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	<title>Adrián Ravier &#187; Gran depresión</title>
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		<title>¿Hoy somos todos keynesianos?</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Aug 2013 05:06:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las ideas de John Maynard Keynes surgieron en el marco de la Gran Depresión de los años treinta. Entre los años 50 y 60 muchos economistas coincidían en afirmar &#8220;ahora somos todos keynesianos&#8220;. Incluso Milton Friedman llegó a decirlo en 1965. La nueva crisis revitalizó el pensamiento de Keynes y The Economist colocó a dos prestigiosos economistas a responder la gran pregunta: ¿Somos hoy todos keynesianos?... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/08/02/hoy-somos-todos-keynesianos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las ideas de <strong>John Maynard Keynes</strong> surgieron en el marco de la <strong>Gran Depresión</strong> de los años treinta. Entre los años 50 y 60 muchos economistas coincidían en afirmar &#8220;<strong>ahora somos todos keynesianos</strong>&#8220;. Incluso <strong>Milton Friedman</strong> llegó a decirlo en 1965. La nueva crisis revitalizó el pensamiento de Keynes y <strong><i><a href="http://www.economist.com" target="_blank">The Economist</a></i></strong> colocó a dos prestigiosos economistas a responder la gran pregunta: ¿Somos hoy todos keynesianos? De un lado<b> </b><strong>Brad De Long</strong>, del otro<b> </b><strong>Luigi Zingales. ¿Qué respondieron?</strong></p>
<p><strong>La respuesta de Brad De Long</strong></p>
<p><strong>Se suponía que Brad De Long iba a defender la postura, pero pidió disculpas y afirmó que ya no, &#8220;hoy no somos todos keynesianos&#8221;. </strong>Por ejemplo, leyendo <strong><i>The New York Times</i></strong> encuentra que <strong>William Poole</strong>, ex presidente de la<b> </b><strong>Reserva Federal de St Louis</strong>, considera que &#8220;el gasto del gobierno no puede liderar el camino hacia una recuperación sostenida, debido a que su efecto de estímulo se verá compensado por anticipado con impuestos más altos y con la necesidad de financiar el déficit&#8221;.</p>
<p>En 1970 William Poole fue un keynesiano que daba por sentado que la política de déficit y el gasto fiscal tenían un papel adecuado y<br />
eficaz en la lucha contra las recesiones. Pero Poole no está solo. <strong>Robert Barro</strong>, <strong>de Harvard University</strong>, <strong>dijo sobre la propuesta de estímulo fiscal de Obama: &#8220;Este es probablemente el peor proyecto de ley que se ha presentado desde la década de 1930</strong>. No sé qué decir. Quiero decir que está perdiendo una enorme cantidad de dinero, que tiene una teoría simplista que no creo que funcione (…) No creo que vaya a expandir la economía (…) Va más en la línea con tirar el dinero a la gente (…) Creo que es basura&#8221;.</p>
<p><strong>John Cochrane</strong>, de la <strong>Universidad de Chicago</strong>, agrega: &#8220;Nadie ha enseñado esto a estudiantes de postgrado desde 1960 (…)<b> </b><strong>Son los cuentos de hadas que se han demostrado falsos.</strong> Es muy reconfortante en tiempos de crisis volver a los cuentos de hadas que escuchábamos cuando éramos niños, pero esto no los hace menos falsos&#8221;. Cochrane agrega que &#8220;el gobierno emitirá bonos para pedir prestado, lo que significa que los inversores al comprar<b> </b><strong>bonos del Tesoro de EEUU</strong> dejarán de invertir en acciones o productos, anulando el efecto de estímulo&#8221;.</p>
<p><strong>Edward Prescott</strong>, de la <strong>Arizona State University</strong>, quien ganó un <strong>premio Nobel de Economía</strong> <strong>en 2004</strong> por su estudio sobre los ciclos económicos, hizo esta contribución: &#8220;Los economistas en el campo están profundamente divididos sobre la cuestión del estímulo federal (…) No sé por qué Obama dijo que todos los economistas están de acuerdo en esto. Ellos no lo están&#8221;.</p>
