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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; cleptocracia</title>
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		<title>A raíz de Felipe González en Venezuela</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jun 2015 09:01:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A pesar de algunas de las ideas patrocinadas en su momento por el ex presidente del gobierno español y a pesar de algunos desaciertos y problemas que tuvo su gobierno, es necesario destacar las valientes y sumamente oportunas declaraciones de Felipe González en Caracas y luego en Madrid. “Venezuela es un país en proceso de... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/06/20/a-raiz-de-felipe-gonzalez-en-venezuela/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A pesar de algunas de las ideas patrocinadas en su momento por el ex presidente del gobierno español y a pesar de algunos desaciertos y problemas que tuvo su gobierno, <strong>es necesario destacar las valientes y sumamente oportunas declaraciones de Felipe González en Caracas y luego en Madrid</strong>. “Venezuela es un país en proceso de destrucción” es lo menos que ha dicho el ex mandatario español a lo cual agregó que “<i>Podemos</i> hace de monaguillo de Maduro”.</p>
<p>Son muchos las destacadas personalidades de muy diversos rincones que se muestran grandemente preocupadas por la situación venezolana. Mario Vargas Llosa acaba de concluir también, esta vez en la Universidad de Alicante, que “el país [Venezuela] se va deshaciendo por sus políticas” a lo que sumó el magnífico artículo titulado “La Venezuela que dejó al desnudo Felipe”. Por mi parte, quiero ahora introducir otro aspecto a las referencias de la catástrofe venezolana como las apuntadas, para marcar la necesidad de una revisión y corrección de la brutal desfiguración del concepto de democracia.<span id="more-837"></span></p>
<p>En Venezuela claro que la situación es extrema: atropellos al Poder Judicial, a todos los organismos de contralor y a los mismos tribunales electorales se agregan al ataque más despiadado a la libertad de prensa, a las crecientes detenciones a opositores, a la politización de las fuerzas armadas, a los controles de precios, a las reiteradas confiscaciones, a la inflación galopante, al crecimiento sideral del gasto público, al déficit fiscal incontrolable y otras tantas tropelías, hacen que la vida de los venezolanos se torne insoportable en medio de persecuciones y la escasez más despiadada de lo elemental para sobrevivir.</p>
<p>Esta lamentable situación de quienes son empleados del régimen carcelario cubano, nos tiene que llamar a la reflexión sobre el verdadero significado de la democracia que, en el caso que nos ocupa, se alega para cometer todo tipo de desmanes. No es aceptable bajo ningún punto de vista, puesto que constituye un insulto a la inteligencia, el considerar un sistema como el descripto como si fuera “democrático”, <strong>cuando en verdad se trata de <i>cleptocracia</i>, a saber, el gobierno de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de proyectos de vida.</strong></p>
<p>Sin llegar a estos extremos venezolanos, hay síntomas peligrosos en Grecia, en España y en muchos lugares antes insospechados en el continente americano y en el europeo (además de los casos mencionados). Por tanto, es imperioso pensar y proponer nuevos límites al Leviatán antes que resulte demasiado tarde.</p>
<p>Se han propuesto reformas constitucionales con la intención de ponerle coto a extralimitaciones groseras, se han sugerido modificaciones en el sistema electoral y otras equivalentes pero la situación es de tal gravedad que se requieren cambios más radicales para interponer vallas al atropello constante a los derechos individuales. No resulta congruente esperar resultados distintos recurriendo a las mismas recetas que condujeron al problema. No puede esperarse un milagro.</p>
<p>Sin duda que la educación es clave puesto que es improbable que se busquen mecanismos que defiendan derechos si no se cree en ellos. Son en realidad dos brazos de un mismo proceso: incentivos para la autoprotección y sistemas educativos que trasmitan los valores y principios de una sociedad abierta.</p>
