Relanzamiento de la insustancialidad

Más preocupados por la marcha de la imagen que por la marcha del gobierno

Escribe Oberdán Rocamora - Redactor Estrella, especial para JorgeAsísDigital

El Tercer Gobierno Radical, que preside Mauricio Macri, El Panameño, contiene radicales desconformes que no se sienten lo suficientemente representados.

“Lo que los radicales quieren son cargos, Rocamora, o contratitos”, confirma la Garganta.

“Si te piden una reunión es para traerte diez curriculums”, confirma otra.

A punto de partir, cierto embajador Artículo Quinto reduce:

“Se quejan, pero aportaron apenas el 3 por ciento”.

Sólo Ernesto Sanz, El Cardenal Samore, es -según nuestras fuentes- el radical que concentra el más alto nivel de atención. (Se lo apoda El Cardenal por la mediación entre el harto Mauricio y la problemática señora Carrió, La Demoledora. A ella le cuesta hacer de Cambiemos otro UNEN).

Es Sanz, indudablemente, la figura de reserva para el relanzamiento real. El que se impone para después del primer porrazo crítico que se avecina. El Cardenal participa de la segunda mesa chica en importancia del gobierno.

Conste que la primera mesa del poder es la inconmovible mesa ratona, que se reserva para el final de la crónica.

La segunda mesa chica

Los componentes de la segunda mesa chica suelen juntarse por las mañanas en Casa de Gobierno. Logran que Mauricio soporte la reunión política durante una hora. A veces de hora y media, o hasta dos. Siempre con la proximidad de Marcos Peña, El Pibe de Oro, a quien sigilosamente responsabilizan, en el macricaputismo, por la catastrófica política de comunicación.

Sin embargo Marquitos le brinda a Mauricio una fuerte protección intelectual. Lo consolida, lo cuida y lo traduce.

Aparte de Macri y Peña, participan los dos únicos profesionales exclusivos. Rogelio Frigerio, El Tapirito, y Emilio Monzó, El Diseñador. Casualmente ellos no tienen identidad Pro.

Son los profesionales confiables que mejor saben “manejar el ego” presidencial. Artesanos que conscientemente deciden no mostrarse nunca más inteligentes de lo que corresponde. Ni deben darse importancia a sí mismos. Porque el único ego que puede imperar en el macricaputismo, e imponerse, es el ego de Mauricio. Bastante elaborado, competitivo, fastidioso El Niño Cincuentón cuando emergen otros egos.

Los dos profesionales de referencia se llevan, para colmo, demasiado bien entre sí (tampoco deben demostrar que se entienden tanto).

El quinteto clave se completa con Sanz. Por representatividad y criterio. Sin cargosear con los mangazos y curriculums que proceden, en general, de la línea partidaria “Todo por dos Pesos”.

El quinteto (Macri, Peña, Frigerio, Monzó y Sanz) es últimamente complementado, según nuestras fuentes, por la dupla Lopetegui y Quintana. Ceos con rango de ministros que se reportan a Marquitos. Pero adquieren paulatinamente mayor gravitación.

Ocasionalmente algún día, en la segunda mesa del poder, puede participar Alfonso Prat Gay, El Amalito.

Es Alfonso quien debe esforzarse más, según nuestras fuentes, para controlar el ego. Pero El Amalito es de los pocos funcionarios que tiene algo tangible para mostrar. El mito clausurado del cepo, por ejemplo, y el farragoso final del cadalso de los holdouts, con su triunfo triste que remite a la colectiva resignación.

Pero Prat Gay debe contenerse para no fastidiar solamente el ego de Mauricio. Debe también esforzarse para no lacerar la sensibilidad comparativa de Marquitos, que cuida celosamente los últimos diez metros del acceso al Presidente. Al que aspira a continuar, pese a las reticencias del otro protagonista de la mesa ratona. La principal.

Porrazos

Abundan, además, infinidad de mesas menores. Las coordina el hiperactivo Pibe de Oro, que se encuentra blindado por las encuestas plácidas que suele acercarle el pensador Jaime Durán Barba, El Equeco. Con los números magistralmente alentadores. “Vamos bien, tranquilos”.

Después del ventarrón favorable de la visita de Obama, El Pato más Rengo, en esta versión de la historia se llega hasta el final del año con la imagen alta. Lo que más cuenta en la “era del vacío”.

Datos indispensables para estos buenos muchachos, más preocupados por la marcha de la imagen que por la marcha del gobierno. Por la toma de decisiones que siempre pueden postergarse. Como los montones de nombramientos que reposan en el despacho del doctor Clusellas, A Fuego Lento, el secretario legal y técnico.

Entre Clusellas y su antecesor Zannini, El Cenador vencido, se percibe tanta diferencia como entre Morenito y Braun, el secretario de comercio.

Con la providencia de la mejor cosecha. Con la inflación prometida para diciembre, clavada en un punto. Con el tsunami de las inversiones que van a llegar para el 2017 de gloria.

Semejante horizonte facilista signa la manera del gobierno. De ningún modo les asoma la posibilidad de chocar, de frente, con el “rostro oculto” de la realidad. Con el porrazo tonificador, que asoma, a pesar de las buenas voluntades y deseos, para los próximos tres meses de una gestión a la intemperie. Sobre todo en materia de seguridad, agravada por el agujero de la ausencia social.

Mezcla deplorable de inflación, recesión y tarifazos. Situación de riesgo asegurado que no se atenúa siquiera con un Lázaro semanal arrojado a la hoguera. Ni con tres Jaimes diarios lanzados al patíbulo. Ni con el dramatismo de las primeras planas de los procesados, con su festival de indagatorias que consigna la aquí anunciada peste de transparencia (selectiva).

