Por una ley para mejorar nuestra educación

La educación es un cimiento donde se asienta toda construcción social. Sin ella: viviríamos condenados a la ley del más fuerte. Gracias a ella: aprendemos, nos capacitamos, nos instruimos y nos hacemos más humanos en la familia extendida que somos como sociedad.

Por eso presentamos en el Congreso un Proyecto de Ley de Agencia Federal de Evaluación de la Calidad Educativa (AFECE), cuya función principal será proveer información cualitativa y cuantitativa destinadas al diseño de políticas educativas que garanticen el principio de equidad y calidad para todos los alumnos del territorio nacional.

Y lo hacemos a través de una ley porque las políticas públicas en materia educativa no deben encontrarse sujetas a las voluntades de los poderes ejecutivos que detenten el poder según el momento histórico. Es menester y responsabilidad del Estado, en particular del Congreso de la Nación, el dictado de normas que aseguren la equidad educativa en todo el territorio nacional.

Es fundamental disponer de información precisa y confiable en el momento adecuado, ya que permite evaluar la situación frente al objetivo primordial del sistema educativo: que todos y cada uno de los niños, jóvenes y adultos puedan acceder, permanecer y egresar del sistema educativo con los saberes necesarios para insertarse en la sociedad.

Porque el futuro no es lo que vendrá, sino lo que hacemos hoy para que eso suceda.

Hace un año se profanó la memoria del Holocausto

Hace un año, un Día Internacional en Memoria de las Víctimas de la Shoá como hoy, se profanó la memoria del Holocausto.

Estoy aquí, en Yad Vashem, el museo y memorial de las víctimas de la Shoá, el Holocausto. Ingreso por el portal donde se inscribe el versículo bíblico de Ezequiel; y camino por el sendero de árboles plantados en recuerdo a los justos de todas las naciones y religiones, que dieron sus vidas por defender las de los judíos, perseguidos y asesinados por los nazis.

Sin embargo, el dolor no es solo judío, europeo o vinculado a la Segunda Guerra Mundial, sino que es también cercano, nacional, muy argentino. Hace exactamente un año sin que le tiemble la mano, se le derrita la sangre fría ni lata su corazón de piedra, nuestro canciller firmó un acuerdo con Irán, una teocracia que niega la Shoá que aquí se documenta y se hace memoria, en un día donde el mundo entero se compromete a no olvidar y a que como humanidad seamos testigos del horror y custodios de nuestros hermanos sin distinción.

Ya pasó un año y se siguen burlando de nosotros, los argentinos.
Se votó a libro cerrado en febrero pasado, y todavía el parlamento iraní no lo convalidó.

Lo que sí han logrado el canciller, la Presidente y la diplomacia iraní es profanar la memoria de la Shoá, firmando en un día como hoy, hace un año, el certificado de impunidad de quienes niegan la tragedia más cruenta, el genocidio de seis millones de judíos y de tantos otros miles de muertos; los mismos que piden la destrucción de los judíos y del Estado de Israel.

No olvidamos y renovamos nuestro compromiso de revertir por inconstitucional y vergonzoso el acuerdo con Irán.

Las víctimas de la Shoá y de la AMIA claman justicia como nosotros reclamamos que quienes firmaron con Irán también sean juzgados.

Por verdad, memoria y justicia.

No olvidamos la Shoá, la recordamos cada día, como hoy lo hace la comunidad internacional.
Un día que quedará por siempre grabado en la lamentable trayectoria de nuestro canciller, a quien tampoco lo vamos a olvidar.

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Las Pascuas judeocristianas

Estas Pascuas serán una celebración signada en el espíritu del Papa Francisco. No solo la Semana Santa, acorde a la liturgia cristiana, sino también nuestra celebración judía de las Pascuas: Pesaj. La fiesta de la Libertad que celebramos a partir de esta noche.

El encuentro personal y el afectuoso saludo que la semana pasada en la Sala Clementina me permitió reencontrarme con mi maestro y Rabí Jorge Bergoglio, ya investido como Papa Francisco, renovó también la raíz común. Fueron breves instante, intensos en emoción y compartidos en oración. Recité la bendición que se prescribe decir frente a los sabios de la humanidad y agradecimos el tiempo y espacio donde Dios se nos revela, sentí que lo hacia en ese abrazo. Abrazar a Francisco fue para mi afirmarme al tronco judeocristiano, tan vivo y presente cada día como en especial en esta próxima festividad de las pascuas judeocristianas.

