América Latina, el gran ausente del G20 en Australia

Es mi primera experiencia en una reunión del G20 y como economista ha sido realmente muy enriquecedora. Estar en espacios de conversación y verlos personalmente a Janet Yellen o Mario Draghi, la presidente de la FED y del BCE respectivamente, o escuchar al parco Jack Lew o al impactante Wolfgang Schauble en su silla de ruedas, ministros de finanzas de EEUU y Alemania.

También la fuerte presencia de los países asiáticos, con mucha menos exposición. Pero ahí escuchamos al CEO del Banco de China que tiene una cartera de créditos de 2 trillones de dólares y casi 300.000 empleados. O la sonora presencia rusa en los pasillos pero alejada de la prensa por los eventos en Ucrania.

Una de las entrevistas más esperadas fue la de Christine Lagarde, directora del FMI, dado que la reforma del FMI fue uno de los temas tratados en la reunión. Darle más poder a los países emergentes en el FMI.

Es decir, los que hacen la política monetaria y fiscal del mundo todos reunidos. Es, como experiencia profesional, muy interesante. Porque uno puede ver de primera mano las preocupaciones que tienen, dentro de sus economías y del mundo.  Lo más importante, el tiempo que dedicaron para venir a Australia y reunirse para compartir un espacio donde coordinar las políticas globales.

La agenda del G20

g20 representantesEl país que ejerce la presidencia es el que define la agenda. Y en ese sentido Australia fue muy activa. El responsable de la reunión fue el secretario del Tesoro Joe Hockey, que estuvo todos los días previos y posteriores marcando la agenda en los medios.

En esta reunión había cuatro grandes temas.

Crecimiento económico: Si bien el G20 tuvo su fortalecimiento por la crisis internacional, ahora se cambia la agenda hacia el crecimiento. Ya no es cómo contener la crisis, es cooperar para el crecimiento.

Reforma del FMI: Se insiste con la reforma para que se capitalice más y que los países emergentes tengan más injerencia en el organismo

Regulación financiera: Acá se hizo especial énfasis en no poner más regulaciones a los bancos, sino esperar cómo funcionan las reformas ya implementadas, pero sí regular y homogeneizar criterios para los denominados Shadow Banking, es decir, fondos de inversión que prestan dinero y no están alcanzados por la regulación de los banco centrales.

Reforma impositiva: Para que las empresas globales no usen ventajas fiscales y de esta manera ganen competitividad pagando menos impuestos que empresas más chicas que no pueden usar esa ventaja: la idea es que se paguen impuestos donde se genera la actividad.

Dentro de crecimiento económico, el Treasurer y anfitrión de la reunión buscaba dos cosas. La primera, que haya un compromiso a poner una meta cuantitativa al crecimiento del mundo. Se propuso tener como meta un crecimiento 2% superior a la tendencia en los próximos cinco años y que se coordinen políticas entre los países para alcanzarla. Esto en el marco de Australia de que no haya solo diagnósticos, sino algunas acciones concretas.

En Australia diría que oficialmente se dio por terminada la crisis financiera del 2008.

Lo más importante es todo un compromiso con la inversión en infraestructura. Según un informe de la OCDE, se necesita de aquí al 2030 unos 57 trillones de dólares en inversiones en infraestructura, esto es desde puentes, puertos, hasta escuelas u hospitales, en los países del G20.

Toda esta inversión recae en gran medida en los Estados, pero sólo serían capaces financiar unos 30 trillones. Esto debido a que muchos cuentan con importantes déficits fiscales y niveles de endeudamiento que les dificulta conseguir financiamiento.

La propuesta es entonces cómo volcar fondos privados a invertir en infraestructura. De aquí se están conversando diferentes reformas (legales y financieras) para fomentar la inversión privada en estos sectores para que se desarrollen.

g20 sydney

 

 

 

 

 

 

Capítulo aparte: América Latina

Así como les conté que para mí como economista era muy interesante tener en persona a estos líderes, no pude ver a ninguno de América Latina, que fue la gran ausente de la reunión. No vinieron ninguno de los tres ministros de economía de los países representados (México, Brasil o Argentina). Los presidentes de los Bancos Centrales sí estuvieron presentes, excepto el de Argentina que fue reemplazado por el vicepresidente.