<p><strong>Eugene Fama</strong>, de la <strong>Universidad de Chicago</strong>, declaró: &#8220;Los rescates y planes de estímulo son financiados mediante la emisión de más deuda pública (¡<strong>el dinero debe venir de alguna parte</strong>!). La deuda, agregó, absorbe los ahorros que de otro modo irían a inversión privada&#8230; a pesar de la existencia de recursos ociosos, los rescates y planes de estímulo no agregan nada a los recursos actuales en uso. Acaban de mover recursos de un uso a otro&#8221;.</p>
<p>De Long concluye que &#8220;el argumento de los señores Fama, Prescott, Cochrane, Barro, Poole y compañía es lo que los economistas llaman la<b> </b><strong>Ley de Say</strong>. Es la afirmación de que las decisiones de aumentar el gasto, ya sea que vengan del gobierno o de cualquier otra persona, no pueden estimular la economía y aumentar el empleo y la producción porque la demanda debe ser creada por la oferta. <strong>Si el gobierno gasta, alguien más debe recortar sus gastos</strong>&#8220;. &#8221;Así que ahora, <strong>no puedo decir que somos todos keynesianos. Lo más que puedo decir es que deberíamos serlo&#8221;.</strong></p>
<p><strong>La respuesta de Luigi Zingales</strong></p>
<p>Y que podemos tomar de lo dicho por Luigi Zingales, quien se suponía defendería una posición opuesta a la de De Long. <strong>Se pregunta: &#8220;¿Qué significa ’ser keynesiano’?</strong> Simplemente creer en el papel de los componentes de la demanda en la determinación de la producción total es una caracterización insuficiente. Un verdadero keynesiano difiere, en tanto que él también cree que: 1)<b> </b><strong>La política monetaria no es la herramienta más eficaz para estabilizar la economía</strong> y puede ser completamente ineficaz en algunas circunstancias (<strong>trampa de liquidez</strong>); 2) <strong>la política fiscal es eficaz</strong> y el gasto del gobierno es la herramienta preferida; 3)<b> </b><strong>la intervención del gobierno funciona y las consecuencias a corto plazo son más importantes que las de largo plazo&#8221;.</strong></p>
<p>&#8220;Con esta definición en mente, hay cuatro formas en las cuales la afirmación ‘todos somos keynesianos’ puede ser interpretada. Sugiero que la declaración es falsa en tres de cuatro de estas interpretaciones&#8221;. &#8220;<strong>La primera interpretación es que la profesión económica ha llegado a un consenso sobre las posiciones keynesianas. Esta declaración es definitivamente falsa.</strong> Si usted navega a través de los artículos publicados en la revista líder de la <strong>American Economic Association</strong> en 2008, verá que sólo uno de los 12 artículos que se ocupan de las cuestiones macroeconómicas (Código JEL E) soporta (aunque muy indirectamente) la idea de una política fiscal de expansión como una herramienta política. Un desequilibrio aún mayor está en el pináculo de nuestra profesión. Entre los 37 ganadores del premio Nobel de Economía en los últimos 20 años, cuatro recibieron el premio por sus contribuciones a la macroeconomía. Ninguno de ellos podría ser considerado keynesiano. De hecho, es difícil encontrar trabajos académicos que apoyan la idea de un estímulo fiscal&#8221;.</p>
<p><strong>&#8220;La segunda interpretación posible es que existe un consenso entre los economistas en que las causas de la crisis actual es keynesiana.</strong> <strong>Incluso en esta interpretación la declaración es falsa</strong>. No creo que ningún economista se atrevería a decir que la actual crisis económica de EEUU ha sido causada por <strong>subconsumo</strong>. Con cero de ahorro personal y un gran déficit presupuestario del gobierno de <strong>Bush</strong> hemos tenido una de las políticas keynesianas más agresivas en la historia&#8221;. &#8220;La adhesión a los principios de Keynes no sólo no evitaron el desastre económico actual, sino que incluso han contribuido enormemente a la causa. El deseo keynesiano de gestionar la demanda agregada, haciendo caso omiso de los costos a largo plazo, impulsado por <strong>Alan Greenspan</strong> y <strong>Ben Bernanke</strong> a mantener las tasas de interés extremadamente bajas en 2002, impulsaron el consumo excesivo de las familias y la asunción de riesgos excesivos por parte del sector financiero. Más importante aún ha sido la formación keynesiana de nuestros responsables políticos lo que les ha llevado a ignorar el papel que desempeñan los incentivos en las decisiones económicas.</p>
