<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Adrián Ravier &#187; Adam Smith</title>
	<atom:link href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/tag/adam-smith/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://opinion.infobae.com/adrian-ravier</link>
	<description>adrian_ravier</description>
	<lastBuildDate>Mon, 09 May 2016 11:33:55 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.2</generator>
		<item>
		<title>Recuerden que el socialismo es imposible</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/10/28/recuerden-que-el-socialismo-es-imposible/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/10/28/recuerden-que-el-socialismo-es-imposible/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 28 Oct 2013 05:01:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Adam Smith]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania Oriental]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[bien común]]></category>
		<category><![CDATA[cálculo económico y función empresarial”]]></category>
		<category><![CDATA[Carl Marx]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[economía pura de mercado]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Friedrich Hayek]]></category>
		<category><![CDATA[intervencionismo]]></category>
		<category><![CDATA[James M. Buchanan]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Huerta de Soto]]></category>
		<category><![CDATA[John Maynard Keynes]]></category>
		<category><![CDATA[Ludwig von Mises]]></category>
		<category><![CDATA[mercado]]></category>
		<category><![CDATA[Paul Samuelson]]></category>
		<category><![CDATA[Premio Nobel en Economía]]></category>
		<category><![CDATA[propiedad privada]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>
		<category><![CDATA[socialismo]]></category>
		<category><![CDATA[socialistas de mercado]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/?p=181</guid>
		<description><![CDATA[Si algo tienen en común los partidarios del socialismo y la economía pura de mercado es su crítica a las inconsistencias del capitalismo intervenido. El intervencionismo que se viene aplicando, gobierno tras gobierno, sólo suma parches que atienden a cuestiones “urgentes”, pero nunca resuelven los problemas de fondo, las cuestiones “importantes”. Los socialistas, sin embargo, fallan en dos aspectos centrales: primero,... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/10/28/recuerden-que-el-socialismo-es-imposible/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Si algo tienen en común los partidarios del <strong>socialismo</strong> y la <strong>economía pura de mercado</strong> es su crítica a las inconsistencias del capitalismo intervenido. El <strong>intervencionismo</strong> que se viene aplicando, gobierno tras gobierno, sólo suma parches que atienden a cuestiones “urgentes”, pero nunca resuelven los problemas de fondo, las cuestiones “importantes”. Los socialistas, sin embargo, fallan en dos aspectos centrales: primero, en diferenciar el sistema capitalista “puro” -como lo han entendido y defendido <strong>Adam Smith</strong> y <strong>Friedrich Hayek</strong>-, del sistema capitalista “intervenido” -con los parches propuestos por <strong>John Maynard Keynes</strong> y <strong>Paul Samuelson</strong>-; segundo, en comprender que <strong>“el socialismo es imposible</strong>”, como han demostrado <strong>Ludwig von Mises</strong> en su artículo de 1920 y su libro 1922, y <strong>Friedrich Hayek</strong> en distintos documentos de los años 1930 y 1940, con un argumento que continúa sin respuesta, pero que muestra su validez en el fracaso de las distintas formas de socialismo en toda <strong>Europa</strong>, y ya casi podemos decir en todo el mundo.</p>
<p>En este artículo sólo podré concentrarme en este último punto, el que ha sido tratado ampliamente en un libro del catedrático español <strong>Jesús Huerta de Soto</strong> titulado <strong><em>“Socialismo, cálculo económico y función empresarial”</em></strong>. El libro cuenta con más de 400 páginas, pero el lector puede acceder a una reseña que personalmente escribí sobre este debate, y que fuera publicado en la revista<em><strong> Cuadernos de Economía</strong></em> (Vol. 30, Nº 54), de la <strong>Universidad Nacional de Colombia</strong>. El argumento básico explica que en un mundo de incertidumbre y conocimiento disperso, la <strong>propiedad privada</strong> es necesaria para dar lugar a los precios, pues sólo ellos pueden permitir a los empresarios advertir de ganancias y pérdidas en sus proyectos de inversión, y con ello asignar con relativa eficiencia los recursos escasos. Más en limpio, si no tenemos propiedad privada de los medios de producción, no tenemos mercados para esos medios de producción. Sin mercados para esos bienes de producción, no habrá precios. Sin precios, los empresarios no pueden advertir si sus proyectos de inversión son rentables.</p>