No hubo conferencia de prensa del representante mexicano y el presidente del Banco Central de Brasil fue solo para periodistas de medios de Brasil y para hablar del G20.

Está bien que era una reunión que tenía por eje principalmente Asia. La presencia de China, Indonesia, Corea y Japón marcaron el ritmo, y en menor medida la India.

Es decir, era una reunión en la cual el rol de América Latina no era importante y se retroalimentaron. Ninguna presencia muy fuerte y ningún tema para debatir que los incluya especialmente.

Más allá de eso, en las varias reuniones que pudimos participar en general las perspectivas son de una gran expectativa por México y una gran preocupación por Brasil.

Las reformas de Enrique Peña Nieto junto con la recuperación de la economía norteamericana y la suba de costos de China apuntan a un México que presenta muchas oportunidades en los próximos años. Su macroeconomía estable y su buen ranking crediticio lo ponen en una buena perspectiva para crecer.

Por otro lado hay una decepción por las bajas tasas de crecimiento de Brasil y esperan las elecciones de octubre para ver si hay alguna reforma que vuelva a poner a la economía brasileña en tasas de crecimiento más fuertes. Entre el mundial de fútbol y las elecciones, no se esperan novedades en el gigante americano durante el 2014.

Sobre Argentina hay algo en común: ningún comentario en general, ni bueno ni malo. En todas las conferencias que pude participar nunca se la nombró. Cuando pregunté a un par de empresarios por Argentina la respuesta fue políticamente correcta. Tenemos otras prioridades por ahora.

El futuro del G20

Lo definió muy bien el ministro turco (que asumirá la presidencia del G20 el próximo año): es un espacio de coordinación con las limitaciones que eso tiene. No hay que esperar grandes modificaciones mundiales. Pero si no existiera algo como el G20 donde nos sentamos a debatir el mundo y coordinar acciones juntos, deberíamos inventar algo como el G20.

Así que nada de lo que paso acá nos cambia la vida en el corto plazo en la Argentina, pero sí nos va a influenciar en el mediano y largo plazo porque son las nuevas reglas internacionales que lentamente van definiendo el mundo económico que viene.

Y si Argentina en algún momento decide que quiere estar allí, va a tener que reconocer y en algún momento, comenzar a implementar.

El artificial dólar riverito

A esta altura de los acontecimientos económicos y viendo cómo la situación se va lentamente escapando de las manos de las autoridades, sería momento de archivar el papel de víctima de una conspiración local e internacional y plantear un plan antiinflacionario con las tres C de Blejer: Completo, Coherente y Creíble.

La principal causa hoy de la inflación ya no es sólo el déficit fiscal financiado con emisión, sino que todos los actores económicos (trabajadores, empresarios, comerciantes) están viendo que la inflación se dispara y, por lo tanto, se suben precios, se piden incrementos salariales para cubrirse y no perder capacidad de compra con el futuro incremento de precios. Seguro que existen sobre-reacciones –de hecho, es una de las características de la incertidumbre- pero lo fundamental es que hay un gobierno que no hace nada para tranquilizar a nadie, ni a propios ni a ajenos.

Jugale al ooocho

Lo cierto es que el gobierno no explica nada de lo que hará con sus políticas monetarias, cambiarias y fiscales. Todos tenemos que ir adivinando cuál será el próximo paso. Que el valor del dólar a 8 pesos es un nuevo equilibrio que el gobierno está dispuesto a defender a capa y espada es algo que suponemos. Pero no estamos seguros. Sabemos que no lo quiere a 13, pero ¿lo quiere a 8 por mucho tiempo? ¿Por ahora? ¿Hasta cuándo? Pero más importante aún, ¿de dónde salió el 8? ¿Cómo llega a ese número? ¿Acaso tenemos nueva convertibilidad y nadie nos dijo?

