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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; chavismo</title>
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		<title>Venezuela en la mira</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2015 03:10:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Recién me acabo de comunicar en Caracas con Rocío Guijarro, la directora ejecutiva del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice), amiga de la libertad cuya institución viene haciendo mucho por la formación de mentes liberales con el invalorable apoyo de otros amigos de gran calado. En 2013 esa entidad publicó un libro de mi autoría titulado <i>El liberal es paciente</i>, en el que, entre otras cosas, intentaba mostrar el valor de la perseverancia para derrotar a megalómanos como el que hoy está instalado en el poder en Venezuela, que sigue la línea socialista del comandante fallecido, quien comenzó con toda la debacle que es de público conocimiento.</p>
<p>Y no es que antes de eso las cosas eran color de rosa, al contrario, los partidos tradicionales fueron un increíble fracaso y con sonados casos de alarmante corrupción. Pero, claro está, el modo de resolver los problemas no consiste en acentuarlos, sino en cambiar de rumbo. El récord mundial de inflación, los controles de aspectos cruciales de la vida y las haciendas de la gente, los presos políticos, los despilfarros, la ausencia hasta de papel higiénico, las larguísimas filas para poder acceder a algunos alimentos, los cortes de agua corriente y electricidad, la completa sumisión de la prensa y los medios de comunicación, la caída drástica en las inversiones y en general el sufrimiento de los más necesitados ha sido la regla en estos años de opresión salvaje.<span id="more-1264"></span></p>
<p>Frente a esta situación sólo caben dos caminos: ejercer el derecho a la resistencia frente a gobiernos que estrangulan todo vestigio de libertad (lo cual proviene de una larga tradición plasmada en la Declaración de la Independencia estadounidense) o lo que afortunadamente pudo hacer el pueblo venezolano, que es la derrota a los impostores de la democracia a través de las urnas. Esta es la paciencia que se sugirió frente a un Leviatán invasivo, lo cual dio sus frutos con unas elecciones legislativas que habrían otorgado la mayoría calificada de los dos tercios requerida, entre otros muchos propósitos para rectificar los poderes especiales otorgados al sátrapa del momento, convocar a una Asamblea Constituyente para dejar sin efecto los dislates del chavismo e incluso la opción de llamar a un referéndum revocatorio contra el Presidente en ejercicio.</p>
<p><b>Todo lo cual no quiere decir que no deba estarse muy atento, porque el actual Gobierno es capaz de cualquier zancadilla en cualquier momento con el soporte del aparato cubano, que ya ha declarado su incondicional apoyo a los perdedores en esta contienda electoral</b>.</p>
<p>El presidente de la Asamblea Nacional que ahora cesa en sus funciones, en reunión de gabinete, al conocerse los resultados del escrutinio, propuso convocar a los secuaces del partido gobernante y salir con armas a la calle, lo que afortunadamente no prosperó debido a la decidida oposición de un camarada del ejército con mando de tropa.</p>
<p>Es de desear que los partidos heterogéneos reunidos en la oposición sepan calar hondo en dirección a una sociedad abierta y en su momento no se les ocurra implantar un socialismo moderado, que conducirá a otro fracaso estrepitoso en lugar de adoptar el atractivo de la libertad y el respeto recíproco.</p>
<p>El tema de fondo es educativo, por ello es que celebramos la faena que viene realizando sistemáticamente el antes mencionado Cedice, especialmente en recintos universitarios y con la publicación de numerosos trabajos y seminarios varios. También es de destacar la palabra de tantos venezolanos que, a pesar de las trabas y las amenazas, se expresan con franqueza y abren caminos fértiles. Incluso hay medios como <i>El diario de Caracas</i> y otros que dan la pelea cotidianamente y que incorporan columnistas que apuntan a poner de manifiesto los valores éticos, económicos y jurídicos de la sociedad libre.</p>
<p>Mientras ocurre lo que ocurre en el plano político, es menester que se afine el lápiz para establecer nuevos límites institucionales al poder, dado que está visto que una mal entendida democracia ha interpretado que una vez obtenida la mayoría puede hacer tabla rasa con todos los derechos individuales, al tiempo que puede asalta la Justicia y todos los organismos de contralor, incluyendo a los tribunales electorales.</p>
<p>Por otra parte, es indispensable entender cabalmente el significado del derecho al efecto de precisar la idea en el contexto del continente, que son los marcos institucionales y el contenido, que también comprende a los procesos de mercado. En esta línea argumental, tengamos en cuenta que el derecho es inseparable de la Justicia y esta significa “dar a cada uno lo suyo”, lo que remite a la propiedad privada, que, a su vez, constituye el eje central del mercado.</p>
