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	<title>Alberto Benegas Lynch (h)</title>
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		<title>Contra la ideología</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Jun 2016 03:28:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencias sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Ideología]]></category>
		<category><![CDATA[liberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Subjetividad]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>He apuntado en otros escritos que el uso generalizado de la expresión ‘ideología’ no calza con la definición del diccionario de conjunto de ideas (también en el sentido utilizado primeramente por Antoine Destutt de Tracy en 1786), ni con la marxista de “falsa conciencia de clase”, sino de algo terminado, cerrado e inexpugnable; en otros términos, una pseudocultura alambrada. Como también he escrito, esta última acepción, la más común, es la antítesis del espíritu liberal, puesto que esta tradición de pensamiento requiere puertas y ventanas abiertas de par en par al efecto de incorporar nuevo conocimiento, ya que este demanda debates entre teorías rivales, puesto que el conocimiento es siempre provisorio, abierto a refutaciones.</p>
<p>Una vez precisado lo anterior, conviene enfatizar que, al contrario de lo que sostienen algunos profesionales de la economía en cuanto a que hay que “manejarse con los hechos”, en ciencias sociales, a diferencia de las físico-naturales, no hay hechos con el mismo significado de este último campo de estudio fuera del andamiaje conceptual que interpreta los diversos sucesos. Sin duda que las físico-naturales también requieren de interpretación, pero en un sentido distinto, debido a que, como decimos, los llamados “hechos” son de naturaleza destinta.<span id="more-1472"></span></p>
<p>No es que se patrocine el relativismo epistemológico en ciencias sociales debido a la interpretación de fenómenos complejos. Muy por el contrario, quienes mejor interpreten esos fenómenos estarán más cerca de la verdad, lo cual se va puliendo en un azaroso camino que, como señalamos, es de corroboraciones provisorias y refutaciones. <b>En un proceso abierto de competencia, los estudiosos que mejor interpreten y mejor explican esos fenómenos serán los de mayor rigor.</b> Esto no sólo sucede con los economistas y los cientistas sociales, sino también con los historiadores.</p>
<p>Esta cuestión de confundir planos científicos en las ciencias sociales empuja a que se aluda a los “hechos” como si se tratara de constatar la mezcla de líquidos en un tubo de ensayo del laboratorio, puesto que, a diferencia del campo de las ciencias físicas, se trata de acción humana (las piedras y las rosas no tienen propósito deliberado).</p>
<p>El premio Nobel en economía Friedrich Hayek, en su ensayo titulado “The Facts of the Social Sciences” (<i>Ethics</i>, octubre de 1943, expandido en tres números sucesivos de <i>Economica</i>), explica que los llamados hechos en ciencias sociales “no se refieren a ciertas propiedades objetivas como las que poseen las cosas o las que el observador puede encontrar en ellas, sino a las visiones que otros tienen sobre las cosas […]. Se deben abstraer de todas las propiedades físicas de las cosas. Son instancias de lo que se suelen llamar conceptos teleológicos, esto es, se pueden definir solamente indicando la relación entre tres términos: un propósito, alguien que mantiene ese propósito y el objeto que la persona considera apropiado como medio para ese propósito”. Por eso, cuando el historiador “explica por qué se hace esto o aquello, se refiere a algo que se encuentra más allá de lo observable”, nos indica Hayek en el mismo ensayo en el que concluye: “La teoría social […] es lógicamente previa a la historia”. Es decir, <b>prestamos atención a los fenómenos basados en un esqueleto teórico previo, ya que no se trata de cosas que se miran en el mundo físico, sino de nexos causales subyacentes e inseparablemente unidos a la interpretación de los sujetos actuantes.</b></p>
<p>Lo dicho en modo alguno permite suponer que el buen historiador interponga sus juicios de valor en la descripción de lo que interpreta. Ludwig von Mises destaca (en <i>Theory and History</i>, Yale University Press, 1957) que resulta impropio que en la descripción histórica se pasen de contrabando los valores del que describe. Entonces, <b>una cosa es la subjetividad presente en la selección de los fenómenos y su respectiva interpretación, y otra bien distinta es incrustar juicios de valor</b>, sin desconocer, claro está, que la declaración de esforzarse con seriedad y honestidad intelectual por realizar una interpretación adecuada constituye en sí mismo un juicio de valor.</p>
<p>Como se ha dicho, cuando se trasmite la noticia circunscrita a que fulano murió, esto corresponde al campo de las ciencias naturales (un fenómeno biológico), pero si se notifica que fulano dejó una carta antes de morir, estamos ubicados en el territorio de las ciencias sociales, donde necesariamente cabe la interpretación de la referida misiva y todas las implicancias que rodean al caso. En realidad, no cabe la refutación empírica para quien sostenga que la Revolución francesa se originó en los estornudos de Luis XVI, sólo se puede contradecir en el nivel del razonamiento sobre interpretaciones respecto a las conjeturas sobre los propósitos de los actores presentes en ese acontecimiento. En ciencias sociales, no tiene sentido referirse a “los hechos”, extrapolando la idea de las ciencias físico-naturales.</p>
<p>Todo esto nada tiene que ver con la objetividad del mundo que nos rodea, es decir, que posee una naturaleza, propiedades y atributos, independientemente de lo que los sujetos consideren que son. Es otro plano de debate. Lo que estamos ahora considerando son las apreciaciones y las evaluaciones respecto a las preferencias, los gustos y los propósitos de seres humanos.</p>
<p>Es por cierto también paradójico que resulte muy frecuente que los partidarios de sistemas autoritarios tilden de “ideólogos” a los que se inclinan por la sociedad abierta, que son, por definición, los que promueven procesos pluralistas en el contexto de debates en los que se exploran y contrastan todas las tradiciones en libertad, cuando en realidad aquellos,<b> los autoritarios, son por su naturaleza ideólogos impermeables a otras ideas en libertad, debido a su cerrazón mental</b>. Hay que distinguir con claridad los que reclaman que entre aire fresco a una habitación con un pesado tufo a encierro de los que pretenden mantener y acrecentar esa situación hasta la asfixia total.</p>
<p>Robin Collingwood (en <i>The Idea of History</i>, Oxford Univesity Press, 1946) escribe: “En la investigación histórica, el objeto a descubrir no es el mero evento sino el pensamiento expresado en él”. Y en su autobiografía (Fondo de Cultura Económica, 1939-1974) subraya que, a diferencia de la historia: “Las ciencias naturales, tal como existen hoy y han existido por casi un siglo, no incluyen la idea de propósito entre las categorías con que trabajan […] el historiador debe ser capaz de pensar de nuevo, por sí mismo, el pensamiento cuya expresión está tratando de interpretar” y, en ese contexto rechaza “la historia de tijeras y engrudo, donde la historia repite simplemente lo que dicen las ´autoridades´ [… ] El ser humano que, en su capacidad de agente moral, político y económico, no vive en un mundo de ´estrictos hechos´a los cuales no afectan los pensamientos, sino que vive en un mundo de pensamientos que cambian las teorías morales, políticas y económicas aceptadas generalmente por la sociedad en que él vive, cambia el carácter de su mundo”.</p>
<p>Por todo esto es que Umberto Eco (en su disertación “Sobre la prensa” en el Senado romano y dirigido a directores de periódicos italianos, en 1995) consigna: “Con excepción del parte de las precipitaciones atmosféricas [que son del área de las ciencias naturales], no puede existir la noticia verdaderamente objetiva”, en el sentido a que nos hemos referido en las ciencias sociales, a lo que agregamos que dado que en las ciencias sociales tiene un gran peso la hermenéutica, debe destacarse que la comunicación no opera como un escáner, ya que el receptor no recibe sin más el mensaje tal como fue emitido.</p>
<p>En resumen —y esto no es un juego de palabras— podrá decirse que <b>la objetividad precisamente consiste en la adecuada interpretación subjetiva de los fenómenos bajo la lupa</b>. Pero, insistimos, hay que tener bien en cuenta que no es <i>objetiva</i> en la acepción habitual del término, en cuyo contexto las deliberaciones en las que hemos incursionado aquí tal vez sirvan para poner en perspectiva las consecuencias y la importancia de separar metodológicamente las ciencias naturales y las sociales, al efecto de no confundir planos y no llegar a conclusiones apresuradas.</p>
<p>Entonces, es del todo inconducente mantener que el economista, el historiador o el cientista social “no hacen ideología” (en un sentido irónico y peyorativo) para referirse impropiamente al antedicho andamiaje conceptual, sino que se basan en “los hechos”, como si esto tuviera algún sentido en ciencias sociales, tal como subrayan Hayek y tantos otros filósofos de la ciencia.</p>
<p><b>El ideólogo es por naturaleza un dogmático clausurado a las contribuciones de nuevas ideas y teorías que explican de una mejor manera el fenómeno estudiado</b>. Al ideólogo no le entran balas ni es capaz de contraargumentar, se encapricha en circunscribir lo que recita, sin someter a revisación ninguna parte de su verso, que machaca hasta el hartazgo.</p>
<p>Sólo a través del estudio crítico y el debate abierto es que resulta posible el progreso en el conocimiento, tal como lo han puesto de manifiesto autores de la talla de Karl Popper. Por su parte, cientistas sociales empecinados en “guiarse sólo por los hechos” demuestran su ignorancia supina en la materia que pretenden conocer, con lo que contribuyen a difundir un ejercicio metodológico incompatible con su propio campo y así, en definitiva, introducen una férrea ideología.</p>
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		<title>Comentarios al pie de notas periodísticas</title>
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		<pubDate>Sat, 28 May 2016 09:41:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Agresiones personales]]></category>
		<category><![CDATA[Autocrítica]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[intelectuales]]></category>

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		<description><![CDATA[De entrada conviene subrayar que el conocimiento en todos los campos es siempre provisorio, sujeto a refutación. Hay dos dichos latinos que ilustran el punto: nullius in verba, que es el lema de la Royal Society de Londres, que significa que no hay palabras finales, es decir, que todo está sujeto a revisión. Nuestra ignorancia... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/05/28/comentarios-al-pie-de-notas-periodisticas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>De entrada conviene subrayar que el conocimiento en todos los campos es siempre provisorio, sujeto a refutación. Hay dos dichos latinos que ilustran el punto: <i>nullius in verba, </i>que es el lema de la Royal Society de Londres, que significa que no hay palabras finales, es decir, que todo está sujeto a revisión. Nuestra ignorancia es ilimitada, necesitamos críticas y autocríticas en la esperanza de captar algo de conocimiento.</p>
<p>El segundo adagio es <i>ubi dubium ibi libertas,</i> que se traduce en que donde hay duda hay libertad. Si estuviéramos rodeados de certezas, no habría necesidad de acciones libres, es decir, aquella en las que se sopesan alternativas y opciones varias, puesto que ya se sabría de antemano cuál es el camino a seguir. De allí deriva la necesidad, por ejemplo, de separar tajantemente la religión del poder político, esto es, la doctrina de la muralla, tan bien graficada en los orígenes de la revolución estadounidense. De lo contrario, el poder en manos de quienes todo lo ven con certeza conduce indefectiblemente al cadalso.</p>
<p>El debate abierto de ideas es absolutamente indispensable para progresar. Por esto es que <strong>los editores de las versiones digitales de algunos medios gráficos dan la oportunidad de proceder en esa dirección al ofrecer espacios para la crítica y las reflexiones sobre la publicación de columnas de opinión. Esto es tomado por algunos lectores en ese sentido y contribuyen a aclarar, agregar o rectificar algunas de las ideas expuestas</strong>.<span id="more-1464"></span></p>
<p>Sin embargo, hay otros que se dedican a insultar y agraviar sin nunca agregar un atisbo de argumento. En realidad, pobres individuos, ya que al no contar con ideas sólo pueden dedicar denuestos al escritor (o incluso a la madre del autor). Es que los que no piensan solamente pueden gritar. Como bien ha apuntado Mario Vargas Llosa: “Son sujetos de superficie sin mayor trastienda”. Es un espectáculo triste que habla muy mal de los firmantes de supuestos comentarios que muchas veces ni siquiera tienen el coraje de consignar sus nombres y se ocultan en pseudónimos. Desperdician una gran oportunidad de formular críticas y consideraciones a lo dicho por el autor del artículo en cuestión al efecto de avanzar en el conocimiento, lo cual, en definitiva, es una faena en colaboración.</p>
