La imagen de Cristina, a salvo de la crisis

El apuro de algunos medios de comunicación, dirigentes y analistas por plantear un “fin de ciclo” abrupto en la política argentina se topó durante el mes de marzo pasado con una serie de obstáculos.

Tanto es así que uno de los datos de la realidad que se busca explicar ahora -no siempre con éxito- es la persistencia de la centralidad política que mantiene la presidenta Cristina Kirchner y la valoración de algunas de las públicas que impulsó, así como rasgos de su liderazgo político.

Por ejemplo, el periodista Marcelo Longobardi señaló en una entrevista reciente que brindó al canal TN: “Hemos repetido hasta el cansancio que una crisis macroeconómica erosionaba el poder político del Presidente en cuestión y eso no pasó con Cristina; hay una crisis macro significativa. Hoy la presidente subrayó que se venden más motos, bueno es lo único que se vendió un poquito más, el resto de la economía argentina está muy parada. Esto debiera ser en la Argentina una explosión y sin embargo no lo es. Y vos fijate que la recesión, los desequilibrios macroeconómicos, la inflación y demás finalmente no produjeron ese efecto tan clásico de la Argentina que es la erosión del poder político. Cristina está políticamente intacta”. Continuar leyendo

Recalculando el ciclo

El PRO, de Mauricio Macri, tiene a la palabra “cambiar” como su único eslogan en esta etapa previa al inicio formal de la campaña presidencial. La idea de que la clave del momento está en el “cambio” y que su postulación implica el anhelo de una mayoría electoral, en contra de las aspiraciones de “continuidad” del Frente para la Victoria viene siendo expresada desde hace tiempo por el jefe de Gobierno porteño.

Sin embargo, ese camino elegido por Macri ya encontró varios obstáculos. Sobre todo cuando el consenso actual en el sistema político es que la presidenta Cristina Kirchner conserva buenos niveles de aceptación en el tramo final de su mandato.

Recordemos lo que ocurría más de un año atrás. Luego de que el Frente para la Victoria fuera derrotado en 2013 por una alianza que el PRO integró en la provincia de Buenos Aires junto con el naciente Frente Renovador, Macri salió a decir que en el país se registra un “fin de ciclo” para los que “gobernaron los últimos 30 años”.

Hacia agosto del año pasado, cuando las variables económicas se encontraban todavía bastante agitadas, pudieron leerse expresiones del líder del PRO en las que afirmó que “los distintos candidatos del peronismo, con sus distintas virtudes, son los mismos que han gobernado” en los últimos “30 años”.  ”Nos han prometido de todo y han cumplido muy poco”, señaló. Ya a esta altura, la UCR había quedado afuera de las críticas de Macri, que preparaba un acercamiento a aquel partido.

Lo que se vio a partir de allí por parte de Macri más bien hace pensar que de la idea de un seguro “fin de ciclo” que auguraban los ideólogos se está “recalculando”.

Así, para marzo de este año, cuando Cristina Kirchner ya había enfrentado los momentos más difíciles del “caso Nisman” y recuperado su centralidad política, el líder del PRO dijo, por ejemplo, que de ser presidente, en el manejo de Aerolíneas Argentinas va a “buscar la mejor solución para que la gente tenga la mejor respuesta del Estado”. La idea de un “cambio completo” de una “reprivatización” parecía haber quedado atrás.

Ahora, el bloque del PRO en la Cámara de Diputados votó a favor de la estatización del sistema ferroviario impulsada por el Gobierno nacional.  “No nos molesta el Estado para nada”, afirmó Federico Pinedo en declaraciones a Radio del Plata, al explicar el movimiento de su partido que se opuso en su momento a la nacionalización de YPF y a la de Aerolíneas Argentinas.

Hay que decirlo, el PRO viene hace rato en esa búsqueda de un cierto “centro” político, que lo acerque a la posibilidad de convertir a Macri, un empresario que en su momento abrazó los postulados clásicos del neoliberalismo, en un candidato competitivo. El año pasado, Jaime Durán Barba abrió el paraguas al admitir que Cristina Kirchner mantiene niveles de aprobación más altos que los de muchos de sus colegas del continente.

