<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; John Stossel</title>
	<atom:link href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/tag/john-stossel/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch</link>
	<description>alberto_benegas_lynch</description>
	<lastBuildDate>Sat, 04 Jun 2016 04:19:48 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.2</generator>
		<item>
		<title>La inmoralidad del socialismo</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/10/31/la-inmoralidad-del-socialismo/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/10/31/la-inmoralidad-del-socialismo/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 31 Oct 2015 10:45:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>
		<category><![CDATA[John Stossel]]></category>
		<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>
		<category><![CDATA[Socialismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/?p=1179</guid>
		<description><![CDATA[Los sistemas sociales en última instancia debe ser juzgados por sus fundamentos éticos, es decir, por su capacidad de respetar la dignidad del ser humano, por la consideración a las sagradas autonomías individuales y, por consiguiente, a las mejores condiciones de vida posibles en este mundo, espirituales y materiales según sean las preferencias de cada... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/10/31/la-inmoralidad-del-socialismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los sistemas sociales en última instancia debe ser juzgados por sus fundamentos éticos, es decir, por su capacidad de respetar la dignidad del ser humano, por la consideración a las sagradas autonomías individuales y, por consiguiente, a las mejores condiciones de vida posibles en este mundo, espirituales y materiales según sean las preferencias de cada cual dada la liberación máxima de las energías creativas.</p>
<p>Los socialismos en cualquiera de sus variantes significan quitar en mayor o menor medida la libertad de las personas por parte del monopolio de la fuerza que llamamos Gobierno. No tiene sentido alguno hablar de moral cuando no hay libertad. No es moral ni inmoral aquel acto que se realizó por medio de la violencia y es pertinente recordar que la libertad significa ausencia de coacción por parte de otros hombres. No es correcto extrapolar la idea de libertad en el contexto de relaciones sociales a otros campos como la biología o la física.</p>
<p>Como hemos subrayado antes, no se deja de ser libre en el sentido de las relaciones sociales cuando se comprueba que hay personas que alegan que no son libres de bajarse de un avión en pleno vuelo o de ingerir arsénico sin sufrir las consecuencias, ni son menos libres los que están aferrados al tabaco. En este contexto, carece de significación sostener que los pobres no son libres para comprarse un automóvil de lujo, con lo que se confunde la idea de la libertad con la de oportunidad. Sin duda que el lisiado no puede ganar una competencia de cien metros llanos, pero esto nada tiene que ver con la libertad en el contexto de las relaciones sociales.<span id="more-1179"></span></p>
<p>Pero tal vez lo más relevante sea comprender que la libertad permite que cada uno se ocupe de sus asuntos sin que le resulte posible lesionar derechos de otros y, en ese ámbito, cada uno sepa que para prosperar debe inexorablemente mejorar la condición social de su prójimo, sea en campos espirituales o materiales, sea brindando buenos consejos o bienes y servicios que le agraden a sus congéneres. Así, en el terreno puramente material, los que aciertan obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. Ese es el modo por medio del cual en una sociedad abierta se asignan derechos de propiedad. Los resultantes no son posiciones irrevocables, sino cambiantes siempre según la capacidad y la dedicación de cada cual para atender los requerimientos de otros.</p>
<p><b>Hoy en día desafortunadamente tienen mucho predicamento las distintas manifestaciones de socialismo, situación que, al dañar el derecho de propiedad de la gente, hace que la pobreza se extienda por doquier</b>, a pesar de lo cual, cuando se presenta la posibilidad de pequeños islotes de libertad relativa, la consecuencia es un portentoso progreso.</p>
<p>Uno de los elementos centrales en este debate consiste en la igualdad. Ya en los albores de la Revolución Francesa, antes de los estropicios de la contrarrevolución jacobina, en los dos primeros artículos de la célebre <i>Declaración </i>se establecía la igualdad de derechos, pero nunca la manía moderna del pretendido igualitarismo de ingresos y patrimonios que, al imponer la guillotina horizontal, empobrece a todos, pero de modo especial a los más débiles. Esto es así porque los aparatos políticos, mediante la redistribución compulsiva de lo que la gente ya distribuyó voluntariamente con sus compras en el supermercado y afines, provoca consumo de capital que, a su turno, necesariamente reduce salarios.</p>