<p><span id="more-181"></span>Si algo funciona -aún en el <strong>capitalismo</strong> <strong>intervenido</strong>- es precisamente ese <strong>proceso de prueba y error</strong>, en donde los empresarios van probando distintas inversiones, y <strong>sólo cuando son rentables, los proyectos se mantienen.</strong> Ganancias y pérdidas contables representan una información en el mercado acerca de si estamos asignando bien o mal los recursos. Y vale recordar que esos resultados son consistentes con la soberanía del consumidor, donde gana el que sabe satisfacer las necesidades del consumidor, y pierde el que no logra la demanda de sus consumidores. El socialismo propone terminar con la propiedad privada, terminar con estas señales de mercado, terminar con la función empresarial y reemplazar todo ello por la <strong>propiedad pública de los medios de producción</strong>. Aquí se abren un abanico de opciones, pero nunca ha quedado claro qué es lo que en definitiva proponen los socialistas. Y el problema es que <strong>el propio Marx careció de una propuesta concreta de cómo funcionaría el socialismo.</strong></p>
<p>De un lado, se propone que el gobierno administre públicamente esos medios de producción, como de hecho ocurrió en <strong>Alemania Oriental</strong>, en <strong>Rusia</strong> o actualmente es en <strong>Cuba</strong>. Aquí los problemas son al menos dos. Primero, como señaló el <strong>Premio Nobel en Economía</strong> <strong>James M. Buchanan</strong> –recientemente fallecido- el gobierno puede no tener los mejores incentivos para administrar “solidariamente” estos recursos. Si asumimos que los individuos siempre persiguen su <strong>propio</strong> <strong>beneficio</strong>, ¿por qué vamos a suponer que las personas que lleguen al poder van a tender a interesarse por el <strong>“bien común”</strong>? <strong>Buchanan</strong> insistía en que lo más probable es que estas personas tiendan siempre a alejarse de ese “bien común” y persigan más bien su propio beneficio y de aquellos a quienes representan, o que han financiado sus campañas electorales. Cuando uno mira la <strong>Argentina</strong>, ¡cuánta razón tenía!</p>
<p>El segundo problema fue mencionado por otro premio Nobel en Economía, en este caso, <strong>Friedrich Hayek</strong>. Si aceptamos que el problema económico consiste en advertir cuáles son los bienes y servicios que deben producirse, en qué cantidad y calidad y de qué manera distribuirlos, debemos comprender que ese “conocimiento” no es dado a nadie en particular. Los bienes y servicios que necesitamos producir son los que la gente quiere. Y ese conocimiento está disperso en la sociedad, en las preferencias individuales de cada sujeto, en la forma de bits de información que cada uno tiene en su propia mente. ¡Es información no revelada! Salvo que permitamos que la gente demande y comunique esa información a los empresarios a través de los precios, precisamente.</p>
<p><strong>Los socialistas del siglo XXI han dado un paso atrás. Ahora se hacen llamar “socialistas de mercado”</strong>, y afortunadamente han dejado de sugerir la propiedad pública de los medios de producción. En realidad se han dado cuenta de que nada es mejor que permitir que la producción de bienes y servicios la lleve adelante el mercado, lo que se traduce en alimentos, ropa y todo tipo de bienes y servicios en calidad y bajos precios, lo que es resultado precisamente del proceso competitivo.</p>
<p>La discusión ahora se resume al <strong>rol del Estado</strong>. El “socialista de mercado” o aquellos que buscan un mayor <strong>“Estado de bienestar</strong>” piden un Estado que, paradójicamente, “intervenga”, que ofrezca “bienes públicos”, que evite o minimice “externalidades negativas” y subsidie las “externalidades positivas”. Que aplique “<strong>políticas antimonopólicas”</strong> y “redistribuya los ingresos” de manera conveniente. Lo que no han advertido aún es que <strong>ese Estado al repartir la torta se queda con una porción enorme de la renta para beneficio propio,</strong> lo que impide la reinversión de quienes la generan -creando potenciales puestos de trabajo- y dejando a las clases más desfavorecidas sin salida.</p>