<p>Recuerdo un cuento de Jorge Luis Borges titulado “El arte de injuriar” donde había dos fulanos discutiendo, hasta que en un momento dado uno de los contertulios le arrojó un vaso de vino en el rostro al otro, a lo que este otro respondió: “Eso fue una digresión, espero su argumento”. Ese es exactamente el caso, <b>las agresiones personales constituyen una especie de grotesca digresión debido a que el agresor se encuentra indefenso en cuanto a materia neuronal, </b>por lo que es acomplejado de su pequeñez mental y, por ende, incapaz de comentar con un mínimo de seriedad y sustento.</p>
<p>Las críticas parciales o totales a las columnas de opinión formuladas con seriedad y rigor son siempre bienvenidas por estudiosos, puesto que de lo que se trata es de aprender en el contexto de un proceso que no tiene término. La mentalidad abierta es uno de los mayores dones en una lucha despiadada por derribar telarañas y cerrojos mentales en la labor conjunta e interminable a la que nos referimos.</p>
<p>Tal vez <i>La traición de los intelectuales, </i>de Julien Benda, refleje con mayor precisión el abandono de así llamados intelectuales a su misión de buscar la verdad en pos de compromisos subalternos, generalmente de orden político.</p>
<p>Precisamente, <b>la tarea del intelectual es la crítica y la autocrítica</b>;<b> su razón de ser consiste en detectar errores, ambigüedades, posiciones pastosas y dogmatismos</b>, por lo que, a su vez, las críticas a libros, ensayos y artículos resultan alimento necesario a los efectos de corregir errores y explorar otras avenidas. Nuevamente lo citamos a Borges cuando enfatizaba que cómo no hay tal cosa como un texto perfecto: “Si no publicamos, nos pasaríamos la vida corrigiendo borradores”.</p>
<p>De igual manera, el conocimiento exige corregir borradores permanentemente, puesto que está formado de una cadena infinita de críticas y críticas de las críticas. <b>Pero el alarido y el insulto retrasan esta cadena mágica en el contexto de la aventura del pensamiento para retrotraerla al ruido gutural y al puro graznido.</b></p>
<p>Por eso insistimos sobre el desperdicio de valiosos espacios para ocuparlos hablando en superlativo, en medio de vocabulario soez, en lugar de señalar conceptos deficientes y conclusiones desacertadas que a todos nos permiten mejorar. Si se me permite un desliz al repetir un conocido aforismo: “Nada hay más peligroso que un atolondrado con iniciativa”, referido en este caso a los que despotrican sin exhibir fundamento alguno en sus desvaríos y sus pésimos modales, a veces ni siquiera dignos de un lenguaje carcelario. Da pena por esos vacíos existenciales que revelan estados tormentosos en sus interiores, con problemas de magnitud que no saben a quién endosar ni cómo canalizar.</p>
<p>Incluso el propio pensamiento debe ser necesariamente crítico para sortear obstáculos y evitar trampas ocultas y así revisar premisas y seguirle el rastro al silogismo. El pensamiento lateral que ha desarrollado originalmente Edward de Bono y el pensamiento crítico sobre el que ha escrito tanto Francis W. Dauer revelan la imperiosa necesidad de auscultar con el debido cuidado y dedicación todo lo que se expone, propio y ajeno. Y para recurrir a algo más elemental, es muy fértil consultar el texto clásico de Irving Copi, <i>Introducción a la lógica</i>, especialmente sobre la falacia <i>ad hominem,</i> donde el supuesto crítico alude a las condiciones personales de quien escribe, en reemplazo de una argumentación a lo que en realidad dice.</p>
<p>Los comentaristas que no comentan sino que agreden personalmente al autor de una nota son militantes, una expresión horrible sea de donde sea, provenga de donde provenga, puesto que remite a lo militar, a la estructura vertical por excelencia y a la obediencia debida, que podrá ser necesaria en el ámbito castrense, pero es todo lo opuesto a la sociedad civil, donde el debate y el respeto recíproco son esenciales, no sólo para la convivencia sino, como queda dicho, para la incorporación de conocimientos.</p>
<p>La virtud es el conocimiento, decía Sócrates y estimulaba el descubrimiento de verdades a través del método de los interrogantes y Karl Popper subraya la trascendencia del intercambio entre teorías rivales para sacar provecho del conocimiento existente. Pero esto no resulta posible con sujetos que más bien buscan medir fuerzas a través de la confrontación física en un cuadrilátero de lucha libre que en el cuadrilátero de la ciencia, en un marco de respeto y consideración recíproca. Un departamento de investigaciones en un centro de estudios es para los exaltados como es una trifulca bélica para un estudioso. El silencio y la meditación no son el ámbito adecuado para los que recurren al lenguaje del improperio como su medio de comunicación. Para un show de este tipo está el boxeo (o eventualmente el circo).</p>
<p>Lo expresado en modo alguno quiere decir que la crítica no deba ser contundente en el contraargumento. Por el contrario, cuanto más contundente, mejor para la antedicha aventura del pensamiento al efecto de que el punto quede lo más claro posible. Desde luego que de la fuerza argumental no se desprende la utilización de modales groseros, más aún, el clima de intercambio de ideas siempre demanda cordialidad y, por supuesto, se destroza y se desploma el referido ámbito si surge alguien que no sólo es grotesco en sus dichos, sino que no presenta argumentación. Esto último no aparece en la academia ni en medios en los que los participantes desean aprender el uno del otro, sino que es propio del subsuelo y de lo peor de los bajos fondos de una comunidad.</p>
<p>Como hemos apuntado, afortunadamente hay comentarios al pie de los artículos —reiteramos que siempre nos referimos a las versiones digitales de algunos medios— que ayudan a pensar y rectifican errores o agregan argumentaciones y nuevas perspectivas, lo cual brinda un servicio de gran valor a los autores e ilustra al resto de los lectores.</p>
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		<title>La discriminación necesaria y la perjudicial</title>
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		<pubDate>Sat, 21 May 2016 09:20:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Acción positiva]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdades patrimoniales]]></category>
		<category><![CDATA[Discriminación]]></category>
		<category><![CDATA[Estado de derecho]]></category>
		<category><![CDATA[libertad]]></category>

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		<description><![CDATA[Según el diccionario, discriminar quiere decir diferenciar y discernir. No hay acción humana que no discrimine: la comida que elegimos engullir, los amigos con que compartiremos reuniones, el periódico que leemos, la asociación a la que pertenecemos, las librerías que visitamos, la marca del automóvil que usamos, el tipo de casa en la que habitamos,... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/05/21/la-discriminacion-necesaria-y-la-perjudicial/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Según el diccionario, <i>discriminar</i> quiere decir diferenciar y discernir. No hay acción humana que no discrimine: la comida que elegimos engullir, los amigos con que compartiremos reuniones, el periódico que leemos, la asociación a la que pertenecemos, las librerías que visitamos, la marca del automóvil que usamos, el tipo de casa en la que habitamos, con quién contraemos nupcias, a qué universidad asistimos, con qué jabón nos lavamos las manos, qué trabajo nos atrae más, quiénes serán nuestros socios, a qué religión adherimos (o a ninguna), qué arreglos contractuales aprobamos y qué mermelada le ponemos a las tostadas. Sin discriminación no hay acción posible. El que es indiferente no actúa. <b>La acción es preferencia, elección, diferenciación, discernimiento y, por ende, implica discriminar.</b></p>
<p>Como se ha dicho, si una persona con mucha sed en un desierto tiene una cantimplora con agua a su derecha y otra a la izquierda y se declara indiferente de cuál beber y, por ende, no elige una de ellas, se morirá de sed. Para seguir viviendo debe discriminar, elegir y optar.</p>
<p>Esto debe ser nítidamente separado de la pretensión, a todas luces descabellada, de intentar el establecimiento de derechos distintos por parte del aparato estatal, que, precisamente, existe para velar por los derechos y para garantizarlos. Esta discriminación ilegítima echa por tierra la posibilidad de que cada uno maneje su vida y hacienda como le parezca adecuado, es decir, bloquea las posibilidades de que cada uno discrimine acerca de sus preferencias, lo cual debe ser respetado en un Estado de derecho, siempre que no se lesionen iguales derechos de terceros. Otro modo de referirse a aquel uso abusivo y pervertido de la ley es simple y directamente el del atropello al derecho de las personas.<span id="more-1457"></span></p>
<p>La igualdad ante la ley resulta crucial, concepto íntimamente atado a la justicia, es decir, a la propiedad, primero, del propio cuerpo, a sus pensamientos y a sus pertenencias, en otras palabras, el “dar a cada uno lo suyo”.</p>
<p>La prueba decisiva de tolerancia es cuando no estamos de acuerdo con las conductas de otros. Tolerar las que compartimos no tiene mérito alguno. En este sentido, podemos discrepar con las discriminaciones, las elecciones y las preferencias de nuestro prójimo, por ejemplo, por establecer una asociación en la que sólo los de piel oscura pueden ser miembros o los que tienen ojos celestes. Allá ellos, pero si no hay violencia contra terceros, todas las manifestaciones deben respetarse, no importa cuán ridículas nos puedan parecer.</p>
<p><b>Curiosamente se han invertido los papeles: se tolera y alienta la discriminación estatal con lo que no les pertenece a los Gobiernos y se combate y condena la discriminación que cada uno hace con sus pertenencias.</b> Menudo problema en el que estamos por este camino de la sinrazón, en el contexto de una libertad hoy siempre menguante.</p>
<p>Parece haber una enorme confusión en esta materia. Por un lado, se objeta que una persona pueda rechazar en su propia empresa la oferta laboral de una mujer embarazada o un anciano, porque configuraría una actitud discriminatoria, como si el titular no pudiera hacer lo que estima conveniente con su propiedad. Incluso es lícito que alguien decida contratar solamente a quienes midan más de uno ochenta. Como es sabido, el consumidor es ciego a religiones, etnias, alturas o peso de quienes se desempeñan en las empresas, por tanto, quien seleccione personal por características ajenas al cumplimiento y la eficiencia pagará el costo de su decisión a través del cuadro de resultados, pero nadie debería tener el derecho de impedir un arreglo contractual que no use la violencia contra otros.</p>
<p>Por otra parte, en nombre de la novel “acción positiva” (<i>affirmative action</i>), se imponen cuotas compulsivas en centros académicos y lugares de trabajo “para equilibrar los distintos componentes de la sociedad”, al efecto de obligar a que se incorporen ciertas proporciones, por ejemplo, de asiáticos, lesbianas, gordos y budistas. <b>Esta imposición naturalmente afecta de forma negativa la excelencia académica y la calidad laboral, ya que deben seleccionarse candidatos por razones distintas a la competencia profesional, lo cual deteriora la productividad conjunta, que, a su vez, incide en el nivel de vida de toda la población</b>, muy especialmente de los más necesitados, cuyo deterioro en los salarios repercute de modo más contundente dada su precariedad.</p>
<p>Por todo esto es que resulta necesario insistir una vez más en que el precepto medular de una sociedad abierta de la igualdad de derechos es <i>ante </i>la ley y no <i>mediante </i>ella, puesto que esto último significa la liquidación del derecho, es decir, la manipulación del aparato estatal para forzar pseudoderechos que siempre significa la invasión de derechos de otros, quienes, consecuentemente, se ven obligados a financiar las pretensiones de aquellos que consideran que les pertenece el fruto del trabajo ajeno.</p>
<p>Desde luego que esta atrabiliaria noción del derecho como manotazo al bolsillo del prójimo, entre otros prejuicios, se basa en una idea errada anterior, que es que la riqueza es una especie de bulto estático que debe redistribuirse (en direcciones distintas a la distribución operada en el supermercado y afines), dado que sería consecuencia de un proceso de suma cero. No conciben a la riqueza como un fenómeno dinámico y cambiante en el que en cada transacción libre y voluntaria hay un proceso de suma positiva, puesto que ambas partes ganan. Es por esto que actualmente podemos decir que hay más riqueza disponible que en la antigüedad, a pesar de haberse consumido recursos naturales en el tiempo trascurrido desde entonces. Es cierto el principio de Lavoisier: “Nada se pierde, todo se transforma”, pero lo relevante es el crecimiento de valor, no de cantidad de materia (un teléfono antiguo tenía más material que uno celular, pero este último presta servicios mucho mayores y a menor costo).</p>
<p>Vivimos la era de los pre-juicios, es decir el emitir juicios sobre algo antes de conocerlo (y conocer siempre se relaciona con la verdad de algo, ya que no se conoce que dos más dos son ocho). La fobia a la discriminación de cada uno en sus asuntos personales y el apoyo incondicional a la discriminación de derechos por parte del Leviatán es, en gran medida, el resultado de la envidia, esto es, el mirar con malevolencia el bienestar ajeno, no el deseo de emular al mejor, sino que apunta a la destrucción del que sobresale por sus capacidades.</p>