Hace algunas semanas, el politólogo Andy Tow dio a conocer un trabajo que permite analizar desde otro punto de vista estos movimientos. A través de un gráfico interactivo, el especialista buscó mostrar las coincidencias entre bancadas en las votaciones en la Cámara de Diputados.

En el gráfico que observa que en 2014  el PRO se ubicó -muy cerca de la UCR- en el centro de una escena en el que de un lado está el Frente para la Victoria y en el otro extremo, en un planteo de rechazo a las iniciativas oficialistas se ubica el Frente Renovador, aunque también las distintas expresiones del peronismo disidente e incluso el Socialismo. En 2013, las diferencias del PRO con el oficialismo eran mayores que lo que ocurriò el año pasado en las votaciones legislativas. Y todavía lo fueron más en 2012, cuando el partido de Macri se ubicó casi en un extremo de rechazos -el lugar que ahora ocupa el partido de Sergio Massa-, sólo superado por la Coalición Cívica de su ahora aliada Elisa Carrió. El 2011 -justamente, también año de elecciones presidenciales- fue un tiempo menos virulento para la bancada amarilla -otra vez más bien en el centro, que en el extremo del rechazo-. Una parábola bastante extraña, si se verifica que en 2009, los diputados que respondían al liderazgo de Macri fueron los que más rechazaron iniciativas del Frente para la Victoria.

Claro que no todos creen en actual “nueva moderación” del PRO. El ministro de Economía, Axel Kicillof, machacó esta semana con el concepto de los “candidatos panqueque” que se opusieron a la mayoría de las iniciativas del oficialismo pero que ahora dicen que las mantendrán, en caso de llegar al gobierno.

En parte en este terreno se juegan los dilemas de la oposición, que varias veces apostó durante los últimos años a un seguro “fin de ciclo” y, por lo tanto, a un ataque frontal a las políticas públicas del oficialismo pero ahora, por lo que se ve, se preoocupa de calibrar con más justeza su estrategia.

Las palabras mágicas

“Esta elección está polarizada hace tiempo. Más allá de los nombres está polarizada entre continuidad y cambio”. El razonamiento lo expresó el precandidato presidencial y senador por la UCR Ernesto Sanz en declaraciones a una radio porteña este fin de semana.

De fondo, en el esquema planteado por Sanz está, por un lado, la justificación de la estrategia electoral de la UCR. En primer lugar, la alianza con el PRO, de Mauricio Macri, y la Coalición Cívica, de Elisa Carrió, como representación de un polo opositor competitivo. Este sería entonces el espacio del “cambio”, en contra de la idea de “continuidad” expresada por los precandidatos del Frente para la Victoria.

El segundo elemento que surge de las palabras de Sanz sería que la propuesta del Frente Renovador, de Sergio Massa, a la que la Convención Nacional de la UCR -por ahora- le cerró la puerta a nivel nacional se quedaría a “mitad de camino” entre el cambio y la continuidad y, por lo tanto, no tendría lugar en la propuesta radical.

La idea del polo del “cambio” contra el de la “continuidad” seduce a Macri, quien lanzó un sitio web con una serie de frases estilo “new age” muy en línea con la tradición de campaña del PRO porteño, pero en el que la única palabra que se resalta es “cambiar”.

Visto de esa forma, el escenario tampoco parece disgustar al oficialismo, que se siente más cómodo planteando claras diferencias con Macri, que las más difusas que muchas veces muestra con los intendentes del Gran Buenos Aires que aún se alinean con Massa, a varios de los que ya les entró la duda de si volver al Frente para la Victoria -lo que hizo el jefe comunal de Escobar, Sandro Guzmán- o pasarse a las filas de Mauricio Macri -la vía que tomó el radical de San Isidro, Gustavo Posse-.

De todos modos, lo que veremos desplegarse en los próximos meses es una operación llena de complejidades, como es dotar de contenido a qué significa en este momento en la Argentina “continuidad” y qué significa “cambio”. Cuánto y de qué forma cambiar o no las políticas públicas que funcionan desde hace algunos años en la Argentina.

