Un extraño giro a la derecha

El “giro a la derecha”, el “ajuste ortodoxo” que lleva adelante el Gobierno, según algunos analistas, es tan extraño que incluye medidas rechazadas en todos los manuales de aplicación de ese tipo de políticas y que históricos promotores de ese recetario no dudaron en criticar en las últimas semanas.

Así, por ejemplo, en enero pasado, la gestión de la presidenta Cristina Kirchner lanzó el Plan Progresar, una asignación de 600 pesos mensuales para jóvenes de 18 a 24 años que no estudian ni tienen trabajo formal y que se comprometen a finalizar sus estudios secundarios o iniciar el nivel terciario.

En febrero, la Secretaría de Comercio multó a seis cadenas de supermercados por más de 3,4 millones de pesos al constatar violaciones del programa Precios Cuidados. Y la AFIP dispuso un régimen de registración sistémica de “movimiento y existencias de granos no destinados a la siembra”, por el que acopiadores de cereales y oleaginosas deben informar desde este mes sus tenencias de producción en un registro informático.

En marzo, la jefa de Estado dio a conocer el plan Recuperar Inclusión, por el que se crean 150 Centros Preventivos Locales de Adicciones, unas 40 Casas Educativas Terapéuticas (CET), para mitigar el consumo de drogas y alcohol en contextos de alta vulnerabilidad social. La medida implica una inversión de unos dos mil millones de pesos, según se anunció.

Ese mismo mes, la Secretaría de Comercio creó un régimen informativo de precios de bienes finales e insumos para la producción por el que le pide a todas las empresas productoras de bienes e insumos y a las comercializadoras y distribuidoras de tamaño mediano y grande que presenten información mensual sobre precios de venta.

Este mes, la Casa Rosada adoptó medidas como la extensión del programa Precios Cuidados, presentó un proyecto que brinda incentivos y aumenta sanciones a empresas con la intención de combatir el trabajo en negro y reglamentó el Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares, medida que contempla la incorporación progresiva de todas las trabajadoras a los regímenes de seguridad social: jubilación, obra social, cobertura por riesgos de trabajo y enfermedades laborales”, según se informó oficialmente.

Quizás por la adopción de estas medidas sea que el economista Miguel Angel Broda escribió en los últimos días que el objetivo del Gobierno nacional “no es hacer un ajuste fiscal en serio, sino hacer todo lo necesario para evitar ese ajuste”. O que el rector de la Universidad del CEMA, Carlos Rodríguez, lamente que el Ejecutivo tenga como intención a reducir a “lo mínimo posible” medidas que se vinculen de algún modo con el ideario que, por su parte, siempre ha impulsado, de ajuste ortodoxo.

El mensaje de Moyano

En abril de 2011, en un multitudinario acto en la Avenida 9 de Julio en el que impulsó la reelección de Cristina Kirchner, el secretario general de la entonces unificada CGT, Hugo Moyano, afirmó: “Los trabajadores no estamos solo para votar. También podemos reclamar algún cargo en las listas. Los trabajadores  tenemos el derecho y la obligación de asumir responsabilidades”.

Un año antes, en una entrevista en el diario Página 12, Moyano había recordado que Lula Da Silva solía señalar que cuando era niño su sueño había sido manejar un camión pero que había terminado manejando un país. “Quizá mi sueño fue al revés”, señaló el sindicalista. Incluso en febrero del año pasado, el jefe del gremio de Camioneros destacó que “puede ser que sea candidato” a presidente.

El líder de la CGT Azopardo se refirió en esas tres instancias a la posibilidad de ampliar su nivel de representatividad. De pasar de dirigente sindical a dirigente político. Se sabe que todo dirigente sindical “hace política”, desde ya. Pero esa política no es necesariamente la que apuntan a hacer los partidos: reunir votos sean de trabajadores sindicalizados o no.

El paro nacional que llevó adelante Moyano junto con otras dos centrales obreras opositoras parece alejarlo de ese objetivo de mayor llegada a distintos sectores, que por ejemplo había encarado en 2011 cuando realizó una serie de charlas en universidades. ¿No resulta más bien que a través de una medida de fuerza que tuvo impacto, en particular con la adhesión de los gremios del transporte público, alineados con la central obrera que encabeza, Moyano vuelve al objetivo de ser el “mejor sindicalista” aunque no el “mejor político”? ¿No refuerza así los vínculos que tiene con sus afiliados -entre los que tiene un alto nivel de respaldo e imagen positiva- pero difícilmente expanda ese nivel de adhesión a otros sectores sociales?

