Guanabacoa, la próspera villa habanera que se nos fue

Cuando uno se entera que antes de 1959, sólo en Guanabacoa, había ocho firmas productoras de calzado de calidad, no puede menos que indignarse, o entristecerse.

Guanabacoa, uno de los quince municipios que hoy conforman la provincia de La Habana, mundialmente es conocido por ser la patria chica de tres grandes de la música y la cultura cubana: Ernesto Lecuona, Rita Montaner e Ignacio Villa, Bola de Nieve. También por sus santeros y babalaos.

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Cuba: hace falta una cura de caballo

Al margen de las discrepancias políticas e ideológicas, me ha parecido bien que el periodista José Alejandro Rodríguez, en Juventud Rebelde haya publicado un artículo titulado “Desparpajo. Ojalá que ese artículo genere discusiones, críticas y autocríticas en toda la isla.

En La Habana no fui amiga de José Alejandro Rodríguez, pero lo conocí cuando durante veinte años trabajé como periodista oficial. Le respeto y valoro, igual que a otros colegas de entonces, en especial a aquéllos que después de convertirme en periodista independiente, en 1995, siguieron considerándose amigos míos y través de terceros me hacían llegar sus mensajes. José Alejandro se pregunta: ”¿Qué falló en la familia, en la escuela y la calle, en la sociedad? ¿Por qué con tanto derecho a la enseñanza, somos muy instruidos, pero a veces no tan educados como los indígenas analfabetos de cualquier país latinoamericano?”.

La respuesta es breve, clara y directa: lo que falló fue el sistema. Ese “socialismo más pleno y más justo”, como en el párrafo final escribe Rodríguez. El mismo socialismo que falló en la Europa del Este. Porque es un sistema fracasado, desde su concepción hasta su puesta en práctica. Miren a China: mucho maoísmo, ‘revolución cultural’ y comunismo, para al final salir adelante con el capitalismo puesto en práctica por Deng Xiaoping.

Los chinos cogieron el capitalismo para desarrollarse desde el punto de vista económico, financiero e industrial, pero no desde el punto de vista social, educacional y humano. Por eso tienen las desigualdades que tienen. Y violan los derechos civiles y laborales como los violan. Quiera Dios que Cuba no siga el ejemplo de China, tampoco el de Rusia: si al desparpajo existente en la isla se suman esos capitalismos salvajes, la situación empeorará aún más. Recomendable sería que los actuales gobernantes cubanos volvieran su vista hacia países europeos donde funciona el Estado de Bienestar: Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Suiza… Que estudiaran a fondo esos modelos de sociedades, económica y socialmente desarrolladas. Y sacaran conclusiones aplicables a una nación y gente tan distinta como la cubana.

A propósito de Suiza, vale la pena recordar una anécdota ocurrida en el Congreso de la República, en una de las sesiones en el Capitolio Nacional. Sucedió en el siglo XX y la protagonizó el senador Orestes Ferrara. Según se cuenta, el hacendado José Manuel Cortina, dueño de grandes extensiones de tierra en Pinar del Río, propuso en el Congreso un proyecto con el objetivo de adoptar los métodos de la agricultura suiza a la agricultura cubana. Cuando terminó de hablar, Ferrara le dijo: “Su proyecto suena excelente, pero ¿con cuántos suizos cuenta usted para sacarlo adelante?”.

Anécdotas aparte, pese a la intención de Fidel Castro para que siguiéramos el ejemplo de la URSS, República Democrática Alemana, Polonia, Hungría, Bulgaria, Yugoslavia y Checoslovaquia, la realidad se impuso: pertenecemos al continente americano. Goegráfica y culturalmente estamos más cerca de Canadá, Estados Unidos y del Centro y Sur de América, que de los ex integrantes de la Cortina de Hierro. Es cierto, en el continente, no todos hablamos el mismo idioma y nuestras canciones y bailes son  diferentes. Pero somos occidentales. Los cubanos con una particularidad: al ser caribeños, nos parecemos más a los nacidos en Jamaica, Martinica o Trinidad Tobago, que a guatemaltecos, bolivianos y otros pueblos con sangre indígena.

