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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; Milton Friedman</title>
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		<title>Doug Casey, para pensar</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Mar 2016 10:19:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Amenaza musulmana]]></category>
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		<description><![CDATA[Se trata de una persona muy consistente con sus principios, cuyo eje central radica en el valor de la libertad, esto es, concebir la sociedad como interacciones voluntarias en las que prima el respeto recíproco; sólo justifica el uso de la fuerza cuando es de carácter defensivo. En este contexto, cada uno puede hacer de... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/03/19/doug-casey-para-pensar/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Se trata de una persona muy consistente con sus principios, cuyo eje central radica en el valor de la libertad, esto es, concebir la sociedad como interacciones voluntarias en las que prima el respeto recíproco; sólo justifica el uso de la fuerza cuando es de carácter defensivo. En este contexto, cada uno puede hacer de su vida lo que le plazca, siempre y cuando no lesione derechos de terceros.</p>
<p>Doug Casey es de hablar pausado y bien articulado, con contenidos muy sustanciales y bien fundamentados. Es un inversionista de dotes excepcionales.</p>
<p><b>Se autodefine como un “especulador internacional”, lo cual subraya un concepto básico, pero poco comprendido.</b> Todos los seres humanos somos especuladores. Todos apuntamos a pasar de una situación menos favorable a juicio de sujeto actuante a una que estimamos que nos proporcionará mayor satisfacción. El acto puede ser ruin o sublime, pero siempre está presente la especulación. Hablar de especulador es equivalente a aludir a la acción humana. Algunos aciertan en sus conjeturas, otros se equivocan, pero todos especulan. La madre especula con que su hijo se encuentre bien, el asaltante a un banco especula con que le saldrá bien el atraco y así sucesivamente.</p>
<p>Como señala Casey, de lo anterior se deriva que todos actuamos en nuestro interés personal. En rigor, no hay tal cosa como acciones desinteresadas, lo cual, por otra parte, pone en evidencia que si un acto no está en interés de quien lo lleva a cabo, simplemente no se ejecutará.<span id="more-1387"></span></p>
<p>Doug Casey es autor de numerosos libros, algunos de los cuales han estado en la lista de bestsellers del <i>New York Times</i>, ha dirigido consultoras de reconocido prestigio, ha pronunciado conferencias en diversas instituciones estadounidenses y del exterior, ha publicado valiosos newsletters de gran tirada, con lectores de todas partes del mundo, ha sido invitado a diversos programas televisivos y ha producido documentales como la célebre <i>Meltdown America.</i> Sin perjuicio de la administración de sus inversiones personales, ahora está trabajando en la escritura de una saga de novelas de gran calado.</p>
<p>En esta nota periodística centro la atención en algunos pocos aspectos de su último libro, titulado <i>Totally Incorrect,</i> que consiste en preguntas y reflexiones que le formula Louis James al autor y que, a su turno, este se explaya en sus consideraciones.</p>
<p>Resumo mi lectura del referido libro en cinco temas. En primer lugar, la preocupación y la alarma de Casey por lo que sucede en Estados Unidos. La deuda pública colosal, el nivel astronómico del gasto del Gobierno central, las absurdas y asfixiantes regulaciones, los inmorales “bailouts” a empresarios incompetentes e irresponsables. La manía por involucrarse en guerras permanentes, la liquidación de las libertades individuales y el consiguiente abandono del debido proceso con la excusa del terrorismo, la inaudita y contraproducente lucha contra las drogas que todo lo corrompe a su paso, la pésima política respecto al medioambiente, que destroza la propiedad privada en nombre de la defensa de la propiedad del planeta, lo dañino de la Reserva Federal y la banca central en general. Además, el inaceptable espionaje a los ciudadanos del país y del extranjero por parte del Gobierno, que en todo se contraponen a los consejos originales de los padres fundadores.</p>
<p>El segundo punto que rescato de la obra es el referido a la educación. Casey señala con énfasis la imperiosa necesidad de eliminar la politización a través de ministerios y secretarías que deciden pautas, textos y estructuras curriculares.<b> Sugiere abrir a la competencia todos los centros educativos y pondera los procedimientos del <i>homeschooling</i>. Muestra que la genuina educación consiste en profesores que estimulen el pensamiento independiente e incentiven el desarrollo de las potencialidades de cada estudiante</b>, al contrario de lo que se considera habitualmente, en el sentido —como consigna el autor— de que los estudiantes “piensan que alguien les dará<i> </i>educación, cuando en realidad la educación es algo que cada uno debe darse a sí mismo”.</p>
