La trama trágica de la efedrina

Aporte de María Servini a la epidemia de transparencia iniciada por Ariel Lijo.

Escribe Oberdán Rocamora - Redactor Estrella, especial para JorgeAsísDigital

Esta magistrada no estaría en condiciones técnicas de establecer si la diferencia entre 0,75 o 1 kg es razonable o no lo es, pero la desproporción entre 4 y 738 kg no deja mucho lugar a debate…”

María Romilda Servini

Prefacio

Un cuadro frondicista del MID

A través de la “epidemia de transparencia”, de la nociva “peste de moralidad” que invariablemente se viene, hoy puede asegurarse que la literatura más consistente procede de Comodoro Py.

A las celebradas 335 fojas del juez Ariel Lijo, que despliega la desventura más notoria de La Banda de Descuidistas, deben agregarse ahora las 163 fojas de la jueza María Romilda Servini. Donde desmenuza alarmantes “distracciones” de funcionarios que hacían lo que podían. Buracos del Estado que facilitaron el tráfico de cuarenta mil kilos de efedrina hacia México.

Los protagonistas que desfilan, en la trama trágica de la efedrina, admiten ensayar una historia lateral del kirchner-cristinismo. Digna de tratarse en otra miniserie.

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¿Quién le teme al Clavel Inerte?

“Con la que aquí se llevaron por Ciccone no lo van a entregar”.

escribe Carolina Mantegari

A Amado Boudou, El Descuidista, se le teme. Es el hombre que sabe demasiado.
Cabe la pregunta. ¿Quién le teme a Boudou? Como si fuera la Virginia Woolf del drama de Edward Albee.
En este drama más doméstico, casi naturalista, las alternativas son unánimemente horribles.
Conste que La Doctora lo designó a Boudou, como compañero de fórmula, por un atributo doble (al margen de la guitarrita y del pelo al viento con la motocicleta).
Primero, fue por su debilidad política. Segundo, fue por no ser un jefe del peronismo.
Cometido el error, y asumido el papelón, La Doctora siente que no puede entregarlo.
Si lo entrega, supone que vendrán inmediatamente por Lázaro, El Resucitado. Hombre muy deprimido, al borde de la cesación de pagos (como el país). Planifica trasladarse desde Santa Cruz hacia el Chaco y quiso, según nuestras fuentes, enviar alguna moneda bastante considerable al Paraguay. Pero el presidente Cartes -como “la chica de al lado” del baión- dijo que no. Y eso que intercedió un misionero actualmente importante. Ampliaremos si viene al caso.
Decir Lázaro es una manera indirecta de aludir a Máximo, En El Nombre del Hijo. A quien le dieron un irresponsable poder, y en simultáneo desprotegieron.
Pero también poner a Lázaro en el primer plano, que largamente merece, es trazar una bisectriz para aludir a La Doctora misma.
Por la incalculable herencia económica dejada por El Furia. Y que no se supo, ni se pudo, manejar. Conste que no se trata de ningún reproche. Por lealtad elemental, la transparencia aquí no debía existir.
Lo reprochable, en cierto modo, es la tergiversación. El intento explícito de canonizar a El Furia como si fuera el Eternauta que ofrendó su vida por la felicidad del pueblo.
¿Quién le teme al Clavel Inerte? A esta altura, con la información que abunda, y con los multiplicados bolsos migrantes y ocultos, “sanmartinizar” a El Furia constituye una ofensa elemental a la inteligencia del argentino medio.

El optimismo es un pecado perdonable

“Con la que aquí se llevaron, a Amado no se lo van a llevar puesto por la tontería de Ciccone”, confirma la Garganta.
El efecto comparativo reduce el escándalo Ciccone a la magnitud de una propina. Caja de empleados.

Pero si La Doctora no lo entrega a Boudou el problema se le agrava. Se obstaculiza el demencial objetivo de continuidad. Aunque si pudieron ganar en 2011 con el contrapeso de Schoklender, perfectamente pueden arriesgarse al contrapeso de El Descuidista. Y mientras los palos vayan convenientemente para Boudou se postergan los palos para Lázaro.
Aunque parezca poesía, La Doctora planifica persistir en el poder. El cristinismo no se entrega.
Creen que le ganan, en primera vuelta, a cualquiera. Pero que también pierden en segunda vuelta con cualquiera.
Pero el optimismo es un pecado perdonable. Por lo tanto suponen que vale la pena dar la batalla.
Tiene encuestas de consultoras amigas que le aseguran contar con el favor del 30% del electorado.
Entonces el candidato preferido de su escuadra va a ser aquel que garantice contener mejor el 30. Y que se las ingenie para armar alguna política de alianzas que le permita abrochar el 40.
Se reitera aquí el escenario de 2003. Ganador será aquel que, en primera vuelta, salga segundo.
Como Néstor Kirchner, con el miserable 22%, en la elección que perdió con Menem, el ganador derrotado.

Los cautivos

En cualquier escenario, Boudou es un Clavel Inerte.
Traba a la colección de invierno de los postulantes que La Doctora impulsa, y que complementan la acción programada de esmerilar a Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol.
Ninguno de ellos aún aparece en pantalla, donde figuran, lo más campantes, Mauricio, Sergio y Daniel. Los protagonistas de la consagrada miniserie.
Se precipita Sergio Urribarri, El Padre del Marcador, para colarse en la foto.
Con tal de ser ungido por La Doctora, Urribarri se atreve a cargarse, en la campaña, hasta al propio Boudou. A babucha.
Otro afectado sustancial, que pugna por meterse de perfil en la foto, es Florencio Randazzo, El Loco de la Florería, enemigo íntimo de El Descuidista.
Crece Randazzo entre el universo cerrado de los funcionarios. Y se convence, en pleno esmeril, que en la interna del cristinismo le gana a Scioli.
Al que aún no toma nadie con seriedad es a Rossi, El Soldadito de Milani. Aunque se ponga detrás de un árbol, no tiene posibilidades de aparecer en pantalla.
No es el caso del meritorio Domínguez, El Lindo Julián. Ambicioso que sugiere que “no es tiempo de candidaturas”, mientras el ingenio de Pepe Albistur, su sostén principal, colma Buenos Aires con los afiches inspirados. Como el “no pasa naranja”. Esmeril -cuando no- a Scioli.
Pronto El Clavel Inerte podrá ser también probablemente una carga electoral para Axel Kícillof, El Gótico.
Después que Axel acuerde, en el minuto final, a los billetazos limpios, con Los Buitreros. En su heroica condición de “negociador”, habituado a pagar siempre mucho más de lo que corresponde.

De todos modos, tampoco El Descuidista “está dispuesto a rendirse”. En esta actitud sintoniza con La Doctora.
Aunque no pueda posar su gruesa sentadera en la presidencia del Senado.
“Quiere dar la pelea hasta el final”, confirma la Garganta.
En el descenso, la debilidad se le convirtió en fuerza.
El Descuidista mantiene cautiva a La Doctora, como si fuera la protagonista del “poema épico” de Esteban Echeverría.
También mantiene cautivos a los postulantes que aspiran a suceder a La Cautiva.
Se explica entonces que El Clavel Inerte apele, con insolencias límites, el procesamiento del Juez Lijo. Que se disponga a llegar hasta la Suprema Corte.

Colas sucias

Hasta el cierre del despacho, sólo el senador Pichetto, El Postergado Eterno, fue el único que se atrevió frontalmente a ponerle un freno. Abundan rostros distantes de disconformidad, rumores de desacuerdo, las condenas. Las invocaciones al terrible error de La Doctora. Pero nadie se arriesga a exigir la tarjeta roja.