<p>Este es un tema crucial: entender que <b>el único modo de elevar salarios consiste en incrementar inversiones</b>. No hay magias posibles en economía, lo contrario permitiría que se aumenten ingresos por decreto, con lo que nos podrían hacer a todos millonarios. Pero las cosas no son así, hay que trabajar, ahorrar e invertir para elevar el nivel de vida. Y, a su vez, para atraer inversiones es indispensable contar con marcos institucionales civilizados de respeto recíproco.</p>
<p>En la medida en que los gobiernos jueguen al Papá Noel con el fruto del trabajo ajeno (ningún gobernante pone a disposición su patrimonio), los resultados serán nefastos. Es inaceptable concebir una sociedad como un gran círculo donde cada uno tiene metidas las manos en los bolsillos del vecino. Esto es lo que se conoce en economía como “la tragedia de los comunes”: lo que es de todos no es de nadie y, por tanto, son nulos los incentivos para usar adecuadamente los siempre escasos recursos. La forma en que se prenden las luces y se toma café en el ámbito privado no es la misma en ámbitos estatales.</p>
<p>Por supuesto que lo dicho en cuanto a lo que ocurre en mercados abiertos y competitivos no sucede cuando pseudoempresarios se alían con el poder político de turno para conquistar privilegios y prebendas a espalda de la gente. En este caso, sus ingresos y sus patrimonios no son el resultado de satisfacer a otros, sino que son la consecuencia de una miserable explotación.</p>
<p>Es habitual que se vea a la riqueza como un proceso de suma cero, es decir, que lo que tiene fulano es porque no lo tiene mengano. Esto no es correcto, la riqueza es un concepto dinámico, no estático, en el que nos pasamos de uno a otro los mismos bienes existentes. El que vende algo a cambio de dinero es porque aprecia más el dinero que el bien que entrega a cambio, viceversa con el comprador. Ambas partes se enriquecen en la transacción donde hay intercambios libres.</p>
<p>No es cuestión de decir que se trata de contar con “visiones nobles y sublimes” y que por ende no se aceptan explicaciones pedestres basadas en la ciencia económica. Si se habla de pobreza material y de sufrimiento de quienes viven una vida miserable, es indispensable recurrir a la economía. Sin embargo, es frecuente que no se quieran oír las recetas económicas serias, porque son “materialistas” y, simultáneamente, se alaban medidas económicas que arruinan a todos, pero muy especialmente a los más necesitados, puesto que cada vez que se sugieren dislates económicos de hecho se ataca a los más débiles por más buenas intenciones que se tengan (“Los caminos del infierno están pavimentados con buenas intenciones”).</p>
<p>Hay además una cuestión básica referida a que el conocimiento está disperso y fraccionado entre millones de personas en la sociedad. La institución de la propiedad privada hace posible el sistema de precios que, a su vez, coordina ese conocimiento disperso y fraccionado al efecto de servir las preferencias y los requerimientos de la gente.</p>
<p>He citado <i>ad nauseam </i>la ilustración que propone John Stossel, que nos imaginemos un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola de un supermercado y cerremos los ojos, pensemos en el largo y complejo proceso por el cual ese bien está finalmente a disposición masiva de los consumidores. Los agrimensores en los campos, los alambrados, los postes y sus antecedentes que significan emprendimientos de décadas para la forestación y la reforestación, junto a los transportes, las cartas de crédito, el personal y tantas otras facetas, el arado, las cosechas, los fertilizantes, los pesticidas, el ganado, los peones y sus caballos, las empresas de riendas y monturas; en fin tantas actividades empresarias horizontal y verticalmente consideradas. Nadie está pensando en el trozo de carne en el supermercado, sino en sus tareas específicas y, sin embargo, el producto está en la góndola debido a la coordinación de millares de operaciones en el sistema de precios que trasmite información, como decimos, siempre dispersa y fraccionada.</p>
<p>Luego vienen los sabihondos que dicen: “No puede dejarse el proceso a la anarquía del mercado” e intervienen y producen desajustes mayúsculos en el celofán, la carne, la góndola y el supermercado hasta que no hay nada para nadie, en los casos en los que la soberbia de los burócratas es grande.</p>
