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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; Arthur Koestler</title>
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		<title>Un ensayo de Milton Friedman</title>
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		<pubDate>Sat, 09 May 2015 09:35:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Uno de los trabajos interesantes e inspiradores de Friedman, esta vez en coautoría con su mujer Rose, se titula “La corriente en los asuntos de los hombres”,</strong> traducido y publicado en <i>Libertas </i>con la autorización de los autores y de Hoover Institution en la edición de la mencionada revista académica de octubre de 1989 (un mes antes del derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín, aunque originalmente publicado en 1988 en la colección titulada <i>Thinking About America </i>por Hoover Institution Press). Como es un tema de permanente actualidad, es oportuno comentar los aspectos más salientes de este ensayo.</p>
<p>Los Friedman subrayan la importancia decisiva de las ideas en los procesos humanos y reiteran la verdad que encierra el título y el contenido del muy citado libro de Richard Weaver, <i>Ideas Have Consequences</i>. De ahí es que resultan tan necesarios los esfuerzos educativos respecto a la trasmisión de valores y principios compatibles con la sociedad abierta si quiere preservarse la libertad y el consiguiente respeto recíproco.<span id="more-723"></span></p>
<p>En este ensayo se destacan las corrientes de pensamiento que, al igual que las corrientes marinas, tardan en manifestarse pero una vez que lo hacen dejan su marca y allí se dice que este proceso clave no ha sido suficientemente tratado por historiadores y economistas. Escriben que “la hipótesis es la siguiente: <strong>un cambio importante en la política social y económica está precedido por un cambio en el clima de opinión intelectual”</strong> y señalan que una vez trabajada la idea en el terreno académico se traslada a otras instancias hasta que llega a los medios de comunicación y, por ende, al público en general. Pero para mantener esta tendencia debe alimentarse permanentemente la idea, de lo contrario será sustituida por lo que Albert V. Dicey denominó las contracorrientes que en general se deben a la desaparición de los protagonistas originales cuando los espacios respectivos quedan vacantes.</p>
<p>Friedman describe muy ajustadamente el punto, al poner de manifiesto que para conjeturar lo que ocurrirá en un próximo tiempo no hay que mirar lo que sucede en la superficie sino bucear en la corriente que se está gestando en las profundidades, a saber, en el mundo académico. Apunta que “hacen falta independencia y coraje intelectuales para iniciar una contracorriente que domine la opinión”, lo cual nos recuerda el buen consejo de Arthur Koestler citado por William Buckley, Jr en su <i>God and Man at Yale. The Supertitions of Academic Freedom</i>: <strong>“Uno debería escribir con vigor sobre aquello que uno estima verdadero o, de lo contrario, quedarse callado”.</strong> Los tibios no sirven, parafaseando a Mario Vargas Llosa, “son figuras de superficie sin mayor trastienda”.</p>
<p>Los autores ilustran su tesis con tres correntadas que marcan las políticas de tiempos recientes y contemporáneos. Una primera que denomina del <i>laissez-faire </i>o de Adam Smith, una segunda que reconoce como de Estado Benefactor o de los fabianos y una tercera que bautiza como de resurgimiento de los mercados libres o la corriente de Hayek.</p>
<p>Se consigna en este ensayo: “La primera corriente que analizaremos comienza en Escocia en el sigo xviii con la reacción contra el mercantilismo [una oleada anterior] expresada en los escritos de David Hume, en <i>The Theory of Moral Sentiments </i>de Smith (1759) y, sobre todo, en <i>The Wealth of Nations</i>, también de <strong>Adam Smith</strong> (1776). <strong><i>The Wealth of Nations </i>se considera en forma unánime y con justicia como la piedra fundamental de la economía científica moderna.</strong> Su fuerza normativa y su influencia sobre el mundo intelectual revisten gran importancia para nuestro objetivo actual. Su rápida influencia sobre la comunidad intelectual reflejó, sin duda alguna, las semillas plantadas por Hume y otros -las contracorrientes intelectuales de la corriente mercantilista- así como también las primeras etapas de la Revolución Industrial. Del otro lado del Atlántico, el año 1776 también fue testigo de la proclamación de la Declaración de la Independencia, en varios aspectos el gemelo político de la economía de Smith. La obra de Smith fue rápida y generalmente aceptada por los Padres Fundadores”.</p>
