de la tierra, entre otras enormes tentaciones. La responsabilidad política de todos hace que si se tengan que ir, se van…y listo. Todos vuelven a sus trabajos privados, a dar conferencias o siguen en política como opositores. Se fue Reagan, se fue hasta Bush, el cuasi emperador que ahora es un jubilado que pasea y cuida vacas por sus campos tejanos.

Allí está la verdadera fuerza. Las instituciones por sobre los hombres y mujeres, La Constitución por sobre los personalismos. La responsabilidad política por sobre la demagogia. Así lograron en doscientos años pasar de ser un puñado de pobres colonias rebeldes que no querían pagarle más impuestos al rey inglés a la superpotencia actual. Así vuelven a demostrar que tienen futuro, porque siguen respetando las reglas de juego.

Un mandato de continuidad con cambio

En una increíble coincidencia temporal, los dos socios más importantes de la Argentina dentro del Mercosur, Brasil y Uruguay, decidieron este domingo su futuro político.

En ambos casos, los oficialismos de centro-izquierda que gobiernan desde hace años enfrentaron duros desafíos electorales por parte de las fuerzas opositoras tradicionales. Pero no todo fue color de rosa para Dilma y Tabaré. La brasileña fue reelecta con el resultado más parejo de los últimos años, dejando un país profundamente dividido y con denuncias de corrupción que la salpicaron en forma personal. El uruguayo si bien quedó cerca de su consagración, deberá competir nuevamente en un ballotage con el joven blanco Lacalle Pou y perdió la mayoría parlamentaria de los últimos diez años.

Pero como goles son amores y finalmente se gana o se pierde por un voto, tanto en el gigante sudamericano como en el pequeño santuario rioplatense no puede negarse que se impuso la continuidad. De la misma manera, los desafíos potentes de las fuerzas tradicionales de derecha provocaron también que ambos modelos de gobierno tuvieran que exhibir y encarnar claras promesas de cambio y renovación, principalmente de estilos. Esta es tal vez la primera enseñanza que estas elecciones le pueden dejar a la ansiosa opinión pública argentina, que en una especie de espejo geográfico y temporal intenta verse reflejada para saber que podría pasar con nuestro destino dentro de un año, allá por octubre del 2015. Tras una fuerte pelea, nuestros socios se definieron por muy poco por la continuidad con cambio.

El otro aspecto común y a tener en cuenta es que finalmente en ambos países se consolidó una seria e institucional oposición de centro-derecha, que ha logrado representar a casi la mitad de los electorados pero que claramente fueron liderados por las fuerzas tradicionales. Los experimentos nuevos, que como Marina Silva, parecían poner en jaque a todo el sistema político, fueron barridos a la hora de buscar una verdadera opción a los que gobiernan desde hace más de una década desde Montevideo y Brasilia. En un bando y en el otro se impusieron las instituciones por sobre los personalismos. Brasil y Uruguay pueden finalmente exhibir un sistema político que les asegura un equilibrio de poder y la posibilidad de una alternancia futura. No hizo falta que oficialistas y opositores se disfrazaran de lo que no eran por consejos de los gurúes del marketing electoral. Las cosas quedaron claras y las fuerzas contradictorias del cambio y la continuidad, de modelos, valores y estilos confrontaron y finalmente se combinaron.

La clave para poder decodificar estas elecciones pasa por comprender el mandato que ambos pueblos fueron gestando para el tiempo que viene. Las subas y bajas en las encuestas, principalmente las brasileñas, marcaron que los partidos y sus candidatos tardaron un tiempo en entender esta premisa y ajustar a ella sus propuestas. El mandato era claro. Los dos electorados eligieron a quienes mejor les garantizaban la posibilidad de mantener los logros de los modelos de gobierno pero que a la vez les aseguraran varios ajustes y cambios necesarios. En Uruguay, la sola presencia y recuerdo de un más moderado Tabaré Vazquez bastó para que se impusiera sin mayores contratiempos. En Brasil, los sustos y subibajas de todo el proceso obligaron al PT y a su candidata Dilma a ir sintonizando más finamente con esta premisa. Algo nada fácil por la sutileza y el equilibrio necesario entre esas dos tendencias aparentemente contradictorias.

Tal cual lo que muchas veces ha sucedido en el marketing comercial, brasileños y uruguayos eligieron gobierno como los consumidores eligen un jabón en polvo de marca conocida, que se relanza anteponiendo la palabra nuevo a su nombre tradicional y que les asegura que sigue siendo el mismo, pero ahora con verdes ensolves que atacan directamente a las manchas más rebeldes. El tiempo dirá si los argentinos decidimos seguir el mismo camino y nuestro próximo presidente termina siendo aquel que mejor sintonice con ese mandato de continuidad con cambio.