Hasta Florencia Peña está desorientada y para hacer las cosas más sencillas dijo tengamos convertibilidad 10 a 1. No es que Flor Peña sepa de economía, pero sí refleja algo interesante: que el valor de 10 pesos sale seguramente de la charla con  sus amigos como algo “razonable”. Porque existe la convicción de que el dólar a 8 es barato, y ya sabemos que cuando hay algo barato, queremos comprarlo. Así que muchos argentinos que pueden salen a comprar dólares. Porque tampoco estamos seguros que el gobierno no vaya a seguir devaluando.

Y seamos sinceros: hasta ahora el que apostó que el gobierno iba a devaluar, ganó. Hoy –pese a que se niega en el discurso- no se ven medidas claras en sentido contrario.

El gobierno ya perdió la virginidad devaluatoria. Y siempre la primera vez es la más difícil.

Las tasas de interés

Las tasas de interés subieron en términos nominales, pero no lo hicieron en términos reales. Esto es así porque la inflación se aceleró. Entonces la suba de las tasas de interés de 6% anual quedó con sabor a muy poco para la incertidumbre existente.

Si se desea poner un plazo fijo hoy a 30 días, al ver que las tasas subieron pero no lo suficiente, se podría pensar en esperar un nuevo incremento. Porque también acá el que apostó a que subían las tasas de interés ganó su apuesta. Por lo tanto, por qué no podría seguir creyendo que el gobierno volverá a subir las tasas, y esperar a que ocurra.

Hasta ahora el impacto en la economía real del aumento de tasa no es significativo, pero lo será lentamente bajando el consumo. No obstante, si no sube la tasa el problema financiero será cada vez peor.

El déficit fiscal

Acá las medidas están más claras. Un poco más de impuesto y un poco más de gasto. Es decir más déficit. En esto hay más certidumbre.

El ajuste sin convicción y sin futuro

Y ahí está el problema, el gobierno devaluó (pero no lo suficiente), subió las tasas (pero no lo suficiente). Ambas medidas las tomaron sin convicción y con culpa, por lo tanto las tratan de disfrazar y nos terminan confundiendo aún más.

La macroeconomía argentina está complicada, hay una fuerte restricción externa y no entran dólares. Por otro lado, el déficit fiscal solo se puede financiar con emisión. Por lo tanto, es el momento del nunca querido y siempre eludido ajuste.

Y lo peor de un ajuste es que se haga sin saber para qué me sacrifico hoy. Si es para ordenar la economía, para volver a empujar la inversión y las exportaciones, los ajustes son más cortos y menos traumáticos. Pero ajuste sin horizonte de futuro es el ajuste por el ajuste mismo.

Lo lamento, le tocó a Kicillof estar en el lugar que siempre soñó en el momento equivocado. Pero es donde quería estar. Así que ahora deberá hacer urgente un plan antiinflacionario con las 3 C.

Si así no lo hiciere, el oooocho durará muy poco tiempo y luego pasaremos al dólar de Florencia y luego al de la hinchada de boca, y así sucesivamente.

El problema es que la inflación con recesión y mayor desempleo será el escenario que deberemos enfrentar. No el ministro de Economía, sino nosotros, los argentinos.

De los pollos de Mazzorín a los tomates de Kicillof

Argentina es un país que no nos permite extrañar nada. Uno, que es un “adulto joven”, recuerda los 80 y su economía de inflación creciente y falta de financiamiento externo. Me acuerdo además que eran los tiempos en que comenzaba la renegociación con el Club de París.

También en diciembre empezaba el calor y los cortes de luz propios de aquella época, eso sí, programados y en turnos de 5 o 6 horas. Para que no los extrañemos, hoy también los tenemos, sólo que preventivos, es decir, llegan de sorpresas y nunca se sabe cuándo se irán.

