El antimperialismo bipolar

Mundo Asís

Con la sensatez marginal de Fábrega y el aire espiritual del Papa Francisco

 

Tío Plinio querido,

La estrategia dual es bastante inteligente y nada improvisada.

A La Doctora le permite mantener la iniciativa. La tensión de la centralidad.

La táctica es contradictoria. Dos vertientes signadas por el antagonismo.

Una manera, casi obvia, de la bipolaridad.

Según nuestras fuentes, La Doctora no come vidrio y está decidida a arreglar. Desesperada por acordar, tío Plinio querido, con los “holdouts”.

Los tenedores de bonos que se prefiere llamar buitres. Como si fuéramos carroña, confirma López Murphy, El Gato (que se hace el bulldog).

Para que la realidad no se la lleve puesta, La Doctora quiere cerrar el acuerdo durante el primer trimestre de 2015. Sin los riesgos, candorosamente sobrevalorados, de la cláusula RUFO.

Aparte del aire espiritual que suele aportar el Papa Francisco, para llegar a 2015 La Doctora necesita sobrevivir al fatídico diciembre anunciado.

Diciembre se le viene encima a la sociedad. La Doctora lo advierte, asusta con la matiné de Luisito Barrionuevo, Harry (como lo llamaba Triaca).

La pobre teme las conspiraciones que le armen desde “arriba”. Pero por no comer vidrio sabe que debe fortalecerse ante los riesgos del “abajo”.

En simultáneo, La Doctora estimula la explotación del beneficio adolescente de pelearse, tío Plinio querido, con los Estados Unidos. El sueño postergado de Zannini, El Cenador.

Una actitud que despierta adhesiones fáciles. Apoyos retóricos entre los nacionalistas desconcertados del “adentro”. Y de los abundantes antimperialistas sueltos del “afuera”. Ambos están a la pesca inocente de las causas perdidas que aporten la reconfortante chapa de la rebeldía. Arrebatos orales que cesan en cuanto se pronuncian.

El sentimiento antinorteamericano es intenso y efectivo. Nutre. ¿A quién no le gusta pelearse, tío Plinio querido, con los norteamericanos solitarios?

Combinan la máxima potencia militar con la llamativa incapacidad política.

Para simplificar: a La Doctora le fascina pelearse con quien quiere que la acepte.

Anhela ser recibida en la Casa Blanca. Con la pompa que se lo recibió a Carlos Menem. Cuando al argentino le bastaba, para ingresar a Miami o Nueva York, con un registro vencido de conductor.

Pero como también se lo recibió a Kirchner, El Furia, sin pompa. Cuando le puso la manito en la rodilla a Bush. Antes de organizarle la antológica contra-cumbre de Mar del Plata. Con D’Elía, Chavez y Maradona.

O como Obama, El Keniano, lo recibió a Mujica, El Minguito Oriental. O a cualquier presidente del vecindario.

La invitación a la Casa Blanca fue la instrucción prioritaria que se les bajó al menos a dos embajadores. Conseguir la básica visita de Estado. Pese a los tijeretazos del canciller Timerman, el funcionario que dio más por La Doctora. Ofrendó, incluso, hasta su identidad.

 

Méritos

Mire que ella, antes de ponerse el casco oral, se esmeró en la etapa de los méritos. Entre los billetazos limpios para el CIADI. Con los billetazos humillantes por la catástrofe de Repsol.

Con decirle que Kicillof, El Gótico, es un ponedor compulsivo. Puso dos mil novecientos palos de más para el Club de París. Le puso el pecho y las nalgas a todos los punitorios. Es el negociador ideal para tenerlo de contraparte.

De no haber querido hacer tantos méritos para congraciarse con los mercados, antes de lanzarse a la rareza del antimperialismo bipolar, nadie puede explicarse, tío Plinio querido, que se haya contratado al lawyer Paul Clement. Por indicación de otro revolucionario como George Soros.

Clement de Soros vendría a ser algo así como el Cinosi de Zannini. Traficaba influencias entre los miembros republicanos de la Corte. La Doctora ponía para seducir a los republicanos. Descontaba que la Corte de los Estados Unidos debía aceptar el “caso argentino”. Para pedalear a los malditos buitres durante algún año más.

La alucinación permitió que La Doctora, El Cenador, Máximo, En el Nombre del Hijo, El Gótico y El Wado durmieran un año de siesta irresponsable.

Un infantilismo inspirado en la sublime pasión por la incompetencia. En la rutina de la mala praxis que genera buracos sólo solucionables con la improvisación. Con la búsqueda de culpables fáciles para salir del paso. Sea Clarín, Duhalde o Barrionuevo, los culpables siempre se consiguen en la feria. Cuando se porta el virus de sentirse víctima.

