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	<title>Adrián Ravier &#187; Nicolás Cachanosky</title>
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		<title>La devaluación del peso argentino en 2011-2015</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2015 10:18:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Devaluar es, según la Real Academia Española, ‘rebajar el valor de la moneda’. Nadie contribuyó tanto a rebajar el valor del peso argentino como este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, en el que tuvo una destacada participación el actual ministro de Economía, Axel Kicillof. El economista Luis Secco guarda plena razón cuando explica:... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/08/26/la-devaluacion-del-peso-argentino-en-2011-2015/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Devaluar es, según la Real Academia Española, ‘rebajar el valor de la moneda’. Nadie contribuyó tanto a rebajar el valor del peso argentino como este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, en el que tuvo una destacada participación el actual ministro de Economía, Axel Kicillof. El economista <a href="http://www.infobae.com/2015/08/19/1749429-luis-secco-la-devaluacion-esta-hecha-solo-resta-sincerarla">Luis Secco</a> guarda plena razón cuando explica: “La devaluación ya está hecha”, “Solo resta sincerarla”, algo que aparentemente le corresponderá hacer al próximo Gobierno, con el costo político y social que eso trae aparejado.</p>
<p>Para mostrar esta rebaja en el valor del peso entre 2011 y 2015, cabe una mirada a la evolución de las distintas partidas del balance del Banco Central de la República Argentina (BCRA), institución que cuenta con el monopolio de emisión de estos billetes depreciados. El cuadro presentado a continuación es un extracto del resumen estadístico que elabora trimestralmente Nicolás Cachanosky para nuestro blog <a href="https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/resumen-estadistico-argentina/">Punto de Vista Económico</a>.<span id="more-410"></span></p>
<p><a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/files/2015/08/Sin-título1.jpg"><img class="size-full wp-image-412 aligncenter" alt="Sin título" src="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/files/2015/08/Sin-título1.jpg" width="596" height="348" /></a></p>
<p>Nótese, por ejemplo, la evolución del pasivo, que pasó de 0,4 a 1,2 billones de pesos entre 2011 y junio de 2015. <b>El pasivo se triplicó desde que Kicillof incide en la política monetaria del BCRA</b>, lo que se logró con dos políticas concretas:</p>
<p>-          Emitiendo billetes que más que duplicaron la base monetaria (pasó de 223 a 483 mil millones de pesos).</p>
<p>-          Colocando títulos del BCRA en pesos (pasó de 84 a 355 mil millones de pesos).</p>
<p>Una mirada al activo nos puede explicar el destino de estos fondos. Mientras el activo pasó de 0,4 a 1,2 billones de pesos entre 2011 y junio de 2015, las reservas apenas pasaron de 200 a 308 mil millones de pesos. De nuevo, hay dos destinos concretos para la emisión monetaria del BCRA:</p>
<p>-          La compra de títulos públicos (pasó de 127 a 534 mil millones de pesos).</p>
<p>-          Adelantos del BCRA al tesoro del Gobierno nacional (pasó de 67 a 272 mil millones de pesos).</p>
<p>Para ser claros,<b> el Gobierno quebró al BCRA</b>. En 2011 las reservas representaban el 46 % del activo del BCRA; en 2015 esa misma relación cayó a menos del 25 %. La sumatoria de títulos públicos y adelantos del BCRA al Tesoro del Gobierno Nacional representaban en 2011 el 44 % del activo del BCRA, en 2015 estas mismas partidas representan el 63 % del activo.</p>
<p>La situación se agrava, lógicamente, si en lugar de tomar las reservas brutas, se tomaran las reservas netas, es decir, si se descontara aquella porción de esas reservas que no son propiedad del BCRA.</p>
<p>Resulta claro que un desafío difícil de lograr para el próximo Gobierno es el saneamiento del BCRA. <b>Los asesores de ambos candidatos, Mauricio Macri y Daniel Scioli, apuestan a crear un marco de confianza que conduzca a una gran atracción de capitales en el país, pero esta confianza difícilmente ocurra mientras el BCRA presente este estado de situación</b>. Por eso, volvemos al comienzo. “La devaluación del peso está hecha, solo resta sincerarla.”</p>
<p>Y entonces sí, los costos de esta devaluación serán más bajos si se ofrece un plan integral de reformas al Estado, que significan -necesariamente- un cambio de modelo.</p>
