#NiUnaMenos: una bandera que esta vez sí nos une a todos

Je suis feminista. Cuando muchos tipificaban que ser feminista era la quema de un corpiño, el odio al hombre o el luchar por el “derecho al aborto”, nos encontramos frente al Congreso para abrazar una bandera en común “#NiUnaMenos”. Una bandera que ésta vez sí nos une a todos y no necesariamente es del feminismo.

La sociedad adhirió a la marcha y es en ese sentido que podríamos decir que estamos realmente defendiendo así algunos valores del feminismo, pero eso de ninguna manera quiere decir que se adhiere a todos las banderas que enarbolan las feministas. Y entender esto siempre “nos costó”. Nos costaba entender que sí podíamos “adherir” a unas causas y a otras no. Porque el “feminismo” tenía guardada bajo llave “su lucha”, pero así y sin quererlo solo lograban invisibilizar temas que en realidad nos preocupan, que nos afectan a todos.

Hay muchas mujeres que sufren violencia y el 90% hemos sufrido y sufrimos cotidianamente el que algún hombre se sienta con derecho a mirarnos como a una posible posesión y nada de esto podemos ni debemos naturalizarlo. Continuar leyendo

Camino a una verdadera inclusión en las escuelas

Hoy, todos los que estamos en educación adherimos a la premisa de educación para todos en las mismas condiciones de calidad y equidad. Este principio ha pasado de la letra a la acción en los últimos años en pos de lograr las mejores condiciones de educación para todos los niños y jóvenes, pero aún no se ha logrado una inclusión plena, no  sólo en términos cuantitativos, sino sobre todo cualitativos. Es en ese camino que estamos trabajando en la Legislatura Porteña una ley de Inclusión Educativa Integral que tiene como norte promover la educación inclusiva y de calidad a las personas con discapacidades temporales o permanentes, de acuerdo a los preceptos de la Declaraciòn de las personas con Discapacidad (ONU 2007). Continuar leyendo

La riqueza de lo diverso

El 21 de marzo conmemoramos el Día Mundial del Síndrome de Down, un día para celebrar las diferencias,  para que pensemos aquello que tienen de riqueza y potencia. Tenemos en nuestras manos la posibilidad de reducir las barreras que como sociedad creamos ante la discapacidad, es hora de trabajar por ello.

Es necesario entonces creer en el papel preponderante de la inclusión. La inclusión social, educativa y la integración escolar, como prácticas que favorecen a los/las niños/niñas, jóvenes y adultos con discapacidad y/o dificultades de aprendizaje.

¿En qué consiste la verdadera inclusión en la escuela? En transformar los sistemas educativos y otros entornos de aprendizajes para responder a las diferentes necesidades de los alumnos/as. Implica que hay tiempos distintos, estrategias diferentes y recursos diversos para el aprendizaje. Continuar leyendo

El Papa que “incomoda”

Francisco es un Papa que “incomoda”; eso nos enorgullece y nos lleva a celebrar sus dos años de pontificado. Dos años de entrega profunda trabajando por la paz en el mundo, siempre motivado por preservar la Dignidad de la Persona Humana.

¿A qué me refiero con que incomoda? El con su ejemplo nos interpela, nos sacude en nuestra comodidad invitándonos a involucranos. Y eso a mucho no les gusta. Hace ya dos años que Francisco se animó a involucrarse en los asuntos más álgidos de la política mundial. Sorprendiendo y descolocando al visitar villas y priorizando siempre a los más necesitados, a los más pequeños… nada más cristiano.

Hace ya dos años rescata del olvido a los marginados del viejo mundo, como quiso mostrarnos en su viaje a Lampedusa. Se acerca a a los más relegados de la sociedad como son los jóvenes, brindándoles su aliento y sus palabras, como sucedió en la Jornada Mundial de Río de Janeiro. Continuar leyendo

Un gran motivo para celebrar

Empiezan las clases y con ellas el entusiasmo y alegría de ver a nuestros chicos en su primer día. El compromiso de directivos, maestros y de toda la comunidad educativa se renueva cada año para, con la educación, transformar la realidad de nuestro país. Solo para mencionar algunas de las realidades que evidencia que somos muchos los que apostamos por la educación es que en la Ciudad de Buenos Aires arrancamos 2015 con 17 escuelas nuevas, la mayoría de ellas en el sur de la Ciudad. Se han ampliado edificios y se han incorporado a todos los chicos desde sala de cuatro a la educaciòn. Todas con inglés desde primer grado y más de 250 mil alumnos ya tienen una computadora del plan Sarmiento.

Pero no sólo la recuperación del sistema educativo tiene que ver con la inversión económica. El desafío es mayor: necesitamos seguir apostando a políticas públicas acertadas y audaces. Nos comprometimos a ir más allá y trabajamos para garantizar una educación de calidad para nuestros chicos. También creemos que es vital que las familias estemos comprometidas en profundizar nuestro rol de primeros educadores acompañando los procesos pedagógicos de las escuelas.