<p>Y esto, a su vez,<b> descansa en la manía de combatir las desigualdades patrimoniales que surgen del plebiscito diario en el mercado, en donde el consumidor apoya al eficiente y castiga al ineficaz para atender sus reclamos</b>. Es paradójico, pero no se condenan las desigualdades patrimoniales que surgen del despojo vía los contubernios entre el poder político y los así llamados empresarios, que prosperan debido al privilegio y a mercados cautivos otorgados por Gobiernos a cambio de favores varios. En realidad, las desigualdades de la época feudal (ahora en gran medida replicadas debido al abandono del capitalismo) son desde todo punto de vista objetables, pero las que surgen de arreglos libres y voluntarios, no sólo no son objetables, sino absolutamente necesarias al efecto de asignar los siempre escasos factores productivos en las manos más eficientes para que los salarios y los ingresos en términos reales puedan elevarse.</p>
<p>No es relevante la diferencia entre los que más tienen y los que menos poseen; lo trascendente es que todos progresen, para lo cual es menester operar en una sociedad abierta, donde la movilidad social constituye uno de sus ejes centrales. Como las cosas no suceden al azar, para contar con una sociedad abierta, cada uno debe contribuir diariamente a que se lo respete.</p>
<p>Podemos extrapolar el concepto del polígono de fuerzas de la física elemental al terreno de las ideas. Imaginemos una enorme piedra en un galpón atada con cuerdas y poleas y tirada en diversas direcciones por distintas personas, ubicadas en diferentes lugares del recinto: el desplazamiento del bulto será según el resultado de las fuerzas concurrentes, ninguna fuerza se desperdicia. En las faenas para diseminar ideas ocurre lo propio, cada uno hace lo suyo y si no se aplica a su tarea, la resultante operará en otra dirección. Los que no hacen nada sólo ven la piedra moverse y habitualmente se limitan a despotricar en la sobremesa por el rumbo que toma.</p>
<p>Hace poco tiempo, en Buenos Aires estaba escuchando radio en el automóvil y el locutor expresó que una señora, dueña de una casa en la zona costera, publicó un aviso en algún periódico que no es del caso mencionar en el que anunciaba que ponía su vivienda en alquiler durante la temporada veraniega con la condición de que el inquilino fuera vegetariano. Consignaba en el aviso de marras que los residuos de la carne atraían microbios que deseaba evitar. Henos aquí que todos los miembros del equipo que trabaja en el programa radial en cuestión pusieron el grito en el cielo y condenaron sin piedad a la titular del aviso. Manifestaron que esa actitud era discriminatoria y que, en consecuencia, había que aplicarle las normas correspondientes y no permitir semejante propuesta de alquiler.</p>
<p>Hubo llamados de radioescuchas que se plegaron a las invectivas de los conductores (por lo menos los que se pasaron al aire). Una señora muy ofuscada levantó la voz y señaló que debía detenerse a quien haya sido capaz de una iniciativa de esa índole, puesto que “actitudes como la discutida arruinan la concordia argentina”. Otro fulano, que dijo ser ingeniero con experiencia en operaciones inmobiliarias de envergadura, espetó que habría que confiscarle la propiedad a la autora de “semejante anuncio”. Y así siguieron otras reflexiones patéticas y dignas de una producción cinematográfica de terror, sin que nadie pusiera paños fríos ni apuntara a introducir atisbo de pensamiento con cierto viso de cordura.</p>
<p>Entonces, <b>vivimos en una era en la que se discrimina lo que no debería discriminarse y no se permite discriminar lo que debe discriminarse</b>. Por cierto, una confusión muy peligrosa. Algo aclara un pensamiento de Cantinflas: “Una cosa es ganarse el pan con el sudor de la frente y otra es ganarse el pan con el sudor del de enfrente”.</p>
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		<title>La destrucción de valores</title>
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		<pubDate>Sat, 14 May 2016 09:38:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En su célebre discurso sobre Florencia, Giovanni Papini subraya que los habitantes de esa ciudad se han convertido en “porteros de salas mortuorias”, porque no han hecho nada por agregar valor artístico a los Giotto, Leonardo, Botticelli, Dante y Miguel Ángel de otros tiempos. Afirma que esos habitantes sólo lucran con sus ancestros sin preocuparse por ningún valor agregado; sin embargo, el propio Papini ha hecho lo contrario con sus escritos monumentales.</p>
<p>En nuestro mundo de hoy se observa que como eje central no solamente que se ha hecho muy poco por conservar los valores esenciales de la civilización, sino que se ha hecho bastante por demolerlos. No hay más que mirar a los Stalin y Hitler y sus imitadores de nuestra época para horrorizarse frente a tanta miseria y muerte.</p>
<p>Los modales han cambiado, el uso de lenguaje soez se hace cada vez más común, empleado por muchos que no se percatan que lo referido a la cloaca convierte a todo en un estercolero. <b>El valor de la palabra empeñada ha decaído significativamente. La institución familiar para formar almas se ha deteriorado en grado superlativo. </b>El homicidio en el seno materno (mal llamado aborto, como si se hubiera interrumpido algo que nunca fue) está a la orden del día.<span id="more-1449"></span></p>
<p>Pero lo más importante (que también abarca lo anterior) es la falta de respeto recíproco y esto se concreta en el avasallamiento paulatino de la propiedad, comenzando por la preservación y la decisión respecto al propio cuerpo, a continuación la libre expresión del pensamiento de cada cual y siguiendo con el uso y la disposición de lo adquirido por parte de cada uno de manera legítima. Una tríada en definitiva indivisible. <b>A algunos distraídos les parece baladí la defensa de la propiedad privada, sin comprender que esta institución se encuentra en el centro mismo de la vida civilizada</b>. Es por ello que Karl Marx y Friedrich Engels sostienen que la abolición de la propiedad privada constituye el aspecto medular de sus propuestas. Y es por ello que pensadores como Ludwig von Mises destacan que la propiedad privada es el meollo de la sociedad libre.</p>
<p>Ya se sabe que en la medida en que se ha respetado esta institución el mundo ha avanzado y ha producido resultados espectaculares en muy diversos planos y áreas, pero si no se ve la amenaza subyacente a la propiedad, no se habrán entendido el motor y los incentivos de tamaño progreso.</p>
<p>Hay tres aspectos que resumidamente deseo reiterar en esta columna periodística en conexión con aquella tríada:<b> la importancia de la privacidad, la relevancia de lo que genéricamente se ha denominado la libertad de prensa y el derrumbe de todo vestigio de economía en ausencia de aquella institución y, por ende, la diseminación de la miseria que tal política genera.</b></p>
<p>El ser humano consolida su personalidad cuando desarrolla sus potencialidades y la abandona cuando se funde y confunde en los otros, esto es, se despersonaliza. La dignidad de la persona deriva de su libre albedrío, es decir, de su autonomía para regir su destino.</p>
<p>La privacidad o intimidad es lo exclusivo, lo propio, lo suyo, la vida humana es inseparable de lo privado o privativo de uno. Milan Kundera anota en <i>La insoportable levedad del ser: </i>“La persona que pierde su intimidad lo pierde todo”. Lo personal es lo que se conforma en lo íntimo de cada uno, constituye su aspecto medular y característico. Es la base del derecho. Es el primer paso del derecho de propiedad. Cada persona tiene el derecho de resguardar y preservar su privacidad y decidir qué parte de su ser prefiere compartir con otras personas y cuál hace pública para conocimiento de todos los que se interesen por esa faceta de la personalidad. El entrometimiento, la injerencia y el avasallamiento compulsivo de la privacidad lesionan gravemente el derecho de la persona.</p>
<p>La primera vez que el tema se trató en profundidad fue en 1890, en un ensayo publicado por Samuel D. Warren y Louis Brandeis en la <i>Harvard Law Review </i>titulado “El derecho a la intimidad”. En nuestro días, Santos Cifuentes publicó <i>El derecho a la vida privada,</i> donde explica: “La intimidad es uno de los bienes principales de los que caracterizan a la persona”, “el desenvolvimiento de la personalidad psicofísica sólo es posible si el ser humano puede conservar un conjunto de aspectos, circunstancias y situaciones que se preservan y se destinan por propia iniciativa a no ser comunicados al mundo exterior”, puesto que “va de suyo que perdida esa autodeterminación de mantener reservados tales asuntos, se degrada un aspecto central de la dignidad y se coloca al ser humano en un estado de dependencia [y] de indefensión”.</p>
<p>Tal vez la obra que más ha tenido repercusión en los tiempos modernos sobre la materia es <i>La sociedad desnuda, </i>de Vance Packard y la difusión más didáctica y documentada de múltiples casos es probablemente el libro en coautoría de Ellen Alderman y Caroline Kennedy titulado <i>El derecho a la privacidad</i>. Los instrumentos modernos de gran sofisticación permiten invadir la privacidad, sea a través de rayos infrarrojos, captación de ondas sonoras a larga distancia, cámaras ocultas para filmar, fotografías de alta precisión, espionaje de correos electrónicos y demás parafernalia pueden anular la vida propiamente humana, es decir, la que se sustrae al escrutinio público.</p>
<p>Sin duda que se trata de proteger a quienes efectivamente desean preservar su intimidad de la mirada ajena, lo cual no ocurre cuando la persona se expone al público. No es lo mismo la conversación en el seno del propio domicilio que pasearse desnudo por el jardín. No es lo mismo ser sorprendido por una cámara oculta que ingresar a un lugar donde abiertamente se pone como condición la presencia de ese adminículo.</p>
<p>Si bien los intrusos pueden provenir de agentes privados (los cuales deben ser debidamente procesados y penados), <b>hoy debe estarse especialmente alerta a los entrometimientos estatales —inauditos atropellos legales— a través de los llamados servicios de inteligencia, las preguntas insolentes de formularios impositivos, la paranoica pretensión de afectar el secreto de las fuentes de información periodística y toda la vasta red impuesta por la política del gran hermano orwelliano como burda falsificación de un andamiaje teóricamente establecido para preservar los derechos de los gobernados.</b></p>
<p>Todas las Constituciones civilizadas declaran preservar la privacidad de las personas, pero en muchos casos es letra muerta debido a la permanente acción avasalladora de las impertinentes estructuras gubernamentales que se hacen presentes en los vericuetos y los recovecos más íntimos del ser humano. Esa intimidad de la que nace su diferenciación y su unicidad, que, como escribe Julián Marías en <i>Persona</i>, es “mucho más que lo que aparece en el espejo”.</p>
<p>En ese contexto y en tantos otros en los que se constatan tantos abusos de las maquinarias estatales, suele producirse un temor reverencial a la mal llamada “autoridad”. Mal llamada porque la expresión proviene del latín <i>autor</i> para significar el creador, el que conoce de cierto tema, es decir, quien tiene autoridad moral e intelectual y por una extensión ilegítima la costumbre ha aceptado contrabandear su sentido original.</p>
<p>Respecto de la libertad de expresión, inseparable de una sociedad libre, puede resumirse en el siguiente decálogo. Primero, absolutamente todo debe permitirse que se exprese, lo cual no es óbice para que los que se sientan damnificados de algún modo recurran a la Justicia para su debida reparación.<b> De lo que se trata es de abrogar toda posibilidad de censura previa</b>. Segundo, lo anterior incluye ideas consideradas disolventes, las cuales deben ser discutidas abiertamente, pero nunca aplicar criterios inquisitoriales. Tercero, no deben existir agencias oficiales de noticias al efecto de evitar la tentación de utilizarlas políticamente.</p>
<p>Cuarto, el espectro electromagnético y las señales televisivas (y las respectivas definiciones de los anchos de banda) deben asignarse en propiedad y eliminar la peligrosa figura de la concesión. Quinto, los Gobiernos no deben contar con medios de comunicación estatales ni involucrarse en relación alguna con la prensa oral o escrita. Sexto, no debe existir organismo de control de ningún tipo, incluidos los llamados horarios para menores en un contexto de satélites que toman señales de muy diversos husos horarios, situaciones que quedan reservadas a los padres y a las codificaciones y las limitaciones de los propios medios.</p>
<p>Séptimo, afecta la libertad de prensa el establecimiento de topes monetarios para la financiación de campañas electorales, puesto que la independencia de los Gobiernos respecto a pretendidos empresarios que esperan favores a cambio debe ser por la vía institucional, a través de la preservación de las respectivas independencias en un sistema republicano, mediante normas compatibles con el derecho para evitar la cópula entre el poder y el mundo de los negocios. Octavo,<b> bajo ningún concepto se debe promulgar una ley de medios, ya que esto significa restringir y politizar la libertad de prensa y la cambiante pluralidad de voces.</b></p>
