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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; Albert Einstein</title>
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		<title>La contracara del sueño americano</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Aug 2015 09:33:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>No basta con los desastres que ha provocado Bush II ni los estropicios de Barack Obama respecto a los derechos individuales; ahora irrumpe en la escena política Donald Trump, el exitoso agente inmobiliario que por esa razón cree que puede llevarse al mundo por delante con sus propuestas fascistas de gran repercusión en el público estadounidense.</p>
<p>En su discurso de cincuenta minutos de junio último desde el Trump Tower en Manhattan el personaje de marras lanzó parte de su campaña presidencial que por el momento, según las encuestas (frecuentemente sujetas a gruesos errores), lidera las preferencias en círculos republicanos.</p>
<p>Sus aseveraciones resultan por cierto inquietantes para cualquier persona mínimamente inclinada a los postulados de la sociedad abierta. Desafortunadamente, <b>está en línea con los resurgimientos de los nefastos nacionalismos europeos de estos tiempos</b>.</p>
<p>La emprendió contra la inmigración, especialmente contra los mexicanos, a quienes tildó de traficantes de drogas, violadores y criminales, al tiempo que aseguró que construirá un muro muy alto que hará financiar a los propios mexicanos.<span id="more-996"></span></p>
<p>No recuerda que él mismo desciende de inmigrantes y que la tradición estadounidense se basó en la generosidad de recibir extranjeros con los brazos abiertos, tal como se lee al pie de la Estatua de la Libertad en las conmovedoras palabras de Emma Lazarus y no tiene presente que, tal como lo demuestran sobradas estadísticas y sesudas consideraciones sobre el tema, en general los inmigrantes tienen un gran deseo de trabajar y muestran gran empeño en sus destinos laborales (muchas veces hacen faenas que los nativos rechazan), son disciplinados y tienen gran flexibilidad para ubicarse en muy distintas regiones y sus hijos (pocos habitualmente) revelan altos rendimientos en los centros de educación.</p>
<p>Es que <b>fascistas como Trump no tienen en cuenta que las fronteras solo tienen sentido para fraccionar el poder y carece por completo de sentido clasificar la competencia de las personas según dónde hayan nacido</b> y que todos deberían tener el derecho de trabajar donde sean contratados, libremente, sin restricción alguna. En verdad, el término moderno de “inmigración ilegal” constituye un insulto a la inteligencia. Solo deben ser bloqueados los delincuentes, pero no dirigidos a inmigrantes (si fuera el caso), ya que los hay también entre los locales de cualquier país.</p>
<p>Por otro lado, el impedir que ingresen inmigrantes debido a que pueden recurrir al lamentable Estado benefactor (una contradicción, porque la violencia no puede hacer benevolencia) y, por ende, acentuar los problemas fiscales del país receptor, constituye un argumento pueril, ya que esto se resuelve prohibiéndoles el uso de esos servicios, al tiempo que no se les requeriría aporte alguno para solventarlos, es decir, serían personas libres.</p>
<p>El clima de xenofobia que producen posiciones como las de Donald Trump se sustenta en una pésima concepción del significado de la cultura, puesto que mantiene que los de afuera contaminan la local. La cultura precisamente se forma de un constante proceso de entregas y recibos en cuanto a la lectura, la música, las vestimentas, la arquitectura y demás manifestaciones de la producción humana.</p>
<p>Además, la cultura es un concepto multidimensional: en una misma persona hay muy diversas manifestaciones y en la misma persona es cambiante (no es la misma estructura cultural la que tenemos hoy respecto a la que fue ayer).</p>
<p>También las declaraciones de este candidato presidencial adolecen de los basamentos del significado del mercado laboral. A pesar de la soberbia y la arrogancia que ponen de manifiesto sus declaraciones: cree que al ser empresario conoce bien el andamiaje económico (sucede lo mismo con banqueros que no tienen idea qué es el dinero o con profesionales del marketing que no saben qué es el mercado). No comprende que en un mercado abierto nunca existe desocupación involuntaria, la cual se produce debido a la intervención de los aparatos estatales en la estructura salarial y que las innovaciones tecnológicas y el librecambio liberan recursos humanos y materiales para que se asignen en nuevos proyectos.</p>