Los Castro han acabado con Cuba. Lo menos importante, en mi opinión, no es la destrucción material y el atraso en la agricultura, la ganadería, la construcción y la economía en general. En una década o menos, se puede pasar del atraso al desarrollo. Pero reparar la destrucción moral y espiritual, la pérdida de valores, la ausencia de reglas mínimas de urbanidad y cortesía en la población, luego de 54 años de autocracia verde olivo, puede demorar décadas. ¿Quiénes son los culpables principales? Los Castro. Lo digo en ¿Ahora es que les preocupa la vulgaridad? y lo repetí en la carta abierta al presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión.

Lo han dicho y siguen diciendo esos periodistas independientes que el régimen se niega a reconocer, como Iván García, Luis Cino y Jorge Olivera, entre otros que en innumerables ocasiones han abordado el tema de la falta de respeto, la descortesía y la mediocriodad, en buena parte de esa generación de cubanos que un día Fidel Castro quiso convertir en ‘hombres nuevos’ al estilo de Ernesto Che Guevara.

Pese a las discrepancias políticas e ideológicas, repito, me alegra que periodistas de medios oficiales como José Alejandro Rodríguez pongan el dedo en la llaga. Y que lo sigan poniendo, en ésa y en muchas otras que abundan hoy en Cuba. Pero mientras los Castro y su parentela estén en el poder, esas llagas seguirán abiertas. Con tiritas (band-aid) no se curarán. Hace falta una cura de caballo.

Ay, Benedicto mío…

Ay, Benedicto.

En unos segundos, con el anuncio en latín de tu renuncia, formaste tremendo revuelo en los medios de todo el planeta. No soy católica, ni siquiera fui bautizada. Pero eso me ha gustado: muy pocos hombres a tu edad, 85 años, logran ser Trending Topic a nivel mundial. Ni siquiera Fidel Castro.

Por cierto, aquel encuentro pudo haberte trasmitido ‘mal de ojo’. Aunque ya está enfermo y decrépito, hay cubanos que aseguran que él sigue trasmitiendo mala leche, mala uva, mala sombra… Y mencionan varios ejemplos, de tipos a quienes se los ha llevado por delante o los ha tirado pa’la tonga, como el caso de Hugo Chávez.

Afortunadamente no conociste al bolivariano en La Habana, como se había dicho. Hubiera sido peor para tu edad y tu aché. Pero ¿sabes una cosa? No sé de México, donde la cosa está en candela, con tanta violencia, secuestros y muertes, pero de Cuba saliste con un karma negativo. Te pasó factura eso que hiciste, de reunirte con los Castro y su familia, y ni siquiera cinco minutos pudiste dedicar a saludar y retratarte con las Damas de Blanco y también con Oswaldo Payá Sardiñas y Martha Beatriz Roque Cabello, disidentes que toda su vida han sido católicos, apostólicos y romanos.

Benedicto, por culpa de ese viaje tuyo a la isla en 2012, decenas de opositores fueron detenidos. Entre ellos un matrimonio de la raza negra, Sonia Garro Alfonso y Ramón Alejandro Muñoz González, quienes desde el 21 de marzo siguen en prisión, sin siquiera saber cuándo le van a celebrar el juicio. Antes de tu renuncia oficial, el próximo 28 de febrero, y antes de enclaustrarte en un convento, ¿no podrías pedir un último favor? Que Raúl Castro excarcele incondicionalmente a Sonia y Ramón.

Sé que te vas con muchos problemas sin resolver, con una Iglesia que si con urgencia no se renueva y moderniza, seguirá perdiendo fieles y casi desaparecerá. Hiciste lo que pudiste, y más o menos campeaste el temporal de los escándalos.