<p>Sin embargo, en líneas generales, no se observa que se pongan manos a la obra  mientras se sigue consumiendo tiempo en debates sobre candidatos en la próxima contienda electoral, situaciones más o menos irrelevantes de la coyuntura y equivalentes.</p>
<p>Ya hemos dicho en varias oportunidades que <strong>existen tres propuestas de gran calado para mitigar y frenar los avances del monopolio de la fuerza sobre las autonomías individuales,</strong> como lo son las de Hayek para el Poder Legislativo, la de Bruno Leoni para el Poder Judicial y la relectura de un pensamiento clave de Montesquieu que en general ha pasado desapercibido y que es aplicable al Poder Ejecutivo.</p>
<p>No es del caso repetir aquí lo expresado por esos tres pensadores que hemos reproducido en otras instancias, pero lo que si es conveniente reiterar es la urgente necesidad de abrir debates respecto a introducir diques de contención para los abusos de poder que a diario se observan en distintos puntos del planeta,  los cuales se hacen descaradamente en nombre de una democracia inexistente.</p>
<p>Vamos, eso sí, a repetir las advertencias de varios autores sobre este problema mayúsculo del poder ilimitado de los votos sin contemplar la esencia de la democracia cual es el respeto por los derechos de las minorías para así evitar el “síndrome Hitler”. Comenzando por Cicerón, quien escribió que “el imperio de la multitud no es menos tiránica que la de un hombre solo, y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y nombre del pueblo”. <strong>Giovanni Sartori consigna que “cuando la democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación convierte un sector del <i>demos </i>en <i>no-demos</i>.</strong> A la inversa, la democracia concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría se corresponde con todo el pueblo, es decir, con la suma total de la mayoría y la minoría. Debido precisamente a que el gobierno de la mayoría está limitado, <i>todo </i>el pueblo (todos los que tienen derecho al voto) está <i>siempre </i>incluido en el <i>demos</i>”.</p>
<p>Por su parte, Gottfried Dietze apunta que <strong>“la democracia que supuestamente debe promover la libertad se ha convertido en un desafío para la libertad”</strong>. Bertrand de Jouvenel afirma que “la soberanía del pueblo no es, pues, más que una ficción que a la larga será destructora de las libertades individuales” y Benjamin Constant nos ha enseñado que “los ciudadanos poseen derechos individuales independientes de toda autoridad social o política y toda autoridad que vulnere estos derechos se hace ilegítima”.</p>
<p>Los tres autores que mencionamos <i>ut supra </i>como propulsores de límites de importancia al poder político se pronuncian de esta manera sobre el problema que enfrentamos. Hayek: “Debo sin reservas admitir que si por democracia se entiende dar vía libre a la ilimitada voluntad de de la mayoría, en modo alguno estoy dispuesto a llamarme demócrata”. Leoni: “Donde las autoridades y las mayorías prevalecen, como en la legislación, los individuos deben rendirse independientemente si están en lo correcto o no”. Montesquieu: “Decir que no hay nada justo ni injusto fuera de lo que ordenan o prohíben las leyes positivas, es tanto como decir que los radios de un círculo no eran iguales antes de trazarse la circunferencia”.</p>
<p>Por último, es pertinente citar a uno de los Padres Fundadores estadounidenses, en el país en el que, salvo la inaceptable copia de lo que tenía lugar en el resto del mundo respecto a la espantosa esclavitud eliminada en su momento, resume el pensamiento de la revolución más exitosa en la historia de la humanidad en cuanto a la difundida libertad (hasta los tiempos modernos en los que se ha abandonado buena parte de esos valores). Así, James Madison ha sentenciado que “el gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Este es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”, en el contexto de lo expresado por Jefferson en cuanto a que “Un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos”.</p>
<p>Estos preceptos fueron tomados por las sociedades que aspiraban a la libertad, entre los cuales se destaca el caso argentino con el ideario alberdiano debido a su portentoso progreso cuando se siguieron esos principios rectores, protegidos por consideraciones institucionales como las formuladas por Juan González Calderón quien ha advertido y puntualizado que la democracia falsificada de los números “se basa en dos ecuaciones falsas: 50% más 1%= 100% y 50% menos 1%= 0%”.</p>