Una pista la dieron algunos de los principales dirigentes opositores, que no salieron a apoyar con sus palabras la medida de fuerza. Sergio Massa, Mauricio Macri y Ernesto Sanz, por ejemplo, Indicaron que las consignas contra la “inflación” y los “efectos de la devaluación” son válidas pero que el paro debe formar parte de una “última instancia” de acción. “El paro no va a contribuir en nada”, señaló además el líder del PRO. Y el jefe del Frente Renovador -que tiene vínculos políticos notorios con dirigentes organizadores del paro- prefirió considerar que “hay otras metodologías” para hacer planteos.

Con la huelga, Moyano y Luis Barrionuevo, antes que plantear un reclamo concreto al Gobierno buscaron ratificar que siguen vigentes en la arena “política”. Una vigencia que implica que pueden no ser importantes en términos de votos, pero que todavía tienen poder de fuego “sindical”. Habría que pensar también en ese sentido si el paro estuvo dirigido -como señalaron los sindicalistas- a la presidenta Cristina Kirchner, a quien le quedan veinte meses de mandato, o fue más bien un mensaje para todos aquellos dirigentes políticos que quieran competir por sucederla en 2015, sean oficialistas u opositores. Un mensaje que le dice a los candidatos de todos los colores “no olviden que tendrán que hablar con nosotros, si llegan a la Casa Rosada”.

Mandar cualquiera

Los disparates que se escuchan desde el mes pasado en el debate público sobre la cuestión de la inseguridad son mucho más que exabruptos de dirigentes políticos: comienzan a marcar el tono de lo que será la próxima campaña electoral y la disputa por suceder a Cristina Kirchner.

En los últimos días, por ejemplo:

  • Sergio Massa consideró que los episodios de linchamientos de presuntos delincuentes “aparecen porque hay un Estado ausente” y “tienen que ver con los mensajes que se dan desde el Estado”.

  • Su aliado Jesús Cariglino llamó “linchamientos entre comillas” a los ataques y los justificó.

  • Una actitud similar tomó el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, quien habló aquí y allá de “Estado ausente”.

  • Desde la flamante coalición UNEN, el exdiputado Alfonso Prat-Gay pidió no “cargar las tintas sobre los que linchan” y el actual legislador Humberto Tumini evaluó que “hay compatriotas que frente a la permanente congoja por la inseguridad en que viven, deciden tomarse justicia por mano propia”.

El rechazo a los actos de violencia aparece desde estos sectores muy en segundo plano o recién luego de varios días de la justificación. Al igual que ocurrió cuando la oposición cuestionó con mentiras un anteproyecto de reforma del Código Penal o quitó su respaldo a los integrantes de la comisión que elaboró el texto, parece claro que se busca un rédito de corto plazo.

Se sabe que en períodos preelectorales, o cuando aumenta el ritmo de los posicionamientos políticos, los conceptos que vierten los dirigentes pierden muchas veces equilibrio y matices, con la intención de atraer el apoyo de tal o cual sector. Pero desde que en febrero de 1989 Carlos Menem habló de “derramar” sangre para recuperar las Islas Malvinas que no se escuchan en campaña frases inescrupulosas como las que estamos escuchando por estos días.

A eso hay que sumarle planteos de periodistas y conductores radiales y televisivos que dicen cosas como “y en tercer lugar, está mal matar” o tratan de justificar a como dé lugar los ataques violentos.

Así parece estar planteado en el debate público a un año de que comience formalmente la campaña electoral tras la que dejarán sus cargos la Presidenta, así como varios de los gobernadores de las provincias de mayor peso político y económico del país.

Preparémonos entonces para seguir escuchando este tipo de planteos. Y que el tono de la próxima campaña sea decir cualquier cosa a la pesca de algunos votos o puntos de rating. Total, después vemos…

 

¿+a vs. la región?

No fue una sorpresa que el discurso que llevó a Washington el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, chocara con posiciones del gobierno argentino, encabezado por la presidenta Cristina Kirchner. Sin embargo, resultó llamativo que sus palabras fueran tan diferentes de los habituales planteos que realizan los gobiernos del Mercosur y la mayoría de los mandatarios sudamericanos.