<p>En este sentido, Trump afirma que hay que librar batallas comerciales contra los chinos y los japoneses (en este último caso se queja de modo muy agresivo, al observar que no hay automóviles de fabricación estadounidense en Tokio y sandeces por el estilo que contradicen las más elementales razones económicas).</p>
<p>Con la petulancia que caracteriza a este mandamás de la construcción, sugiere que lo dejen a él construir carreteras y puentes y cuando aborda el tema de la llamada seguridad social, también desvaría, puesto que en lugar de modificar el sistema de reparto actuarialmente quebrado, dice que él pondrá la suficiente cantidad de dinero para eliminar los problemas que aquejan estas políticas y lo mismo hará con las políticas de salud.</p>
<p>Por último, destacó en sus declaraciones su intención de activar aun más el rol de los militares en acciones bélicas en el resto del mundo.</p>
<p>Es que se reitera la falacia de la indebida extrapolación: porque sea un buen operador de la construcción no significa que sepa de otras áreas, del mismo modo que cuando surge un buen deportista del fútbol y se le pide que opine de otros campos en los que no tiene el menor conocimiento. Albert Einstein consignaba: “Todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”.</p>
<p>Hasta aquí los comentarios de Trump que preocupan tanto a personas responsables como el tres veces candidato a la presidencia estadounidense Ron Paul -lo considera un hombre “sumamente peligroso”- y a otros candidatos en la carrera presidencial como Marco Rubio y Ted Cruz. Asimismo afortunadamente hay muchos colegas empresarios que enfáticamente expresan su disconformidad con las bravuconadas de este comerciante millonario y el actual gobernador de Texas lo definió como “una mezcla tóxica de demagogia, mezquindad y absurdo”. Incluso Bill de Blasio, el alcalde de New York, acaba de anunciar que la ciudad no hará más negocios con su empresa de emprendimientos inmobiliarios.</p>
<p>Vale la pena ahora detenerse unos instantes en el significado del <i>american way of life</i> al efecto de protegerse -por contraste- de sujetos como el mencionado en esta nota periodística. Reproducción de pensamientos clave de figuras destacadas de Estados Unidos aclararán el punto sin necesidad de comentarios adicionales, pero que son para leer con especial atención.</p>
<p>James Wilson, uno de los firmantes de la <i>Declaración de la Independencia</i>, redactor del primer borrador de la <i>Constitución</i> y profesor de derecho en la Universidad de Pennsylvania, escribió: “En mi modesta opinión, el Gobierno se debe establecer para asegurar y extender el ejercicio de los derechos naturales de los miembros y todo Gobierno que no tiene eso en la mira como objeto principal no es un Gobierno legítimo” (“Of The Natural Rights of Individuales”, <i>The Works of James Wilson, </i>J. D. Andrews, ed., 1790/1896).</p>
<p>Thomas Jefferson, por su parte, aseveró: se necesita “un Gobierno frugal que restrinja a los hombres que se lesionen unos a otros y que, por lo demás, los deje libres para regular sus propios objetivos” (<i>The Life and Selected Writings of Thomas Jefferson,</i> A. Koch &amp; W. Penden, eds., 1774-1826/1944).</p>
<p>El general George Washington afirmó: “Mi ardiente deseo es, y siempre ha sido, cumplir con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a los Estados Unidos fuera de todo conexión política con otros países” (<i>A</i> <i>Letter</i> <i>to</i> <i>Patrick</i> <i>Henry</i> <i>and</i> <i>Other</i> <i>Writings</i>, R. J. Rowding, ed., 1795/1954). En el mismo sentido, John Quincy Adams explicó: “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia para todos. Es el campeón de las suyas. Recomienda esa causa general por el contenido de su voz y por la simpatía benigna de su ejemplo. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya, aun tratándose de la causa de la independencia extranjera, se involucrará más allá de la posibilidad de salir de problemas, en todas las guerras de intrigas e intereses, de la codicia individual, de la envidia y de la ambición que asume y usurpa los ideales de libertad. Podrá se la directriz del mundo, pero no será más la directriz de su propio espíritu” (<i>An Address Delivered On the Fourth of July</i>, 1821).</p>