<p>Autores como Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North han enfatizado el rol vital que tienen los incentivos, y en el caso considerado existen muy pocos obstáculos que limiten la posibilidad de coaliciones y alianzas que arrasen con los derechos individuales. De allí, por ejemplo, los incentivos para centrar la atención en proteger derechos por parte de quienes tienen un pesado “velo de ignorancia” (para usar una expresión de Rawls) que introduce la elección por sorteo propuesta por Montesquieu. De todos modos, si no resultaran atractivas las sugerencias de éste último autor, ni las de Hayek y de Leoni, insistimos, es imperioso pensar en otros mecanismos para evitar a toda costa la farsa que en gran medida tiene lugar en nombre de la democracia. Y todo está ubicado en el plano institucional fuera del debate de quienes serán los nombres de los que ocuparán cargos públicos, puesto que como ha señalado Popper, el tema no consiste en la concepción del “filósofo rey” de Platón sino en establecer marcos institucionales “para que el gobierno haga el menor daño posible”.</p>
<p>Para mayor precisión, en muchos documentos constitucionales se recurrió a la expresión <strong>“república”</strong> en lugar de “democracia” como fue el caso de la estadounidense y la original argentina, ya que el primer término <strong>explicita la alternancia en el poder, la publicidad de los actos de gobierno, la igualdad ante la ley, la responsabilidad del gobernante por sus actos frente a los gobernados y la separación de poderes. </strong></p>
<p>A veces nos invade cierto escepticismo cuando observamos la apatía por discutir estos temas, al tiempo que se abandona la educación “porque es un tema de largo plazo” (sic), mientras se desperdician mentes embarcadas en debates más o menos irrelevantes.<b> </b></p>
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		<title>¿Límites de la libertad?</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Feb 2015 09:53:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Conviene despejar un mal entendido. <strong>Se ha dicho que la libertad de uno termina donde comienza la del otro.</strong> Esto, aunque expuesto con la mejor de las intenciones, puede prestarse a confusión puesto que la libertad significa la de todos, lo cual naturalmente se traduce en el respeto recíproco. <strong>La invasión a las libertades de otros no es libertad sino anti-libertad</strong>, precisamente constituye un atropello a la libertad. No es que la libertad se extralimita, es que entra en la zona de la no-libertad.  <strong>Lo mismo va para el derecho, plano en el que se ha introducido la absurda teoría del “abuso del derecho”, una contradicción en los términos</strong> <strong>puesto que una misma acción no puede ser conforme y contraria al derecho. </strong></p>
<p>Pero aquí viene un asunto de la mayor importancia que se traduce en un debate que viene de largo tiempo y promete seguir. Reitero aquí parte de lo que he escrito en la introducción a la doceava edición de mi <i>Fundamentos de análisis económico</i> (Panamá, Instituto de Estudios de la Sociedad Abierta, 2011) puesto que <strong>de lo que se trata en este contexto es de discutir marcos institucionales civilizados para que pueda funcionar la economía</strong>. Allí ilustro el tema con lo consignado por dos pensadores de fuste: Karl Popper y Sidney Hook.<span id="more-458"></span></p>
<p>El primero escribe: <strong>&#8220;La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia</strong>. Si extendemos la tolerancia ilimitada incluso a aquellos que son intolerantes, <strong>si no estamos preparados para defender una sociedad tolerante contra la embestida del intolerante, entonces el tolerante será destrozado junto con la tolerancia</strong> […], puesto que puede fácilmente resultar que no están preparados a confrontarnos en el nivel del argumento racional y denunciar todo argumento; pueden prohibir a sus seguidores a que escuchen argumentos racionales por engañosos y enseñarles a responder a los argumentos con los puños o las pistolas” (<i>The Open Society and its Enemies</i>, Princeton, NJ., Princeton University Press, 1945/1950:546).</p>