<p>En este contexto, como dice en el libro Louis James, el asunto medular de este momento estriba en que en el llamado mundo libre hay demasiada polución intelectual.</p>
<p>En tercer lugar, se refiere extensamente a la idea de caridad. Aclara antes que nada que se trata de un acto realizado con recursos propios y de modo voluntario, al contrario de lo que se piensa de modo generalizado en cuanto a que el aparato estatal es solidario cuando arranca recursos de los vecinos para entregarlos a otros, lo cual no sólo es la antítesis de un acto de caridad o beneficencia, sino que se trata de un asalto. Luego sostiene que, por un lado, es partidario de la caridad individual más bien referida a “enseñar a pescar en lugar de regalar un pescado” y, por otro, desconfía de la institucionalización de asociaciones de caridad, ya que se suelen convertir en burocracias que en parte tuercen sus objetivos hacia los salarios de secretarias y demás funcionarios.</p>
<p>Pero tal vez lo más importante que destaca Casey en este campo es el complejo de culpa de empresarios y la presión social para que entreguen parte de sus ganancias en obras caritativas para “devolver algo de lo que han quitado”. Esta línea argumental me recuerda el magnífico ensayo tan bien documentado de Milton Friedman en <i>The New York Times Magazine, </i>titulado “The Social Responsibility of Buisness is to Increase Profits”. Esto es así debido a que en un mercado abierto y competitivo los empresarios están forzados a atender las demandas de su prójimo para obtener beneficios. Si el empresario da en la tecla con las necesidades de los demás, obtiene ganancias y si yerra, incurre en quebrantos. El cuadro de resultados muestra el camino para que los siempre escasos factores de producción estén en las mejores manos a criterio de los consumidores. Desde luego que esto se extiende a todas las inversiones en las que el empresario, al sacar partida de lo que estima que son costos subvaluados en términos de los precios finales, es decir, a través del arbitraje, ubica recursos en las áreas que conjetura que serán más demandadas.</p>
<p>De más está decir que <b>esto no ocurre con los empresarios prebendarios, cuyos patrimonios no provienen del plebiscito diario en los diferentes mercados presentes o futuros, sino del privilegio y de los mercados cautivos, con lo que se convierten en explotadores de la gente.</b></p>
<p>Otro aspecto del libro de marras es su muy ajustada definición de fascismo, en contraste con el comunismo, donde ambas tradiciones de pensamiento coinciden en la necesidad de demoler la sociedad abierta a través del estrangulamiento de la propiedad privada. El fascismo permite el registro de la propiedad a nombre de particulares, pero usa y dispone del aparato estatal, mientras que el comunismo directamente usa y dispone el gobierno. Señala que en la gran mayoría de los países el fascismo se aplica de modo generalizado en prácticamente todos los campos. Razonamientos que me recuerdan a las cuidadosas elaboraciones de Jean-François Revel en su obra <i>La gran mascarada,</i> en la que se detiene a considerar el estrechísimo parentesco ente el nacional-socialismo y el comunismo.</p>
<p>Por último, en esta reseña parcial y muy telegráfica, termino con un pensamiento del autor sobre los musulmanes: “Hay toda la razón para creer que cualquier grupo perteneciente al mundo islámico intentará defenderse de las Cruzadas medievales enmascaradas como estadounidenses modernos. Retribuirán la lucha no con aviones, misiles y tanques, sino con armas que pueden solventar […]. Algunos, especialmente en círculos de la seguridad nacional, se preguntan discretamente qué se debe hacer con la amenaza musulmana. Mi respuesta es absolutamente nada. No veo a los musulmanes como una amenaza diferente de los cristianos, los judíos, los budistas o cualquier otro grupo religioso. Los que conozco son tan agradables y decentes como cualquier otra persona. Una vez que uno busca una respuesta para el &#8216;tema musulmán&#8217; se está buscando problemas del peor tipo, tal como hicieron los alemanes cuando trataron de responder a &#8216;la amenaza judía&#8217;. Desafortunadamente esta es la dirección en la que se está moviendo Estados Unidos. No dudo que, antes de que termine esta década, aquellos de nosotros que tenemos amigos musulmanes seremos observados como terroristas potenciales por la razón apuntada”.</p>
<p>Por mi parte, agrego que <b>no debe asimilarse un criminal con una denominación religiosa</b>, del mismo modo que no hubiera sido pertinente aludir al “terrorismo cristiano” en épocas de la Inquisición, ya que las hogueras eran encendidas por asesinos seriales disfrazados de religiosos. Muchos fundamentalistas desean aquella confusión, porque las llamaradas del fanatismo pseudoreligioso siempre aniquilan, amputan y matan en nombre de Dios, la bondad y la misericordia.</p>
<p>Espero que a raíz de estos breves comentarios sobre uno de los libros de Doug Casey, haya quienes se interesen en traducir al castellano y publicar el libro referido para beneficio de los lectores del mundo hispanoparlante. Se trata de un hombre íntegro que dice lo que piensa sin rodeos ni subterfugios y, por tanto, no teme a ser políticamente incorrecto.</p>