Cuando estos buenos muchachos, tan ideales y queribles, educados y enternecedores, se pongan el país repentinamente de sombrero. Y deba tratarse, en adelante, el verdadero relanzamiento.

En un plano general, la última noticia auspiciosa, que complementa este cuadro, es la reorganización elemental del peronismo. A partir de la sensatez, más que desde la sabiduría. Sin omitir, ni darle aire, a los sobrevivientes del kirchnerismo libanizado, el fenómeno diezmado que legitima al Tercer Gobierno Radical.

El TGR pudo explotar, con solvencia, hasta aquí, el espectáculo febril del derrumbe kirchnerista, con sus fragmentos incendiados.

A través del efecto desastrosamente comparativo, que al TGR le permite la simulación, incluso, de las propias fragilidades. La portación de su insustancialidad esperanzadora.

“Peor era antes”.

Mesa ratona

Aunque se enojen, Mauricio y Nicky Caputo, El Co, aún ocupan la mesa ratona del poder.

Dos amigos que co-gobernaron durante ocho años en el Artificio Autónomo de la Capital (el maxi-quiosco donde hoy despacha, emancipado, Horacio Rodríguez Larreta, El Geniol.

Ahora Mauricio gobierna solo, casi sin verse con Nicky. Dialogan a través del continuo chat privado que les brinda la telefonía celular. Hasta el cierre del despacho suponen que nadie puede interferirles las jocosas interacciones.

Aparte, con frecuencia, los protagonistas de la mesa ratona suelen ingeniarse para hacerles creer a todos que están distanciados. Consta que Caputo demora a veces los regresos de Miami. Y que no tiene el menor interés de desprenderse de sus empresas, como reclama La Demoledora, por televisión.

Carrió ya es el problema estratégico de Macri.

Menos aún Caputo va a desprenderse, según nuestras fuentes, de la constructora que fundó don Octavio, 85 años atrás. Sólo se desembaraza del maxi-quiosco SES.

Para verse, a los amigos-socios siempre les queda el recurso bello de Cumelén. En la fascinante Villa La Angostura, Neuquén. Un ámbito más aconsejable que la disparatada estadía en el Lago Escondido del Gringo Lewis, en Río Negro. Sin darse cuenta, para colmo, que los rionegrinos lo tomaron como un desaire. La única noche que el Presidente duerme en la provincia es en la estancia del Gringo que ni les deja contemplar, siquiera, el Lago Escondido. Propiedad privada.

Oberdán Rocamora

para JorgeAsisDigital.com

Peronismo invertebrado

El Tercer Gobierno Radical, que preside Mauricio Macri, tiene la suerte de contar con la oposición relativa del peronismo invertebrado.

Como la “España Invertebrada”, que en su época describió Ortega y Gasset.

Un peronismo sin forma, que hasta carece de la potencia sindical que debió tolerar Raúl Alfonsín, presidente del Primer Gobierno Radical, el que venció al peronismo, en el segundo lustro de los ochenta.

Aquel Alfonsín padecía los llantos multiplicados de Saúl Ubaldini, el carismático cervecero que monologaba en el final de las movilizaciones organizadas por Lorenzo Miguel.

Aparte, Alfonsín debía padecer con el betún de los expresionistas carapintadas, que lo estamparon en la Semana Santa. Juntos, peronistas y carapintadas lo iban a debilitar, mientras la economía se pulverizaba. Y después de la derrota de 1987, en la inviable Buenos Aires, el alfonsinismo culminó con el ritmo lento de la despedida. Continuar leyendo

Como el menemismo antes de Cavallo

Macri no tiene los amigos que tenía Carlos Pellegrini

Especial para JorgeAsísDigital

El Tercer Gobierno Radical, que preside Mauricio Macri, hoy se encuentra como el menemismo antes de la llegada de Domingo Cavallo al ministerio de Economía. Avanza a los tanteos graduales. O se estanca. Amaga con los ajustes mientras ajusta. Se contradice. “Es un caballo de boca fácil, sintetiza la Garganta. “Se lo tironea un poquito y ya afloja”.

Como en aquel lapso inicial del minué menemista. Danzado por el infortunado Roig, por Rapanelli o Herman González. Cuando la Argentina en banda tenía muchos activos para liquidar.

“Se necesita una firme conducción política, que falta”, confirma otra Garganta. “Una mano  transformadora para implementar el plan económico. Y un guapo para pelear por los precios”. Como si se invocara la necesidad de que Macri se coloque la máscara molesta de Carlos Menem.

Que Alfonso Prat Gay se olvide de los agradables paseos por la playa con la atractiva señora Donda y con el calvo Tumini, y se atreva, con el permiso resignado de Macri, a cumplir el rol de otro Cavallo.

Y que consigan, de alguna parte, un epígono presentable de Guillermo Moreno. Un guapo racional, en condiciones de enfrentar a los comerciantes que se lanzan al orgiástico festival de las remarcaciones.

La realidad de la ficción

“Macri me cae bien, te juro, pero la guita cada vez me alcanza menos”.

La Garganta complementa: “Detestaba escucharla por cadena nacional, pero con Cristina comía afuera una vez por semana. Iba al cine, compraba ropa, podía cambiar el auto”.

Ficción, pero “la década ganada” le duró doce años.

¿Acaso a la Garganta no le correspondía socialmente comer tanto afuera o veranear? “Si fue ficción que viva entonces la ficción. Me c… en la realidad. Metete la realidad en el…”.

Es como la ficción del dólar con Menem, aquel uno a uno con el peso. “En los noventa pude irme a Miami, comer atún español, y hasta ahorré en verdes”.

¿Para qué arrastrar al pueblo hacia la realidad? Como sostiene el artista Daniel Santoro “el peronismo te brinda siempre satisfacciones rápidas”.