<p>En la misma línea argumental, el segundo autor mantiene que “las causas de la caída del régimen de Weimar fueron muchas: una de ellas, indudablemente, fue la existencia del liberalismo ritualista, que creía que la democracia genuina exigía la tolerancia con el intolerante” (<i>Poder político y libertad personal</i>, México, Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana, Uthea, 1959/1968: xv).</p>
<p>El problema indudablemente no es de fácil resolución. Giovanni Sartori ha precisado que “el argumento es de que <strong>cuando la democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación convierte un sector del <i>demos </i>en <i>no-demos</i>.</strong> A la inversa, <strong>la democracia concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría se corresponde con todo el pueblo</strong>, es decir, con la suma total de la mayoría y la minoría” (<i>Teoría de la democracia</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1987: vol.i, 57). Sin duda que<strong> la democracia así concebida se ha degradado y desfigurado hasta convertirse en cleptocracia,</strong> es decir, el gobierno de ladrones debido a impuestos confiscatorios, deudas estatales inviables y deterioro del signo monetario, ladrones de libertades y autonomías individuales y ladrones de vidas y sueños aniquilados por megalómanos en el poder. Por tanto, en contextos contemporáneos la teórica función gubernamental de proteger “la vida, la libertad  y la propiedad” en gran medida ha quedado en agua de borraja. Tal como se expone en el texto de este libro en la referida sección de los marcos institucionales, la omnipotencia del número facilita el atropello del Leviatán.</p>
<p><strong>Sin embargo, el tema de proscribir a los enemigos de la sociedad abierta tiene sus serios bemoles puesto que resulta imposible trazar una raya para delimitar una frontera y, aunque fuera posible,  siempre presenta graves problemas</strong>. Como he escrito antes, supongamos que un grupo de personas se reúne a estudiar los Libros V al VII de <i>La República </i>de Platón donde aconseja el establecimiento de un sistema enfáticamente comunista bajo la absurda figura del “filósofo-rey”. Seguramente no se propondrá censurar dicha reunión. Supongamos ahora que esas ideas se exponen en la plaza pública, supongamos, más aún, que se trasladan a la plataforma de un partido político y, por último, supongamos que esos principios se diseminan en los programas de varios partidos y con denominaciones diversas sin recurrir a la filiación abiertamente comunista ni, diríamos hoy, nazi-fascista. No parece que pueda prohibirse ninguna de estas manifestaciones sin correr el grave riesgo de bloquear el indispensable debate de ideas, dañar severamente la necesaria libertad de expresión y, por lo tanto, sin que signifique un peligroso y sumamente contraproducente efecto <i>boomerang</i> para incorporar nuevas dosis de conocimiento.</p>
<p>La confrontación de teorías rivales resulta indispensable para mejorar las marcas y progresar. En una simple reunión -sea presencial o virtual- con colegas de diversas profesiones y puntos de vista para someter a discusión un ensayo o un libro en proceso se saca muy buena partida de las opiniones de todos. Es raro que no se aprenda de otros, de unos más y de otros menos, pero de todos se incorporan nuevos ángulos de análisis y visones de provecho, sea para que uno rectifique algunas de sus posiciones o para otorgarle argumentación de mayor peso a las que se tenían. Se lleva el trabajo a la reunión pensando que está pulido y siempre aparecen valiosas sugerencias. Es que como ha dicho Borges parafaseando el pensamiento de Alfonso Reyes: “Como no hay tal cosa como un texto perfecto, si uno no publica, se pasa la vida corrigiendo borradores”. Por otra parte, en estas lides, el consenso se traduce en parálisis. <strong>Nicholas Rescher pone mucho énfasis en el valor del pluralismo en su obra que lleva un sugestivo subtítulo: </strong><i><strong>Pluralism. Against the Demand for Consensus</strong> </i>(Oxford, Oxford University Press, 1993). Incluso la unanimidad tiene cierto tufillo autoritario; <strong>el disenso, no el consenso, es la nota sobresaliente de la sociedad abierta</strong> (lo cual desde luego incluye, por ejemplo, que un grupo de personas decida seguir el antedicho consejo platónico y mantener las mujeres y todos sus bienes en común).</p>
