Hugo Chávez Frías: abriendo caminos de emancipación

Un repaso de lo que significó Chávez para la integración regional, incluyendo sus relaciones con Estados Unidos. Un pueblo que, aún llorándolo, encarna la continuidad de su proyecto como si fuera el primer día.
Las multitudes que formaron mareas rojas a lo largo de calles y carreteras de Caracas, Venezuela, para rendir homenaje póstumo al ex presidente Hugo Chávez Frías, no sólo marcaron una nueva derrota de la derecha venezolana y sus medios masivos de comunicación, mayoritarios en ese país, sino que también derrotaron una vez más a la confabulación internacional mediática contra esa nación y contra los mejores gobiernos de América Latina.

Sorprende que esos millones de venezolanos, que además demostraron una conciencia política sólida en cada respuesta que dieron a los medios, no influyeran para modificar aunque sólo sea de palabras, el discurso del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

En el marco de la sorpresa que significó no sólo la presencia del pueblo, sino de los 55 delegaciones de alto nivel de todo el mundo, 33 jefes de Estado, una mayoría de América Latina y el Caribe, incluyendo al presidente de Irán y en las antípodas, el heredero del trono español -en tiempos en que se discuten las monarquías europeas-, el presidente Obama ofreció “su ayuda” al pueblo venezolano para una “transición hacia la democracia, por el respeto a los derechos humanos (mirá quién habla diría cualquier vecino del continente) y la plena libertad de prensa”, entre otras de sus ofertas.

¿El presidente de Estados Unidos necesita una operación Milagro para ver lo que está sucediendo en Venezuela o la ceguera irracional del poder que intenta controlar el mundo entero los enceguece a esos límites de los que no se regresa más?

De hecho, como algunas expresiones de sus funcionarios en los últimos tiempos, opinando y “aconsejando” sobre lo que debe hacer Venezuela o “donando” millonarias sumas a sus opositores, que a pesar de esto no han podido doblegar la voluntad del pueblo venezolano, es una abierta y descarnada intervención en los asuntos internos de un país soberano.

Pero aún más, significa una absoluta irracionalidad ofrecerle a un pueblo que está demostrando con su activa y abrumadora presencia, y a pesar del dolor, la convicción de que democracia es lo que se está viviendo con logros sociales y culturales nunca vistos en el país, salud, educación, participación permanente en las decisiones estatales.

Le habla a un pueblo que salió a las calles produciendo el primer levantamiento antineoliberal, el “caracazo” en febrero de 1989 y que pagó, con la vida de más de un millar de personas, su derecho a la protesta.

Ese mismo pueblo que derrocó el golpe de abril de 2002, bajando de los cerros, desarmado con un librito de la constitución en la mano, lo que llevó a los soldados de la Guardia Presidencial, que custodiaban al presidente de facto, Pedro Carmona, a salir a las calles y unirse a los manifestantes, como lo hicieron los militares patrióticos, ¿les va a enseñar democracia el gobierno estadounidense? Solo 48 horas duró el golpe financiado y apoyado por Estados Unidos. Algo nunca visto en el mundo.

¿Qué democracia informativa le puede enseñar Washington al pueblo venezolano, víctima del terrorismo mediático amparado por el poder hegemónico de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) partícipe de todos los golpes de Estado e intervenciones en América Latina y el Caribe? Además participante clave en el golpe de Estado de abril de 2002, precisamente.

¿Qué derechos humanos puede enseñar Washington en estos tiempos, cuando mantiene Guantánamo, un campo de concentración y experimentos de torturas, cuyo cierre definitivo ha solicitado democráticamente lo mejor del pueblo estadounidense, sin que nadie lo escuche?

¿Y qué de los primeros genocidios del siglo XXI en Afganistán, Irak, Libia, Sudán y Siria, ahora cometidos por fuerzas invasoras en guerras coloniales, que Chávez condenó?

Un país que mantiene cárceles secretas, operaciones ilegales de traslados de prisioneros “sospechados“ por todo el mundo, que reivindica la tortura en nombre de su seguridad nacional, ¿puede dar cátedra de derechos humanos a Venezuela o América Latina o a Argentina, donde se escenifica uno de los momentos históricos en justicia y lucha contra la impunidad?