En las más recientes elecciones presidenciales en la región, algunos candidatos opositores optaron por plantear una especie de “cambio moderado” o más bien un cambio que diera continuidad a varias políticas que contaban con apoyo social. Lo hizo con bastante buen desempeño Henrique Capriles en Venezuela -con su frase ”no soy la oposición sino la solución”. No tan buena suerte corrieron la brasileña Marina Silva y el uruguayo Luis Lacalle Pou -”Por la positiva” fue su slogan.

Así, hubo comicios en los que hubo una mayor polarización discursiva, como fue la última elección brasileña, donde la opción “moderada” de Silva quedó a un costado y el opositor Aécio Neves levantó con fuerza las banderas del “cambio”. Eso obligó a una muy fuerte revindicación de las políticas desplegadas por el Partido de los Trabajadores (PT) durante la última década, por parte de la presidenta Dilma Rousseff, pero también del líder partidario Lula Da Silva.

Por ahora, Macri hace un cierto equilibrio. Por ejemplo, dijo hace algún tiempo que está a favor de algunas banderas del Justicialismo y evitó pararse, al menos desde lo discursivo, en un rechazo frontal a las políticas de Cristina Kirchner.

Del lado del oficialismo la idea de optar por la “continuidad” aparece como más clara, pero no son pocas las señales que se ofrecen de que hay capacidad de cambiar de cara a algunos sectores sociales que exigen modificaciones de políticas. No es sólo la imagen de “moderación” que ofrece Daniel Scioli. También el ministro Florencio Randazzo con su énfasis en una gestión eficiente y cercana en el sistema de transporte y de la documentación personal.

Sin embargo, también la presidenta Cristina Kirchner mostró durante el mes que terminó varios guiños al “centro” del tablero político. Uno de esos gestos fue el acuerdo con la Federación Agraria Argentina (FAA) por compensaciones a productores, medida que de hecho partió a la Mesa de Enlace. Entre la batería de medidas que anunció pocos días atrás, también hubo lugar para el fomento al consumo de heladeras y un esquema de descuentos al consumo que entrarán en vigor con la tarjeta SUBE, junto con un plan de pagos generoso para morosos con la AFIP.

Para determinar el ritmo de este complejo baile entre cambio y continuidad será clave el contexto con el que se llegue al mes de octubre. En ese sentido, la velocidad con la que se desplieguen las variables económicas y el clima que se sienta en los hogares en cuanto al consumo no resultará un elemento menor para definir los discursos partidarios.

Urbi et orbi

“Yo aquí hago de Padre Eterno. Los bendigo a todos Urbi et Orbi. Recibo a todos. A algunos que me gustaría darles una patada tengo que abrazarlos”. La frase, palabras más o menos fue repetida infinidad de veces en entrevistas y cartas con colaboradores por Juan Domingo Perón.

Quizás allí resida en parte el secreto del arte de la conducción en el peronismo, un movimiento que siempre -aún cuando la derecha argentina lo ha considerado en no pocas oportunidades como revolucionario y subversivo- ha sido policlasista, reformista, federal e integrador de intereses de sectores empresarios y de trabajadores.

De más está decir que con esa dinámica en mente, Perón se mantuvo hasta el último minuto de su vida al frente del movimiento político que fundó, si bien no estuvo exento de vaivenes y hasta de agrios momentos en que distintos sectores -Augusto Timoteo Vandor alguna vez, las “formaciones especiales” juveniles en otras ocasiones- coquetearon con la idea de desafiar su liderazgo.

Si vamos más aquí en el tiempo, la presidenta Cristina Kirchner lidera al oficialismo y, por lo que se ve hasta el momento, parece escuchar el eco de las palabras del General. Por un lado, se mostró durante el último mes en varias ocasiones con dos de los principales precandidatos de su partido, el gobernador Daniel Scioli y el ministro Florencio Randazzo. Ambos, así como los restantes precandidatos del Frente para la Victoria, dependen de un buen desempeño del Gobierno nacional hasta el último minuto del actual mandato, como precondición para tener buenas chances en los comicios de octubre.

La jefa de Estado no hace guiños por el momento ni hacia uno ni hacia otro lado e incluso la Casa Rosada salió a poner “paños fríos” en la disputa interna, cuando desde las trincheras sciolistas y randazzistas las críticas cruzadas se pusieron más punzantes. Por encima de las internas, la voz de Cristina suena “Urbi et Orbi”.