<p>Por esto es que no tiene el menor sentido afirmar: “Es liberal en lo político, pero no en lo económico”. Es lo mismo que sostener que se cree en la libertad en el continente (el marco) y no en el contenido (en las acciones diarias de la gente). <b>De nada sirve la libertad política que establece ciertos derechos si cuando se actúa todos los días comprando y vendiendo se bloquea la libertad</b>. Y tengamos en cuenta que la actividad diaria se enmarca en un abanico de contratos, unos explícitos y la mayoría implícitos. Desde que uno se levanta a la mañana, se lava los dientes, toma el desayuno, hay contratos de compra-venta del dentífrico, la mermelada, el café, el microondas, la heladera, etcétera, el viaje al trabajo (contrato de transporte), el trabajo mismo (contrato laboral) y así sucesivamente con la educación de los hijos en los colegios o las universidades, los bancos, el estacionamiento de los vehículos y todo lo demás. Cuando los aparatos estatales se entrometen en estos millones y millones de arreglos contractuales, se generan problemas graves de desajustes y crisis varias.</p>
<p>Por otra parte, al distorsionar precios, la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general quedan desdibujados. En rigor, eliminados los precios, no se sabe si conviene construir caminos con pavimento o con oro (si alguien manifiesta que con oro, sería un derroche, es porque recordó los precios antes de eliminarlos). Pero lo relevante es mostrar que no es necesario llegar a este extremo para que aparezcan los problemas: en la medida de la intervención estatal, en esa medida surgen los cimbronazos.</p>
<p>Ya que estamos hablando de precios, es oportuno apuntar que cuando se imponen precios máximos a un producto, no sólo se expande la demanda y se contrae la oferta, con lo que aparecen faltantes, sino que los recursos tienden a volcarse a otros ramos, por lo que los funcionarios habitualmente extienden los controles a esos otros sectores y se van ampliando los efectos de las garras del Leviatán por todos los vericuetos de las relaciones sociales. Ese es el sentido del <i>dictum </i>de George Bernard Shaw al decir: “Un comunista no es más que un socialista con convicciones”.</p>
<p>En otros términos<b>, los socialismos recortan libertades y por más que los ingenuos se alarmen por los Gulag, los controles policiales contra fenómenos que son consustanciales a la naturaleza humana, como la especulación, terminan por ahogar aquello que muchos de ellos querían preservar</b>. Dicho sea al pasar, especulación quiere decir conjeturar que se pasará de una situación menos satisfactoria a otra que le proporcionará mayor satisfacción a quien actúa, y esto va para todas las acciones posibles. No hay acción sin especulación, los Gobiernos sólo deben velar para que no se lesionen derechos.</p>
<p>Por eso concluye el premio Nobel en economía Friedrich Hayek, en <i>Los elementos morales de la libre empresa:</i> “Está en la esencia de la sociedad libre que se debe recompensar materialmente no por hacer lo que otros nos ordenan hacer, sino por hacer lo que necesitan […] La libre empresa ha desarrollado la única forma de sociedad que mientras nos provee con amplias medios materiales —si eso es lo que queremos— deja al individuo libre para elegir entre recompensas materiales y no materiales […] Es injusto culpar al sistema como materialista, porque, en lugar de decidir por él, deja al individuo que decida si prefiere ganancias materiales a otro tipo de excelencias”. Por mi parte, por eso defino al liberalismo como el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/10/31/la-inmoralidad-del-socialismo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Qué son los héroes?</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/10/03/que-son-los-heroes/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/10/03/que-son-los-heroes/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 03 Oct 2015 10:06:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Abuso de poder]]></category>
		<category><![CDATA[Albert Camus]]></category>
		<category><![CDATA[Caudillos]]></category>
		<category><![CDATA[democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Héroes]]></category>
		<category><![CDATA[Iniciativa privada]]></category>
		<category><![CDATA[Intelectuales de la libertad]]></category>
		<category><![CDATA[John Stossel]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Luis Borges]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Bautista Alberdi]]></category>
		<category><![CDATA[libertades individuales]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Alberto Lacalle]]></category>
		<category><![CDATA[Patria]]></category>
		<category><![CDATA[Stalin]]></category>
		<category><![CDATA[Testigo material]]></category>
		<category><![CDATA[Thomas Carlyle]]></category>
		<category><![CDATA[Yoani Sánchez]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/?p=1115</guid>