Debemos reflexionar, ante la muerte del hombre que encabezó la lucha por la unidad de América Latina, que fue acompañado en sus primeros pasos “con firmeza, audacia revolucionaria, en cada momento y desafiándolo todo” por el también fallecido presidente Néstor Kirchner, como me lo relató Chávez en una entrevista en 2006, de las 11 que me concedió para el diario “la Jornada” de México.

También debemos reflexionar sobre la oposición, que sin decirlo, reconoció los cambios en Venezuela, cuando el candidato de 2012 de todos los sectores opositores de derecha, incluyendo a una izquierda que curiosamente se autodefine como “radical”, debió prometer en su programa que iba a mejorar todo lo que Chávez había hecho en su país.

El pueblo venezolano eligió a Chávez en 2012 y en su figura estaba eligiendo nada menos que una histórica revolución democrática, que es uno de los legados más importantes del mandatario recientemente fallecido.

Ninguno de los cambios reconocidos a esta altura por los organismos internacionales, sucedidos en Venezuela y que modificaron radicalmente las anquilosadas estructuras de un país, que aparecía lejano en el mapa de América Latina, hubiera sido posible sin un cambio radical del sistema político, que protagonizó Chávez, con una enorme audacia revolucionaria para ir a fondo en todas sus acciones.

Nadie puede negar en estos momentos (no solo sus seguidores, sino sus críticos y enemigos), los cambios profundos que produjo Chávez en una sociedad dividida en un 80 % de pobres, y un 20 % de ultra ricos, cuando llegó al gobierno en 1998.
Y esto se podía aplicar inversamente a la renta petrolera, ya que 80 % de esas ganancias se destinaban supuestamente al mantenimiento de la petrolera estatal de PDVSA y del otro 20 %, muy poco o nada llegaba al pueblo. De ahí salió el dinero para construir la Caracas saudita de los grandes rascacielos, mientras el pueblo subía cada vez más alto en los cerros y era excluido de toda participación democrática.

Son innegables los avances en estos 14 años de gobierno que transfirió la renta petrolera de la que se apoderaban antes los grupos privados. Ese dinero, desde la recuperación de PDVSA durante el golpe petrolero, con sabotajes y todo lo que se realizó a fines de 2002 y principios de 2003, también derrotado por el gobierno de Chávez, fue a engrosar las arcas para pagar un enorme paquete de servicio públicos y otras que transformaron a la sociedad venezolana en la que mejor repartición de renta tiene en América Latina, según el índice Gini con iniciativas distributivas que cambiaron la fisonomía venezolana.

El pueblo recuperó su verdadera memoria histórica, los principios de soberanía, independencia real, lealtad, solidaridad y dignidad como lo explican, en su lenguaje fuerte y florido, con una dialéctica impecable, las voces del pueblo que estamos escuchando. De cómo burló a las burocracias estatales, que hubieran sido un obstáculo por ejemplo para la alfabetización, continuada luego con la educación terciaria en el mismo esquema, dan cuenta las misiones como “Barrio Adentro” (salud para quienes nunca la tuvieron), “Robinson”, programa educativo reconocido por organismos internacionales o Vuelvan Caras (entre muchas otras).

¿Y qué decir del hombre que sacó a la integración del papel en nombre de la solidaridad, como lo demostró en Argentina en 2005, cuando propuso cambiar petróleo por insumos rurales, por vacas, ayudando al país con una generosidad que han reconocido los presidentes? En 2003 dijo que no descansaría hasta hacer realidad la integración emancipatoria. Y se hizo.

Cuando entregó combustible gratis a los pobres de Estados Unidos o los créditos bajos y casi nulos de interés de largo plazo a los países más pequeños y empobrecidos, incluyendo a los no amigos, logrando que los gobiernos de la región no hayan tenido que ir de rodillas ante el FMI o el Banco Mundial a pedir créditos y aumentar sus deudas externas, de por sí asfixiantes.

Mucho más hay que decir, pero el espacio es breve.