En una entrevista que concedió a la cadena CNN en la capital norteamericana, Massa expresó su posición personal sobre los conflictos políticos que se registran en Venezuela.

Allí le reclamó a “todos los países de la región” que le exijan a la Organización de Estados Americanos (OEA) intervenir mediante la aplicación de la llamada Carta Democrática Interamericana en el caso de Venezuela.

Massa consideró además que en Venezuela se producen “violaciones constantes a los derechos humanos”. En forma paralela, el diputado por el Frente Renovador evaluó que la Argentina y Estados Unidos deben tener una relación “profunda y seria” porque son “parte de una misma región”.

Los actuales gobiernos sudamericanos no tienen la misma posición sobre Venezuela, ni consideran a los Estados Unidos como parte plena de su “misma región”. En todo caso, señalan que su “región” la integran sus vecinos directos, los integrantes de la Unasur o los países latinoamericanos ahora reunidos en la Celac.

La posición de Massa es diferente de planteos de los presidentes sudamericanos, quienes se ocuparon de destacar la legitimidad del gobierno venezolano y al mismo tiempo de rechazar protestas violentas en ese país.

La flamante mandataria chilena, Michelle Bachelet, dijo el mes pasado al referirse a la situación de Venezuela: “jamás apoyaremos ningún movimiento que de manera violenta quiera derrocar a un gobierno constitucionalmente electo”.

A su vez, Dilma Rousseff advirtió que en Venezuela “es mucho mejor el diálogo que la ruptura institucional” y se ocupó de destacar que “Brasil no puede decir lo que ellos tienen que hacer”. Además resaltó algo que en varios de los interlocutores que el diputado Massa tuvo en Washington no parece muy claro: “Venezuela no es igual a Ucrania”, subrayó.

También hace algunas semanas, el presidente uruguayo, José Mujica, se mostró en contra de “cualquier injerencia del exterior, sea quien sea, en los asuntos de la sociedad venezolana”.

El líder del Partido de los Trabajadores brasileño, Lula Da Silva, por su parte, dijo hace algunas semanas en Cuba que el presidente venezolano, Nicolás Maduro “es un hombre muy bien intencionado” e instó a la “paz” en el país caribeño.

Las posiciones fueron similares a las de la presidenta Cristina Kirchner, quien pidió “respetar la democracia” en Venezuela y consideró que si a la oposición de ese país no le “tocó ganar las elecciones, habrá oportunidad en un próximo turno electivo de presentarse nuevamente”.

Con matices, el planteo también incluyó a sectores de la oposición en la Argentina. El Partido Socialista, encabezado por Hermes Binner, planteó su “absoluto apoyo a la defensa del orden constitucional” en Venezuela y destacó la importancia de respetar “la voluntad soberana del pueblo, expresada en las urnas hace pocos meses”.

También el planteo de Massa sobre Venezuela fue diferente de lo decidido por el Consejo Permanente de la OEA. El organismo rechazó la semana pasada una propuesta de Panamá para tratar la cuestión de las protestas en ese país con el respaldo de 22 países, tres votos en contra y nueve abstenciones. El expresidente colombiano Alvaro Uribe aseguró que entre las abstenciones, se contó la del gobierno de su país, que encabeza Juan Manuel Santos.

Las diferencias de Massa con el discurso habitual en la región también se vieron con respecto a la cuestión del Mercosur. Un periodista del diario The Washington Post con el que dialogó dijo que entre las intenciones del líder del Frente Renovador están “modernizar” el bloque regional. Además, según consignó Infobae, Massa señaló que, a su entender, la Argentina debe tener “un nuevo rol en un nuevo acuerdo del Pacífico”. Se trata de una serie de términos que no están en el vocabulario habitual de los jefes de Estado o las diplomacias de los países que integran el Mercosur desde hace varios años.

El exintendente de Tigre ha dicho muchas veces que “viene una época de construcción; el tiempo de los albañiles de la política, no para tirar todo abajo y empezar de nuevo sino para poner un ladrillo arriba para que a Argentina le vaya bien”. Pensando en la política exterior ¿será así en realidad?