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		<title>De Lavagna a Kicillof, un único modelo</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jan 2014 15:44:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ante el ya evidente fracaso de la política económica populista del kirchnerismo en los diez años que van desde 2003 a 2013, surge cierta literatura que busca rescatar a algunos responsables directos de los acontecimientos actuales. Eduardo Duhalde intentó rescatar por ejemplo a su ministro de Economía, Roberto Lavagna, al punto de candidatearlo como una... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/01/29/de-lavagna-a-kicillof-un-unico-modelo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ante el ya evidente<strong> fracaso de la política económica populista del kirchnerismo</strong> en los diez años que van desde 2003 a 2013, surge cierta literatura que busca rescatar a algunos responsables directos de los acontecimientos actuales.</p>
<p><strong> Eduardo Duhalde</strong> intentó rescatar por ejemplo a su ministro de Economía, <strong>Roberto Lavagna,</strong> al punto de candidatearlo como una persona de experiencia para resolver la situación actual. <strong>Martín Redrado</strong> o <strong>Martín Lousteau</strong> escriben decenas de columnas críticas en las que intentan separarse del actual gobierno, cuando hace unos pocos años acompañaron el proceso. Es cierto, se podrá decir que desde 2007 <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong> se ocupó personalmente de profundizar ese mismo populismo que “nació” post-convertibilidad, pero cada uno de estos tres economistas tuvo su responsabilidad en la actual situación que sufrimos.</p>
<p>Para empezar, diré que la salida de la convertibilidad fue la peor que se podía haber diseñado. <strong>Eduardo Duhalde</strong> acusa al gobierno actual de improvisación, cuando él mismo prometió devolver dólares a quienes depositaron dólares, y sólo unos días después pesificó todos los depósitos y fue el responsable de la mayor estafa al pueblo argentino de las últimas décadas. En segundo lugar, hay que ser claros en que esa devaluación, que implicó el abandono de la <strong>convertibilidad</strong> y que hoy es vista como el comienzo de la “década ganada”, en realidad nos dejó con otra “década perdida”. Es cierto que entre 1998 y 2001 la economía estaba estancada y con alto desempleo, pero la devaluación convirtió esa crisis en una profunda depresión que hizo caer el PIB más del 10 % en 2002, además de destruir el Estado de Derecho.</p>
<p><span id="more-251"></span>A partir de 2003, la economía se fue recuperando, pero fue recién en 2008 cuando el PIB real alcanzó el nivel de 1998. Mientras <strong>Brasil</strong> o <strong>Chile</strong> emprendieron un proceso de crecimiento desde el techo alcanzado hacia fines de la década de 1990, <strong>Argentina</strong> tuvo que retroceder primero, para observar cómo en la década más afortunada en un siglo –en lo que refiere al contexto internacional-, tan sólo recuperábamos lo perdido. En pocas palabras,<strong> entre 1998 y 2008 Argentina no creció, sino que recuperó el terreno perdido por la desafortunada devaluación.</strong></p>
<p>Recordemos que en 1999 hubo otra opción, que fue la <strong>dolarización</strong> propuesta por<strong> Steve Hanke y Kurt Schuler,</strong> claramente ignorada. De haberla implementado en su momento, la Argentina sería la primera economía latinoamericana en presentar un PIB per cápita de niveles europeos.</p>
<p>Volviendo a nuestros tres personajes de hoy,<strong> Roberto Lavagna</strong> asumió como ministro de Economía del presidente interino <strong>Eduardo Duhalde</strong> en abril de 2002, ratificado en el puesto por el presidente electo <strong>Néstor Kirchner</strong> en 2003 y desplazado en 2005 producto de disputas internas. Se destaca en general que lideró la recuperación de la economía argentina, pero durante su gestión inicia también el modelo económico vigente, que llamaremos “populismo”, caracterizado por un incremento acelerado del gasto público (especialmente en el nivel Nación), que se financió especialmente con mayor presión tributaria. Recordemos que con Lavagna como ministro de economía, ésta fue ascendiendo desde un 24 % hasta el 30 % del PIB.</p>