Bala de plata

Es comprensible que, en su rostro, el presidente del Tercer Gobierno Radical muestre señales prematuras de amarga preocupación. De seguir así, en un par de años, nuestro jovial Freddie Mercury se parecerá más al rígido Mariscal Pétain.

Según la evaluación, en lo que resta de 2016, difícilmente podrá darse alguna buena noticia. Y probablemente hasta resulten perjudiciales las fotografías familiares que aluden a la felicidad (atención Marquitos con la política de comunicación).

Se necesita la emergencia de un Caso Stiuso semanal para atenuar el impacto de los aumentos.

Tanto entre la dirigencia, como entre los dirigidos, hoy nadie puede bancar el axioma “sangre, sudor y lágrimas”. Aquí nadie quiere poner ni una gota de sangre. Hay que sudar lo menos posible y llorar es un acto inútil.

No hay lugar, siquiera, para remitirse a la “economía de guerra”. La que se atrevió a pregonar Raúl Alfonsín. Cuando el país aún estaba entero, durante el primer gobierno radical (de la versión democrática iniciada en 1983).

A lo sumo queda alguna iniciativa para descargar las culpas en el gobierno anterior. Una catarsis gratuita. Para respirar un par de meses con el efecto desastrosamente comparativo. Pero es una onda que lamentablemente se gasta.

Es una bala de plata que ya se disparó en el discurso del 1° de marzo, tal como lo reclamaban La Nación y Clarín. Son los que mandan a Macri al frente, junto a la extraordinaria conjunción de Buscapinas. (Es de esperar que no vayan a dejarlo a Macri, en la primera de cambio, solo).

La utopía de la normalidad

Sin embargo hoy ya puede proclamarse con relativo orgullo: “Pagaremos a los Buitres, los humillaremos a billetazos”.

Como humillamos oportunamente, con Axel Kicillof, a los billetazos, a los burócratas del Club de París. O como los tapamos con billetes a los españoles de Repsol. O como heroicamente supo humillar Kirchner, con la valentía de los billetazos, al Fondo Monetario Internacional, que pretendía auditarnos.

Aquí nada, en lo inmediato, va a cambiar. Sólo la vida se pondrá más grave. Y habrá que reducirse, porque la financiación para el resurgimiento no aparece.

Habrá que endeudarse para pagar las deudas. Para lograr que vuelvan a prestarnos y continuar con la cadena interminable de equivocaciones. Y sin ninguna idea. Ni siquiera mala.

Abundan las palmaditas y los reconocimientos hacia Macri, pero ningún argentino va a arriesgar la conservación de su canuto. Mejor activar el mecanismo de la espera.

Aunque llegue un presidente del exterior por semana. De los que admiten la ilusión de creer -como en los 90- que el mundo vuelve a tenernos en cuenta.

Deben valorarse los logros ya mostrados del Tercer Gobierno Radical. Sus medidas sustanciales. La salida del cepo (que al final resultó que era una soguita). Y el arreglo en camino con los holdouts. Con los Buitres que perfectamente pudo haberse arreglado antes.

La utopía de la normalidad está cada vez más cerca.

“Estamos de acuerdo en que había que levantar el cepo y arreglar con los Buitres”, dijo un gobernador peronista, Insfrán, en la reunión del Consejo Federal de Inversiones. “No entiendo entonces por qué no lo hicimos nosotros. Tal vez porque alguien no quería que ganara el peronismo”.

La montaña de inversiones que se alucinaba no existe. Meros arrebatos orales de la inocencia.

Con suerte, con pulso firme, entre la recesión instalada, puede aguardarse alguna alegría auspiciosa para el segundo trimestre de 2017. Año -para colmo- electoral. Cuando Massa, máximo dador involuntario de gobernabilidad, los va a contemplar con menor simpatía.

Canutos

“Aquí no aparecen los amigos de Carlos Pellegrini”.

La Garganta alude al episodio de 1890. Con Juárez Celman como presidente renunciado. El país se encontraba al borde de lo que hoy se llama “default”. Y el vicepresidente Carlos Pellegrini no estaba dispuesto a administrar el país quebrado. Para asumir, recurrió al patriotismo de los amigos. Otros tiempos. Los amigos pusieron.

Por más que Macri se exceda en sus concesiones, en las retenciones, aquí ni los petroleros, ni los cosechadores, ni los comerciantes o los financistas van a poner ninguna moneda.

Menos en nombre del manoseado patriotismo. Valores de antes, superados.

Ninguno de los cientos de miles de holgados que se salvaron va a recurrir al canuto individual para aliviar el peso de la desgracia colectiva.

Aunque si Macri, como se dice, gobernara de verdad para los ricos, y mantuviera algún liderazgo real, no debería costarle mucho conseguir, sin ir más lejos, cien mil argentinos, en condiciones de anticiparle mil miserables dólares cada uno. Como adelanto del pago de próximos impuestos.

Y si Macri sigue el ejemplo de Carlos Pellegrini y logra juntar las cabezas de 10 mil holgados de verdad, en condiciones de adelantar 5 mil dólares cada uno, podría armarse otra vaquita, en efectivo. Hagan cuentas.

Con los amigos de Macri podría reiterarse aquella hazaña moral de los amigos de Pellegrini. Apenas faltaría, en todo caso, algo que según nuestras fuentes no existe. Un plan económico elemental.

Pre-cavallismo

El Tercer Gobierno Radical de Macri necesita amigos como los de Carlos Pellegrini para que no se le consuman aceleradamente los leños de las adhesiones. Y evitar que el fuego derive, en todo caso, en la crisis social que algunos creen percibir en el horizonte. Pesadilla que de ningún modo puede atenuarse con los agravios inútiles a la memoria del cristinismo.