<p>Dirán algunos pocos socialistas que este “socialismo de mercado” no es socialismo. Yo estoy de acuerdo. Dirán otros socialistas que la propuesta ideal tampoco es la propiedad pública de los medios de producción, sino <strong>la propiedad “comunal” de los medios de producción</strong>. En este caso se trataría de <strong>pequeñas comunidades de personas que manejarían las “empresas”</strong>, y  nótese que estas comillas no son arbitrarias. En tal caso las preguntas sin respuesta son cuantiosas. ¿Cómo se distribuyen los ingresos de esta empresa? Se dirá, quizás, que se lo hará igualitariamente, según las horas trabajadas. ¿Ganará lo mismo un ingeniero que un obrero? ¿Qué incentivo tendrá el ingeniero para capacitarse si finamente sus ingresos serán iguales? ¿Qué incentivo tendrá un obrero para trabajar eficientemente si los otros obreros no lo hacen? “<strong>Conocimiento” e “incentivos” son los dos grandes problemas del socialismo</strong>. Dejemos el socialismo para otro mundo. ¡Y por favor, dejemos de destinar tinta a un debate acabado!</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/10/28/recuerden-que-el-socialismo-es-imposible/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Axel Kiciloff, mi profesor</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/10/08/axel-kiciloff-mi-profesor/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/10/08/axel-kiciloff-mi-profesor/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 08 Oct 2013 11:03:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Adam Smith]]></category>
		<category><![CDATA[Aerolineas Argentinas]]></category>
		<category><![CDATA[Alfred Marshall]]></category>
		<category><![CDATA[Aristóteles]]></category>
		<category><![CDATA[Centro de Estudiantes]]></category>
		<category><![CDATA[David Ricardo]]></category>
		<category><![CDATA[Escuela Austriaca]]></category>
		<category><![CDATA[Escuela Neoclásica]]></category>
		<category><![CDATA[ESEADE]]></category>
		<category><![CDATA[Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires]]></category>
		<category><![CDATA[Friedrich Hayek]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Huerta de Soto]]></category>
		<category><![CDATA[John Maynard Kaynes]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Cachanosky]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos De Pablo y]]></category>
		<category><![CDATA[Julio Olivera]]></category>
		<category><![CDATA[Karl Marx]]></category>
		<category><![CDATA[Licenciatura en Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Ramal]]></category>
		<category><![CDATA[marginalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Milton Friedman]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Levín]]></category>
		<category><![CDATA[Talleres de Lectura]]></category>
		<category><![CDATA[UBA]]></category>
		<category><![CDATA[UCA]]></category>
		<category><![CDATA[UCEMA]]></category>
		<category><![CDATA[YPF]]></category>
		<category><![CDATA[“Economía Marxista”]]></category>
		<category><![CDATA[“neoliberalismo menemista”]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/?p=158</guid>
		<description><![CDATA[Inicié mis estudios de grado en 1997 en la Licenciatura en Economía que dictaba la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Por ese entonces no sabía quiénes eran Marx, Keynes, Friedman o Hayek, aunque sí me identificaba desde temprano con lo que hoy entiendo son las ideas de un liberalismo clásico. Mi formación en la UBA fue bastante pobre,... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/10/08/axel-kiciloff-mi-profesor/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Inicié mis estudios de grado en 1997 en la <strong>Licenciatura en Economía</strong> que dictaba la <strong>Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires</strong> (<strong>UBA</strong>). Por ese entonces no sabía quiénes eran <strong>Marx, Keynes, Friedman o Hayek</strong>, aunque sí me identificaba desde temprano con lo que hoy entiendo son las ideas de un liberalismo clásico. Mi formación en la UBA fue bastante pobre, pues apenas me acerqué a Marx y a Keynes, pero “nada” escuché de Friedman y Hayek. El <strong>“neoliberalismo menemista”</strong> ya estaba en su última fase y no había curso en el que no se criticara al neoliberalismo, la convertibilidad, la apertura económica y la privatización. <strong>Julio Olivera</strong> era un prócer olvidado que merecía el <strong>Premio</strong> <strong>Nobel</strong>. <strong>Marcelo Ramal</strong> era el profesor marxista que comenzaba a abandonar la academia para ingresar en la política. <strong>Pablo Levín</strong> era “el mejor profesor” de la facultad según el Centro de Estudiantes.<b> </b><strong>¡Axel Kicillof era la gran promesa!</strong></p>