<p>Ser reemplazado por<strong> Felisa Miceli</strong> claramente no mejoró las cosas, aunque se puede decir que a partir de allí y hasta su muerte, <strong>Néstor Kirchner se mantuvo como un virtual ministro de Economía</strong>, aun con la llegada de <strong>Cristina Kirchner</strong> al poder. El nombramiento del joven <strong>Martín Lousteau</strong> como ministro de Economía en diciembre de 2007 iba en línea con esto mismo. Su margen de decisión era muy acotado, aunque cometió el incomprensible error de intentar aumentar aún más la presión tributaria que entonces estaba en el orden del 36 % del PIB. Todos recordamos su propuesta de incrementar las <strong>retenciones a las exportaciones de soja</strong> por encima del ya excesivo 35 %, que sólo se detuvo por el voto “no positivo” del vicepresidente. Más peleas internas dentro del gobierno, lo terminaron alejando en abril de 2008, y a partir de entonces se convirtió en un crítico del modelo.</p>
<p>El caso de<strong> Martín Redrado</strong> es un poco más complejo, ya que fue presidente del <strong>Banco Central</strong> entre septiembre de 2004 y enero de 2010. Durante su gestión<strong> jamás reconoció la inflación real,</strong> la que duplicaba y hasta triplicaba la oficial declarada por la institución que él presidía. Desde 2007 y hasta su renuncia la inflación sólo estuvo por debajo del 20 % en 2009, el año de la recesión global, al que la Argentina no pudo escapar. Redrado jamás reclamó la independencia del Banco Central, ni se negó a financiar el exacerbado gasto público del Ejecutivo, sino hasta que el oficialismo decidió apartarlo del gobierno.</p>
<p>En esta selección arbitraria de personajes responsables de la debacle que se viene, toca el turno ahora de <strong>Axel Kicillof</strong>. Claro, muchos dirán que Redrado y Kicillof piensan diferente y es cierto. Pero recordemos que era Kicillof quien antes de integrar el gobierno criticaba a Redrado por sus políticas inflacionarias en el Banco Central. Una vez dentro del modelo, Kicillof olvidó sus críticas, y al momento no hizo nada por corregir las contradicciones obvias de este modelo populista e inflacionario que él llama de “inclusión social”. La sensación que queda entonces es que no importa qué economistas se suman al modelo. Sin importar lo que piensen o en qué autores creen, una vez dentro del modelo se transforman en parte de él, y apoyan incluso aquello que va en contra de sus principios. Volviendo a esta última década, y con una mirada parcial, se podrá decir que hasta 2007 la economía argentina mostraba un superávit fiscal primario, que la inflación estaba controlada y que no existían los problemas cambiarios actuales, pero mi impresión es que se estaban generando las semillas de aquellos problemas que hoy sufrimos.</p>
<p>Y es que en la primera etapa del populismo, uno siempre observa el éxito del modelo, y especialmente cuando la economía parte de una situación deteriorada de actividad económica y empleo. Entre 2003 y 2007 entonces, el modelo populista muestra recuperación de la actividad económica, del empleo y del salario real. La continuidad del kirchnerismo era entonces obvia. Somos muchos, sin embargo, los que ya en esa etapa exitosa pedíamos cautela, y es que el gasto público empezaba a desbordarse, y las tendencias mostraban que ni el precio creciente de la soja, ni sus crecientes retenciones, podían sostenerlas.</p>
<p>No pasó mucho tiempo, hasta que los economistas que revisamos los datos nos empezamos a dar cuenta que la <strong>presión tributaria</strong> no cedía en su aumento constante, y al mismo tiempo, empezaba a ser normal la monetización del ahora evidente déficit fiscal primario. La aparición de los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios caracterizan precisamente a esta segunda etapa del populismo.</p>
<p>Preocupados por una inflación creciente, muchos economistas empezamos a alertar de los problemas en el modelo, pero fuimos ignorados. La tercera etapa del populismo es la actual, cuando estos desequilibrios básicos se extienden y empiezan a ser evidentes para toda la población a través de la mayor suba de precios, falta de ciertos productos, y anuncios desesperados del gobierno para ocultar lo que en realidad sucede.</p>
<p>Si el lector se pregunta por lo que vendrá, entonces debemos hablar de la cuarta etapa, la del “ajuste”, una etapa de la que nadie quiere hablar, pero que es difícil evitar. <strong>El “ajuste” viene acompañado de una inflación acelerada, recesión, problemas de empleo, caída en el salario real y aumento de pobreza e indigencia</strong>. Los economistas científicos pedimos a quienes niegan la necesidad del ajuste que nos muestren cómo se sostiene este nivel de gasto a lo largo del tiempo, pero no hay respuesta.</p>