		<description><![CDATA[Personalmente no me gusta la expresión “héroe”, porque está manchada de patrioterismo y atribuida generalmente a personas que en realidad han puesto palos en la rueda en las vidas de su prójimo. Por otra parte, Juan Bautista Alberdi escribió en su autobiografía: “La patria es una palabra de guerra, no de libertad”, puesto que hay... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/10/03/que-son-los-heroes/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Personalmente no me gusta la expresión “héroe”, porque está manchada de patrioterismo y atribuida generalmente a personas que en realidad han puesto palos en la rueda en las vidas de su prójimo. Por otra parte, Juan Bautista Alberdi escribió en su autobiografía: “La patria es una palabra de guerra, no de libertad”, puesto que hay otras formas de expresarse menos pastosas para referirse al terruño de los padres.</p>
<p>El manoseo creciente de las palabras “héroe” y ”patria” ha hecho que se desfiguren y trastoquen. La primera, según el diccionario, es la “Persona que ha realizado una hazaña admirable para la que se requiere mucho valor”.</p>
<p>Me inspiró esta nota una parte de uno de los libros de John Stossel (<i>No, They Can´t</i>), preocupado porque la mayoría de la gente relaciona a los héroes con políticos y militares. El autor aclara que esos en general han manipulado vidas y haciendas ajenas, por lo que <strong>para él los verdaderos héroes son pioneros y empresarios creativos y los intelectuales de la libertad, que han contribuido enormemente a mejorar la vida de todos.</strong></p>
<p>Señalo que esto que apunta Stossel tiene una larga tradición que descubrí que comienza de manera sistemática con el decimonónico Herbert Spencer en su libro titulado <i>El exceso de legislación.</i> En esta obra, Spencer despotrica muy fundadamente contra los aparatos estatales que destrozan autonomías individuales y subraya la arrogancia de gobernantes, a pesar de que: “Todos los días registra la crónica algún fracaso, todos los días reaparece la idea de que no hace falta más que una ley del Parlamento y una tropa de empleados para llevar a cabo un fin cualquiera apetecido”. Agrega: “Siempre he estado predicando el desengaño: no pongáis vuestra confianza en la legislación”.<span id="more-1115"></span></p>
<p>En esta dirección, Spencer subraya: “La iniciativa privada ha hecho mucho, y lo ha hecho bien. La iniciativa privada ha roturado, desecado y fertilizado el país y edificado ciudades, ha excavado minas, tendido vías de comunicación, abierto canales y establecido ferrocarriles; ha inventado y llevado a perfección arados, telares, máquinas de vapor, prensas de imprimir e innumerables máquinas; ha construido nuestros buques, nuestras vastas manufacturas, nuestros muelles; ha establecido bancos, sociedades de seguros y periódicos; ha cubierto el mar con líneas de vapores y la tierra de telégrafos eléctricos. La iniciativa privada es la que ha traído a la altura en que al presente se encuentran la agricultura, la industria y el comercio y las está desenvolviendo con creciente rapidez”.</p>
<p>Por no decir nada de la medicina, que ha estirado la expectativa de vida de modo notable y tantos descubrimientos e iniciativas resultado de tecnologías que en la época de Spencer sonarían a magia imposible. En este contexto, <b>la mayor parte de las veces los aparatos estatales teóricamente encargados de velar por la justicia y la seguridad se convierten en un implacable Leviatán que todo lo destruye a su paso</b>.</p>
<p>La antedicha tradición spencerina fue retomada por Alberdi, quien en el tomo octavo de sus <i>Obras completas </i>concluye: “Si recordamos, dice Herbert Spencer, que toda la historia está llena de los hechos y gestos de los reyes, en tanto que los fenómenos de la organización industrial, visibles ellos son, no han logrado sino recientemente atraer un poco de atención; si recordamos que todas las miradas y pensamientos se dirigen a las acciones de los que gobiernan, que nadie hasta estos últimos tiempos tenía ojos ni pensamientos para los fenómenos vitales de cooperación espontánea a los cuales deben las naciones su vida, su crecimiento y progreso”.</p>
<p><b>Los </b><b>usos reiterados del héroe y la patria afloran en obras que encierran el germen de la destrucción de las libertades individuales, </b>como el “superhombre” y “la voluntad de poder” de Nietzsche o “el héroe” de Thomas Carlyle. Este último, en su célebre conferencia en Londres del 22 de mayo de 1840, estimó: “Puede reconocerse como el más importante entre los grandes hombres aquel a cuya voluntad o voluntades deben someterse los demás […] es resumen de <i>todas</i> las figuras del heroísmo […] toda dignidad terrena y espiritual que se supone reside para mandar sobre nosotros, enseñarnos continua y prácticamente, indicarnos qué tenemos que hacer día tras día, hora tras hora”.</p>
<p>Difícil resulta concebir una visión más cavernaria, de más baja estofa, de mayor renunciamiento a la condición humana y de mayor énfasis y vehemencia para que se aniquile y disuelva la propia personalidad en manos de forajidos, energúmenos y megalómanos, que, azuzados por poderes omnímodos, se arrogan la facultad de manejar vidas y haciendas ajenas, siempre en el contexto de cánticos sobre patriotas y héroes.</p>
