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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; liberalismo</title>
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		<title>Contra la ideología</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Jun 2016 03:28:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ciencias sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Ideología]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>He apuntado en otros escritos que el uso generalizado de la expresión ‘ideología’ no calza con la definición del diccionario de conjunto de ideas (también en el sentido utilizado primeramente por Antoine Destutt de Tracy en 1786), ni con la marxista de “falsa conciencia de clase”, sino de algo terminado, cerrado e inexpugnable; en otros términos, una pseudocultura alambrada. Como también he escrito, esta última acepción, la más común, es la antítesis del espíritu liberal, puesto que esta tradición de pensamiento requiere puertas y ventanas abiertas de par en par al efecto de incorporar nuevo conocimiento, ya que este demanda debates entre teorías rivales, puesto que el conocimiento es siempre provisorio, abierto a refutaciones.</p>
<p>Una vez precisado lo anterior, conviene enfatizar que, al contrario de lo que sostienen algunos profesionales de la economía en cuanto a que hay que “manejarse con los hechos”, en ciencias sociales, a diferencia de las físico-naturales, no hay hechos con el mismo significado de este último campo de estudio fuera del andamiaje conceptual que interpreta los diversos sucesos. Sin duda que las físico-naturales también requieren de interpretación, pero en un sentido distinto, debido a que, como decimos, los llamados “hechos” son de naturaleza destinta.<span id="more-1472"></span></p>
<p>No es que se patrocine el relativismo epistemológico en ciencias sociales debido a la interpretación de fenómenos complejos. Muy por el contrario, quienes mejor interpreten esos fenómenos estarán más cerca de la verdad, lo cual se va puliendo en un azaroso camino que, como señalamos, es de corroboraciones provisorias y refutaciones. <b>En un proceso abierto de competencia, los estudiosos que mejor interpreten y mejor explican esos fenómenos serán los de mayor rigor.</b> Esto no sólo sucede con los economistas y los cientistas sociales, sino también con los historiadores.</p>
<p>Esta cuestión de confundir planos científicos en las ciencias sociales empuja a que se aluda a los “hechos” como si se tratara de constatar la mezcla de líquidos en un tubo de ensayo del laboratorio, puesto que, a diferencia del campo de las ciencias físicas, se trata de acción humana (las piedras y las rosas no tienen propósito deliberado).</p>
<p>El premio Nobel en economía Friedrich Hayek, en su ensayo titulado “The Facts of the Social Sciences” (<i>Ethics</i>, octubre de 1943, expandido en tres números sucesivos de <i>Economica</i>), explica que los llamados hechos en ciencias sociales “no se refieren a ciertas propiedades objetivas como las que poseen las cosas o las que el observador puede encontrar en ellas, sino a las visiones que otros tienen sobre las cosas […]. Se deben abstraer de todas las propiedades físicas de las cosas. Son instancias de lo que se suelen llamar conceptos teleológicos, esto es, se pueden definir solamente indicando la relación entre tres términos: un propósito, alguien que mantiene ese propósito y el objeto que la persona considera apropiado como medio para ese propósito”. Por eso, cuando el historiador “explica por qué se hace esto o aquello, se refiere a algo que se encuentra más allá de lo observable”, nos indica Hayek en el mismo ensayo en el que concluye: “La teoría social […] es lógicamente previa a la historia”. Es decir, <b>prestamos atención a los fenómenos basados en un esqueleto teórico previo, ya que no se trata de cosas que se miran en el mundo físico, sino de nexos causales subyacentes e inseparablemente unidos a la interpretación de los sujetos actuantes.</b></p>
<p>Lo dicho en modo alguno permite suponer que el buen historiador interponga sus juicios de valor en la descripción de lo que interpreta. Ludwig von Mises destaca (en <i>Theory and History</i>, Yale University Press, 1957) que resulta impropio que en la descripción histórica se pasen de contrabando los valores del que describe. Entonces, <b>una cosa es la subjetividad presente en la selección de los fenómenos y su respectiva interpretación, y otra bien distinta es incrustar juicios de valor</b>, sin desconocer, claro está, que la declaración de esforzarse con seriedad y honestidad intelectual por realizar una interpretación adecuada constituye en sí mismo un juicio de valor.</p>
<p>Como se ha dicho, cuando se trasmite la noticia circunscrita a que fulano murió, esto corresponde al campo de las ciencias naturales (un fenómeno biológico), pero si se notifica que fulano dejó una carta antes de morir, estamos ubicados en el territorio de las ciencias sociales, donde necesariamente cabe la interpretación de la referida misiva y todas las implicancias que rodean al caso. En realidad, no cabe la refutación empírica para quien sostenga que la Revolución francesa se originó en los estornudos de Luis XVI, sólo se puede contradecir en el nivel del razonamiento sobre interpretaciones respecto a las conjeturas sobre los propósitos de los actores presentes en ese acontecimiento. En ciencias sociales, no tiene sentido referirse a “los hechos”, extrapolando la idea de las ciencias físico-naturales.</p>
<p>Todo esto nada tiene que ver con la objetividad del mundo que nos rodea, es decir, que posee una naturaleza, propiedades y atributos, independientemente de lo que los sujetos consideren que son. Es otro plano de debate. Lo que estamos ahora considerando son las apreciaciones y las evaluaciones respecto a las preferencias, los gustos y los propósitos de seres humanos.</p>
<p>Es por cierto también paradójico que resulte muy frecuente que los partidarios de sistemas autoritarios tilden de “ideólogos” a los que se inclinan por la sociedad abierta, que son, por definición, los que promueven procesos pluralistas en el contexto de debates en los que se exploran y contrastan todas las tradiciones en libertad, cuando en realidad aquellos,<b> los autoritarios, son por su naturaleza ideólogos impermeables a otras ideas en libertad, debido a su cerrazón mental</b>. Hay que distinguir con claridad los que reclaman que entre aire fresco a una habitación con un pesado tufo a encierro de los que pretenden mantener y acrecentar esa situación hasta la asfixia total.</p>
<p>Robin Collingwood (en <i>The Idea of History</i>, Oxford Univesity Press, 1946) escribe: “En la investigación histórica, el objeto a descubrir no es el mero evento sino el pensamiento expresado en él”. Y en su autobiografía (Fondo de Cultura Económica, 1939-1974) subraya que, a diferencia de la historia: “Las ciencias naturales, tal como existen hoy y han existido por casi un siglo, no incluyen la idea de propósito entre las categorías con que trabajan […] el historiador debe ser capaz de pensar de nuevo, por sí mismo, el pensamiento cuya expresión está tratando de interpretar” y, en ese contexto rechaza “la historia de tijeras y engrudo, donde la historia repite simplemente lo que dicen las ´autoridades´ [… ] El ser humano que, en su capacidad de agente moral, político y económico, no vive en un mundo de ´estrictos hechos´a los cuales no afectan los pensamientos, sino que vive en un mundo de pensamientos que cambian las teorías morales, políticas y económicas aceptadas generalmente por la sociedad en que él vive, cambia el carácter de su mundo”.</p>
<p>Por todo esto es que Umberto Eco (en su disertación “Sobre la prensa” en el Senado romano y dirigido a directores de periódicos italianos, en 1995) consigna: “Con excepción del parte de las precipitaciones atmosféricas [que son del área de las ciencias naturales], no puede existir la noticia verdaderamente objetiva”, en el sentido a que nos hemos referido en las ciencias sociales, a lo que agregamos que dado que en las ciencias sociales tiene un gran peso la hermenéutica, debe destacarse que la comunicación no opera como un escáner, ya que el receptor no recibe sin más el mensaje tal como fue emitido.</p>
<p>En resumen —y esto no es un juego de palabras— podrá decirse que <b>la objetividad precisamente consiste en la adecuada interpretación subjetiva de los fenómenos bajo la lupa</b>. Pero, insistimos, hay que tener bien en cuenta que no es <i>objetiva</i> en la acepción habitual del término, en cuyo contexto las deliberaciones en las que hemos incursionado aquí tal vez sirvan para poner en perspectiva las consecuencias y la importancia de separar metodológicamente las ciencias naturales y las sociales, al efecto de no confundir planos y no llegar a conclusiones apresuradas.</p>
<p>Entonces, es del todo inconducente mantener que el economista, el historiador o el cientista social “no hacen ideología” (en un sentido irónico y peyorativo) para referirse impropiamente al antedicho andamiaje conceptual, sino que se basan en “los hechos”, como si esto tuviera algún sentido en ciencias sociales, tal como subrayan Hayek y tantos otros filósofos de la ciencia.</p>
<p><b>El ideólogo es por naturaleza un dogmático clausurado a las contribuciones de nuevas ideas y teorías que explican de una mejor manera el fenómeno estudiado</b>. Al ideólogo no le entran balas ni es capaz de contraargumentar, se encapricha en circunscribir lo que recita, sin someter a revisación ninguna parte de su verso, que machaca hasta el hartazgo.</p>
<p>Sólo a través del estudio crítico y el debate abierto es que resulta posible el progreso en el conocimiento, tal como lo han puesto de manifiesto autores de la talla de Karl Popper. Por su parte, cientistas sociales empecinados en “guiarse sólo por los hechos” demuestran su ignorancia supina en la materia que pretenden conocer, con lo que contribuyen a difundir un ejercicio metodológico incompatible con su propio campo y así, en definitiva, introducen una férrea ideología.</p>
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		<title>Sin emprendedores no hay vida</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Jan 2016 09:31:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Emprendedores]]></category>
		<category><![CDATA[Federico Tessore]]></category>
		<category><![CDATA[Intervencionismo estatal]]></category>
		<category><![CDATA[Inversor Global]]></category>
		<category><![CDATA[liberalismo]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Nos estamos refiriendo, claro está, a quienes emprenden actividades que apuntan a satisfacer necesidades de sus congéneres. No es esto por pura filantropía, sino en interés personal, cuando se opera en una sociedad abierta: al resolver los problemas de los demás, en el mercado libre, esto se recompensa con la contrapartida que entregan las personas al ver sus deseos resueltos, ya se trate de la compraventa de bienes o de servicios.</p>
<p>Este proceso ha sido originalmente explicado por destacados miembros de la escuela escocesa del siglo XVIII y elaborado a través de otras contribuciones de peso. No es cuestión de fabricar un hombre nuevo vía el uso de la violencia de los aparatos estatales. Ya hay bastante experiencia de la miseria y las muertes que estos experimentos han creado. Se trata de estudiar la naturaleza humana y de comprobar que todos actuamos en nuestro interés personal (lo cual incluye la caridad, que es bienvenida y los actos criminales, que deben ser combatidos). De este modo es que en un clima de libertad cada uno, al satisfacer las necesidades de su prójimo, como queda dicho, se beneficia a sí mismo con el producto de la transacción siempre pacífica y voluntaria, mientras el emprendedor está atento a los cambios de preferencias al efecto de dar en la tecla.<span id="more-1303"></span></p>
<p>Nada garantiza el éxito del emprendedor, ya que sus conjeturas sobre lo que aprecian otros pueden estar erradas. Así, quien acierta obtiene ganancias y quien yerra incurre en quebrantos. El cuadro de resultados marca el camino, lo cual se diferencia radicalmente de los prebendarios, que solamente se ocupan de acercarse al poder político para obtener un privilegio en desmedro de los consumidores, que deben pagar precios más elevados, obtener calidades inferiores o ambas cosas a la vez.</p>
<p>Gracias a los emprendedores, la civilización cuenta con agua potable, alimentos, medicinas, medios de transporte, diques y represas, libros, teatro, vestimenta, equipos, mobiliario y todo lo que atiende las necesidades básicas, las culturales y de confort. Nada hay sin el emprendedor, desde al arco y la flecha hasta nuestro días y todo esto a pesar de las regulaciones absurdas y las cargas fiscales de los Gobiernos, que habitualmente no se limitan a proteger derechos, sino a lesionarlos y atropellarlos; estrangulan libertades que son anteriores y superiores a la existencia misma de las estructuras gubernamentales.</p>
<p>Desde luego que el emprendedor no se limita al ofrecimiento de activos materiales. Por ejemplo, quienes inician nuevos programas educativos son también emprendedores y, más aun, son de una categoría de la cual dependen los emprendedores de lo crematístico-material, puesto que, entre otras cosas, facilitan la existencia de valores y principios que hacen posible el surgimiento de aquellos.</p>
