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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; Huber Matos</title>
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		<title>El problema es el comunismo, no el embargo</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Dec 2014 11:12:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En mi artículo publicado el 14 de octubre de 2007, titulado <strong><em>“Mi primo, el Che”</em></strong> distribuido por LiberPress, me refería sucintamente  a la situación de Cuba antes del advenimiento del castrismo, así consignaba que,<strong> a pesar de las barrabasadas de Batista, era la nación de mayor ingreso <i>per</i> <i>capita</i> de Latinoamérica,</strong> eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.</p>
<p><strong>Ahora el gobierno estadounidense se prepara para reanudar las relaciones diplomáticas con la isla-cárcel que solo este año ha detenido a casi dos mil personas, la mayoría perteneciente a las Damas de Blanco</strong>, un acto simbólico aquél que trasmite la falsa idea de que en ese país ahora las cosas han cambiado y que merecen el reconocimiento del otrora baluarte del mundo libre.</p>
<p><strong>Como el sistema comunista no es capaz de producir nada eficientemente (ahora, ¡ni azúcar!),</strong> Cuba primero se financiaba con el producto del saqueo en gran escala a los súbditos y los recursos naturales de la URSS y luego con parte de lo obtenido por el petróleo venezolano y las privaciones de ese pueblo. Ahora que el precio del oro negro se ha desplomando y el chavismo está agonizando, los sátrapas cubanos se dirigen a Estados Unidos al efecto de poder financiar a los carceleros para lo cual sirve el reconocimiento diplomático.<span id="more-335"></span></p>
<p>Por su parte, <strong>el embargo no es el problema,</strong> más bien ha servido como pretexto para endosar todos los males de la isla cuando hipócritamente todas las operaciones se hacían y se hacen a través de triangulaciones. El problema es el antedicho reconocimiento ante el mundo y la consiguiente pretensión de usar a Estados Unidos para que el régimen totalitario no decaiga en el alimento para sustentarlo, del mismo modo que lo hacían antes con los criminales soviéticos y los payasos peligrosos del Orinoco.</p>
<p>Todas las personas con algún sentido de dignidad se entristecen frente a esta infamia porque no olvidan los alaridos de dolor de los presos atestados en mazmorras y las miserias espantosas por las que atraviesan los cubanos cotidianamente, las espantosas condiciones de las pocilgas que son los hospitales (solo se mantiene algún centro de salud en la vidriera para la gilada) y los sistemáticos lavados de cerebro que se dicen escuelas o universidades donde debe escribirse con lápiz en los cuadernos para que la próxima camada pueda borrar y escribir nuevamente debido a la escasez de papel.</p>
<p><strong>Conozco de cerca aquellos imbéciles norteamericanos que dan la espalda a la extraordinaria tradición de libertad de su propio pueblo y se creen con cierta gracia al alabar al barbudo de la isla cubana diciendo que admiran la igualdad</strong> que impera y el amor que prima en el pueblo, mientras se alimentan, se visten y se atienden en Estados Unidos.</p>
<p>También están los llamados<strong> empresarios sedientos de hacer negocios con el aparato estatal sin importarles el sufrimiento y el padecimiento ajeno que se multiplica cada vez que los mandones reciben financiamiento.</strong> Y, por último, los snobs de siempre que apoyan movimientos socialistas mientras tienen a buen resguardo sus cuentas bancarias en lugares civilizados.</p>
<p>Por supuesto que esta noticia del “reencuentro” entre Cuba y Estados Unidos es celebrado por las izquierdas que se percatan de las maniobras del castrismo para seguir en las mismas. Por eso hay gobernantes que se han adelantado a decir que este acercamiento significa redoblar las posibilidades de que el espíritu de la Cuba del Che mantenga las banderas en alto. <strong>Ninguno de los cuales por cierto es consistente con sus declamadas profesiones de fe ya que son en general millonarios con fondos obtenidos por medio del robo descarado a las poblaciones que gobiernan,</strong> tal como sucede con los Castro cuyos patrimonios siempre presiden las auditorias internacionales.</p>