Lecciones del PT para el kirchnerismo

Siempre se habló de la cercanía y similitudes entre el Brasil y la Argentina. Hasta hace pocos años, nuestro país marcaba el rumbo en lo económico y político. El fin de las dictaduras y la llegada de la democracia, los planes económicos fallidos, la adaptación del Consenso de Washington, las crisis de la deuda, siempre llegaban antes al sur y parecían expandirse hacia el norte. Esa tendencia empezó a cambiar después del 2001 cuando sólo nosotros estallamos en pedazos, una diferenciación que también puede verse entre los dos movimientos políticos que se hicieron del poder en los primeros años de este siglo que vivimos. Más allá de las aparentes coincidencias ideológicas entre el Partido de los Trabajadores de Lula y el Frente para la Victoria de Kirchner, las elecciones de ayer nos refrescaron una serie de distinciones que se han ido acrecentando a lo largo del tiempo.

Las diferencias pueden bucearse en el mismo origen. El obrero paulista devenido en líder político se hizo desde bien abajo. Desde su paupérrima y muy sufrida infancia en su Pernambuco natal hasta su emigración hacia Sao Paulo y su vida como tornero, con accidente laboral incluido que le costara un dedo de su mano, Lula protagonizó una especie de “American Dream” sudamericano. Los Kirchner, en cambio, terminada su carrera de abogacía en La Plata, rápidamente volvieron a Santa Cruz donde comenzaron a acumular una importante fortuna inmobiliaria en tiempos de la dictadura. Durante esos duros años, más que por el frío y el viento patagónico, no se les conoce otro sufrimiento a esos dos exitosos abogados a diferencia de su par brasileño, quien al igual que Dilma Rousseff, padeciera persecuciones y hasta la cárcel por su militancia política.

Una vez en el poder, Lula estableció un sistema de redistribución muy eficiente, que le ha permitido al Brasil lograr una estabilidad política y social envidiable e incorporar varias decenas de millones de personas a las nuevas clases medias. Pero no por ello intentó asfixiar a la gallina de los huevos de oro. Siempre componedor, terció entre las masas pauperizadas que veían en él su única esperanza y los barones nordestinos que monopolizaban el poder de sus regiones, combinándolos también con los intereses de los poderosos empresarios de la FIESP de Sao Paulo y los conglomerados mediáticos. En el Brasil del PT siempre hubo lugar para todos y se les supo sacar provecho a cada sector. Se trató más de una armonización y coordinación que de una confrontación y pelea permanente. Otra distinción con sus vecinos de Buenos Aires.

Lo mismo sucedió en la arena internacional. Bien con Chávez pero sin por ello tener que realizarle costosos y adolescentes desplantes en la cara a Bush. Brasil pudo navegar entre los poderes mundiales ya establecidos y las nuevas emergencias que lo tienen como protagonista indiscutido de los Brics. Todo brillantemente guionado por la elite diplomática de Itamaraty, institución que no sufriera los embates y el proceso de partidización que padecen sus colegas del Palacio San Martín.

Pero si algo caracteriza la brecha entre los dos casos es que en Brasilia no se intentó instalar un exagerado culto a la personalidad o encaramar sólo a una familia en lo alto del poder. Se pensó en forma institucional y después de los ocho años de mandato correspondientes, se buscó una heredera dentro de las filas partidarias. Así llega Dilma a la presidencia. Nunca se soñó siquiera en elegir sucesora a la esposa para intentar burlar así la cláusula constitucional de los dos mandatos, ni se le ocurrió a ninguno de los hijos presidenciales pedir por una reforma de la Carta Magna para perpetuar a su propia madre.

Así se llega a esta instancia en donde el Brasil enfrenta en forma ordenada y responsable un nuevo desafío electoral. Sin el dramatismo propio de los populismos personalistas, en donde no se concibe la posibilidad del reemplazo del líder indiscutido, nuestros vecinos deberán decidir en pocos días entre la actual Presidenta y con ella la continuidad de este proceso iniciado por Lula u optar por el cambio que representa el ex gobernador de Minas Gerais, Aecio Neves. Escenarios muy diferentes pero que no por ello provocan caos o temor excesivo, más allá de las propias idas y venidas de una campaña electoral intensa, con publicidad negativa incluida.