Tu mediática renuncia ha sido una bendición para algunos, es el caso del gobierno de España, repleto de corrupción. Calculo que por lo menos hasta que en abril concluya la Semana Santa, tu y tu sucesor van a seguir ocupando espacio y titulares. Para otros, ha sido un jarro de agua fría. Con la maleta de rueditas lista, cuando pongan pie en tierra ajena y puedan leer la prensa de todo el mundo, online o en papel, se darán cuenta que la noticia en los dos próximos meses estará en el Vaticano.

Si los cubanos apestábamos…

En Cuba, parece que muchos todavía no se han enterado que hace ratón y queso los cubanos empezamos a apestar, no en las guaguas ni en la lanchita de Regla, si no en el planeta. No es peste a grajo, como la de los bolos. El olor es otro. A boniato salcochao con picadillo de soya. A fongo hervido con jurel. A croqueta de claria frita en grasa de pellejo de pollo. A populares y chispaetren.

Que el ‘subdesarrollo muerda’ y acojone al bolitero del barrio, que nunca ha salido de su provincia, se puede entender. Pero no en cubanos ‘leídos y escribidos’ que a menudo navegan por internet. Y en pleno siglo XXI, sin sonrojarse, cuentan las mordidas del subdesarrollo con maracas y chancletas de palo.

Como si fuese algo gracioso, cuando es muy penoso. Porque antes de 1959, cualquier cubano se podía hacer un pasaporte y viajar a cualquier país, aunque la mayoría prefería Estados Unidos. Era el caso de Silvia, Clara y Ofelia, las hijas de mi vecina Eloísa, que a cada rato iban a Miami. Ninguna de las tres eran ricas: eran habaneras humildes y trabajadordas. Entonces, el pasaje de ida y vuelta a la Florida, si mal no recuerdo, costaba 49 pesos (en esa época, el dólar y el peso tenían el mismo valor).

Es una verdadera vergüenza, y una violación de los derechos humanos, que después de 54 años de “revolución” no todos los cubanos, sino sólo aquéllos aprobados por el régimen, son los que van a tener posibilidad de viajar y conocer “el mundo en funcionamiento” (expresión que ya quedó inscrita en el Libro de las Guajiradas).

Cuba no es la primera dictadura que a sus ciudadanos les concede la migaja de viajar al exterior. Hace tiempo, China permite que los chinos viajen, como turistas o para estudiar, trabajar o montar negocios en países capitalistas. Y los chinos entran y salen sin hacer bulla. Viajan con laptops, cámaras fotográficas y de videos, las imágenes las cuelgan en sus redes sociales o las imprimen y ponen en sus álbumes. Sin alardes.

Muchos ‘narras’ son de pueblos tan o más atrasados que los municipios criollos. Y las torpezas cometidas en aeropuertos, aviones y ciudades foráneas las dejan como anécdotas para contar a familiares y amigos a su regreso. Los chinos tienen sus cosas, pero tienen amor propio. Los japoneses se hacen el harakiri.

Los cubanos no. Nos creemos los bárbaros de la colmena, los más ‘calientes’. Pensamos que a base de penes y fondillos vamos a conquistar al “mundo en funcionamiento”. O con botellas de ron, cajas de tabaco y cadenas de oro. Cosas de indios con levita.

Quienes nunca han salido de la isla es normal que hagan el ridículo. Ok. Luego lo cuentan por teléfono, carta o email. Pero hacerlo público no da ninguna risa. Son tan bobos de la yuca (o se hacen) que ni siquiera se dan cuenta que los están cogiendo pa’l trajín. Cuando después esas declaraciones en tono de jarana se leen fuera la isla, se vuelven el hazmerreír en el mundillo del cubaneo.

Si ya los cubanos apestábamos, a partir del 14 de enero de 2013 empezamos a apestar todavía más. Un tufillo rancio, viejo. De enguatada sudada bajo el sol. De pantalón verde olivo sin lavar. De jaba con tierra de las papas compradas en el agro. De café molido con chícharos. De moringa y libreta de racionamiento.