En el cristinismo predominan colas sucias que huelen mal. El temor fluye entre los despachos.
Hoy Boudou es la estampilla indeseable. Como lo definió el Portal, es un Clavel Inerte.
El pícaro ascendente de Mar del Plata, que políticamente cautivó a la veterana de Tolosa, ya nada tiene para perder. La libertad, apenas, pero en el largo plazo. Aunque, en cierto modo, ya este preso. No puede ir a Happening, al Duhau. Ni siquiera puede caminar por el barrio bajo de Puerto Madero.
“En su estado, que duerma, es un mérito”, confirma un transgresor del peronismo. Al que “por bandido” -y sólo “por bandido con temple”- Boudou comienza a parecerle casi simpático.
El Clavel Inerte es el peligro oculto. Se refugia en el aguantadero que no puede presidir.
Resiste las 335 fojas del juez Lijo mientras aguarda la estocada crucial del juez Bonadío. El primero -Lijo- lo cruza por corrupto. El segundo -Bonadío- es peor. Lo cruza por trucho.

La salvación geopolítica china

Fábrega lo duerme a Kícillof y firma un SWAP por 11 mil palos

Escribe Bernardo Maldonado-Kohen, especial para JorgeAsísDigital

Mientras Axel Kícillof, El Gótico, ensaya con ademanes la política universitaria, a través de discursos encendidos y en foros exactamente inútiles, Juan Carlos Fábrega, El Sensato Marginal, el adversario íntimo, cierra el SWAP (o “permuta financiera”) con su par del Banco Central de China.

Consigue así -El Sensato Marginal- el equivalente a 11 mil palos verdes para el Banco Central. Entre pesos (90 mil millones) y yuanes, de cotización más compleja. En caso de necesidad, trasciende que son fondos que podrían aplicarse a las reservas.

Por su parte Milton Capitanich, El Premier (Transitorio), no supo capitalizar la mejor noticia económica que podía darse. Se perdió en la monotonía gris del recitado diario. Ofrecido de manera abúlica, sin gracia ni credibilidad.

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El Producto Mauricio (consumir con moderación)

escribe Oberdán Rocamora

Redactor Estrella, sobre Informe de
Consultora Oximoron, especial

Introducción

Sociedad cargada de pesares

La dilatada miniserie “Daniel, Mauricio y Sergio” es indispensable. Por ella, el Portal sobrevivió con argumentos, durante dos años.
Al iniciar la “tercera época”, la historia de final incierto mantiene la frescura tensa, y el interés en aumento.
Ocurre que tampoco apareció ningún otro que supere la medianía estética. Signa (la medianía) la actitud de los tres reconocidos protagonistas. El consumidor los conoce de memoria. Por lo tanto no tiene mayores posibilidades de sorprenderse.
El trío -que compite por la presidencia- conecta, en perfecta armonía, con el estado paradójicamente light de una sociedad cargada de pesares. De situaciones límite.
Cuesta entonces situarlos, a los tres héroes, a la altura de los pavorosos problemas que La Doctora, al partir, lega a la sociedad. La sociedad paradójica que prefiere consumir productos light. Frescos. Sin litigios ni confrontaciones que marcaron las turbulencias del kirchner-cristinismo.
Hasta el cierre del primer capítulo de esta “tercera época”, uno de los tres se calzará la banda.
Ya que José De la Sota, El Cordobés Profesional, no aparece aún visible en la fotografía. Por más que se obstine en méritos mediáticos.
Como tampoco aparece en la pantalla ningún exponente de la colección de precandidatos de invierno, de los que impulsa La Doctora para esmerilar a Daniel. Ni Domínguez, El Lindo Julián; o el inflamado Randazzo, El Macho del Off; o Urribarri, Padre del Marcador. Mencionar en la acumulación a Rossi, El Soldadito de Milani, simboliza un acto de piedad.
Por su parte, Los 5 Latinos de UNEN, amontonan las imposibilidades que los hacen descender. Colectivamente decepcionar. Hasta someterse a la sentencia perdonavidas de los consultores.
“Aún no miden”. Pese a los atributos morales del conjunto musical.

Osiris Alonso D’Amomio
Director-Consultora Oximoron

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Bandera verde

Al margen de la multiplicación de operaciones entrecruzadas, que inspiran el objetivo brutal de demoler recíprocamente al adversario, “Mauricio, Daniel y Sergio” se encuentran -para Consultora Oximoron- a la par. Empatan con alrededor de un cuarto del electorado para cada uno. Sea dicho a pesar del fuerte operativo en marcha que consiste en degradar tanto a Daniel, El Esmerilado, como a Sergio, El Enemigo
Al primero, Daniel, porque se lo da ya por tercero cómodo, mientras se pone en duda que sea candidato.
“Hoy pierde con Randazzo en la interna del kirchnerismo”, confirma la Garganta.
A Sergio, en cambio, porque se especula acerca del momento de capitular y sentarse a negociar.
“La meseta, para Sergio, representa un retroceso”, confirma otra Garganta.
(Ampliaremos en los próximos capítulos).

Significa confirmar que persiste otro 25 por ciento, para repartirse entre el Resto del Mundo. O para ser rapiñado por alguno de los tres que empatan.
Infortunadamente, existe un extendido espacio libre que aún no alcanzan a ocupar Los 5 Latinos.
Trátase de la célebre conjunción metropolitana que admite el lucimiento televisivo de la señora Elisa Carrió, La Demoledora. Notable primera voz, en su rol de Estela Raval. Acompañada por los cuatro correctos caballeros, que le hacen el coro para cantar “Juntitos Juntitos”. Pero es una melodía que no prende.
Cleto Cobos, El Malvinero Sentimental. Pino Solanas, El Dirigente Universitario. Hermes Binner, el John Wayne de El Hombre Quieto.
Y por último el acosado Ernesto Sanz, la Esperanza Blanca. A quien el PRO -expresión institucional del macricaputismo- supo imaginar, sin mayor disimulo, como el compañero de fórmula ideal de Mauricio Macri, El Niño Cincuentón. Lo divulga en sus comidas hasta la informada señora Mirtha Legrand, Dorian Gray.

Debe aceptarse, a esta altura, que Mauricio es “el vedette del momento”. Hoy está de moda pontificar sobre la onda Macri. Y arriesgarse en apostar por su “destino manifiesto” de sucesor.
Entonces Sanz está presente en las planificaciones de los informatizados que movilizan el Producto Mauricio (para consumir con moderación). Aunque los astutos macricaputistas prefieran instalar los beneficios transitorios de proyectarse en soledad. A través de la Tercera Vía (invención independiente del radicalismo y del peronismo). Una fórmula de escasa originalidad que ya cultivó Francisco Manrique, El Paco, con suerte bastante relativa, en los setenta. Pero para diferenciarse de Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón, dos emblemas de una política no precisamente light. Aunque condenada al fracaso. En el país donde todo, absolutamente todo, termina mal.

El Vedette

Mauricio -dijimos- emerge hoy como el vedette principal del trío.
Es sugestivo que el crecimiento del Producto Mauricio coincida -para Oximoron- con los avances positivos de su relación políticamente platónica con La Doctora.
La dama ya no sólo le atiende el teléfono desde hace seis meses. Instruyó aparte al doctor De Pedro, El Wado, para que colabore en resolver todos los problemas que lo afecten a Mauricio. Judiciales incluidos.
Sin ningún enigma trasciende por todas partes que La Doctora, como Sucesor, lo prefiere a Mauricio. Lo cual brinda la garantía que el razonamiento es -en definitiva- falso.
Mientras la atmósfera frentista tiende hacia el entendimiento entre Mauricio y Sanz, trasciende que existe un retroceso en el entusiasmo del primero. O sea de El Niño Cincuentón. Son los números inapelables que suele acercarle, según nuestras fuentes, el pensador Jaime Durán Barba, El Equeco. Con la sentencia cruel: “Los radicales, Mauricio, no miden, salvo en Córdoba”. Donde el Producto -se ufanan- está primero.