<p>Y más adelante se lee: <strong>“No es fácil medir el papel que desempeña el gobierno en la economía. Una medida útil, aunque reconocida como imperfecta, es la relación del gasto público con el ingreso nacional.</strong> En el punto culminante del <i>laissez-faire, </i>el gasto gubernamental en tiempos de paz fue inferior al 10 por ciento del ingreso nacional, tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña”.</p>
<p>Respecto a la segunda correntada, se apunta que “<strong>este notable progreso no impidió que la corriente intelectual se apartara del individualismo y se volcara hacia el colectivismo</strong> […] El punto culminante, cuando el colectivismo comenzó a dominar la opinión intelectual, tuvo lugar algunas décadas más tarde. La fundación del la <strong>Sociedad Fabiana,</strong> dedicada al establecimiento gradual del socialismo por George Bernard Shaw, Sydney Webb y otros en 1883 es quizá la mejor fecha divisoria para Gran Bretaña. Una fecha comparable en el caso de los Estados Unidos es 1885, cuando la Asociación Norteamericana de Economía fue fundada por un grupo de economistas jóvenes que habían vuelto de estudiar en Alemania imbuidos de ideas socialistas que esperaban difundir a través de la asociación”.</p>
<p>Por último, la <strong>tercera corriente</strong> que describe la visión friedmaniana se identifica del siguiente modo: “Así como había ocurrido con la corriente anterior, el mundo de las ideas comenzó a cambiar su rumbo al mismo tiempo que en el mundo de la práctica, la corriente alcanzaba su punto máximo. Durante el predomino de las ideas socialistas habían existido contracorrientes puestas en práctica en Gran Bretaña por Lionel Robbins, Friedrich Hayek y algunos de sus colegas en la London School of Economics, en Austria por Ludwig von Mises y sus discípulos y en los Estados Unidos por Albert Jay Nock, H.L. Mencken y otros autors populares; Henry Simons, Frank Knight y Jacob Viner en la Universidad de Chicago y Gottfried Haberler y Joseph Schumpeter en Harvard, para mencionar solo algunos. El libro <i>The Road to Serfdom </i>de Hayek, un best-seller sorpresa en Gran Bretaña y en los Estados Unidos en 1944, fue probablemente la primera incursión real en el punto de vista intelectual dominante” y también Friedman se refiere a su <strong><i>Capitalism and Freedom </i>y mucho más tarde <i>Free to Chose</i></strong>. Además dice que en los inicios debe enfatizarse el rol decisivo que tuvo el establecimiento por Leonard Read de la Foundation for Economic Education (FEE) en 1946 con su muy difundida revista <i>The Freeman.</i> <i> </i></p>
<p>Este es un muy apretado resumen de un largo ensayo por Milton y Rose Friedman, es aconsejable leerlo completo al efecto de informarse de extensos pasajes en los que los autores de refieren a acontecimientos históricos de importancia que no caben en una nota periodística.</p>
<p>De cualquier manera, <strong>este estudio muestra una vez más la trascendencia de la educación como la vía para modificar la articulación de discursos políticos</strong> siempre atentos para sobrevivir por lo que están atentos de las medidas que reclama la opinión pública a su vez influida decisivamente por faenas educativas previas. Esto va para despejar la sandez de que “la teoría es irrelevante, lo importante es la práctica” sin percatarse, por un lado, que sin una adecuada teoría se anda a los tumbos y, por otro, que todo lo que hacemos y consideramos práctico es porque adoptamos una buena teoría forjada por otros en otros momentos. La jardinería, la agricultura, las computadoras, la alimentación, los medicamentos, todo es fruto de buenas teorías por eso el <i>dictum</i> de “nada es más práctico que una buena teoría”.</p>
<p>En la sección de las conclusiones, los Friedman advierten que, “para aquellos que creen en una sociedad libre y en un papel del gobierno apenas limitado, ésta [la mencionada tercera corriente] es una perspectiva optimista, sin bien no hay razón para la complacencia. Nada es inevitable en el curso de la historia […] La corriente impulsora en los asuntos de los hombres que se encuentra en la primera etapa aún puede ser abortada, abrumada por una corriente renovada de colectivismo”. En la misma línea argumental, <strong>es pertinente citar un pensamiento de Albert Schweitzer de su <i>The</i> <i>Philosophy</i> o<i>f</i> <i>Civilization</i>: “Cada época vive en la conciencia de lo que han provisto los pensadores bajo cuya influencia se opera”.</strong></p>
<p>En todo caso tenemos que estar atentos a la <strong>visión kafkiana de la sociedad</strong> que como muy bien explica <strong>Milan Kundera</strong> en la quinta parte de <i>El arte de la novela</i>, “en la historia moderna hay tendencias que producen lo kafkiano en la gran dimensión social: <strong>la concentración progresiva del poder que tiende a divinizarse, la burocratización de la actividad social que transforma todas las instituciones en laberintos sin fin, la consiguiente despersonalización del hombre”. </strong></p>