Banda de banqueros

Tampoco se explica que Zannini, El Cenador, cordobés que se anota solo para ganador, haya enviado a Nueva York, para la rosca con “los buitres”, al legítimo Cinosi.

Conste que El Cenador envió al Cinosi auténtico, ninguna imitación. Para incorporarlo a la banda de banqueros que reclutaba Fábrega, El Sensato Marginal. Por pedido de La Doctora.

Y cuando el litigio de cartón estaba a punto de resolverse brotó el amateurismo demoledor de El Gótico.

“¿Por qué tiraste abajo todo?”, le preguntó El Sensato Marginal.

“Si total el acuerdo está firmado”, respondió El Gótico.

“No está firmado un c… recién giré los 200 palos de la garantía”.

El Gótico había salido de la oficina de Pollack con los pulgares eufóricos hacia arriba. Con el aval de La Doctora pretendía embocar justamente a los banqueros. A los “que fuman adentro de una garrafa”.

Consta que hoy, hasta Oviedo, el analista bien informado de La Nación, trata de explicarse por qué demonios Kicillof y La Doctora hicieron explotar el acuerdo que generaron.

La respuesta hay que buscarla entre los cruces telefónicos que jamás va a divulgarlos el general Milani, Irresistible Seductor de Sexagenarias.

¿Acaso fue la precipitación de Cinosi para contar, desde el aeropuerto de Nueva York, y por celular, al Cenador, que ya estaba todo listo?

¿Precipitación que El Cenador le trasladó a La Doctora. Y ella a El Gótico?

Podían garcar tranquilos a la banda de banqueros que pretendían aparecer, en la estampita, como Castelli, French y Berutti, o San Martín.

Entonces El Gótico soltó la lengua en la Sierra Maestra del consulado. Un bochorno universitario de ciudad pobre que permitió desembocar en la valentía del malentendido. En el antimperialismo bipolar.

Ya sin contar, para la cruzada, con el contratado Clement de Soros. Ni siquiera con el Cinosi de Zannini.

 

La manuela del antimperialismo

Por una vertiente, La Doctora busca la manera de arreglar con los mercados europeos, tío Plinio querido, y con los chinos, a través de El Sensato Marginal.

Desde Basilea, donde arregló con los chinos por el swap para las reservas, Fábrega tuvo que irse a la China, por orden de La Doctora, para salvar la ropa del viaje inútil que hicieron a China De Vido, El Ex Superministro, El Gótico y Gallucio, El Mejor Sobrino de la Tía Doris.

Mangar fondos chinos para los trenes de Randazzo, El Loco de la Florería. Reclamar los fondos chinos para las represas anunciadas de Santa Cruz (La Doctora sólo podrá irse cuando las obras estén comenzadas y se cumpla el sueño de los socios. El Furia y Lázaro, El Resucitado).

Ahora cambiar a los americanos o europeos por los chinos, tío Plinio querido, no es ningún salto al vacío. Es apenas un error.

Pese a tantos restaurantes, aquí ni se tiene idea del sabor del dominio chino.

Indagar en el continente que se adueñaron. África.

Por la otra vertiente, se prepara la cruzada que sepulta a la Argentina en el grotesco.

La epopeya de trasladar el “marco legal”, del personal drama “buitres”, hacia el universo. En la OEA, la FIFA, ahora en la plenaria de la Asamblea de Naciones Unidas.

Cualquier burócrata, avivado a fuerza de “proyectos de resolución”, sabe pedalear el tratamiento, en el foro de la ONU, durante años. Enfriarlo hasta la extinción.

Para reconocer la importancia del planteo y remitirlo a las cancillerías. Para ser discutido en la reunión del próximo año, mientras se da conocimiento de la iniciativa al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional. Escenarios exclusivos de la batalla real.

Por el momento, la manuela del antimperialismo bipolar sirve. El fracaso, tío Plinio querido, garpa. Es una virtud. En la antesala del papelón.

Se cuenta con el aire espiritual del Papa. Con una ley soberanamente absurda, pero que mantiene indemne el costado ilusorio, combativo e idealista.

Garantiza algunos días próximos de formidable vulgaridad institucional. Con la captación de las solidaridades inútiles en los lugares equivocados.

Dígale a tía Edelma que Francisco es también Rata de Fuego. De 1936.

Como es Rata de Fuego también la Argentina, de 1816.

Dígale a tía Edelma que no olvide que, en astrología china, las identidades se repiten cada 60 años.

Cuéntele que el Año del Caballo es antagónico para las Ratas.

Hay que cuidar mucho a las Ratas Viejas. Alertarlas para que hagan menos macanas.

Y por último dígale algo que la va a alegrar. Estamos en negociaciones con Medea. Va a encargarse de un blog, separado del portal, pero unido por un link.