<p><strong>La principal diferencia entre Keynes y la economía moderna es el énfasis en los incentivos.</strong> Keynes estudió la relación entre los agregados macroeconómicos, sin ninguna consideración por los incentivos subyacentes que conducen a la formación de estos agregados. Por el contrario, la economía moderna basa todos sus análisis sobre los incentivos. En 1998, cuando el<b> </b><strong>co-Fed</strong> coordinó el rescate de <strong>Long Term Capital Management</strong>, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos para asumir riesgos y la liquidez adecuada de precios. Cuando el señor Bernanke diseñó el rescate de <strong>Bear Stearns</strong>, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos de los otros bancos de inversión para aumentar el capital social a precios bajísimos. Cuando cambió de posición dos veces en el espacio de dos días, dejando a Lehman caer, pero rescatando a <strong>AIG</strong>, no se preocuparon por el impacto que tendría en la confianza de los inversores y los incentivos para invertir.</p>
<p>Éste es el <strong>comportamiento errático</strong> que ha asustado al mercado y ha creado la actual crisis económica: en una encuesta reciente el 80% de los estadounidenses declaran que tienen menos confianza de invertir en el mercado como consecuencia de la forma en que el gobierno ha intervenido”. “Si los principios keynesianos y la educación son la causa de la depresión actual, es difícil imaginar cuál puede ser la solución. Por lo tanto, incluso la tercera interpretación que deben seguir las recetas keynesianas para combatir la actual crisis económica, es falsa. No discuto la idea de que algún tipo de intervención del gobierno puede aliviar las condiciones económicas actuales, y que una política económica keynesiana puede hacerlo. Con un déficit de cuenta corriente que en 2008 fue de 614 mil millones dólares, un déficit presupuestario que fue 455 mil millones dólares y los gastos militares de 731 mil millones dólares, es difícil argumentar que el gobierno no está estimulando la demanda lo suficiente.</p>
<p>L<strong>a crisis actual no es una crisis de demanda, es una crisis de confianza.</strong> <strong>El mal gobierno corporativo, junto con las políticas del mal gobierno, ha destruido al sector financiero</strong>, asustando a los inversores y congelando los préstamos. Es como si una bomba nuclear hubiera destruido todas las carreteras de EEUU, y afirmaran que para mitigar el impacto económico de un evento semejante, debería invertir en los bancos. Es posible que con el tiempo haya un <strong>efecto goteo.</strong> Pero si el problema es de los caminos, lo que necesitamos es reconstruir los caminos, no subsidiar al sector financiero. Y si el problema es el sector financiero, se deseará solucionar este problema y no la construcción de carreteras”.</p>
<p>“La única interpretación en virtud de la cual la declaración en cuestión es cierta es que ‘nosotros’ el pueblo estadounidense y sus<br />
representantes elegidos sean todos keynesianos. <strong>El keynesianismo ha conquistado los corazones y las mentes de los políticos y las personas comunes y corrientes, ya que proporcionan una justificación teórica para el comportamiento irresponsable.</strong> La ciencia médica ha establecido que uno o dos vasos de vino al día son buenos para su salud a largo plazo, pero ningún médico recomienda a un alcohólico en recuperación seguir esta receta. Lamentablemente, los economistas keynesianos hacen exactamente esto.<b> </b><strong>Le dicen a los políticos, que son adictos a gastar nuestro dinero, que los gastos del gobierno son buenos.</strong> <strong>Y qué decir a los consumidores, que se ven afectados por problemas graves de gasto, que el consumo es bueno, mientras que el ahorro es malo.</strong> En la medicina, tal comportamiento tendría que ser expulsado de la profesión médica; en economía, le ofrece un trabajo en Washington”. Un 37 % de los lectores de <strong><i>The Economist</i></strong> que votaron en la encuesta afirmaron que SÍ, que &#8220;hoy somos todos keynesianos&#8221;. Un 63 % dijo que NO, que esta afirmación carece de sentido.</p>