<p>Ante esta realidad, la oposición debería presentar propuestas, pero éstas brillan por su ausencia. Muchos economistas identifican los desequilibrios, pero nada dicen de que es lo que se debe hacer. Nuestra propuesta, junto a <strong>Nicolás Cachanosky</strong>, es otra vez la <strong>dolarización</strong>, porque se corrigen los tres desequilibrios, se minimizan los efectos del ajuste y se genera una regla para evitar seguir cometiendo los mismos errores. Pero está claro que esta propuesta aislada es insuficiente. Ella debe entenderse sólo como una parte de una propuesta integral que poco a poco iremos presentando para delinear la Argentina del futuro.</p>
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		<title>¿Es posible un retorno al patrón oro?</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jul 2013 05:31:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Analistas económicos y políticos de posiciones diversas han coincidido en aseverar que la <strong>crisis financiera internacional</strong> encuentra su causa en la política monetaria que maneja la <strong>Reserva Federal de los Estados Unidos</strong>. Éstos no apuntan sólo a la mala política monetaria que creó la <strong>burbuja inmobiliaria</strong>, sino también al modo en que se ha administrado el dinero desde 2008 en adelante, depreciando el dólar y exportando con ello algunos problemas internos de Estados Unidos al resto del mundo.</p>
<p>Analistas de Estados Unidos, Europa y Asia empezaron a preguntarse entonces si es posible crear una alternativa a este inestable patrón dólar, y la primera respuesta que surgió no fue el <strong>euro</strong>, la <strong>libra</strong>, el <strong>marco</strong> <strong>suizo</strong>, el <strong>yen</strong> <strong>japonés</strong> o el <strong>yuan</strong> <strong>chino</strong>, sino un posible retorno al oro. El <strong>Congreso de Estados Unidos</strong> incluso creó una comisión a la que distintos teóricos e historiadores de la moneda y la banca han sido invitados para exponer sus posiciones.</p>
<p><span id="more-82"></span>Lo que aquí nos proponemos -siguiendo a <strong>Lawrence H. White</strong>- es responder a los diez argumentos centrales que la literatura presenta en contra de un retorno al <strong>patrón oro</strong>, incluyendo argumentos de presidentes de la Reserva Federal como <strong>Alan Greenspan </strong>y <strong>Ben Bernanke</strong>, economistas de renombre como <strong>Tyler Cowen</strong> y <strong>Paul Krugman</strong>, y analistas como <strong>Eduardo Porter</strong> y <strong>Jesús Fernández</strong> <strong>Villaverde</strong>. Al respecto, un especialista en temas monetarios como <strong>Friedrich Hayek</strong> reflexionaba en 1943: &#8220;El patrón oro, como sabemos, tuvo indudablemente grandes defectos, pero corremos el gran peligro de que su condena, hoy día de moda, pueda oscurecer el hecho de que también tuvo grandes virtudes, ausentes en la mayoría de sus alternativas&#8221;.</p>
<p>Analicemos entonces los diez argumentos centrales que expone la literatura:</p>
<p><strong>   1. El patrón oro deja que la cantidad de dinero sea determinada por fuerzas accidentales</strong></p>
<p>Hay un germen de verdad en este punto, puesto que el patrón oro permite que la cantidad de dinero en circulación sea determinado por las fuerzas de la oferta y la demanda en el mercado del oro. Sin embargo, en el sistema vigente de Banca Central y dinero fiat la oferta de dinero es controlada por las decisiones de un comité de expertos de la Reserva Federal. La pregunta que queda es bajo cuál sistema se comporta mejor la cantidad de dinero y su poder adquisitivo.</p>
<p>La experiencia dicta que<b> </b><strong>el stock de oro nunca fue estable.</strong> Sin embargo, durante el mayor descubrimiento de oro en <strong>California</strong>, en 1848, la caída del poder adquisitivo del dinero fue ínfima. En el intervalo de mayor inflación, el índice general de precios para los Estados Unidos subió de 5.71 en 1849 a 6.42 en 1857, un incremento de 12.4 % en un período de ocho años. La literatura es clara en este respecto, en expertos de historia monetaria como <strong>Hugh Rockoff</strong> o <strong>Rolnich</strong> y <strong>Weber.</strong></p>