Al cierre del despacho, se desconoce si Alfonso Prat Gay tiene las condiciones para ser como aquel Cavallo que hoy falta en la Argentina. O si se conforma con el objetivo plácido de ser el próximo canciller. Para fastidio de Marquitos.

Por ahora, Prat Gay cuida sus pasos. Hace buena letra, simula el elitismo pasional que lo retrasa. Evita los celos potenciales de Marquitos y contiene la proyección que irritaría al propio Macri, quien no suele compartir cartel.

Ya alejado de la señora Donda y del calvo Tumini, hoy Prat Gay participa de las reuniones de rutina con lo más nutritivo del equipo político, que paradójicamente no muestra grandes signos de fortaleza. Más bien, de bienintencionada liviandad.

Con Rogelio Frigerio, cada vez más parecido al abuelo homónimo. Con Emilio Monzó, el único que al menos sabe armar un mecano. Con Marquitos y hasta con el Mariscal Pétain, que siente la ausencia cotidiana del emancipado Horacio Rodríguez Larreta, hoy un ostensible cuentapropista.

Todos con deseos de hacer lo mejor posible su trabajo. Sumidos en el juego extrañamente gradualista del pre-cavallismo. Pero sin sombras, siquiera, de un Cavallo.

Mientras tanto, los voluntariosos que vivían exactamente hartos del énfasis de La Doctora, y se entregaron a la blancura gestual de Macri, sienten que el dinero se les desvanece. Persisten entre reducciones y temen al encender la luz. Para colmo no aparecen los buenos amigos de Pellegrini. Ni nadie los busca. Aunque se perfile, invariablemente, el crecimiento del malhumor. El temor a una crisis que desborde a la señora Stanley. Ya que no hay manera de crear un solo empleo. Ni de evitar que cotidianamente cesen los puestos de trabajo, o que tristemente desaparezcan. Cuando ya ningún ministro puede competir, en eficiencia y mérito, para demostrar quién echa más cientos de ñoquis. Por las maldiciones de la caprichosa realidad que suele despojarnos de los placeres de la ficción.

Tercer Gobierno radical

Lógicas consecuencias de la política swinger descrita oportunamente. El vigente tercer Gobierno radical surge del club swinger de “la cambiadita”. Cuando se habilitan los cambios de parejas y brotan amontonamientos inesperados. Periplo que se extiende desde la recuperación de la democracia (de la derrota), en 1983, hasta hoy.

El primero que venció al peronismo fue Raúl Alfonsín. El segundo fue Fernando de la Rúa. El tercero es Mauricio Macri. Preside la flamante experiencia radical desde la insustancialidad filosófica de PRO. Lo llamativo, y acaso lo que resulta admirable, es que Mauricio preside el histórico tercer Gobierno radical acompañado por los radicales desconformes. Los radicales que creen que la humanidad siempre se encuentra en deuda con ellos. Reclaman más “puestos de combate”. Los radicales que se aferran acertadamente a Macri desde la Convención de Gualeguaychú. A los efectos de situarse cerca del electorado que tradicionalmente supo pertenecerles. Y que Macri, sin anestesia, les supo despojar.

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El kirchnerismo de Macri

Cómo ganar amigos (I): La Argentina imprevisible se vuelve previsible en el marco de la imprevisibilidad integral

En el contexto del acompañamiento prometido durante los iniciales 120 días, se constata que Argentina consolida la natural vocación por ser uno de los países más imprevisibles del universo. Por la insólita facilidad para el cambio de reglas del juego. Por la capacidad para resignificar el discurso dominante.

La Argentina es tan imprevisible que se vuelve, en cualquier momento, sensata y previsible. Como amenaza serlo, en adelante, con Mauricio Macri (pero siempre dentro de la imprevisibilidad natural que la caracteriza).

Históricamente, sea a través de la democracia o del facto, aquí se naufraga entre las oscilaciones antagónicas. Se registran los saltos posicionales. De una impostura hacia otra. Con la sucesión de principios que inspiraban a Bernard Shaw y Groucho Marx. “Si no les gustan estos principios, tengo otros”. Continuar leyendo

Evitar otro fracaso de la virtud

Macri, el bronce, y las ilusiones de la Argentina blanca

escribe Carolina Mantegari

Macri -o El Mauri- va razonablemente por el bronce.
Confirma que quiere “gobernar para todos”. En especial “para los que menos tienen”. Se impone creerle.
Sin embargo, entre los fastos puntuales del traspaso, pudo percibirse que el corte es transversal.
Es social, es económico, pero sobre todo es cultural (entonces el director le encarga el artículo de sociología cotidiana a esta cronista).

Gente linda, contenta y blanca

Toda gente linda. “Gente como uno”. Tanto adentro como afuera.
Movilizada por sus propios medios. Sin necesidad de alquilar micros. Sin distribución de choripanes.
Gente en general bien vestida, contenta y blanca.
Sin presencias de pobres. De desposeídos. Sin un morochito -siquiera- para disimular. Revisar material gráfico y filmografías.

Los cristinistas se enojaron cuando se les dijo, desde aquí, que un gobierno no podía sostenerse con el apoyo exclusivo de los que sacan.
Y enfrentado, para colmo, a los que ponen. Los sutiles ciudadanos silenciosos que pagan impuestos, terapias, consumen pasajes, prepagas, y mueven la economía. Aunque no inviertan. Por desconfianza.
Son los entusiastas que protagonizaron las ceremonias colectivas de los cacerolazos. En España, con mucha menos concentración de multitudes, sus promotores crearon Podemos. Hoy disputan el poder. Aquí, en cambio, sus promotores, los ingeniosos programadores de la improvisación, consiguieron, a lo sumo, empleos como prenseros. Y fatigan las redes sociales.
Hoy todo cambió. El mecanismo es a la inversa. Gobierna la algarabía de los que ponen, y a lo mejor por la confianza en Mauri pueden invertir alguna parte, aunque sea ínfima, del “canuto”. A pesar que El Mauri, en su tránsito hacia el bronce, mantiene intenciones de favorecer a los que sacan. Cambiarles la vida para que no necesiten sacar más.
Ripioso camino el del bronce. Con precipicios a los costados.