Cristina se mueve

En medio de un contexto inédito para todos los sectores políticos, a más de diez años de la llegada del actual oficialismo al poder, vale la pena repasar de qué forma se movió la presidenta Cristina Kirchner en lo que va de este mes de marzo.

Por un lado, estuvieron sus planteos ante la Asamblea Legislativa, el 1 de marzo. En ese discurso, la Presidenta trazó un mapa político del país. Definió a la UCR y al PRO como los dos principales actores de la oposición. Y, al mismo tiempo, a cada uno de ellos les tendió un puente de diálogo sobre temas puntuales. También mencionó, sin nombrarlo explícitamente al Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), al que le cuestionó por realizar cortes de calles y rutas para reclamar contra un fallo judicial. Ni una palabra para el partido provincial que lidera Sergio Massa.

Apenas finalizado aquel discurso, Massa -detrás de quien aparecen notorios respaldos de sectores conservadores del peronismo, del centroderecha y de grandes grupos económicos nacionales y extranjeros- apuntó todos sus cañones contra el anteproyecto de Código Penal.

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#El_Mago

Miguel Galuccio no parece una personalidad habitual en la vida pública argentina. El CEO de YPF es reconocido -aquí y en el exterior- por sus cualidades “técnicas”, puntualmente por su conocimiento del negocio petrolero, aunque al mismo tiempo no se priva de tener y expresar una mirada política de la realidad.

Por un lado, están algunos de los hechos que la gestión de Galuccio al frente de la petrolera controlada por el Estado empieza a mostrar. Las novedades de los últimos dos meses hablan por sí mismas:

  • Acuerdo con Repsol por la expropiación de las acciones de la compañía -lo que incluye despejar amenazas judiciales contra YPF-.

  • Adquisición de los activos de la firma Apache, acción que le permite a YPF constituirse en la principal compañía en extracción de gas.

  • Firma de un acuerdo con la malasia Petronas para la explotación de gas y petróleo no convencional en el yacimiento de Vaca Muerta.

  • Difusión de los resultados operativos de la compañía en 2013, que incluyen datos como la mayor “tasa de reemplazo de reservas” de los últimos 14 años, con un 158%, un crecimiento de la “utilidad neta recurrente” del 45,6 % respecto al año anterior y de la “utilidad operativa recurrente” un 52%.

  • Anuncio del descubrimiento de 15 millones de barriles de recursos de petróleo en Río Negro

Al mismo tiempo, aparece la veta “política” de Galuccio, de 45 años, a quien apodan “el Mago”.

  • En una entrevista que ofreció en la TV Pública a fines del año pasado apuntó contra los pronósticos pesimistas expresados por distintos medios de comunicación y, levantar su tono de voz, los acusó de tener doble discurso: “Los medios decían que era imposible conseguir un socio, que era imposible traer inversores a la Argentina. Ese era el problema antes y ahora el problema pasó a ser Chevron”, se quejó.

  • Cuando le preguntaron por los países que prohíben la técnica del “fracking”, utilizada para extraer gas y petróleo no convencional, no se privó de una explicación de ribetes políticos: “Hay muy pocos países en el mundo que han suspendido el fracking. Francia es uno, Francia decididamente no tiene los recursos que nosotros tenemos, ellos tienen una fuerte experiencia en lo que es el desarrollo de la energía nuclear”.

  • A mediados del año pasado habló en el Consejo de las Américas y ante empresarios destacó el “valor, el coraje y la visión de la presidenta Cristina Kirchner para impulsar un nuevo modelo” de la petrolera nacional en el que “podemos alinear los objetivos de un país con los objetivos de una empresa”. Cada vez que le hablan de “internas” con el Gobierno, responde con el respaldo que recibe de la jefa de Estado y destacan que el Poder Ejecutivo alineó sus políticas a los objetivos de la compañía.

  • Hace dos días, se dejó sacar una foto con Sergio Urribarri, el gobernador de Entre Ríos, quien fue el nexo político para que Cristina lo tuviera en cuenta como número uno de YPF. Lo hizo en momentos en que Urribarri comenzó a mostrar no sólo con acciones que quiere competir por la candidatura presidencial del Frente para la Victoria.

  • Suele cruzarse elogios con el poderoso jefe del Sindicato de Petroleros de Río Negro, Neuquén y La Pampa, el senador Guillermo Pereyra.