Significa confirmar, por la numerología de Durán Barba, que se enfría el acuerdo que maduraba naturalmente. Entre el macricaputismo y un sector de la milenaria UCR.
Para simular y cederle al tiempo la oportunidad del reacomodamiento, en el macricaputismo se plantea la reedición de la fórmula triunfal que ganó el Artificio Autónomo.
De Mauricio con la señora Gabriela Michetti, La Princesa de Laprida. A los efectos de suministrarle, según nuestras fuentes, a la difícil Gaby, un potente caramelo de madera (ligeramente espolvoreado con azúcar impalpable). Para que la distraiga un poco de la causa perdida de suceder a Mauricio en el Artificio Autónomo.
Pero trasciende que esta vez no será fácil pasarla al cuarto a La Princesa. Como cuando se desprendieron de su vicejefatura para clavarla como diputada por la capital. En beneficio de la causa macricaputista. Se complica ahora el proyecto de sacarla de la pelea por el Artificio Autónomo. Postulación que nadie le saca, según nuestras fuentes, de la amplia boca, a don Horacio Rodríguez Larreta, El Carismático de Pompeya. Para algarabía de todos aquellos que se disponen a enfrentarlo. Sin saber que tendrán que enfrentarse, en realidad, con Mauricio, paraguas protector de El Carismático de Pompeya.

Unificación de elecciones

La sucesión en el Artificio Autónomo es -para Oximoron- el principal problema de la Mutual PRO.
Dilema que no alcanza a resolver el Equipo de Comunicación Directa que controla Marquitos Peña, El Pibe 10. Instrumentador eficaz de la estrategia que dicta el pensador Durán Barba, y que promueve los atributos del Producto Mauricio con el rigor que se invierte en vender un champú, o imponer una marca de jeans.
La duda sucesoria instiga, por otra parte, a no convocar elecciones separadas entre el Artificio y la Nación. Mejor es que El Carismático vaya prendido detrás de la candidatura presidencial de Mauricio. “Chupado”, como se dice en la jerga del automovilismo. Y celebrar las elecciones el mismo día. Para que Mauricio arrastre, también en Buenos Aires, la provincia inviable, a la señora María Eugenia Vidal, La Muchacha del Flores de Girondo. O en todo caso a Jorge Macri, El Primo (que era) Pobre. Imbuidos por la perspectiva de repetir la peripecia de Raúl Alfonsín, de 1983. Creer que la potencia del candidato presidencial -Mauricio- vaya a arrastrar al candidato a gobernador de La Inviable. Y que de yapa pueda beneficiarse también Rodríguez Larreta.
Demasiada exigencia para un Producto vendible que mantiene los astros alineados. Y que se encuentra en pleno crecimiento personal. Sumido en el romance platónico con La Doctora, que lo lleva de la mano, como Gretel a Hansel, para cortar cintas. Así sea para inaugurar cincuenta metros del carril de una autopista.
Sin embargo, para Oximoron, el macricaputismo aún no logró armar ninguna fuerza de consistencia nacional. Son apenas números de encuestas excitadas. Pese a los esfuerzos y a la eficacia de los maxilares de Emilio Monzó, El Diseñador.

La marginalidad está peor que en 2001

Piedra libre para la destrucción en La Revolución Imaginaria.

escribe Carolina Mantegari

Los cristinistas se enojan cuando se confirma, desde aquí, que “la marginalidad en Argentina está hoy peor que en 2001”.
Y se agrega: “excitada por el narcotráfico y franeleada con el cuento de la inclusión social”.
En realidad, lo que sociológicamente espanta, aún no se entiende, es el significado explícito del 2001. Donde la marginalidad muy poco tuvo que ver.
Lo que estalló, en aquel final ardiente del año, fue la paciencia colmada de sectores maltratados de las capas medias.

Madres del Banco de Galicia

En el primer año del siglo, la desesperación encegueció al pequeño burgués clásico (para decirlo en la superada terminología marxista).
Fue al descubrir que sus fondos depositados en dólares repentinamente se habían diluido. Cuando se ponía el plástico en el cajero automático y no aparecían los billetes apaciguadores. Detonante principal de las bulliciosas protestas que derivaban en actos próximos a la barbarie. Encabezadas, por entonces, por las Madres del Banco de Galicia (según la acertada concepción del pensador Ignacio Zuleta).

Se registró, en la práctica, la transferencia de recursos más letal. Desde el patrimonio de las hipersensibles capas medias hacia la picaresca de los endeudados en dólares. Fueron los que supieron aprovechar los beneficios posteriores de la pesificación asimétrica, indiferentes al tendal que dejaron al descubierto. Dispuestos, en adelante, a acumular rencores y desconfianzas.
En cambio, lo que se reconoce como “marginalidad” quedó entonces mayoritariamente empatada. Casi a mano. Porque era muy poco o nada lo que aquel marginal de 2001 tenía para perder. A lo sumo se distanciaba mucho más del casi extinguido proceso de estratificación social. Es decir, la posibilidad del ascenso de clase, un fenómeno que sigue aún -aceptémoslo- casi vedado. Reducido apenas al territorio de la utopía o del braguetazo.
Con lo cual se asiste, además, al fracaso estrepitoso de un gobierno de procedencia básicamente peronista, como el que se padece y termina, sin relevos que hasta ahora entusiasmen.
El peronismo -que todo lo abarca- supo caracterizarse también por presentarse como una máquina reproductora de clase media. A los efectos de facilitar el traspaso. Desde la marginalidad del desposeído hacia las sutiles contradicciones de una clase media, primero, baja. Pero con posibilidades de acceso hacia la educación, que sistematizaba la realidad del progreso y que hoy es víctima de la misma decadencia.

La identidad resquebrajada

2001 representó, en principio, un contundente empobrecimiento de las capas medias que protagonizaron creativos escenarios de barbarie acotada. Y la consolidación simultánea de una marginalidad cada vez más alejada de una posible integración al proceso productivo.
Después de la magnífica transferencia de recursos, desde las capas medias hacia la especulación triunfal de los beneficiarios, comenzó con Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas) el ciclo de crecimiento (que iban a desperdiciar sus dos sucesores).
Claro que se crecía con la dupla Duhalde-Lavagna, pero desde la ventaja comparativa que ofrecía la gran decepción de estar en la lona.
Desde abajo, en general, suele ser más factible el logro de incorporarse un poco.
Y aquellos sectores medios que perdieron, paulatinamente iban a recuperar -merced al crecimiento- partes considerables de lo transferido. Y volverían, más resignados que vencidos, a ponerla en los bancos.