Pesaj y Pascua comparten los valores de la redención y la salvación. Desde el relato bíblico del Éxodo, como primera alianza en la Ley que nos hizo libres, hasta la Última Cena; en la que —celebrando Pesaj— se forjó una nueva alianza que dio origen al credo cristiano de Dios. Su Hijo y el Espíritu Santo que vuelven a manifestarse en la Eucaristía, cuyo origen histórico fue en este tiempo pascual que hoy celebramos cuando nuestro común rabino Jesús se revela a sus discípulos como Cristo. Jesús que celebrara Pesaj con los suyos tomando el pan ázimo —la Matzá—, presento su cuerpo para la comunión; y en la copa de vino del Kidush, de la consagración y del agradecimiento como su propia sangre.

Encontramos cómo el tronco de la misma raíz mesiánica se divide en dos ramas, que, ya diferenciadas en los siglos siguientes, se desarrolla en la misma tierra y bajo el mismo cielo para dar frutos de la siembra de lo humano que cosecharemos juntos como hermanos. Son  los mismos frutos divinos de lo mesiánico, sea celebrado en Pesaj en la espera del Mesías que aun esperamos o en la Semana Santa como la vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo. Celebramos juntos de maneras diferentes en el nombre del mismo Padre que anhela que sus hijos se unan y reúnan en la misma mesa.

Así, las liturgias diferentes de dos tradiciones reveladas que —unidas en valores a la tradición islámica— hacen del servicio a lo humano en el monoteísmo ético, un mismo camino al que llegamos por diferentes senderos.

Hoy, conmovidos aún por la transformación de nuestro querido Bergoglio, en Papa Francisco, llegamos a las Pascuas judeocristianas convocados al mismo desafío: servir a Dios es servir al hombre, y el poder terrenal se hace celestial cuando no abusamos de él, sino que lo desplegamos para que los que menos tienen, tengan lo mínimo de lo digno.

Así, en estas fiestas, la redención y salvación es recuperar lo digno de lo humano, revela lo que hay en nosotros de divino. Tenemos en este nuevo tiempo la buena nueva de un hombre que se hace grande por bajar su perfil, y desde la cúspide de su ejemplaridad baja al llano, donde siempre sabe transformar la realidad por lo que hace, transmitiendo con claridad concreta potente y fértil los gestos de aquello que debe transformarse en nuestra forma de ser.

Escuchemos con fervor su llamado. Que todas las religiones y seres humanos nos unamos en la espiritualidad, que es esa energía que nos permitirá reparar, curar, sanar; amar lo humano en cada hermano; renunciando a la posesión; anticipando la fraternal ofrenda que, desde el sermón de la montaña, vuelve Francisco a decir: «Bienaventurados sean los pobres, porque de ellos será el reino de los cielos», un cielo que podemos anticipar en la tierra para que no debamos esperar a que partan. Partamos y repartamos nuestro pan aquí. Partir el pan en bendición de equidad con justicia social es el milagro humano de multiplicarlo,  de la misma forma que lo consagra la liturgia cristiana en la hostia de cada misa, así nosotros esta noche tomaremos Matzot, el pan de la pobreza que comieron nuestros antepasados en Egipto; y que hoy proclama la libertad para todos los hombres que serán libres cuando todos los que tengan hambre vengan a la mesa y coman.

Pan para el cuerpo de la dignidad humana. Pan para el alma de la redención y la salvación, que en el amoroso llamado de unidad en la diversidad, el Papa Francisco nos enseña que estas Pascuas son tan cristianas como judías.

Ser custodios de nuestros hermanos

(Desde Ciudad del Vaticano)

En la Homilía de coronación del Papa Francisco, fuimos testigos de su mensaje universal: nos llamó a que seamos custodios de lo humano.