En tiempos de crisis económicas y conflictos bélicos, de desastres naturales y oleadas migratorias, los recursos de todos los países han disminuido. Los gobernantes -y habitantes- de las naciones desarrolladas piensan que no es su problema si a los ‘pobrecitos cubanos’ los tenían encerrados en su isla y no les dejaban salir. Y se han apurado en tomar medidas, para evitar posibles éxodos no deseados.

Visto lo visto, esos cubanos papelaceros dan lástima. Al margen de que algunos han querido ser como el Che, forman parte de la generación que tuvo la desgracia de nacer en la etapa más oscura, inculta, maleducada y desinformada que ha habido en Cuba en las últimas cinco décadas. Por culpa de dos hermanos, hoy octagenarios.

 

Publicado originalmente en el Blog de Zoé Valdés.

En Cuba no hay que ayunar

 

Carta abierta a Martha Beatriz Roque Cabello:

 

Querida Martha, eres economista y lo sabes mejor que yo: en un país con libreta de racionamiento desde 1962, y en el cual una minoría es la que cada día puede desayunar, almorzar y comer como dios manda, esos ayunos y huelgas de hambre que últimamente se han puesto de moda en Cuba entre presos políticos y opositores, no tienen justificación. Sí, algunos logran llamar la atención en el exterior -en la isla muy pocos se enteran- pero, ¿vale la pena ese tipo de ‘publicidad’ a costa del deterioro de vuestro organismo?

Luego de ser noticia unos días o unas semanas, junto con los nombres de los ayunantes y huelguistas de hambre van pasando al olvido sus reclamos, a no ser que se produzca un fallecimiento. Entonces el suceso acapara titulares: en el siglo 21, los medios de comunicación, desgraciadamente, se alimentan de muertes, heridos, hechos sangrientos, catástrofes, imágenes de guerra y violencia. Mientras más, mejor.

Martha, para poder vivir y resistir en un régimen totalitario y represivo como el cubano, hay que tratar de alimentarse, de cuidarse, de estar sano física y mentalmente.

Te conozco desde 1996. El lunes 17 de marzo de 2003 fue la última vez que conversamos. Fue en medio de otro ayuno, esa vez organizado por la Asamblea para Promover la Sociedad Civil y la motivación era reclamar la excarcelación de Oscar Elías Biscet. Ese día también por última vez vi a un joven negro llamado Orlando Zapata Tamayo. Un mes después, el 16 de mayo, cumplías 58 años y lo ‘celebraste’ en la cárcel.

Hoy, a tus 67 años y con una serie de padecimientos, sobrevivir a base de agua es un verdadero suicidio. ¿Vale la pena, Martha, degradar la salud a esos extremos para pedir la puesta en libertad de un preso político que no es pariente tuyo? Hace unos meses, tuvo cierta repercusión el caso de Ernesto Borges. Al ser católico, se resolvió tras la mediación del cardenal Jaime Ortega, quien inclusive llegó a hablar con él en la prisión.

Ya que la iglesia católica cubana debutó como mediadora entre Raúl Castro, los presos políticos, España y las Damas de Blanco, a raíz de la muerte de Orlando Zapata, no sería mala idea que la iglesia no esperara a que se produjeran desenlaces fatales y siga mediando entre el régimen y la oposición.

Ahora mismo, era para que el cardenal Jaime Ortega ya se hubiera llegado hasta tu casa y hubiera hablado contigo. Ortega sabe bien que desde niña has sido una católica fiel. Es una lástima, Martha, que no tenga una cámara digital, para tomarle una foto al pequeño librito, impreso en España en 1949, que usaste para tu primera comunión y le regalaste a mi nieta Yania cuando ella tenía 6 años -ahora tiene 18. Como sabes, no soy creyente y no estoy bautizada. Pese a mi agnoticismo, durante muchos domingos te acompañé a la misa de las 5 en la iglesia de San Juan del Bosco, en Santa Catalina. Después de las diferencias que tuviste con el cura de esa parroquia, decidiste asistir a las misas dominicales de los Padres Pasionistas, mucho más lejos de tu casa y muy cercana a mi domicilio en la Víbora.