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		<title>¿Es posible un retorno al patrón oro?</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jul 2013 05:31:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Analistas económicos y políticos de posiciones diversas han coincidido en aseverar que la <strong>crisis financiera internacional</strong> encuentra su causa en la política monetaria que maneja la <strong>Reserva Federal de los Estados Unidos</strong>. Éstos no apuntan sólo a la mala política monetaria que creó la <strong>burbuja inmobiliaria</strong>, sino también al modo en que se ha administrado el dinero desde 2008 en adelante, depreciando el dólar y exportando con ello algunos problemas internos de Estados Unidos al resto del mundo.</p>
<p>Analistas de Estados Unidos, Europa y Asia empezaron a preguntarse entonces si es posible crear una alternativa a este inestable patrón dólar, y la primera respuesta que surgió no fue el <strong>euro</strong>, la <strong>libra</strong>, el <strong>marco</strong> <strong>suizo</strong>, el <strong>yen</strong> <strong>japonés</strong> o el <strong>yuan</strong> <strong>chino</strong>, sino un posible retorno al oro. El <strong>Congreso de Estados Unidos</strong> incluso creó una comisión a la que distintos teóricos e historiadores de la moneda y la banca han sido invitados para exponer sus posiciones.</p>
<p><span id="more-82"></span>Lo que aquí nos proponemos -siguiendo a <strong>Lawrence H. White</strong>- es responder a los diez argumentos centrales que la literatura presenta en contra de un retorno al <strong>patrón oro</strong>, incluyendo argumentos de presidentes de la Reserva Federal como <strong>Alan Greenspan </strong>y <strong>Ben Bernanke</strong>, economistas de renombre como <strong>Tyler Cowen</strong> y <strong>Paul Krugman</strong>, y analistas como <strong>Eduardo Porter</strong> y <strong>Jesús Fernández</strong> <strong>Villaverde</strong>. Al respecto, un especialista en temas monetarios como <strong>Friedrich Hayek</strong> reflexionaba en 1943: &#8220;El patrón oro, como sabemos, tuvo indudablemente grandes defectos, pero corremos el gran peligro de que su condena, hoy día de moda, pueda oscurecer el hecho de que también tuvo grandes virtudes, ausentes en la mayoría de sus alternativas&#8221;.</p>
<p>Analicemos entonces los diez argumentos centrales que expone la literatura:</p>
<p><strong>   1. El patrón oro deja que la cantidad de dinero sea determinada por fuerzas accidentales</strong></p>
<p>Hay un germen de verdad en este punto, puesto que el patrón oro permite que la cantidad de dinero en circulación sea determinado por las fuerzas de la oferta y la demanda en el mercado del oro. Sin embargo, en el sistema vigente de Banca Central y dinero fiat la oferta de dinero es controlada por las decisiones de un comité de expertos de la Reserva Federal. La pregunta que queda es bajo cuál sistema se comporta mejor la cantidad de dinero y su poder adquisitivo.</p>
<p>La experiencia dicta que<b> </b><strong>el stock de oro nunca fue estable.</strong> Sin embargo, durante el mayor descubrimiento de oro en <strong>California</strong>, en 1848, la caída del poder adquisitivo del dinero fue ínfima. En el intervalo de mayor inflación, el índice general de precios para los Estados Unidos subió de 5.71 en 1849 a 6.42 en 1857, un incremento de 12.4 % en un período de ocho años. La literatura es clara en este respecto, en expertos de historia monetaria como <strong>Hugh Rockoff</strong> o <strong>Rolnich</strong> y <strong>Weber.</strong></p>
<p><strong>   2. El patrón oro produciría una deflación dañina</strong></p>
<p>Si bien el patrón oro ofreció bastante estabilidad mientras operó, es cierto que en ciertos momentos hubo <strong>deflación de precios</strong>. Por ejemplo, entre 1880 y 1900, Estados Unidos evidenció un prolongado período de deflación récord. Sin embargo, dicho período no fue para nada desastroso en la economía real. El producto real per cápita comenzó dicho período en $3.379 y terminó en $4.943 (ambos medidos en dólares de 2000). El crecimiento real per cápita fue más que saludable con un 46 %, lo que implica que el producto real más que se duplicó.</p>