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		<title>Un ensayo de Milton Friedman</title>
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		<pubDate>Sat, 09 May 2015 09:35:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Uno de los trabajos interesantes e inspiradores de Friedman, esta vez en coautoría con su mujer Rose, se titula “La corriente en los asuntos de los hombres”,</strong> traducido y publicado en <i>Libertas </i>con la autorización de los autores y de Hoover Institution en la edición de la mencionada revista académica de octubre de 1989 (un mes antes del derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín, aunque originalmente publicado en 1988 en la colección titulada <i>Thinking About America </i>por Hoover Institution Press). Como es un tema de permanente actualidad, es oportuno comentar los aspectos más salientes de este ensayo.</p>
<p>Los Friedman subrayan la importancia decisiva de las ideas en los procesos humanos y reiteran la verdad que encierra el título y el contenido del muy citado libro de Richard Weaver, <i>Ideas Have Consequences</i>. De ahí es que resultan tan necesarios los esfuerzos educativos respecto a la trasmisión de valores y principios compatibles con la sociedad abierta si quiere preservarse la libertad y el consiguiente respeto recíproco.<span id="more-723"></span></p>
<p>En este ensayo se destacan las corrientes de pensamiento que, al igual que las corrientes marinas, tardan en manifestarse pero una vez que lo hacen dejan su marca y allí se dice que este proceso clave no ha sido suficientemente tratado por historiadores y economistas. Escriben que “la hipótesis es la siguiente: <strong>un cambio importante en la política social y económica está precedido por un cambio en el clima de opinión intelectual”</strong> y señalan que una vez trabajada la idea en el terreno académico se traslada a otras instancias hasta que llega a los medios de comunicación y, por ende, al público en general. Pero para mantener esta tendencia debe alimentarse permanentemente la idea, de lo contrario será sustituida por lo que Albert V. Dicey denominó las contracorrientes que en general se deben a la desaparición de los protagonistas originales cuando los espacios respectivos quedan vacantes.</p>
<p>Friedman describe muy ajustadamente el punto, al poner de manifiesto que para conjeturar lo que ocurrirá en un próximo tiempo no hay que mirar lo que sucede en la superficie sino bucear en la corriente que se está gestando en las profundidades, a saber, en el mundo académico. Apunta que “hacen falta independencia y coraje intelectuales para iniciar una contracorriente que domine la opinión”, lo cual nos recuerda el buen consejo de Arthur Koestler citado por William Buckley, Jr en su <i>God and Man at Yale. The Supertitions of Academic Freedom</i>: <strong>“Uno debería escribir con vigor sobre aquello que uno estima verdadero o, de lo contrario, quedarse callado”.</strong> Los tibios no sirven, parafaseando a Mario Vargas Llosa, “son figuras de superficie sin mayor trastienda”.</p>
<p>Los autores ilustran su tesis con tres correntadas que marcan las políticas de tiempos recientes y contemporáneos. Una primera que denomina del <i>laissez-faire </i>o de Adam Smith, una segunda que reconoce como de Estado Benefactor o de los fabianos y una tercera que bautiza como de resurgimiento de los mercados libres o la corriente de Hayek.</p>
<p>Se consigna en este ensayo: “La primera corriente que analizaremos comienza en Escocia en el sigo xviii con la reacción contra el mercantilismo [una oleada anterior] expresada en los escritos de David Hume, en <i>The Theory of Moral Sentiments </i>de Smith (1759) y, sobre todo, en <i>The Wealth of Nations</i>, también de <strong>Adam Smith</strong> (1776). <strong><i>The Wealth of Nations </i>se considera en forma unánime y con justicia como la piedra fundamental de la economía científica moderna.</strong> Su fuerza normativa y su influencia sobre el mundo intelectual revisten gran importancia para nuestro objetivo actual. Su rápida influencia sobre la comunidad intelectual reflejó, sin duda alguna, las semillas plantadas por Hume y otros -las contracorrientes intelectuales de la corriente mercantilista- así como también las primeras etapas de la Revolución Industrial. Del otro lado del Atlántico, el año 1776 también fue testigo de la proclamación de la Declaración de la Independencia, en varios aspectos el gemelo político de la economía de Smith. La obra de Smith fue rápida y generalmente aceptada por los Padres Fundadores”.</p>
<p>Y más adelante se lee: <strong>“No es fácil medir el papel que desempeña el gobierno en la economía. Una medida útil, aunque reconocida como imperfecta, es la relación del gasto público con el ingreso nacional.</strong> En el punto culminante del <i>laissez-faire, </i>el gasto gubernamental en tiempos de paz fue inferior al 10 por ciento del ingreso nacional, tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña”.</p>