<p>Noveno, quienes estimen que pueden imprimir o decir de mejor manera lo pueden hacer instalando otro medio (y si no disponen de los recursos necesarios, los reclutan en el mercado local o internacional, si es que lo que proponen resultara atractivo y viable).</p>
<p>Y décimo, cuando se hace alusión a la competencia, no se está definiendo <i>a priori</i> cuántos proveedores de cierto bien o servicio debe haber, pueden existir miles, uno o ninguno (y las situaciones no son irrevocables sino cambiantes), como queda dicho el tema crucial es que el mercado se encuentre abierto y libre de trabas de toda índole para que, en nuestro caso, cualquiera que contemple un proyecto periodístico lo pueda ejecutar (lo cual, claro está, no garantiza su éxito).</p>
<p>Por último, como se ha señalado en incontable oportunidades, en la medida en que se afecte la propiedad se desfiguran los precios, con lo que se dificulta la contabilidad, la evaluación de proyectos y, consiguientemente, el cálculo económico en general, con lo que la pobreza es inexorable. Esto es a lo que han conducido todos los socialismos en oposición a los valores y los principios en los que descansa la sociedad abierta. Y en el extremo, el caos total, puesto que se opera a ciegas, sin indicadores económicos para asignar los siempre escasos recursos.</p>
<p><b>La destrucción de valores entonces opera por muy variados andariveles, pero el respeto recíproco basado en la propiedad de cada cual constituye un aspecto vital</b> que, si se subestima y conculca, indefectiblemente los avances de la humanidad se retrotraerán a la edad de los cavernícolas.</p>
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		<title>Aprender del pasado: Lysander Spooner</title>
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		<pubDate>Sat, 07 May 2016 09:31:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una de las manifestaciones de la cultura, del deseo de cultivarse, consiste en estudiar las contribuciones fértiles que han realizado autores del pasado. Muchas veces se trata de pensadores no muy conocidos para la opinión pública en general pero descubrirlos y escarbar en sus meditaciones alimenta el intelecto. Este es el caso de Lysander Spooner,... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/05/07/aprender-del-pasado-lysander-spooner/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Una de las manifestaciones de la cultura, del deseo de cultivarse, consiste en estudiar las contribuciones fértiles que han realizado autores del pasado. Muchas veces se trata de pensadores no muy conocidos para la opinión pública en general pero descubrirlos y escarbar en sus meditaciones alimenta el intelecto.</p>
<p>Este es el caso de Lysander Spooner, un jurista y economista decimonónico estadounidense que escribió sobre muy diversos temas que no sólo son de su época, sino de todo momento.</p>
<p>Uno de sus trabajos se refiere al derecho natural, un concepto frecuentemente mal interpretado, pero que resulta central para contar con mojones o puntos de referencia extramuros del derecho positivo y, por ende, permite juzgar la ley con el criterio de la justicia. Como se ha dicho, igual que las cosas que nos rodean tienen ciertas propiedades, también ocurre con el ser humano. Para que pueda seguir su camino hay que dejarlo en paz, lo cual significa respetar sus decisiones para usar y disponer de lo propio, situación que implica respetar su derecho, que es anterior y superior a la existencia del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno.<span id="more-1440"></span></p>
<p>En ese mismo escrito adhiere a la Declaración de la Independencia, especialmente en cuanto a la facultad de la gente a deponer a gobiernos que abusan de su poder al lesionar los derechos reconocidos por la Constitución norteamericana.</p>
<p>En otro de sus ensayos centra su atención en la idea del derecho de secesión de los estados que conformaron la unión (Estados Unidos). En este sentido elabora sobre la mal llamada guerra civil, mal llamada porque esta se refiere a la lucha armada de dos o más bandos por hacerse del gobierno, mientras que en el caso que nos ocupa se trataba de la intención del sur de separarse de la unión. Si este acontecimiento se analiza con cuidado, se verán las normas liberales del sur frente a las estatistas y proteccionistas del norte. Este es el sentido por el cual Lord Acton le escribe desde Bolonia el 4 de noviembre de 1866 al general Lee, comandante de las fuerzas del sur: “La secesión me llenó de esperanza, no como la destrucción sino como la redención de la democracia […] Lo que se ha perdido en Richmond me entristece mucho más respecto a mi regocijo por lo que se salvó en Waterloo”.</p>
<p>También Spooner escribió un libro titulado <i>The Unconstitutionality of Salvery </i>en el que se detiene a mostrar los fundamentos éticos y jurídicos de tamaño atropello, al tiempo que señala la palmaria contradicción de esta máxima usurpación del más elemental de los derechos con la Constitución de su país, a pesar de opiniones encontradas, incluso por parte de personas bien intencionadas que promovían el abolicionismo. Este libro fue más tarde complementado con <i>A Defense for Fugitive Slaves, </i>ensayo en el que alienta a la fuga de esclavos e incita a la rebelión.</p>
<p>Realmente constituye una de las grandes intrigas de la historia el entender lo inentendible:<strong> cómo es que figuras que exponían ideas razonables y encomiables en otras materias podían caer en la repugnante noción de la esclavitud, comenzando por Aristótles</strong>. Incluso más, cómo es posible que en el lugar del planeta en donde tuvo lugar el experimento más exitoso de la humanidad se aceptara semejante mancha siniestra, semejante oprobio, semejante insulto a la condición humana.</p>
<p>Resulta muy esclarecedor lo que consigna Spooner de que no sólo es aplicable a la esclavitud propiamente dicha, sino a una forma de esclavitud moderna que se esconde bajo una democracia mal entendida —más bien cleptocracia— en este sentido: “Un hombre no es menos esclavo porque se le permita elegir un nuevo amo por otro período de tiempo”, al decir de nuestro autor.</p>
<p>Tal vez su obra más difundida sea <i>Vices are not Crimes,</i> la que abre diciendo: “Los vicios son aquellos por los que un hombre daña a su persona o a su propiedad. Los crímenes son aquellos actos por los que un hombre daña a otra persona o a su propiedad […] Si el Gobierno declara que un vicio es un crimen y procede a castigarlo, es un intento de falsificar la naturaleza de las cosas”.</p>
<p>Muestra en este último trabajo la contradicción de sostener que cada uno tiene el derecho de buscar su felicidad tal como proclama la Constitución de Estados Unidos y, al mismo tiempo, se le prohíbe adquirir productos que estima que le reportarán satisfacción como es el caso del tabaco, las drogas, el alcohol, el juego, la prostitución, los deportes peligrosos o las dietas perversas. <b>Sostiene que la libertad es un bien supremo y que lo que hace o dice cada uno es de su entera responsabilidad, en la que nada tiene que ver el uso de la fuerza, a menos que se lesionen derechos de terceros.</b></p>
<p>Más aún, ironiza con el tema al apuntar que ningún mortal es perfecto y que, por tanto, todos incurrimos en actos inconvenientes para nosotros mismos. Si se fuera consistente con penar el vicio, “habría que encerrar en la cárcel a todos sin que haya nadie que pueda cerrar con llave las celdas, puesto que todos incurrimos en actos que están lejos de la perfección”. Sugiere que se debe ser mucho más humilde y dejar la arrogancia de lado y no meter bajo ningún concepto al monopolio de la violencia en estos menesteres y centrar la atención en la protección de derechos.</p>
<p>Simultáneamente con sus tareas profesionales de la abogacía y los escritos de libros, ensayos y artículos, Spooner fue un prominente empresario. Fundó la empresa American Letter Mail Company, que compitió nada menos que con el monopolio estatal del correo. Mientras la empresa funcionaba muy exitosamente, mantuvo una batalla legal con el Gobierno, que insistía en que el correo era de exclusividad gubernamental. A pesar de la gran difusión que tuvo la presentación de Spooner bajo el título <i>The Unconstitutionality of the Laws of Congress Prohibiting Private Mails </i>(sostenía que la sección octava del artículo primero de la Constitución al referirse a que “el Congreso tendrá el poder de establecer el correo” no significa que se arrogue el monopolio de dicha área), finalmente perdió la batalla en los tribunales y tuvo que cerrar su empresa, después de probar que en la segunda mitad del siglo XIX enviar un litro de petróleo a los confines de la Tierra era más barato que enviar una carta cruzando la calle de una ciudad estadounidense por medio de la empresa estatal. Dicho sea al pasar, como indica William Wooldrige en su <i>Uncle Sam, the Monopoly Man</i>, la empresa estatal de correos de Estados Unidos arroja cuantiosos déficits desde su creación, en 1789.</p>
<p>Por último, escribió el libro <i>A New System of Paper Currency, </i>en el que resulta admirablemente sorprendente su descripción de las ventajas de un sistema monetario desregulado y descentralizado, pero, visto desde la actualidad, con ciertas deficiencias en cuanto a su visión del sistema bancario, pero sin imaginar en esa instancia que se establecería una banca central a principios del siglo siguiente.</p>
<p>Es interesante descubrir testimonios de escritores de otras épocas que se han esforzado por mejorar las marcas de otras contribuciones. Estamos formados de las influencias de otros que han dejado su valiosa impronta. Como reza el dicho “todos caminan pero pocos dejan huellas” y, por nuestra parte, debemos digerir, tamizar y elaborar lo que leemos para no ser eco sino voz.</p>
<p>La teoría de filosofía política de Spooner es para tratar en otra ocasión, por lo extensos que resultarían los comentarios, tesis desarrollada principalmente en <i>Taxation, </i>sin entrar en los modernos tratamientos de las externalidades, los bienes públicos, los <i>free-riders</i>, el dilema del prisionero y la asimetría de la información. De todos modos, llama la atención que, por ejemplo, Murray Rothbard, en su multivolumen de la historia del pensamiento económico, no mencione a Lysander Spooner, pero en esto consisten los incesantes y fluctuantes vericuetos del proceso evolutivo del conocimiento (aunque Rothbard se refirió a ese intelectual en su ensayo titulado <i>The Spooner-Tucker Doctrine: An Economist View</i>). En 1971, la Universidad de Michigan reunió sus trabajos más destacados en <i>The Selected Works of Lysander Spooner: Economic Writings, </i>que luego fueron debatidos en diversos seminarios en distintas casas de estudio, además de estadounidenses, en universidades inglesas y alemanas.<i></i></p>
<p>Mentes como la del autor que ahora hemos comentado contribuyen a abrir terrenos fértiles en los que se invita a pensar, lo cual para nada significa coincidir en todo con lo mucho que escribió. Más aún, hay varios aspectos para disentir en el fondo y en la forma, y otros trabajos que resultan oscuros y contradictorios, tal como señala, por ejemplo, Colin Williams en su <i>Contra Spooner</i>, pero el prestarle la debida atención despeja y ensancha el intelecto y contribuye a barrer telarañas mentales.</p>
<p><b>En estas épocas, las obras que incluyen denuncias de los desaguisados de los aparatos estatales deben ser leídas con prioridad para salir del marasmo</b>, pues allí —aunque no se suscriba todo en bloque, como ocurre siempre con los no fanáticos— se encuentran defensas provechosas de las autonomías individuales.</p>
<p>Fernando Savater resume el asunto (en el prólogo al libro de H. L. Mencken titulado <i>Prontuario de la estupidez humana</i>) cuando concluye que Mencken “es enemigo de prejuicios, de supersticiones, de militarismos y de todas las instituciones que coaccionan a los hombres… para su bien”.</p>
<p>Todo proviene de los procesos educativos o deseducativos. Independientemente de las fluctuaciones en las ideas de Bertrand Russell, en su libro sobre el poder sostiene con razón: “La educación autoritaria, podemos añadir, produce el tipo de esclavo tanto como el tipo despótico, desde el momento en que inculca el sentimiento de que la única relación posible entre dos seres humanos que cooperan es aquella en la cual uno de ellos da órdenes y el otro obedece”.<i></i></p>
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		<title>Acerca de la creatividad</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Apr 2016 08:58:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El proceso creativo es, a mi juicio, uno de los temas de mayor interés. Hace unos años escribí en torno a este asunto, pero es pertinente volverlo a hacer con el análisis de otros ángulos. De entrada digamos que hay que tener muy presente que cada uno de nosotros es único e irrepetible por una... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/04/30/acerca-de-la-creatividad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El proceso creativo es, a mi juicio, uno de los temas de mayor interés. Hace unos años escribí en torno a este asunto, pero es pertinente volverlo a hacer con el análisis de otros ángulos. De entrada digamos que hay que tener muy presente que cada uno de nosotros es único e irrepetible por una sola vez en la historia de la humanidad. Esto nos da una enorme responsabilidad para estar atentos a qué hacemos con nuestras vidas. Si estamos al acecho de cuál es nuestra razón de ser en el corto lapso en esta tierra o si consideramos que podemos consumir el tiempo que nos es dado para divertirnos, alimentarnos, copular y hacer nuestras necesidades fisiológicas. El llamado interior es nuestra vocación, se trata de actualizar nuestras muy diversas potencialidades, como ha escrito Octavio Paz: “Al descubrir nuestra vocación nos descubrimos a nosotros mismos”.</p>