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		<title>Otra vez sobre marxismo</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 11:21:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas veces he escrito y, desde luego, se ha escrito sobre <strong>marxismo </strong>pero nunca parece suficiente para intentar esclarecer sobre los errores de esta tradición de pensamiento y, consecuentemente, sobre los inconvenientes de la política contemporánea influida por esas recetas, las más de las veces sin reconocer la fuente pero imbuidos de la marcada tendencia a recortar el rol de la propiedad privada a través de la llamada “<strong>redistribución de ingresos</strong>” y afines.</p>
<p>En el <em><strong>Manifiesto Comunista</strong> </em>de 1848, se sostiene que “<strong>la burguesía es incapaz de gobernar</strong>” porque “<strong>la existencia de la burguesía es incompatible con la sociedad</strong>” ya que “se apropia de los productos del trabajo. La burguesía engendra, por sí misma, a sus propios enterradores. Su destrucción es tan inevitable como el triunfo del proletariado” (secciones 31 y 32 del segundo capítulo).</p>
<p>Y más adelante <strong>Marx</strong> y <strong>Engels</strong> escriben que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada” (sección 36 del capítulo tercero), para concluir en la necesidad de que el proletariado se ubique en el vértice político : “los proletarios se servirán de su supremacía política para arrebatar poco a poco a la burguesía toda clase de capital para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, en las del proletariado organizado como clase gobernante” (sección 52 del mismo capítulo, el cual concluye con la necesidad de la revolución en la sección 54).</p>
<p><strong><span id="more-12"></span>Lenin</strong> era más sagaz que sus maestros ya que nunca creyó que el llamado <strong>proletariado</strong> podía dirigir y mucho menos gobernar una revolución (ni en ninguna circunstancia). Por eso escribió lo que aparece en las páginas 391-2 del quinto tomo de sus obras completas en el sentido de que el vehículo de lo que denominaba “la ciencia socialista”, a su juicio, “no es el proletariado sino la inteligencia burguesa: el socialismo contemporáneo ha nacido en las cabezas de miembros individuales de esta clase”. Por esto también es que <strong>Paul Johnson</strong> en su <strong><em>Historia del mundo moderno</em> </strong>destaca que Lenin “nunca visitó una fábrica ni pisó una granja”.</p>
<p><strong>Todas las revoluciones de todas las épocas han sido preparadas, programadas y ejecutadas por intelectuales.</strong> Los obreros han sido carne de cañón y un adorno para los distraídos. Por esto es que resulta tan importante la educación, los estudiantes y los intelectuales porque, para bien o para mal, de esa formación depende el futuro.</p>
<p>De todos los dirigentes comunistas el que mejor vislumbró este punto crucial fue <strong>Antonio Gramsci</strong> en sus escritos desde la cárcel fascista. Denominaba “guerra de posición” a la tarea de influir en la cultura y “guerra de momento” a la toma del poder. Creía en la trascendencia de la educación en todos los niveles, especialmente en las faenas realizadas en las familias de obreros para entrenarlos y formarlos como intelectuales defensores de los principios comunistas.</p>
<p>Es muy común al indagar en las experiencias de antiguos socialistas convertidos al liberalismo, que se advierta que el autor que más atrajo atenciones en cuanto a sus posturas intelectuales anteriores era precisamente Gramsci. Pensadores de fuste no son atraídos por los métodos violentos sino por las tareas de la educación y la cultura. Por otra parte, en mis conversaciones con estas personas he comprobado que, en general, el campo de conocimiento que los ayudó a transitar el cambio de una posición a otra ha sido el de los mercados competitivos, al percibir que, además de la falta de respeto a la dignidad humana, la prepotencia estatal no puede contra los arreglos libres y voluntarios en el contexto de los marcos institucionales de una sociedad abierta.</p>
<p>El conocimiento está disperso y fraccionado, lo cual se pone de manifiesto a través de los precios de mercado que tramiten información a los operadores para asignar factores productivos a las áreas más requeridas. En la medida en que aciertan obtienen ganancias, en la medida en que se equivocan incurren en quebrantos. Los megalómanos de turno, con la intención de “dirigir la economía”, están, de hecho, concentrando ignorancia y apuntan a sustituir el conocimiento de millones de personas es sus respectivos “<em>spots</em>” por directivas ciegas emanadas desde el vértice del poder, puesto que resulta imposible contar con la información presente en los millones de arreglos contractuales simplemente porque no está disponible antes que las operaciones se concreten.</p>