Es precisamente a partir de 2003, a través de la Revolución Imaginaria que impulsa el kirchnerismo, cuando se reciben los réditos de la recuperación que se inicia con Duhalde. Y cuando comienza el despliegue de desaciertos presentados como méritos, que se las ingenia para desperdiciar imperdonablemente la etapa de prosperidad más extraordinaria. Merced a la prepotencia ascendente del commodity principal. El poroto subestimado que aún nos sostiene.
Aquel desperdicio histórico concluye con la impúdica marginalidad de hoy. Con los abyectos desmanes del domingo que sólo pueden sorprender a los distraídos y que pudieron contemplarse grotescamente por televisión. Cuando los violentos marginales salieron de sus refugios normales para banalizar penosamente el saludable acto de gratitud. El reconocimiento que “la sociedad blanca” ofrendaba a la selección nacional de fútbol, que consiguió el meritorio segundo puesto en el torneo Mundial de Brasil. Mucho más, en cierto modo, de lo que se merecía. Y de lo que se esperaba de ella.
Aparte, “la sociedad blanca” aprovechaba también para homenajearse a sí misma, en los alrededores del Obelisco. Lo necesitaba. Como si se complementara con los sectores más osados que se desplazaron hacia Brasil, para pintarrajearse, conmoverse, gastar a los brasileros y simular que pertenecían a una barra brava elegante. Porque gracias a un conjunto de futbolistas regulares podían consolidar ciertos aspectos de la identidad resquebrajada.

Piedra libre

Aquí también se dijo que explicar los escatológicos incidentes del domingo, a través de la derrota, es ingresar por la puerta equivocada. Porque el vandalismo estaba garantizado. Aunque Higuaín o Palacios hubieran acertado con su puntería y se les ganara a los alemanes.
El acontecimiento del fútbol producía la legitimidad de la aglomeración. De ningún modo el violento marginal podía desaprovecharlo. Algo siempre puede robarse y destruirse.
Aparte, no hay fundamentaciones para sorprenderse. Cualquiera sabía que la ciudad no se encontraba siquiera preparada para soportar el autodenominado día del hincha de fútbol. Derivó en violencias devastadoras similares a las del domingo. Y en el mismo escenario.
Como balance -y aunque se enojen- el cristinismo produjo efectos catastróficos en las tres grandes franjas sociales. En trazo grueso, arriba, en el medio, pero sobre todo abajo.
En los márgenes. Donde el narcotráfico cometió su turno prioritario para el estrago. Y donde se subsidió a la bartola y sin el menor objetivo de contención. A través del excitante cuento de la inclusión social, basamento teórico de los logros supuestos de la Revolución Imaginaria, y en una atmósfera de permisividad más irresponsable aún. Con una idea prejuiciosa, casi culposa, del derecho del Estado a ejercer la represión. Recurso entendido, por los progresistas de ocasión, como una patología.
Piedra libre, entonces, para el robo y la destrucción. Es gratis.

La sociedad blanca recupera el fútbol

escribe Carolina Mantegari
especial para JorgeAsísDigital

La sociedad blanca, durante el Mundial, recuperó el control del fútbol.

“Cuando el tema interesa, la gente no vacila en ponerla”, confirma la Garganta.
Despachante de innumerables aviones privados, que forman fila en el aeropuerto de San Fernando. Para partir, cuando juega Argentina, hacia algún punto de Brasil. Belo Horizonte, San Pablo, Porto Alegre, Brasilia. Ahora despacha para Río de Janeiro.
Relata que se registraron decenas de “vaquitas” de diez u ocho personas cada una. A los efectos de juntar los miles de dólares respectivos para organizar el vuelo privado. Ida y vuelta, por ejemplo hacia Brasilia, con una noche de hotel cinco estrellas y sin certeza de conseguirles el valorable ticket de la entrada.
Y ni hablar del oportunismo extraño que se apoderó durante la demanda inagotable de los vuelos de línea. Derivaron en la triplicación de costos del pasaje.
“No me imagino que un alemán, de Berlin o Frankfort, pague hasta Río tres veces más por un pasaje, porque sea el Mundial”, confirma otra Garganta.
Otro que “no vacila en ponerla” para asistir el domingo, al partido final de Argentina y Alemania. Con dos de sus tres hijos. Y alguna novia.

En el ámbito local, al que pronto debe volverse, la sociedad blanca, presentable y educada, ya dio por perdido el espectáculo del fútbol.
Fue copado, absolutamente, por la violencia de los marginales, que la alejan. Con las divisorias barras bravas que disputan, entre sí, por los núcleos prioritarios de pertenencia. Desde la explotación del estacionamiento hasta la distribución de versiones piadosas de “la blanca”. Las entradas de favor, la regulación de los aplausos o condenas.
Por la pugna explícita, sea a trompadas, sea a palazos o tiros. Por la sucesión de los negocios multiplicados.
Circunstancias diversas que expulsaron a la sociedad blanca de las tribunas.
“Ir a la cancha ya no es más para uno”, confirma la Garganta, resignada a la placidez de la televisión.
“Suerte que el Mundial es diferente”.

El merito de reconocerse

Festiva, sin reparos, pintarrajeada de manera exuberante, la sociedad blanca disfruta del Mundial de Brasil.
Perfectamente puede reconocerse. Coincidir con otros pintarrajeados, con colores distintos. Aunque se unen, fraternalmente, por la gran pantalla, donde de reojo siempre se buscan. Y saludan fervorosos al encontrarse. Sonrientes y con ambas manos. Sospechan que son descubiertos por los amigos que los miran, igualmente movilizados, aunque en sus casas, algo más cómodos.
Basta con cualquier plano panorámico de las tribunas para captar la multitud de argentinos sensibles y emotivos. Donde no aparece, ni siquiera como muestra, la imagen de ningún violento marginal. De los que pueblan los espectáculos locales.
Así vale la pena conmoverse con sutilezas del fútbol. Con la educación que posibilita la distancia. Con una distinción relajada, sin riesgos elementales.
La ventaja de los costos marca, con claridad, la frontera de las diferencias sociales.
El costo permite el desplazamiento selectivo de los amantes del fútbol. Los que, inducidos por la pasión, asumen la magnitud del gasto, como un verdadero atributo.
“Vale la pena darse, alguna vez, el gusto”, confirma la Garganta.
De gritar a favor del equipo nacional, de “gastar” a los brasileros “que se comieron siete”. Simularse, durante un lapso, como presentable barra brava.
De tararear el himno. Otro núcleo de pertenencia que genera también su propia diferenciación.
Porque para disfrutar plenamente del Mundial de fútbol es necesario mantener una idea previa de nación. Aunque se encuentre oculta, o apenas atenuada.
Una idea de nación que supere el marco aldeano del terruño, del barrio o de la cuadra. O de la identidad que brindan los colores de la casaca del equipo, en el plano doméstico. Al que debe volverse en tres días.
También, para conmoverse con el aspecto nacional, se debe estar capitalizado previamente por el ejercicio de la educación.
Otro atributo (la educación), que también, en la Argentina de hoy, tiene un costo.
El Mundial de Fútbol aún puede entenderse mejor. Aunque nadie subraye que los jugadores de Bosnia, sin ir más lejos, fueron formados durante la cotidianeidad de la guerra interna que desmembró para siempre Yugoeslavia. O que varios de esos muchachos rubios, que patean con menos habilidad que los nuestros, pueden ser perfectamente musulmanes, de cinco oraciones diarias.
Tampoco es necesario saber que esos otros chicos, los que jugaron para Irán, pertenecen a la generación de la revolución islámica, nacidos todos después de la irrupción del ayatolah Komeini, en el declive relativo de la civilización persa. No se trata de esgrimir ninguna acumulación informativa que pueda confundirse con erudición. Menos, aún, con la portación inofensiva de cultura.
Basta con asumir que cada equipo, desde su presente, arrastra una historia,