Lo importante es que la Argentina blanca disfruta de su fiesta postergada. De su “esperanza”. Del contagioso optimismo que se transmite, en circuito cerrado. Del reencuentro con las ilusiones que se suponían irrecuperablemente extraviadas.
Por la certeza de disponer de un gobierno que la representa. Y que se propone trascender (es la idea fija del bronce).
Con la incorporación del desplazado a la alegría colectiva. Para que aparezca, al menos de refilón, en la foto actual.

El fracaso de la virtud

Eufóricos transgresores blancos se fotografiaron burlonamente con “las patas en la fuente” de una plaza. No fue en la Plaza de Mayo. Como en la evocación del poema de Alfredo Carlino. O de Leónidas Lamborghini.
Pero el efecto buscado se logra: consiste en burlarse del peronismo -por fin- vencido.

Abundan los leñadores de árboles caídos. Como otros transgresores que prefieren discutir si La Doctora se vuelve a Santa Cruz en clase turística, o en exclusiva. O si el pasaje entero estuvo reservado para la militancia, para evitar sorpresas, abucheos. Como el abucheo que se divulga con más entusiasmo. Es un video de 30 segundos, donde se puede ver a osados vecinos de Recoleta, honorablemente irritados, bien curtidos con experiencias en aquellos cacerolazos.
Le gritan a coro “¡Chorra, chorra!”.
Conste que fueron años de rencor sigilosamente acumulado.
La presencia de La Doctora, en aquel rincón elegante de Juncal, ya no es bienvenida. Como cuando la aceptaban.
Entonces La Doctora criticaba a Menem en los canales de cable. Y las señoras que viajaban a Miami sin visa se encontraban oportunamente hartas de la cultura menemista. Ya “no garpaba”. Coincidían esos sentimientos con las posiciones de La Doctora. Por lo tanto era una peronista perdonable, presentable, hasta simpática. Como Bárbaro lo es hoy. Un peronista perdonablemente pintoresco que entretiene.

Los venerables vecinos, inoculados por la pasión del neogorilismo, liberan el resentimiento contenido. Pero desconocen, en simultáneo, la importancia energética que transfieren. La representación del Mal.
Y aquí se equivocan los vecinos enfurecidos porque el Mal, a la larga, atrae. Sobre todo porque lo que siempre fracasó, en la Argentina, es la virtud.
No sin razón, en la más ajustada de sus versiones, el peronismo es catalogado como el “fenómeno maldito del país burgués”. John William Cooke. Alguien para colmo muy leído, en los 70, por Jaime Durán Barba.

Cierto intelectual, un desaprensivo “ideólogo de la barbarie”, después del nuevo fracaso de los virtuosos, dijo:
“¿Qué m… pasa en este país para que nosotros, que somos lo peor que hay -repito, lo peor que hay- tengamos la obligación moral de resolver todos los problemas de esta sociedad?”.
El gran drama en la Argentina no lo produce la presencia del Mal. Sí suele producirlo el fracaso de la Virtud. El verdadero desafío de Macri y sus gerentes consiste en evitar otro fracaso de la virtud.

Aceleraciones, excitaciones

Los kirchneristas también se enojan cuando se les dice, desde aquí, que instalaron una Revolución Imaginaria. Que pese a la recitación de los adelantos sociales, la marginalidad es más grave que en el 2001 (cliquear).
Para colmo la marginalidad también está acelerada. Excitada por la fantasía de la inclusión. Por la creencia que el gobierno (popular) les pertenecía.
Una marginalidad franeleada por la fábula de la inclusión. Mientras, en la práctica, se los excluye. O a lo sumo sólo se los contiene.
Por lo tanto los pobres, los morenitos, los desposeídos, nada tienen que celebrar entre los fastos del cambio.
Los excitados de hoy son también aquellos caceroleros virtuosos. Los que creen disponer del gobierno que les pertenece.
Curiosamente es más fuerte el deseo de denostar aquello que se va que exponer la bienaventuranza de lo que posiblemente viene.
Sostenido, sobre todo, por el hartazgo que produjo el que se va.

Evitar otro fracaso de la virtudLa intolerancia minoritaria de los caceroleros sensibles -los precipitados de decepción fácil- amaga con convertirse en un obstáculo para la cercana estrategia del nuevo presidente. El Mauri que llega para conquistar el bronce. Para hacerle una muesca a la historia. Y gobernar para todos. En especial -nunca olvidarlo- para los que menos tienen.
Los que hoy desaparecen transitoriamente de la pantalla del festejo. Son muchísimos, y sin embargo esperan.

Guerra cultural de inteligencia

Escribe Osiris Alonso D’Amomio, especial para Jorge Asís Digital

 

Por sobrevolar su espacio con un rotundo misilazo, Turquía derriba un avión de Rusia. En el mismo martes en que Francia, en su más alto nivel, trata de convencer a Estados Unidos —aliado de Arabia Saudita— de que la manera más eficaz de aniquilar el Estado Islámico (Daesh) es a través de la asociación con Rusia, la principal aliada en la región de Irán (máximo enemigo de Arabia Saudita). Y sostén, junto con Rusia, de lo que queda del régimen de Siria, que aún preside Bashar al Assad, el oftalmólogo.