<p>Si duda que <strong>siguen los idiotas útiles que hacen de carne de cañón pero que festejan ruidosamente todos los zarpazos del Leviatán</strong> aunque, en definitiva, son perjudicados por el sistema que apoyan y algunos cristianos peculiares que traicionan abiertamente los mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos sin entender en lo más mínimo los pilares de la sociedad abierta de la responsabilidad individual, el respeto recíproco ni la caridad que, para que sea tal, siempre es realizada con recursos propios y de modo voluntario (dicho sea al pasar, como ha señalado muy documentadamente J. F. Revel, Estados Unidos, desde el siglo dieciocho hasta el presente ha sido el país donde el promedio ponderado de caridad por persona es la más alta del orbe).</p>
<p>Después<strong> están los tilingos superlativos que proclaman a los cuatro vientos que la reanudación de las relaciones diplomáticas son “un hecho histórico”</strong> por la mera circunstancia de que hace más de medio siglo que las botas comunistas vienen aplastando a los cubanos indefensos y ahora se revierten esas relaciones cortadas desde 1961, aunque no cesa el referido estrangulamiento y consecuente oprobio.</p>
<p>Invito a los lectores que meditemos juntos con detenimiento lo que escribe <strong>Carlos Alberto Montaner,</strong> como es sabido, un pensador de fuste al que leen más de dos millones de personas sus columnas semanales. Dice Montaner en su último artículo referido al asunto que venimos tratando en una nota titulada “La normalización”: <strong>“Para mi no hay duda de que se trata de un triunfo político total de la dictadura cubana”.</strong></p>
<p>Por su parte, el senador estadounidense <strong>Marco Rubio</strong> ha escrito en el <i>Wall Street Journal </i>un artículo con el sugestivo título de “Una victoria para la opresión” que “El anuncio hecho por el presidente Obama el miércoles de dar legitimidad diplomática y acceso a dólares estadounidenses al régimen de Castro no solamente es malo para el oprimido pueblo cubano, o para los millones que viven en exilio y perdieron todo en las manos de la dictadura. <strong>La nueva política cubana de Obama es una victoria para los gobiernos opresivos de todo el mundo y tendrá consecuencias negativas reales para el pueblo estadounidense.</strong> Desde que Estados Unidos rompió sus relaciones diplomáticas en 1961, la familia Castro ha controlado el país y la economía con una mano de hierro que castiga a los cubanos que expresan su oposición y exigen un futuro mejor. Bajo los Castro, Cuba también ha sido una figura central en el terrorismo, el narcotráfico y todo tipo de miseria y caos en nuestro hemisferio”.</p>
<p>Asimismo, <strong>la célebre neurocirujana Hilda Molina radicada en Buenos Aires repite en cuanta entrevista le es solicitada y en cuanta conferencia se la invita que considera su deber desmentir la propaganda sobre Cuba y denunciar los crímenes atroces de la dictadura </strong>insoportable que se percibe en los más mínimos resquicios de la vida del sufrido pueblo cubano. Es ésta una persona de apariencia frágil pero que articula un discurso de gran fuerza y vigor espiritual, siempre pronunciado con respeto y en un tono educado (sabemos que los gritones ocultan bajo sus vociferaciones la sinrazón y la incapacidad de argumentar).  <strong>Me congratulo que esta luchadora incansable, que a veces se siente tan desamparada, hace un tiempo haya incorporado mi nombre entre los miembros del Consejo Consultivo de su institución <i>Crecer en Libertad</i>. </strong></p>
<p>Lo de nuestros hermanos de Cuba no es un tema simplemente de solidaridad hacia sus padecimientos y para con las vidas de tantos exiliados que lo han perdido todo en su tierra natal, sino que es en interés propio puesto que todos estamos interesados en la vigencia de libertad. Por eso nuestro homenaje a las personas mencionadas a la que agregamos<strong> el recuerdo de Huber Matos que alguna vez nos visitó en Buenos Aires y al formidable defensor de la sociedad abierta, Armando Valladares.</strong></p>
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		<title>A propósito de García Márquez</title>
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		<pubDate>Sat, 03 May 2014 10:03:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Acabo de leer el libro publicado hace poco por Plinio Apuleyo Mendoza titulado Gabo. Cartas y recuerdos. Plinio es coautor con Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa de la muy valiosa e ilustrativa tríada sobre el idiota latinoamericano, pero aquél trabajo sobrepasa en un punto a este trío. Y el punto se hace sentir... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2014/05/03/a-proposito-de-garcia-marquez/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo de leer el libro publicado hace poco por Plinio Apuleyo Mendoza titulado <i>Gabo. Cartas y recuerdos</i>. Plinio es coautor con Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa de la muy valiosa e ilustrativa tríada sobre el idiota latinoamericano, pero aquél trabajo sobrepasa en un punto a este trío.</p>