<p>Por otra parte, al arremeter contra la propiedad privada se debilitan hasta desaparecer las antes mencionadas señales, es decir, los precios, con lo que nadie sabe como proceder con los siempre escasos factores productivos. En otros términos,<strong> además de la falta de respeto a las libertades de las personas, las distintas vertientes del régimen de planificación estatal constituyen un imposible técnico</strong>. Sin precios o con precios falseados se desvanece la posibilidad de la evaluación de proyectos y la misma contabilidad. Se puede mandar, ordenar y decretar por puro capricho con el apoyo de la fuerza bruta, pero no puede conocerse la marcha de la economía allí donde se bloquean las señales que permiten asignar económicamente los recursos disponibles.</p>
<p>Entre otros, estos han sido los errores fatales de Marx y sus seguidores de todos los colores y constituyen las razones del derrumbe del<strong> Muro de la vergüenza en Berlín</strong> y de los reiterados y estrepitosos fracasos de la planificación estatal de las haciendas ajenas. Por eso los almacenes están rebosantes de mercancías cuando se permite que funcionen los procesos de mercado y quedan anémicos y vacíos cuando se entromete la arrogancia y la soberbia inaudita del planificador gubernamental.</p>
<p><strong>Thomas Sowell</strong> en su formidable<strong><em> Marxism: Philosophy and Economics,</em></strong> entre otros muchos asuntos, apunta sobre el materialismo filosófico de Marx ya puesto de manifiesto en su tesis doctoral sobre <strong>Demócrito</strong> y reiterada en varias de sus obras, por ejemplo, en <strong><em>La sagrada familia</em>. <em>Crítica de la crítica.</em> </strong>Esta posición que <strong>Popper</strong> ha bautizado como determinismo físico, no permite tal cosa como proposiciones verdaderas o falsas, ideas autogeneradas, la revisión de los propios juicios, la moral, la responsabilidad individual y la libertad.</p>
<p>Como también hemos señalado en otras oportunidades, la violencia está indisolublemente atada al marxismo. Por esto es que en el <em>Manifiesto</em> <em>Comunista</em> Marx y Engels “declaran abiertamente que no pueden alcanzar los objetivos más que destruyendo por la violencia el antiguo orden social”. Por esto es que Marx en <strong><em>Las luchas de clases</em> <em>en Francia</em> </strong>en 1850 y al año siguiente en <strong><em>El 18 brumario </em></strong>condena enfáticamente las propuestas de establecer socialismos voluntarios como islotes en el contexto de una sociedad abierta. Por eso es que Engles también condena a los que consideran a la violencia sistemática como algo inconveniente, tal como ocurrió, por ejemplo, en el caso de <em>Eugen Dühring</em> por lo que Engels escribió <em>El Antidühring</em> en donde subraya el “alto vuelo moral y espiritual” de la violencia, lo cual ratifica Lenin en<em> El Estado y la Revolución</em>, trabajo en el que se lee que “la sustitución del estado burgués por el estado proletario es imposible sin una revolución violenta”.</p>
<p>Lo dicho no va en desmedro de la conjetura respecto a la honestidad intelectual de Marx, como también he consignado hace poco, en cuanto a que su tesis de la <strong>plusvalía</strong> y la consiguiente explotación no la reivindicó una vez aparecida la teoría subjetiva del valor expuesta por <strong>Carl Menger</strong> en 1870 que echaba por tierra con la teoría del valor-trabajo marxista. Por ello es que después de publicado el primer tomo de <em>El capital</em> en 1867 no publicó más sobre el tema, a pesar de que tenía redactados los otros dos tomos de esa obra tal como nos informa <strong>Engels</strong> en la introducción al segundo tomo veinte años después de la muerte de Marx y treinta después de la aparición del primer tomo. A pesar de contar con 49 años de edad cuando publicó el primer tomo y a pesar de ser un escritor muy prolífico se abstuvo de publicar sobre el tema central de su tesis de la explotación y sólo publicó dos trabajos adicionales: sobre el programa <strong>Gotha</strong> y el folleto sobre la comuna de <strong>París</strong>.</p>
<p>Para ampliar y estudiar los aspectos más relevantes del fracaso marxista, es de gran interés consultar la obra titulada <em>Marx Refuted. A Veredict of History,</em> donde aparecen trabajos de <strong>Milton Friedman, Alexander Solzhenitsyn, Vladimir, Bukouvsky, Arthur Koestler, Karl Popper, Anthony Flew, Frederich Hayek y Andrei Sakharov.</strong></p>
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