Presentes en esta peregrinación de almas, convocados por la Iglesia Católica Apostólica Romana esta mañana en la Plaza de San Pedro, nos llamó nuestro querido Bergoglio, ya como Papa Francisco, y nos dijo que todos somos parte del misterio de una creación que el Creador dispuso para que pongamos la bondad y la misericordia como guías de nuestra vocación de custodiar. Así trajo la figura bíblica de José, en su fiesta que celebra el inicio del nuevo Ministerio Petrino, recordando a quien dispuso todo su ser en la consagración de custodiar.

Así se le confirió a Pedro un poder, pero un poder verdadero que es el poder de servicio.

Que este día de fiesta para todos los que nos sentimos llamados por el Papa Francisco podamos de su ejemplo servir con el poder de cuidar a los que más necesitan, alejándonos de la tentación de servirnos del poder. 

Recordó así también, con referencia al Evangelio, la promesa al Patriarca Abraham donde todos, como hijos de la misma familia en la fe monoteísta, raíz del humanismo ético, somos custodios de la creación de lo humano, expresión de lo divino.

Que podamos honrar al Papa Francisco con el orgullo de ser compatriotas y en el desafío de saber en su nombre dar el ejemplo.

Bergoglio, mi rabino

Bergoglio fue designado como nuevo Papa y asume la figura de Sumo Pontífice como Francisco. Un punto de inflexión en la historia de la Iglesia, de la Argentina y, confío, ¡también lo será del mundo!

Pero más allá de todas las consideraciones de su figura y su obra, hay un aspecto de su persona en la que muchos nos nutrimos de su ser en valores y de su hacer con la coherencia de sus acciones.

Rabí es maestro. Así fue denominado Jesús. En este rol y función nos lo presenta el Evangelio.

Bergoglio es maestro. Fiel a mi raíz judía y mi vocación rabínica, dentro de mi comunidad de origen y en la comunidad de destino que es la sociedad argentina toda, encontré en quien fue ungido Sumo Pontífice a un maestro que me escuchó, me orientó y aconsejó sobre cómo desplegar mi vocación de servir, tanto al Creador como a sus criaturas en el desafío del bien común.

Desde su prólogo en mi libro Argentina ciudadana, hasta sus prédicas en las solemnes festividades en el Templo de la calle Libertad, cada encuentro, cada instante de su presencia fue una referencia.

Siempre destaco su vocación de rabino. Como cardenal primado enseñó a recuperar la raíz judía de la cristiandad y proyectó desde la Iglesia la dimensión universal de escribir, en la prosa de los días, esa poesía de quien para poder ver transformada la realidad debe seguir las enseñanzas de este pastor de almas, mi maestro, rabino, amigo que me dio el ejemplo de creer para poder ver.

En la admiración y gratitud por su enseñanza, elevo mi corazón en oración para que el logro de esta nueva dimensión, ser un nuevo faro desde el Atalaya, con su visión inspirada en el Padre de todos, nos guíe, como sus hijos y hermanos que somos, a un mundo mejor.

Daniel, el cobarde

No tenías que pedirle a nadie que escriba por vos. Por eso te llamamos cobarde.

Que hayas votado en contra de tu conciencia, por obediencia debida, para hacernos socios de Irán, traicionando así la memoria del exterminio de seis millones de judíos, pactando con una teocracia fundamentalista y terrorista, llevando la conexión internacional a su punto final; todo eso no te habilita, además, para que mercenarios de la pluma escriban lo que vos pensás. Hace falta sólo lo que no tenés: el valor de escribirlo y firmarlo vos.

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Traducción de una entrega

Es esta la traducción al español del dialecto Cristino.

Así como ante las Naciones Unidas prometió no firmar sin consultar a los familiares, a las instituciones y a los diferentes partidos políticos y no cumplió, hoy podremos anticipar que los motivos de la firma del tratado con Irán mantienen la misma matriz.

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Sin freno

Sin freno para los trenes.

En una trama de corrupción, negligencia y dolo por quedarse impunes, con plata y quitando vidas inocentes de ciudadanos maltratados y asesinados como ganado por la inmoralidad de funcionarios de un Gobierno que no asume lo humano que debe ser un Estado.

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La reina judía

Nos cuenta la historia bíblica, en el Libro de Esther, que ella, siendo una mujer fiel a su identidad judía, llegó a ser reina en Persia con la misión de salvar a su pueblo.

Según la tradición religiosa, hoy la comunidad judía dedica un día de ayuno en su honor.

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