Los países citados en el párrafo anterior registran, en su totalidad, una coincidencia de fondo: quieren terminar con la aventura del Califato demencial. Un desafío para el conocimiento. Resume la melancolía del falso regreso hacia el siglo XIII, pero a través de los instrumentos más sofisticados del siglo XXI. Combinan el Medioevo con el marketing.
El avión ruso patrullaba la región en conflicto. Bombardeos de posiciones rebeldes que luchan contra Daesh. Pero también, sobre todo, contra Bashar. El oftalmólogo se obstina en la resistencia, en plena destrucción de su país artificial. Pero no quiere terminar como Ben Ali, ni Hosni Mubarak. Menos como Muammar Gaddafi. O Sadam Hussein. Continuar leyendo

El cambio módico

MAURICIO, SERGIO Y DANIEL (Capítulo final): Mauricio Macri, el Ganador.

escribe Carolina Mantegari

Con una ventaja que deja lugar al “margen de error” culmina la dilatada miniserie. Arrastra el año enteramente perdido.
El final reservó la cuota de suspenso. El tono inesperado del impacto.
Se asiste al gran éxito electoral de Mauricio, El Ángel Exterminador, sobre Daniel, el Líder de la Línea Aire y Sol. Bastante ajustado. Por menos de 3 puntos.
La sociedad admite la idea del cambio. Pero del cambio módico. Acordado.

Como en 2003, otra vez, el segundo pasa a ser el primero. La diferencia es que esta vez, el que fue primero, Daniel, distó de borrarse. Encaró hacia el sacrificio de la segunda vuelta. Como aquel general Quiroga del poema de Borges. “En coche al muere”, cliquear. Con las botas prestadas, que a Daniel le calzaban, en el fondo, mal.
Al ganar Mauricio, la interpretación selectiva indica que es el triunfo de la democracia y del “cambio” (aunque sea módico). Si Daniel se acercaba un poco más y ganaba, iba a ser la constatación del fraude. Menos mal que ganó Mauricio.

En la primera vuelta de la extenuante historia, Daniel y Mauricio, juntos, lo sacaron de la carrera a Sergio, El Renovador de la Permanencia.
Pero Sergio permaneció cerca de la Banelco de Mauricio. A tiro de tarjeta. Con la venta del producto más indispensable: la gobernabilidad.
De todos modos Sergio se resiste a abandonar el primer plano. La vida por los medios. Si modera su ansiedad protagónica, se le abre un panorama venturoso.

Ya en la primera vuelta, Mauricio, que iba de punto, lo sorprendió a Daniel, el favorito, con la sustancial victoria en La Provincia Inviable. Sobran las razones, útiles para constar en actas.
Brota, en adelante, la protagonista estelar para la próxima miniserie.
Es María Eugenia Vidal, La Chica de Girondo.
Si en la primera vuelta Mauricio dejó de ser punto por Buenos Aires, casi puede asegurarse que Mauricio es banca en la segunda vuelta gracias a Córdoba.
Por el viento de cola de la algarabía, el ascenso de Mauricio era irresistible. Mientras tanto Daniel, que venía en caída libre, con botas prestadas, asiste al derrumbe del sueño presidencial. Primero por Buenos Aires y ahora por Córdoba, la provincia que deparó, gracias a La Doctora, el tal vez máximo error. Consistió en ponerle a Daniel la fiscalización permanente de Zannini, El Cenador, que fue más un plomo que “tobillera electrónica”.

Téngase en cuenta que Daniel comparte el cartel francés de la derrota con La Doctora. Para la ceremonia del adiós de la miniserie.
Ambos -La Doctora y Daniel- en adelante tendrán dificultades para encarar alguna otra superproducción.
En el peronismo suele abundar la crueldad con los derrotados. La Doctora -es cierto- no fue candidata. Pero fue peor. Diseñó la estrategia. Eligió mal.

Etnocentrismo para todos

Significa confirmar que Mauricio se queda al frente de una estructura de poder que no contuvo ningún antecesor.
Con el Artificio Autónomo de la Capital en el bolso, a través de Horacio Rodríguez Larreta, El Geniol, el inadvertido que crece y sigilosamente ambiciona.
Con La Provincia Inviable en el mismo bolso, que le va a cuidar María Eugenia. Y con la caja abarcadora de la presidencia. Para él. Todo dentro del mismo bolso.
Cuesta creer que Mauricio, Jefe de Gobierno del Artificio, con María Eugenia, la Vice-jefa, y con Horacio, Jefe de Gabinete, se queden con la totalidad del poder.

Se impuso un modelo de etnocentrismo perfecto. Arrasaron con los prejuicios, hasta transformarlos en meras supersticiones. Superados lugares comunes de la política.
Etnocentrismo para todos. Los tres pertenecen a un solo distrito. Porteñitos blancos del Artificio Autónomo.
Aparte, otra hazaña. El macricaputismo utilizó para ganar la capital, en 2007, y la Nación, en 2015, la misma fórmula centrista. Mauricio con la señora Gabriela Michetti, La Novicia Rebelde. Repiten, como si se tratara de un recetario eficaz.
Y como si se tratara de otra broma de la geografía, Mauricio decide trasladar el etnocentrismo imbatible de los porteños hacia Jujuy. Para clausurar la epopeya entre el regionalismo folklórico de la Quebrada de Humahuaca. A los efectos de sostener, ante el marco más impresionante, las consagratorias vaguedades que Mauricio supo emitir en cualquier emisión televisiva.
Que “se puede cambiar”. Se puede. A través de la “nueva política” que va a instrumentar junto a los radicales eternos, románticos que vuelven a comer caliente. Radicales que vuelven. Acción y aventura para la Argentina.