<p><strong>   2. El patrón oro produciría una deflación dañina</strong></p>
<p>Si bien el patrón oro ofreció bastante estabilidad mientras operó, es cierto que en ciertos momentos hubo <strong>deflación de precios</strong>. Por ejemplo, entre 1880 y 1900, Estados Unidos evidenció un prolongado período de deflación récord. Sin embargo, dicho período no fue para nada desastroso en la economía real. El producto real per cápita comenzó dicho período en $3.379 y terminó en $4.943 (ambos medidos en dólares de 2000). El crecimiento real per cápita fue más que saludable con un 46 %, lo que implica que el producto real más que se duplicó.</p>
<p>Es así que, como explica <strong>George Selgin</strong>, los economistas debemos aprender a distinguir un proceso de deflación benigna y saludable, de otro dañino, como el que en efecto ocurrió entre 1929-1933 en la conocida <strong>Gran Depresión</strong>. La deflación benigna sería aquella que viene acompañada por aumentos de productividad, donde la caída de precios sólo redunda en un aumento del salario real.</p>
<p><strong>   3. El patrón oro fue responsable de los pánicos bancarios del siglo XIX y de la contracción monetaria de 1929-33, con la consecuente gran depresión</strong></p>
<p>La contracción monetaria de 1929-33 es precisamente el ejemplo clásico de la deflación dañina. Pero hay que notar que ésta no se generó bajo la existencia de un sistema de patrón oro, sino precisamente bajo la atenta mirada de la Reserva Federal. Uno podría observar el caso de <strong>Canadá</strong> en el período 1929-33 y ver que efectivamente bajo patrón oro no hubo pánico. Tampoco encontramos pánicos en Canadá en el siglo XIX. Fue el sistema de Banca Central en definitiva el que debilitó al sistema bancario.</p>
<p><strong>   4. El beneficio del patrón oro (controlar la inflación) se podría alcanzar con un costo menor, simplemente controlando la cantidad de dinero fiat</strong></p>
<p>Si bien este condicional es cierto, en la práctica no ocurrió tal cosa. El propio Alan Greenspan ha explicado que lo mejor que la Reserva Federal puede hacer en política monetaria es intentar replicar exactamente lo que un sistema de patrón oro habría hecho en cada caso. Greenspan incluso ha reconocido que en los años &#8217;70 la Reserva Federal generó una inflación acelerada porque el patrón oro no limitó la política monetaria. Y es que en ausencia de competencia las autoridades monetarias no tienen conocimiento ni incentivos para administrar bien el dinero.</p>
<p>Además, aun reconociendo que en los últimos 30 años la inflación ha sido más baja que en el período de posguerra, aun estos niveles de inflación actuales son mayores que los que evidenció el sistema de patrón oro. Por otro lado, el costo del sistema de patrón oro ha sido exagerado por los economistas, incluso por <strong>Milton Friedman</strong>, al asumir que el 100 % de la <strong>oferta monetaria (M2)</strong> debía estar respaldada en oro. Pero <strong>Lawrence H. White</strong> ha demostrado bajo su estudio de la historia monetaria que un sistema de banca libre con reserva fraccionaria puede operar con sólo un 2 % de los billetes respaldados en oro, lo cual reduce drásticamente la cantidad de oro necesaria para retornar a dicho sistema. Finalmente, debemos señalar que dicho costo es realmente muy bajo en relación con los daños que el sistema de Banca Central ha generado en la sociedad en el último siglo.</p>
<p><strong>   5. El patrón oro no implica ningún límite, porque el gobierno podría devaluar o simplemente suspender la obligación de respaldar sus billetes en cualquier momento que lo desee</strong></p>
<p>Objeciones como ésta podrían presentarse a otras normas o reglas, como es el caso de la Constitución. Pero aun así, las reglas constitucionales resultan útiles. <strong>Kydland </strong>y <strong>Prescott </strong>han señalado exitosamente la necesidad de fijar reglas para la política monetaria, lo cual redunda en un compromiso de parte de las autoridades monetarias, al mismo tiempo que ofrecen previsibilidad.</p>
