No hay héroes cubanos negros

“Lo peor que te puede suceder en Cuba es ser mujer y negra” me dice Leonardo Calvo Cárdenas, líder del Arco Progresista cubano. Me contesta eso luego de que le pregunto por qué no hay héroes negros en la construcción icónica que se desarrolla a lo largo y ancho de Cuba, en donde abundan imágenes del Che, Camilo Cienfuegos y Fidel, pero ni una sola imagen que recuerde a algún héroe negro. Esto no significa que no hayan existido, significa que están negados por la construcción política y propagandística de los Castro, quienes dirigen un gobierno de piel blanca. Y sí, en Cuba hay discriminación racial, no es lo mismo nacer blanco que negro. No es lo mismo nacer mujer que hombre, ni qué hablar de alguno que no quisiera ser heterosexual.

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El lobby camporista

En las últimas semanas adquirió estado parlamentario un proyecto presentado por el diputado camporista José Ottavis, junto a Lucía Portos, Gabriel Godoy y Marisol Merquel, que solicita que la Provincia de Buenos Aires condone una deuda que se estima, oscila entre los 490 y 800 millones de pesos, a la empresa Aerolíneas Argentinas.

Vale aclarar que un gran porcentaje de esta deuda se originó entre 2002 y 2008, previo a la estatización de la compañía, no obstante lo cual, cuando se estatiza se lo hace con deudas y beneficios, que en este caso es como reza aquel axioma, “se privatizan los beneficios y se estatiza la deuda”. Evidentemente, en su configuración cerebral se han convencido de que privado es malo y estatal es bueno, y en este caso puntual, lo malo hecho por el privado, al pasar a ser estatal, se debería volver bueno, y por eso no debería cumplir con sus obligaciones.

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“Las corpos” y Pirate Bay

En el día de ayer, por orden judicial, la Comisión Nacional de comunicaciones resolvió ordenar a las empresas prestadoras de internet el bloqueo de una serie de direcciones IP y web vinculadas al sitio The Pirate Bay, de modo tal que los usuarios argentinos no puedan acceder al portal en cuestión. The Pirate bay es un sitio desde el cual se puede descargar casi todo tipo de material, películas, música, juegos, etc.

El pedido fue interpuesto por Capif -Cámara Argentina de productores de fonogramas- mediante una medida precautoria ante el Juez Polo Olivera, en donde se le pedía que ordene a las prestadoras de servicios de internet el bloqueo de las IP y distintas direcciones Web del sitio The Pirate bay, así como también se pedía facultar a Capif para determinar diariamente qué IP’s y páginas web bloquear. Un delirio. 

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La propaganda del Gobierno en las pausas del Mundial

Una camilla recorre un edificio moderno. A medida que la camilla avanza se observa que se trata de un hospital, rápidamente se advierte que se trata de una propaganda más del gobierno nacional en los bloques de la transmisión del mundial, en donde se intenta construir que todos los hospitales de Argentina son como el que aparece filmado.

Luego hay una interrupción: es Franco Vitali, el influyente funcionario de La Cámpora en el Ministerio de Cultura de la Nación, quien describe el programa -por llamarlo de algún modo- “Puntos de encuentro” como una oportunidad para el encuentro “de todo el pueblo”. Se le pregunta dónde van a estar distribuidos y uno espera que diga “en todo el país”, pero la respuesta es que los primeros cuatro puntos van a ser Santa Cruz, Córdoba, Misiones y Tucumán, y que a medida que avancen los partidos se va a ir cambiando con un criterio “completamente federal a lo largo y ancho de nuestro país”. 

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Juan Carlos “Boudou”

En España, luego de 39 años, abdicó el Rey Juan Carlos I. Entre sus logros se cuentan el impulso por tener una constitución española y el vuelco democrático que tuvo a Adolfo Suarez como primer Presidente luego de la prolongada dictadura franquista.

En Argentina, Amado Boudou, luego de su paso como Ministro de economía y devenido Vicepresidente de la Nación, enfrenta una denuncia que lo acusa de haber querido apropiarse mediante terceros de la Calcográfica Ciccone, encargada de imprimir los billetes del tesoro nacional.

Mientras en Argentina algunos piensan sobre cómo puede ser que en Europa subsistan las monarquías, algún otro en Europa podría pensar sobre cómo puede ser que en Argentina “los Boudou” ocupen tantos espacios y con tanto poder. Esto no significa que solo en Argentina existen los corruptos, pero sí que tenemos muchos, demasiados.