<p>La creatividad supone poner al descubierto algo que estaba oculto, siempre teniendo en cuenta que la originalidad resulta sumamente difícil (“para novedades, los clásicos”, reza el conocido adagio), pero por lo menos poner sobre la mesa algo no recordado, algo no evidente o dificultoso para el momento.</p>
<p>La creatividad opera en muy diferentes planos y campos, en algunos se destaca más algún viso de originalidad (por ejemplo, en el arte) y en otros se trata más bien de descubrir nexos causales en lugar de creación propiamente dicha (por ejemplo, en la ciencia).<span id="more-1432"></span></p>
<p>De todos modos, ¿cómo ocurre el proceso creativo? Con la concentración y el interés en el estudio de determinada materia se va archivando información en el subconsciente y en ese contexto de trabajo en cierta instancia el nivel conciente traba relación con el antedicho archivo y se produce el “momento eureka”. Es el resultado de la perseverancia, la constancia y la atención en la materia que interesa. Muchas veces, en este proceso, la creatividad o el descubrimiento sorprenden, puesto que alumbran una idea colateral. Casi como en la ciencia médica, en la que muchas de las líneas de investigación en un área dan por resultado un descubrimiento en otra.</p>
<p>Cuanto mayor el valor de la creatividad, mayor es el grado de soledad que requiere el investigador y muchas veces a contracorriente de lo que opinan los demás.<b> Contar con el temple para continuar en el camino es requisito para la creatividad, sin dejarse influir por otros</b>. En el extremo está el conocido experimento tan citado del acuerdo con el organizador de un grupo de personas —menos una—, a quienes que se les solicitó sostener que, en una serie de cuadros que se les exhibía, un bastón era más grande que otro, cuando en realidad no era así. La única persona que no estaba informada del truco al principio se sorprendió de las respuestas de los colegas, pero a medida que se sucedieron los cuadros y las respuestas erróneas que se daban por verdaderas, el sujeto en cuestión optó por contestar equivocadamente, tal como lo hicieron los demás. Es la presión del grupo, es la masificación, es la abdicación de la individualidad, es la renuncia a la honestidad intelectual, es la entrega del yo en pos de los demás, es la desaparición de la condición humana.</p>
<p>Sin duda que la creatividad no es <i>ex nihilo</i> para los mortales, dado que se basa en la incorporación de conocimiento provisto por otros y por sucesos externos a quien crea. Por supuesto que hay muy diferentes grados de creatividad con base en talentos muy distintos. En otra oportunidad he señalado que Stefan Zweig nos recuerda que Wolfang Mozart componía sin borradores, como si alguien le estuviera dictando para escribir con rapidez en el pentagrama. Ludwig van Beethoven, en cambio, necesitaba muchos borradores antes de la obra final y Honoré de Balzac, para escribir a la velocidad que lo hacía, inventó una especie de taquigrafía para estar a la par de sus pensamientos, al contrario de Johann Goethe, que tardó sesenta y cuatro años de intenso trabajo para escribir <i>Fausto</i>. Alberto Durero requería de varios croquis y mucho ejercicio en el lienzo para pintar, mientras que Vincent van Gogh pintaba hasta tres cuadros por día.</p>
<p>Como hemos consignado,<b> la creatividad humana no procede de la nada, se sustenta en información previa, procesada, digerida y reformada con el correspondiente valor agregado</b>. Giovanni Papini sostenía metafóricamente que si a uno le abrieran el cerebro, se encontrarían miles y miles de carteles con los nombres de quienes influyeron en la persona para elaborar tal o cual cosa. No sólo se trata de la influencia del prójimo, sino de situaciones y circunstancias varias.</p>
<p>A diferencia del reino animal, vegetal y mineral, el ser humano no está determinado por otras causas anteriores, sino que opta y decide debido al libre albedrío. Tal como explica el premio Nobel en física Max Planck, en su <em>¿Hacia dónde va la ciencia?</em>: “Se trata de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza como causa de movimiento tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta […] ¿Qué conclusión podemos deducir respecto del libre albedrío? En medio de un mundo donde el principio de causalidad prevalece universalmente, ¿qué espacio queda para la autonomía de la volición humana? Esta es una cuestión muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico [determinismo físico en la terminología de Karl Popper] a la conducta humana, y así descargar la responsabilidad de los hombros del individuo”.</p>
<p>Tengamos en cuenta que la creatividad no está reservada “a los del más alto coeficiente intelectual (IQ)”, ya que, como han puesto de manifiesto autores como Howard Gardner (<em>Inteligencias múltiples</em>) e Isaac Asimov (<em>Thinking About Thinking</em>), no hay posibilidad alguna de establecer un ranking universal de inteligencias (<em>inter legum</em>), puesto que todos somos inteligentes, sólo que para asuntos muy distintos. El profesor brillante en su especialidad puede ser incapaz de colocar un foco de luz o de recitar una declinación en latín; el agricultor puede desconocer la matemática; el mozo en un restaurante puede recordar cada uno de los múltiples platos que solicitan muchos comensales y relacionarlos entre sí, pero es incapaz de entender el significado de la física cuántica, y así sucesivamente. Como bien ha dicho Albert Einstein: “Todos somos ignorantes, sólo que en temas distintos”, lo cual está vinculado con las muy diversas capacidades, sea en cuanto a la memoria, sea en la inteligencia.</p>
<p>El producto de la creatividad se traduce en una inmensa satisfacción difícil de trasmitir en palabras que alimenta el intelecto de todos cuando está dirigida a lo ético, lo estético y, en general, a contribuciones que permiten mejorar la condición de vida de los semejantes. Es una bendición que debe ser cultivada y aprovechada.</p>
<p>Por esto es que resulta en interés de quien contrata gente. Supuestamente debe pensar en distintos puestos de trabajo, considerar con cuidado el clima laboral al efecto de lograr los mejores resultados.<b> Si quien es contratado se desempeña en ámbitos conflictivos y poco amigables, naturalmente su rendimiento será deficiente.</b></p>
<p>Por otra parte, para desarrollar la mayor energía creativa posible es indispensable un clima de libertad, lo cual significa respeto recíproco y no imposiciones de reglamentaciones asfixiantes que pretenden el tratamiento de personas como si fueran autómatas del poder político de turno. Se pierde una dosis inmensa de energía si las personas deben atender con el fruto de su trabajo los desmanes del Leviatán. Hay lugares en que el contribuyente debe trabajar más de la mitad del año para satisfacer la voracidad fiscal del Gobierno y eso sin contar con la enmarañada papelería y los trámites engorrosos que exige el aparato estatal, además de tener que responder a preguntas insolentes, impresas en formularios absurdos. En este contexto hostil, naturalmente decae rápidamente la creatividad.</p>
<p>Entre lo mucho escrito sobre la creatividad, hay una obra de especial interés titulada <i>The Courage to Create, </i>de Rollo May, en la que enfatiza la traición a uno mismo si no se expresa lo que se piensa sin subterfugio alguno. Por supuesto que esto no es incompatible con la educación: no significa que a una mujer fea se le haga notar su fealdad, May se refiere a la competencia por valores y principios. Tampoco excluye, sino más bien requiere que permanentemente se revisen las propias conclusiones, ya que el conocimiento es provisorio, sujeto a refutaciones. May destaca el ejemplo de Alexander Solzhenitsyn, “que enfrentó solo el poder de la burocracia soviética” (en este sentido, es menester recordar la obra de Leonard Read titulada <i>The Courage to Stand Alone</i>).</p>
<p>Rollo May no alude al coraje físico ni a la temeridad, sino al coraje moral, estrechamente vinculado a la honestidad intelectual. Explica la importancia de dejar testimonio con total independencia de lo que piensa la mayoría. Rechaza lo que hoy se conoce como lo políticamente correcto, donde se propone que la gente “se ajuste a la tendencia del momento” y subraya que esto es más necesario que nunca en la actualidad, donde “el fascismo, el socialismo, el conformismo y el poder militar hacen que el individuo no sólo se siente perdido, sino que está perdido”.</p>
<p>Como ha sentenciado Miguel de Cervantes: “Cada quien es hijo de sus obras”, pero la creatividad se ahoga y queda aplastada por el espíritu autoritario. Mafalda ha dicho bien: “La vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”.</p>
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		<title>Significado de la discriminación sudafricana</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Apr 2016 09:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Apartheid]]></category>
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		<description><![CDATA[Como es sabido y está en todos lados registrado, la historia en territorio sudafricano comienza hace más de cien mil años y se divide en el período precolonial, colonial, poscolonial, era del apartheid y, finalmente, pos-apartheid. Los primeros visitantes extranjeros a la zona fueron los portugueses Bartolomeu Dias, en 1488 y, en 1497, Vasco da... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/04/23/significado-de-la-discriminacion-sudafricana/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Como es sabido y está en todos lados registrado, la historia en territorio sudafricano comienza hace más de cien mil años y se divide en el período precolonial, colonial, poscolonial, era del apartheid y, finalmente, pos-apartheid.</p>
<p>Los primeros visitantes extranjeros a la zona fueron los portugueses Bartolomeu Dias, en 1488 y, en 1497, Vasco da Gama. Luego, lo hizo el holandés Jan van Riebeek, en 1652 y un grupo numeroso de ingleses, en 1795.</p>
<p>A partir del descubrimiento de oro y diamantes durante el período decimonónico, esa región comenzó a mudar de las faenas agrarias a las industriales, en el contexto de luchas encarnizadas entre la dominación holandesa y la inglesa que culminaron en las guerras Bóer, entre 1899 y 1902 y que en gran medida sustituyeron las feroces batallas y las consiguientes matanzas entre tribus nativas. En aquellas guerras triunfó el Imperio inglés, de donde surge la unión sudafricana en 1909. Mucho más adelante, por un referendo de 1961, se decidió la independencia y el establecimiento de la república. Ya en 1934 se había proclamado un así llamado <i>self-government</i>, en cuyo contexto dominó la situación el nacionalismo local, de 1948 a 1994 y el más crudo apartheid (llamado “separateness”, un espantosamente violento sistema opresivo a favor de la casta gobernante y sus amigos, que acentuaron muchos de los aspectos repulsivos de la era colonial y precolonial).<span id="more-1423"></span></p>
<p>En este último año se concretó el sufragio universal y asumió Nelson Mandela, con un gobierno de coalición y unidad nacional al efecto de eliminar el apartheid, ya terminada la ingerencia de la Unión Soviética, debido a su colapso sellado con el derrumbe del Muro de la Vergüenza.</p>
<p>Si bien la expresión <i>apartheid </i>se comenzó a utilizar a partir de la década del cuarenta del siglo XIX, la discriminación por el color de piel comenzó <i>de facto </i>mucho antes. El apartheid fue la segregación <i>de jure</i>. En todo caso, esta espantosa situación significaba el apartamiento legal de los negros del derecho a trabajar en ciertos lugares, la obligación de vivir en barrios asignados, la imposibilidad de casamiento con blancos y de mantener relaciones sexuales entre colores diversos de piel, “que significan inmoralidades e indecencias” (!). Colegios separados, medios de transporte segregados y, en general, la conculcación de los derechos individuales y restricciones de la mayoría nativa, incluyendo el debido proceso. En otras palabras, lo opuesto a los valores de una sociedad abierta.</p>
<p>Hay dos obras que a mi juicio resultan las más esclarecedoras respecto a Sudáfrica, que son <i>South Africa’s War against Capitalism, </i>de Walter E. Williams y <i>The Economics of The Colour Bar, </i>de W. H. Hutt. En el primer libro, el autor subraya que <b>la referida discriminación se basa en puro racismo, que siempre descansa en la atrabiliaria idea de la superioridad en la naturaleza de unas personas sobre otras, sustentada en la completamente falsa noción de diferencias de naturaleza biológica</b> (más abajo volveremos sobre la noción equivocada de raza).</p>
