Hace poco me topé con una referencia a una nueva traducción italiana de Live and Let Die de Ian Fleming, en la que James Bond ordena un martini preparado con vermut Martini rojo, es decir, dulce. Ahora bien, al lego habría que explicar que es una herejía absoluta siquiera hablar de hacer un martini con vermut dulce.
Es verdad que no falta quien jure que los primeros cocteles martini que se sirvieron en Estados Unidos, allá en el siglo XIX, estaban hechos con 2 onzas de Martini Rosso, es decir, rojo y dulce, 1 onza de ginebra Old Tom, una pizca de marrasquino, junto con otros ingredientes que seguramente horrorizarían a cualquier persona de buena cuna hoy en día. Pero otros sostienen que el martini se popularizó en su forma actual usando no el vermut Martini Rosso sino el Noilly Prat –un vermut seco casi transparente– y que la bebida fue llamada así no por el Martini Rosso, sino por la ciudad californiana de Martinez (o, según a quién le preguntemos, por un cantinero de apellido Martínez). A cualquier persona interesada en analizar este tema tan intricado le recomendaría consultar la obra seminal Martini, Straight Up: The Classic American Cocktail, de Lowell Edmunds.