De esta forma el país más grande de la región se recibe de potencia. Una democracia que encara tranquila hasta el desafío de la alternancia sin que esto implique el fin del mundo. Esa es la lección central que el kirchnerismo debería aprender del PT. Entender que no hace falta minar el camino de cuanto sucesor posible aparezca, intentando seguir con las alquimias electorales para armar un amañado proceso que garantice un pronto retorno. Después de dos períodos Lula, el indiscutido líder y fundador cedió el poder a Dilma, sin condicionamientos ni extorsiones, para que la antorcha de su proyecto no se extinguiera. Es ahora ella la que debe revalidar títulos ante su pueblo. Si no lo logra, el poder pendulará, pero Brasil prevalecerá y por cualquiera de los dos caminos saldrá fortalecido.

El Reino re-Unido

Y se salvó nomás. Después de un susto grande para ingleses y muchos europeos, los escoceses le dijeron que no a la independencia. Con una participación en las urnas absolutamente récord (85% del total de votantes habilitados), el 55% de los habitantes de las tierras altas del norte de la Gran Bretaña decidieron seguir siendo parte del reino que tiene por capital a Londres. Una diferencia de un muy considerable 10% sobre la otra opción fue la sorpresa de la jornada, ya que las últimas encuestas, si bien registraban algún repunte de los finalmente triunfantes, todas coincidían en una situación de mucha más paridad.

Esta enorme ola de escoceses que decidieron sobre un aspecto tan crucial sobre su futuro, como lo es la continuación del acuerdo de más 300 años que los une a sus poderosos vecinos del sur, trajo además alivio a muchos personajes e instituciones.

La política británica deberá realizar varios cambios y transformar en realidad las casi desesperadas promesas que sus principales líderes ofrecieron a último momento cuando todo parecía que se iba por la borda. El primer ministro David Cameron sobrevive agradecido y, si sabe maniobrar y capitalizar este momento, saldrá fortalecido.

La oposición laborista también respira, ya que Escocia constituía uno de sus principales bastiones electorales y su independencia le complicaba -para algunos alejaba definitivamente- la posibilidad de su acceso al número 10 de la calle Downing en el centro de Londres.

La unidad gestada hace más de 300 año de un país con cuatro naciones se consolida. Si Escocia dijo que no a su independencia, galeses e irlandeses del norte no deberían ya ni dudarlo. El Banco de Inglaterra y la idea de una política monetaria autónoma respecto del resto de Europa, se ven también reforzados junto a su hija dilecta la libra esterlina.

Pero no solo en aquellas islas se respiró aliviado. Más al sur en España, su poder central madrileño, se ilusiona con la posibilidad que el sueño independentista catalán sufra el impacto y pierda fuerza. Lo mismo que los desafíos por ahora más débiles del País Vasco, Galicia y Andalucía. Flamencos, bretones, franceses del sur, italianos del norte, frisios, bávaros, corsos y sigue la lista, tendrán que archivar sus reclamos por un tiempo y seguir aceptando los mapas del poder actual, pasando por los peajes de sus respectivas capitales nacionales.

Los escoceses con su decisión, tal vez casi sin tomar clara conciencia, marcaron un hito importante en la historia del continente que fuera cuna de nuestra civilización y que dominara por varios siglos a la humanidad entera. Ayer, el orden surgido de Westfalia se salvó y la idea de aprovechar la super-estructura de la Unión Europea para plantear una federación de nuevos países replanteados, o regiones autónomas con capital continental en Bruselas, fue herida de muerte y corre el riego de irse desvaneciendo.

La ilusión de ver a la Unión Jack bajando del mástil en tierras tan centrales para lo que supo ser el imperio dominante del planeta también alentó a algunos por estas lejanías australes, con la remota esperanza de algún efecto dominó que se esparciera hacia las colonias, incluyendo a las Malvinas. También tendremos que seguir esperando.

Escocia siguió el camino de Quebec en Canadá. Ahora, al igual que los líderes de habla inglesa de Ottawa, los políticos británicos deben cumplir sus promesas y construir un país más equilibrado y balanceado. De lo contrario, lo único que habrían ganado es algo de tiempo.