<p>Por supuesto que lo dicho también incluye a emprendedores que no se caracterizan por contar con activos físicos de gran valor, como es el caso hoy de Facebook y Mercado Libre, que reportan suculentas facturaciones por el hecho de ofrecer lugares cibernéticos de reunión y más recientemente el establecimiento de Uber. Es también el caso que mencionaremos enseguida, en el que su mayor activo se encuentra de las cejas para arriba.</p>
<p>En cualquier caso<b>, el emprendedor está siempre al acecho de oportunidades; más técnicamente expresado, está atento a lo que estima que son costos subvaluados en términos de los precios finales para sacar partida del arbitraje correspondiente en el sentido más lato de la expresión.</b></p>
<p>En esta nota periodística quiero ejemplificar el caso del emprendedor con Federico Tessore, a quien le solicité una entrevista para obtener datos de su emprendimiento que se concretó en Inversor Global.</p>
<p>Empiezo por el final, es decir, lo que es hoy Inversor Global, un emprendimiento que se basa en asesoramiento de inversiones y descripción de las diversas situaciones, básicamente económicas, de diferentes regiones y oportunidades. O sea, trasmisión de conocimiento. Un análisis coyuntural con un notable anclaje en los fundamentos éticos, económicos y jurídicos del liberalismo.</p>
<p>Con su casa matriz en Miami, Inversor Global tiene representaciones en Santiago, Buenos Aires y Madrid. Organiza también eventos internacionales donde se exponen las visiones de los oradores, con una adecuada mezcla de coyuntura y propuestas de fondo. Con esta oferta Inversos Global es sumamente rentable.</p>
<p>Todo comenzó de la nada, como son estos emprendimientos. Todo comenzó en la cabeza de Federico Tessore, con un sueño que hizo realidad y ahora cuenta con un sesudo equipo de profesionales que lo secundan con gran eficiencia y rigor.</p>
<p><b>Tessore es el director ejecutivo de Inversor Global, que resultó en la empresa de publicaciones de finanzas personales más importante del mundo hispanoparlante</b>. Sus informes semanales son actualmente leídos por cientos de miles de inversores en todo el mundo.</p>
<p>Federico es argentino, nacido en Buenos Aires en 1975. Comenzó trabajando en la sociedad de Bolsa Capital Markets Argentina y luego lo hizo en la filial argentina del Citibank como asesor de inversiones. Finalmente, en 2002 fundó Inversor Global. Es egresado en administración de empresas y realizó estudios complementarios en la Universidad Católica Argentina y la Universidad de Nueva York.</p>
<p>Entre otras cosas, Federico nos dijo en el aludido reportaje: “Los ingresos de Inversor Global provienen en un 100% de la venta de suscripciones a sus servicios de análisis, capacitación y recomendaciones de inversión. La empresa no recibe ingresos por publicidad ni por comisiones. Esto es muy importante, ya que asegura la independencia total de Inversor Global. A diferencias de otras empresas de comunicación, Inversor Global no recibe ni quiere recibir ingresos del Estado ni de las empresas. Esto asegura que nuestros intereses sean los mismos que los de nuestros lectores. Los lectores pagan por nuestro contenido, que los ayuda a entender mejor la realidad y a tomar decisiones económicas más eficientes. Además, todos tienen la posibilidad de probar nuestro servicio en forma gratuita durante 90 días. Es decir, sólo queremos venderle nuestro asesoramiento a gente que lo valora”.</p>
<p>También subrayó: “Hoy Inversor Global cuenta con una base de 70 mil lectores pagos a los diversos servicios que ofrecemos y 700 mil lectores gratuitos que leen nuestros <i>newsletters</i> diarios, donde acercamos nuestra interpretación de la actualidad económica. Tenemos suscriptores en todo el mundo de habla hispana. Inversor Global emplea a cien personas en forma directa y a unas cincuenta en forma indirecta. Nuestro equipo está compuesto por economistas, contadores, periodistas, politólogos y diversos profesionales que ayudan a producir los informes, los cursos y los servicios de recomendación que ofrecemos a nuestros lectores”.</p>
<p>A raíz de una de nuestras preguntas, afirmó el entrevistado: “Uno de los emprendimientos anexos que surgieron a partir de Inversor Global es el Club de Inversores Ángeles. Este club que armamos ocho años atrás tiene como misión unir a inversores con emprendedores. Todo emprendedor necesita capital para lanzar su idea. Los inversores están muy interesados en invertir en buenas ideas a cambio de acciones en estos proyectos. Por lo tanto, la expectativa es lograr rentabilidad adicional gracias a la innovación de los emprendedores. Desde su nacimiento, a través del club hemos invertido más de diez millones de dólares en más de cuarenta emprendimientos en la Argentina y el resto del mundo. Por supuesto de estas 40 empresas no necesariamente van a sobrevivir en el tiempo, pero esperamos que más de la mitad no sólo se mantenga, sino que además se conviertan en empresas medianas con el potencial de brindar ganancias a los inversores que invirtieron en estas empresas y asumieron el correspondiente riesgo”.</p>
<p>Como todos los sueños y los proyectos, no todo es color de rosa. Así, Tessore nos informa: “El camino emprendido no fue un camino sin obstáculos o problemas. Desde la creación de Inversor Global, en el año 2004, estuvimos a punto de quebrar dos veces y cambiamos nuestro modelo de negocio tres veces. En el año 2012 nos asociamos con el grupo internacional Agora Inc. [comandado por Bill Bonner] y de esta forma no sólo pudimos cerrar un excelente negocio para los inversores iniciales que habían confiado en nuestro proyecto, sino que además pudimos consolidar el necesario crecimiento”.</p>
<p>Esta historia muy telegráficamente contada representa la historia de un gran innovador, es la historia de muchos emprendedores que no se dan por vencidos frente a las contrariedades y ponen de manifiesto disciplina y perseverancia en sus objetivos. Revelan gran cintura y reflejos para cambiar lo que haya que cambiar (y, a veces, abandonar el cometido cuando se percatan de que el recorrido no da en la tecla con las necesidades de su prójimo).</p>
<p><b>En todo caso, este es el resultado del sistema liberal en la medida en que se lo deja funcionar sin los entrometimientos insolentes del Leviatán, que siempre bloquea y entorpece mucho de lo que no sale a luz debido al tristemente célebre intervencionismo estatal,</b> piloteado por megalómenos enceguecidos por su arrogancia que, al no permitir el proceso de coordinación de información dispersa y fraccionada entre millones de personas, concentran ignorancia, con los consabidos desajustes superlativos.</p>
<p>Herbert Spencer, en su obra titulada <i>El exceso de legislación, </i>apunta con énfasis lo mucho que la sociedad le debe a los emprendedores y los daños colosales que llevan a cabo Gobiernos habitualmente descarriados que no son generadores de riqueza, sino que siempre la succionan de la gente. Juan Bautista Alberdi, en sus <i>Obras completas, </i>recoge ese pensamiento spenceriano para llegar a las mismas conclusiones que alarman a este pensador, que siempre basó sus reflexiones en la siguiente consideración que también estampa en sus escritos: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra” (al margen digo que este pensamiento lo tengo grabado en mi casa como resumen de su prédica, junto con una esfinge del mismo Alberdi que me regaló un ex alumno al que aprovecho para mencionar en la esperanza de localizarlo: Fernando López Imizcoz, al efecto de contarle el uso que le di a su obsequio).</p>
<p>Spencer y Alberdi señalan lo paradójico que resulta que todo lo que dispone la humanidad se debe a la creatividad empresaria y, sin embargo, las plazas y las calles están generalmente tapizadas con los nombres de quienes habitualmente ponen palos en la rueda: politicastros de diverso signo y especie.</p>
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		<title>Acerca de la persuasión</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Dec 2015 03:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Autopersuasión]]></category>
		<category><![CDATA[liberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mark Ford]]></category>
		<category><![CDATA[Persuasión]]></category>
		<category><![CDATA[Socialismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Me acaba de llegar un libro de Mark Ford titulado Persuasion. The Subtle Art of Getting What You Want. Pongo el asunto en contexto. Mark comió en casa a raíz de un congreso organizado por Inversor Global. Es el socio de quien fue otro de los comensales de esa noche, Bill Bonner. Éramos varios los... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/12/19/acerca-de-la-persuasion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Me acaba de llegar un libro de Mark Ford titulado <i>Persuasion. </i><i>The Subtle Art of Getting What You Want. </i>Pongo el asunto en contexto. Mark comió en casa a raíz de un congreso organizado por Inversor Global. Es el socio de quien fue otro de los comensales de esa noche, Bill Bonner. Éramos varios los que participamos en ese evento, por lo me sugirieron que lo agregue a Mark.</p>
<p>Me lo describieron como un billonario estadounidense, experto en administración de carteras. Por mi parte, tenía otra idea de esa comida en casa. Pensaba tratar temas muy alejados de lo crematístico, pero me pareció adecuado aceptar la sugerencia de invitarlo a Mark. Pues una vez más me equivoqué: nadie mencionó estrategias de inversión durante esa comida y Mark sobresalió por su versación en lingüística y filosofía. Es un ejemplo del “american way of life”: arreglaba techos mientras estudiaba por las suyas distintas facetas de la vida hasta que se convirtió en lo que hoy es, siempre como autodidacta, eligiendo los mejores libros para leer con verdadera devoción.</p>
<p>Después de esa comida, le escribí contándole el <i>back stage</i> de esa reunión en mi casa. Le confesé que cuando confirmó su asistencia le anticipé a mi mujer que ese invitado nos arruinaría la comida, dados los antecedentes más conocidos de ese personaje, nos desviaría de los temas que quería escudriñar con los otros comensales. También le dije de mi craso error, puesto que lo considero una de las personas más interesantes que he conocido y que su participación contribuyó grandemente a que la velada de marras fuera interesante para todos.<span id="more-1269"></span></p>
<p>Pues bien, para entrar ahora en materia, la persuasión es naturalmente el instrumento para trasmitir ideas que uno cree que son conducentes al propósito que se persigue. Es lo que uno estima por el momento, aunque el conocimiento está teñido de corroboraciones siempre provisorias, abiertas a posibles refutaciones. Con esta prevención en la mente, tratamos de persuadir siempre atentos a nuevas argumentaciones.</p>
<p>De cualquier modo, Mark Ford con razón sostiene que desde el momento en que Eva lo persuadió a Adán para que coma la célebre manzana, prácticamente todo, para bien o para mal, es persuasión. La fabricación de la bomba atómica, la venta de un producto, la defensa en juicio, las guerras, las investigaciones médicas, la construcción de una vivienda, el ensayo, el libro, el artículo (este mismo, al efecto de persuadir de la tesis correspondiente), la participación en la radio o en la televisión respecto a las audiencias, el establecimiento de una banda de forajidos, la jardinería, la novela, la música, la transmisión de valores desde la cátedra, incluso las conversaciones en reuniones sociales, etcétera.</p>
<p>Un mal ejemplo de Mark es el que esgrime cuando se refiere a la construcción de las pirámides de Egipto, puesto que se trató de un ejército de esclavos y no hay persuasión cuando se usa la fuerza. Los impuestos no persuaden, de lo contrario, no se necesitaría la fuerza o la amenaza de violencia para lograr el cometido. <b>Los aparatos estatales autoritarios no persuaden, imponen. El socialismo es la antítesis de la persuasión, mientras que el liberalismo es un buen ejemplo de persuadir, ya que se basa en el respeto recíproco</b>.</p>
<p>Mark Ford señala que hay diversos modos de persuadir. El más potente es decir o escribir sobre temas que implican una forma de análisis distinto a los lugares comunes y los calcos de lo ya dicho o escrito. Sin embargo, al mismo tiempo, el autor destaca que, dejando de lado las formas, las ejemplificaciones diferentes y la exploración de distintos andariveles para que se entienda lo ya dicho y escrito, está presente lo que bautiza como “el momento ¡ah!”. Esto es, el instante en que se logró trasmitir la idea. Este momento es, a su vez, consecuencia de la reiteración del valor o del principio que está en juego. En este último sentido, ilustra con un vaso con agua. Se va llenando gota a gota, pero el momento en que el vaso rebalsa, el momento en que una gota adicional hace la diferencia es el clímax de la persuasión, aunque las gotas anteriores son imprescindibles para el instante decisivo donde se produce la explosión, a saber, el entendimiento de lo que se venía diciendo.</p>
<p>Como lo dice el propio Mark, este análisis del buen trasmitir o el persuadir efectivamente es una preocupación y una ocupación que viene desde los griegos con su estudio y su perseverancia en la retórica, que cubría básicamente tres grandes campos: el <i>logos </i>(lo puramente racional), el <i>pathos </i>(más bien emocional) y el <i>ethos </i>(lo vinculado a lo moral), todo en el contexto del análisis psicológico al efecto de lograr el objetivo de persuadir.</p>