<p>Con las más diversas pantallas se han ido incorporando en la legislación venezolana políticas que ponen en jaque a marcos institucionales civilizados y también se desconocieron de modo flagrante los principios de la garantía de la cosa juzgada, la irretroactividad y la incorporación de los mal llamados derechos sociales. Estos significan pseudoderechos, ya que, al concederlos, necesariamente dañan los derechos de terceros, al no tener en cuenta que a todo derecho corresponde una obligación. Si estas resultan contrarias al derecho de otros, inexorablemente se perjudica seriamente el andamiaje jurídico, con lo que, además, se afecta a quienes se pretende mejorar en su condición.</p>
<p>En Venezuela, los comisarios del momento ni siquiera alegan fundamentos para sus desvaríos, sino que proceden al atropello a los derechos de las personas sin dar explicación alguna, como no sea escudado en la soberanía de los aparatos estatales, sin percatarse de que la soberanía reside en los gobernados. Cualquier imitador de los Hitler de este mundo que asume el poder con suficiente apoyo electoral convierte su legislación pervertida en normas de Justicia, y esto es lo que se ha repetido en el caso venezolano.</p>
<p>Reiteramos aquí algo de lo dicho antes sobre el rol del gobierno y colaterales. En realidad, el rol y las funciones del monopolio de la fuerza que llamamos gobierno se instituyó luego de que buena parte de la humanidad pudo sacarse de encima a los faraones, los emperadores y similares, para en su lugar ofrecer seguridad y justicia, es decir, para proteger los derechos a la vida, la libertad y la propiedad, tal como rezan todos los documentos fundamentales de las sociedades abiertas.</p>
<p>Pero henos aquí que, de un largo tiempo a esta parte, las funciones de los aparatos estatales se han ido ensanchando hasta cubrir los espacios más íntimos de las personas, con lo cual, en lugar de proteger derechos, los gobiernos se han convertido en los principales enemigos de los gobernados y estos, siempre encerrados en el dilema del menos malo, sufren los embates de forma reiterada.</p>
<p>El tema medular consiste en que se confunde la naturaleza del debate. Se discute si es bueno o malo para las personas tal o cual decisión y de allí irrumpe un salto lógico inaceptable: si se piensa que es bueno, se concluye que el monopolio de la fuerza lo debe imponer. Esto es inaceptable para la dignidad y la autoestima de personas cuya característica central es rechazar el entrometimiento de una niñera forzosa que anula la imprescindible libertad de cada uno, lo cual conlleva la responsabilidad individual.</p>
<p>En la dieta alimenticia, en las finanzas, en el deporte, en el mundo cibernético, en la educación, en la cinematografía, en el periodismo, en la agricultura, en el comercio y en todo cuanto pueda ocurrirse está presente el Leviatán con sus garras demoledoras y todo “para el bien de la gente”.</p>
<p>En una sociedad abierta, este plano de análisis es del todo impropio. <b>El aparato estatal es para proteger a la gente en sus derechos que son anteriores y superiores a la existencia misma del Gobierno y no para jugar al papá (además, generalmente golpeador) de la persona de que se trate</b>. Más aun, en la sociedad abierta se respeta de modo irrestricto que cada uno maneje su vida y su hacienda como le parezca mejor, como decimos, asumiendo cada uno su responsabilidad, lo cual incluye las asociaciones caritativas con recursos propios y así hablar en la primera persona del singular y no vociferar en la tercera del plural, es decir, proceder coactivamente con el fruto del trabajo ajeno. Tal como reza el adagio anglosajón: “Put your money where your mouth is”.</p>
<p>Con razón el decimonónico Frédéric Bastiat decía que el aparato estatal “es la ficción por la que todos pretenden vivir a expensas de todos los demás”. Cada vez que se sostiene que el aparato estatal debe hacer tal o cual cosa hay que preguntarse a cuál de los vecinos hay que arrancar recursos, puesto que ningún gobernante aporta de su peculio para proyecto político alguno (más bien tienen una manifiesta inclinación por quedarse con lo ajeno).</p>
<p>Lo dicho para nada desconoce la posibilidad de que algunas personas decidan ser manejadas por otros designando tutores o curadores y estableciendo sistemas colectivistas conviviendo dentro de un mismo país, pero nada autoriza a que ese sistema lo impongan a personas que mantienen su autoestima y su sentido de dignidad y quieren vivir como humanos, a saber, haciendo uso de su libertad.</p>
<p>Aparecen sujetos en el ámbito político en atriles diversos, casi siempre con el dedo índice en alto, declamando que ellos no persiguen intereses electorales ni componendas, sino que defienden principios. Pues no saben de qué están hablando, ya que la política busca votos, de lo contrario se esfuman los candidatos y si no se acuerda, pierden apoyo y si se mantienen tercos en principios, son barridos del escenario. El político de una u otra inclinación es en última instancia un megáfono de lo que ausculta que está demandando su clientela. <b>Por eso es tan importante el debate de ideas y la educación: va al fondo de las cosas y determina lo que aplaudirá o rechazará la opinión pública, que es la que, a su vez, permitirá que se articule tal o cual discurso desde los estrados políticos.</b></p>