<p>Y el punto se hace sentir de modo filoso, contundente y de un modo feroz cuando <strong>el autor traza un paralelo entre las esperanzas de latinoamericanos pobres convencidos por intelectuales de izquierda de que su salvación está en el socialismo.</strong> En eso estribaba la esperanza y el sueño de cambio. Esto se inculcaba con más fuerza al sostener que los generales-dictadores de la época representaban al capitalismo a lo que se agregaba que los gobiernos estadounidenses apoyaban estas manifestaciones brutales de autoritarismo (recordemos a Trujillo en la República Dominicana, Somoza en Nicaragua, Stroessner en Paraguay, Perón en Argentina, Vargas en Brasil, Rojas Pinilla en Colombia, Pérez Giménez en Venezuela, Ubico en Guatemala y Batista en Cuba).</p>
<p>El paralelo lo establece con motivo de su visita (junto a García Márquez) a Alemania Oriental. Allí dice Plinio Apuleyo Mendoza que se topó por todos lados con la pobreza más colosal y la mugre más espantosa y maloliente pero con una diferencia sustancial: <strong>allí no había esperanza alguna porque la revolución ya se había consumado…y era eso</strong>. Esto, sigue diciendo el autor, provoca y explica “el cambio de actitud” de las personas para convertirla en resignación y tristeza, en lugar de la esperanza de sus colegas latinoamericanos. Esto nos parece una observación crucial que se encaja en la piel del lector de un modo profundo y perecedero. Una imagen vívida que todo lo explica.</p>
<p>Escribe Plinio que esa visita, que también fue a la URSS, hizo que perdiera su “inocencia respecto al mundo socialista”, ya que adhería a esa postura, experiencias que, en esa instancia, no fueron suficientes para abandonar el intento por implantar un socialismo distinto al de las masacres de Stalin, de ahí que al comienzo apoyó el experimento cubano, idea que a poco andar abandonó para abrazar la causa liberal.</p>
<p>Esto me recuerda el tránsito intelectual de mi amigo Eudocio Ravines (finalmente asesinado en México) que en su juventud fue Premio Lenin y Premio Mao y organizó el comunismo en España y en Chile (con especial encargo del Kremlin de infiltrar la Iglesia católica), quien, al principio -antes de escribir <i>La gran estafa</i> y miles de columnas a favor de la sociedad abierta- pensaba que el problema era Stalin y tardó en darse cuenta que la raíz del mal radica en el sistema socialista.</p>
<p>Plinio Apuleyo Mendoza afirma en el libro que venimos comentando que “los latinoamericanos de nuestra generación tuvieron de jóvenes una versión seráfica del socialismo, que la realidad se ha encargado de corregir severamente. Las desesperadas circunstancias políticas de América Latina, sus generales en el poder, presos y exiliados en todas partes, avivaban nuestras simpatías por el mundo socialista, que conocíamos solo de modo subliminal a través de toda la mitología revolucionaria […] una gran decepción similar a la que tuve de niño cuando supe que los juguetes de Navidad no los traía el Niño Jesús”.</p>
<p>Se preguntaba este autor “cómo y por qué la Alemania capitalista [Occidental] que hemos visto en Heidelberg y en Frankfurt, parece reluciente como una moneda recién acuñada, con edificios recién construidos, vitrinas resplandecientes, bellos parques, cafés repletos de gente, música y muchachas resplandecientes por todos lados mientras que la Alemania socialista, la nuestra, al fin y al cabo, parece negra y lúgubre como una cárcel”.</p>
<p>Respecto a su relación con Gabriel García Márquez debe destacarse que prácticamente convivió con él en Barcelona, París, Caracas, Bogotá y La Habana durante muchos años y es el padrino del hijo mayor del premio Nobel. Subraya Plinio al referirse a las experiencias apuntadas y sus divergencias de fondo con el régimen totalitario del castrismo: <strong>“Desde luego es lo que pienso yo: no García Márquez. El, hoy en día, pone a Cuba fuera de la cesta”</strong>. Algo increíble en verdad, incluso el célebre caso Padilla que tanto conmovió a otros escritores, no modificó la postura de García Márquez quien siguió manteniendo hasta su muerte una relación estrecha con el asesino de la isla-cárcel.</p>