<p>Llegué a cuarto año en el 2000 y tuve que elegir dos materias optativas. La lista era extensa y la elección era difícil pues estaban “Cálculo financiero”, “Mercado de capitales”, “Economía agraria”, “Instituciones al derecho público” y “Economía marxista”, entre muchas otras. Para ese entonces mi formación ya era más rica, o al menos, puedo decir, me había acercado bastante más a Keynes, Friedman y Hayek. El mérito de ese “enriquecimiento” debo decir que no se lo debo a la UBA, sino a seminarios privados que tuve la suerte de cursar en <strong>UCEMA, ESEADE y UCA</strong>, y gracias al esfuerzo de fundaciones privadas. Desde joven me interesó la economía comparada, conocer los argumentos de ambos lados. Fue así que decidí optar por <strong>“Economía marxista”</strong>, dictada en ese momento por <strong>Pablo Levín</strong> y su ayudante, <strong>Axel</strong> <strong>Kicillof</strong>.</p>
<p>Pablo Levín era un hombre mayor y participó muy poco del curso. Recuerdo sólo dos cosas: 1) recomendó su libro sobre <em><b>“El capital tecnológico”,</b></em> publicado en <strong>Ed. Catálogos</strong> (1997); 2) su explicación de <strong>la teoría del valor</strong> de <strong>Aristóteles</strong>. Explicó que para Aristóteles el intercambio sólo podía ser justo si las dos cosas que se cambiaban tenían exactamente el mismo valor. Y luego pidiendo disculpas por el término que utilizaría dijo que salvo “una puta casualidad” las cosas que se intercambian nunca tienen el mismo valor.<b> </b><strong>Muy rápidamente Levín pasó a ser un mito para mí.</strong></p>
<p>Pero el curso tuvo su valor. Es que <strong>Axel Kicillof ofrecía la claridad que a Levín le faltaba</strong>. Recuerdo que llegó con <strong><i>El capital</i></strong> y nos preguntó qué preferíamos: si estudiarlo completo, o dedicar atención sólo a los primeros capítulos, haciendo un análisis muy profundo, de tal modo que después cada uno pueda recorrer el camino por su cuenta en los años siguientes. Pero antes de escuchar una respuesta, sugirió tomar este segundo camino. Recuerdo haber sido el único que prefería estudiarlo completo. Aprobé el curso con una síntesis crítica del capítulo I de <em>El capital</em> –sobre mercancía-, pero no recibí ningún comentario.</p>
<p>En 2002 terminé la licenciatura, pero siempre seguí a Kicillof de cerca. Puedo confirmar su militancia constante dentro de la Facultad y el reconocimiento general que adquirió como académico. Constantemente ofrecía talleres de lectura para los estudiantes, profundizando en autores clásicos como <strong>Adam Smith, David Ricardo, Alfred Marshall, John Maynard Keynes</strong> y hasta el mismo <strong>Karl</strong> <strong>Marx</strong>. El Centro de Estudiantes siempre lo apoyó. Recuerdo que defendió su tesis doctoral sobre los “<strong>Fundamentos de la Teoría General</strong>”, para lo cual realizó extensas investigaciones entre 1998 y 2005. No pude asistir a ella, pero compré el libro que publicó en 2007 y que lleva ese título, y de hecho, suelo recomendarlo a mis alumnos cuando hago alguna referencia a Keynes o su Teoría General. Si uno se pregunta por qué un libro tan confuso, mal escrito e inconsistente -según indican los especialistas- tuvo tremendo impacto, en este libro puede encontrar una respuesta.</p>
<p>Kicillof fue uno de los pocos jóvenes que en la UBA obtuvo cargos docentes en forma constante. Domina la microeconomía, también la macroeconomía y la teoría monetaria y es un experto en la historia del pensamiento económico. Diré que <strong>es de los pocos académicos que intenta ignorar los manuales tradicionales y, en su lugar, va a las fuentes, algo que aprendió del mencionado Pablo Levín.</strong> Recuerdo que hace unos años recibí un correo electrónico suyo convocando a un taller de lecturas en la misma UBA para desarrollar una “<strong>Macroeconomía marxista”</strong>. En ese momento yo mismo elaboraba mi tesis doctoral, y trataba de incluir un estudio comparado de los distintos enfoques macroeconómicos. Incluía la macroeconomía del trabajo de Keynes, también la macroeconomía del dinero de Friedman, las expectativas racionales de <strong>Lucas</strong> y la macroeconomía del capital de <strong>Hayek-Garrison,</strong> pero nada sobre Marx. Asistí al evento, pensando que podía enriquecer mi tesis con ello.</p>