<p>Este tipo de razonamientos y propuestas inauditas son los que dieron pie a los Hitler de nuestra época. De las ideas de Carlyle, esto dice Ernst Cassirer, el filósofo político, autor de numerosas obras, ex rector de la Universidad de Hamburgo y profesor en Oxford, Yale y Columbia: “Los primeros indicios del misticismo racial”, “Una defensa abierta al militarismo prusiano” y “La divinización de los caudillos políticos y una identificación del poder con el derecho”. Por su parte, Jorge Luis Borges consigna en su prólogo a la obra que reúne seis conferencias de Thomas Carlyle sobre la heroicidad: “Los contemporáneos no lo entendieron, pero ahora cabe una sola y muy divulgada palabra: nazismo […] [Él]<b> escribió que la democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan </b>[…], abominó de la abolición de la esclavitud […], declaró que un judío torturado era preferible a un judío millonario”.</p>
<p><b>La manía del héroe y el líder indefectiblemente conducen a la prepotencia, al abuso de poder y, finalmente, al cadalso en nombre de la patria</b>. Por eso resulta tan pernicioso que se les enseñe a estudiantes la historia como una narración bélica con elogios y salvas para la guerra y los guerreros, cuando no deben memorizar los pertrechos de cada bando sin entender el porqué de tanta trifulca. Lamentablemente, es cierto que la historia está colmada de hechos violentos, pero enseñarla como algo glorioso, un hito y algo que debe ser venerado y objeto de admiración resulta sumamente destructivo y una buena receta para perpetuar y acentuar el mal.</p>
<p>Cada uno debe constituirse en líder de sí mismo. <b>Los caudillos y los tiranuelos que son aclamados como líderes no hacen más que expropiar lo más preciado que posee el ser humano, que es el uso de su libre albedrío para la administración de su propio destino</b> al realizar sus potencialidades únicas e irrepetibles. Dice la primera acepción de “héroe” en el<i> Diccionario…</i> de la Real Academia Española: “Entre los antiguos paganos, el que creía haber nacido de un dios o una diosa y de una persona humana, por lo cual le reputaban más que hombre y menos que dios”. Si bien es cierto que hay otras acepciones, como la que consignamos más arriba, la expresión de marras está teñida de un pesado tufillo a guerra, sangre, batalla, violencia y ferocidad.</p>
<p>Pero, en todo caso, si se insiste en recurrir a la expresión “héroe”, debería aplicarse a personas excepcionales, como Ana Frank, Sophie Scholl, Sor Juana Inés de la Cruz, Lucretia Mott, Voltairine de Cleyre, Rose Wilder Lane, Mary Wollstonecraft, Germaine de Staël, Isabel Paterson, Hannah Arendt, Taylor Caldwell, Mariquita Sánchez de Thompson, Victoria Ocampo, Alicia Jurado, Anna Politkovskaya, Edith Stein, Ayn Rand o Mallory Cross Johnson, sólo para citar unos pocos nombres del mal llamado sexo débil que han dado extraordinarios ejemplos de fortaleza y coraje moral frente a cualquier signo de autoritarismo. Agrego el nombre de una joven que hoy vive en la isla-cárcel cubana desde donde se debate con una perseverancia arrolladora: Yoani Sánchez (cuando la revista <i>Time</i> la incluyó entre las cien personas más influyentes y apareció bajo el subtítulo de “héroes y pioneros”, ella escribió que prefiere “la simple categoría de ciudadana”).</p>
<p>El día en que en las plazas aparezcan las efigies de estas personalidades, podremos conjeturar que el mundo va en buena dirección, ya que, como tituló uno de sus libros Jerzy Kosinski: <i>No Third Path.</i></p>
<p>En esta misma línea de mantener la brújula firme y los principios en alto, Albert Camus escribe en la introducción de <i>El hombre rebelde</i>: “No siendo nada verdadero ni falso, bueno ni malo, la regla consistirá en mostrarse más eficaz, es decir, el más fuerte. Entonces el mundo no se dividirá ya en justos e injustos, sino en amos y esclavos”.</p>
<div>
<p>Las inmundicias de los Stalin, Pol Pot, Mao, Hitler y Mussolini de este planeta son consecuencia de las alabanzas al “hombre fuerte” en el poder, el carismático. Para ellos se tejen todo tipo de cánticos que rebalsan en referencias a lo heroico y grandioso a cuales les siguen personajes detestables tales como los Perón, Trujillo, Stroessner, Pérez Jiménez, Somoza y Rojas Pinilla que, si los dejan, se ponen a la altura o incluso superan en saña a sus maestros. <b>En esta instancia del proceso de evolución cultural sólo hay opción entre la democracia y la dictadura, no importa de qué signo sea.</b> Estas están siempre paridas de libros, artículos y conferencias que ensalzan al héroe como el mandamás de las multitudes.</p>