¿Somos conscientes de la importancia de lo que acontece en cada aula de nuestras escuelas? La educación nos prepara para crear proyectos de vida sustentables y todos debemos ayudar a que así sea. Esa relevancia es consecuencia de la misión propia de la tarea educativa: contribuir a la formación de personas plenas, con todas las competencias y habilidades necesarias para llevar adelante su propio proyecto de vida.

Tenemos la voluntad y el equipo para seguir transformar la realidad de nuestra ciudad y también del país, sólo debemos construir una educación que ofrezca herramientas reales, una educación que nos permita crear un futuro con valores para nuestros pibes. Los invito a que celebremos el inicio de este nuevo año escolar, seguros que en este aparente sencillo acto, estamos forjando la Argentina del siglo XXI que todos soñamos.

Creer que los jóvenes no están a la altura es simplista

La verdadera política de inclusión consiste primero en creer en las posibilidades de adquirir conocimiento de los chicos y generar programas integrales que den cuenta de ello; no es posible emparchar en nombre de la inclusión. Los chicos se sentirán más incluidos cuando se los respete, cuando se confíe en sus capacidades y se valore correctamente su trayectoria. Generar posibilidades de espacios de educación de calidad y con sentido para proyectarse en el mundo no es algo que se logre sumando resoluciones del estilo de la última emanada del gobierno de la provincia de Buenos Aires, que van dejando al sistema educativo sin rumbo. El rumbo lo marca la esperanza en los aprendizajes y la posibilidad de reencuzaar, reacomodar. Continuar leyendo

Construir una educación con calidad y equidad

En promedio, el 60% de los alumnos que finalizan quinto año no alcanzan los saberes mínimos en lengua y matemática y apenas el 5% de los alumnos que finaliza quinto año alcanzan niveles de excelencia y el 50% de los alumnos obtuvieron en la comprensión lectora resultados muy negativos. Ante estos números nuestra reacción debería ser reaccionaria; debería interpelarnos.  Y claro que para ello tenemos que sincerarnos con profundidad y mirar sin filtros lo qué está pasando en nuestro sistema educativo. Para ello, necesitamos un instrumento fehaciente y confiable para conocer las debilidades y fortalezas de nuestro sistema y contribuir al mejoramiento de todas las escuelas de la Ciudad.

La  educación nos prepara para crear proyectos de vida sustentables. Pero en este siglo del conocimiento y revolución tecnológica no alcanza con tener a los chicos en la escuela, necesitamos brindar una educación de calidad y equidad para construir un futuro con mejores oportunidades para todos. Es en este sentido que mañana trataremos en la Legislatura porteña una ley para crear un Instituto de Evaluación de la Calidad y Equidad Educativa.

El instituto será una herramienta muy valiosa para diagnosticar, conocer el estado de situación real de nuestro sistema educativo. A partir de sus observaciones se podrían rediseñar políticas públicas en educación acordes a los desafíos del siglo XXI. El instituto propuesto sería un organismo autárquico, en el cual la evaluación sea integral y permanente, que abarcará los aprendizajes de los alumnos, el desempeño, la formación de los docentes y las propias políticas educativas llevadas adelante por el Ministerio de Educación a través de sus programas y proyectos.

Creo que sólo es posible mejorar si contamos con datos precisos sobre el acontecer educativo, y es preciso que esta tarea esté en manos de un organismo a cargo de especialistas, que independientemente de la gestión que gobierne, continúe y sostenga las evaluaciones. Queremos que la educación sea una política de Estado; por eso la importancia de la autarquía del instituto.

Y no, claro que no hay que tenerle miedo a la palabra evaluar porque es imprescindible conocer dónde se encuentran las fortalezas, para potenciarlas y detectar los obstáculos, para corregirlos y superarlos. Los resultados obtenidos y percibidos nos interpelan en la búsqueda de nuevas políticas educativas acordes a estos desafíos.

Mi encuentro con el Papa Francisco en Roma

Esta Semana Santa vino acompañada de sorpresas no sólo gratas sino también coherentes. Coherentes porque los cristianos concebimos la Pascua como una muerte y una resurrección. Una muerte voluntaria y de sacrificio, como la de un Papa que elige la humildad de la renuncia porque no tiene fuerzas. Seguida de una Pascua (un paso, un cambio) como la elección de uno nuevo, que viene con energías renovadas a trabajar por el mundo. Al enterarme, sentí una gran felicidad. Estaba en el tren, volviendo del pediatra con mis cuatro hijos, cuando me llamó un amigo. Entre el ruido y la euforia no entendía, no caía en la cuenta de lo que me estaban comunicando. Tardé como nunca en razonar y procesar la noticia: “¡Bergoglio es Papa!”, grité en el medio del tren.

Fueron unos segundos con la mente en blanco y después rompí en llanto como una niña. Mis hijos no entendían nada, pero sabían que no eran lágrimas de tristeza. Después, todo fue alegría. No por el hecho de que sea argentino ni de conocerlo hace tantos años; cuestiones de tal trascendencia no admiten pequeñeces. Fue una gran alegría porque lo creo el indicado, el mejor para predicar con sus actos, para deslumbrarnos con lo simple.