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Acerca de la Conadep de la Corrupción

Un amigo me contó, medio en secreto, que hace poco envió un e-mail al despacho del senador Carlos Menem para ver la posibilidad de reunirse con él. El manual de corrección política indica que si esta hipótesis se plantea en público hay que permanecer indiferente o bien desmarcarse del asunto ya que Menem es una figura pública tan desgastada como desprestigiada. Menem, quien tenía el teléfono directo del Presidente de Estados Unidos, un hombre sobre el que Madonna dijo “su magia funcionó sobre mí”, que fue electo dos veces en su cargo, hoy es utilizado como una chicana política. Tampoco es menor el detalle que por decir esto pueda parecer que uno es menemista.

La historia que sigue al regreso de la democracia no encuentra tantos presidentes -sin contar, claro “la semana de los 5 Presidentes”-, ni gobernadores. Por un lado porque hubo muchos que fueron reelectos, cuando no perpetuados, y por el otro porque 30 años es muy poco tiempo aún. Ha sido muy corta la vida de nuestra democracia y quizás por eso no se pudo construir algunos espacios vitales dentro de nuestra vida democrática, uno de esos espacios es el lugar del prestigio y otro también el del respeto a quien ocupó por voto democrático la silla de Presidente.

Hace unas semanas el espacio UNEN planteó la necesidad de crear una Conadep de la corrupción. Un anuncio audaz pero que sugiere rápidamente dos cosas:

1- Que ellos son buenos y los otros son corruptos/malos y 2- Que en lugar de apelar al correcto funcionamiento de la justicia se deba crear una comisión que se dedique a investigar funcionarios de la gestión anterior con todo lo que ello implica, televisación, campañas de desprestigio y agresiones, ¿o acaso imaginamos el funcionamiento de esta Conadep como una merienda de señoras inglesas?

Así y todo, el principal problema de esta receta mágica, que pareciera ser lo único que mantiene la cohesión en UNEN, es que insiste en la lógica de la destrucción del otro, de la venganza, de la revancha, de la persecución, ¿o no existe la posibilidad de que se persiga a inocentes?, por otro lado, es extrapolar el funcionamiento de una comisión que por su peso específico fue pensada y llevada adelante por las especificidades del contexto histórico de la década del 80.

La vida democrática tiene una fórmula sensacional para combatir la corrupción, que es no siendo corrupto, y no invadiendo a la justicia para que si debe investigar pueda hacerlo.

No quiero imaginar un show mediático montado al servicio de perseguir a la presidente Cristina Fernández de Kirchner y sus funcionarios. Me parece que seguiría alimentando la cultura de la exageración, de que todo lo que hacemos tiene que ser grande, gigante, ampuloso. Me gustaría una cultura democrática que se dedique un poco más a exaltar a los que hacen las cosas bien, que escuche a sus mayores, más me gustaría que en 2016, sea quien sea presidente, esa persona tome el timón de la paz y diseñe fórmulas para nuestra generación, pensadas para nuestro tiempo y en base a nuestros problemas.

No me gustaría que en 10 años un amigo me cuente, medio en secreto, que le mandó un mail a la senadora Cristina Fernández para juntarse a charlar con ella y le cuente cómo fue ser Presidente de Argentina tanto tiempo, por qué tomó las decisiones que tomó y por qué no tomó las que no tomó. Con más ganas de escucharla que de juzgarla.

No llamemos a Harry Potter

Corre, limpia, barre. No es un consejo del Señor Miyagui, es la forma en que generaciones enteras conocieron al servicio militar obligatorio, más popularmente llamado “Colimba”.

El kirchnerismo ha intentado apropiarse sistemáticamente de las ideas de redistribución e inclusión social a lo largo de esta década que pasó. Al margen de las consideraciones específicas y relativas que se puedan hacer sobre ello, que diez años después surja desde sus referentes más extremistas la idea de que vuelva el servicio militar obligatorio figura mínimamente como una contradicción. Una contradicción que en el peor de los casos no sería tan grave si fuera acompañada de experiencias públicas y un contexto delimitado estadísticamente que pudiera sugerir la necesidad de generar una discusión alrededor del tema. No, fue una contradicción donde se mojaron el dedo, vieron para donde soplaba el viento y la tiraron.