Final con Fútbol para Todos

A esta altura de la crónica, sobre todo al tomar consciencia que en tres días se regresa a la normalidad, debe aceptarse que Fútbol para Todos -nobleza obliga- es de lo mejor que produjo el cristinismo. Un acierto. Pero por lo contrario de aquello que vulgarmente se supone.
Porque se incluye, en el fútbol para todos, a la desplazada sociedad blanca. La que se encuentra, en la práctica, ausente. Porque considera a los estadios un ámbito casi prohibido.
La sociedad blanca hoy puede mayoritariamente seguir los partidos locales por televisión. Mientras deja, a los marginales, a través del ejercicio de la violencia, el control de las canchas, de las tribunas. Para generar situaciones limitadas, en cierto modo, al exclusivo plano policial. Por la reciedumbre que impide, incluso, hasta la presencia de visitantes de otros colores.
A partir de estas carencias cotidianas puede valorarse la magnitud del Mundial para la sociedad blanca. La que “no vacila en ponerla”.
Se explica entonces que miles de sus exponentes inviertan para exponer la libertad admirable de pintarrajearse. De ponerse la casaca argentina o envolverse en una bandera.
De trasladarse hacia Río de Janeiro o a San Pablo, como dentro de cuatro años hacia Moscú o San Petersburgo. A los efectos de tararear el himno, para recuperar gloriosamente el fútbol que nunca (la sociedad blanca) debió haber perdido

La fantasía del BRICSA

La Doctora intenta seducir a Putin y a Xi Jinping mientras choca con la reticencia de Dilma

escribe Bernardo Maldonado-Kohen
Primero fueron los BRIC. Brasil, Rusia, India y China.
Con el advenimiento de Sudáfrica pasaron a ser los BRICS.
Hoy La Doctora estimula la fantasía de transformar el BRICS en BRICSA.

En vísperas de la zozobra del default, con la institucionalidad quebrantada por el procesamiento judicial del vicepresidente, La Doctora aspira saludablemente a recuperarse.
A retomar la iniciativa. Con la base de hierro de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora, la estrategia que le diseña Zannini, El Cenador, e instrumenta el ministro estrella, Axel Kícillof, El Gótico.

Ahora se apuesta por la fantasía de incorporar a la Argentina al bloque de los BRICS. Los grandes “países emergentes” que avanzan, desde 2008, en la gestación del nuevo polo de poder. Que se diferencie, en la práctica (ya no sólo en la retórica) del poder gastado que controlan Estados Unidos y algunos fuertes países de la Unión Europea.
Los BRICS celebran su VI Cumbre en Fortaleza, Brasil, el 15 y 16 de julio. Dos días después de concluido el Mundial de fútbol.

La salvación geopolítica

Podría facilitarse el camino de la salvación geopolítica a través de la interesada amabilidad de Vladimir Putin. Es el zar contemporáneo de Rusia, que llega a la Argentina justo un día antes del partido final. Por diez o doce horas.
O a través de Xi Jinping, el chino competidor íntimo de Putin, que llegará después de los discursos de Fortaleza.
Podrá aplaudirlos La Doctora. Se encuentra invitada, acaso a su pesar, por la señora Dilma. Junto a la colección de invierno de los presidentes de países que componen el invento de Unasur.
La Garganta sostiene que los otros “países hermanos” ligaron la invitación a Fortaleza merced al sobreactuado comportamiento de la Argentina. Es que aquí se festejó el amague de convocatoria de Putin, como si invitaran directamente a adherirse a la congregación.
La salvación geopolítica viene entonces, prioritariamente, por el lado de Rusia. Impulsada, semanas atrás, en Moscú, por el canciller Timerman, junto al canciller Lavrov.
Lo gravitante es que ambos líderes, Putin y Xi Jinping, marcarán separada presencia en la regalada Buenos Aires. Donde sobrevive un gobierno debilitado que necesita anuncios. Aunque sean hipotéticos. Como también necesita mostrar conexiones que quiebren la idea del aislamiento.

Contra Breton Woods

En Fortaleza, con las presencias al máximo nivel, los presidentes de los BRICS planifican avanzar con proyectos medulares. Ya fueron tratados en la reunión preparatoria de Moscú (ver “Los BRICS perforan el aislamiento de Irán”, cliquear), como en la anterior Cumbre de Durban.
Trátase de la creación del Banco de Fomento y de un Fondo de Reservas. Invenciones que comenzarían a funcionar en 2016. Con sede central – según el Financial Times- en Shanghai.
La creación del banco contiene el objetivo explícito de financiar proyectos de infraestructura (de aquí el entusiasmo de La Doctora).
En definitiva, los BRICS optan por crear riesgosos mecanismos de sustitución. Sobre todo para superar la decadencia del Fondo Monetario Internacional.
En su maniqueísmo, los críticos crípticos del “discurso único” consideran que el FMI está hegemonizado por los norteamericanos y los europeos líderes. Los que impusieron, según el criterio predominante en la gesta, el sistema financiero injusto, que se encuentra inspirado en los acuerdos de Breton Woods, surgidos de los resultados de la Segunda Guerra Mundial, que no registran el verdadero cuadro del poder actual.
Son acuerdos que, para China y Rusia, están anacrónicamente agotados. Sobre todo también para India y Brasil, dos gigantes que aspiran a elevarse, al extremo de reclamar la condición de miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Con la previsible reticencia de Japón y Pakistán, en el caso de India. Y con la reticencia de México y Argentina, en el caso de Brasil.
Aparte, en Fortaleza tratarán un punto aún más complejo. La creación de la moneda común de Los BRICS, que desafíe la hegemonía del dólar y del euro.

Diplomacia a la bartola

Tanto con Putin, como con Xi, La Doctora aspira a anunciar algunos acuerdos que le permitan recuperar la iniciativa. Para abandonar la idea instalada del gobierno estancado. En pleno retroceso, que se desangra entre los papelones judiciales del vicepresidente y el riesgo viable del default. Pero ya no por desidia, falta de credibilidad, improvisación patológica o simple mala praxis.
“Como consecuencia del sistema financiero injusto”. Es el verso que pregonan los apóstatas de la emergencia.
Es justamente aquí donde, para la diplomacia a la bartola de la Argentina, se enlaza el afán de seducción a los BRICS, con la incentivación de las condenas retóricamente chiquilinas en los foros multilaterales.
La jugada audaz del cristinismo intenta suplir la fragilidad del PBI (Producto Bruto Interno) con la sobreactuación político-ideológica, en ámbitos como la OEA o en la ONU.
Semejante adolescencia estratégica puede brindarle, a la Argentina, cierta espesura racional a la catastrófica opción de internacionalizar el conflicto con Los Buitreros. El litigio que debe resolverse en el despacho judicial, y no en los foros multilaterales con traducciones simultáneas en las “cinco lenguas de trabajo”..
Cuesta entender que la OEA, La ONU o El Grupo de los 77, en el despacho del juez Griesa cuenta con tanta influencia como algún pronunciamiento solidario de Médicos sin Fronteras, la Organización Mundial de la Salud o del Servicio Sacerdotal de Urgencia.