La Presidenta conserva buenos niveles de respaldo a su gestión -distintos consultores asumen que bien por encima del 40 por ciento- en tanto que los índices económicos internos, a diferencia de lo ocurrido el año pasado, no son para nada desalentadores. La inflación se desaceleró, el salario real tiene un ritmo ascendente, según confirmó un informe del centro de estudios sindical CIFRA-CTA y el consumo interno no aparece en mala forma. El Indice de Confianza del Consumidor difundido por la Universidad Torcuato Di Tella acumuló una suba del 45,3 por ciento en un año. Se ubica así en niveles similares a los que mostraba a fines de 2011.

Los últimos anuncios para dar más impulso al consumo interno que la Presidenta realizó por cadena nacional desde la Casa Rosada, en presencia de varios precandidatos del oficialismo parece nechar por tierra también una hipótesis que analistas opositores han repetido hasta el hartazgo en shows televisivos y columnas de diarios y sitios web: que el principal objetivo de la primera mandataria sería entregarle la banda presidencial a un dirigente opositor, preferentemente Mauricio Macri, como una forma de desairar a sus posibles sucesores al interior del peronismo.

En ese contexto, el PRO, se verá durante todo el mes próximo inmerso en la sabrosa interna entre Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti, primera parada en la sucesión que probablemente beneficie al actual oficialismo porteño.

Y Sergio Massa, quien en algún momento parecía un “número puesto” para la oposición, pasa sus horas tratando de retomar algún eje discursivo que lo ubique en el centro de la escena, mientras trata de mantener a sus seguidores unidos detrás de su postulación.

En los hechos, el año electoral recién comienza, pero ya puede decirse que algunas definiciones comienzan a asomar.

La otra cara de los acuerdos opositores

La otra cara de los recientes acuerdos opositores es la relativa fortaleza del oficialismo. 

Consultores políticos más bien asociados con ideas opositoras, como el sociólogo y columnista del diario La Nación Eduardo Fidanza o el titular del Centro de Estudios Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, lo han expresado a su modo en las últimas horas. Fidanza escribió que la imagen en la sociedad de la presidenta Cristina Kirchner “vuelve a trepar a los valores que tenía hacia fin de año, antes de la muerte del fiscal” Alberto Nisman, tema este último del que la oposición habla ya bastante poco. Fraga, en una entrevista que concedió a Radio América, dijo que no se debe “subestimar al Gobierno” y que en elecciones registradas el año pasado en la región, como las presidenciales de Brasil y Uruguay, los partidos de oposición “parecía” que podían triunfar pero finalmente resultaron una vez más derrotados.

El acuerdo entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica parece algo apurado y desprolijo por varias razones. Por ejemplo, Mauricio Macri afirmó durante todo el año pasado que se registra un “fin de ciclo” de todos los que “gobernaron los últimos 30 años”. No sería precisamente lo que piensa la Convención Nacional del Radicalismo que ahora sella su pacto con el macrismo. Continuar leyendo

Acuerdos con China (en tiempos de campaña)

En un año electoral (casi) todos los temas serán buenos para hacer campaña o generar polémicas públicas. El vaticinio no debería sorprender además cuando el país se encamina a un recambio político en el que el próximo presidente -que no tendrá el apellido Kirchner- deberá delinear cuánto de cambio y cuánto de continuidad plantea a la ciudadanía en una serie de políticas públicas.

La aprobación en el Senado el 29 de diciembre pasado del Convenio Marco de Cooperación en Materia Económica y de Inversiones con el Gobierno de la República Popular China no parece haber sido la excepción.

Lo que sería interesante diferenciar es cuánto del debate público sobre el tema forma parte de chicanas electorales de vuelo corto y cuánto, más tarde o más temprano, terminará impactando en determinadas políticas públicas concretas.

En las últimas horas, la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, advirtió que “hoy en la Argentina, salvo el acuerdo con China, todo es reparable”. Habría que escuchar los argumentos de la fuerza política que encabeza la diputada nacional para plantear esta posición tan fuerte. De hecho, los podría haber expresado la senadora rionegrina por ese partido, María Magdalena Odarda, quien votó en contra de la aprobación del convenio pero que, según consta en la versión taquigráfica de la sesión especial, no hizo uso de la palabra.