Por todo esto, el pueblo venezolano ha tomado la posta y esto revela la pobreza y ambigüedad de análisis que olvidan las gestas populares, que nunca vieron cómo Chávez colectivizaba su mandato o que dicen que montó un sistema político personalizado, sin entender que fue y es un líder natural de los que los pueblos eligen para identificarse. Un líder que supo construir horizontalidad, con todas las dificultades que significan los cambios que nunca se habían dado en el continente, creando una base popular de una conciencia latinoamericanista y antimperialista tan necesaria en estos tiempos. En cada momento histórico, el pueblo fue partícipe activo y no expectador pasivo. No es necesario distraerse ideológicamente o ser apologético para decir esto. Basta asumir el compromiso de la verdad sin escapes individualistas ni ambigüedades que siempre arropan al enemigo. Por eso, Chávez ha podido sembrarse en su pueblo y en América, como dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Y eso es, cada hora que pasa, más evidente.

La Cumbre Sur-Sur: de lo que no se habla

En Malabo, capital de Guinea Ecuatorial, transcurrió, entre el 20 y el 23 de febrero, la III Cumbre del Foro de Cooperación América del Sur-África (ASA) bajo el lema de “Estrategias y mecanismos para fortalecer la cooperación Sur-Sur”, lo que en tiempos de una severa crisis mundial tiene importancia clave por la característica multilateral de esta reunión.

 

En esta cumbre, olvidada por diversos medios de comunicación, influidos por una mirada colonizada, se debatió en base a la búsqueda de soluciones comunes entre naciones, muchas de ellas consideradas pobres, pero que son inmensamente ricas en recursos naturales y están nuevamente en la mira de ambiciones recolonizadoras. Se discutieron, además, importantes proyectos orientados en áreas que son prioritarias para nuestras naciones, como ciencia, energía, tecnología, infraestructuras, seguridad, inversiones y otras.
Este foro está integrado por unas doce naciones de América Latina, la mayoría de ellas de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y 54 países de África, una buena parte de los cuales pertenece al bloque de la Unión Africana.

Inspirada en la primera reunión que se produjo por iniciativa de Brasil y Nigeria, y que se celebró en este último país en 2006, mientras la segunda fue en 2009 en la Isla Margarita de Venezuela, a esta tercera reunión asistieron varios jefes de Estado y de gobierno.

El presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema, propuso estudiar la posibilidad de que se pueda incorporar la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) al Foro de Cooperación África-América del Sur, lo que conformaría un gran un escenario de multilateralidad en momentos en que hay serios intentos de impedir la profundización de estas integraciones impensables en otros tiempos, acudiendo a los acuerdos bilaterales con algunos países, para quebrar la unidad.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, anfitrión de la II reunión en la Isla Margarita y en recuperación de una grave enfermedad en su país en estos momentos, envió un mensaje leído por el canciller Elías Jaua, donde recordaba que ambas regiones están “unidas por indivisibles lazos históricos, destinados a marchar juntos hacia la absoluta y plena redención” y rechazó las múltiples intervenciones y ataques de las potencias de Occidente que ha enfrentado el continente africano en años recientes. Por esas razones Venezuela se ha opuesto a todo tipo de intervención militar extranjera como en Libia y también rechaza toda injerencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). “Es en nuestros continentes donde se encuentran los suficientes recursos naturales, políticos e históricos que se requieren para salvar el planeta del caos en que se halla” fue  el mensaje de Chávez.

Lo reafirmó la presidenta de Brasil Dilma Rousseff, quien advirtió que África y América del Sur serán protagonistas decisivos de ese nuevo escenario histórico. “Tenemos la oportunidad histórica de reducir la distancia tanto económica como social que todavía nos separa de los países más avanzados. África y América del Sur seremos protagonistas decisivos” agregó, estableciendo una serie de propuestas sobre cooperación en distintas áreas.

Nuevamente, como en otros foros, volvió a mencionar la necesidad de reformar urgentemente Naciones Unidas “porque nada justifica que África y Sudamérica sigan sin representación permanente en el Consejo de Seguridad. También hizo serias críticas al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial.

Brasil tiene fuertes relaciones comerciales en el continente africano, y una raíz cultural que persiste a través de todos los tiempos y sobre esta base y esta necesidad de unir fuerzas cada día más, ante la diversidad de amenazas que rodean a unos y a otros, la mandataria brasileña puso énfasis en esta justa presencia en el Consejo de Seguridad de ONU.