<p>James Madison ha consignado: “El Gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Este es el fin del Gobierno, solo un Gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo” (“Property”, <i>James Madison: Writings</i>, J. Rakove, ed., 1792/1999).</p>
<p>Y respecto al proceso electoral se pronunció en primer lugar Jefferson al advertir: “Un despotismo electo no fue el Gobierno por el que luchamos” (<i>Notes on Virginia</i>, 1782), lo cual ha sido reiterado en diversas oportunidades y tiempos. Por ejemplo, Samuel Chase, juez de la Corte Suprema de Justicia, en uno de sus fallos puntualizó: “Hay ciertos principios vitales en nuestros Gobierno republicanos libres que determinan y prevalecen sobre un evidente y flagrante abuso del poder legislativo, como lo es autorizar una injusticia manifiesta mediante el derecho positivo, o quitar seguridad a la libertad personal, o a los bienes privados, para cuya protección se estableció el Gobierno. Un acto de la legislatura (ya que no puedo llamarla ley) contrario a los grandes principios […] no puede considerarse ejercicio legítimo de autoridad legislativa” (1798, Calder v. Bull) .Contemporáneamente también en un fallo de la Corte Suprema de Justicia se lee: “Nuestros derechos a la vida, a la libertad de culto y de reunión y otros derechos fundamentales no pueden subordinarse al voto, no dependen del resultado de ninguna elección” (1943, 319 US, 624).</p>
<p>Evidentemente, un cuadro de situación muy diferente a lo que viene ocurriendo en <b>Estados Unidos, donde las regulaciones atropellan derechos de las personas</b>, donde se decretan <i>bailouts</i> a empresarios irresponsables a costa de trabajadores que no cuentan con poder de <i>lobby</i>, donde la deuda gubernamental excede el cien por ciento del producto, donde el gasto público es sideral y, sobre todo, <b>donde el Ejecutivo se ha convertido en una especie de gerente intruso que usurpa poderes en lugar de circunscribirse a la faena de guardián de derechos,</b> a saber, las funciones específicas establecidas por una sociedad abierta que respeta antes que nada las autonomías individuales, tal como estipularon los padres fundadores de esa gran nación que hoy se está latinoamericanizando a pasos agigantados.</p>
<p>Leonard E. Read -el fundador en 1946 y primer presidente de la Foundation for Economic Education de New York- apuntó: “Hay sin embargo razones para lamentar que nosotros en América [del Norte] hayamos adoptado la palabra <i>gobierno</i>. Hemos recurrido a una palabra antigua con todas las connotaciones que tiene el gobernar, el mandar en un sentido amplio. El Gobierno con la intención de dirigir, controlar y guiar no es lo que realmente pretendimos. No pretendimos que nuestra institución de defensa común debiera gobernar, del mismo modo que no se pretende que el guardián de una fábrica actúe como el gerente general de la empresa” (<i>Government: An Ideal Concept</i>, 1954).</p>
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		<title>Dios, la psique y el libre albedrío</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jul 2015 10:54:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Nos parece que la religión no es un asunto de los domingos, es mostrar interés por de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos. No es un asunto menor. Los hijos adoptados en algún momento muestran curiosidad por saber quiénes son sus padres biológicos, ¿cómo no vamos a estar interesados el resto de los mortales (y ellos también) en saber acerca de un origen más profundo y primero?</p>