El senador radical y presidente del Comité Nacional de la UCR, Ernesto Sanz, afirmó en este medio que el convenio es “una garantía de subdesarrollo”. No pudo, de todas formas pronunciarse formalmente con su voto negativo ya que estuvo ausente en la sesión en la que la Cámara alta trató la iniciativa. Lo mismo ocurrió con el presidente de la bancada radical, Gerardo Morales.Y también con su par Laura Montero, alineada con el otro precandidato presidencial radical, el diputado Julio Cobos.

En tanto, el senador del bloque Proyecto Sur-Unen, Fernando “Pino” Solanas, expresó a su vez en declaraciones periodísticas: “Repudiamos los acuerdos con China. En su retirada, el kirchnerismo está entregando tierras y recursos estratégicos de forma irresponsable e inconsulta, como ya hizo con Chevron”. Sin embargo, el cineasta también estuvo ausente el día del tratamiento y la votación en la Cámara alta, por lo que no aportò a los trece votos negativos a la iniciativa.

El diputado por el Frente Renovador, José Ignacio De Mendiguren, opinó de manera pública sobre el tema: “el convenio entre nuestro país y China aprobado por el Senado de la Nación hace peligrar las chances de desarrollo para la Argentina y es ampliamente desfavorable para los intereses del desarrollo nacional”. Más allá de que el joven partido bonaerense que encabeza Sergio Massa no tiene representación formal en la Cámara alta, el legislador sanjuanino del bloque denominado “Producción y Trabajo”, Roberto Basualdo, expresó en su momento su adhesión pública a la fuerza del tigrense. Según consta en el acta de votación de la Cámara alta, fue uno de los senadores que se pronunció por la negativa. Sin embargo, no hizo uso de la palabra durante la sesión para plantear fundamentos. A su vez, estuvo ausente un reciente aliado de Massa, el salteño Juan Carlos Romero.

Hubo otras bancadas más activas en llevar la voz cantante. Sin embargo, al fundamentar la negativa al proyecto dejaron aclarado que esperan impulsar un importante nivel de relaciones comerciales con China.

Por ejemplo, por el radicalismo, el senador pampeano Juan Carlos Marino rechazó de plano la iniciativa, aunque destacó que su partido no es refractario a acuerdos con el país asiático: “No nos ensañamos con la economía china ni tenemos pruritos; nada que ver; al contrario; la Argentina tiene que aprovechar el momento que vive el mundo, en el que la economía china, la economía asiática están consumiendo los productos que nosotros producimos, como la soja, por ejemplo”.

El PRO, en tanto, a través de sus tres senadores, votó en contra. Diego Santilli explicó una serie de motivos, aunque también resaltó: “la verdad es que cómo no vamos a estar de acuerdo con que la Argentina tenga relaciones con China, con Rusia, es decir, con los BRICS, relaciones maduras, ciertas, que nos potencien, que nos den inversiones, que nos den exportaciones, que nos den capacidad de trabajo y de desarrollo”. También consideró que el artículo 22 del convenio “le da la capacidad al Ejecutivo de celebrar acuerdos específicos sobre minería, agricultura y un montón de temas que son importantísimos, por cierto” y se preguntó “¿Y por qué no tenerlos con los chinos?” aunque consideró que son facultades que no deberían dársele al Ejecutivo sin tenerlas “estudiadas, aclaradas y con el convenio pertinente”.

No serán estos los últimos chispazos políticos por los acuerdos con China, ni por muchos otros temas en los que la Argentina se juega definiciones clave para sus polìticas públicas. Menos aún en un año electoral.

The Police

En los años 60 y 70, el sistema político de la región vio crecer  cada vez más la influencia de un actor corporativo muy fuerte como eran entonces las Fuerzas Armadas. Así, el Cono Sur se pobló de dictaduras militares, en el marco de la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional, que identificaba al “enemigo” como “interno” a las sociedades, en los sectores de izquierda o nacional-populares.

