Del derrumbe de la autoridad al vacío de ideas

Walter Habiague

“Conducir no es mandar. Conducir es persuadir”, se cansó de repetir Perón.

Esa sentencia, como toda verdad, carece de sentido para el que la desprecia. Pero la verdad despreciada, como la realidad negada, siempre vuelve en forma de fracaso. Y el gobierno nacional, por despreciar la autoridad de conducir, está fracasando en todos los frentes donde solo supo construir poder. Ese poder solo es posible si lo ejerce una dirigencia insustancial sobre una militancia sin heroísmo.

El kirchnerismo se subió al carro de la crisis del 2001 y suplantó su ausencia de autoridad con una idea monopólica del poder. Una ecuación económica que solo cierra si ellos son los únicos oferentes de poder. Como un almacén de ramos generales en la Patagonia a principios del siglo XX.

Para lograr ser los únicos referentes de poder rompieron y puentearon todas las lealtades, todos los negocios y todas las autoridades. Esta forma de construir poder mediante el agio y la división ha prendido fuerte en la política nacional y tiene hijos dilectos. Quizá el kirchnerismo se vaya, pero hizo escuela.

La revancha de la realidad

El problema con esa concepción acumulativa y usuraria del poder es que para acumularlo en el tope de la pirámide hay que vaciar de autoridad a la base.

Por ejemplo: en los municipios del Gran Buenos Aires el Estado perdió sus resortes políticos de conducción frente al delito, porque su autoridad fue puenteada por el gobierno nacional con un enjambre caótico de organizaciones y “referentes” que impide ver por dónde pasa la autoridad real. El gobierno nacional ahogó a los intendentes con un laberíntico sistema de planes y ayudas, sin dirección ni conducción. Solo queda el poder de facto del dinero y la prebenda.

Con ese sistema el gobierno se aseguró que nadie salvo él mismo controle el poder, pero en el camino destruyó la autoridad. Cuando el único poder posible es el poder de comprar, la autoridad se dispersa y solo vale la mejor oferta.

Entonces, la realidad social que usaron como palanca para levantar su propio poder, ahora sin conducción ni autoridad, busca por si misma canales para hacerse visible y lógicamente los encuentra en ese poder que hace siempre la mejor oferta: el dinero narco.

Millones de excluidos

Ese dinero está parado sobre la falta de autoridad propiciada por el gobierno nacional y vive de millones de excluidos.

Y son una masa crítica. Porque si en el 2001 la crisis quebró el entramado social empujando a cientos de miles a la calle y el hambre, hoy ese entramado social ni siquiera existe como para ser malla de contención.

El funcionamiento como comunidad se reemplazó con el soborno clientelar.

¿Qué pasa si miramos y vemos que las economías familiares de cientos de miles de hogares dependen de los “microemprendimientos nacro” y que los intendentes ya no tienen ni idea de lo que pasa en sus distritos porque el Gobierno Nacional los puenteó con guita?

¿Qué pasa si los verdaderos dueños de la paz social deciden “salvarnos” y contener los reclamos? ¿Qué pasa si el Estado abotagado de poder pero carente de autoridad se viera  extorsionado por los que ocuparon su lugar?

¿En la agenda de qué político está contemplado esto?

Sin control

Nadie parece dispuesto a perdonarle en vida al “kirchnerismo” su peor pecado político: dejar sin conducción sectores del Estado nacional para apropiarse de ellos. Así, al no querer conducir, dejó zonas libradas dentro de su propio aparato que ahora le pagan con la misma moneda y solo responden a su propio interés.

Basta con ver lo caro está pagando hoy el gobierno haber ido por los servicios de inteligencia y la justicia.

Nadie pone en agenda que hacer hoy con ese vacío caótico que enfrenta el gobierno.

La pinza de la nada

Vacío desde arriba cuando el gobierno está presionado por los poderes a los que ha elegido someterse unilateralmente. Vacío desde adentro, por las estructuras de poder que dejó sin autoridad ni conducción. Vacío desde abajo, por la maraña de sistemas de militancia paga que bordean la miseria.

Con índices sociales como en el peor momento de los 90, el gobierno enfrenta una crisis sin tener siguiera una red social que romper como en el 2001. Las consecuencias de aquella crisis nunca fueron reparadas y hoy, ante otra crisis, aquellos males irresueltos se suman y se potencian.

Atenazan.

La responsabilidad

Son dos brazos de una misma pinza que puede servir para sostener mientras se arregla o para apretar mientras se asfixia. La decisión la tiene la dirigencia nacional. Los que están dentro del gobierno y lo ven y los que están fuera y lo advierten.

Cuando se habla de acuerdos a largo plazo, de políticas de consenso y de puntos en común, pareciera que se omite decir algo sobre la urgente necesidad de recomponer la autoridad del Estado, la legitimidad de la política y la contención de los millones de excluidos.

Seguramente no será este gobierno saliente el que vaya a asumir esa responsabilidad y esto suma una tarea más al resto: encontrar la mejor forma de que el traspaso de autoridad sea legítimo y no solo un cambio de manos del poder.

Porque si el gobierno pierde el poder de facto que ha conseguido, ya no hay autoridad en pie que aguante el andamio. Entonces son dos desafíos: reconstruir a autoridad limitando el poder y rescatar a los destinatarios de los planes de la trampa narco, atenuando el daño lo más posible.

El gobierno quiso controlar en lugar de entender. Quiso ser propietario en lugar de líder. Quiso mandar en lugar de conducir. Lamentablemente para el gobierno y para el país, lo ha logrado.