Apenas pude, viajé a Roma, aun a costa de desobedecerlo y soportar un reto, ya que él pidió que no fuésemos, pero yo sentí que tenía que estar ahí. Para mí fue como un gran viaje para despedir a un amigo, a mi pastor, para hacer el duelo por Jorge y prepararme para Francisco y su nueva misión. Cuando me recibió, me invadieron los nervios. Hasta entrar al Vaticano no tenía noción de la dimensión de los acontecimientos que estaba viviendo. Pero cuando Bergoglio me vio entrar, me dijo: “Bue’, éramos pocos…”, y en un chiste entraron diez años de amistad y trabajo que me abrazaban intactos. Me dijo que era desobediente por haber ido pero que estaba contento de que estuviera allí, me preguntó por mis hijos y por mi esposo y, como siempre, me “mandó” a tener una nena, porque tengo todos varones.

Me impactó la forma en la que le cambió la cara y la mirada, lo vi con una luz distinta, el mismo Jorge de siempre pero con algo más. Quizá sea la felicidad pero yo, como persona de fe, creo que es el Espíritu Santo que lo está iluminando. Me conmovió mucho, siempre tuve la sensación que él era un hombre iluminado. Cuando ofrecía la homilía, lo hacía con el don de la palabra, no es que dice bien sino que sabe decir lo justo en cada momento. Siempre tuvo la palabra justa, pero el domingo en Roma, él tenía algo más.

Ahora, ya de regreso en Buenos Aires, pienso que perdí a un amigo, pero que todos ganamos un gran pastor. Desde Roma pidió que recemos por él, como siempre lo hizo, pero creo que no es lo único que podemos hacer. A Francisco lo acompañaremos desde la oración los creyentes, pero todos lo debemos acompañar con nuestras obras. Debemos luchar por la inclusión, por los que más necesitan. Él mismo lo dijo: que más allá de ser Papa es el obispo de Roma, primus inter pares. Es un Papa que abraza a todos. Está haciendo un cambio, un cambio muy profundo en la Iglesia: no es solamente una actitud gentil.

Alguna vez dijo que “hay que indignarse contra la injusticia de que el pan y el trabajo no lleguen a todos”. No podemos aplaudir a un Papa que proclama la humildad y la lucha por los que menos tienen y no intentar imitarlo. Estoy convencida de que el ejemplo de Francisco nos interpela, por lo menos, moralmente. Ojalá no nos quedemos en la anécdota de un Papa argentino o de San Lorenzo, y esto que sucedió sea para nosotros un nuevo motor para esta lucha incesante por la inclusión. No por nada el Cristo de San Damián le dijo a San Francisco de Asís: “Ricostruire la mia chiesa, non vede che crolla?”, que en español significa: “Reconstruye mi Iglesia, ¿no ves que se derrumba?”.

El desafío de la calidad y equidad educativa

El siglo XXI nos interpela como sociedad para lograr que todos nuestros niños, jóvenes y adultos alcancen una educación de calidad. Una institución educativa de calidad es aquella en la que sus alumnos progresan al máximo de sus posibilidades y en las mejores condiciones posibles. Debemos aspirar a una escuela en la que la calidad y la equidad sean los valores diferenciales. A partir del reconocimiento y valoración de éstas se garantiza la igualdad de oportunidades, cuyo punto de partida es el acceso, permanencia y egreso del sistema.

Todos tenemos claro que no basta con aumentar el presupuesto educativo, que en la actualidad alcanza en nuestro país el 6,47% del PBI, y tampoco es suficiente que todos estén en la escuela. El desafío hoy es que todos puedan egresar de nuestras escuelas habiendo logrado una educación de calidad. ¿Qué significa esto, en el siglo del conocimiento? Debe ser una escuela capaz de formar integralmente  a cada alumno, dándole la posibilidad de elaborar y realizar su propio proyecto de vida, brindándole las habilidades intelectuales, actitudinales y valores fundamentales que le serán vitales en su proceso de crecimiento. Una escuela que le posibilite insertarse en mundo laboral y lo convierta en ciudadano comprometido activamente en pos de lograr una sociedad cada día más justa y próspera.

Para alcanzar esa misión es necesario que cada escuela trabaje en procesos que le permitan descubrir cuáles son sus fortalezas para potenciar y obstáculos para mejorar. Entonces, ¿existen políticas públicas que incentiven, acompañen y evalúen estos procesos en la búsqueda de la calidad y equidad? En ese camino estamos en nuestra Ciudad de Buenos Aires: se vienen realizando programas de mejoras; rediseño del sistema educativo en general, sobre todo focalizado en una nueva escuela secundaria; fomento a la formación de futuros docentes; capacitación continua; mejoramiento en las condiciones físicas y de recursos e incorporación de nuevas tecnologías.

El reto prioritario y objetivo primordial es construir un sistema que garantice la equidad e inclusión en todos los niños, jóvenes y adultos. Debemos atender a la diversidad y tender hacia la equidad. Ello debe ser el eje de todo debate con el fin de alcanzar la mejora de la calidad educativa.