<p>Esto no es patrimonio de los sudafricanos; por ejemplo, el profesor de educación de la Universidad de Yale, Charles Duram, y el historiador estadounidense Edgar Brookes le escribían los discursos apoyando el segregacionismo al primer ministro sudafricano James Hertzog.</p>
<p>Por otra parte, también escribe Williams que los profesores de la Universidad de Cape Town Bronislaw Malinowski y Alfred Radcliffe-Brown argumentaban lo que estimaban un peligro de permitir que los nativos tomaran contacto con la sociedad occidental, por lo que concluían la necesidad de mantenerlos separados, tal como insistió Charles Bourquín: “La segregación disminuye la tensión racial”. Claro está, ha sido demostrado una y mil veces que lo contrario es la verdad (además de la lesión a los derechos de las partes interesadas).</p>
<p>También el primer ministro sudafricano Jan C. Smuts decía que permitir la unión de blancos y gente de color “en lugar de hacer que se eleven los negros, degradarán a los blancos”. Y hasta el “educador” sudafricano John Cecil Rhodes sostenía: “El propósito de Dios fue hacer de los anglosajones la raza predominante”.</p>
<p>Por otro lado, Alfred Milner, comisionado de Sudáfrica, comenzó en 1904 a justificar la proscripción de los procesos electorales de “los incivilizados, sean estos del color de piel que fueran”, fundamentación que luego condujo a acalorados debates en ese país. <b>Este tipo de propuesta ha calado en distintas partes del mundo en diversas épocas, debido a la preocupación del futuro de la democracia, que a veces aludía a cierto nivel patrimonial para poder acceder al antedicho escrutinio.</b> Sin embargo, está visto que completar doctorados no asegura la adhesión a los principios de la sociedad libre, lo cual también ocurre con personas de gran patrimonio (aun suponiendo que lo haya adquirido legítimamente).</p>
<p>Williams le atribuye gran relevancia a que el inicio del desmoronamiento del inaceptable apartheid comenzara con trabajos intelectuales al iniciarse los años ochenta y fuera ejecutado en forma más acabada el 31 de enero de 1986, con el discurso ante el Parlamento del presidente Pier W. Botha, al decir: “Creemos que la dignidad humana, la vida, la libertad y la propiedad de todos debe ser protegida, independientemente del color, la raza o la religión”.</p>
<p>Pero hay dos puntos que son los centrales en el libro que comentamos. En primer término, <b>el gravísimo dislate de asimilar durante décadas el apartheid con el capitalismo, cuando en realidad es su antónimo.</b> Así, por ejemplo, el obispo Desmond Tutu, el premio Nobel de Sudáfrica de enorme predicamento, escribió en <i>Frontline, </i>en el número de septiembre de 1980: “De entrada debo decir que soy anticapitalista […] lo aborrezco debido a que estimo es un orden económico esencialmente de explotación […] Lo que he visto en mis 48 años en todo el mundo me ha convencido de que ninguna dosis de cirugía plástica puede alterar su básicamente cara fea”.</p>
<p>En esta misma línea argumental, Raymund Sutter, el conocido activista anti-apartheid, consignó en <i>Business Day, </i>el 22 de agosto de 1985: “Cualquier programa que pretenda terminar con la opresión racial en Sudáfrica debe ser anticapitalista”. Y Winnie Mandela dijo a <i>Pravda,</i> el 14 de febrero de 1986: “La Unión Soviética es la antorcha de todos nuestros anhelos y aspiraciones. En la Unión Soviética el poder genuino del pueblo ha transformado los sueños en realidad”.</p>
<p>Concluye Williams, con acopio de documentaciones, que todas las medidas fiscales, del sector externo y de los laborales del anti-apartheid apuntaban a profundizar en grado sumo el intervencionismo y el estatismo de los Gobiernos segregacionistas. Enfatiza en que, en el terreno laboral, las legislaciones sobre salarios mínimos naturalmente barrían del mercado a los menos eficientes, al efecto de proteger el trabajo de los blancos respecto a los que se hubieran ofrecido por salarios más bajos para realizar las faenas marginales.</p>
<p>Este último punto lo desarrolla extensamente Hutt en su obra mencionada más arriba para concluir que<b> el mercado no distingue color de piel ni religión</b>: “Es ciego ante las diferencias personales”. Lo que pretenden los consumidores es la mejor calidad al menor precio: “La ética del mercado libre es que le niega al Estado el poder de discriminar”. En este contexto la sociedad abierta es consustancial a la igualdad ante la ley.</p>
<p>Lo dicho sobre el apartheid va para Nelson Mandela, quien en su autobiografía apunta: “Adquirí las obras completas de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tse-tung […] me sentí muy estimulado por el <i>Manifiesto Comunista, El Capital </i>me dejó exhausto. No obstante, me sentí fuertemente atraído por la idea de una sociedad sin clases, que a mi parecer era un concepto similar al de la cultura tradicional africana, en que la vida es comunal y compartida. Suscribía el dictado básico de Marx, que tiene la simplicidad y la generosidad de una regla de oro: ‘De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades’ […] Descubrí que los nacionalistas y los comunistas africanos tenían, en términos generales, muchas cosas en común”.</p>
<p>Los veintisiete años en prisión de Mandela no modificaron sus ideas básicas (lo cual surge en su autobiografía, ya liberado con motivo de su visita a París a François Mitterrand y su extremista mujer Danielle), aunque su obsesión seguía siendo finiquitar los vestigios de segregación aún vigentes, lo cual logró en pasos muy significativos durante su mandato, cuando mitigó su estatismo con algo de keynesianismo a raíz de sus conciliaciones para gobernar. Así, escribe que su plataforma electoral ponía en primer plano “el Programa para la Reconstrucción y Desarrollo, en que se exponía nuestro plan de creación de puestos de trabajo a través de las obras públicas”. Como es sabido, la obra pública “para la creación de puestos de trabajo” sólo reasigna factores de producción desde las áreas que reclama el mercado a las impuestas por burócratas, con lo que se consume capital y se reducen salarios.</p>
<p>Esa obsesión por integrar blancos y negros es indudablemente el mérito de Mandela, más allá de sus ideas en otros campos, por lo que fue muy merecido su premio Nobel de la Paz, nada menos que junto a Frederik de Klerk, con quien venía en negaciones desde hacía algún tiempo.</p>
<p>Por último, para cerrar esta nota reitero el tema de la raza, que, en gran medida, estaba presente en ambos bandos, enfrentados por el apartheid. Adolf Hitler y sus sicarios, después de sus descabelladas, embrolladas y reiteradas clasificaciones con la intención de distinguir “la raza” aria de la judía (sin perjuicio de su confusión con lo que es una religión), adoptaron la visión marxista y concluyeron que se trataba de “una cuestión mental”, mientras tatuaban y rapaban a sus víctimas para diferenciarlas de sus victimarios. A lo dicho cabe enfatizar que en todos los seres humanos hay sólo cuatro posibilidades de grupos sanguíneos y que las características físicas son el resultado de la ubicación geográfica.</p>
<p>Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford, ha escrito: “El término <i>raza</i> no tiene ningún significado”. En verdad, constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su obra más reciente (<i>The Journey of Man. A Genetic Odyssey</i>), todos provenimos de África y los rasgos físicos, como queda dicho, se fueron formando a través de las generaciones, según las características climatológicas en las que las personas han estado ubicadas, lo cual también ha sido expresado por Charles Darwin y Theodosius Dobzhansky.</p>
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		<title>Más sobre coyuntura y las ideas de fondo</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Apr 2016 09:37:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Parece una perogrullada insistir en el hecho de que para que se entiendan los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de una sociedad de hombres libres es indispensable trasmitir con claridad esas fundamentaciones, con todo el rigor que resulte posible, ya que el receptor es en general hospitalario y sensible a la argumentación y no a... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/04/16/mas-sobre-coyuntura-y-las-ideas-de-fondo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Parece una perogrullada insistir en el hecho de que para que se entiendan los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de una sociedad de hombres libres es indispensable trasmitir con claridad esas fundamentaciones, con todo el rigor que resulte posible, ya que el receptor es en general hospitalario y sensible a la argumentación y no a las simples afirmaciones.</p>
<p>Es por ello que es indispensable contar con espacios para elaborar sobre ideas de fondo. Esa es la manera de correr el eje del debate al efecto de abrir plafones para que el político pueda articular discursos compatibles con la sociedad abierta, dado que no puede proponer políticas que la opinión pública no entiende ni acepta.</p>
<p>Ahora bien, si nos dedicamos sólo a la coyuntura, nunca salimos del pantano. Más aún, con este procedimiento, cada vez la coyuntura se hace más negra, precisamente porque nadie se dedicó a explicar las ideas de fondo y se dejan terrenos abiertos para que el espíritu totalitario avance con sus ideas colectivistas.</p>
<p><b>Es cierto que a la gente en general le resulta más atractivo y más fácil leer sobre la coyuntura que bucear en ideas de fondo, pero, como queda dicho, es necesario hacer que las raíces de la libertad se exhiban en todas sus facetas</b>. Dedicarse exclusivamente a la coyuntura es poner el carro delante de los caballos, es ocuparse de los efectos sin prestar atención a las causas. Por ello es que con toda razón el marxista Antonio Gramsci ha reiterado: “Tomen la cultura y la educación y el resto se dará por añadidura”. La coyuntura es el resultado de las ideas de fondo que prevalecen para bien o para mal.<span id="more-1414"></span></p>
<p>No hay conflicto ni incompatibilidad entre ideas e intereses que en no pocas ocasiones se suelen presentar en conflicto. Los intereses son también ideas, por lo que debe prestarse especial atención a este campo. En la mayor parte de las acciones y las propuestas no hay maldad, sino buena voluntad y las mejores intenciones. El tema estriba en la idea que se encuentra tras las conductas, es decir, cómo se conciben los nexos causales correspondientes, en otros términos, cuál es la teoría que fundamenta tal o cual política. “Nada hay más práctico que una buena teoría”, ha dicho con mucha razón Paul Painlavé.</p>
<p><b>Todo lo que ha creado el hombre se basa en una teoría. Si el resultado es bueno, quiere decir que la teoría es correcta; si es malo, significa que la teoría es equivocada.</b> Esto va desde el método para sembrar y cosechar, la fabricación de una computadora hasta la plataforma de un partido político.</p>
<p>Ideas y teorías son conceptos que interpretan diversos sucesos. Como se ha apuntado tantas veces, no se trata para nada de “ideologías”, esa palabreja que en su acepción corriente significa propuestas cerradas e inexpugnables. Por el contrario, se trata de procesos abiertos, dado que el conocimiento tiene el carácter de la provisionalidad, sujeto a refutaciones y en un contexto siempre evolutivo.</p>
<p>Entonces, si la raíz del asunto estriba en las ideas, es allí donde debe concentrarse el trabajo: en debates abiertos y en el estudio desapasionado de diversas corrientes de pensamiento, ya que la cultura forma parte de un entramado de préstamos y donativos, de recibos y entregas múltiples que se alimentan entre sí y conforman una textura que no tiene término.</p>
<p>Sin embargo, se observa que la mayoría de quienes desean de buena fe terminar con la malaria, paradójicamente, se dedican a la coyuntura y a repetir lo que está en los diarios y que todo el mundo sabe. <b>Los que comentan coyunturas son espectadores pasivos de la agenda que determinan otros, los que se preocupan y ocupan de las ideas de fondo marcan su propia agenda.</b></p>
<p>El relato de la coyuntura no escarba en el fondo del asunto, se limita a mostrar lo que ocurre, lo cual ni siquiera puede interpretarse si no se dispone de un adecuado esqueleto conceptual. Más bien, es pertinente subrayar que la buena coyuntura se dará por añadidura si se comprende y comparte la teoría que permite corregir lo que haya que corregir.</p>
<p>Por parte de los que se dicen partidarios de la sociedad abierta hay un gran descuido de las faenas educativas, muy especialmente en lo que hace a la gente joven en ámbitos universitarios, que constituye el microclima del que parirá el futuro. En cambio, se dirigen a quienes al momento tienen posiciones de poder, sin percatarse de la futilidad de la tarea. Se dice que no hay tiempo que perder y que el trabajo estudiantil es a muy largo plazo, lo cual se viene repitiendo desde tiempo inmemorial. Por otra parte, los espíritus totalitarios operan con notable éxito en colegios y casas de estudio universitarias desde siempre, con lo que han logrado un plafón intelectual de enormes proporciones que naturalmente empuja a la articulación de un discurso político en sintonía con esa tendencia.</p>
<p>Está bien ilustrar la idea algunas veces con la coyuntura como anclaje para algún ejemplo, pero sin perder de vista que es aquella la que marca el rumbo y nada se gana con inundar de series estadísticas si no se tiene clara la teoría que subyace. Es que son pocos los que se circunscriben a los datos de coyuntura que conocen los fundamentos de la propia filosofía que dicen suscribir. Esto se percibe ni bien surgen en el debate temas de fondo de la tradición liberal.</p>