<p>Desde luego que el autor del libro que venimos comentando enfatiza en la importancia de la articulación del discurso en cuanto a la claridad en la exposición, el orden, un buen estilo y, sobre todo, la consistencia. Pone de relieve que hay una tríada en la presentación que se basa en la parte introductoria o la apertura del discurso, la parte media y la final. La primera debe despertar el interés de lo que se va a decir o escribir. Comenta Mark que es habitual que en esta sección inicial el orador o el escritor se enreden en digresiones que disminuyen el interés, en lugar de atraer hacia el punto en los primeros reglones o en los primeros minutos de la exposición. El capítulo intermedio es en el que se presentan las pruebas de lo anunciado. Pruebas que no necesariamente son empíricas, sino que se trata de razonamientos que pongan al descubierto la razón de lo dicho ya en la apertura del discurso. Y, finalmente, las conclusiones, que deben ser sumarias y contundentes, estrechamente vinculadas con las secciones anteriores.</p>
<p>Por supuesto que el modo de trasmisión debe ser agradable, nunca levantar la voz o imprimir oraciones todas en mayúsculas, como si se estuviera gritando. Basta con cursivas discretas para resaltar algo de lo dicho. En el intento de persuadir por la vía oral, la educación y los “manners” deben ser cuidados. Sólo cuando no hay argumentos se recurre a la mala educación y al <i>ad hominem.</i> Esto último recuerda un cuento de Jorge Luis Borges donde describe un intercambio de dos personas, una de las cuales le arroja un vaso de vino en la cara al interlocutor, a lo que su contertulio, sin inmutarse, le responde: “Eso fue una digresión, espero su argumento”.</p>
<p>Hay otro aspecto de este asunto y se refiere a la<b> autopersuasión o la persuasión del propio yo, que se traduce en el indispensable estudio y preparación, mucho antes de pretender la persuasión de terceros </b>y, como hemos puntualizado, siempre en la punta de la silla para incorporar otros argumentos, incluso contrarios a los que sosteníamos como valederos.</p>
<p>En este sentido, reitero lo dicho en otra oportunidad sobre la felicidad, que es la meta de todos, puesto que un humano no puede encaminarse a lo no felicidad, ya que cualquier cosa que haga es porque lo prefiere antes que otras variantes o alternativas, ya se trate de fines sublimes o ruines. Nadie puede actuar contra su propio interés (si no está en interés del sujeto actuante, ¿en interés de quién estará?).</p>
<p>En otros términos, <b>antes de pensar en persuadir es conveniente contar con la debida autopersuasión en el contexto de una adecuada comprensión del valor de la felicidad, que, en última instancia, resulta inseparable de la idea de persuadir a otros,</b> porque de lo que se trata es de ofrecer mayores dosis de felicidad.</p>
<p>La vida está conformada por una secuencia de problemas de diversa índole, lo cual naturalmente se desprende de la condición imperfecta del ser humano. La ausencia de problemas es la perfección, situación que, como es bien sabido y sentido, no está al alcance de los mortales.</p>
<p>Por otra parte, las dificultades presentan oportunidades de crecimiento en las personas al intentar resolverlas y sortearlas. Ahora bien, el asunto no consiste en buscarse problemas, sino en mitigarlos en todo lo que sea posible, a efectos de encaminarse hacia las metas que actualicen las potencialidades de cada uno en busca del bien, ya que incorporaciones de lo bueno es lo que proporciona felicidad. Lo malo, por definición, naturalmente hace mal y, por ende, aleja de la felicidad, que de todos modos es siempre parcial, puesto que, como queda dicho, el estado de plenitud no es posible en el ser humano. Se trata de un tránsito y una búsqueda permanente.</p>
<p>El bien otorga paz interior y tranquilidad de conciencia que permiten rozar destellos de felicidad, que es la alegría interior sin límites. Pero no se trata solamente de no robar, no matar, acariciar a los niños y darles de beber a los ancianos. Se trata de actuar como seres humanos contestes de la enorme e indelegable responsabilidad de la misión de cada uno de contribuir aunque más no sea milimétricamente a que el mundo sea un poco mejor respecto al momento del nacimiento; siempre en el afán del propio mejoramiento, sin darle descanso a renovados proyectos para el logro de nobles propósitos.</p>
<p>Los estados de felicidad, siempre parciales por las razones apuntadas, demandan libertad para optimizarse, ya que esa condición es la que hace posible que cada uno siga su camino sin que otros bloqueen ese tránsito ni se interpongan en el recorrido personalísimo que se elija; desde luego, sin interferir en idénticas facultades de otros. <b>Los atropellos del Leviatán necesariamente reducen las posibilidades de felicidad, sea cual fuera la invasión a las autonomías individuales y siempre debe tenerse en cuenta que los actos que no vulneran derechos de terceros no deben ser impedidos, porque la responsabilidad es de cada cual</b>. Nadie debe ser usado como medio para los fines de otros.</p>
<p>Y tengamos en cuenta, por último, que la felicidad abarca el hacer el bien a los demás. Todo depende de la estructura axiológica de quien se trate, pero, como queda dicho, no hay forma de escindir la acción humana de lo que le interesa a la persona. En este contexto, debe subrayarse que hacer el bien a los demás no se circunscribe a entregar lo crematístico, sino principalmente persuadir sobre principios y valores que ayudarán al receptor a mejorar por aquello de que “más vale enseñar a pescar en lugar de regalar un pescado”.</p>
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		<title>Un libro para el momento</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Nov 2015 09:02:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[David Boaz]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos de todos]]></category>
		<category><![CDATA[impuestos]]></category>
		<category><![CDATA[liberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Respeto a la propiedad]]></category>
		<category><![CDATA[The Libertarian Mind]]></category>

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		<description><![CDATA[Acaba de publicarse The Libertarian Mind como una actualización de otro libro también de David Boaz, ahora editado por Simon &#38; Schuster. Cuando se traduzca al castellano, habría que titularlo La mente liberal, expresión esta última que afortunadamente mantiene su sentido original fuera de Estados Unidos, país en el que, de un tiempo a esta... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/11/07/un-libro-para-el-momento/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Acaba de publicarse </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span><i>The Libertarian Mind </i></span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>como una actualización de otro </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>libro </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>también de David Boaz, ahora editado por Simon &amp; Schuster. Cuando se traduzca al castellano, habría que titularlo </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span><i>La mente liberal</i></span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>, expresión esta última que afortunadamente mantiene su sentido original fuera de Estados Unidos, país en el que, de un tiempo a esta parte, el término ha sido expropiado por el estatismo, a pesar de que algunos académicos estadounidenses lo mantienen en sus escritos y no se rinden a esta tergiversación lingüística.</span></span></p>
<p lang="es-UY"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>La obra no puede ser más oportuna, puesto que analiza los temas más relevantes que son inherentes a una sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana). Inicia su libro con una ráfaga intensa de optimismo en la comprensión y la difusión de las ideas liberales en la acepción clásica de la expresión, en el sentido original que el mismo autor nos recuerda: el bautismo del liberalismo convertido en sustantivo por vez primera en las Cortes de Cádiz de 1812, ya que antes se lo utilizaba como adjetivo para indicar generosidad.</span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>En ese primer capítulo, Boaz destaca que una encuesta de CNN revela que esas ideas en Estados Unidos se vienen afirmando, ya que, entre 2002 y 2012, ha habido un crecimiento de un treinta por ciento en los consultados que ponen de manifiesto que apoyan estas ideas en una serie de rubros, independientemente de la etiqueta a que recurran para ubicarse en el espectro político. Esta es sólo una muestra para respaldar el optimismo del autor respecto al futuro. </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>C</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ita gran cantidad de documentación, entrevistas, artículos en periódicos y revista de venta masiva, debates en centros académicos y libros publicados en los que sobresale lo dicho. También extiende su optimismo a otras partes del mundo al señalar síntomas alentadores que en muchos casos no son a</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ú</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>n percibidos en la superficie de los acontecimientos.</span></span></p>
<p lang="es-UY"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>En un segundo capítulo se detiene a considerar las raíces de las ideas que defiende desde su prehistoria, la noción de derecho natural, la tolerancia religiosa, el pluralismo, el liberalismo del siglo XVIII en Inglaterra, el concepto de la división de poderes, las libertades individuales y la limitación en las funciones y los atributos del Gobierno. Luego menciona la declinación del espíritu liberal para finalmente volver sobre el resurgimiento de esa tradición de pensamiento en cuyo contexto hace un <i>zoom </i>sobre la escuela austríaca.<span id="more-1201"></span></span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>De más está decir que resulta imposible pasar revista de un libro de más de cuatrocientas páginas en una nota periodística, pero es del caso subrayar algunas consideraciones del autor, siempre en un territorio en el que marca la importancia del respeto </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>de</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> los contratos, los derechos de propiedad y los procesos abiertos de mercado.</span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Combate el significado popular del derecho al escribir que erróneamente se piensa: “</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>C</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ualquier deseo equivale a un derecho”, lo cual ilustra con ejemplos que en verdad resultan chocantes por lo absurdo de los reclamos. Esto nos recuerda el análisis orwelliano. Otras veces he citado el ejemplo que trasmitió Gabriela Calderón: en la Asamblea Constituyente de Ecuador, los secuaces de Rafael Correa propusieron seriamente incluir en la </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span><i>Constitución</i></span></span><span style="color: #545454;">—</span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>afortunadamente la moción no prosperó</span></span><span style="color: #545454;">—</span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> “el derecho al orgasmo de la mujer”. Esto es una sandez mayúscula, pero es cierto que </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span><b>muchas de las constituciones modernas confunden una expresión de deseos con un derecho, con lo que se apartan por completo de toda la tradición constitucionalista, </b></span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>de la Carta Magna de 1215 en adelante.</span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>En este sentido, debe puntualizarse que si se demanda un derecho sobre algo que no se obtiene libre y voluntariamente, necesariamente quiere decir que otros se verán compelidos a entregar la diferencia, con lo que ese alegado derecho se convierte en un ps</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>e</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>udoderecho, puesto que no puede otorgarse sin lesionar el derecho de terceros.</span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>David Boaz además explica </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span><b>la inexorable armonía de intereses y la imposibilidad de conflictos allí donde se respetan los derechos de todos</b></span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>. Es especialmente iluminador el cuarto capítulo dedicado a la dignidad del ser humano, donde alude al significado del individualismo metodológico, junto </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>con</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> la recurrente manía de referirse a agregados como si tuvieran vida propia. </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>C</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>omo aquello de “</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>E</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>l país demanda” o “</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>L</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>a gente piensa tal o cual cosa”, </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>dado</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> que, </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>según</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> apunta el autor, “</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Só</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>lo los individuos actúan” y “</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Só</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>lo los individuos piensan, aman y persiguen proyectos. Los grupos no tienen planes ni intenciones. S</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ó</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>lo los individuos están imbuidos de la capacidad de la decisión […] Los individuos pueden y sin duda frecuentemente deliberan en grupos, pero es la mente individual la que elige. Más importante aun, s</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ó</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>lo los individuos asumen la responsabilidad por sus acciones”.