<p>Sidney Hook apunta que “una cosa es mostrarse tolerante con las distintas ideas, tolerante con las diversas maneras de jugar el juego, no importa cuán extremas sean, siempre que se <i>respeten </i>las reglas de juego, y otra, muy diferente, ser tolerante con los que hacen trampas o con los que están convencidos de que es permisible hacer trampas” (<i>op. cit.</i>: xiv). Pero es que, precisamente, de lo que se trata desde la perspectiva de quienes no comparten los postulados básicos del liberalismo es <i>dar por tierra con las</i> <i>reglas</i> <i>de</i> <i>juego</i>, comenzando con la institución de la propiedad privada. En este sentido recordemos que Marx y Engels<i> </i>sostuvieron que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada” (“Manifiesto del Partido Comunista”, en <i>Los fundamentos del marxismo</i>, México, Editorial Impresora, 1848/1951: 61) y los fascistas mantienen la propiedad <i>de jure </i>pero la subordinan <i>de facto </i>al aparato estatal, en este sentido se pronuncia Mussolini: “Hemos sepultado al viejo Estado democrático liberal […] A ese viejo Estado que enterramos con funerales de tercera, lo hemos substituido por el Estado corporativo y fascista, el Estado de la sociedad nacional, el Estado que une y disciplina” (“Discurso al pueblo de Roma” en <i>El espíritu de la revolución fascista</i>, Buenos Aires, Ediciones Informes, 1926/1973:218, compilación de Eugenio D`Ors “autorizada por el Duce”: 13).</p>
<p><strong>No se trata entonces del respeto a las reglas de juego sino de modificarlas y adaptarlas a las ideas de quienes pretenden el establecimiento de un estado totalitario o autoritario.</strong> Esto es lo que estamos presenciando en estos momentos con los Chávez del planeta y sus imitadores. Nos percatamos del riesgo: los que se amparan en la libertad de expresión apuntan a ejecutar sus ideas, es decir, los Stalin y Hitler de nuestra época pretenden asesinar y destruir toda valla jurídica para sus designios totalitarios. Lo dicho no contraría que en sociedades libres respondan ante la Justicia quienes han lesionado derechos de terceros, lo cual nada tiene que ver con la censura puesto que se trata de un proceso <i>ex post facto</i>.</p>
<p>El tema entonces radica en la educación, <strong>nada puede hacerse como no sea el ganar la argumentación a favor de la sociedad abierta</strong>, de lo contrario los delitos de homicidio y robo instalados en la civilización son eliminados de un plumazo por los sátrapas. Y cuando ponemos énfasis en la educación estamos hablando de valores y principios compatibles con la sociedad abierta que no necesariamente muestran un correlato con el monto presupuestario que se destina a ese rubro.</p>
<p>Es cierto que el corrimiento en el eje del debate procede de los ambientes intelectuales que, como una piedra en un estanque, van formando círculos concéntricos desde el cenáculo a la opinión pública que, en esta etapa cultural, es capitalizada por las estructuras políticas. Pero incluso es hasta cierto punto un desperdicio el destinar esfuerzos constructivos en el campo educativo que son tan necesarios, si mientras se implementan sistemas que ofrecen potentes incentivos para operar en direcciones que demuelen la democracia. Para revertir estos incentivos perversos, es de gran interés consultar las propuestas de Montesquieu, Hayek y Leoni a las que me he referido en otros escritos al efecto de abrir un debate sobre el tema del resguardo de la democracia, pero como tema prioritario la libertad de expresión debe proceder incondicionada.</p>
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		<title>Un libro de Carlos Fuentes</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jan 2014 10:09:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hasta antes de leer la obra que comentaré a continuación, pensé que en el género de la ficción había una tríada que representaba bien los problemas del poder político: S<em>eñor presidente</em> de <strong>Miguel Ángel Asturias</strong>, <em>La fiesta del chivo</em> de <strong>Mario Vargas Llosa</strong> y<em> Yo, el supremo</em> de <strong>Roa Bastos</strong>. Ahora me doy cuenta que se trata de un cuarteto (hacemos una analogía) que se completa con <strong><em>La Silla del Águila</em> </strong>de<strong> Carlos Fuentes</strong>.</p>