<p>Transcribo una anécdota horripilante de Paul Johnson en <i>Commentary</i> de abril de 1984 en la que relata uno de los casos en que se trata como héroe a un canalla: “En las Naciones Unidas en ocasión de la visita oficial de Idi Amin, presidente de Uganda, el primero de octubre de 1975. Para esa fecha ya era un notorio asesino serial de una crueldad indescriptible; no solo había liquidado personalmente algunas de sus víctimas, sino que las desmembraba y preservaba partes de las anatomías para consumo futuro: el primer caníbal con refrigerador […] A pesar de ello, fue electo presidente de la Organización para la Unidad Africana y, en esa capacidad, fue invitado a dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su discurso fue una denuncia a lo que denominó ‘la conspiración zionista-nortemericana contra el mundo ‘y demandó no sólo la expulsión de Israel de las Naciones Unidas, sino su extinción […] La Asamblea le brindó una ovación de pie cuando llegó, lo aplaudieron periódicamente en el transcurso de su discurso y, nuevamente, se pusieron de pie cuando dejó el recinto. Al día siguiente, el secretario general de la Asamblea [Kurt Waldheim] le ofreció una comida en su honor”.</p>
<p>Como he escrito antes, resulta que en medio de los debates para limitar y, si fuera posible, eliminar las acciones extremas que ocurren en lo que de por sí ya es la maldición de una guerra, como los denominados “daños colaterales”, aparece la justificación de la tortura por parte de Gobiernos considerados baluartes del mundo libre. Ya sea a través del establecimiento de zonas fuera de sus territorios para tales propósitos o expresamente delegando la tortura en terceros países, con lo que se retrocede al salvajismo más brutal.</p>
<p>También en la actualidad se recurre a las figuras de “testigo material” y de “enemigo combatiente” para obviar las disposiciones de las Convenciones de Ginebra. Según el juez estadounidense Andrew Napolitano, el primer caso se traduce en una vil táctica gubernamental para encarcelar a personas a quienes no se les ha probado nada, pero que son detenidas según el criterio de algún funcionario del Poder Ejecutivo y, en el segundo caso, nos explica que, al efecto de despojar a personas de sus derechos constitucionales, se recurre a un subterfugio también ilegal que elude de manera burda las expresas resoluciones de las antes mencionadas convenciones que se aplican tanto para los prisioneros de ejércitos regulares como para los combatientes que no pertenecen a una nación.</p>
<p>Termino con un pensamiento referido al proceso electoral para elegir Gobiernos que, si se toma con cuidado y responsabilidad, entre otras muchas cosas, puede modificarse la noción errada del héroe. Y no es con cuidado y responsabilidad que se encara la elección si de entrada afloran tremendas confusiones en el uso del lenguaje. La semana pasada Luis Alberto Lacalle —el ex presidente de Uruguay— muy atinadamente me dijo que resultaba un disparate aludir al recinto donde se vota como “cuarto oscuro”, puesto que naturalmente en esas condiciones no se puede ver nada, por lo que es un pésimo comienzo para elegir bien. Se trata del cuarto secreto, como dicen los uruguayos.</p>
</div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/10/03/que-son-los-heroes/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La reputación no se obtiene por decreto estatal</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2014/07/26/la-reputacion-no-se-obtiene-por-decreto-estatal/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2014/07/26/la-reputacion-no-se-obtiene-por-decreto-estatal/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 26 Jul 2014 09:58:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Avner Grief]]></category>
		<category><![CDATA[Bruce Benson]]></category>
		<category><![CDATA[calidad]]></category>
		<category><![CDATA[Carl Menger]]></category>
		<category><![CDATA[confianza]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Klein]]></category>
		<category><![CDATA[derecho comercial]]></category>
		<category><![CDATA[Douglass North]]></category>
		<category><![CDATA[Gordon Tullock]]></category>
		<category><![CDATA[Harold Berman]]></category>
		<category><![CDATA[Harry Chase Bearly]]></category>
		<category><![CDATA[Jeremy Shearmur]]></category>
		<category><![CDATA[John Stossel]]></category>
		<category><![CDATA[marcas]]></category>
		<category><![CDATA[mercado]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado Libre]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad de las Madres de Plaza de Mayo]]></category>
		<category><![CDATA[Walter Block]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/?p=174</guid>