</span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>A continuación critica la visión conservadora de intentar imponer una visión moral según los valores de esa corriente de pensamiento que frecuentemente lesiona derechos de otros, sin percatarse </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>de </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>que el eje central de una sociedad libre consiste en el respeto recíproco, independientemente de que las acciones y </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>los </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>pensamientos de nuestro prójimo no coincidan con l</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>os</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> nuestr</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>o</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>s. Precisamente, </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span><b>en eso radica la posibilidad de la convivencia civilizada: que cada uno proceda como considere pertinente sin invadir derechos del prójimo</b></span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>, por tanto, sin confundir lo que puede interpretarse como vicios con lo que son crímenes. Como concluye Boaz en este apartado: “</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>L</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>a función de los </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>G</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>obiernos no estriba en imponer cierta concepción moral [que excede el plano del derecho], sino el establecimiento de marcos institucionales para que cada individuo siga su camino del modo que lo considere mejor, siempre y cuando no interfiera con iguales derechos de otros”.</span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Por nuestra parte subrayamos que </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>todo el sistema de la libertad descansa en un concepción ética</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> que es el respeto recíproco. </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>A</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> su vez, </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>este</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> se sustenta en el derecho de propiedad, comenzando por el propio cuerpo y el pensamiento y por lo obtenido lícitamente en intercambios libres que incluyen donaciones naturalmente realizadas con recursos propios. </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>A su turno, el respeto a la propiedad es inseparable de la Justicia a efecto</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>s</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> de “dar a cada uno lo suyo”, al derecho a peticionar, al debido proceso, a la libertad de prensa, a la preservación de la intimidad y a la elección de autoridades en cualquier nivel que sea. En resumen, lo consignado en las </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>c</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>onstituciones liberales: el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. El resto de las conductas individuales nada tiene que ver con el uso de la fuerza agresiva, puesto que en este contexto s</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ó</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>lo es aceptable el uso de la fuerza defensiva a través de normas debidamente establecidas para preservar las autonomías individuales.</span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Más adelante, en el libro que comentamos, el autor enfatiza los graves problemas que crea la legislación que es incompatible con el derecho “que desafortunadamente se la denomina </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>l</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ey”, puesto que en rigor esta última es correlativa al derecho y no al diseño y la ingeniería social de los legisladores. Un ejemplo de esta avalancha de legislación contraria al derecho es la política tributaria que apunta a exprimir al contribuyente en lugar de limitar el impuesto a recaudar para cumplir con las misiones específicas en un sistema republicano. Boaz también se alarma con razón de la pesada e innecesaria carga de regulaciones que afectan arreglos contractuales en lugar de protegerlos. En este sentido, cita el caso estadounidense, donde el </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span><i>Código de Regulaciones Federales </i></span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ocupa 175 </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>mil</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> páginas en 238 volúmenes con 275 </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>mil</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> burócratas trabajando a</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>l</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> efecto, lo cual duplica el número de funcionarios de 1980, todo naturalmente con costos siderales.</span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Analiza también las falacias tejidas en torno al comercio internacional y recuerda lo dicho por el economista decimonónico </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Frédéric </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Bastiat en cuanto a que para concluir sobre la bondad o el daño de tal o cual política siempre debe verse “lo que se ve y lo que no se ve”, más a</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ú</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>n cuando pensadores como </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Frierich </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Hayek nos dicen: “</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>L</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>a economía es contraintuitiva”. </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>E</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>sto es, lo que primero se concluye está mal, hay que pensar y desentrañar los nexos causales para llegar a una opinión fundada. Es por no detenerse a estudiar los problemas que, como escribe Boaz, “Gunnar Myrdal, quien recibió el premio Nobel en economía [¡junto con Hayek!], escribió en 1970 en </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span><i>The Challenge of World Poverty </i></span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>que las máquinas que ahorran trabajo no deben introducirse en países subdesarrollados”. </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>C</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>on </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>ello</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> demuestra no tener idea del funcionamiento del mercado laboral, para lo cual seguramente hubiera prohibido las refrigeradoras que liberaron el trabajo de los hombres de la barra de hielo o las locomotoras a Diesel, porque liberaron trabajo de los fogoneros.</span></span></p>
<p lang="es-ES"><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>Finalmente, me refiero al pensamiento de David Boaz en cuanto a “la economía parasitaria” de los llamados empresarios que, en alianza con el poder de turno, hacen negocios a espalda de la competencia </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>y</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> los mercados libres, </span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span>y</span></span><span style="font-family: 'Palatino Linotype', serif;"><span> el tiempo, los recursos que deben destinar comerciantes genuinos para protegerse de “la depredación política”.</span></span></p>
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		<title>Adam Smith hoy</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2015 10:59:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Adam Smith]]></category>
		<category><![CDATA[Función del Gobierno]]></category>
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		<category><![CDATA[Libertad de comercio]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay autores que escriben para el momento en que viven, por lo que, leídos al tiempo, sus trabajos carecen de interés. Es lo que también pasa con los que circunscriben sus escritos a la coyuntura; artículos, ensayos y libros que, vistos a la distancia, no resultan atractivos como no sea para algún eventual registro historiográfico. Con Adam Smith, especialmente en su primer libro de 1795 sobre sentimientos morales y en su obra de 1776 sobre economía, sucede que casi todo lo consignado es aplicable a la actualidad.</p>
<p>Al cumplirse doscientos años de la muerte de Adam Smith escribí un largo ensayo que se reprodujo en 2003 en un libro de mi autoría publicado en Caracas por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice) bajo el título: <i>El liberal es paciente</i>. En aquel ensayo que se incluyó como un <i>post scriptum</i> del referido libro, pretendí abarcar lo más relevante de este destacado pensador escocés, incluso aspectos de su vida que estimé importantes en conexión con su escarceo intelectual. En esta ocasión, en cambio, me circunscribo a comentar muy brevemente algunos pasajes de sus dos obras mencionadas (para facilitar información al lector indico con las siglas SM su primera obra y con RN la segunda).</p>
<p>“Lo que más rápidamente aprende un gobierno de otro es el de sacar dinero de la gente” (RN). Así es, por eso hay que tener cuidado, por ejemplo, al sugerir un nuevo impuesto para reemplazar a los vigentes, porque los aparatos estatales agregarán el gravamen a los existentes (esto es lo que ocurrió, por caso, cuando originalmente se propuso el tributo al valor agregado).<span id="more-1172"></span></p>
<p>“El hombre del sistema […] está generalmente tan enamorado de la belleza de su propio plan de gobierno que considera que no puede sufrir ni las más mínima desviación de él. Apunta a lograr sus objetivos en todas sus partes sin prestar la menor atención a los intereses generales o a las oposiciones que puedan surgir; se imagina que puede arreglar las diferentes partes de la gran sociedad del mismo modo que se arreglan las diferentes piezas en un tablero de ajedrez. No considera para nada que las piezas de ajedrez puedan tener otro principio motor que la mano que las mueve, pero el gran tablero de ajedrez de la sociedad humana tiene su propio motor totalmente diferente de los que el legislativo ha elegido imponer” (SM).</p>
<p>Nada más ajustado a la realidad: <b>la soberbia de los gobernantes no toma en cuenta las diversas necesidades, sino sus propios caprichos y deja de lado el hecho del conocimiento disperso y fraccionado en la sociedad</b> para, en cambio, concentrar ignorancia al centralizar decisiones en oficinas burocráticas, con todos los consecuentes desajustes que se suceden. El “hombre del sistema” conforma una caracterización muy ajustada a la arrogancia de los planificadores que ni siquiera se percatan de que, al distorsionar precios relativos con sus irrupciones, dificultan la evaluación de proyectos y la misma contabilidad al registrar precios que no corresponden a las respectivas estructuras valorativas en el mercado para sustituirlas por simples números que no permiten conocer el grado en que se desperdicia capital debido a la mencionada desfiguración.</p>
<p>“Por tanto, resulta altamente impertinente y presuntuoso que reyes y ministros pretendan vigilar la economía de la gente […] Dejemos que aquellos se ocupen de lo que les corresponde, y podemos estar seguros de que estos se ocuparán de lo suyo” (RN). Efectivamente, sobre todo presuntuoso por las razones apuntadas. Por otra parte, <strong>el monopolio de la fuerza que denominamos Gobierno, en un sistema republicano, debe ocuparse principalmente de la seguridad y la justicia, que naturalmente descuida no sólo por una cuestión de recursos, sino especialmente porque si interviene afectando la propiedad privada, no puede, al mismo tiempo, sostener la justicia</strong>, es decir, el “dar a cada uno lo suyo”.</p>
<p>“El productor o comerciante […] solamente busca su propio beneficio, y en esto, como en muchos otros casos, está dirigido por una mano invisible que promueve un fin que no era parte de su intención atender” (RN). Con este conocido pasaje Smith pone de relieve dos asuntos de la mayor importancia. En primer lugar, la naturaleza humana (al contrario de los que buscan torcerla con la pretensión de fabricar “el hombre nuevo” y otras necedades petulantes), esto es, que todas las acciones humanas se deben al interés personal, en verdad una perogrullada, porque si no está en interés de quien actúa, no se sabe en interés que quién pueda estar. En segundo lugar, esa afirmación que desarrolla en el libro en cuestión apunta a poner de manifiesto el complejo entramado social que no estaba en la intención de cada cual al perseguir su interés (siempre legítimo si no se lesionan derechos de terceros).</p>