<p><b>La dedicación a la enseñanza es tanto más necesaria cuanto que los socialismos de diversas tonalidades apuntan a sentimientos de superficie y evitan hurgar en razonamientos que permiten vislumbrar las ventajas de la libertad</b>. En este mismo sentido, el premio Nobel en economía Friedrich Hayek nos advierte: “La economía es contraintuitiva” y el decimonónico Frédéric Bastiat insistía en que el buen analista hurga en “lo que se ve y lo que no se ve”, lo cual demanda esfuerzos adicionales.</p>
<p>Como la energía es limitada y los recursos disponibles también lo son, conviene establecer prioridades para enfrentar los crecientes desmanes de los Gobiernos, supuestos defensores de las autonomías individuales. <b>Correr tras las coyunturas es equivocar las prioridades, se requiere, como el pan de cada día, prestar debida atención al debate de ideas, ya que son estas precisamente las que generan tal o cual coyuntura.</b></p>
<p>Debe subrayarse que en el plano político se requiere el consenso y la negociación entre posturas diferentes al efecto de permitir la convivencia, pero lo que destacamos en esta nota es la imperiosa necesidad de esforzarse en<b> incentivar debates de ideas en la esperanza de que la comprensión de los beneficios de la libertad se hagan más patentes</b>, para lo que el enfrascarse en mediciones y estadísticas no contribuye al objetivo de marras.</p>
<p>Es clave comprender y compartir el esqueleto conceptual de la sociedad abierta, puesto que las estadísticas favorables son el resultado. Por el contrario, si se tratara de demostrar las ventajas de la libertad a puro rigor de estadísticas, ya hace mucho tiempo que se habría probado la superioridad del liberalismo. El asunto es que, en definitiva, con cifras no se prueba nada, las pruebas anteceden a las series estadísticas, el razonamiento adecuado es precisamente la base para interpretar correctamente las estadísticas. Es por eso que resulta tan esencial la educación y no perder el tiempo y consumir glándulas salivares y tinta con números que, desprovistos del esquema conceptual adecuado, son meras cifras arrojadas al vacío.</p>
<p>El oxígeno vital es la libertad. Si los debates se centran exclusivamente en las cifras, se está desviando la atención del verdadero eje y del aspecto medular de las relaciones sociales. Como bien ha escrito Wilhelm Röpke en <i>Más allá de la oferta y la demanda</i>: “La diferencia entre una sociedad abierta y una sociedad autoritaria no estriba en que en la primera haya más hamburguesas y refrigeradoras. Se trata de sistemas ético-institucionales opuestos. Si se pierde la brújula en el campo de la ética, además, entre otras muchas cosas, nos quedaremos sin hamburguesas y sin refrigeradoras”.</p>
<div>
<p>En otras palabras, correr tras la coyuntura es un certamen destinado al completo fracaso, puesto que los números serán cada vez peores, debido, precisamente, a que no se han comprendido las ideas que posibilitan la corrección de datos que constituyen la expresión de lo que ocurre. Comprendo que en la desesperación —porque la barranca abajo puede ser muy empinada— haya quienes se empeñan en batallar con cifras con la pretensión de que se entienda el desastre, pero, como queda dicho, es equivalente a correr tras la sombra de uno mismo con el sol a las espaldas que nunca se alcanza, hasta que en nuestro caso se decida “tomar el toro por las astas” y encarar el problema de fondo, aclarar las ideas que subyacen en los datos de coyuntura.</p>
<p>Sin duda que los diarios y sus equivalentes se alimentan de noticias, es decir, de coyuntura, puesto que de eso se trata y las columnas de opinión en gran medida se focalizan en torno a ese material, lo cual no excluye que una proporción de esas columnas inviten a los lectores al ejercicio de pensar y abrir cauce con ideas de fondo al efecto de asegurar un futuro más despejado rumbo a la sociedad libre, lo cual tiene lugar en los medios de mayor peso, ya que son conscientes de que no puede comenzarse por el final.</p>
</div>
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		<title>Entre Ingmar Bergman y Calígula</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Apr 2016 10:31:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La infancia de cada cual marca la vida, la influye grandemente, no la determina, puesto que la persona siempre debe tener presente que el segundero del reloj pasa rápido y que es su responsabilidad qué hace con su yo. No es conducente pasar el tiempo despotricando contra el padre que no le prestó la bicicleta... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/04/09/entre-ingmar-bergman-y-caligula/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La infancia de cada cual marca la vida, la influye grandemente, no la determina, puesto que la persona siempre debe tener presente que el segundero del reloj pasa rápido y que es su responsabilidad qué hace con su yo. No es conducente pasar el tiempo despotricando contra el padre que no le prestó la bicicleta o incluso temas mucho peores que pueden haber ocurrido. Es imprescindible arremangarse y encaminarse con decisión hacia metas de excelencia; los pretextos y las excusas no valen como escudo para no lograr lo que se debe.</p>
<p>Ingmar Bergman tuvo una infancia por cierto difícil, llena de nubarrones y tormentas. Su autobiografía se titula <i>Linterna mágica,</i> que tiene un sentido figurado, que es el cine y uno literal, que consiste en que cuando era frecuentemente castigado físicamente por su padre, a quien “terminada la tanda de azotes había que besar su mano” y luego encerrado en un ropero a oscuras durante largo tiempo, llevaba consigo de contrabando una linterna que al prenderla se imaginaba una producción cinematográfica.</p>
<p>Desde que nació, en julio de 1918, tuvo enfermedades y achaques de salud varios hasta su muerte en 2007. Inmediatamente después del parto, los médicos consideraban que no sobreviviría: “Era como si no acababa de decidirme a vivir”, escribe Bergman. Transcurrió su niñez acosado por su padre —pastor protestante—, con la noción truculenta de autoridad absoluta, pecado, castigo y misericordia, a pesar de lo cual asistió a discusiones de tono y contenido muy elevado entre sus padres; incluso en una oportunidad vio cómo el padre le pegaba a su madre.<span id="more-1407"></span></p>
<p>Según Bergman, “este hecho contribuyó posiblemente a nuestra pasiva aceptación del nazismo. Nunca habíamos oído hablar de libertad y no teníamos ni la más remota idea de a qué sabía. En un sistema jerárquico, todas las puertas estaban cerradas”. Sin duda que sin llegar a estos extremos inauditos, está presente la idea totalitaria en muchas familias. <b>Los comandos dirigidos a los hijos para hacer lo que digan los padres sin discutir no sólo afectan gravemente la autoestima de la prole, sino que dan por tierra con elementales procedimientos de la función educativa, de amistad y comprensión</b>. La conversación, la persuasión y el intercambio de ideas entre padres e hijos resultan esenciales para la formación de almas bajo su responsabilidad.</p>
<p>En el caso que nos ocupa, no solamente puede hablarse de “la aceptación pasiva del nazismo”, sino que en otro momento de su juventud Bergman relata que en una visita al territorio alemán terminó haciendo el saludo nazi en un clima festivo en ocasión de un discurso de Adolf Hitler —el consabido asesino serial— y constató: “Los domingos la familia iba a misa solemne. El sermón del pastor era sorprendente. No hablaba con base en los evangelios sino en el <i>Mein Kampf</i> ”. El día del discurso de Hitler “las campanas replicaban, tanto las severamente protestantes como las jubilosamente católicas” y “en la ópera se anunciaba la obra de Richard Wagner, <i>Rienzi, </i>en función de gala seguida de fuegos artificiales”. Bergman declara: “Mi hermano fue uno de los fundadores y organizadores del partido nacionalsocialista sueco, mi padre votó varias veces por los nacionalsocialistas”.</p>
<p>A esta altura es pertinente refutar con el mayor énfasis aquello que muchas veces se sostiene en cuanto a que sorprende el hecho de que un pueblo “bien educado” haya dado su apoyo a semejante movimiento criminal. Pues esto de la supuesta buena educación no es cierto, resulta de la mayor importancia constatar la gran difusión en colegios y universidades alemanas de los textos de autores que ponen de manifiesto su espíritu totalitario tales como Johann Herder, Johann Fichte, Friedrich Hegel, Friedrich Schelling, Gustav von Schmoller, Werner Sombart y Friedrich List.</p>
<p>Después de transcurrido un tiempo, Bergman escribe, también en la antedicha autobiografía, una muy dolorosa confesión: “Cuando los testimonios de los campos de concentración se abatieron sobre mí, mi entendimiento no fue capaz, en un primer momento, de aceptar lo que veían mis ojos. Al igual que muchos otros, yo decía que las fotos estaban trucadas, que eran infundios propagandísticos. Al vencer, finalmente, la verdad a mi resistencia, fui presa de la desesperación y el desprecio de mí mismo, que era ya una carga grave, se acentuó hasta rebasar el límite de lo soportable”.</p>
<p>Más adelante nuestro personaje se topó con partidarios de Mao Tse Tung y consignó: “El fanatismo que recordaba de mi infancia: el mismo pozo emocional, sólo que eran diferentes las banderas. En lugar de aire puro nos dieron deformación, sectarismo, ansiosas complacencias y abuso de poder”.</p>
<p>De más está decir que en su <i>Linterna mágica </i>le dedica gran espacio a su profesión como director de cine y de teatro, con lujo de detalles en aspectos técnicos y no técnicos referidos a agudas observaciones de los respectivos procesos de elaboración y de ejecución, al tiempo que se detiene en observaciones también de gran calado sobre los modos y las personalidades de los actores y las actrices que trabajaron con él.</p>
<p>Asimismo, dedica largos tramos a exhibir su vida bastante disipada, con intentos de suicido y periódicamente su adicción al alcohol, incluyendo la borrachera. Las biografías sobre Bergman son múltiples, tal vez las más conocidas sean las de Jacques Mandelbaum, Vernon Young, Jesse Kalin, Roger Oliver y, en coautoría, Maaret Koskinen y Liv Ullmann. Todos se sorprenden de la maestría, el rigor y la asombrosa producción de este célebre director y guionista magistral quien traspasó todas las fronteras y los ámbitos artísticos.</p>
<p>Como es sabido, en estos menesteres el manejo del tiempo en los escritos puede ser lineal, circular y estanco, o a saltos para adelante y para atrás. Este último procedimiento es el que usa Bergman en el relato de sus memorias.</p>
<p>En estas pocas consideraciones no es la intención calibrar su trabajo profesional, que además el que estas líneas escribe no está en condiciones de juzgar a pesar de haber gozado con algunas de sus producciones cinematográficas desde el punto de vista estético de las tomas, las presentaciones y los jugosos diálogos, algunos de cuyos mensajes comparto y otros no, como entiendo que será el caso de todos sus espectadores.</p>
<p>Según algunos de sus biógrafos,<b> su presentación de <i>Calígula</i> en las tablas<i> —</i>que Albert Camus había escrito en 1945 para teatro en cuatro actos— influyó grandemente en su percepción de los megalómanos que pretenden dirigir vidas y haciendas ajenas</b>.</p>
<p>Como se recordará, Calígula (12-41 d. C.) era hijo adoptivo de Tiberio y como emperador mostró su desprecio a cualquier vestigio de institución republicana; gobernó con gran crueldad en medio de agudas crisis económicas y morales; entre otras, amante de su hermana, por lo que convirtió su palacio en un burdel, al tiempo que se vestía con ropajes de Júpiter y se hacía venerar como dios y, hacia el final de su gestión gubernamental, propuso a su caballo como cónsul.</p>
<p>Entre profesionales de la historia hay quienes lo catalogan como enfermo mental, tal como se ha hecho con muchos otros dictadores, lo cual significa que no serían imputables, en lugar de aceptar la maldad y, como explica Thomas Szasz, la patología enseña que la enfermedad significa la lesión de órganos, células o tejidos y no la de ideas dañinas (lo cual no excluye problemas químicos en el cerebro, cosa que con las herramientas disponibles en el momento no ha sido probada en el caso que comentamos, al contrario, mucho se ha escrito sobre la perversión y la malicia del sujeto de marras).</p>
<p>En la obra de Camus, el tirano Calígula, al igual que otros de su estirpe, manifiesta: “Yo poseo la verdad. Y precisamente poseo los medios para que la gente viva la verdad”. Con mucha más sinceridad que otros de su calaña, a continuación subraya: “Todas las personas del Imperio que dispongan de alguna fortuna —pequeña o grande, eso da igual— deberán obligatoriamente desheredar a sus hijos y hacer testamento ahora mismo a favor del Estado […] no es más inmoral robar directamente que gravar con impuestos […] Gobernar y robar son la misma cosa, eso es del domino público. Pero cada uno lo hace a su manera. Yo, por mi parte, pienso robar sin tapujos”.</p>