<p>Repasar los documentos originales de todas las sociedades libres nos recuerda la idea de gobierno por la que se establecieron esas sociedades. Con el tiempo, debido a una muy exitosa faena educativa (más bien des-educativa), la idea del monopolio de la fuerza y sus consiguientes funciones han variado radicalmente desde la idea jeffersoniana de: “El mejor gobierno es el que menos gobierna” al postulado leninista de abarcarlo todo en manos del Gobierno.</p>
<p>Es que se dejó de lado el principio defensivo básico de: “El costo de la libertad es su eterna vigilancia”, pero no meramente por parte de algunos, sino de todas las personas, independientemente de sus obligaciones y sus tareas cotidianas. Si se pretende el respeto, hay que hacer algo diariamente para lograr y mantener ese objetivo noble. No es como si algunos estuvieran en la platea esperando que actúen otros que deben estar en el escenario. Esta actitud conduce a que se demuela la platea, se caiga el escenario y finalmente se incendie el teatro en manos de hordas anticivilización. Hacemos votos para que el caso venezolano comience ahora a marcar el rumbo hacia los valores de la libertad.</p>
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		<title>Ernesto Laclau</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Apr 2014 10:49:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Se ha escrito mucho sobre el autor que figura en el encabezado de esta nota  pero observo que la mayoría, sea para criticarlo o para aplaudir lo que dice, se aferra a sus extensos e interminables textos farragosos, en tramos ininteligibles, construidos en base a una larga cadena de galimatías conceptuales. No es que todo lo que escribió Laclau sea incomprensible; hay pasajes muy claros, pero parecería que <strong>el estilo obedece a una estrategia que consiste en tirar la estocada con una idea-fuerza y luego adornarla largamente con una escritura sin sentido alguno para impresionar a los snobs y a los acomplejados</strong> (me refiero a aquellos que cuando no entienden conjeturan que el que escribe “debe saber mucho”). Karl Popper aludía a esos escritores reiterando que “la búsqueda de la verdad solo es posible si hablamos sencilla y claramente […] Para mí, buscar la sencillez y la lucidez es un deber moral de todos los intelectuales: la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”.</p>
<p>No quiero abusar de la paciencia del lector pero tomo más o menos al azar una de las parrafeadas típicas de Laclau, esta vez de su libro <i>Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo,</i> al efecto de ilustrar lo dicho para que cada uno juzgue por sí mismo. Por ejemplo: “Toda tipografía presupone un espacio dentro del cual la distinción entre regiones y niveles tiene lugar, ella implica, en consecuencia, el cierre del todo social, que es lo que permite que éste último sea aprehendido como una estructura inteligible que asigna identidades precisas a sus regiones y niveles. Por si toda objetividad es sistemáticamente rebasada por un exterior sustitutivo, toda forma de unidad, articulación y jerarquización que pueda existir entre varias regiones y niveles será el resultado de una construcción contingente y pragmática y no una conexión esencial que pueda ser reconocida”.</p>
<p>Lamentablemente, en lo personal, al dirigir tesis doctorales, he comprobado que no son pocos los alumnos que arrastran una especie de inercia en cuanto a que en sus monografías y similares durante la carrera de grado <strong>les han inoculado la manía del oscurantismo</strong> como si fuera un camino fértil para exhibir supuestos conocimientos sofisticados. En estos casos, se consume bastante tiempo en volver a la normalidad. Alan Sokal y Jean Bricmont han ilustrado magníficamente el punto señalado cuando publicaron un muy celebrado ensayo con referato en <i>Social Text</i>, luego de lo cual declararon que se estaban burlando de la comunidad académica ya que el trabajo contenía disparates superlativos y se aprestaron a publicar su propia refutación, a lo que la dirección del <i>journal</i> en cuestión concluyó que “no tenía altura académica” por lo que los autores decidieron publicar todo el material y el relato de lo sucedido en un libro titulado<strong> <i>Imposturas intelectuales.</i></strong></p>
<p>Vamos entonces lo que estimamos es el núcleo del mensaje de Laclau en sus escritos, las estocadas a las que nos referimos más arriba. En el libro que hemos citado de este autor sostiene en el contexto de su adhesión a la teoría de la plusvalía que “la clásica falacia liberal acerca de la relación entre obrero y capitalista consiste en reducir a esta última a su forma jurídica -el contrato entre agentes económicos libres- y que la crítica a esta falacia consiste en mostrar la desigualdad de las condiciones a partir de las cuales capitalista y obrero entran en la relación de producción”.</p>