También la intervención del presidente boliviano Evo Morales tendió puentes importantes. En la Declaración de Malabo, se manifestó el reclamo y apoyo al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de los 54 países africanos asistentes por la soberanía argentina en las Islas Malvinas bajo colonialismo británico desde 1833. Es la primera vez que un conjunto tan importante de países africanos toman posición en un tema tan sensible para ellos, con una historia de largas luchas anticoloniales, que de alguna manera están recomenzando.

En la declaración final se destacó como eje central profundizar la cooperación sur-sur, por lo que se planteó dar una estructura más sólida a este mecanismo de integración birregional, que es estratégico y que debería tener una fuerte repercusión. También, y muy especialmente en el área de la defensa continental, ya que la conformación de un Comando Africano, establecido desde el 2007 por Estados Unidos en Africa con las características similares a las del Comando Sur para nuestra región, conforman otra amenaza de militarización y geoestratégica que afecta a unos y a otros.

 

Fuente: Télam

Propuestas emancipatorias ante la ofensiva mediática

La ofensiva mediática contra varios gobiernos de América Latina que llevan adelante los programas y agendas prometidas a sus pueblos y una política exterior independiente, con la construcción de instituciones que exigen el cumplimiento estricto de las leyes internacionales, se incrementó notablemente en lo que va de los inicios de 2013, aunque ha sido una acción sistemática y sin pausas.

Es que en la realidad actual, las corporaciones de medios son hoy por hoy la verdadera dirección de las oposiciones de una derecha burda, que a pesar de las altas sumas de financiamiento externo no han podido derrotar a los gobiernos más comprometidos de la región. Pero sí debilitar a las sociedades mediante la desinformación y los entretenimientos diseñados para desculturizar a nuestros pueblos y convertirlos en sujetos de recolonización.

Ante un avance recolonizador global, que no reconoce fronteras, imponiendo nuevas guerras coloniales de ocupación y dominación en países en Medio Oriente y África, Asia, las leyes internacionales y la Carta de Naciones Unidas aparecen como letra muerta, permitiendo una impunidad también global  que deja indefensa a la humanidad en su conjunto.

La simultaneidad de los ataques mediáticos contra nuestros gobiernos, cuyo ejemplo más evidente fue la publicación por el diario El País de Madrid de una fotografía falsa del presidente Hugo Chávez Frías, tomada  supuestamente en una sala de terapia en  graves condiciones, manipulando canallescamente su condición de enfermo ahora convaleciente, fue la gota que desbordó el vaso.

Aunque el periódico se disculpó y debió sacar su edición de los quioscos de venta, esto dejó grandes dudas en lectores europeos, sobre las informaciones permanentemente negativas de ese medio sobre Venezuela y América Latina. Pero nunca se discutió otro problema de fondo como es el de la ética periodística, ya que habría que preguntarse: si la foto hubiera sido verdadera, su publicación, ¿no sería  éticamente reprobable e ilegal?

Por otra parte la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner fue insultada gravemente en un programa de televisión, por un actor cómico, reconocido por sus groserías y ex candidato a gobernador de un partido de derecha en la importante provincia de Santa Fe. Un típico armado de la televisión del poder hegemónico local.

No es la primera vez que desde la derecha más burda que recuerde la historia del país, el insulto brutal sea la expresión “política”, intentando desacreditar y degradar la figura presidencial. Lo mismo ha sucedido a otros presidentes como Evo Morales, Rafael Correa, Dilma Rousseff y todos los “no sumisos”.

Cuba lleva más de medio siglo soportando las campañas de desinformación que están destinadas, como en los casos anteriores a una guerra de desgaste, de contrainsurgencia real.

Esta renovada contrainsurgencia (léase ilegalidad absoluta de acciones), aplicada por Estados Unidos en nuestra región a lo largo del siglo XX, funciona activamente en base al control mediático de los medios masivos de comunicación y de las nuevas tecnologías informáticas. Desde 1994, la denuncia sobre este nuevo esquema contrainsurgente de la información ha estado en diferentes foros.

Esta situación regional y mundial constituyó el eje del II Taller Internacional sobre Redes Sociales, Medios Alternativos  y Nuevos Escenarios de comunicación política en el ámbito digital. En el debate participaron delegaciones oficiales de países de América Latina, Europa, Asia, África, invitados especiales e investigadores sobre las nuevas tecnologías informáticas, los alcances de la ciberguerra y otras formas de control ejercidas sobre nuestros países y sobre nuestras comunicaciones. Pero también modelos de resistencias que se están dando en este momento y algunas formas de protección contra la dictadura mundial de la desinformación y el silenciamiento de la verdad.