El furor por Scholas, la ocurrente idea de Francisco

Ciudad del Vaticano, Lunes 1 de Septiembre de 2014. La imponente aula Paulo VI se llena de celebridades del deporte, especialmente el fútbol internacional, la farándula, el mundo empresario y líderes espirituales de las principales religiones monoteístas. Mientras tanto, el periodismo de todo el planeta se desespera por obtener una exclusiva de Maradona, Zanetti, Simeone, Zidane y los corresponsales de Buenos Aires, del polifacético funcionario peronista -devenido en diplomático argentino- Guillermo Moreno. Algunas filas más atrás la blonda familia de Wanda Nara y su nuevo marido, le da a la reunión un toque de programa televisivo de espectáculos de la tarde. De repente, se abren las puertas del escenario y aparece el pivote que hace todo esto posible. Francisco, inmaculado de blanco, provoca el estallido de los casi 500 asistentes, especialmente del exótico grupo del “Padre César y sus Pecadores” que desde las últimas gradas entonan a los gritos su canción sobre un Papa Latinoamericano.

Como siguiendo la consigna con que él mismo instigara a los jóvenes católicos en Río de Janeiro el año pasado, todos hacen lío y mucho. Los teutones guardias suizos y los esquematizados oficiales del protocolo vaticano de impecable jaqué, casi desesperados, intentar controlar y ordenar esta masa compuesta mayoritariamente de argentinos e italianos, a excepción de los jugadores de fútbol que vienen de todas partes del planeta. Tarea para nada sencilla.

Así se presentaba ayer en la siesta italiana el partido que más tarde, en el Olímpico de Roma, jugarían a beneficio estos astros de la pelota. Una iniciativa conjunta de la Fundación Pupi y de Scholas Ocurrentes. El director de orquesta de todo este barullo, el joven argentino Roberto Sarti, en un muy prolijo italiano, le anunciaba al Santo Padre que se le entregaría el premio que obtendría el ganador del encuentro: un pequeño olivo de la paz, símbolo de todas estas iniciativas elaborado completamente en plata por el orfebre rioplatense Pallarols. Desde el escenario los directores mundiales de Scholas, los también argentinos José María del Corral y Enrique Palmeyro, junto con Monseñor Guillermo Karcher observaban orgullosos el inicio de su tercer encuentro y el haber podido cumplir al pie de la letra el mandato papal: lograr unir con esfuerzos como estos, todo lo que normalmente parece desunido.

Hace algunas semanas, el gurú del marketing político norteamericano, Dick Morris, le sugirió al Papa Francisco que, según su criterio, Scholas, además de sus actividades deportivas y de sus programas específicos, tenía que servir en el mundo de las redes sociales para agitar la web. En una imagen comparativa un tato provocadora, le comentó al sucesor de Pedro que él tenía la misma cantidad de seguidores que el CEO de Facebook. Pero que mientras que los 1200 millones de personas que todos los días se conectan por la red inventada por el joven Zuckerberg, la misma cantidad de fieles que en el planeta se identifican como católicos debían agitarla. Que como el “Italian salad dressing”, compuesto de aceite y vinagre que los estadounidenses utilizan para aderezar una ensalada, Facebook solo conecta pero no integra. Que esta red inventada por Francisco debía, a través de proyectos educativos comunes a todos, lograr mezclar con fuerza lo que normalmente no se mezcla. Estudiantes, maestros y padres palestinos con israelíes, coreanos del norte con los del sur, ucranianos con rusos, norteamericanos negros con blancos y latinos, ricos con pobres y la lista sigue interminable, lamentablemente para el mundo divido de hoy. Hay que agitar y unir sin distinciones de credos razas, nivel socioeconómico, ni nacionalidades.

Esto es lo que intentaremos hacer realidad en estos próximos días los convocados a la Ciudad del Vaticano pata trabajar en el proyecto Scholas por el argentino más famoso e influyente de la historia. Ir concretando esta idea, que hasta hace poco era una utopía, de unir lo desunido. Utilizando los deportes populares en cada lugar, como en este caso el fútbol con sus estrellas, para difundir una idea de hermandad y generando conocimiento y armonía entre las nuevas generaciones. Con el supuesto que mientras más se conozcan y compartan proyectos comunes desde la infancia, los pueblos tenderán a amarse y tolerarse más, alejando para siempre el fantasma del odio, la discriminación y haciendo que en un futuro la guerra sea una institución olvidada en el arcón de los recuerdos tristes de la humanidad. Esta es la Ocurrente idea de Francisco que poco a poco se va concrentando. Ojalá así sea.