A veces, algunos actores políticos, intentan construir la sensación de que el modelo kirchnerista está agotado por problemas económicos. Esos mismos que cuando hay una recuperación piensan que hay que enfrentarlos en la calle y caen en las posiciones más extremas para diferenciarse. El modelo kirchnerista está agotado, no por los problemas económicos o financieros que puede atravesar cualquier país del mundo. Está agotado porque su “matriz diversificada con inclusión social” se convirtió en una matriz incapaz de incluir, que quedó obsoleta, a la que no le alcanza ni con la asignación universal por hijos, ni con el plan Progresar.

Si en la agenda pública y los esfuerzos del Estado sólo importa la redistribución antes que la generación de riqueza, se está frente a un problema axiomático, porque la generación de riqueza implica mucho más que esfuerzos o medidas económicas. Es por esto que quedó obsoleto el modelo en el que se entiende el problema de la marginalidad como un problema de plata, y los más de 90 planes sociales que tiene el Gobierno Nacional son una muestra de que confunde redistribución de riqueza con redistribución de pobreza. Para ellos, lo pequeño, lo individual y lo grupal no existen. Para el gobierno nacional existe lo grande, lo enorme, lo magnífico, el gran relato, la gran teoría, la gran conspiración, los grandes grupos económicos. Las grandes explicaciones que sirven como justificación de sus fracasos.

A esto se agrega el enorme deterioro de la calidad educativa que dejó a nuestro país en los últimos lugares de las mediciones PISA. El kirchnerismo, en este último mandato presidencial ha depositado mayor importancia al fallido intento de reforma constitucional, a la ley de medios y a la reforma del sistema judicial, que a la consideración de un debate entre las distintas fuerzas políticas nacionales para llegar a un consenso sobre una reforma educativa que tenga en vista una revolución en la calidad de la enseñanza.

El próximo Presidente posiblemente tenga como principal desafío darle un giro de tuerca a esta matriz de inclusión, así como pensar en el trabajo como factor de redistribución cuando la riqueza pierde valor.

Corre, limpia y barre. Eso es lo que deberíamos hacer con la generación de políticos que no se da cuenta que con las recetas mágicas de Harry Potter los argentinos no ingresamos al futuro.

La ironía camporista

“No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada” es el estribillo de la canción que más le gusta citar a La Cámpora, recordando la frase con que Néstor presentó su plan de gestión en 2003 frente a la Asamblea legislativa.

Al destino parece que le gustan los juegos, las picardías, incomodar al que cree que es fuerte; o al menos eso parece suceder con la Cámpora. Quizás es la manera en que la vida te equilibra la vehemencia con la que vas para adelante, como un toro. Te hace frenar y pedir disculpas.

Hay tres referentes mediáticos de La Cámpora: Andrés Larroque, Juan Cabandié y el desdibujado José Ottavis.

A Ottavis, eterno rival bonaerense del porteño Larroque, le sucedió poco después de presentar un proyecto para que se modernizaran los turbios procesos de pago de la legislatura bonaerense. Se publicó una foto en que se conversaba y discutía sobre un supuesto pago a legisladores opositores para que se aprobara un proyecto. $150.000 por voto, decía el mensaje de texto. Luego de eso fue denunciado por haber golpeado a su ex mujer. Con esos dos motivos, Larroque logró desplazarlo de la mesa de conducción nacional de La Cámpora y lo encerró en la provincia. Lo cual no le vino nada mal.

Cabandié, competidor porteño de Larroque, tuvo varios momentos que se podrían resumir en dos. El primero en su campaña de 2013, cuando se mostró que unos meses atrás lo detuvieron en un control de tránsito en Lomas de Zamora, distrito del candidato Martín Insaurralde. “Yo me banqué la dictadura”, le dijo a la inspectora que lo detuvo. Meses después se supo que a la joven la echaron y el video recorrió el país.

El segundo momento de Cabandié fue cuando ante una sesión en la legislatura porteña para homenajear el nombramiento de Bergoglio como Papa Francisco I, ordenó a sus legisladores vaciar el recinto. Una semana después, y luego de que Francisco hiciera gestos de que no iba a entorpecer la gobernabilidad, Cabandié dijo que era cristiano y que estaba muy feliz por la designación del Papa.