<p>En esta misma dirección del interés personal, el autor explica: “Prácticamente en forma constante al hombre se le presentan ocasiones para ser ayudado por su prójimo, pero en vano deberá esperarlo solamente de su benevolencia. Tendrá más posibilidades de éxito si logra motivar el interés personal de su prójimo y mostrarle que en su propia ventaja debe hacer aquello que se requiere de él. Cualquiera que propone un convenio de cualquier naturaleza está de hecho proponiendo esto. Dame aquello que deseo y usted tendrá esto que necesita. Este es el sentido de un convenio, y es la manera por la cual obtenemos de otros los bienes que necesitamos. No debemos esperar nuestra comida de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, sino que se debe a sus propios intereses. No nos dirigimos a su humanidad sino a su interés personal, y nunca conversaremos con ellos de nuestras necesidades sino de sus ventajas” (RN).</p>
<p>Todo lo cual para nada excluye la benevolencia a que Smith precisamente alude en las primeras líneas con que abre su primer libro que venimos mencionando: “Por muy egoísta que se supone que es una persona, hay evidentemente algunos principios en su naturaleza que lo hace interesarse en la suerte de otros y vincula su felicidad con la propia, aunque no le reditúe nada, excepto el placer de comprobarla” (recordemos que su colega Adam Ferguson también escribió: “El término <i>benevolencia</i> no es empleado para caracterizar a las personas que no tienen deseos propios, apunta a aquellos cuyos deseos las mueven a procurar el bienestar de otros”). Como hemos dicho en otras oportunidades, la caridad es por definición realizada con recursos propios, de modo voluntario y si fuera posible, de manera anónima. Arrancar recursos del fruto del trabajo ajeno no es caridad, es un atraco. En este contexto es indispensable el uso de la primera persona del singular y no recurrir a un micrófono para declamar en la tercera persona del plural (“Put your money where your mouth is” resulta una aforismo muy ilustrativo).</p>
<p>De más está decir que toda la lucha de Smith contra las falacias de la autarquía mercantilista basadas en el interés de las partes se aplican de modo especial al comercio exterior, por lo que afirma el autor: “El interés de una nación en sus relaciones comerciales con otras es igual al de un comerciante respecto de las diversas personas con quienes trata: comprar barato y vender caro. Las posibilidades de comprar barato serán mayores si se permite que la libertad de comercio estimule a las naciones a comprar los bienes que pueden comprar, y por la misma razón venderán caro en la medida en que los mercados tengan la mayor cantidad de compradores posible” (RN).</p>
<p>En otro orden de cosas, el filósofo-economista escocés ofrece un buen mojón o punto de referencia para sopesar la conveniencia o la inconveniencia de una acción basándose en un personaje imaginario que denomina “el observador imparcial”, por lo que escribe: “Cuando nos ponemos en la posición de espectadores de nuestro propio comportamiento, nos imaginamos qué efectos producirá sobre nosotros. Este es el único espejo en el que podemos en alguna medida mirarnos como nos miran los ojos de otras personas y así evaluar nuestra conducta […] Hay dos ocasiones diferentes en donde examinamos nuestra propia conducta y la vemos a la luz con que un espectador imparcial podría verla: primero, cuando estamos por actuar, y segundo, después de haber actuado” (SM).</p>
<p>Respecto a la presión tributaria, este pensador fue pionero en tres siglos de lo que hoy se conoce como la Curva de Laffer, al señalar: “Los impuestos altos, unas veces debido a la disminución en los bienes sujetos al gravamen y otras como consecuencia del estímulo que se produce al contrabando, se traducen en menores ingresos para el gobierno respecto de aquella situación en donde los impuestos son más moderados” (RN).</p>
<p>Por último, para no cansar con citas, por más jugosas que sean, reproduzco el párrafo que hace referencia a la<b> conveniencia de las desigualdades de rentas y patrimonio (que son consecuencia de las prioridades y preferencias que revela la gente con sus compras y abstenciones de comprar en el mercado)</b>: “Cuando hay propiedad, hay desigualdad. Por cada hombre rico habrá por lo menos quinientos pobres y la riqueza de unos pocos supone la indigencia de muchos. La opulencia de los ricos excita la indignación de los pobres, quienes están empujados a invadir aquellas propiedades debido a la necesidad y a la envidia. Solamente bajo el escudo protector del magistrado civil puede dormir tranquilo el propietario, quien ha adquirido su propiedad a través del trabajo de muchos años, tal vez, a través de muchas generaciones” (RN).</p>
<p>Debe tenerse en cuenta la influencia que han tenido los trabajos de Adam Smith. Como destaqué en mi ensayo mencionado al comienzo, Milton Friedman concluye: “<i>The Wealth of Nations </i>se considera en forma unánime y con justicia, como la piedra fundamental de la economía científica moderna. Su fuerza normativa y su influencia en el mundo intelectual revisten gran importancia para nuestro objetivo actual”.</p>
<p>Joseph Schumpeter subraya este éxito al afirmar: “Antes de que terminara el siglo, <i>The Wealth of Nations</i> había conseguido nueve ediciones inglesas, sin contar las que parecieron en Irlanda y los Estados Unidos y se había traducido (que yo sepa) al danés, al holandés, al<i> </i>francés, al<i> </i>alemán, al italiano y al español”.</p>
<p>Recientemente fueron recopilados en dos volúmenes algunos de los estudios de Adam Smith sobre jurisprudencia, crítica literaria, música y otras misceláneas. Lamentablemente, muchos de sus papeles privados fueron destruidos después de su muerte, documentos que seguramente hubieran agregado información valiosa. El estilo, la elocuencia y la vivacidad presentes en la mayor parte de los trabajos de Smith hicieron que Edmund Burke dijera de su primer libro publicado: “Constituye, posiblemente, una de las más bellas expresiones de la teoría moral que hayan aparecido”.</p>
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		<title>En torno a los modelos nórdicos</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Mar 2015 10:05:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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		<description><![CDATA[Los socialistas arcaicos y desactualizados siguen repitiendo que los modelos, especialmente de Suecia, Finlandia y Dinamarca, siguen siendo socialistas como en los años sesenta, en los que adoptaron esa tendencia (en Suecia la experiencia comenzó hacia finales de los treinta). Sin embargo, no tienen en cuenta que a principios de los noventa el sistema explotó... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/03/15/en-torno-a-los-modelos-nordicos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los socialistas arcaicos y desactualizados siguen repitiendo que los modelos, especialmente de Suecia, Finlandia y Dinamarca, siguen siendo socialistas como en los años sesenta, en los que adoptaron esa tendencia (en Suecia la experiencia comenzó hacia finales de los treinta).</p>
<p>Sin embargo, no tienen en cuenta que a principios de los noventa el sistema explotó debido a los niveles inauditos del gasto público y los impuestos que, entre otras cosas, se reflejaron en el pésimo sistema de salud en el que los pacientes esperaban en interminables filas que se los atienda mientras se sucedían accidentes irreversibles antes de ser atendidos y los que podían viajaban al exterior para consultar médicos (los que esperaban que se los atienda “gratis” en sus países de origen, por ejemplo, se quedaban ciegos antes de poder ser revisados por un oculista y así sucesivamente).</p>
<p>Otro fracaso rotundo fue en el campo educativo donde a partir de los noventa se eliminó el monopolio estatal y se abrió a la competencia. Debido al referido sistema donde creció exponencialmente el Leviatán comenzó a debilitarse notablemente la Justicia y la seguridad.</p>
<p><strong>Como queda dicho, a partir de los noventa se privatizaron todo tipo de empresas, en primer término, la electricidad, el correo y las telecomunicaciones con lo cual el gasto público se redujo junto a la presión impositiva.</strong></p>
<p>Por otra parte, en gran medida se liberó el mercado laboral con lo que el desempleo bajó considerablemente y se redujo el trabajo informal a que naturalmente se recurría antes de la liberación (en los tres países mencionados llegaba a más de un tercio de la fuerza laboral).</p>
<p>Por tanto el tan cacareado ejemplo de los países nórdicos en cuanto al “éxito” del socialismo queda sin efecto en todas sus dimensiones.</p>
<p>Hay una nutrida bibliografía sobre el fracaso del mal llamado “Estado Benefactor” (mal llamado porque la beneficencia es por definición voluntaria y realizada con recursos propios), pero tal vez los autores más destacados son Andres Linder, Nils Sanberg, Eric Boudin, Sven Rydenfelt, Mauricio Rojas y Nils Karlson, quienes muestran que, en promedio en las tres décadas principales del experimento socialista el gasto público en esos países rondaba el 64% del PBN y el déficit alcanzaba el quince por ciento de ese mismo guarismo. Un sistema también basado en la estatización del sistema denominado de “seguridad social” que operaba bajo el método de reparto que actuarialmente está de entrada quebrado y la insistencia en la tan reiterada “re-distribución de ingresos”.</p>
<p>Escriben los autores mencionados que en una medida considerable se han abandonado las antedichas políticas para reemplazarse por la apertura de mercados sustentados en marcos institucionales liberales que los hacen los más abiertos del mundo.</p>
<p>Incluso uno de los patrocinadores del socialismo en los países nórdicos -Gunnar Myrdal- finalmente escribió que tenía “sentimientos encontrados en lo que desembocó el sistema ya que las leyes fiscales han convertido a nuestra nación [Suecia] en una de tramposos”.</p>
<p><strong>La apertura hacía los mercado libres, entre muchas otras cosas, incentiva la creatividad para llevar a cabo actividades hasta entonces impensables. Por ejemplo, recientemente en algunos de los países nórdicos ya no existe el problema de la basura ya que la reciclan para contar con más electricidad y calor, al contrario, compran basura de otros países.</strong></p>
<p>Lo dicho hasta aquí sobre el estatismo no incluye las truculentas variantes de los países africanos y latinoamericanos más atrasados en los que se encubre una alarmante corrupción tras la bandera de la mejora a los pobres que se multiplican por doquier.</p>
<p>El antes aludido Nils Karlson, a pesar de ser noruego (un país que cuenta con el apoyo logístico de la riqueza petrolera) en su magnífica obra titulada <em>The State of the State. An Inquiry Concerning the Role of Invisible Hands in Politics and Civil Society</em>, sostiene que “El crecimiento en el tamaño del Estado es uno de los sucesos más destacados del siglo veinte. En todas las democracias occidentales, el estado se ha tornado más y más grande, en términos relativos y absolutos. Típicamente esos estados modernos se autodenominan estados benefactores caracterizados por varios tipos de sistemas distributivos, regulaciones y altos niveles de gastos públicos. En algunos de esos países el gasto del sector público alcanza más de la mitad del producto nacional bruto y los impuestos, en algunos casos, se llevan más de la mitad de los ingresos generados en la sociedad. Incluso las esferas más privadas han sido penetradas por el estado. Las sociedades se han politizado más y más”.</p>
<p>El también mencionado Neil Sandberg apunta en su libro <em>What went wrong in Sweeden?</em> que uno de los factores desencadenantes de la crisis fue su política monetaria representada por “la rápida implementación del keynesianismo” por lo que “Suecia abandonó el patrón oro antes que otras naciones”. Muy especialmente en los múltiples trabajos de los referidos Eric Boudin y Mauricio Rojas se incluyen en detalle otras políticas también responsables de los problemas suecos y la forma en que se revirtieron.</p>
<p>¿Por qué ha ocurrido este desvío grotesco de la tradición de gobiernos limitados a la protección de derechos a la vida, la propiedad y las autonomías individuales? Gordon Tullock produjo un ensayo titulado “The Development of Government” (todavía recuerdo a la vuelta de un viaje mi disgusto con la traductora por cómo tradujo literalmente al castellano el referido trabajo en la revista Libertas: “El desarrollo del gobierno”, en lugar de “El crecimiento del gobierno&#8221;; como escribe Victoria Ocampo, “no se puede traducir a puro golpe de diccionario”). En todo caso, Tullock alude a la impronta de Bismarck como la manía del aparato estatal de lo que se conoce como “seguridad social” (en verdad inseguridad antisocial), al nacimiento del impuesto progresivo y a las guerras donde muestra en sus cuadros que el gasto posguerra baja pero siempre queda a un nivel más alto del período antes del conflicto bélico. Esto lo refleja en los cuadros que acompañan a su trabajo, especialmente referidos al período 1790-1995 en Estados Unidos con comentarios de estudios de economías comparadas.</p>