<p>Es inexorable el principio, de lo contrario, si las causas que nos dieron origen irían en regresión <i>ad infinitum</i>, literalmente nunca hubieran comenzado las causas que nos permiten estar donde estamos hoy. Llamar a la primera causa Dios, Yahveh, Alá o lo que fuere no resulta relevante. Lo importante es la idea necesaria de la primera causa, no como la contradictoria noción panteísta, sino como agente fuera de la naturaleza. Tampoco es cuestión de pensar que se debe ser religioso; ya bastantes trifulcas, torturas, inquisiciones y matanzas han habido en nombre de Dios, la misericordia y la bondad como para insinuar obligaciones que no son tales. Solamente pensamos que se la pierden los que deciden cerrar los ojos sobre la pesquisa de marras.<span id="more-967"></span></p>
<p>No solo eso, sino que la noción arrogante y absurda que nos fabricamos a nosotros mismos (lo cual sabemos que no es así) o que todo ocurrió por casualidad no se condice con la realidad en cuanto a que la casualidad no existe, es siempre causalidad. Incluso en los llamados juegos de azar, por ejemplo, los dados responden a causas referidas a la velocidad con que se arrojan, el roce con el paño, el peso de los dados mismos, etc. Cuando decimos que “por casualidad” nos encontramos con fulano o mengano, es porque nos sorprendió el encuentro, pero fue el resultado de nexos causales. Además, aceptando lo inaceptable, hay que preguntarse de dónde surgió la posibilidad de la llamada casualidad. Por otra parte, sostener la hipótesis de que todo siempre estaba es otro modo de pronunciarse sobre la concatenación de causas en regresión infinita con las consecuencias anteriormente señaladas (en ese supuesto no podría estar escribiendo lo que escribo en este instante). El <i>Big Bang</i> es una posibilidad cierta, pero se trata de lo contingente (puede estar o no estar), a lo que nos referimos es al ser necesario.</p>
<p>La humildad de pronunciarse en el sentido de que no somos el ombligo del universo, sino que hay instancias que nos superan es una actitud compatible con el espíritu liberal de modestia, en contraposición a la presunción del conocimiento y la correspondiente soberbia. La <i>religatio</i>, es decir, la relación con Dios, se traduce en lo conocemos como el rezo (que no necesitan ser los sugeridos por otros), que es la forma que tenemos los humanos de darnos fuerza para encarar los problemas por los que atravesamos. Y no es que Dios hace o deshace cuando se le pide, ya que esto estaría en contradicción con el ser perfecto, porque filosóficamente el movimiento, es decir, el paso de potencia al acto es incompatible con el acto puro, lo contrario revelaría que le faltaría algo. Las fortalezas, cuando las hay, se han llevado a cabo en el momento uno (el comienzo del tiempo), ya que Dios conoce de antemano los problemas.</p>
<p>Esto último, el destino conocido por el ser perfecto, no es obstáculo para que tenga lugar el libre albedrío, que es el eje central de la condición humana (Santo Tomás de Aquino explica el punto con el ejemplo de una persona que ve desde lo alto de una montaña a varios alpinistas que sin saberlo se encaminan al despeñadero sin que por ello se afecte su libertad). Si no fuéramos seres libres, no habría tal cosa como argumentación, racionalidad, ideas autogeneradas, responsabilidad individual, moral ni, desde luego, libertad. Seríamos loros, loros complejos, pero loros al fin, por lo que ni siquiera podría “demostrarse” ni “saberse” sobre el determinismo físico (o materialismo filosófico), ya que lo racional, en este supuesto, está ausente.</p>
<p><b>El libre albedrío implica estados de conciencia, psique o mente independiente de los nexos causales inherentes a la materia,</b> ya que los kilos de protoplasma no deciden, eligen o prefieren, sino que están determinados. A su vez, aquellos estados de conciencia, al no ser materiales, no se extinguen, lo cual significa la inmortalidad de la psique (‘alma’ en griego) y ese es nuestro destino, que conjeturamos será mejor o peor según nuestra conducta sea mejor o peor.</p>
<p>Reflexionar sobre estos asuntos resulta de provecho para una detenida introspección. Sócrates mantenía que una vida no examinada no es una vida e Immanuel Kant sostuvo que hay tres asuntos filosóficos centrales: “la libertad de la voluntad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios”, lo mismo ha dicho Frederick Copleston y han subrayado otros pensadores.</p>