<p>De más está decir que el patrón oro no es la única regla. El propio Milton Friedman ha ofrecido su regla de una tasa de crecimiento monetario fija para cada período, o los objetivos de inflación regulan hoy la política monetaria de varios bancos centrales. Pero el patrón oro tiene una historia mucha más extensa y exitosa que estas reglas alternativas y es la única alternativa que no requiere de un banco central.<b> </b><strong>Dejar la política monetaria en manos de banqueros privados bajo competencia, en lugar de la institución gubernamental, como era el caso de Estados Unidos antes de 1913, elimina la posibilidad de las dañinas sorpresas monetarias. </strong>También es cierto que el gobierno puede suspender el patrón oro en situaciones de emergencia como fue el caso en la Guerra Civil, pero el espíritu del patrón oro presiona para retornar al sistema y a la paridad, como de hecho ocurrió en Estados Unidos, según han demostrado Bordo y Kydland.</p>
<p><strong>   6. El patrón oro, como cualquier sistema de tipo de cambio fijo, es vulnerable a la especulación</strong></p>
<p><strong>Nicolás Cachanosky</strong> ha explicado que en un sistema de patrón oro no hay tipos de cambio, por lo que no puede haber especulación sobre ellos. Lo que sí tenemos es paridad, pero la aclaración es necesaria. Lo que abre la puerta a la especulación es la debilidad de la paridad que ofrece un sistema monetario, sea el sistema de patrón oro o cualquier otra moneda de reserva. Un Banco Central puede ser débil, y ése es precisamente cuando combinamos un sistema de Banca Central con el patrón oro. Afortunadamente, <strong>el patrón oro no requiere de un Banco Central</strong>. White y Selgin muestran que con un sistema de emisores privados de dinero descentralizado, no hay institución capaz de devaluar, por lo que no hay razones para esperar la peligrosa especulación.</p>
<p><strong>   7. El dinero fiat es necesario para que un prestamista de última instancia responda a las necesidades de liquidez del sistema bancario</strong></p>
<p>La historia muestra que un prestamista de última instancia prácticamente no sería necesario bajo un sistema monetario sólido y estable. Nuevamente vale la pena comparar el caso de Estados Unidos y Canadá en el siglo XIX. En los casos excepcionales donde tal cosa fuera necesaria, <strong>Richard H. Timberlake</strong> enseña que las cámaras de compensación pueden resolver el problema.</p>
<p><strong>   8. El cambio a un sistema de patrón oro involucra costos masivos de transición</strong></p>
<p><strong>El costo de transición para retornar al patrón oro sería muy bajo.</strong> A diferencia del caso europeo con la transición al <strong>euro</strong>, no sería necesario redenominar los precios, porque la denominación del dólar se mantendría. A la tasa adecuada entre dólar y oro, los precios no necesitarían pegar un salto.</p>
<p><strong>   9. Abandonamos el patrón oro en primer lugar por buenas razones</strong></p>
<p>Como bien explica <strong>Juan Carlos Cachanosky</strong>, en 1933 el presidente <strong>Roosevelt </strong>devaluó el dólar de $20.67 a $35 por onza de oro, pero el problema no era el patrón oro, sino la debilidad del sistema de la Reserva Federal. La deflación se podría haber resuelto con una mejor política monetaria y reforma bancaria, pero sin abandonar el patrón oro.</p>
<p>En 1971 <strong>Nixon</strong> declaró la inconvertibilidad del dólar con el oro porque la propia Reserva Federal había expandido la oferta monetaria demasiado como para mantener la paridad del dólar en $35 la onza. Se hubiera evitado esto si la Reserva Federal no hubiera aplicado políticas monetarias tan agresivas en los años 1960.</p>
<p><strong>Benjamin Anderson</strong> o <strong>Murray Rothbard</strong> explican que no fueron las reglas del patrón oro las que fallaron. Fue, más bien, la Reserva Federal la que falló.</p>
<p><strong>   10. No hay oro suficiente y Estados Unidos no puede recrear el sistema de Patrón Oro internacional por sí mismo</strong></p>
<p>Sí hay oro suficiente para retornar al patrón oro “si definimos correctamente el precio del dólar en términos de oro”. Pero la segunda parte de este argumento ha quedado para el final porque representa la objeción más fuerte presentada contra el retorno a este sistema. Un retorno unilateral de Estados Unidos al patrón oro privaría a su economía de los beneficios de un sistema de patrón oro internacional. Es por ello que un acuerdo global resulta necesario. Esto, sin embargo, no parece ser un gran obstáculo. <strong>En tiempos tan inestable como los actuales, la búsqueda de un sistema monetario sólido está a la orden del día. Un retorno global al oro puede ser la solución real a la crisis financiera global de los últimos años.</strong></p>
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