<p>En este trabajo de Fuentes, si bien la trama está referida a <strong>México</strong>, en última instancia alude a las características de todos los gobiernos. Le encuentro cierta similitud con <em>El príncipe</em> de <strong>Maquiavelo</strong>. En este caso, se suele condenar al autor de perverso cuando en verdad estaba describiendo lo que ocurre en los pasillos del poder. Así, por ejemplo, escribe Maquiavelo que “podría citar mil ejemplos modernos y demostrar que muchos tratados de paz, muchas promesas han sido nulas e inútiles por la infidelidad de los príncipes, de los cuales, el que más ha salido ganando es el que ha logrado imitar mejor a la zorra. Pero es menester respetar bien ese papel; hace falta gran industria para fingir y disimular, porque los hombres son tan sencillos y tan acostumbrados a obedecer las circunstancias, que el que quiera engañar siempre hallará a quien hacerlo”. O cuando se lee que el gobernante “debe parecer clemente, fiel, humano, religioso e íntegro; mas ha de ser muy dueño de sí para que pueda y sepa ser todo lo contrario […] dada la necesidad de conservar el Estado, suele tener que obrar contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión […], los medios que emplee para conseguirlo siempre parecerán honrados y laudables, porque <strong>el vulgo juzga siempre por las apariencias</strong>”.</p>
<p><span id="more-7"></span>El libro de Fuentes se construye en base a un entramado epistolar cuyo eje central se refiere al poder político mexicano con todas las tramoyas, vericuetos, traiciones y abusos típicos de la politiquería, intercalado con relaciones amorosas de diverso calibre. Son setenta los capítulos que corresponden a sesenta y nueve cartas y una especie de<em> post-sriptum</em>, mediante lo cual ilustra magníficamente lo que el autor se propone describir, posiblemente al efecto de que el lector discuta consigo mismo sobre el poder y se cuestione sus diversos aspectos.</p>
<p>En cierto sentido me recuerda el ensayo, también sobre México pero aplicable a otros lares, titulado <strong><em>Toma de posesión: el rito del poder</em> </strong>de <strong>Fernando Serrano Migallón,</strong> que abarca desde la sociedad prehispánica hasta <strong>Carlos Salinas de Gortari</strong>, donde, sin proponérselo el autor, quedan estampadas las prepotencias de gobernantes, las rencillas del poder que se llevan por delante los derechos de la gente en el contexto de un boato rayano en la ridiculez (tengamos en cuenta el aforismo en cuanto a que “entre lo sublime y lo ridículo hay sólo un paso”).</p>
<p>Estimo que el mejor modo de poner de manifiesto lo dicho es <strong>transcribir algunos pasajes cortos de <em>La Silla del Águila</em></strong>. Aquí va una muestra representativa por orden de aparición y por boca de los personajes de la novela: “para mí todo es política, incluso el sexo. Puede chocarte esta voracidad profesional”, “el poder es mi vocación”, “te lo digo a boca de jarro: todo político tiene que ser hipócrita. Para ascender, todo vale. Pero hay que ser no sólo falso, sino astuto”, “la fortuna política es un largo orgasmo”, “no hay gobierno que funcione sin el aceite de la corrupción” y “no hay mejor entrenamiento para la política que el adulterio”.</p>
<p>Como esto está muy generalizado y no circunscripto a países del tercer mundo, es decir, la democracia -el respeto irrestricto de las mayorías por las minorías- que ha devenido en <strong>cleptocracia</strong>, vale la pena hacer un alto en el camino y considerar propuestas que intentan rectificar el rumbo, no en base a la espera de milagros con los mismos sistemas y procedimientos, sino en base a incentivos distintos. En este sentido, es de gran relevancia discutir la propuesta de <strong>Friderich Hayek</strong> para el <strong>Poder Legislativo</strong>, la de <strong>Bruno Leoni</strong> para el <strong>Poder Judicial</strong> y la de <strong>Montesquieu</strong> aplicable al <strong>Poder Ejecutivo</strong>. Son propuestas radicales que he considerado en otras oportunidades, pero, en todo caso, si éstas no se aceptan hay que usar las neuronas para pensar en otras pero no quedarse de brazos cruzados y comprobar cómo se degrada el sistema institucional camuflado con votos. Incluso esto es necesario para dar lugar a otros debates como los fértiles de las externalidades, el dilema del prisionero y las asimetrías de la información.</p>