Y, por último, está Larroque. Larroque es quizás el más vehemente de los tres. Supo decir “Si Scioli es Presidente me prendo fuego en la Plaza de Mayo” o “Aunque lo ordene Cristina, no vamos a apoyar la candidatura de Scioli”. En el medio, Scioli, quien le aplicó el “método Scioli”. No le contestó, esperó, esperó, esperó y se lo sirvió frío en un acto celebrado el día Domingo en el Mercado Central. Ahora Larroque se saca fotos con el gobernador bonaerense.

Estos tres casos no son para refregar que los camporistas son incoherentes, o contradictorios, ni que son malos o demonios. Son para mostrar que cuando la política se estructura en base a posiciones extremas, duras y agresivas, que cuando se señala con el dedo, y que mientras más fuerte se va, tal como en la física, se nos opone una fuerza -directa o indirecta- proporcional que nos devuelve un cachetazo.

Por eso, mucho mejor que llegar con convicciones a la Casa Rosada es llegar con principios y algunas dudas, sabiendo que uno puede querer muchas cosas pero el acontecer de los hechos también condiciona la voluntad de lo que uno quiere, porque gobernar no es hacer lo que uno quiere e imponerlo. Gobernar es hacer lo mejor que se puede con las cartas que tocan.

El mayor pecado que puede cometer un gobernante es no ser un hombre o mujer de su tiempo.

La crisis del sindicalismo argentino

Ocurrió algo importante la semana pasada, que no empezó hace un mes, ni un año. Es una sucesión de hechos que desembocó en una imagen triste, de calles y discursos tan vacíos como extraños.

Los líderes sindicales solo reclamaron por la elevación del mínimo imponible de ganancias, que hoy se aplica sobre quienes perciben sueldos por encima de los $15.000, en un país donde a partir de $7500 se pasa a ser parte del 25% que mejores ingresos registra de la sociedad, es decir, “luchar” por quienes ganan $15.000 en un país donde el 75% de los trabajadores no llega ni a la mitad de esa cifra es un poco cínico, y por cierto, nada con lo que el Gobierno Nacional pueda torearlo, porque es más responsable que ellos.

Esto exhibe un problema central, y es que el trabajo no cumple su función como redistribuidor de riqueza y menos aún de dignificación. El acceso a la vivienda demanda un 50% más de salarios completos que hace 15 años. El 37,5% de los trabajadores se encuentra en negro y quienes están en blanco aportan todos los meses a las cajas de obras sociales para un sistema de salud decadente. Sobre esta situación no reflexiona ni propone absolutamente nada el sindicalismo.

En este contexto es inevitable hablar de Hugo Moyano, el gremialista más influyente que dio nuestro país desde el legendario Saúl Ubaldini. Es inevitable porque resulta un ícono para comprender qué lo moviliza, qué entiende por trabajadores, qué rol debe ocupar el sindicalismo y qué debe representar la política. El 6 de Julio de 2011, cuando aún era kirchnerista, y enojado por la renuencia del oficialismo por incorporarlo en las listas de su partido, dijo: “No solo estamos para votar o concentrarnos, o cuando nos llaman para una movilización. Los trabajadores tenemos la herramienta y el instrumento más importante de la democracia: tenemos la posibilidad de encauzar el voto y seremos invencibles”. Toda una declaración de prioridades su consideración sobre los trabajadores, que se queda muy corta.

El sindicalismo, que surge como una herramienta para equiparar la asimetría de condiciones existentes entre el empleador y el trabajador, ha desnaturalizado su finalidad desde el momento en que sus representantes están más preocupados por cómo se verán en televisión y en ser “el Lula Da Silva argentino”. Moyano, en el lenguaje político no significa en absoluto “representante de los trabajadores”, significa “poder de extorsión” y es por eso que cuando rompió su matrimonio con el kirchnerismo se generó un equilibrio en la balanza de poder en Argentina, básicamente porque de esa manera “el control de la calle” pasaba a estar disputado luego de varios años de monopolio del oficialismo.

Moyano y los líderes sindicales se convirtieron en un eufemismo, en la variable del poder, y esto es independiente de su representatividad de los trabajadores más que el poder de sus estructuras organizacionales. La semana pasada debieron recurrir a la obstrucción de los accesos para obligar a que los trabajadores acaten el paro, no pudieron hacer una sola movilización, para que las centrales generales tuvieran cierto grado de diálogo debió interceder el Papa… ¡El Papa!