Esas presiones se extendieron también durante los años 80, dirigidas hacia las jóvenes democracias sudamericanas: el expresidente Raúl Alfonsín debió enfrentar tres alzamientos “carapintadas”, en tanto que otras democracias de la región mantenían relaciones de tensión con el actor militar en el marco de transiciones “pactadas”.

En las últimas décadas, mientras los militares redujeron su nivel de influencia, otros actores comenzaron a ejercer distintos grados de presión corporativa hacia los funcionarios electos en forma democrática. Uno de ellos y muy notorio han sido las fuerzas de seguridad. En diciembre de 2013, distintas Policías provinciales se rebelaron como parte de un movimiento que el Gobierno tildó de “desestabilizador”. Los presidentes Rafael Correa (Ecuador) y Evo Morales (Bolivia) sufrieron también, en 2010 y 2012, respectivamente, rebeliones policiales que llegaron a poner en cuestión su estabilidad política. El expresidente paraguayo Fernando Lugo comenzó a vivir la crisis política que derivó en el comienzo del fin de su mandato cuando se registró en circunstancias muy poco claras la muerte de once campesinos y seis uniformados durante un desalojo de tierras agrícolas llevado adelante por la Policía local. A partir de esos violentos hechos se desencadenó el peculiar juicio político que lo destituyó, provocando una ruptura del orden institucional del vecino país. Continuar leyendo

¿Volvió el marketing?

“Volvió la política”. La frase se convirtió en un lugar común desde 2003 a esta parte. Se trata, por cierto, de un planteo afín al kirchnerismo. La idea de fondo es que desde la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia las principales decisiones tomadas en la Casa Rosada no provienen más que de los circuitos que logran armarse entre la dirigencia política y la sociedad, sin intermediarios. En la convicción de Néstor Kirchner de ser su “propio” ministro de Economía, por ejemplo, habrá estado parte de la génesis de la idea.

La noción -como todas- es discutible. ¿Qué significa “la política” en cada tiempo? ¿De dónde es que “volvió” la política? ¿Se había ido en todo caso? ¿Adónde? ¿Volvió como antes o sufrió alguna modificación?

Lo cierto es que de sólo repasar las tempranas campañas de la mayoría de los precandidatos presidenciales surgen más preguntas. Y queda la duda de si lo que más bien parece haber “vuelto”, cuando ya falta muy poco para 2015, no es la política sino el marketing.

Como a fines de los años 90, en algunos casos, proliferan notas en la prensa sobre cómo encaran estos postulantes sus estrategias y qué piensan los principales asesores de campaña de los dirigentes que quieren suceder a Cristina Kirchner. Se habla con nombre y apellido de los “cerebros” detrás de cada candidato. Y hasta da la casualidad que algunos son los mismos que hace unos 15 años atrás buscaban llevar a un cliente a la Casa de Gobierno, como es el caso del publicista Ramiro Agulla, contratado por Sergio Massa.

La elección de los colores, el diseño de los afiches, las poses de los precandidatos, los nuevos formatos destinados a “pegar” en las redes sociales y que “se hable” de ellos -o más bien- de que se los mencione de determinada manera en determinados segmentos de la población es lo que -hasta ahora- predomina en estas pre-campañas.

Es cierto que el moderno “marketing” político ha estado presente en la democracia argentina como la conocemos desde su mismo punto de partida, con la campaña que llevó a Raúl Alfonsín a la Presidencia en 1983. Es un dato conocido que el líder radical confió su comunicación a expertos -algunos provenientes del ámbito publicitario- y que utilizó encuestas para afinar su discurso y su estrategia.

Pero más allá de esta característica, el marketing en ese y otros casos acompañó a un dirigente de peso que supo cómo llegar a la Presidencia y dejar su marca en la sociedad. Quizás sólo en el caso de Fernando de la Rúa, las técnicas y pirotecnias de campaña superaron a la política, estuvieron por encima de ella.

Habrá que dejar rodar un poco más esta campaña, aguardar a que los ejes y los precandidatos comiencen a decantar y a definirse para ver si -efectivamente- la política volvió para quedarse o si lo único que permanece es el marketing.

El continente blanco

Se llama “continente blanco” a la Antártida por el aspecto de su superficie helada.