<p>De cualquier modo, una idea que cuajó entre los redistribucionistas es lo que podemos bautizar como “la tesis Pigou” por la que el autor aplica la utilidad marginal a la noción fiscal para sustentar la progresividad. Así se dice que como un peso para un pobre no es lo mismo que un peso para un rico, si se sacan recursos de éstos últimos y se los entrega a los primeros, los ricos se verán perjudicados mientras que los pobres serán beneficiados en mayor proporción que la pérdida de los primeros por las razones apuntadas. Sin embargo,<strong> una aplicación correcta de la utilidad marginal hará irrelevante lo comentado puesto que la utilidad marginal significativa en este caso es la de los consumidores a quines no le resulta indistinto quien administra los escasos factores de producción con lo que la aludida redistribución (sea por métodos impositivos o de cualquier naturaleza) contradice sus indicaciones en las votaciones diarias en el mercado, por lo que habrá desperdicio de recursos y, consecuentemente consumo de capital junto a menores salarios e ingresos en términos reales.</strong></p>
<p>Por nuestra parte, miramos dos motivos que se encuentran tras algunos de las consecuencias señaladas por Tullock en su ensayo. Estos dos motivos fundamentales son los marcos institucionales y la educación.</p>
<p>Mencionemos muy resumidamente estos dos componentes tan contundentes que se suceden tanto en países nórdicos como en cualquiera que adopte las recetas del “Estado Benefactor”. En ambos casos, en última instancia, se trata de incrustar más clara y frontalmente el saqueo en la política.</p>
<p>Lo primero se refiere a la falsificación de la democracia y monarquías constitucionales convirtiéndolas en cleptocracias. Sin nuevos límites al poder, el sistema puramente electoral y sin el alma del respeto de las mayorías a los derechos de las minorías, se convirtió en una trampa mortal para las autonomías individuales. Con solo levantar la mano en el Parlamento, las alianzas y coaliciones arrasan con los derechos. En otras palabras, <strong>constituye un escándalo pavoroso que la respuesta a tanto desatino consista en quedarse de brazos cruzados esperando la demolición final. Es indispensable pensar en otros controles, por ejemplo, como los que hemos sugerido en base a las propuestas de otros autores.</strong></p>
<p>El segundo punto es tener en un primerísimo primer plano la importancia de la educación. Desde que tengo uso de razón se machaca que ese tema es para el largo plazo y que debemos ocuparnos del presente, sin percatarse que, precisamente, el presente está movido por los valores y principios que hemos sido capaces de exponer, es decir, la compresión y aceptación de los fundamentos de la sociedad abierta depende de lo que ocurra en el ámbito educativo. Y no es cuestión de declamar sobre las bondades de la educación sino de proceder en consecuencia y poner manos a la obra, sean países nórdicos o no. Es la tarea dura y no saltearse etapas y ocupar cargos políticos que por más que se simule “meterse en el barro” es para la foto y los halagos del poder.</p>
<p><strong>Es imperioso ocuparse de marcos institucionales libres y de la educación en los valores de la sociedad abierta y no estar como los gobiernos venezolanos y argentinos en la búsqueda de enemigos en quienes endosar la responsabilidad de sus fracasos</strong>, tal como aconsejan hacer autores totalitarios como Carl Schmitt y Ernesto Laclau para distraer la atención de los verdaderos problemas y arrear con estrépito a los aplaudidores sin dignidad ni autoestima.</p>
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		<title>¿Límites de la libertad?</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Feb 2015 09:53:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Conviene despejar un mal entendido. Se ha dicho que la libertad de uno termina donde comienza la del otro. Esto, aunque expuesto con la mejor de las intenciones, puede prestarse a confusión puesto que la libertad significa la de todos, lo cual naturalmente se traduce en el respeto recíproco. La invasión a las libertades de... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/02/07/limites-de-la-libertad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Conviene despejar un mal entendido. <strong>Se ha dicho que la libertad de uno termina donde comienza la del otro.</strong> Esto, aunque expuesto con la mejor de las intenciones, puede prestarse a confusión puesto que la libertad significa la de todos, lo cual naturalmente se traduce en el respeto recíproco. <strong>La invasión a las libertades de otros no es libertad sino anti-libertad</strong>, precisamente constituye un atropello a la libertad. No es que la libertad se extralimita, es que entra en la zona de la no-libertad.  <strong>Lo mismo va para el derecho, plano en el que se ha introducido la absurda teoría del “abuso del derecho”, una contradicción en los términos</strong> <strong>puesto que una misma acción no puede ser conforme y contraria al derecho. </strong></p>
<p>Pero aquí viene un asunto de la mayor importancia que se traduce en un debate que viene de largo tiempo y promete seguir. Reitero aquí parte de lo que he escrito en la introducción a la doceava edición de mi <i>Fundamentos de análisis económico</i> (Panamá, Instituto de Estudios de la Sociedad Abierta, 2011) puesto que <strong>de lo que se trata en este contexto es de discutir marcos institucionales civilizados para que pueda funcionar la economía</strong>. Allí ilustro el tema con lo consignado por dos pensadores de fuste: Karl Popper y Sidney Hook.<span id="more-458"></span></p>
<p>El primero escribe: <strong>&#8220;La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia</strong>. Si extendemos la tolerancia ilimitada incluso a aquellos que son intolerantes, <strong>si no estamos preparados para defender una sociedad tolerante contra la embestida del intolerante, entonces el tolerante será destrozado junto con la tolerancia</strong> […], puesto que puede fácilmente resultar que no están preparados a confrontarnos en el nivel del argumento racional y denunciar todo argumento; pueden prohibir a sus seguidores a que escuchen argumentos racionales por engañosos y enseñarles a responder a los argumentos con los puños o las pistolas” (<i>The Open Society and its Enemies</i>, Princeton, NJ., Princeton University Press, 1945/1950:546).</p>
<p>En la misma línea argumental, el segundo autor mantiene que “las causas de la caída del régimen de Weimar fueron muchas: una de ellas, indudablemente, fue la existencia del liberalismo ritualista, que creía que la democracia genuina exigía la tolerancia con el intolerante” (<i>Poder político y libertad personal</i>, México, Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana, Uthea, 1959/1968: xv).</p>
<p>El problema indudablemente no es de fácil resolución. Giovanni Sartori ha precisado que “el argumento es de que <strong>cuando la democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación convierte un sector del <i>demos </i>en <i>no-demos</i>.</strong> A la inversa, <strong>la democracia concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría se corresponde con todo el pueblo</strong>, es decir, con la suma total de la mayoría y la minoría” (<i>Teoría de la democracia</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1987: vol.i, 57). Sin duda que<strong> la democracia así concebida se ha degradado y desfigurado hasta convertirse en cleptocracia,</strong> es decir, el gobierno de ladrones debido a impuestos confiscatorios, deudas estatales inviables y deterioro del signo monetario, ladrones de libertades y autonomías individuales y ladrones de vidas y sueños aniquilados por megalómanos en el poder. Por tanto, en contextos contemporáneos la teórica función gubernamental de proteger “la vida, la libertad  y la propiedad” en gran medida ha quedado en agua de borraja. Tal como se expone en el texto de este libro en la referida sección de los marcos institucionales, la omnipotencia del número facilita el atropello del Leviatán.</p>
<p><strong>Sin embargo, el tema de proscribir a los enemigos de la sociedad abierta tiene sus serios bemoles puesto que resulta imposible trazar una raya para delimitar una frontera y, aunque fuera posible,  siempre presenta graves problemas</strong>. Como he escrito antes, supongamos que un grupo de personas se reúne a estudiar los Libros V al VII de <i>La República </i>de Platón donde aconseja el establecimiento de un sistema enfáticamente comunista bajo la absurda figura del “filósofo-rey”. Seguramente no se propondrá censurar dicha reunión. Supongamos ahora que esas ideas se exponen en la plaza pública, supongamos, más aún, que se trasladan a la plataforma de un partido político y, por último, supongamos que esos principios se diseminan en los programas de varios partidos y con denominaciones diversas sin recurrir a la filiación abiertamente comunista ni, diríamos hoy, nazi-fascista. No parece que pueda prohibirse ninguna de estas manifestaciones sin correr el grave riesgo de bloquear el indispensable debate de ideas, dañar severamente la necesaria libertad de expresión y, por lo tanto, sin que signifique un peligroso y sumamente contraproducente efecto <i>boomerang</i> para incorporar nuevas dosis de conocimiento.</p>
<p>La confrontación de teorías rivales resulta indispensable para mejorar las marcas y progresar. En una simple reunión -sea presencial o virtual- con colegas de diversas profesiones y puntos de vista para someter a discusión un ensayo o un libro en proceso se saca muy buena partida de las opiniones de todos. Es raro que no se aprenda de otros, de unos más y de otros menos, pero de todos se incorporan nuevos ángulos de análisis y visones de provecho, sea para que uno rectifique algunas de sus posiciones o para otorgarle argumentación de mayor peso a las que se tenían. Se lleva el trabajo a la reunión pensando que está pulido y siempre aparecen valiosas sugerencias. Es que como ha dicho Borges parafaseando el pensamiento de Alfonso Reyes: “Como no hay tal cosa como un texto perfecto, si uno no publica, se pasa la vida corrigiendo borradores”. Por otra parte, en estas lides, el consenso se traduce en parálisis. <strong>Nicholas Rescher pone mucho énfasis en el valor del pluralismo en su obra que lleva un sugestivo subtítulo: </strong><i><strong>Pluralism. Against the Demand for Consensus</strong> </i>(Oxford, Oxford University Press, 1993). Incluso la unanimidad tiene cierto tufillo autoritario; <strong>el disenso, no el consenso, es la nota sobresaliente de la sociedad abierta</strong> (lo cual desde luego incluye, por ejemplo, que un grupo de personas decida seguir el antedicho consejo platónico y mantener las mujeres y todos sus bienes en común).</p>
<p>Sidney Hook apunta que “una cosa es mostrarse tolerante con las distintas ideas, tolerante con las diversas maneras de jugar el juego, no importa cuán extremas sean, siempre que se <i>respeten </i>las reglas de juego, y otra, muy diferente, ser tolerante con los que hacen trampas o con los que están convencidos de que es permisible hacer trampas” (<i>op. cit.</i>: xiv). Pero es que, precisamente, de lo que se trata desde la perspectiva de quienes no comparten los postulados básicos del liberalismo es <i>dar por tierra con las</i> <i>reglas</i> <i>de</i> <i>juego</i>, comenzando con la institución de la propiedad privada. En este sentido recordemos que Marx y Engels<i> </i>sostuvieron que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada” (“Manifiesto del Partido Comunista”, en <i>Los fundamentos del marxismo</i>, México, Editorial Impresora, 1848/1951: 61) y los fascistas mantienen la propiedad <i>de jure </i>pero la subordinan <i>de facto </i>al aparato estatal, en este sentido se pronuncia Mussolini: “Hemos sepultado al viejo Estado democrático liberal […] A ese viejo Estado que enterramos con funerales de tercera, lo hemos substituido por el Estado corporativo y fascista, el Estado de la sociedad nacional, el Estado que une y disciplina” (“Discurso al pueblo de Roma” en <i>El espíritu de la revolución fascista</i>, Buenos Aires, Ediciones Informes, 1926/1973:218, compilación de Eugenio D`Ors “autorizada por el Duce”: 13).</p>
<p><strong>No se trata entonces del respeto a las reglas de juego sino de modificarlas y adaptarlas a las ideas de quienes pretenden el establecimiento de un estado totalitario o autoritario.</strong> Esto es lo que estamos presenciando en estos momentos con los Chávez del planeta y sus imitadores. Nos percatamos del riesgo: los que se amparan en la libertad de expresión apuntan a ejecutar sus ideas, es decir, los Stalin y Hitler de nuestra época pretenden asesinar y destruir toda valla jurídica para sus designios totalitarios. Lo dicho no contraría que en sociedades libres respondan ante la Justicia quienes han lesionado derechos de terceros, lo cual nada tiene que ver con la censura puesto que se trata de un proceso <i>ex post facto</i>.</p>
<p>El tema entonces radica en la educación, <strong>nada puede hacerse como no sea el ganar la argumentación a favor de la sociedad abierta</strong>, de lo contrario los delitos de homicidio y robo instalados en la civilización son eliminados de un plumazo por los sátrapas. Y cuando ponemos énfasis en la educación estamos hablando de valores y principios compatibles con la sociedad abierta que no necesariamente muestran un correlato con el monto presupuestario que se destina a ese rubro.</p>