<p>Es así que, como explica <strong>George Selgin</strong>, los economistas debemos aprender a distinguir un proceso de deflación benigna y saludable, de otro dañino, como el que en efecto ocurrió entre 1929-1933 en la conocida <strong>Gran Depresión</strong>. La deflación benigna sería aquella que viene acompañada por aumentos de productividad, donde la caída de precios sólo redunda en un aumento del salario real.</p>
<p><strong>   3. El patrón oro fue responsable de los pánicos bancarios del siglo XIX y de la contracción monetaria de 1929-33, con la consecuente gran depresión</strong></p>
<p>La contracción monetaria de 1929-33 es precisamente el ejemplo clásico de la deflación dañina. Pero hay que notar que ésta no se generó bajo la existencia de un sistema de patrón oro, sino precisamente bajo la atenta mirada de la Reserva Federal. Uno podría observar el caso de <strong>Canadá</strong> en el período 1929-33 y ver que efectivamente bajo patrón oro no hubo pánico. Tampoco encontramos pánicos en Canadá en el siglo XIX. Fue el sistema de Banca Central en definitiva el que debilitó al sistema bancario.</p>
<p><strong>   4. El beneficio del patrón oro (controlar la inflación) se podría alcanzar con un costo menor, simplemente controlando la cantidad de dinero fiat</strong></p>
<p>Si bien este condicional es cierto, en la práctica no ocurrió tal cosa. El propio Alan Greenspan ha explicado que lo mejor que la Reserva Federal puede hacer en política monetaria es intentar replicar exactamente lo que un sistema de patrón oro habría hecho en cada caso. Greenspan incluso ha reconocido que en los años &#8217;70 la Reserva Federal generó una inflación acelerada porque el patrón oro no limitó la política monetaria. Y es que en ausencia de competencia las autoridades monetarias no tienen conocimiento ni incentivos para administrar bien el dinero.</p>
<p>Además, aun reconociendo que en los últimos 30 años la inflación ha sido más baja que en el período de posguerra, aun estos niveles de inflación actuales son mayores que los que evidenció el sistema de patrón oro. Por otro lado, el costo del sistema de patrón oro ha sido exagerado por los economistas, incluso por <strong>Milton Friedman</strong>, al asumir que el 100 % de la <strong>oferta monetaria (M2)</strong> debía estar respaldada en oro. Pero <strong>Lawrence H. White</strong> ha demostrado bajo su estudio de la historia monetaria que un sistema de banca libre con reserva fraccionaria puede operar con sólo un 2 % de los billetes respaldados en oro, lo cual reduce drásticamente la cantidad de oro necesaria para retornar a dicho sistema. Finalmente, debemos señalar que dicho costo es realmente muy bajo en relación con los daños que el sistema de Banca Central ha generado en la sociedad en el último siglo.</p>
<p><strong>   5. El patrón oro no implica ningún límite, porque el gobierno podría devaluar o simplemente suspender la obligación de respaldar sus billetes en cualquier momento que lo desee</strong></p>
<p>Objeciones como ésta podrían presentarse a otras normas o reglas, como es el caso de la Constitución. Pero aun así, las reglas constitucionales resultan útiles. <strong>Kydland </strong>y <strong>Prescott </strong>han señalado exitosamente la necesidad de fijar reglas para la política monetaria, lo cual redunda en un compromiso de parte de las autoridades monetarias, al mismo tiempo que ofrecen previsibilidad.</p>
<p>De más está decir que el patrón oro no es la única regla. El propio Milton Friedman ha ofrecido su regla de una tasa de crecimiento monetario fija para cada período, o los objetivos de inflación regulan hoy la política monetaria de varios bancos centrales. Pero el patrón oro tiene una historia mucha más extensa y exitosa que estas reglas alternativas y es la única alternativa que no requiere de un banco central.<b> </b><strong>Dejar la política monetaria en manos de banqueros privados bajo competencia, en lugar de la institución gubernamental, como era el caso de Estados Unidos antes de 1913, elimina la posibilidad de las dañinas sorpresas monetarias. </strong>También es cierto que el gobierno puede suspender el patrón oro en situaciones de emergencia como fue el caso en la Guerra Civil, pero el espíritu del patrón oro presiona para retornar al sistema y a la paridad, como de hecho ocurrió en Estados Unidos, según han demostrado Bordo y Kydland.</p>