Lo que acaba de conquistar Macri, a través de su partidito urbano, nunca lo logró Menem (que debió lidiar con Cafiero y con Duhalde en Buenos Aires). Ni Kirchner. Ni mucho menos La Doctora (que debió lidiar con el propio Macri, y hasta con Scioli, no precisamente su socio ideal).
Un desayuno de los tres dirigentes de PRO, de los tres camaradas macricaputistas, Mauricio, María Eugenia y Horacio, puede tratar la superación de los vínculos conflictivos de la Policía Bonaerense con la Policía Federal. Y entregar la Federal, a la ciudad, después de tantos reclamos, como si fuera una tostada.
Tanto poder sirve, ante todo, para resolver. Merece el voto de confianza. Para perforar el último mito. O superstición.
Indica que todo, en Argentina, termina mal.

Período de gracia

Parroquiales.
Para ponerle el punto final a la miniserie que parecía interminable, con la mejor fe se le desea, a Mauricio, éxito. En su flamante responsabilidad de Presidente.
El mismo éxito que tuvo en Boca. Y en el Artificio Autónomo.
Por si no bastara, por unanimidad, junto a Consultora Oximoron, el Portal decide concederle, al nuevo gobierno, un correspondiente período de gracia. 120 días. Cuatro meses. Con la yapa respectiva de la transición. La cuerda floja hasta el 10 de diciembre. Cuando rige el lenguaje de los nombramientos. Para el apasionamiento de los vibrantes Buscapinas de Medialuna Enarbolada.
Un plazo respetable para que Mauricio, ya pasado el furor del bailecito, acomode las líneas. A los efectos de enfrentar, con los escuderos que designe, sean gerenciales o radicales, los ajustes y rigores del tramo inicial. El más dificultoso para encarar un cambio. Aunque sea un cambio módico.

Del Chacho a Mauricio

El hartazgo del kirchnerismo produce otra aventura radical.

sobre informe de Consultora Oximoron,
Redacción final Carolina Mantegari

Introducción
El resurgimiento

La clavada consagración presidencial de Mauricio Macri, El Ángel Exterminador, arrastra un acontecimiento complementario.
El resurgimiento de la Unión Cívica Radical, que se dispone a co-gobernar. A través de Cambiemos. Junto al ascendente PRO, expresión institucional del macricaputismo. Y con la Coalición Cívica, partidito menos trascendente que su conductora, la señora Elisa Carrió, La Demoledora. Radical originaria.

Como en 1983 con Raúl Alfonsín, El Providencial, en 1999 con Fernando De la Rúa, El Desairado. Cada 16 años. Otra vez los radicales, en 2015, se preparan para ejercer las responsabilidades del poder. Las que supieron asumir con relativa suerte. Sin gran originalidad para los epílogos.
Conste que “todo, en la Argentina, termina mal”.

Los radicales emergen como los máximos beneficiarios de la debacle kirchnerista.
Recuperan gobernaciones sustanciales. Multiplicidad de intendencias. Legislaciones innumerables. Y hasta la vice gobernación de Buenos Aires.
A partir del próximo domingo, los radicales consolidan la vigencia nacional. Ponen sus planteles a disposición para ocupar los casilleros de las dos administraciones conquistadas. La Provincia Inviable, Buenos Aires, y la Nación. En el reparto no se incluye el Artificio Autónomo de la Capital, donde los radicales compitieron a través de Martín Lousteau, El Personaje de Wilde. Entonces muy poco les faltó para que amargaran a Horacio Rodríguez Larreta, El Geniol. Y que acabaran con la trayectoria de Mauricio, el benefactor que los devuelve al primer plano.

Osiris Alonso D’Amomio
Director Consultora Oximoron

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En 1999 los radicales venían también en caída libre. Pero igualmente Raúl Alfonsín se las ingenió para capitalizar el agotamiento del peronismo, en su versión menemista. Y para volver, a través del acercamiento con el Frente Grande, del progresista por entonces hegemónico, Carlos Chacho Álvarez, El Renunciador. Vicepresidente de El Desairado.
En 2015, los radicales consolidan la epopeya del regreso a través del acercamiento con Mauricio Macri. Fue sabiamente instrumentado por el inmortal Nosiglia, El Coti, Nuestro Richelieu. Es -Coti- el verdadero hilo conductor de esta historia. Desde 1983.
Richelieu Nosiglia redescubrió en Macri al Sucesor Ideal de La Doctora. El más capacitado para aprovechar el agotamiento cíclico del peronismo, en su versión kirchnerista.

Desde El Chacho a Mauricio se registró un desplazamiento radical hacia el centro (no decir nunca hacia la derecha). Aparte, para el macricaputismo, esas (derecha e izquierda) son categorías ideológicas muy devaluadas. Mantenían su asidero en el siglo veinte, según la concepción del pensador Jaime Durán Barba, El Equeco, ampliamente reivindicado por Pablo Avelluto, El Teórico Tapado.
Como se descuenta, PRO mantiene la impertinencia que desconcierta a los cientistas sociales. La osadía de presentarse como la “nueva política”. Asociada a la idea casi privatizada del “cambio”.
Un cambio irresistible que cabalga sobre la ola del hartazgo cultural generado con impaciencia por el kirchnerismo.

Peronistas perdonables

Cambiemos contiene, también, otras relevantes promesas de la “nueva política”. De la magnitud de la señora Patricia Bullrich, La Heterodoxa. O peronistas originarios como Eduardo Amadeo, El Renovado Constante. Coinciden con los perdonables “peronistas críticos”. Los enemigos declarados del kirchnerismo. Los que priorizan, sin sentimientos de culpa, su indispensable eliminación. Aunque promuevan, como daño involuntario, el regreso radical que minimizan.
“Son peronistas que están con PRO, no con Cambiemos, no te confundas -confirma la Garganta- Declaran inexistente a la Coalición Cívica”.
Muchos de los peronistas perdonables se enrolaron en la Franja de Massa. Y hoy se encuentran a tiro de la Banelco de Mauricio.
Planifican, como objetivo estratégico, renovar al peronismo. Después de vencerlo. Para salvarlo.