Esta semana, todos los medios de prensa internacionales mostraron mapas donde, además de  la Antártida -que no suele tomarse en cuenta en términos estadísticos- había otra región sin mancha alguna. Se trató de América Latina, como el único (sub) continente del mundo donde ningún país colaboró con el programa de torturas llevado adelante por la CIA entre 2002 y 2009.

Según surge de lecturas de la prensa norteamericana del reporte dado a conocer por el Senado estadounidense -en el que no figuraron nombres de Estados extranjeros pero sí información que permitía determinar de cuáles se trataba- en las demás regiones del planeta, 54 gobiernos colaboraron de alguna manera con este tipo de prácticas aberrantes.

Así, cinco países (dos asiáticos y tres de Europa del Este) permitieron la instalación de prisiones secretas de la Central de Inteligencia estadounidense.

Otros once países, esta vez africanos y asiáticos, permitieron a la CIA realizar interrogatorios en sus propias instalaciones.

Cincuenta y cuatro gobiernos de Europa, Africa, Asia y Oceanía le pasaron información sobre presuntos sospechosos que eran ciudadanos de su país a los agentes de inteligencia norteamericanos. También permitieron el tránsito de prisioneros ilegales hacia los países en los que se hacían los interrogatorios -alejados a propósito del otra veces largo brazo de la ley y la Justicia norteamericanas.

En algunos de los casos, el reporte indica que la CIA pagó millones de dólares en efectivo a gobiernos extranjeros para colaborar con las actividades.

Que América Latina no haya estado involucrada a estas situaciones puede analizarse de distintas maneras.

Por un lado, es cierto la mirada de Washington se posó en otras regiones del mundo a las que consideró más “estratégicas” luego del 11 de Septiembre de 2011. No lo es menos que desde ese momento también la capacidad de influencia política y económica de los Estados Unidos en la región disminuyó. Buena parte del continente, sobre todo Sudamérica, comenzó a ensayar entonces su “giro a la izquierda”, que implicó un fortalecimiento del rol del Estado y políticas que comenzaron a despegarse de las del gran país del Norte en distintos foros internacionales.

Pero por otra parte, América Latina profundizó una serie de políticas a favor de los derechos humanos. Las acciones que llegaron más lejos en este sentido, con juicios por crímenes de lesa humanidad que se desarrollan hasta el día de hoy se dieron en la Argentina. Pero también los vecinos Chile, Uruguay y Brasil realizaron avances judiciales o investigaciones para determinar qué ocurrió con prácticas de tortura y desaparición en la década del 70 en esta parte del mundo. Hasta Centroamérica,  mucho más permeable a la influencia norteamericana, también llegó la revisión del pasado reciente y la condena de crímenes contra la humanidad. Fue en el caso de Guatemala, con la condena a genocidio al exdictador  Efraín Ríos Montt. Y también México está viviendo por estos días condenas sociales masivas a prácticas aberrantes como es la desaparición forzada de 43 estudiantes en el estado de Guerrero.

Todas estas situaciones políticas y el mapa en blanco de los países que conforman la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) con respecto a la colaboración con acciones de tortura de la CIA no pueden pensarse por separado.

Debe ser también una preocupación para quienes llevaron adelante este tipo de delitos saber que en algunos de los países del Sur existe doctrina jurídica que indica que crímenes como esos son ofensas contra toda la humanidad y que por lo tanto no sólo no prescriben, sino que pueden ser juzgados en cualquier lugar del mundo.

Alianza del Pacífico, con viento en contra

Los sectores más proclives a dejarse influenciar por los Estados Unidos en América Latina suelen poner como ejemplo de las políticas públicas a seguir por la región a los países de la Alianza del Pacífico, creada en 2011. Se destaca así un menor nivel de protección arancelaria, la estrategia de firmar tratados de libre comercio con distintos países, la libre circulación de capitales y una tendencia a de concentrarse en la explotación de recursos naturales, o -en el caso de México- actividades industriales de ensamblaje.

De esta manera las estrategias de México, Colombia, Chile y Perú son contrapuestas a las de los países del Mercosur, a las que se critica por ineficientes y de excesiva injerencia del Estado en el funcionamiento del mercado. Continuar leyendo