Temas como la urgencia de lograr la soberanía de los países y de la región sobre la Internet, una mayor articulación de las redes sociales y medios alternativos, propuestas sobre la necesidad de dar paso decididos en el propósito de socializar el contenido de las herramientas sobre Internet, fueron también parte del debate.

Requerir el aporte de las nuevas generaciones en la búsqueda de un software libre de controles externos y la necesidad de explorar la posibilidad de que esta temática esencial para todo proceso emancipador para que nuestros pueblos avancen en mecanismos integradores para colocar los temas de comunicación e información en los organismos de integración que ha logrado crear América Latina en caminos liberadores, fue e una propuesta del canciller cubano Bruno Díaz que asistió al encuentro.

También habló de la protección y concientización de las redes sociales y de la necesidad de prepararse ante las pretensiones hegemónicas y la gobernanza global de la internet.

Se coincidió en la urgencia de la unidad ante la situación mundial y de crear nuestras propias reglas y agendas para evitar la dependencia externa y dar sentido político a nuestras acciones ante la concentración de la propiedad tecnológica.

La ciberguerra, que es una realidad en nuestros tiempos, fue un tema básico para entender la posibilidad de controles, manipulación informativa, por medio del espionaje virtual que se ejerce y que abruma a nuestros países.

Y, finalmente, la demanda para que  los organismos de integración asuman incorporar como una emergencia de estos tiempos, el tema de lograr, definitiva y creativamente, retomar el control, la conectividad de nuestras comunicaciones fuera de toda vigilancia y recuperar nuestra voz y nuestra independencia en todos los aspectos.

 

Fuente: Télam

Simbolismos de una cumbre

Fue, sin duda, un hecho histórico en la historia contemporánea de los procesos de integración de América Latina y el Caribe, que se reafirmaban en una segunda reunión después de Caracas, en diciembre de 2011. El viejo mundo europeo llegó al encuentro en momentos de enorme debilidad, perdidos los objetivos de unidad -que parecía indestructible-, en las  brumas de imposiciones neoliberales tardías, que están produciendo una verdadera tragedia en sus pueblos, despojados de toda seguridad hacia el futuro, y el otro, este “mundo posible”, pero cierto, que nuestra región está construyendo hacia otro futuro emancipatorio y justo.

La Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) realizada en Santiago de Chile, entre los días 26 y 27 de enero pasado, estuvo dividida en dos momentos: la reunión conjunta con la Unión Europea (UE), curiosamente cerrada a la prensa, y la de los presidentes dela Celac, como tal, abierta y descomprimida, creando y construyendo, consciente de las amenazas que la rodean, pero también de la fuerza liberadora de sus objetivos.

Fueron evidentes tanto las coincidencias como las diferencias y dejaron asomar la calidad de los avances logrados en la región, como las dificultades futuras en los acuerdos.

Quizás una de las figuras más dramáticas resultó la del presidente de España, Mariano Rajoy, quien parecía representar un imperio, en momentos en que en su país se anunciaban las cifras más altas de desempleo -unos seis millones de desocupados en los últimos tiempos- y la caída sin red que representa imponer en pleno siglo XXI proyectos neoliberales que han fracasado y llevado a la quiebra a otros países.

Esa quiebra sucedida sobre pueblos de América Latina en los años 90 significó el golpe final, la toma de conciencia de que se trataba de la sobrevivencia o la desaparición, lo que se expresó en las calles y carreteras, en una historia de lucha que nos cuentan desgajada, pero que mirada en su conjunto es una verdadera epopeya liberadora continental.

Y allí estaban mirándose esos dos mundos y hay que decirlo: el uno buscando otra vez en esta nuestra América su salvación, después de haber edificado imperios sobre el saqueo de nuestros territorios que se inició hace 500 años, como si otra vez se pudiera cambiar espejitos por oro; y el otro, construyendo y creando desde la solidaridad, una integración salvadora y sanadora, que no planea el asalto colonial, sino una marcha conjunta de respeto mutuo, de intercambio justo, lo que significa construir un mundo duradero, un Estado de bienestar constituido sobre el esfuerzo propio, la propia creatividad y no sobre el asalto a los pueblos del mundo.