Los mayorcitos cuentan además con algunas reminiscencias de otras épocas, como por ejemplo los años 70 y sus restricciones a comprar dólares que originaban los tipos de cambio diferenciales (el dólar comercial, turístico, financiero, negro aggiornado hoy como blue).

Casi vivimos un verano en el túnel del tiempo: de los 90 nos traemos los piquetes hoy en todas las calles de Buenos Aires, del 2000 los saqueos de las provincias del interior. Es decir, estamos concentrando la breve historia de la decadencia argentina en tan solo 30 días.

Una especie de Disneylandia de Argentina donde todas las experiencias pasadas que nos gusta recordar las tenemos juntas para experimentarlas más y mejor. De paso, debemos ser justos, viene con viajes al exterior que nos salen muy baratos, acorde a las épocas del deme 2.

Sin embargo, como somos perfeccionistas, vamos por los detalles. Nos faltaba la importación de productos alimenticios para controlar los precios internos y entonces, ¡bingo!, aparecieron los pollos de Mazzorín en su versión reloaded, que son los tomates de Kicillof.

Repetir fracasos

Lo interesante de Argentina es que no aprende de sus errores y, por lo tanto, los repite. Vale la pena recordar que los pollos de Mazzorín no solo no bajaron los precios, sino que se pudrieron sin que nadie los consumiera.

Otra vez tratamos de resolver el problema inflacionario con una política microeconómica. ¿Alguien realmente puede creer que la inflación se frena importando tomate?

Si alguien piensa eso les cuento que hubiera sido más inteligente y de mucho mayor impacto autorizar la importación de trigo para que el pan no subiera lo que subió (sin volver más a su precio anterior). El pan a 20 pesos llegó para quedarse.

No sé si finalmente se importará tomate brasileño o no. Y a nadie le importa,  excepto -claro está- al iluminado que logre traer los tomates y se los venda al Mercado Central.

Basta de copiar lo que no funciona

Quizás alguna vez sería más beneficioso empezar a tomar los problemas en serio. Tener un buen índice que mida la inflación, que nos diga cuáles son los sectores que más crecen, que podamos presentar un plan antiinflacionario integral con política monetaria, fiscal y de ingresos coordinada.

Mientras eso no suceda, después del tomate vendrá la cebolla o el pepino o la yerba. Pero algo es seguro, la inflación seguirá creciendo. Y nuestros problemas multiplicándose.

Por fin termina el 2013, ¿lo extrañaremos?

Suele ocurrir que cuando termina algo, nos queda en la memoria la última impresión de lo vivido, en consecuencia, será diciembre el recuerdo de este año, pero -seamos sinceros- el 2013 no fue tan malo. Veamos algunos números económicos en este año que termina.

  • El PBI terminará con un crecimiento levemente inferior al 3%.
  • El desempleo, según el INDEC, en 6,8% (uno de los más bajos de los últimos años).
  • La venta de automóviles es récord (más de 920.000 unidades).
  • La construcción creció un 5% y el despacho de cemento fue récord
  • Las exportaciones crecieron un 3% en relación al año pasado, medido en dólares.
  • El superávit comercial será cercano a los 10.000 millones de dólares.
  • La venta de pasajes al exterior es la mayor en los últimos años.
  • La bolsa argentina es la que más subió en la región.

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Lo barato sale cada vez más caro

Debo reconocer que valoro cada vez más la sabiduría de mis abuelos. No sólo me ensañaron algo tan básico –aunque hoy caído en desuso- como que “el ahorro es la base de la fortuna”, sino la muy acertada frase de que “lo barato sale caro”.

Subsidios y servicios

Luego de 10 años de crecimiento económico sin igual, el gobierno nacional decidió que los servicios públicos en Argentina, pero muy especialmente en AMBA, sean muy baratos, es decir, casi gratuitos.

Luego de varios años de disfrutar la baratija, nos comenzamos a dar cuenta que lo barato nos está saliendo cada vez más caro.