Putin y Xi

Al cierre del despacho, en la Unión Industrial Argentina se acelera, según nuestras fuentes, la redacción apurada de acuerdos cooperativos. De indispensable utilidad para componer alguna fotografía de La Doctora con Putin, para la posteridad indiferente. Trasciende, aparte, que alguna empresa rusa se muestra bastante interesada en la construcción de una central nuclear en Neuquén. Ampliaremos.
Con Xi Jinping, en cambio, acaso para consolidar la tristeza de Lázaro, El Resucitado, planifica La Doctora anunciar la definitiva construcción de las represas Condor Cliff y La Barrancosa. Rebautizadas, en la penúltima vuelta, como Néstor Kirchner y Jorge Cepernic.
El lacerado Lázaro Báez descontaba, según nuestras fuentes, que las represas iban a pertenecerle a su Austral Construcciones. Tiene decenas de máquinas a la intemperie, adquiridas para la ocasión, que se oxidan mientras El Resucitado se tutea con la cesación de pagos y planifica rajarse al Chaco.
Muerto Kirchner, El Furia, y desatado el escándalo de la marroquinería y La Rosadita, se impuso la superior concepción moral de Zannini. Entonces la última licitación signó el triunfo inapelable de Electroingeniería. Es la empresa cordobesa del santiagueño Acosta, y sobre todo de Gerardo Ferreira. Hoy asociada, para las represas, a Gezhouba, de China.
Al cierre de la crónica no se puede asegurar si don Xi Jinping dispondrá la financiación de los cinco a seis mil millones de dólares. O si renueva aquella ingenuidad del cuento chino de 2003, que signó la inexperiencia internacional de El Furia.
Al margen de los eventuales negocios que puedan encararse, lo que políticamente interesa a La Doctora es el apalancamiento de Rusia y de China. A los efectos de facilitar el ingreso a los BRICS. Y convertirlos en la fantasía de BRICSA.

Final con bolilla negra

Pero la primaria ambición lícitamente choca, según nuestras fuentes, con el sutil obstáculo de la presidente Dilma. De su bolilla diplomáticamente negra, puesta con una sonrisa y un abrazo.
El gobierno de Brasil se encuentra escasamente interesado -según la Garganta- en tener como asociado, ahora también en una liga superior, al vecino que se muestra reticente a la idea de rendirse. Para colmo se supone e n condiciones de ofrecerle una cierta competencia, ya no sólo futbolística.
En materia de BRICS, La Doctora es diluida por Dilma entre la ficción oral de la Unasur. Por lo tanto es factible que su faringitis registre alguna recaída que le impida desplazarse hacia Fortaleza.
Para Dilma, La Doctora es una vecina más. Del montón. Equiparable, apenas, a Nicolás Maduro. Con quien La Doctora tiene, a propósito, demasiados puntos en común. Sobre todo la condición compartida de ser dos sucesores de líderes que les dejaron, como herencias, dos patéticos desastres.
Desperdicios históricos imposibles de domar.

Desde Boudou (Lijo) a Kicillof (Griesa)

La Argentina estancada. Imagen congelada de teleteatro.

escribe Oberdán Rocamora 
Redactor Estrella, especial

La Argentina se debate entre las fojas de la causa que conduce Ariel Lijo, con las fojas de la causa que deriva en el Juez Griesa.
En un marco de estancamiento, que los técnicos califican de estanflación. Coctel de recesión con inflación. Desde la decadencia del gobierno, se agudiza el hábito de la mala praxis. Ineptitud complementa la falta absoluta de credibilidad.
Basta agregarle al cuadro naturalista la atmósfera espesa de una campaña electoral prematuramente desatada. Con los comportamientos de las primeras figuras que dependen, en general, de los veredictos sabios de los encuestadores, y los consejos relativamente frívolos de los asesores de imagen.
Quien enlaza ambas causas, para unificarlas, es el ignoto Guido Forcieri, flamante emblema de la argentinidad al palo. Forcieri impregna de superior grotesco a la actualidad. Pretexta (a Lijo) que no puede comparecer en la Causa Ciccone, ya que debe colaborar con la patria en la comedia inflamada de los fondos buitres (que dirige Griesa). “Mi reino por un caballo”. Lo prioritario, siempre, es zafar.

La picaresca bonaerense   

El anecdotario que ilustra los berenjenales de ambas causas es bastante nutrido. Se detalla con generosidad en los grandes medios.
Anécdotas ideales para ser comentadas, apenas, en el entretiempo. Con el complemento del Mundial de fútbol, la realidad televisiva es perfectamente tolerable. El torneo tendría que ser eterno.
Las coloridas peripecias de Amado Boudou, El Descuidista, y de su “Cataliñón”, José María Núñez Carmona, Nariga (que se atienden en Lijo), en el imaginario colectivo se mezclan con las excursiones “negociadoras” de Axel Kícillof, El Gótico (que se atienden en Griesa).
Las primeras producen la actual sobredosis de Boudou. Remiten a la literatura picaresca del Siglo de Oro español, del siglo XVI.
Para entender a estos antihéroes, que podían haber desfilado en El Lazarillo o en Guzmán de Alfarache, hay que recurrir a la astucia ofensiva del pícaro. Pero son exponentes de la picardía bonaerense generada entre los siglos XX y XXI. De los que sin grandes escrúpulos encararon la utopía del ascenso social. A través de la salvación individual, que depara la riqueza.
“Hacerla”, como sea, es la consigna. Para llegar. 
Aquí emerge Boudou como el prototipo del oportunista que supo distinguir el claro. Aprovechar hábilmente los agujeros por dónde infiltrarse, para crecer. Y “hacerla”.

Consta que desde el inicio El Descuidista aprovechó todo lo que pudo. En ámbitos ya superiores, supo utilizarlo de canal a Sergio Massa, La Rata del Tigre, para consolidarse en Ansés. Se las ingenió también para que Massa, entonces Premier, lo acompañara a presentar cierta idea salvadora a La Doctora. Ya que el pícaro, para escalar, siempre debe resolver los problemas al poderoso. La idea consistió en pegar el manotazo furibundo hacia los fondos previsionales de pensión. Aquí el pícaro se excedió: conquistó no sólo a La Doctora. También lo sedujo a Néstor, El Furia, tan reacio y desconfiado para tratar con “los lindos”. Como Boudou. Que enterneció (con fondos y soluciones) hasta a la señora Hebe de Bonafini. Tocaba la guitarra, cantaba a dúo hasta con Cabandié, andaba en motocicleta con el pelo al viento, mientras una rubia extraordinaria se abrazaba a su cuerpo.
Muestras que el pícaro había escalado. La “había hecho bien”. Y El Ganador fue rápidamente ministro, para algarabía de su Cataliñón, Núñez Carmona.
Juntos, los pícaros hubieran cometido menos desprolijidades si sospechaban que La Doctora iba a escoger a Amado como compañero de fórmula presidencial. 
Si se conformaba con ser candidato a la jefatura del Artificio Autónomo, para perder con Macri e instalarse.

No olvidar cuando La Doctora, que aún tenía el vibrante manejo del suspenso, convocó a los tres aspirantes. Filmus, El Psicobolche, Tomada, El Buenito, y Boudou, Para dictaminar: “Filmus, vas vos”.
Tampoco se debiera olvidar que El Furia lo barajaba a Boudou para postularlo como gobernador de Buenos Aires. En uno de los innumerables esmerilamientos a Scioli.
La cuestión que El Pícaro, muy pronto, se había acostumbrado a las alturas. Acumulaba manejo informativo. Aunque siempre, invariablemente, en algún momento, le saltaba el trucho que aún habita en su interior. Por ejemplo cuando lo visitó la embajadora de Estados Unidos, y le dijo que le fascinaba esquiar en Aspen, surfear en California. Pero la embajadora debía entenderlo. No lo podía decir.
Como hoy tampoco El Descuidista puede decir: “¿Por esta tontería de Ciccone me voy a caer?”. “Con la que aquí se llevaron me van a llevar puesto por esto”.
En el ocaso, en la caída, El Pícaro se convierte en el problema. Porque es del estilo tierno. Melancólico. Casi mimoso. De los que no les gusta irse solo.
Quiere estar acompañado. Extraña mucho.