<p>En <em>La Silla del Águila</em> los personajes vinculados a la política discuten sobre engaños, estrategias, enredos amorosos, consejos inauditos y confesiones inconfesables. En no pocos pasajes se advierten ideas atrabiliarias de <strong>Carlos Fuentes</strong> -especialmente en materia económica- del todo compatibles con otras declaraciones suyas expresadas de viva voz por otros canales y en otros de sus escritos, pero de cualquier manera, sigue en pie que esta obra desnuda el alma del poder (además de los otros desnudos literales que se insinúan o que se describen en la novela).</p>
<p>Resultan tragicómicas las descripciones que se hacen de los diversos funcionarios gubernamentales, como que “el encargado de las comunicaciones se comunica mejor en silencio, a oscuras, y expidiendo, como lo hace, concesiones y contratos mediante jugosas comisiones” o cuando se describe al “secretario de Estado para la Vivienda… que sólo ha construido una casa: la suya”, a los que viven declamando “lealtad al espíritu de la Patria – <em>whatever that means</em>!” y a funcionarios que son “como poner un pirómano al frente del cuerpo de bomberos” (lo cual me recuerda a <strong>Ray Bradbury</strong> en <em><strong>Farenheit 451</strong>,</em> a lo que agrego que es una espléndida metáfora para aludir a nuestros gobiernos: bomberos que incendian).</p>
<p>Fuentes describe a través de los diálogos epistolares de referencia “las bajezas a que conduce el servilismo político”, la obsecuencia y los aplaudidores que reciben todo tipo de privilegios (aquí me surge <strong><em>Opiniones de un payaso</em> </strong>de <strong>Heinrich Böll</strong>, especialmente referido a la hipocresía de pseudoempresarios prebendarios) y las náuseas que provoca trabajar con funcionarios aberrantes que hacen decir a subordinados que “debo disciplinarme y aceptar la diaria compañía de tan repugnante sujeto” en el contexto de que “el más ilustrado de los gobernantes requiere la seguridad que le da un <em>yes-man</em>, el que le dice que sí a todo” que demanda “obsequiosidad ante los superiores y crueldad con los inferiores”, todo mientras están en el poder, luego de lo cual, cuando se ven obligados a dejar el trono, se preguntan incrédulos “¿A dónde se fueron mis amigos?”.</p>
<p>Por último -porque en una nota periodística no pueden abarcarse todos los aspectos de la trama de una novela- establezco dos correlatos más con otros escritos. En primer lugar, cuando Fuentes le hace decir a uno de sus actores “yo soy de los que prefieren matar a miles de inocentes que dejar que se me escape un solo culpable”. En este caso, la comparación que me viene a la memoria es la cita del megalómano <strong>Marat</strong> en la <strong>contrarevolución francesa</strong> que hace<strong> Albert Camus</strong> en <em><strong>El hombre rebelde</strong>:</em> “¡Es que no comprenden que yo sólo quiero cortar miles de cabezas para salvar muchas más!”.</p>
<p>El segundo caso es cuando en <em>La Silla del Águila</em> (nótese que los dos sustantivos van con mayúscula para indicar la solemnidad del poder) se declara que “la máscara se ha convertido en la cara”. Esto es lo que se consigna en la formidable<strong><em> The Scarlet Letter</em> </strong>de <strong>Nathaniel Hawthorne</strong> referida a los horrendos “juicios” de brujería: “ningún hombre, por un período considerable de tiempo, puede usar una cara para consigo mismo y otra para la multitud, sin finalmente confundirse respecto a cual es la verdadera”.</p>
<p>He disfrutado con esta lectura proporcionada por Carlos Fuentes, gracias al obsequio de <strong>Juan de Anchorena</strong> que indudablemente conjetura bien acerca de mis inclinaciones bibliográficas. Como una nota al pie, es de interés destacar un párrafo de la novela que puede parecer un tanto misteriosa al lector desprevenido, y es cuando se exclama “¡Por la pata perdida de Santa Anna…!”. El mismo Fuentes se refiere al episodio en su prólogo a la obra antes referida de <strong>Roa Bastos</strong> y es que <strong>Antonio López de Santa Anna</strong>, quien gobernó México por once períodos intercalados, en una ocasión perdió una pierna en una batalla, por lo que la hizo enterrar en la Catedral mexicana con toda la pompa de los funerales oficiales y cada vez que dejaba el poder la gente la desenterraba, pero cuando volvía al gobierno el tirano nuevamente enterraba su extremidad con idénticas formalidades. Otra forma de ilustrar los descaros del poder.</p>
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