Algunos representantes europeos parecían ausentes de la realidad que están viviendo sus pueblos, mientras que la “dama de hierro” de la UE, la canciller Angela Merkel, que entiende con precisión capitalista que además se trata del euro, que otros poderes en crisis quieren quebrar, apelaba a palabras como “ajustes“, “más libertad de mercado” y otras que sonaron a tiempos muy lejanos en estas tierras.

Y también hubo quienes, conformando como gobiernos la Celac, acuden a los mismos términos, que en estos territorios están consideradas piezas de museo.

En ese marco, los discursos que la prensa pudo escuchar fueron los de ese mundo en crisis y los que estuvieron vedados a la prensa fueron precisamente los que desafiaban y apostaban por más vida y menos salvatajes financieros.

Fueron claros los mensajes, las líneas ideológicas de unos y otros.

Hubo reclamos diplomáticos muy elegantes para el anfitrión, Sebastián Piñera, por decidir qué voces se abrían a la prensa, y cuáles eran las silenciadas hacia afuera en ese debate tan importante.

Para los pueblos europeos, víctimas de una desinformación, que los fue aislando de su propia realidad, escuchar a nuestros presidentes que hablaban de los verdaderos caminos posibles y de la única forma de construir soberanías y democracias verdaderas, hubiera sido iluminador.

Aun así, Piñera y otros presidentes de la Alianza del Pacífico, que no puede ayudarlos en estas circunstancias porque depende de ese mundo en crisis, que pretende repetir la vieja historia neocolonial, no pudieron abstraerse de la realidad que ofrece una Celac diversa, plural creativa, cuyos gobiernos están sorteando la crisis y mejorando lentamente tantos años de deuda social.

Ante las cada día más duras amenazas, en este caso de Gran Bretaña contra nuestros mares y tierras y hielos del sur, uno puede plantearse muchas buenas intenciones neoliberales, pero para la defensa de soberanías esto no sirve y hay que volver a la solidaridad latinoamericana para salvarse de las ambiciones que nos cercan. Habría que decir mucho de la Cumbre donde la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner logró apoyos muy definidos en temas como el de los derechos inalienables de nuestro país en Malvinas y también en esa enérgica defensa de consolidar lo nuestro ante tantas apetencias externas y  desesperadas propuestas inversoras  que, por alguna razón, exigen respaldos jurídicos, cuando se han llevado sin ninguna justicia una gran cantidad de nuestras riquezas.

Todos quieren venir por más. Pero son tiempos en que hay una percepción regional de que al fin “llegó la hora de los pueblos” como dice el presidente Evo Morales de Bolivia. Y mirando alrededor uno siente que esto es así.

En noviembre de 2005 se confirmó esta decisión emancipatoria en un día muchos eternamente colonizados no quieren recordar, cuando el anfitrión entonces de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata dijo un ”no” contundente a la recolonización disfrazada de Área para el Libre Comercio de las Américas (ALCA). El ex presidente Néstor Kirchner y sus pares del Mercosur más Venezuela que lo acompañaron dieron una lección de historia contemporánea del “sí se puede”. Esa patriada abrió el camino, que  se expresó en Chile, en una cumbre que estuvo amenazada por una feroz campaña mediática, que alentaba acciones de guerra sucia. Fracasaron una vez más.

La irrupción de la palabra del presidente venezolano Hugo Chávez Frías a través de una carta de enorme contenido político, los discursos que luego pudieron escucharse de los presidentes que son el verdadero sostén de esta cumbre, el momento en que el mandatario de Cuba, Raúl Castro, recibió la presidencia pro témpore inaugurando otro tiempo, otra era, otra justicia, hicieron de esta cumbre una alegoría de simbolismos que hay que recoger e interpretar desde la descolonización del pensamiento y la información. Un sueño de José Martí.

“Yo creo que los europeos finalmente advierten que ya esa relación en donde solamente ganaba un solo sector no se puede dar más, que sea una relación donde ganemos ambos, y donde se tenga en cuenta la incipiente industria de los países emergentes”, dijo Fernández de Kirchner al retirarse de esa cumbre de dos mundos que rompió con tantos paradigmas y astilló tantos espejos.

 

Fuente: Télam