<p>En esta misma línea argumental escribe el mismo autor en la misma obra que “en el caso de que la gestión del proceso económico deje de estar en las manos privadas del capitalista y pase a ser una gestión social, la emancipación del capitalista respecto del productor directo es transferida a la comunidad en su conjunto. Lo que el productor directo pierde en términos de autonomía individual, lo gana por otro lado con creces en tanto miembro de una comunidad” y, como remedio, sugiere “una intervención consciente, por lo tanto, permite regular la realidad crecientemente dislocada del mercado” puesto que “el mito del capitalismo liberal fue de un mercado absolutamente autorregulado”.</p>
<p>Este es en una cápsula el núcleo duro de Laclau en materia económica. Una perspectiva nada original pero que rebalsa en errores muy sustanciales. Primero, los salarios e ingresos en términos reales son consecuencia de las tasas de capitalización, es decir, fruto del ahorro interno y externo que hacen de apoyo logístico para elevar el nivel de vida. <strong>Los arreglos contractuales son siempre entre desiguales lo cual significa asimetrías en gustos y en informaciones, de lo contrario no se llevarían a cabo</strong>. En cuanto a las desigualdades patrimoniales, en un mercado abierto éstas responden a las votaciones de los consumidores en el plebiscito diario del supermercado y equivalentes, lo cual, a su vez, permite incrementar las antedichas inversiones, especialmente para bien de los más necesitados. Como hemos puntualizado en otras oportunidades, esto último no ocurre cuando los empresarios dejan de estar compelidos a satisfacer las demandas del prójimo puesto que sus riquezas se deben al privilegio otorgado por el poder político.</p>
<p>Por otra parte, en el mercado del cual todos formamos parte cuando adquirimos lo que necesitamos (incluso los libros de Laclau) las compras y ventas de bienes y servicios significan intercambios de derechos de propiedad y cuando éstos se vulneran se alteran los precios que al trasmitir señales falsas obstaculizan la contabilidad y la evaluación de proyectos hasta, en el extremo, tal como ocurría antes de la demolición del Muro de la Vergüenza en Berlín, se elimina toda posibilidad de cálculo económico. La idea de la llamada dirección estatal “conciente” es precisamente a lo que el premio Nobel en Economía Friedrich Hayek combate y refuta en su <i>La fatal arrogancia. Los errores del socialismo</i>. <strong>La función de los gobiernos en una sociedad abierta consiste en proteger los derechos de los gobernados, marcos institucionales que Laclau rechaza tal como veremos enseguida.</strong></p>
<p>Por último, afirmar que lo que pierde el capitalista lo gana con creces la comunidad cuando la gestión la lleva a cabo el aparato estatal pasa por alto el hecho de que la asignación de los siempre escasos factores de producción operan a ciegas si no se administran por aquellos que los consumidores consideran más eficientes para atender sus requerimientos y, por ende, el traspaso de la gestión empresaria al Leviatán inexorablemente significa una pérdida neta o, más bien, un derroche.</p>
<p>En otro de sus libros titulado <i>La razón populista </i>comienza afirmando que <strong>“la noción misma de individuo no tiene sentido en nuestro enfoque” puesto que se dirige a ese antropomorfismo denominado “pueblo” basado en la supremacía de la mayoría sin cortapisas conducida por el líder</strong> con quien se establece un “lazo libidinal” en el contexto de un enfrentamiento al “otro antagónico” (las variantes capitalistas) en donde no hay división de poderes sino que <strong>el Poder Legislativo y el Judicial necesariamente deben acompañar las decisiones hegemónicas</strong>. Por eso no es de extrañar que, como lo señaló en una entrevista en <i>Página/12</i> titulada “Vamos a una polarización institucional”, que subraye su adhesión al peronismo, al chavismo y a todos sus imitadores para concluir que, en este ámbito, “soy partidario hoy en América latina de la reelección presidencial indefinida”, esto es, puro bonapartismo.</p>
<p>Con su mujer -Chantal Mouffe- también ha publicado ensayos y un libro de gran difusión titulado <i>Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia </i>donde, como queda dicho, entienden la democracia como las mayorías ilimitadas a contracorriente de toda la tradición democrática que desde sus comienzos ha enfatizado en el respeto a las minorías, lo cual está representado contemporáneamente por Giovanni Sartori y tantos otros intelectuales de gran calado.</p>
<p>Laclau se aparta de la tradición estrictamente marxista para ubicarse en un posmarxismo, así consigna en el libro citado en primer término que “yo nunca he sido un marxista total” puesto que <strong>“nuestro trabajo puede ser visto como una extensión de la obra de Gramsci”</strong>, en definitiva, “yo no he rechazado el marxismo. Lo que ha ocurrido es muy diferente, y es que <strong>el marxismo se ha desintegrado y creo que me estoy quedando con sus mejores fragmentos”.</strong></p>
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