El sindicalismo argentino no tiene una crisis, tiene varias y de ellas se desprenden algunos desafíos: iniciar un proceso de despartidización, siendo que en una estructura legal donde se prima la unicidad sindical la inclinación de una Central de trabajadores hacia un partido produce un desbalance democrático; limpiar su imagen, generar un vínculo humano y transparente entre el afiliado y los representantes, volver a enamorar a los trabajadores de la importancia de los sindicatos; generar diagnósticos y propuestas estructurales para los desafíos del presente y el futuro, lo cual implica una inversión para la profesionalización del entendimiento de las condiciones laborales y libere a los representantes sindicales de opiniones coyunturales.

Me hubiera encantado poder marchar junto a otros miles de trabajadores la semana pasada a una convocatoria que me hiciera sentir representado, pero no confío en nuestros representantes sindicales y confieso que me encantaría poder confiar.

Sucesión La Cámpora

“Que no estén en política para robar, que sean profesionales y sobre todo, militantes”. Ese fue el pedido que Néstor Kirchner hizo a los referentes juveniles kirchneristas en Agosto de 2010 para poder incorporar 200 nombres en distintas áreas del Gobierno Nacional. La Cámpora todavía era una agrupación entre otras varias juventudes filo-kirchneristas.

Dos meses más tarde falleció Néstor Kirchner, apenas unos días después de un gran acto donde La Cámpora impuso su protagonismo en el Luna Park, en el que entronizó la figura del “héroe colectivo” representado en el Nestornauta. Nacían la épica y el relato como consecuencia de una lectura de la crisis alrededor de la Resolución 125 donde se creyó que el problema fue comunicacional.

Néstor Kirchner, según consta en la reciente biografía publicada por Sandra Russo sobre La Cámpora, quería que esta fuera una “JP de masas” para dejar de ser una “juventud de cuadros” –cuadros como sinónimo de funcionarios-.Pasaron poco más de tres años y hoy La Cámpora es un actor fundamental para entender nuestra política nacional, no por su discutible potencia territorial sino por su penetración en las esferas del Estado. Hoy La Cámpora es poderosa, posiblemente tome algunas de las principales decisiones del gobierno nacional, o sea parte de ese proceso de toma de decisiones, y sí decididamente tiene un rol en la continua construcción del relato.

Es en este contexto que resulta reveladora la columna de Silvia Mercado “Para Cristina su única heredera es La Cámpora”. Es reveladora porque implica el deber de entender mejor a La Cámpora para comprender los años venideros, y cuáles son todos los desafíos que tienen los partidos políticos con vocación democrática de la actualidad y en especial las juventudes.

Estos desafíos son varios y posiblemente no podríamos ponernos de acuerdo con el lector, pero rápidamente puedo sugerir un desafío central: convicción democrática. Una convicción democrática que tiene dos dimensiones esenciales, por un lado el rol del político y por el otro lado la función del Estado.

La función del Estado que tiene la doble condición de estar integrado por personas y proyectos. La forma en que ingresan esas personas y los intereses que deben defender se ponen en jaque cuando están cruzados por lo político y creen que todo es plausible de ser militado, desde la relación con un jefe, la compra de cartuchos de tinta, el día del humorista y hasta un plan nacional de prevención de adicciones.

Y por otro lado cuál debe ser el rol del político en un contexto en el que no se termina de entender que no somos un argentino multiplicado por 40 millones y no existe “la gente”, sino 40 millones de argentinos diferentes con sus respectivas expectativas y problemáticas. Falta que la democracia incorpore datos a la discusión pública. Falta que la democracia sea más propensa a incorporar realidades contingentes que opiniones absolutas.

Con un funcionamiento menos patológico del Estado y un rol del político más encauzado se pueden plantear hipótesis de solución y sobre esas hipótesis de solución se pueden plantear consensos, y los consensos –actividad que patológicamente desconoce el kirchnerismo- sirven para dar continuidad a las decisiones políticas, por obvio que parezca. Es por eso, que creo que hay una trampa, si el kirchnerismo hubiera querido que sus políticas tuviesen continuidad en el tiempo, si hubieran tenido mejores convicciones democráticas, hubieran consensuado.

Por eso creo que quizás hubiera sido mejor si Néstor Kirchner no les pedía nada y en vez de insertarlos políticamente en el Estado, hubiera preparado un partido político que superase las contingencias electorales del corto plazo. Eso sí hubiera sido revolucionario en nuestra política.