<p>Es bueno recordar que Cuba, antes del advenimiento de Castro, a pesar de los inaceptables crímenes y barrabasadas de Batista, arrastraba ventajas anteriores como la nación de mayor ingreso <i>per</i> <i>capita</i> en Latinoamérica, notables industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía un número de televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles. En realidad no es necesario extenderse en estos temas y las masacres morales y físicas del socialismo cubano contra propios (“gusanos contrarrevolucionarios”) y extraños (“imperialistas mal paridos”), puesto que ya lo han hecho con gran solvencia, entre muchos otros, personalidades como Carlos Alberto Montaner, Huber Matos y Armando Valladares.</p>
<p>A veces -según la magnitud y publicidad del caso- resulta difícil separar la condición profesional de la conducta personal. Otras veces esa dificultad se esfuma puesto que los hechos y dichos privados no trascienden más de lo prudente. En el caso de García Márquez surge la dificultad debido precisamente a que ha exhibido una y otra vez lo que a nuestro juicio es su aspecto oscuro al hacer gala de su vinculación con el origen y la fuente de un sistema oprobioso y criminal.</p>
<p><strong>De todos modos he disfrutado uno de sus libros (<i>Noticias de un secuestro</i>) y varios de sus cuentos</strong> que si bien no me parece que estén a la altura de los de un Giovanni Papini, algunos de ellos son estupendos e imposibles de dejar una vez que se comenzaron a leer como <em>Algo muy grave va a suceder en este pueblo</em>, que paradójicamente no está incluido en la muy difundida edición de bolsillo titulada <i>Todos los cuentos</i>, colección en la que en el Prólogo a <em>Doce cuentos peregrinos</em> nos da una pista de su tremenda autoexigencia como escritor: “Nunca he vuelto a leer ninguno de mis libros por temor a arrepentirme”. Seguramente esto es por lo dicho por Borges al citarlo a Alfonso Reyes: “como no hay tal cosa como un texto perfecto, si uno no publica se pasa la vida corrigiendo borradores”.</p>
<p>Concluye Plinio su libro afirmando: &#8220;<strong>Mi filosofía política es liberal y no marxista como en los tiempos de mi juventud; he dejado de ser un hombre de izquierda y pienso que el delito contrarrevolucionario tan severamente castigado en Cuba equivale a un delito de opinión propio de un régimen totalitario. Creo que el balance de la revolución cubana es catastrófico”.</strong> Opiniones que le visto ratificar con solvencia al autor cada vez que nos hemos encontrado en congresos en los que participamos como oradores.</p>
<p>Es que el liberalismo significa respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. La vida se torna insoportable si cada uno pretende imponer su visión de las cosas al prójimo. Cada uno debe poder encaminarse por donde estime pertinente siempre y cuando no lesione derechos de terceros y debe asumir las consecuencias de sus hechos. E<strong>n esto consiste la tolerancia que mejor expresada es <i>respeto</i> puesto que <i>tolerancia</i> puede interpretarse con cierto tufillo inquisitorial en el sentido de que se “tolera”, es decir, se “perdona” el error ajeno.</strong> El conocimiento es siempre de carácter provisional sujeto a refutaciones, de allí la importancia de los debates abiertos.</p>
<p>Lo interesante y productivo de la sociedad libre es que la asignación de los siempre escasos recursos se hace conforme a las votaciones diarias de los consumidores según sean sus necesidades, y las diferencias resultantes permiten maximizar las tasas de capitalización que, a su turno, elevan salarios e ingresos en términos reales.</p>
<p><strong>Nada más peligroso que los megalómanos que pretenden fabricar el “hombre nuevo” a la fuerza</strong>, quienes concentran ignorancia al entrometerse en la vida y las haciendas ajenas en lugar de percatarse de que el conocimiento está disperso y es fragmentado entre millones de actores que expresan sus necesidades a través de arreglos contractuales libres y voluntarias en un contexto donde se respeta el derecho de propiedad.</p>
<p>Es de esperar que el magnífico libro de Plinio contribuya a reafirmar la desilusión de tantos que han cifrado sus esperanzas en la prepotencia de la fuerza y que, en todo caso, <strong>retomen la tradición de quienes se sentaron a la izquierda del rey en la Asamblea Constituyente en la Francia revolucionaria para oponerse a los abusos del poder y no para engrosarlos</strong>.</p>
<p>De todos modos, las ventas de García Márquez (cincuenta millones de ejemplares solo de <i>Cien años de soledad</i>) son un buen síntoma ya que, si bien, como escribe Daniel Pennac, “el verbo leer no resiste el imperativo”, hoy, a diferencia de antaño, la buena lectura en gran medida se sustituye por aparatos electrónicos de imagen y audio de golpeteos ruidosos, “estupidez, vulgaridad y violencia”.</p>
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