		<description><![CDATA[Muchas veces por error se piensa que los aparatos estatales son garantía para la calidad en la prestación de servicios y en la compraventa de bienes. Sin embargo, como se ha señalado desde Adam Smith, los intercambios comerciales en gran medida se basan en los fuertes incentivos presentes en la sociedad abierta que permiten lograr... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2014/07/26/la-reputacion-no-se-obtiene-por-decreto-estatal/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas veces <strong>por error se piensa que los aparatos estatales son garantía para la calidad en la prestación de servicios y en la compraventa de bienes</strong>. Sin embargo, como se ha señalado desde Adam Smith, los intercambios comerciales en gran medida se basan en los fuertes incentivos presentes en la sociedad abierta que permiten lograr los objetivos.</p>
<p><span id="more-174"></span></p>
<p>Por ejemplo, sobre la calidad de alimentos nada más efectivo que la prestación del servicio para garantizarla que el abrir la posibilidad de que empresas en competencia hagan la tarea, con lo cual existen auditorías cruzadas. Digamos que tal o cual consultora ofrece la “cinta azul de calidad”: si llega a producirse una intoxicación, la consultora en cuestión y la marca correspondiente desparecen del mercado y son sustituidas por otra u otras. Por el contrario, si se trata de una repartición estatal, como último recurso se reemplaza un funcionario por otro dentro de la misma repartición y todo queda igual en cuanto a incentivos y procedimientos. A las empresas que ofrecen servicios que garantizan calidad le va la vida si las cosas salen mal, en cambio, los aparatos políticos del caso siguen en pie.</p>
<p>Se suele alegar la asimetría de la información para introducir el aparato estatal en estas lides, pero, precisamente, debido a que la gente no entiende de los procesos implícitos en la producción del alimento (en nuestro ejemplo) es que eligen de entre las ofertas existentes una marca de confianza que garantiza la calidad del producto preferido y la posibilidad, además, de que esté avalada por el sistema de auditoría mencionado. En un mercado abierto, por definición, no politizado, estas entidades de contralor compiten entre sí para ofrecer el mejor servicio posible dados los conocimientos existentes.</p>
<p>Lo mismo puede aplicarse a campos complejos como el área bancaria y financiera. La gente no necesita conocer los vericuetos del sistema bancario ni lo que ocurre dentro de las respectivas instituciones (asimetría de la información) puesto que con solo asegurar sus depósitos basta, puesto que las subas en las primas correspondientes ponen de manifiesto el riesgo del caso (sin perjuicio, si se prefiere, de utilizar también las antes referidas empresas que garantizan  calidad en cuanto a que se cumpla con lo convenido con el cliente). Es curioso pero <strong>los gobiernos se inclinan por la utilización forzosa de la “garantía estatal de los depósitos”, lo cual naturalmente incentiva a la irresponsable colocación de fondos</strong>, total se garantizan con los recursos extraídos del vecino.</p>
<p><strong>La reputación no es algo que se obtiene por decreto</strong>, inexorablemente depende de la opinión libre e independiente de los demás. En este sentido, autores como Daniel Klein, Gordon Tullock, Douglass North, Harry Chase Bearly, Avner Grief, Jeremy Shearmur y tantos otros economistas que han trabajado el territorio de la reputación, enfatizan en la natural (y benéfica) descentralización del conocimiento por lo que, como queda dicho, el mercado provee de los instrumentos e incentivos para lograr las metas respecto a la calidad y el respectivo cumplimiento. Y cuando se alude al mercado, demás está decir que no se alude a un lugar ni a una cosa sino a los millones de arreglos contractuales preferidos por la gente al efecto de coordinar resultados.</p>
<p>Uno de los tantísimos ejemplos del funcionamiento de lo dicho es el sitio en Internet denominado Mercado Libre donde múltiples operaciones se llevan a cabo diariamente de todo lo concebible sin ninguna intervención política de ningún tipo. Los arreglos entre las partes funcionan espléndidamente, al tiempo que se califican y certifican las transacciones según el grado de cumplimiento de lo convenido en un clima de amabilidad y respeto recíproco. Éstas calificaciones y certificaciones van formando la reputación de cada cual que es el mayor capital de los participantes puesto que condicionan su vida comercial.</p>
<p>En este mismo contexto, Harold Berman y Bruce Benson muestran el proceso evolutivo, abierto y espontáneo del mismo derecho comercial (<i>lex mercatoria</i>) a través de la historia, sin que haya sido diseñado por el poder político tal como hemos escrito recientemente sobre el sentido original de la ley. Carl Menger ha demostrado lo mismo respecto al origen del dinero y los lingüistas más destacados subrayan el carácter libre de toda decisión política del lenguaje. Como la perfección no está al alcance de los mortales, la ética también es un concepto evolutivo que no involucra a los políticos (o en todo caso lo hacen para corromperla) y, desde luego la ciencia misma es independiente de las decisiones políticas (afortunadamente para la ciencia) y, por su lado, el conocimiento es siempre provisional sujeto a refutaciones.</p>