La tragedia ideológica

Así como el dilema de Boudou remite a la literatura picaresca (que despacha Lijo), el dilema de Kícillof remite al riesgo de la tragedia (que administra Griesa).
Mientras Boudou se atormenta por el procesamiento de Lijo, Kícillof tiene que encarar la animadversión de la sentencia de Griesa.
Aquí, para ser ecuánimes, debe diferenciarse la moralidad de cada sujeto.
Boudou es el pícaro descubierto que bregó por la salvación individual, mientras lo de Kícillof es más grave. Es el crédulo que apostó por un proyecto colectivo, que hoy confronta con la realidad. Y hace estragos en su identidad. El post keynesiano, casado con una crítica literaria, debe hacer un curso acelerado de pragmatismo y batirse interiormente entre su discurso y su acción.
El ideologismo de centro de estudiantes de Kícillof nada tiene en común con la amoralidad atractiva de Boudou.
Lo que tienen en común, sin embargo, es la confianza que La Doctora depositó en ellos, a los que hizo ministros de Economía.
Primero en Boudou, que se convirtió en el gran error de su administración de viuda. Cuando El Descuidista de Mar del Plata sedujo políticamente a la muchacha de Tolosa, al extremo de formar la dupla de la Ruta 2.
Es la misma confianza que La Doctora ahora deposita en Kícillof, intelectualmente seducida por la arquitectura de sus razonamientos.
Hoy Kícillof es el ministro principal, sobre todo después del superlativo desgaste de Milton Capitanich, El Premier.
Si a El Gótico le va más o menos bien con la instrumentación de los inventos que instruye La Doctora, va a ser, según nuestras fuentes, el Elegido para intentar sucederla. Así sea en elecciones posiblemente adelantadas.
Se impone Kícillof en la predilección de La Doctora sobre Sergio Urribarri, El Padre del Marcador, que sobreactúa su lealtad y tiene el defecto de ser peronista.
Y por supuesto Kícillof cuenta con mayor legitimidad que Rossi, El Soldadito de Milani, o Florencio Randazzo, El Loco de la Florería. o Domínguez, El Lindo Julián. Estimulados, todos, por la devoción más irracional de La Doctora, que heredó también de El Furia. Esmerilarlo a Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol.La epopeya de los fracasos 

Paulatinamente Kícillof se eleva como el continuador ideal. Aunque remite a la tragedia.
El Gótico se habituó a la rutinaria tergiversación de presentar los grandes fracasos como epopeyas gloriosas. Imposturas que los opositores envueltos deben comerse, con la salsa de su incapacidad.
La catástrofe más simbólica fue la confiscación de YPF. Aquí Kícillof superó el desgaste irreverente. Pasó del amague de no pagar una moneda a provocar -por instrucción resignada de La Doctora- la glorificación de Brufau. En España deberían construirle hoy a Brufau un monumento en Plaza Cibeles. Por haberle cobrado dinero fresco al moribundo, aunque anticipado por la Banca Morgan, a la cuenta diferida del futuro que deberán saldar alguno de los opositores envueltos.
Hoy Kícillof y Galluchio juntos enlazaron a YPF con Chevron. Con aspectos que no deben saberse, en un acuerdo que va a terminar, según nuestras fuentes, mal. Para algarabía de Carlitos Bulgheroni, El Dragón del Cerro. Ampliaremos.
Otro fracaso de Kícillof, que se celebra con cohetes y cañitas voladoras, es el arreglo con el Club de París. En su rendición incondicional, Argentina se comprometió a pagar hasta el punitorio más inimaginable. Y  algunos créditos que –se sospecha- no contaban con el seguro de crédito a la exportación. Miles de palos de más para que el relato derrumbado conserve alguna migaja de credibilidad para los “muchachos que bancan el proyecto”. Para sacar del acuerdo al Fondo Monetario Internacional que Argentina integra. Y no arriesgarse al examen de un artículo 4 que no le importa, en definitiva, a nadie. Ni siquiera a los viatiqueadores del Fondo que llegan a las capitales con más deseos de aprobar todo que de irse.

Kícillof, la estrella del cristinismo, tonto pero no tanto, es el instrumentador de la estrategia del pedal que castiga Griesa. Y que conduce, para nuestro horror, Carlos Zannini, El Cenador que se mantiene dispuesto siempre a los churrascos. 
A los billetazos limpios, Kícillof debe combatir el default permanente que habitamos. La cesación de pagos. La situación de quebranto a la que se llegó por la combinación de mala praxis, desidia e ineptitud.
Pero con estilo envolvente. Útil, apenas, para envolver opositores. Al que se le agrega la alucinante internacionalización del conflicto que ya se dirimió en el ámbito judicial (Griesa).
A partir del colapso de la irresponsable estrategia del pedal, Kícillof lleva el conflicto a las Naciones Unidas. Como si hablara en una asamblea estudiantil, lanza su prédica casi antimperialista en la ONU. Y ahora se dispone a mangar solidaridad, para colmo, en la OEA, que tiene menos utilidad práctica, incluso, que el Grupo de los 77, aunque se le incorpore China, anotada en el cinismo multilateral..
A partir de hoy, 30 de junio, Argentina ingresa en la moratoria. Con la guillotina sobre su piadosa estructura, mientras suplica por solidaridades intrascendentes, que se agotan en los discursos encendidos que se apagan a medida que se emiten.

La picaresca de Boudou brinda el desbarajuste institucional que termina, a lo sumo, en Zamora, El Neo Juárez. El santiagueño, mucho más pícaro y efectivo que El Descuidista, se prepara para –llegado el caso- encargarse del Ejecutivo. Y llamar, en caso de no poder evitarlo, a las elecciones anticipadas. ¿Ampliaremos?
Los desplazamientos orales de Kicillof, en cambio, mantienen el final incierto. Un riesgo de calesita chocada.
Con el país estancado, congelado. Como una mala imagen de teleteatro vulgar.

Jugar el destino en el despacho de Griesa

La tristeza de endeudarse para pagar las deudas.

Escribe Bernardo Maldonado-Kohen
Nueva York, especial

Salvo que Dan Pollack -flamante intermediario impuesto por el juez Thomas Griesa- nos llegue con la “stay” (cautelar) bajo el brazo, en seis días Argentina ingresa en el descenso -aún evitable- del default.
Significa confirmar que la fecha fronteriza no es el 30 de julio, como se creyó con optimismo. Es el 30 de junio. El lunes próximo.
“La postergación del pago por 30 días sólo activa el seguro privado que tienen los bonos”, confirma la Garganta.