Cuatro Papas juntos: la genialidad de un argentino

Roma, literalmente tomada y ocupada como tantas otras veces en el pasado. Pero ahora no fueron los bárbaros, ni Napoleón, mucho menos los nazis. Es el turno de los polacos que sin armas ni tanques, solo con estandartes y banderas, cantaban, festejaban y alababan a su nuevo santo. Un poco más tranquilos, pero no por ello menos en cantidad, son los peregrinos que llegaron por el otro, el italiano, el Papa bueno. Como ya es habitual, todos sin excepción, aclamando y vivando al argentino que llegara el año pasado desde el fin del mundo. Francisco, antes de iniciar la imponente ceremonia de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, se acercaba y abrazaba con su antecesor y Papa emérito, el alemán Benedicto XVI. Algo inédito y universal por donde se lo viera.

Mientras tanto la mañana lluviosa y gris que amenazaba con aguar esta fiesta de fe y esperanza, de repente, justo en el mismo instante en que nuestro compatriota proclamaba con vos solemne la santificación, se iluminaba con un rayo de sol que inundaba la Plaza de San Pedro. Allí entre las sillas y las gradas se mezclaban los aplausos y gritos de júbilo de reinas y reyes, presidentes y jefes de Estado, que un número cercano a los cuarenta llegaron hasta el Vaticano para no perderse esta brillante idea de Francisco y representar dignamente a sus pueblos. En el público se abrazaban, por ejemplo, el hijo y la nieta de Ronald Reagan con curas y misioneros venidos desde los más profundos rincones del África negra. Michael Reagan luciendo un traje marrón, en homenaje a su padre, que vistiera uno del  mismo color en su primer audiencia con Karol Wojtyla. Eran los tiempos en que trabajaban y acordaban  por la libertad de medio mundo.

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En una muestra más de su enorme habilidad política,  esta ceremonia conjunta manda una señal muy potente de lo que el actual Papa quiere para la Iglesia y su papado. Combinar a un luchador, principista, carismático y extremadamente popular como el polaco con la bondad infinita, el afán de modernidad y reforma del italiano. Esa es la genialidad de Francisco. Sin grandes declaraciones, ni profundas e incomprensibles encíclicas, con gestos más que simbólicos y elocuentes, dar por terminado un ciclo de profundas divisiones internas en la institución fundada hace dos mil años por Cristo. Una convulsión que la condujera a la mayor crisis de los últimos tiempos y que culminara con la renuncia de Ratzinger. Nuevamente el político, el estratega, el jesuita en acción.

Como si esto no fuera suficiente, otra vez en aquella histórica plaza se cantaba el evangelio en latín, como corresponde a la liturgia romana pero también en griego, un nuevo gesto para los cristianos ortodoxos y la posibilidad de reunificación de los que se dividieron en el 1054. Algo que por primera vez en siglos se había registrado en la entronización de Francisco en retribución a la visita de Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla y líder espiritual de los casi 300 millones de personas que siguen los ritos de Oriente.

La confluencia en un mismo liderazgo y una misma visión superadora de los que venían convocados por la santidad del uno o del otro sintetiza perfectamente lo que se ha propuesto el hasta hace un año Cardenal Bergoglio. Personalmente, formé parte de una delegación invitada por Newsmax, la página web conservadora más leída de los EEUU, que convocó a Roma a un grupo muy importante de dirigentes políticos y empresarios que se sintieron llamados principalmente por el legado de Juan Pablo II y su enorme contribución al mundo libre. Lech Walesa, entre otros,  nos habló de cuán importante fue su rol en el derrumbe del comunismo soviético, empezando por su tierra polaca.

Pero en forma paralela, en otros rincones de la ciudad eterna, se congregaban al mismo tiempo los convocados por la obra de Juan XXIII. Su ejemplo de vida, su bondad y su convicción reformista y modernizadora marcaron un antes y un después en el devenir de la Iglesia y su forma de conectarse con el mundo moderno y sus fieles.

El domingo todos coincidimos en la Plaza de San Pedro y bajo la protección de los santos y mártires de mármol, producto del genio creativo de Miguel Angel y Bernini, que parecían testificar extasiados este momento histórico de la institución  a la que ellos mismos entregaron sus vidas, un argentino, el más famoso de todos los tiempos, proclamaba la santidad de dos de su predecesores casi inmediatos.

Allí, en el medio de la multitud, uno no podía sino sentir un inmenso orgullo. Uno de los nuestros concitando la atención de todo el planeta y dando una muestra impresionante de que en este mundo en que vivimos, se puede practicar la humildad y la sencillez, sin por eso renunciar a los grandes objetivos trascendentes. Se puede hacer sin necesidad de defeccionar. Se puede ser y parecer.

¡Dios salve y ayude al Papa argentino!