<p>Más adelante, Camus le hace decir a su personaje, también al efecto de descubrir su modo de ser y pensar (lo cual en lo que sigue es hoy un lugar común de todos los populismos): “Quiero concederle a este siglo la igualdad”, que puesto en contexto no necesita recalcarse que no se trata del respeto al derecho de cada uno sino de la guillotina horizontal referida a los patrimonios. Termina la perorata el sátrapa afirmando: “Me resulta fácil matar porque no me resulta difícil morir. No, cuanto más lo pienso, más convencido estoy de que no soy un tirano”.</p>
<p>En esta línea argumental es del caso puntualizar que <b>cuando se habla de violencia, no debe circunscribirse al robo callejero de delincuentes comunes, sino principalmente a la ejercida desde el poder político</b>, desde el gobierno, que teóricamente está encargado de velar por los derechos de todos y, sin embargo, aplica la fuerza no de carácter defensivo sino de carácter ofensivo. En nombre de una supuesta solidaridad (la violencia nunca puede ser solidaria), usa la fuerza o la amenaza de la fuerza bruta al recurrir al aparato estatal para inmiscuirse en casi todos los aspectos de la vida de los gobernados.</p>
<p>Se apodera del fruto del trabajo de la gente para redistribuir ingresos que al malasignar los siempre escasos factores productivos empobrece, recursos que son distribuidos pacífica y voluntariamente en el supermercado y afines; cobra impuestos siderales; se endeuda a escala astronómica; deteriora la moneda y expropia recursos para atender las llamadas empresas estatales; controla precios; establece aranceles aduaneros; deteriora el mercado laboral; establece parques de diversiones y demás dislates que nada tienen que ver con los preceptos republicanos y la consiguiente severa limitación al poder de toda la tradición constitucional desde la Carta Magna de 1215. Y lo tragicómico del asunto es que hay quienes aplauden todo esto pensando que los recursos vienen de una tienda misteriosa, sin entender que son ellos mismos lo que financian todo, especialmente los más pobres, que al disminuirse las tasas de capitalización se contraen sus salarios.</p>
<p>La experiencia de un aspecto en la vida de Bergman nos debe servir para llevar a las últimas consecuencias la alerta sobre los horrores del totalitarismo y, sobre todo, para <b>no aceptar avances del aparato estatal en nuestras vidas al efecto de frenar a tiempo el estrangulamiento que produce el Leviatán</b>.</p>
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		<title>Tensión entre lo que es y el deber ser</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Apr 2016 09:39:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ética]]></category>
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		<description><![CDATA[Cualquier situación que ocurra (cualquier es) inexorablemente tiene como meta el respeto recíproco como el debe ser, con exclusión de quienes se dirigen a la falta de respeto al prójimo en provecho propio, en otras palabras, los espíritus totalitarios. Pero en lo que podemos denominar una sociedad civilizada, es decir, en el único modo de... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/04/02/tension-entre-lo-que-ser-y-el-deber-ser/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cualquier situación que ocurra (cualquier <i>es</i>) inexorablemente tiene como meta el respeto recíproco como el <i>debe</i> <i>ser</i>, con exclusión de quienes se dirigen a la falta de respeto al prójimo en provecho propio, en otras palabras, los espíritus totalitarios. Pero en lo que podemos denominar una sociedad civilizada, es decir, en el único modo de contar con armonía de intereses, como queda expresado, <b>el deber ser consiste en el respeto recíproco a los proyectos de vida de todos, cualesquiera sean estos.</b></p>
<p>Todos los seres humanos tienen como meta pasar de una situación menos favorable (es) a una que les proporcione mayor satisfacción (debe ser). En este contexto, el <i>es </i>constituye el medio para el logro del objetivo, el <i>debe ser</i>; es por ello que la ética no constituye mera decoración, sino algo eminentemente práctico y de gran utilidad para la realización de las potencialidades de cada cual en busca del bien. Todos cometemos faltas, nadie puede tirar la primera piedra, de lo que se trata es de distinguir entre el pantano y la huella para no idealizar al pantano y realizar esfuerzos al efecto de retomar la huella.</p>
<p>Viene ahora un interrogante de la mayor importancia: ¿cómo proceder en la vida diaria frente a las más variadas circunstancias? Muchas veces hemos escuchado que si bien se está de acuerdo en que las cosas deberían ser de tal o cual manera, dado que son de otra, para seguir viviendo no hay más remedio que actuar de forma distinta y amoldarse.<span id="more-1399"></span></p>
<p>Por ejemplo, imaginemos que uno de los asesinos seriales de la SS en la Alemania hitleriana irrumpe en el domicilio de alguien en busca del hijo del dueño de casa y para contrarrestar semejante barrabasada el padre soborna al oficial de marras para salvar a su hijo. El padre sabe que está enriqueciendo a un criminal, sin embargo, estima que se ve obligado a proceder de aquella manera. Este ejemplo extremo ocurre de modo muy atenuado de forma cotidiana con gobiernos autoritarios de muy diversas corrientes. Esto alegan empresarios que dicen estar embretados por el poder de turno a riesgo de perder sus empresas y muchas otras situaciones de quienes se ven envueltos en trámites burocráticos muy variados.</p>
<p>Sin duda que hay un límite al desvarío, pero la encrucijada existe y hay conductas ejemplares que no admiten ninguna acción contraria a valores esenciales y, por ende, renuncian a lo más preciado con tal de mantener principios, pero el común de los mortales se ve compelido a entrar por la variante para seguir viviendo. Empresarios que declaran que se ven obligados a acceder a los caprichos del mandamás del momento, aunque vean claramente la distancia entre lo que aceptan ser y el deber ser, y así con tantos casos equivalentes.</p>
<p><b>Si los límites se sobrepasan, aceptando algo que es absolutamente incompatible con el deber ser “para seguir viviendo y estar en sintonía con la tendencia dominante de la actualidad”, no es justo involucrar a otras personas</b>. Como cuando se acepta la incorporación a socios impresentables a un club que disgustan a otros miembros. Ilustra otras situaciones similares que comprometen a terceros el caso de quienes apoyan el razonamiento anacrónico de sindicalistas que pretenden bloquear la competencia al oponerse a Uber, que, en diversas ciudades, presta servicios de transporte atractivos en calidad y precio. Es como si hubiera que eliminar las refrigeradoras para volver al hombre de la barra de hielo.</p>
<p>No es del caso juzgar ahora las diversas conductas, pero lo que sí debe remarcarse es que todos los seres humanos deben contribuir de un modo u otro para que prevalezca el respeto recíproco. De lo contrario, cualquiera sea la actividad de cada cual, indefectiblemente todo perecerá. Los que proceden con base en la componenda por lo menos deben contribuir con un reaseguro destinando tiempo, dinero o las dos cosas al efecto de cubrir la retirada, puesto que si sólo se la pasan justificando la necesidad de ceder en principios, deben saber que consolidan la barranca abajo y que si pretenden vivir a costa del esfuerzo de terceros para mantener vestigios de la sociedad abierta (<i>free</i>-<i>riders</i>), su final ni siquiera será mudarse de país, sino el mar con los tiburones.</p>
<p>Por supuesto que <strong>en esta instancia del proceso de evolución cultural no nos estamos refiriendo a los políticos, que, como tales, necesariamente abandonan lo que <i>debe</i> <i>ser</i> para amoldarse a lo que <i>es</i>, en otros términos, a lo que la opinión pública puede al momento digerir, si es que desean continuar en la tribuna política</strong>. Cuando despotrican en sus discursos ponen énfasis desmedido, generalmente en voz muy alta, en los supuestos principios que defenderán a capa y espada, pero la verdad es que su profesión consiste en ceder, componer y conciliar. El que se cree el discurso, cuando reclama airadamente y con gran desilusión de su candidato, le replica con toda naturalidad: “¿Y qué quiere? Se trata de un político”.</p>
<p>En este contexto, siempre debe haber personas que actúen desde afuera para señalar con rigor el camino que conduce al irrestricto respeto recíproco, sin componendas de ninguna naturaleza. Sólo así —y no con los aplaudidores y serviles de siempre— es posible abrigar alguna esperanza de vivir en una sociedad civilizada.</p>
<p>Hay todavía otro canal que pretende debilitar las obligaciones morales, no para actuar en dirección a lo que otros demandan, sino en puro beneficio propio, ya que el bien hace bien. Ese canal es el que pretende confrontar las emociones con la razón por medio de lo cual se justifican acciones u omisiones que van a contracorriente de principios éticos.</p>
<p>En este sentido, Nathaniel Branden explica en <i>The Psychology of Self-Esteem </i>que las emociones provienen de evaluaciones conscientes y subconscientes sobre la conveniencia o la inconveniencia de ciertos procederes. Más aun, sostiene que las subconscientes son producto de lo que alguna vez fue consciente respecto de los valores o los desvalores de cada uno. En otros términos, <b>no hay incompatibilidad entre emociones y razón, no se trata de conceptos mutuamente excluyentes, sino de fenómenos complementarios</b>: uno quiere o desea tal o cual cosa, porque primero estimó más o menos detenidamente que el objeto deseado o querido le conviene, le agrada, lo satisface (de lo cual no se desprende que el sujeto actuante necesariamente acierte en sus conjeturas).</p>
<p>En esta línea argumental, tengo muy presente un pensamiento de Viktor E. Frankl enmarcado en mi biblioteca y bordado por mi hija Marieta: “Never let the <i>is </i>cach up with the <i>oughts</i>”, lo cual considero que es el secreto de la vida, puesto que empuja a tener siempre proyectos que una vez alcanzados deben inmediatamente renovarse y sustituirse por otros, ya que <b>si uno queda satisfecho con el logro de un proyecto sin contar con otros nuevos, se termina la vida propiamente dicha.</b></p>
<p>La moral alude a lo prescriptivo, mientras otras ramas del conocimiento se refieren a lo descriptivo. El primer campo apunta a lo normativo, mientras que los segundos centran su atención en lo positivo. Dicho sea al pasar, esto último para nada significa adherir al positivismo, la tradición de pensamiento que sostiene que solamente lo verificable empíricamente puede considerarse verdadero o falso. Pero, por un lado, como ha señalado Morris Cohen en <i>Introducción a la lógica</i>, la antedicha proposición no es verificable y, por otro, como ha destacado Karl Popper en <i>Conjeturas y refutaciones</i>, nada en la ciencia es verificable, sólo es posible la corroboración provisoria sujeta a refutación.</p>
<p>Hay autores que mantienen que ninguna acumulación de experiencias (sumatoria de <i>es</i>) puede conducir lógicamente a lo que <i>debe</i> <i>ser</i> (el caso de David Hume, que, aunque atenuado su alcance por Alasdair MacIntyre, es bien refutado por John Searle), lo cual constituye un error de apreciación, puesto que en todos los casos se infiere una cosa de la otra. Si deseo (lo que considero debería ser) convertirme en un abogado, tengo que estudiar derecho (es); lo primero es la meta, lo segundo es el medio para el logro de aquel objetivo. Si prometí pagar cierta suma, de allí se desprende el deber ser (cumplir con la palabra empeñada). En definitiva, todos nuestros actos presentes (los <i>es</i>) están dirigidos a lo que debe ser.</p>
<p>Este razonamiento desde luego incluye <i>lato sensu </i>acciones que lesionan derechos de terceros o hacen daño al mismo sujeto actuante, pero en un sentido ético más preciso y restringido, tal como apuntamos antes, el deber ser se refiere a conductas de respeto al prójimo.</p>
<p>Finalmente, dos pensamientos de José Ortega y Gasset, uno referido a lo que decíamos sobre la pretensión de los <i>free-riders </i>(“garroneros”, según un argentinismo) y el otro sobre la trascendencia de hacer valer el individualismo, que es a lo que aspira la sociedad abierta. En el primer caso, escribe en <i>El espectador</i>: “Si usted quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización, pero no se preocupa por sostener la civilización, se ha fastidado usted. En un dos por tres se queda usted sin civilización. Un descuido y cuando mira a su derredor todo se ha volatilizado”. Por ello es de tanta importancia preocuparse y ocuparse de trabajar por la libertad, que es el oxígeno de la vida civilizada, pero apartarse de los timoratos y estrechar filas con los honestos intelectuales (es muy gráfica la condena de la Biblia a los tibios).</p>
<p>El segundo pensamiento pertenece a <i>La rebelión de las masas</i>: “Ahora, por lo visto, vuelven muchos hombres a sentir nostalgia del rebaño. Se entregan con pasión a lo que en ellos había aún de ovejas. Quieren marchar por la vida bien juntos, en ruta colectiva, lana contra lana y la cabeza caída. Por eso, en muchos pueblos […] andan buscando un pastor y un mastín. El odio al liberalismo no procede de otra fuente. Porque el liberalismo, antes que una cuestión de más o menos en política, es una idea radical sobre la vida: es creer que cada ser humano debe quedar franco para henchir su individual e intransferible destino”.</p>
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