  • En una entrevista que le dio el año pasado a Daniel Tognetti, Galuccio dio a entender que tiene en mente un modelo de lo que un país debe hacer si logra grandes beneficios con el negocio petrolero. Habló del ejemplo de la empresa noruega Statoil, una compañía con un 63 por ciento de participación estatal, que tiene un directorio profesional, integrado en un 40 por ciento por mujeres, con representación de los trabajadores. Destacó que en ese caso, con las enormes ganancias de la explotación hidrocarburífera, Noruega creó un fondo por el que “el gobierno noruego distribuye la renta soberana en la gente común”.

  • En esa entrevista, Galuccio dijo que su trabajo en la compañía petrolera nacional tiene “algo que trasciende lo profesional” y con lo que busca “contribuir a un proyecto que uno cree”. Y habló con admiración del general Enrique Mosconi, primer presidente de YPF.

Como decíamos, una personalidad poco habitual, de la que seguramente escucharemos más cosas en el futuro.

¿Y por qué tanta crispación?

En lo que va de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner suele hablarse del regreso de ciertos debates políticos y de una mayor “pasión” o hasta “tensión” en torno a una serie de temas en la agenda pública.

Un elemento que explica el porqué de la mayor intensidad en los debates han sido una serie de políticas y acciones que implicaron una mayor presencia del Estado en la economía que la que se verificó durante las décadas del 80 y 90.

Otro elemento que puede ayudar a entender esta “crispación” ha sido la vigencia de políticas redistributivas. Para evaluar su impacto, resulta útil la lectura del trabajo “Gran Buenos Aires: Polarización de ingresos, clase media e informalidad laboral, 1974-2010”, de Fernando Groisman, publicada en la edición de abril pasado de la Revista de la CEPAL.

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Dos, tres, muchos candidatos

Las elecciones presidenciales de 2015 tendrán lugar en un contexto inédito por varias razones. La más obvia de ellas es que se desarrollarán luego de doce años de gobierno de un mismo signo político, un récord desde 1983 hasta la fecha. Cuando falta algo más de un año para que los precandidatos se inscriban en las internas abiertas, obligatorias y simultáneas hay otro elemento que llama la atención: la proliferación de posibles precandidatos.

Del lado de la oposición, Hermes Binner, Ernesto Sanz, Julio Cobos, Sergio Massa y Mauricio Macri han expresado su intención de ser candidatos o alientan una postulación. Pero también desde el oficialismo Daniel Scioli, Sergio Urribarri, Florencio Randazzo, Juan Manuel Urtubey, Aníbal Fernández y Jorge Capitanich figuran como postulantes. Se habla asimismo del ministro de Defensa, Agustín Rossi, o del presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez.

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¿Parir la paritaria?

El año pasado, tuve la oportunidad de escribir aquí una columna sobre el desarrollo de las paritarias durante 2013 y su finalización, una vez más, sin enormes sobresaltos.

Este año, luego de la devaluación de la moneda, del 26 por ciento, registrada del 22 al 24 de enero, ¿las paritarias se desarrollarán como un juego por completo distinto? ¿La conflictividad “social” por el lado sindical será superior a la de años anteriores? ¿Esas negociaciones generarán un “desmadre” en la situación económica?

Hacer predicciones cerradas nunca es bueno cuando hablamos de fenómenos políticos y sociales, pero sería bueno notar que las negociaciones entre entidades empresarias y sindicales este año se realizan en un determinado contexto. Señalo algunos elementos:

Por un lado, como lo indicó el año pasado Julián De Diegodirector del Posgrado en Conducción de Recursos Humanos de la Universidad Católica Argentina (UCA) y uno de los principales asesores de grandes compañías en materia laboral en 2013, “por noveno año consecutivo, dentro de la era K” los sindicatos lograron “incrementos superiores a la inflación real”. Las paritarias han sido para los gremios un mecanismo fructífero. Una cosa sería “tirar de la cuerda” en las mesa de tres patas a las que se sientan empresarios, sindicalistas y el Estado y otra distinta “romper” o “desvirtuar” el mecanismo de negociación.

Mientras tanto, para algunos sectores empresarios, seguramente la situación se ve distinta. Las paritarias aparecen como un mecanismo engorroso y desgastante. Sin contar lo antipático que resulta para algunos hombres de negocios el crecimiento de los niveles de afiliación y la proliferación de comisiones internas en sus compañías.