<p><strong>   6. El patrón oro, como cualquier sistema de tipo de cambio fijo, es vulnerable a la especulación</strong></p>
<p><strong>Nicolás Cachanosky</strong> ha explicado que en un sistema de patrón oro no hay tipos de cambio, por lo que no puede haber especulación sobre ellos. Lo que sí tenemos es paridad, pero la aclaración es necesaria. Lo que abre la puerta a la especulación es la debilidad de la paridad que ofrece un sistema monetario, sea el sistema de patrón oro o cualquier otra moneda de reserva. Un Banco Central puede ser débil, y ése es precisamente cuando combinamos un sistema de Banca Central con el patrón oro. Afortunadamente, <strong>el patrón oro no requiere de un Banco Central</strong>. White y Selgin muestran que con un sistema de emisores privados de dinero descentralizado, no hay institución capaz de devaluar, por lo que no hay razones para esperar la peligrosa especulación.</p>
<p><strong>   7. El dinero fiat es necesario para que un prestamista de última instancia responda a las necesidades de liquidez del sistema bancario</strong></p>
<p>La historia muestra que un prestamista de última instancia prácticamente no sería necesario bajo un sistema monetario sólido y estable. Nuevamente vale la pena comparar el caso de Estados Unidos y Canadá en el siglo XIX. En los casos excepcionales donde tal cosa fuera necesaria, <strong>Richard H. Timberlake</strong> enseña que las cámaras de compensación pueden resolver el problema.</p>
<p><strong>   8. El cambio a un sistema de patrón oro involucra costos masivos de transición</strong></p>
<p><strong>El costo de transición para retornar al patrón oro sería muy bajo.</strong> A diferencia del caso europeo con la transición al <strong>euro</strong>, no sería necesario redenominar los precios, porque la denominación del dólar se mantendría. A la tasa adecuada entre dólar y oro, los precios no necesitarían pegar un salto.</p>
<p><strong>   9. Abandonamos el patrón oro en primer lugar por buenas razones</strong></p>
<p>Como bien explica <strong>Juan Carlos Cachanosky</strong>, en 1933 el presidente <strong>Roosevelt </strong>devaluó el dólar de $20.67 a $35 por onza de oro, pero el problema no era el patrón oro, sino la debilidad del sistema de la Reserva Federal. La deflación se podría haber resuelto con una mejor política monetaria y reforma bancaria, pero sin abandonar el patrón oro.</p>
<p>En 1971 <strong>Nixon</strong> declaró la inconvertibilidad del dólar con el oro porque la propia Reserva Federal había expandido la oferta monetaria demasiado como para mantener la paridad del dólar en $35 la onza. Se hubiera evitado esto si la Reserva Federal no hubiera aplicado políticas monetarias tan agresivas en los años 1960.</p>
<p><strong>Benjamin Anderson</strong> o <strong>Murray Rothbard</strong> explican que no fueron las reglas del patrón oro las que fallaron. Fue, más bien, la Reserva Federal la que falló.</p>
<p><strong>   10. No hay oro suficiente y Estados Unidos no puede recrear el sistema de Patrón Oro internacional por sí mismo</strong></p>
<p>Sí hay oro suficiente para retornar al patrón oro “si definimos correctamente el precio del dólar en términos de oro”. Pero la segunda parte de este argumento ha quedado para el final porque representa la objeción más fuerte presentada contra el retorno a este sistema. Un retorno unilateral de Estados Unidos al patrón oro privaría a su economía de los beneficios de un sistema de patrón oro internacional. Es por ello que un acuerdo global resulta necesario. Esto, sin embargo, no parece ser un gran obstáculo. <strong>En tiempos tan inestable como los actuales, la búsqueda de un sistema monetario sólido está a la orden del día. Un retorno global al oro puede ser la solución real a la crisis financiera global de los últimos años.</strong></p>
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