<p><b>Seguramente son muchos los motivos de la irreligiosidad, pero estimamos que uno muy generalizado que provoca el alejamiento de la religión y un serio obstáculo para el acercamiento a esta esfera consiste en gran medida en las escandalosas barrabasadas económicas y sociales con implicancias de grave inmoralidad y por tanto devastadoras consecuencias para el futuro de la civilización que lamentablemente han dicho y dicen ciertos representantes de iglesias oficiales</b> (personalmente me he pronunciado públicamente siete veces sobre las ideas del actual papa de la Iglesia Católica), junto con disposiciones absurdas que han proclamado en diversos planos y conductas inaceptables que ahuyentan a fieles y bloquean a otros que por eso tienen una visión sumamente desfigurada de la <i>religatio</i>. Situación esta que no sucede en el ámbito del deísmo, a saber la religión fuera de las iglesias oficiales. <b>Sin duda que, además de lo apuntado, los fanáticos que todo lo justifican son otro motivo preponderante del apartamiento de la religión.</b></p>
<p>Hay una cuestión de gran relevancia para lo que estamos discutiendo y se trata de quienes ignoran la religión basados en el positivismo, que sostiene que una proposición no verificable empíricamente no tiene ningún significado cognitivo, pero como se ha dicho, esa misma proposición no es verificable. Además, como también se ha puesto de manifiesto, nada en la ciencia es verificable, solo está sujeta a corroboraciones provisorias abiertas a refutaciones. Por otra parte, si bien el decimonónico Círculo de Viena sistematizó el positivismo, contemporáneamente el principal difusor de esa tradición de pensamiento fue Alfred Ayer, quien luego escribió en el trabajo compilado por R. A. Varghese titulado <i>Great Thinkers on Great Questions </i>que “El positivismo lógico murió hace mucho tiempo. No creo que sea verdad mucho de lo que dije en <i>Lenguaje, verdad y lógica</i> [probablemente el libro que fuera el más citado y ponderado por los positivistas modernos]. Creo que es una obra llena de errores”. Igual que en ciencias sociales, el tema de la religión no está sujeto al método hipotético-deductivo y al laboratorio, propio de las ciencias naturales, sino a razonamientos complejos que también derivan de la condición propiamente humana, donde hay acción y no mera reacción.</p>
<p>Sin duda que muchas son las maneras por las que se inicia el abordaje de la religión. Whittaker Chambers -el célebre arrepentido de ser espía soviético que luego contribuyó tanto a defender los valores de la sociedad libre- comenzó su religiosidad de manera peculiar. Escribe, cuando le preguntan cómo abandonó las filas comunistas, que “lentamente, con desgano, en agonía […] Poco después de mudarme a Washington al departamento de Alger Hiss [secretario de estado de F. D. Roosevelt, condenado por espía soviético], mi hija estaba ubicada en una silla y la estaba observando comer. Era lo más milagroso que ocurría en mi vida […] mis ojos se posaron en sus delicadas orejas, esas intrincadas y perfectas orejas. Mi pensamiento se dirigió a considerar que esas orejas no pueden haber aparecido por azar de una mezcla de átomos, que es la visión comunista […] La libertad es una necesidad del alma y ninguna otra cosa […] Sin libertad el alma muere. Sin el alma no hay justificación para la libertad” y luego explica el significado del intento humano de acercarse a la perfección, a Dios, y los derechos naturales como mojones o puntos de referencia extramuros de la ley positiva, más allá de la pretendida ingeniería social legislativa diseñada por el hombre.</p>
<p>Otra forma de acercarse a la religión queda consignada en un libro escrito por quien ha sido amigo del que esto escribe: Antony Flew, quien me obsequió un par de sus obras y participó con otras personas y conmigo en un seminario sobre la sociedad abierta muy a propósito de lo que aquí presentamos, que tuvo lugar en Seúl en agosto de 1995 patrocinado por la International Cultural Foundation, ponencias que fueron editadas en forma de libro bajo el título <i>Values and the Social Order. Voluntary versus Coercive Orders</i>.</p>
<p>Flew fue un conocido ateo durante mucho tiempo, período en el que publicó varios libros sobre el tema, además de sus tratados sobre muy diversos aspectos de la filosofía política. En su última etapa de producción intelectual publicó un libro que refuta su posición anterior titulado en la traducción al castellano <i>Dios existe</i>, en el que incluye reflexiones de otros autores de peso en la misma dirección de su nueva postura, especialmente físicos de la talla de Albert Einstein, Werner Heisenberg y Max Planck.</p>