El secretario general de SMATA, Aldo Pignanelli, enrolado en la CGT que encabeza Antonio Caló, recordó hace pocos días que durante el actual período democrático iniciado hace 30 años hubo paritarias en los años 1988 y 1989. Y luego recién a partir del gobierno de Néstor Kirchner. “Libertad de negociación, como tuvimos los últimos diez años, no tuvimos nunca”, destacó.

De esta descripción se desprende otro elemento: existe ya una experiencia una “memoria” en las negociaciones. Los señores que se verán las caras en estas paritarias vienen viéndoselas hace ya una década. En tiempos en que se habla de “calidad institucional” y “previsibilidad” en abstracto, las paritarias parecen ser un mecanismo institucional bastante previsible para los actores involucrados.

En cuanto a la idea de que el Gobierno busca poner un “techo bajo” a los aumentos salariales y que hay sindicatos que rechazan cualquier tipo de tope, ese debate es uno que se da todos los años desde que se lanzaron las paritarias. De hecho, cuando Hugo Moyano era identificado como uno de los principales socios políticos de Néstor y Cristina Kirchner, la paritaria del gremio de Camioneros era criticada por sectores sindicales opositores por ser considerada un “tope” aplicado de hecho por el Ejecutivo.

En ese contexto, de acuerdo con un estudio del Ministerio de Trabajo, la conflcitividad laboral no viene, hasta el momento, “descontrolada”. Ese trabajo indica que en 2013, por primera vez desde 2008, se registraron menos conflictos con paro que el año anterior. Tres datos adicionales:

  • Los conflictos con paro en el ámbito estatal fueron menos en 2013 que en 2012.
  • Los conflictos con paro en el ámbito privado no dejan de subir desde 2007, pero en 2013 hubo sólo cuatro paros más que en 2012.
  • Las jornadas no trabajadas en el sector privado en 2013 fueron de las menores de la serie. Sólo 2006 y 2011 fueron mejores años en este aspecto.

Habrá que tener en cuenta también que, hasta donde sabemos, a un presidente peronista nunca le ha costado un trabajo excesivo alinear los planteos y reclamos sindicales con sus necesidades políticas (y económicas). Carlos Menem, a la hora de aplicar reformas neoliberales que implicaron la venta de una gran porción de activos públicos, enfrentó inicialmente resistencias gremiales, pero más temprano que tarde las superó.

En ese contexto puede notarse además la diferencia que empieza a surgir entre la mirada que pueden tener gremios estatales o de servicios con aquellos que provienen del sector industrial. En muchos casos, en situaciones económicas difíciles o de incertidumbre, los sindicatos fabriles están dispuestos a aceptar pautas menores de aumentos de salarios a cambio del sostenimiento de los niveles de actividad y puestos de trabajo. En términos del dirigente de los mecánicos Pignanelli: “el gremio tiene que discutir el fino equilibrio de no perjudicar los puestos de trabajo por sacar más salario”. Una lógica sindical distinta prima en sindicatos como en el docente, en el que la situación ya viene conflictiva: la paritaria nacional docente, a la que ahora convocó el Gobierno nacional, viene de cerrar sin acuerdo en sus dos últimas ediciones.

Así, las paritarias se abren en el marco de una situación que es nueva, pero donde no todo es novedad. En algunos meses podremos evaluar sus resultados.

La gente que le gusta a Cristina

Puedo afirmar que Mary Anastasia O’Grady, la editorialista del Wall Street Journal que esta semana criticó al Gobierno nacional por enésima vez, es de las personas a las que la presidenta Cristina Kirchner respeta. Nunca hablé con la jefa de Estado, pero estoy seguro de que es así, por más extraño que parezca.

Hay que recordar que en la última entrevista que ofreció, Cristina dijo que al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, le reconoce “una inmensa virtud: dice lo que piensa”. Destacó que el líder del PRO “no se disfraza”. O’Grady cumple a rajatabla con esa premisa. No la va de “periodista independiente”, como muchas plumas opositoras de la Argentina. Por caso, antes de las elecciones de 2012 en su país dijo que los dirigentes republicanos Ron Paul y Mitt Romney harían un “mejor” papel que Barack Obama en la Casa Blanca.

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