<p>Es cierto que el corrimiento en el eje del debate procede de los ambientes intelectuales que, como una piedra en un estanque, van formando círculos concéntricos desde el cenáculo a la opinión pública que, en esta etapa cultural, es capitalizada por las estructuras políticas. Pero incluso es hasta cierto punto un desperdicio el destinar esfuerzos constructivos en el campo educativo que son tan necesarios, si mientras se implementan sistemas que ofrecen potentes incentivos para operar en direcciones que demuelen la democracia. Para revertir estos incentivos perversos, es de gran interés consultar las propuestas de Montesquieu, Hayek y Leoni a las que me he referido en otros escritos al efecto de abrir un debate sobre el tema del resguardo de la democracia, pero como tema prioritario la libertad de expresión debe proceder incondicionada.</p>
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		<title>Carta abierta a Eduardo Galeano</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Jan 2015 09:49:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Antes que nada e independientemente del contenido que Galeano estampa en su prosa, quiero subrayar su talento realmente formidable para administrar una pluma que produce resultados que encandilan de admiración al lector. Una especie de hechizo superlativo de un prestidigitador que juega con las formas del idioma y que exhibe una gimnasia gramatical que se... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/01/03/carta-abierta-a-eduardo-galeano/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Antes que nada e independientemente del contenido que Galeano estampa en su prosa, quiero subrayar su talento realmente formidable para administrar una pluma que produce resultados que encandilan de admiración al lector. Una especie de hechizo superlativo de un prestidigitador que juega con las formas del idioma y que exhibe una gimnasia gramatical que se asimila a estar escribiendo poemas permanentes con una cadencia notable, por más que se trate del género del ensayo.</p>
<p>Habiendo dicho esto, destaco lo que es evidente:<strong> su contribución a la demolición de la sociedad abierta, o mejor dicho, a lo que queda de ella puesto que durante las últimas largas décadas los gobiernos se han propuesto el estrangulamiento de las libertades de las personas que gobiernan.</strong> Astronómicos incrementos en el gasto público, impuestos insoportables, regulaciones asfixiantes en el contexto de marcos institucionales degradados hacen que el Leviatán avance sobre los espacios privados de la gente dejando a su paso pobreza para todos, muy especialmente para los más necesitados. Aquellas medidas las propone Eduardo Galeano con entusiasmo. Flota en sus trabajos la presencia de la suma cero de la teoría de los juegos, es decir, <strong>lo que gana uno lo pierde el otro retrotrayéndonos a la época mercantilista.</strong> Nada original por cierto. En <i>Las venas abiertas de América Latina </i>concluye que <strong>“cuanto más libertad se otorga a los negocios, más cárceles se hace necesario construir para quienes padecen los negocios”</strong>, con lo cual le da la espalda al hecho de que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes se benefician.<span id="more-339"></span></p>
<p>No distingue para nada el empresario que para mejorar su situación patrimonial debe servir a sus semejantes: si acierta gana y si yerra incurre en quebrantos. No distingue esta situación con el pseudoempresario que se enriquece debido al privilegio que le otorga su alianza con el poder político de turno, con lo que explota miserablemente a sus congéneres.</p>
<p>La emprende contra un capitalismo prácticamente inexistente, incluso en el otrora baluarte del mundo libre, Estados Unidos,  donde de un largo tiempo a esta parte los gobiernos han traicionado los sabios consejos de los Padres Fundadores para, en su lugar, abrazar la latinoamericanización en el peor sentido de la expresión, lo cual incluye “salvatajes” para negociantes irresponsables, ineptos e indecentes, claro está con los recursos de los que trabajan honestamente. Embiste contra el mercado como si no se percatara que se trata de millones de arreglos contractuales entre los que está el mismo Galeano, no solo para su vivienda, su vestido, su alimentación y su recreación sino de modo muy especial para vender su antedicho libro (y muchos otros, también de su autoría) que va por la edición sesenta y ocho con jugosos derechos de autor.</p>
<p>Sus recetas son anacrónicas, son las que aplicaron y aplican todos los países atrasados del planeta pero están vestidas con un ropaje nuevo y adornados con una prosa elegante, por más que ataque por las razones equivocadas a las nefastas instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial que sin duda habría que disolver por el daño mayúsculo que infringen con recursos coactivamente detraídos del fruto del trabajo ajeno, a manos de burócratas que reciben pagas suculentas y que viajan en primera con pasaportes que les permiten acarrear compras que no revisan las malditas aduanas que ellos mismos apoyan.</p>
<p>Hace algo más de veinte años, <strong>en la revista mexicana <i>Perfiles</i>, publiqué un artículo titulado “El mundo al revés de Eduardo Galeano” donde criticaba uno de los libros del mencionado autor (<i>Patas arriba. La escuela del mundo al revés</i>)</strong> donde intenté mostrar que lo que está al revés es en gran medida debido a la absorción de lo dicho por autores como Galeano y que, en consecuencia,  el mundo al revés estaba, entre otras, en la cabeza de este escritor. Abría aquella nota con una cita que hacía este autor en la que se leía lo siguiente: <strong>“Donde no se obedece la ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país.</strong> La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”. ¿A quien pertenece esta cita?: a Al Capone en una entrevista publicada en <i>Liberty </i>el 17 de octubre de 1931. Esto mismo es dicho y repetido por los políticos estatistas con deslumbrante hipocresía luciendo unas sonrisas bastante estúpidas de un cinismo dignas de mejor causa. Pero henos aquí que Galeano no lo ve así, según él el problema radica en los privados que usan y disponen de lo adquirido lícitamente como consecuencia de lo intercambiado con otros. Es por eso que alaba enfáticamente el experimento oprobioso de la isla-cárcel cubana que constituye su modelo.</p>
<p>Pero ahora, según algunas de las declaraciones recientes de Galeano, <strong>parece que está disgustado con las recetas que había propuesto</strong>. Sin embargo, no decide qué sistema abrazar. En un escrito corto de su autoría consigna que se cayó del mundo y no sabe por qué puerta entrar, al tiempo que se queja de la sociedad del descarte en la que a cada rato se cambia de celular, de televisor, de automóvil, de computadora y hasta de mujer o marido y de valores, en el contexto de vivir endeudados y otras observaciones atinadas.</p>
<p>Pero en estos comentarios con tono quejumbroso, deben diferenciarse dos planos bien nítidos. Por una parte, los descartes y rotaciones de bienes y servicios y, por otra, el abandono de valores y principios. Esto último hace que se pierda la brújula, los mojones o puntos de referencia, suponiendo que está aludiendo al respeto recíproco que implica las libertades individuales, la palabra empeñada en los contratos y la propiedad privada, en primer lugar del pensamiento y la integridad física de cada cual y, luego, del producto de su trabajo.</p>
<p>El otro plano es puramente axiológico y depende en gran medida de la educación formal e informal recibida y de elucubraciones personales. Por ejemplo y salvando las distancias, personalmente me disgusta la música, las canciones y los movimientos espasmódicos de Michael Jackson, que por otra parte nunca supe a ciencia cierta si era negro o blanco, varón o mujer, pero nada se puede hacer como no sea dedicarse a la persuasión sobre la eventual superioridad de otras composiciones musicales, escenarios distintos y bailes diferentes. Lo mismo va para la tilinguería de mucho de lo que se trasmite por televisión y así sucesivamente, que incluye el afán de cambiar artefactos y demás actitudes y preferencias, para lo cual <strong>bajo ningún concepto es aceptable el recurrir a comisarios sino que se requiere respeto para que cada uno siga su camino siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros.</strong></p>
<p>En resumen, mi propuesta para Galeano es que retome el mundo después de su caída más o menos vertiginosa y entre raudamente por la puerta de la libertad y denuncie con el vigor que lo caracteriza todo lo que signifique el uso de la violencia para con personas que no se entrometen en los derechos de otros y, simultáneamente, insista en la docencia para mostrar los desperdicios humanos al destinar esfuerzos en pro de la zoncera sistemática que se aparta de los fines de excelencia que hace posible la condición humana, posibilidad que la diferencia de las otras especies conocidas.</p>
<p>El conocimiento es provisorio, sujeto a refutaciones, para lo cual se requieren debates abiertos sin ningún tipo de censuras. Un sistema liberal (no el absurdo invento de “neoliberal”, etiqueta con la que ningún pensador de fuste se identifica) en el que marcos institucionales se circunscriban a proteger los derechos de todos, dejando por completo de lado a los megalómanos que pretenden manejar vidas y haciendas ajenas, sin comprender que el conocimiento es disperso y fraccionado y que, por ende, los así llamados planificadores concentran ignorancia con la petulante y morbosa inclinación de imponer lo que debe hacer cada uno.</p>
<p><strong>Muy bienvenido sería Galeano a las filas liberales</strong>, lo cual significa el respeto irrestricto para los proyectos de vida de otros.  Filas donde no hay popes sino intercambios de ideas con plena conciencia que es una tradición de pensamiento que está y estará en permanente ebullición porque en la vida terrenal no hay un punto final que no sea susceptible de mejorar. Bienvenido por su antes referida pluma colosal y por su honestidad intelectual al exponer sus dudas existenciales por donde entrarle al mundo. Por otra parte, es de interés apuntar que <strong>la ansiedad y angustia que muestra la necesidad de rotaciones permanentes sin solución de continuidad, la caricatura de la existencia al exhibir públicamente lo privado en Facebook y la pretendida comunicación con un interlocutor presencial pero mirando todo el tiempo el celular, obedecen a la falsificación de guías, valores y principios que se dejan de lado para adoptar no se sabe qué al compás de cambios por el cambio mismo.</strong></p>
<p>Por último, señalo que el clima de tensión y de violencia que muchas veces acompaña esa especie de angustia permanente, es consecuencia de imposiciones atrabiliarias de un Leviatán adiposo y creciente, tal como lo expone en detalle y muy documentadamente Butler S. Schaffer en su largo ensayo titulado “La violencia como producto del orden artificial” que, en definitiva, genera tensiones que aumentan sin cesar y demuelen el orden en el sentido que tradicionalmente lo ha entendido la civilización, claro está, basada en el respeto recíproco en consideración a lo sacro de las autonomías individuales.</p>
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		<title>El autor liberal por excelencia</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Dec 2014 09:29:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<category><![CDATA[liberalismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Lorenzo Infantino]]></category>
		<category><![CDATA[Planificación]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Afortunadamente han existido y existen autores notables que enriquecen la tradición de pensamiento liberal, principalmente desde la Roma del derecho, el common law, la Escolástica Tardía o Escuela de Salamanca, Grotius, Richard Hooker, Pufendorf, Sidney y Locke, la siempre fértil e inspiradora Escuela Austríaca, la rama del Public Choice y tantos pensadores de fuste que alimentan al liberalismo, constantemente en ebullición y que en toda ocasión tiene presente que el conocimiento es provisorio sujeto a refutación según la valiosa mirada popperiana.</p>
<p><strong>Nullius in verba -el lema de la Royal Society de Londres- puede tomarse como un magnífico resumen de la perspectiva liberal, no hay palabras finales</strong>, lo cual no significa adherir al relativismo epistemológico, ni cultural, ni hermenéutico ni ético ya que la verdad -el correlato entre el juicio y lo juzgado- es independiente de las respectivas opiniones, de lo contrario no solo habría la contradicción de que suscribir el relativismo convierte esa misma aseveración en relativa, sino que nada habría que investigar en la ciencia la cual se transformaría en un sinsentido.</p>
<p>También es de gran relevancia entender que el ser humano no se limita a kilos de protoplasma sino que posee estados de conciencia, mente o psique por lo que tiene sentido la libertad, sin la cual no habría tal cosa como proposiciones verdaderas o falsas, ideas autogeneradas, la posibilidad de revisar los propios juicios, la responsabilidad individual, la racionalidad, la argumentación y la moral.</p>
<p>Los aportes de liberales, especialmente en el campo de la economía y el derecho han sido notables pero hay un aspecto que podría reconocerse como el corazón mismo del espíritu liberal que consiste en los procesos evolutivos debidos a las faenas de millones de personas que operan cada uno en su minúsculo campo de acción cuyas interacciones producen resultados extraordinarios que no son consecuencia de ninguna acción individual puesto que el conocimiento está fraccionado y es disperso.</p>