Manual de equivocaciones escogidas

En la antología de las equivocaciones escogidas del cristinismo no podrá faltar la idiotez de publicar las solicitadas. En Wall Street Journal y en New York Times.
El error se explica con un fundamento cronológico: las páginas fueron alquiladas antes de la admirable acrobacia que La Doctora protagonizó el viernes. Fue la arena de tres pistas de Rosario. Cuando se pasó de acusar “extorsión” a suplicar por mejores condiciones para pagar.
El destino inmediato del país se debate, en adelante, en el despacho del juez Griesa, de primera instancia. Es en el último piso, el 16 (que tiene para él solo) del edificio de Pearl al 500.
Desde sus ventanales se participa de la generosa tarjeta postal de Manhattan. Un mero complemento de la sobria escenografía.
El Juez, un decano venerable, ya tiene un “master en argentinos”. Cuentan que se acostumbró a que los funcionarios lo maltraten desde los medios de comunicación.
No puede decirse que la situación lo divierta. Tampoco que las diatribas lo irriten. Son las contingencias de dirimir en un caso que mantiene fuertes tensiones, tan dramáticas como emocionantes.
Consta que Los Buitreros de Paul Singer están pendientes de las declaraciones de nuestros lenguaraces. Las mandan traducir para depositarlas, con perversidad documental, en la mesa de entradas del despacho.
Sin embargo, que le puntualicen las diatribas desde las páginas alquiladas de los medios que leen sus nietos en New York ya comienza, según las fuentes, a alterarlo.
Para colmo, en las solicitadas lo acusaron de tener animosidad contraria hacia los intereses de la Argentina. Insinúan que es juez y parte.
“En inglés básico el gobierno argentino quiere decir que Griesa trabaja para los litigantes”.
Que no cumple con la obligación de la ecuanimidad. A cambio, probablemente, de alguna recompensa pecuniaria.

Es tratar de corrupto a un jurista que sólo tiene para cuidar, a esta altura, el jardín de su prestigio.
Aparte de ser grave, la acusación es idiota, ya que el Estado Argentino, “una de las partes”, necesita de su cooperación. Sobre todo si pretende encontrar otra salida más racional para “la cosa juzgada”.

Repetir el error de Videla

Con el tenor de solicitadas semejantes, La Doctora -acaso sin saberlo- reitera el error primario del general Jorge Rafael Videla.
Aquel Videla autorizó al ministro Martínez de Hoz para contratar a la Agencia Burson-Marsteller (ahora instalada también en Buenos Aires). Fue a los efectos costosos de encargarse de construir la inutilidad de otra imagen del gobierno militar, en vísperas del Mundial ’78.
Curiosamente, durante el Mundial 2014, y desde la democracia, La Doctora sigue el ejemplo de Videla. Autoriza al ministro Kícillof para alquilar las mismas páginas que alquiló Martínez de Hoz. Para reproducir las palabras alquiladas que no persuaden, en definitiva, a nadie. Sirven apenas, según las fuentes, para indisponer aún más al juez decano, que ya se encuentra lo suficientemente harto de los desmanes.
Consta, por ejemplo, que Griesa ni siquiera vaciló en levantar la cautelar. El “stay” que impedía, a Los Buitreros, encarar la carnicería de los embargos.
El “stay” que ahora, en una cartita doliente, el ministro Kícillof solicita restablecer. Pide una “medida suspensiva”. Para pagarle a los reestructurados, sin que los carniceros le embarguen los fondos.
Pero Griesa disponía de competencias para mantener aquel dichoso “stay”, sin que se lo pidieran, durante 25 días más. Así Argentina presentara, ante la Corte, un “re-hearing”. O sea, una reconsideración. Una apelación que la Suprema Corte iba nuevamente, con seguridad, a rechazar. Pero que podía permitirnos ganar (o perder) un poco de tiempo.
Sin embargo “la estrategia del pedal” (cliquear) tratada en un texto anterior, se fue a la lona. Cuesta rescatarla. Imposible levantarla, en realidad, con solicitadas.

Testimonio de una rendición

“Primero, los argentinos no tienen que hablar más de negociación”, aconseja la Garganta de Wall Street. “Ni siquiera en los medios de Buenos Aires”.
Hablar de “negociación” aquí irrita -por lo que trasciende- hasta el paroxismo. No tiene cabida ninguna “negociación” cuando ya no hay nada que “negociar”. Podía haberse “negociado” años atrás.
Ahora sólo debe tratarse la “forma del pago”. Sin ninguna posibilidad de desplazar el “lugar” del pago.
“Lo de pagar en Acoyte y Rivadavia, olvídese, no va”, asegura otra Garganta.

Sin abusar de la lógica mundialista, que se apodera hasta de los Woody Allen de Manhattan por el desempeño de la selección (norte)americana, a los argentinos les conviene -para la Garganta- dejar de hablarse encima.
“Se hacen, con las palabras, muchos goles en contra”.

Lo importante es que, en su magnífica lección de acrobacia, La Doctora ahora decide pagar. Tardíamente. Debió haberlo decidido dos años atrás. Cuando se padeció el fallo adverso de la Cámara.
Pero La Doctora expresa la decisión de pagar como consecuencia de una capitulación. Es la resignación fatal, ante la derrota inapelable.
“Ponerse como una gansa” implica, en su caso, el testimonio de una rendición.
Abandonar las imposturas que la hicieron regularmente temible. Pero sólo por la imprevisibilidad de persistir.
Es el peor complemento para una credibilidad absolutamente desmoronada. Imposible, a esta altura, de reconstruir. Es la muestra cara de la fragilidad.
Cuesta entonces tratar formas de pago con Griesa. O ahora con el flamante lawyer Pollack, en Park Avenue. Desde una posición tan vulnerable.
En todo caso, La Doctora debería atender la sugerencia de Consultora Oximoron (ver “Estamos, Butch, en problemas”). E intentar una Moncloa rápida. Una Moncloa express. Una Moncloa reducida y veloz para impulsarle cierta consistencia a su sorprendente resignación racional. A la decisión de pagar que debiera acordarse con los eventuales sucesores. Sea Macri, Massa, Binner, Cobos, Sanz, o el desmarcado Scioli.
Los que tienen que hacerse cargo de las extraordinarias facturas que La Doctora les va a legar.

Fracaso colectivo

Debe asumirse la tristeza de endeudarse para pagar la deuda. Vicios del círculo.
El énfasis del modelo -como la moral- está también por el piso. El relato del modelo sostiene un desenlace lúgubre. Final abierto.
Las críticas, ahora, son tan innecesarias como los lamentos.
El ridículo es demasiado obvio. Como son obvias las contradicciones. Los comparativos del declaracionismo.

Debe asumirse también que Argentina se transformó en el hazmerreir del continente (la gozan, en secreto, los vecinos cordiales que amagan con solidarizarse).
Es el ejemplo del estado fallido, por culpa de la imaginativa irresponsabilidad de una dirigencia alucinada.
Colmada, eso sí, de pedantes a veces simpáticos. De inteligentes que suelen destacarse por la superioridad individual que dramatiza, en el fondo, el grandioso fracaso colectivo.

Final con Buscapinas

Hoy analizar el comportamiento de La Doctora implica regodearse.
Enumerar las imposturas representa ya una manera del encarnizamiento.
Correspondería sacar el tema de las primeras planas. Dejar la cuestión de los holdouts para los especialistas. Los que presuntamente conocen de las sutilezas de las pari pasu, o los pormenores de la clausula Rufo.
Pero es imposible desalojar el tema del primer plano. Porque “el infierno tan temido” -que tan bien describía Juan Carlos Onetti- se encuentra muy cercano.
Habrá que resignarse, como La Doctora. Endeudarse para pagar la deuda. Y celebrar también la aparición providencial de los buitres dobles. Los buitres al cuadrado.
Son los Buscapinas. Los financistas internacionales que se aproximan para encargarse del negocio despojado de la capitulación.

 

Estamos, Butch, en problemas

Ineptitud, Mala praxis. Falta de credibilidad. Sin fiado.

Moncloa, cancelación de PASO y adelantamiento electoral

sobre Informe de Consultora Oximoron

Redacción final Carolina Mantegari, especial para JorgeAsísDigital

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Introducción

Credibilidad agotada

“Para negociar, la Presidente argentina hoy es un impedimento” confirma la Garganta, telefónicamente, desde New York. “Y con su ministro de Economía es peor”.

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