<p>Todos estos ejemplos de peso están atados a la <strong>noción libre de la reputación extramuros del ámbito político</strong>, en este sentido las corroboraciones en cada campo dependen del mercado de las ideas que, en el contexto de la mencionada evolución, va estableciendo la reputación de cada teoría expuesta, de modo equivalente a lo que sucede con la calidad y cumplimiento en el ámbito comercial.</p>
<p><strong>El mercado libre de restricciones gubernamentales estimula a la concordia, enseña a cumplir con la palabra empeñada y mueve a la cooperación social</strong>. En cada transacción libre las dos partes se agradecen recíprocamente puesto que ambas obtienen ganancias, lo cual es precisamente el motivo del intercambio. Ambas partes saben que uno depende del otro para lograr sus objetivos personales. Las dos partes saben que si no cumplen con lo estipulado se corta la relación comercial. El mercado necesariamente implica cooperación social, es decir, cada participante, para mejorar su situación, debe atender los requerimientos de la contraparte.</p>
<p><strong>La trampa, el engaño y el fraude se traducen en ostracismo comercial y social puesto que la reputación descalifica a quien procede de esa manera. Significan la muerte cívica. Solo la politización intenta tapar malversaciones</strong>. En la sociedad abierta, el cuidado del nombre o, para el caso, la marca, resultan cruciales para mantener relaciones interpersonales.</p>
<p>Los derechos de propiedad permiten delimitar lo que es de cada uno y consiguientemente permiten establecer con claridad las transacciones. Por el contrario, la definición difusa y ambigua de esos derechos y, más aun, la “tragedia de los comunes” inexorablemente provocan conflictos y se opaca la contabilidad con lo que se dificulta la posibilidad de conocer resultados. En libertad cada uno da lo mejor de si en interés personal, en la sociedad cerrada cada uno saca lo peor de si para sacar partida de la reglamentación estatista por la que el uso de los siempre escasos recursos resultan siempre subóptimos.</p>
<p>John Stossel en su programa televisivo en Fox subraya las enormes ventajas del contralor privado frente al estatal. Al mismo tiempo destaca como las regulaciones gubernamentales, que bajo el pretexto de una mejor calidad, cierran el mercado para que privilegiados operen, a pesar de que <strong>si hubiera libertad contractual otros serían los proveedores de bienes y servicios</strong>. Así ejemplifica con los permisos otorgados por gobiernos estadounidenses que dejan a los mejores afuera en muchos gremios, como se ha destruido la medicina, <strong>como se han creado las burbujas inmobiliarias, financieras y tecnológicas al crear reputaciones falsas</strong>, lo cual sostiene es también lo ocurrido con los <i>bailouts </i>a empresas irresponsables en perjuicio de los trabajadores que no tienen poder de lobby.</p>
<p>Un ejemplo paradigmático de lo que estamos abordando es <strong>el oscurecimiento de la reputación de casas de estudio debido a la politización</strong> de sellos oficiales y absurdos “ministerios de educación”, en lugar de hacer lugar a la acreditación por parte de academias e instituciones internacionales especializadas y en competencia, a su vez, cuyas reputaciones dependen de la calidad de sus veredictos y sus procederes. Tal vez el ejemplo más chocante y extremo de nuestra época respecto a lo consignado -de ningún modo el único- es la acreditación argentina de la llamada Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. En cualquier caso, constituye siempre un reaseguro el separar drásticamente la cultura de los aparatos políticos (cultura oficial es una contradicción en los términos, lo mismo que periodismo o arte oficial). Esto con independencia de las respectivas inclinaciones de los políticos del momento, puesto que la educación formal requiere puertas y ventanas abiertas al efecto de que el proceso de prueba y error tenga lugar en el contexto de la máxima competitividad y apertura mental.</p>
<p>Por último, Walter Block objeta parte de las visiones convencionales relativas a la opinión que terceros puedan tener sobre la reputación de ciertas personas consideradas por el titular como injustificadas, puesto que reafirma que la reputación no es algo que posea en propiedad el titular sino que, como queda expresado, deriva de la opinión de otros. Por nuestra parte, consideramos que este razonamiento no es óbice para que se recurra a las figuras de injurias y calumnias si puede demostrarse la falsedad de lo dicho públicamente.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2014/07/26/la-reputacion-no-se-obtiene-por-decreto-estatal/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Dynamic page generated in 1.801 seconds. -->
<!-- Cached page generated by WP-Super-Cache on 2017-01-31 04:03:04 -->