<p><strong>En otros términos, la ilimitada soberbia de planificadores hace que no se percaten de la concentración de ignorancia que generan al intentar controlar y dirigir vidas y haciendas ajenas.</strong> Uno de los efectos de esta arrogancia supina deriva de que al distorsionar los precios relativos, afectan los únicos indicadores con que cuenta el mercado para operar y, a su vez, desdibuja la contabilidad y la evaluación de proyectos que inexorablemente se traduce en consumo de capital y, por ende, en la disminución de salarios e ingresos en términos reales. Y como apunta Thomas Sowell, el tema no estriba en contar con ordenadores con gran capacidad de memoria puesto que la información no está disponible ex ante la correspondiente acción.</p>
<p>Lorenzo Infantino expone el antedicho corazón del espíritu liberal y lo desmenuza con una pluma excepcional y un provechoso andamiaje conceptual (para beneficio de los hispanoparlantes, con la ayuda de la magistral traducción de Juan Marcos de la Fuente). Las obras más conocidas de Infantino en el sentido que venimos comentando son Ignorancia y libertad y Orden sin plan. Ahora se está traduciendo al castellano otro libro sobre el poder del mismo autor que, en un programa de investigación que explora otros andariveles, me dicen estará a la altura del magnus opus de Ludwig von Mises: Acción humana. Tratado de economía que ha revolucionado la ciencia en muy diversos aspectos y, por mi parte, agrego que entonces también estará al nivel de los jugosos escritos del excelente jurista Bruno Leoni que pone de manifiesto que el derecho es un proceso de descubrimiento y no de diseño o ingeniería social y de los trabajos del muy prolífico, original y sofisticado Anthony de Jasay quien, entre otras cosas, se ocupa de contradecir los esquemas inherentes a los bienes públicos, free riders, asimetría de la información y el dilema del prisionero.</p>
<p>Tiene sus bemoles la pretensión de hacer justicia a un autor en una nota periodística, pero de todos modos transcribo algunos de los pensamientos de Infantino como una telegráfica introducción que a vuelapluma pretende ofrecer un pantallazo de la raíz y del tronco central de la noble tradición liberal.</p>
<p><strong>Explica de modo sumamente didáctico los errores de apreciación a que conduce el apartarse del individualismo metodológico e insistir en hipóstasis que no permiten ver la conducta de las personas y ocultarlas tras bultos que no tienen vida propia como “la sociedad”, “la gente” y afirmaciones tragicómicas como “la nación quiere” o “el pueblo demanda”.</strong></p>
<p>Desarrolla la idea de Benjamin Constant de la libertad en los antiguos y en los modernos, al efecto de diferenciar la simple participación de las personas en el acto electoral y similares respecto de la santidad de las autonomías individuales a través de ejemplos históricos de gran relevancia. Infantino se basa y en gran medida desarrolla las intuiciones de Mandeville y Adam Smith en los dos libros mencionados de aquél autor.</p>
<p>Asimismo, el autor de marras se detiene a explicar los peligros de la razón constructivista (el abuso de la razón) para apoyarse en la razón crítica. Muestra, entre otras, las tremendas falencias y desaciertos de Comte , Hegel y Marx en la construcción de los aparatos estatales totalitarios, al tiempo que alude a la falsificación de la democracia (en verdad, cleptocracia). En este último sentido, dado que Hayek sostiene en las primeras doce líneas de la edición original de su Law, Legislation and Liberty que hasta el momento los esfuerzos del liberalismo para ponerle bridas al Leviatán han resultado en un completo fracaso, entonces se hace necesario introducir nuevos límites al poder y no esperar con los brazos cruzados la completa demolición de la libertad y la democracia en una carrera desenfrenada hacia el suicido colectivo.</p>
<p>En este sentido, como ya he escrito en otras oportunidades, hay que prestarle atención a las sugerencia del propio Hayek para el Legislativo, de Leoni para el Judicial y aplicar la receta de Montesquieu para el Ejecutivo, es decir, que el método del sorteo “está en la índole de la democracia”. Mirado de cerca esto último hace que los incentivos sobre cuya importancia enfatizan Coase, Demsetz y North trabajen en dirección a que se establezcan límites estrictos para proteger las vidas, propiedades y libertades de cada uno ya que cualquiera puede gobernar. Además habría que repasar los argumentos de Randolph y Gerry en la asamblea constituyente estadounidense en favor del Triunvirato.</p>
<p>Infantino recorre los temas esenciales que giran en torno a los daños que produce la presunción del conocimiento de los megalómanos que arremeten contra los derechos individuales alegando pseudoderechos o aspiraciones de deseos que de contrabando se pretenden aplicar vía la guillotina horizontal bajo la destructiva manía del igualitarismo.</p>
<p>Lamentablemente, como ha subrayado Hayek, los fenómenos complejos de las ciencias sociales son contraintuitivos, <strong>debe escarbarse en distintas direcciones de la historia, la filosofía, la economía y el derecho para llegar a conclusiones acertadas, como decía el decimonónico Bastiat hurgar en “lo que se ve y lo que no se ve”.</strong></p>
<p>A través de la educación de los fundamentos de los valores y principios de la sociedad abierta se corre el eje del debate para que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, los políticos se vean obligados a recurrir a la articulación de discursos distintos, mientras se llevan a cabo debates que apuntan en otras direcciones al efecto de preservar de una mejor manera las aludidas autonomías individuales y escapar de la antiutopía orwelliana del gran hermano y, peor aun, a la de Huxley -sobre todo en la versión revisitada- donde las personas piden ser esclavizadas.</p>
<p><strong>Tal vez podamos poner en una cápsula el pensamiento de Infantino con una frase de su autoría: “Cuando renunciamos a las instituciones de la libertad y nos entregamos a la presunta omnisciencia de alguien, cubre su totalidad la escala de la degradación y la bestialidad”.</strong></p>
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		<title>Entre el engaño y el disimulo, el fracaso</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Nov 2014 09:10:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Dos de las políticas más frecuentes instaladas en los países que andan a los tumbos (que son casi todos) consisten en las devaluaciones y los ajustes. De tanto en tanto aparecen indefectiblemente en escena debido a manipulaciones monetarias y desórdenes fiscales propiciados por gobiernos irresponsables (que, otra vez, son casi todos).</p>
<p>Milton Friedman se burla de lo primero en <em>Dólares y déficit</em> insistiendo en la imperiosa necesidad de liberar el mercado cambiario y “hacer que el gobierno desaparezca sencillamente de la escena” . Por su parte, Friedrich Hayek en <em>Toward a Free-Market Monetary System</em> subraya que “Siempre, desde que el privilegio de emitir moneda fue explícitamente representado como una prerrogativa real ha sido patrocinado porque el poder de emitir moneda era esencial para las finanzas del gobierno, no para brindar una moneda sólida sino para otorgarle al gobierno acceso al barril de donde puede obtener dinero por medio de su fabricación”.<span id="more-260"></span></p>
<p><strong>Es curioso que haya economistas profesionales que entren por la variante si debe o no debe devaluarse y, más llamativo aun, es que se lancen a patrocinar el valor en que debería situarse la divisa en cuestión.</strong> Es similar a que el debate se suscitara respecto al valor que debería fijarse a los pollos en lugar de liberar los precios luego del tristemente célebre “control de precios” que desde Diocleciano en la antigua Roma han demostrado su reiterado fracaso. Pues con el dinero ocurre lo mismo, los precios máximos a la divisa extranjera y mínimos a la local invariablemente conducen al mismo callejón sin salida.</p>
<p>Incluso de mantienen calurosas discusiones sobre cual debería ser el nuevo valor después de la devaluación, lo cual resulta tragicómico. También los hay que niegan que sean partidarios de la devaluación en vista de los efectos que esa medida provoca.</p>
<p>Es inútil, la manía por incrementar el gasto público en un contexto en el que la presión tributaria resulta insoportable se financia con emisión monetaria si es que no puede disimularse el déficit fiscal con endeudamiento externo. He aquí otra postura incomprensible: la de los economistas que suscriben la supuesta necesidad de financiarse con préstamos internacionales sin percatarse que ese canal no solo compromete patrimonios de futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral que eligió al gobernante que contrajo la deuda, sino que facilita grandemente el derroche y en agrandamiento del aparato estatal.</p>
<p><strong>Se suele esgrimir la conveniencia de la deuda pública externa para “la inversión” gubernamental. Pues, en primer lugar, no hay tal cosa como “inversión” por la fuerza ya que por su naturaleza significa abstención voluntaria de consumo para ahorrar cuyo destino es la inversión que opera debido a la preferencia temporal: la preferencia de lo futuro a lo presente.</strong> Ahorro forzoso o inversión por la fuerza constituyen contradicciones en los términos. En nuestro ejemplo, se trata de gastos no corrientes en el mejor de los casos.</p>
<p>Para no cargar tanto las tintas con nuestra profesión, tal vez debiera destacarse que muchos de los opinantes no son en verdad economistas. Usan esa etiqueta solo porque, por ejemplo, han opinado sobre la ley de la oferta y la demanda (generalmente mal formulada), es como si el que estas líneas escribe se autotitulara arquitecto porque alguna vez intentó levantar una pared (que, además, se derrumbó). Se trata de usurpación de título. En realidad es por eso que prefiero identificarme con mi grado de doctor en economía y no como economista.</p>
<p>En fin, dejando de lado esta digresión, <strong>la devaluación no es para nada una salida a los problemas creados por el Leviatán, se trata de un engaño transitorio.</strong> La solución en el mercado cambiario es liberarlo lisa y llanamente, lo cual reflejará la situación real de las paridades cambiarias. En realidad al aumentar la base monetaria, la banca central devaluó de facto lo cual se refleja en el mercado negro, solo que las exportaciones tienden a contraerse debido a que el “precio oficial” queda artificialmente rezagado y cuando no se lo quiere liberar se cambia la cotización de jure que naturalmente sigue atrasada. Esa es la devaluación.</p>
<p>El segundo tema de esta nota alude a lo que ha dado en llamarse “ajuste” que inexorablemente produce inmensos sufrimientos absolutamente inútiles (sea aquel solapado o explícito). Esto es así porque se trata de un parche que disimula el problema. Como he dicho antes, igual que en la jardinería la poda hace que la planta crezca con mayor vigor, el ajuste esconde la basura bajo la alfombra en lugar de erradicar de cuajo funciones estatales inútiles. Es como colocarle un corset a los efectos de ajustarle el abdomen a una persona excedida en su peso en lugar de encarar una dieta de fondo o de recurrir a la cirugía. Ajustar no es encarar el problema de fondo ya que el mal reaparecerá en el corto plazo.</p>
<p>Los padecimientos que se sufren por los ajustes son infinitamente mayores que los que ocurren cuando se adoptan con coraje y decisión las medias de fondo para desprenderse de reparticiones inconvenientes, las cuales sin duda generarán costos para algunos pero serán mucho más que compensados por el saneamiento perdurable.</p>
<p><strong>Es lo mismo que si al enfermo grave en lugar de llevarlo al quirófano se le aplican inyecciones dolorosas que lo aliviarán temporalmente mientras el tumor crece.</strong></p>
<p>En resumen, la extendida aplicación de las devaluaciones y los ajustes debieran sustituirse por la libertad cambiaria (no digo flotación porque está atada a la noción de “flotación administrada” o “sucia”) y por la eliminación de las funciones incompatibles con un gobierno republicano.</p>
<p>En relación a lo consignado, conviene tener presente lo escrito por Octavio Paz en<em> El ogro filantrópico</em> en cuanto a que lo establecido por los aparatos estatales se traduce en “un arte oficial y una literatura de propaganda […] Hay que decirlo una y otra vez: el Estado burocrático totalitario ha perseguido y castigado [es el] cáncer del estatismo […] Las tentaciones faraónicas de la alta burocracia, contagiada de la manía planificadora de nuestro siglo […] ¿Cómo evitaremos la proliferación de proyectos gigantescos y ruinosos, hijos de la megalomanía de tecnócratas borrachos de cifras y estadísticas?”. Esto último deber resaltarse: no se trata de un concurso de estadísticas sino de contar con libertad para que cada uno pueda seguir su proyecto de vida como mejor le plazca sin lesionar derechos de terceros, puesto que como ha escrito Tocqueville, “el que le pide a la libertad más que ella misma tiene alma de esclavo”.</p>
<p>Y para que pueda revertirse la situación y salir del marasmo de devaluaciones y ajustes, los intelectuales que se dicen partidarios de la sociedad abierta deben apuntar a erradicar los sistemas estatistas, lo cual significa alejarse de medidas timoratas que pretenden solo cambiar el decorado con hombres distintos y cambios menores. Precisamente, en este sentido es que Octavio Paz en la obra mencionada concluye respecto a nuestra región (pero aplicable a todos lados) que “Si los intelectuales latinoamericanos desean realmente contribuir a la transformación política y social de nuestros pueblos, deberían ejercer la crítica”.</p>
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