Los peronistas perdonables apuestan fervorosamente por “el cambio”. Complementan la oferta surtida de Cambiemos, que entusiasma al nutrido periodismo militante de los abnegados morraleros de la comunicación.
Es de esperar que el entusiasmo de los periodistas morraleros, por Mauricio, les dure algo más que el entusiasmo manifestado oportunamente por Néstor Kirchner, El Furia.
Para que no vuelvan a ser de decepción fácil. Y no broten, en la primera de cambio, los distanciamientos.

Botas prestadas

Para imponerse, aparte del hartazgo, el macri-radicalismo tuvo, a su favor, el catastrófico fracaso de La Doctora. En su carácter, sobre todo, de estratega.
Junto con el desempeño reprochable de Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol, el competidor de Mauricio. En el último tramo, Scioli desperdició los méritos acumulados durante 12 años. En los que predominó “el misterio de su presencia ausente”.
Ahora resulta que la campaña de Scioli es mucho peor que mala. Es equivocada. Sin la menor inteligencia electoral. Se encuentra entregado a la siembra obvia del temor que no asusta, en definitiva, a nadie.
No obstante, al cierre del informe, persiste una vaga esperanza. Que el discurso apocalíptico lanzado sobre Macri haya prendido algo. Sobre todo entre los sectores dependientes de la población.

Cuando se encontraba en alza, y el triunfo parecía inapelable en la primera vuelta, Scioli se mostraba, hasta de manera corporal, como el próximo presidente. Fue cuando aquí se editó: “Se va el kirchnerismo, viene el peronismo”, cliquear. Anticipaba el conflicto entre la nueva estructura de poder, inspirada en La Liga de Gobernadores -la columna vertebral del peronismo- (cliquear), y los kirchneristas duros que arrastraban al país hacia el colapso.
Lejos estaba Oximoron de advertir que la señora María Eugenia Vidal, La Chica de Girondo, iba a vacunarlo sorpresivamente a Aníbal, El Neo Corach, en La Provincia Inviable. Y que en adelante, quien iba a mostrarse como próximo presidente, hasta de manera corporal, era Macri.

El cambio de favorito desenfocó a Scioli. Lo desalojó de su propio eje. Motivó que Scioli culminara su batalla entre improvisaciones y bartolerismos. Con el recitado de las reivindicaciones fantasiosas que reclamaba el kirchnerismo más duro.
En su impotencia, Scioli decidía cesar con las botas puestas. Más grave aún, con botas prestadas. Botines desgastados que para colmo le calzan mal.

Conclusiones preliminares

Si Macri fuera lo que Scioli dice que Macri es, el macricaputismo sería, para la Argentina de hoy, lo más recomendable.
Lamentablemente de ningún modo Macri es lo que Scioli dice que Macri es. Pero sería fascinante que lo fuera.
En realidad, el Macri que hoy Scioli impugna, es precisamente aquel Macri que Scioli necesitaba ser.
Para resolver el mitológico clavo heredado de los holdouts. Reconciliarse con los capitales. Generar “un clima de inversiones”. Mantener una relación sensata con el Fondo Monetario Internacional.

Como Scioli, en el fondo Macri es otro centrista que mantiene, como techo ideológico, la vacilación tibia del desarrollismo.
Suficiente para quedarse -desde un partidito urbano menos interesante que la proyección de su figura- con la suma del poder público.

Así como La Cámpora es una Agencia de Colocaciones, el macrismo de pronto asume el riesgo de convertirse en una Agencia Seleccionadora de Personal. “Chasseur de Tetês”, al decir francés.
Ocurre que deben llenarse organigramas múltiples. Con funcionarios que podrán cubrirse con los gerentes disponibles. Y con los medialuneros que debieran precipitarse en enviar sus curriculums hacia la Fundación Pensar.
¡Rápido! ¡Llame ya! Como en la publicidad de Sprayette. Antes que los radicales, resucitados y sedientos, puedan ocupar los puestos, en su totalidad.

Las represalias no esperan

Con valiente perplejidad Francia se entrega a la dinámica de la venganza interminable. A la respuesta anticipatoria de próximas represalias. La guerra irrumpe para quedarse.
Francia fue violentamente agredida la noche del 13 de noviembre. En el costado sublime del Boulevard Voltaire. Una respuesta tétrica a los bombardeos decididos por François Hollande, en el territorio incierto de Daesh (Estado Islámico). Y debió replicar de nuevo ayer, 15 de noviembre, con el bombardeo sobre Raqqa. Raqqa es la también incierta capital de Daesh, situada en el norte de (lo que fue) Siria.
Resta aguardar, en París, la próxima represalia.

Desde aquí —Buenos Aires— se asume la audacia estratégica y militar de sugerir que, con bombardeos por el estilo, Estados Unidos y Francia nunca van a doblegar a Daesh. El ejército terrorista es el más serio de la yihad. Es infinitamente más poderoso de lo que fue Al Qaeda. Contiene ramificaciones terrenales, presentes en las ciudades más insospechadas.
Cuadros móviles que, en cualquier momento, estallan. En un centro comercial, un estadio, un bar.
Se impone entonces una guerra de inteligencia. Con ocupación, en lo posible, del terreno. Y activar no sólo desde la placidez del aire. Con drones. Se debe asumir el severo riesgo de propagar las cabezas cortadas. Continuar leyendo