Así, viajar en tren es casi gratis, de hecho la mayoría viaja sin pagar. El costo que tiene se vincula  a las altísimas probabilidades de tener un accidente fatal. Adicionalmente, usar el servicio ferroviario tiene un costo cotidiano: no llegan a horario, te dejan esperando, si lográs entrar, viajas como sardina o colgado, etcétera. Es obvio que cuando algo es gratis, a la larga, se paga de alguna manera; en el caso de los trenes -por ejemplo- termina costando carísimo en tiempo, incertidumbre, incomodidad e inseguridad.

También nos cuesta poco la luz y el gas. Los valores que se pagan por bimestre en departamentos de Buenos Aires son tan bajos que la mayoría ni siquiera sabe cuánto paga. Te dicen “creo que 100 o 200 pesos”. Ni siquiera lo saben bien. Es que no entra como un gasto relevante.

Seamos sinceros, pregúntense: ¿es razonable pagar tan poco por algo que es tan imprescindible en nuestras vidas? ¿Se imaginan hasta cinco días sin luz en verano o sin gas en invierno? ¿No estarían dispuestos a pagar más si les garantizaran que siempre van a disponer del servicio? ¿Les parece razonable que una salida a comer pizza una noche para dos personas cueste más que lo que pagamos de luz por el bimestre?

Es absolutamente irracional lo que pasa. Pagamos poco por lo imprescindible y pagamos mucho por lo superfluo. Nos olvidamos de considerar que en economía todo se paga, entonces la consecuencia de pagar poco es que no tenemos electricidad o gas en los momentos más críticos porque los cortan.

Hay comerciantes que pierden su mercadería, ciudadanos que pierden días de trabajo, jubilados que no cobran su jubilación, pequeñas empresas que dejan de trabajar por falta de energía.

Ajuste por precio o por cantidad

Así las cosas, en economía como en la vida, los ajustes son por precios o por cantidad.

El ajuste por cantidad: si algo es muy barato, se demanda mucho, pero se produce poco, por lo que hay un ajuste por cantidad. Se produce cada vez menos y, por lo tanto, no lo conseguís.

O el ajuste es por precio: si es más caro, la gente lo demanda menos, pero se produce más y, por lo tanto, lo conseguís, pero tenés que pagarlo más caro.

En la vida hay que elegir:

  • Si lo pagamos barato, el Estado decide cuándo te lo da y cuándo te lo corta.
  • Si es más caro, vos decidís cuánto y cuándo usarlo. Esa es la cuestión.

O nosotros decidimos cómo usarlo o el gobierno lo decide. Hoy por hoy nos van a programar de manera preventiva los cortes cuando haga calor. Yo preferiría decidir en mi casa si prendo un aire acondicionado o dos o más o menos luce. Pero saber que la tengo (y que no me voy a quedar sin agua un día de 32° de temperatura).

Cómo seguimos

Hay que hacer muchas más inversiones, tanto en la producción como en la distribución. Resulta obvio que el gobierno ya no tiene recursos para invertir y lo tendrá que hacer el sector privado, pero para ello hay que cambiar todo el sistema.

Así que por ahora tendremos una eliminación de subsidios sumado a cortes frecuentes cuando haga calor. No tendremos ninguna solución, ni en el corto plazo, ni la hay en el mediano plazo. Habrá que esperar que llueva y baje la temperatura.

El escenario actual es este: años de servicios baratos que terminaron destruyendo la inversión. Al menos, la próxima vez que nos prometan que la luz y el gas baratos, debemos saber que nos va a terminar saliendo muy caro.

Realidad mata expectativas

Cuando la economía no anda bien, los actores económicos, léase consumidores, empresarios, banqueros, inversores internacionales, trabajadores, etcétera, buscan que el gobierno marque el camino que va a recorrer de manera de saber qué esperar en el futuro. Es decir, cuáles serán las propuestas de resolución de los principales problemas que aquejan a la economía.