No sé quiénes en estos momentos son las personas de confianza que tienes a tu alrededor, pero considero que no te aprecian ni valoran lo suficiente: no solo no han logrado quitarte de la cabeza ese ayuno que puede acabar con tu vida, si no han dejado que te conviertan en figurante de un circo. ¿Por qué en tu pequeño apartamento en la barriada habanera de Santos Suárez han permitido la presencia de personas que están aprovechándose de tu estado para deteriorar tu imagen? ¿Por qué han permitido que te fotografíaran así en tu cama? Cuando en 2009 una web publicó un teque con una foto que me pareció una burla y un desprecio hacia ti y hacia mi primo Vladimiro, en mi blog publiqué un post titulado ¿Por qué en esa foto Martha Beatriz y Vladimiro Roca aparecen así, desmadejados?

En un correo que hace tres días envié a varios amigos, entre otras cosas, escribí:

Lo de Martha Beatriz me tiene mal, no le encuentro sentido a esa huelga de hambre, a su edad y con su salud. Su muerte no va a cambiar nada. No debe darle ese gusto al régimen y a personajes con los cuales ella no corta el bacalao. Estoy contra todas las huelgas de hambre en un país donde lo que hay que hacer es lo contrario: alimentarse. Si Iván escribe algo se subirá al blog Desde La Habana. Yo no escribiré nada, leeré las notas hipócritas y melodramáticas de quienes no la conocieron (allá hay disidentes que hablan bastante mal de ella, lo menos que dicen que es mandona como una ‘maestrica de escuela’). Por mis 70, en octubre, noviembre y diciembre, en mi blog, reproduciré posts dedicados a mujeres, casi todos mios, entre ellos Martha Beatriz off the record, publicado en Cubanet en el 2000. En otro post saldrá la foto que ella me tomó en su casa el dia de mi 58 cumpleaños.

Dije que no iba a escribir sobre ti y estoy escribiendo. Hizo ya nueve años de la última vez que hablamos, pero no hace un mes del último email que me enviaste. Pese al tiempo y la distancia, sigues siendo mi amiga y tú lo sabes. Quiero recordarte con ese vigor y claridad de cuando fuiste uno de los miembros más destacados del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, junto a Vladimiro Roca Antúnez, René Gómez Manzano yFélix Bonne Carcassés.

O al lado de Manuel Sánchez Herrero y Arnaldo Ramos Lauzurique en el Instituto de Economistas Independientes. O como una de las organizadoras de aquel memorable encuentro el 20 de mayo de 2005 (creo que no sabes que ese día en el Luzerner Zeitung salió una entrevista que me hizo Geri Krebs). O por haber estado al frente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, organización volcada hacia la gente y su comunidad, y que la represión y los chivatos infiltrados por la Seguridad del Estado contribuyeron a su deceso.

Es un método viejo, bien aprendido de la KGB y la Stasi. Pero mientras exista, no cuajará ninguna acción democrática y popular. A no ser claro, que esas ‘acciones’ sean propuestas y realizadas por algunos de los muchos ‘topos’ que tratan de serrucharle el piso a los verdaderos opositores cubanos, y de los cuales ni tu misma has podido librarte.

Martha, tienes un carácter bastante fuerte y difícil. Pero los verdaderos amigos no son quienes sin rechistar te siguen, ni los que te alaban y superficialmente escriben de ti. Sino aquéllos que discuten contigo y tratan de convencerte de tus errores. Adoras a tu familia, pero no sueles tenerla en cuenta a la hora de tomar decisiones.

Enviaré este texto a nuestro amigo común Arnaldo Ramos y a los periodistas independientes con los cuales estoy en contacto en Cuba. Es un intento porque desistas de esa innecesaria inmolación. También, si es posible, hazle llegar mi mensaje a Antúnez, todavía más fuerte que tú. Dos opositores de sus calibres no deben hacerle ese regalo al régimen: entregarles gratuitamente sus vidas.

Desde Lucerna, te envío mi más sincero abrazo,

 

Tania Quintero Antúnez

18 de septiembre de 2012