<p>Para sacarle todo el jugo que tiene este libro de Flew hay que leerlo con atención, pero en esta nota periodística menciono telegráficamente dos puntos. El primero es el abordaje que el autor hace del tema religioso, que consiste en concentrarse en el análisis del ADN debido a la enorme complejidad del número y las combinaciones de elementos para producir vida. El segundo punto estriba en su refutación a los escritos de Richard Dawkins, quien extrapola las características exclusivas de los seres humanos a unos genes peculiares que asimilan al hombre a una máquina.</p>
<p>En todo caso, <b>la <i>religatio</i> nos parece un terreno hospitalario y gratificante si se lo despoja de afirmaciones y actitudes que contradicen los valores y principios morales inherentes a la idea de Dios</b> (y expresiones equivalentes). Lo dicho en este campo responde a observaciones que no significan para nada faltarle el respeto a los ateos y los agnósticos, que, igual que nosotros, asumen sus responsabilidades. De más está decir que <b>el punto de vista aquí expresado no es para implantar en otras personas que tienen otras miradas, lo contrario resultaría incompatible con el valor de la libertad y las consiguientes autonomías individuales</b>. Son reflexiones que nos parecen cruciales, que incluyen el libre albedrío y la psique como temas conexos e inseparables.</p>
<p>Finalmente, hay quienes rechazan la religión por el llamado “problema del mal”, esto es, niegan el teísmo debido a que hay tantas desgracias, unas atribuidas a acciones de los hombres y otras a episodios de la naturaleza. Pues bien, la eliminación del mal significaría en última instancia la eliminación de las imperfecciones, lo cual a su vez eliminaría la posibilidad del universo y la creación, ya que constituye una contradicción en los términos la existencia de más de un Dios (una perfección), puesto que uno tendría lo que no tiene el otro. Lo dicho naturalmente para nada significa que el ser imperfecto y limitado -nosotros- pueda abarcar y contestar todo lo relativo al ser perfecto. De todos modos, tal vez sea el momento de reiterar lo consignado en <i>Eclesiástico</i> (27, 7): “No elogiéis a nadie antes de oírlo razonar, porque allí es donde se prueban los hombres”.</p>
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		<title>Desenredar la madeja</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Feb 2014 12:39:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay quienes están muy ocupados y preocupados con la transición desde un sistema estatista a uno menos paternalista o directamente más cercano a la sociedad abierta. En esta nota miraré el asunto desde otro ángulo, en el sentido de sostener que la transición no es el problema sino saber hacia qué meta debemos dirigirnos. Una... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2014/02/15/desenredar-la-madeja/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay quienes están muy ocupados y preocupados con <strong>la transición desde un sistema estatista a uno menos paternalista</strong> o directamente más cercano a la sociedad abierta. En esta nota miraré el asunto desde otro ángulo, en el sentido de sostener que la transición no es el problema sino saber hacia qué meta debemos dirigirnos. Una vez comprendidos los objetivos, la transición se hará lo mejor posible, es decir, lo que permita la opinión pública al efecto de acercarse a la libertad. Pero esa transición, precisamente, se podrá hacer en pasos mayores en la medida en que se haya trabajado bien en explicar las metas.</p>
<p>Los debates sobre políticas de transición son interminables y muy farragosos cuando, como queda dicho, el ojo de la tormenta radica en saber hacia dónde debemos encaminarnos. Con razón ha dicho <strong>Séneca</strong> que “no hay vientos favorables para el navegante que no sabe hacia dónde se dirige”. No es que haya que abandonar por completo las ideas de transición, se trata de un tema de prioridades, las cuales están enormemente desbalanceadas a favor de las políticas que pretenden desplazarse de un punto a otro sin tener en claro cuál es ese otro. Y lo alarmante es que muchas veces se pretende navegar con las mismas instituciones y políticas que se desea reemplazar sólo que con “funcionarios buenos”. Con eso no vamos a ninguna parte ya que como nos han enseñado autores como <strong>Ronald Coase, Douglass North y Harlod Demsetz</strong>, el asunto es de incentivos que corresponden a instituciones y no de personas que son en verdad del todo irrelevantes al efecto de lo que venimos considerando.</p>