<p>La reunión tuvo lugar en un subsuelo de la Facultad y recuerdo que asistieron unas 60 personas, con una importante “vocación marxista”. Circularon panfletos y comentarios en extremo anticapitalistas, a los cuales no estaba muy acostumbrado. La presentación introductoria de Kicillof no podía dejar de ser histórica y no podía dejar de criticar los programas de estudio que no incluían a Marx todo lo que él hubiera querido. Recuerdo haber dicho que estaba en desacuerdo, pues yo mismo era egresado de la UBA y no había estudiado otra cosa que Marx-Keynes, pero se me ignoró. A los pocos minutos se habló del <strong>marginalismo</strong> de <strong>Menger-Jevons-Walras</strong>, y recuerdo que Kicillof me preguntó si estaba bien decir que Menger era neoclásico. Le dije que no, pero también me ignoró y siguió adelante. <strong>Kicillof ya me reconocía como a un austriaco.</strong> Después de esto tuvimos un diálogo por mail donde le envié el artículo sobre el <strong>Methodenstreit</strong> de<b> </b><strong>Jesús Huerta de Soto</strong>, para que observe las diferencias entre la <strong>Escuela Austriaca</strong> y la <strong>Escuela Neoclásica</strong>, pero si bien me lo agradeció, nunca supe si lo leyó.</p>
<p>También recuerdo un debate entre <strong>Juan Carlos de Pablo y</strong> <strong>Juan Carlos Cachanosky</strong> que tuvo lugar en <strong>ESEADE</strong> en 2006, para discutir la relevancia de la Teoría General de Keynes, después de 70 años de su publicación. Kicillof estaba sentado al fondo y al terminar me le acerqué para consultar su opinión sobre esta discusión. Su comentario resumía que había tenido un inesperado bajísimo nivel. Por supuesto que yo disentía, pero las críticas a Keynes habían sido muy fuertes y el público era tan hostil a sus ideas como lo fueron aquellas de la UBA con las mías.</p>
<p>En 2010 publicó otro libro que también compré y recomiendo a los interesados en el campo de estudio: <strong><i>Siete lecciones de historia del pensamiento económico</i></strong>. No mucho tiempo después, Kicillof pasó a ocupar un cargo en el<strong> Directorio de Aerolíneas Argentinas</strong>. Me sorprendió mucho, pues lo consideraba un académico serio (aun sabiendo que no tiene numerosas publicaciones en revistas científicas bien rankeadas). Por supuesto que estábamos y estamos en las antípodas, pero no podía imaginarme a un intelectual en dicho cargo. Seguí bastante los debates en torno a Aerolíneas Argentinas, interesado particularmente en escuchar sus argumentos. <strong>Se lo criticó por los déficits anuales que acumulaba la compañía, pero él siempre argumentó que tomó una empresa en quiebra con 10.000 millones de dólares de déficit</strong>, el que se fue reduciendo año a año. Explicó que una aerolínea de bandera siempre iba a perder dinero, pues el objetivo no es ganarlo, ni equilibrar las cuentas, sino conectar a todas las provincias del país, aun aquellas en donde mantener los vuelos no es rentable. De allí surgió mi pedido de una<b> </b><strong>política de cielos abiertos</strong>, debate que aún está fuera de discusión. También <strong>recuerdo informes suyos criticando al INDEK, pero desde que se acercó al kirchnerismo no volvió a emitir opinión sobre esta institución</strong>, ni volvió a mencionar sus propios informes.</p>
<p>Desmintió varias veces el cargo de <strong>ministro de Economía</strong> que le imputaban los medios, pero hoy ya ocupa el cargo de viceministro y tiene un acercamiento e impacto real sobre las decisiones de la presidente. Su exposición pública va en aumento y lógicamente no pierde la claridad que lo caracteriza. Al contrario de la política tradicional, Kicillof es una persona de ideas claras. Si accede a una entrevista, le cuesta mentir, no puede ser confuso y es muy transparente. Hace sólo unos días le preguntaron sobre la <strong>estatización de las pensiones</strong> y de <strong>YPF</strong>. Con mucha naturalidad explicó que lo único que se está haciendo es revertir el proceso tomado durante el “noventismo neoliberal”, con su apertura irracional y con sus “salvajes” privatizaciones, para devolverle al Estado las funciones que puede y debe cumplir.</p>
<p>Como se ve, el debate es de filosofía política, de libro de texto. ¿Qué funciones debe cumplir el Estado? Detrás del noventismo y del kichnerismo hay diferentes respuestas, y se procede en consecuencia, sin atender en ninguno de los dos casos a la <strong>Constitución</strong> <strong>Nacional</strong>, ni a las instituciones. Son las ideas, entonces, las que hoy nos permiten entender que este proceso de estatizaciones apenas está comenzando<strong>. Lo único que le pido a los lectores es que no caigan en el fatal error de pensar que noventismo y kichnerismo son las únicas opciones</strong>. Insisto en conjeturar que el desenlace de este modelo no será muy diferente del anterior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><iframe src="//www.youtube.com/embed/Jo2VJk5JWo4" height="720" width="960" allowfullscreen="" frameborder="0"></iframe></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/10/08/axel-kiciloff-mi-profesor/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Dynamic page generated in 2.257 seconds. -->
<!-- Cached page generated by WP-Super-Cache on 2017-01-31 07:07:57 -->