Es por ello que lo primero es acordar un diagnóstico de la situación y hoy, según el gobierno, en general todo está bien.

Inflación: NO hay.

Cepo cambiario: NO hay.

Retraso cambiario: NO hay.

Nivel de reservas: Son “consistentes”.

Déficit fiscal: De eso no se habla.

Crecimiento económico 2013: 5,1% según el presupuesto 2014.

Desempleo: 6,8% el más bajo en años en el tercer trimestre de 2013.

Si el diagnóstico es este, ¿por qué habrían que tener grandes medidas? Está claro que no se deben esperar cambios de rumbos.

 

Lo subjetivo (el valor de las expectativas)

En economía las expectativas son muy importantes porque condicionan las acciones presentes. Por ejemplo, si yo pienso que el dólar va a subir en los próximos días, compro hoy. Si pienso que las propiedades van a bajar mañana, hoy no compro.

Las expectativas en economía tienen un par de características distintivas. La primera es que no todos pensamos lo mismo sobre el futuro. Algunos piensan que puede estar mejor y otros peor. El que piensa que todo va a estar peor en el futuro, vende. El que piensa que va a estar mejor, compra.

Todo cambio de gabinete, por lo general, recibe elogios de todo el mundo que toma decisiones en la vida económica. Empresarios, sindicalistas, financistas o comerciantes. Hay que augurar un futuro mejor. Todos hablan bien de él en esos días. Es lo políticamente correcto.

Pero las expectativas positivas que se dan al comienzo tienen que ser validadas en el tiempo. Es decir que Capitanich y Kicillof están hoy en su mejor momento.

Dado que NO hay problemas económicos, nos concentraremos con medidas que tengan alto impacto mediático y no tanto impacto económico, como puede ser lo vinculado a Fútbol para Todos.

El preacuerdo con Repsol puede ser catalogado como el avance más importante en el sentido de cambiar el humor de los inversionistas o empresarios, principalmente los energéticos. Es de esperar que cuando este acuerdo concluya se pueda iniciar un cambio de humor en las inversiones en ese sector y, finalmente, se materialicen los acuerdos que tendría YPF. Pero si bien es un paso necesario, todos sabemos que no es suficiente.

Por lo tanto, mucho movimiento, mucha reunión que muestra una vitalidad que el gobierno necesitaba luego de la parálisis puesta de manifiesto durante la enfermedad de la Presidente. Pero movimiento no implica cambio. Y si uno ve cambio, es más de estilo que de fondo.

Lo subjetivo comenzó a todo ritmo y las expectativas actuales son positivas.

 

Lo objetivo (la realidad)

Pero mientras se espera que el movimiento produzca cambios, la realidad en estas dos semanas parece que no le hace mucho caso a la expectativa. Veamos qué pasó:

La inflación se volvió a acelerar con el aumento autorizado por Moreno, con el incremento de la nafta más algunos otros rubros que esperaron hasta después de las elecciones para subir sus precios.

El déficit fiscal volvió a crecer con un decreto que autorizó nuevos gastos por 17.000 millones de pesos la semana pasada. Esto se suma a los de Boudou de hace dos semanas.

Las reservas cayeron en dos semanas más de 1.400 millones de dólares llegando a su valor mínimo desde el 2007 de 31.100 millones de dólares.

Las empresas automotrices ya anunciaron despidos por la caída en la venta de autos a Brasil.

El acuerdo con Repsol, hasta ahora, implica salida efectiva de dólares, con entrada probable de dólares.

 

Realidad ¿mata expectativa?

Por supuesto que los números fríos son el dato a seguir. La economía no es sólo expectativa, es realidad, es -entre otras cosas- el estudio de la escasez. Hoy los dólares son cada vez más escasos y ese tema no se resuelve solo con movimiento.

Obviamente todos sabemos que si las expectativas no cambian pronto la realidad, la realidad cambiará rápidamente las expectativas.