<p><span id="more-36"></span>Veamos entonces a título de ilustración sólo un par de medidas a las que conviene apuntar aunque en la transición no se logre el cometido en todo su significado, por lo menos se abre el camino y se señala el rumbo.</p>
<p>Para comenzar es importante recordar la premisa de la que partieron los padres fundadores en <strong>Estados Unidos</strong>, dado el notable éxito de operar en un clima de irrestricto respeto recíproco durante una parte sustancial de su historia. Dicha premisa es <strong>siempre desconfiar de monopolio de la fuerza que denominamos gobierno</strong> puesto que como decía <strong>Acton</strong> “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. De allí es la insistencia en redoblar los esfuerzos para establecer límites al poder político y tener siempre presente lo reiterado en Norteamérica desde el comienzo y es que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”. En una forma más gráfica lo escrito por <strong>Benito Pérez Galdós</strong> en 1812 en cuanto a que, en defensa propia y como una mediada precautoria, a los políticos hay que mirarlos como “una manada humana que no aspira más que pastar en el presupuesto” y en el contexto de lo posteriormente enseñado por intelectuales de la talla del premio Nobel en economía <strong>James M. Buchanan</strong> respecto a que el interés de los políticos es su propio confort, aspecto que constituye el centro del <em>Public Choice</em>. No es que no hayan habido políticos bien intencionados y decentes, esto no resulta relevante a los efectos del sistema que ha mutado de democracia a cleptocracia debido a los incentivos, lo cual hay que corregir a través de mecanismos y procesos como los sugeridos por pensadores de gran calado sobre los cuales he escrito en detalle en otras ocasiones. En todo caso, sin las mencionadas premisas, si la idea es anclarse en el<em> status quo</em> no vale la pena proseguir con lo que expongo a continuación&#8230;</p>
<p>Ahora se están estudiando y debatiendo teorías más sofisticadas que apuntan a resolver otros temas y proporcionar otros andamiajes conceptuales en relación al dilema del prisionero, los bienes públicos, la asimetría de la información y la llamada “tragedia de los anticomunes”, pero en esta instancia del proceso de evolución cultural debemos enfrentar los obstáculos que presenta el <strong>Leviatán</strong>.</p>
<p>Veamos este par de sugerencias anunciadas (ya que una nota periodística no permite desarrollar un programa de gobierno), como un primer paso de las metas antes referidas para ejemplificar y no “hacer la plancha” con la pretensión de administrar las mismas instituciones que provocaron el problema pero con “gente buena”. Es como dice <strong>Einstein</strong>, no es posible obtener resultados distintos con las mismas recetas (por más bienintencionados que sean los que la llevan a cabo).</p>
<p>Primero, es de vital importancia que se entienda que <strong>el fruto del trabajo de la gente está siendo evaporado vía el entrometimiento del aparato estatal en el dinero.</strong> Como han explicado tantos premios Nobel en economía como <strong>Friedrich Hayek</strong>, es necesario<strong> independizar la moneda del gobierno</strong>. Para citar otro ejemplo,<strong> Milton Friedman</strong> ha escrito en su última versión de la política monetaria que “la moneda es un asunto demasiado importante para dejarlo en manos de banqueros centrales” (<em>Monetary Mischiefs</em>) y que “llego a la conclusión de que <strong>la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo es no tener banco central</strong>. Una vez que se crea un banco central, está lista la máquina para que empiece la inflación” (<em>Moneda y desarrollo económico</em>).</p>
<p>Es que los banqueros centrales, por más competentes y decentes que sean, sólo pueden operar en una de tres direcciones: expandir la base monetaria, contraerla o dejarla inalterada. Cualquiera de las tres posibilidades distorsionarán los precios relativos, lo cual se traduce inexorablemente en derroche de capital que, a su vez, implica disminución de ingresos y salarios en términos reales. Y si se dice que la banca central tiene la bola de cristal con la que puede adivinar la cantidad de moneda que la gente hubiera preferido, no hay motivo para intervenir con el consiguiente ahorro de gastos administrativos.</p>
<p>Asimismo, <strong>contar con una banca central independiente del poder político tampoco significa nada</strong> puesto que los directores se encontrarán frente idéntico dilema. El único modo de eliminar el tema inflacionario es que la gente pueda elegir libremente los activos monetarios con los que llevará a cabo las transacciones, en un contexto en el que se elimina el sistema bancario de reserva fraccional, lo cual replicaría parte de la historia monetaria en la medida en que había libertad para seleccionar mercancías-dinero que eran canjeadas por recibos-billetes en casas de depósito (luego bancos).</p>
<p>Es completamente anacrónico creer que la banca central se establece para “preservar el valor del signo monetario”. Ninguna banca central ha hecho eso. Se trata de extraer recursos coactivamente de la gente. <strong>Alan Greenspan,</strong> considerado el conservador por excelencia, durante sus 18 años de administración al frente de la Reserva Federal en Estados Unidos, provocó un incremento del 74% en el índice de precios (oficial) y la Argentina, desde que se estableció la banca central en 1935, ha debido sustraer 13 (trece) ceros a su signo monetario. En la misma línea de pensamiento, <strong>es menester dejar de lado la sandez de la “soberanía monetaria” que es lo mismo que insistir en la soberanía de la zanahoria.</strong></p>
<p>La segunda medida alude a la cuestión medular de la <strong>educación</strong>. Hay muchísimo que elaborar en este tema, pero una primera etapa consiste en que <strong>los colegios y universidades privadas sean en verdad privadas y no como son actualmente privadas de independencia sin pautas ni imposiciones de ninguna naturaleza</strong>.</p>
<p>La educación debe consistir en un proceso abierto de prueba y error en el contexto de un permanente descubrimiento a las nuevas y cambiantes contribuciones. No cabe para nada ministerios o secretarías de educación sino la competencia entre quienes piensan en estructuras curriculares, textos, horarios y demás manifestaciones culturales. Incluso las acreditaciones deben hacerse como antaño por medio de instituciones no gubernamentales que procedan a su vez en competencia como una auditoría cruzada. También es de interés destacar que los fondos públicos no deben bajo ningún concepto financiar casas de estudio privadas. Este es el modo de asegurar la excelencia académica y la independencia.</p>
<p>Más aun, hoy en día constituye una manifestación retrógrada pensar de otra manera en pleno desarrollo de<em>l</em><strong><em> home-schooling,</em> </strong>las aulas virtuales para carreras de grado y posgrado y los <strong>MOOC</strong> en los que se excluye al<strong> Gran Hermano</strong> y la consiguiente politización de algo tan delicado como la educación. En la vereda de enfrente es natural que primero el marxismo y luego el nacionalsocialismo y el fascismo demanden enfáticamente la implantación de la educación estatal, gratuita y obligatoria (como es sabido lo “gratuito” constituye un despropósito superlativo puesto que todos pagan, especialmente aquellos que nunca vieron una planilla fiscal ya que lo hacen por medio de la reducción de sus salarios debido a la contracción en la inversión que producen los contribuyentes de jure).</p>
<p>En resumen, deben analizarse los procedimientos del momento con espíritu crítico y con mentes despejadas de telarañas y preconceptos al efecto de preservar las autonomías individuales y proteger, sobre todo, a los más débiles económicamente. <strong>Es hora de despertar de la modorra y revertir los caminos que permiten el avasallamiento de los derechos individuales.</strong></p>
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