<p>Respecto a la segunda correntada, se apunta que “<strong>este notable progreso no impidió que la corriente intelectual se apartara del individualismo y se volcara hacia el colectivismo</strong> […] El punto culminante, cuando el colectivismo comenzó a dominar la opinión intelectual, tuvo lugar algunas décadas más tarde. La fundación del la <strong>Sociedad Fabiana,</strong> dedicada al establecimiento gradual del socialismo por George Bernard Shaw, Sydney Webb y otros en 1883 es quizá la mejor fecha divisoria para Gran Bretaña. Una fecha comparable en el caso de los Estados Unidos es 1885, cuando la Asociación Norteamericana de Economía fue fundada por un grupo de economistas jóvenes que habían vuelto de estudiar en Alemania imbuidos de ideas socialistas que esperaban difundir a través de la asociación”.</p>
<p>Por último, la <strong>tercera corriente</strong> que describe la visión friedmaniana se identifica del siguiente modo: “Así como había ocurrido con la corriente anterior, el mundo de las ideas comenzó a cambiar su rumbo al mismo tiempo que en el mundo de la práctica, la corriente alcanzaba su punto máximo. Durante el predomino de las ideas socialistas habían existido contracorrientes puestas en práctica en Gran Bretaña por Lionel Robbins, Friedrich Hayek y algunos de sus colegas en la London School of Economics, en Austria por Ludwig von Mises y sus discípulos y en los Estados Unidos por Albert Jay Nock, H.L. Mencken y otros autors populares; Henry Simons, Frank Knight y Jacob Viner en la Universidad de Chicago y Gottfried Haberler y Joseph Schumpeter en Harvard, para mencionar solo algunos. El libro <i>The Road to Serfdom </i>de Hayek, un best-seller sorpresa en Gran Bretaña y en los Estados Unidos en 1944, fue probablemente la primera incursión real en el punto de vista intelectual dominante” y también Friedman se refiere a su <strong><i>Capitalism and Freedom </i>y mucho más tarde <i>Free to Chose</i></strong>. Además dice que en los inicios debe enfatizarse el rol decisivo que tuvo el establecimiento por Leonard Read de la Foundation for Economic Education (FEE) en 1946 con su muy difundida revista <i>The Freeman.</i> <i> </i></p>
<p>Este es un muy apretado resumen de un largo ensayo por Milton y Rose Friedman, es aconsejable leerlo completo al efecto de informarse de extensos pasajes en los que los autores de refieren a acontecimientos históricos de importancia que no caben en una nota periodística.</p>
<p>De cualquier manera, <strong>este estudio muestra una vez más la trascendencia de la educación como la vía para modificar la articulación de discursos políticos</strong> siempre atentos para sobrevivir por lo que están atentos de las medidas que reclama la opinión pública a su vez influida decisivamente por faenas educativas previas. Esto va para despejar la sandez de que “la teoría es irrelevante, lo importante es la práctica” sin percatarse, por un lado, que sin una adecuada teoría se anda a los tumbos y, por otro, que todo lo que hacemos y consideramos práctico es porque adoptamos una buena teoría forjada por otros en otros momentos. La jardinería, la agricultura, las computadoras, la alimentación, los medicamentos, todo es fruto de buenas teorías por eso el <i>dictum</i> de “nada es más práctico que una buena teoría”.</p>
<p>En la sección de las conclusiones, los Friedman advierten que, “para aquellos que creen en una sociedad libre y en un papel del gobierno apenas limitado, ésta [la mencionada tercera corriente] es una perspectiva optimista, sin bien no hay razón para la complacencia. Nada es inevitable en el curso de la historia […] La corriente impulsora en los asuntos de los hombres que se encuentra en la primera etapa aún puede ser abortada, abrumada por una corriente renovada de colectivismo”. En la misma línea argumental, <strong>es pertinente citar un pensamiento de Albert Schweitzer de su <i>The</i> <i>Philosophy</i> o<i>f</i> <i>Civilization</i>: “Cada época vive en la conciencia de lo que han provisto los pensadores bajo cuya influencia se opera”.</strong></p>
<p>En todo caso tenemos que estar atentos a la <strong>visión kafkiana de la sociedad</strong> que como muy bien explica <strong>Milan Kundera</strong> en la quinta parte de <i>El arte de la novela</i>, “en la historia moderna hay tendencias que producen lo kafkiano en la gran dimensión social: <strong>la concentración progresiva del poder que tiende a divinizarse, la burocratización de la actividad social que transforma todas las instituciones en laberintos sin fin, la consiguiente despersonalización del hombre”. </strong></p>
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		<title>Economía en una lección</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Feb 2015 10:25:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Este es el best-seller de uno de los tantos libros escritos por <strong>Henry Hazlitt</strong>, un autor sumamente prolífico y notablemente didáctico. Sus obras más conocidas, además de  <i>La economía en una lección</i> que se ha traducido a varios idiomas con abultadas y reiteradas ediciones (la última en castellano por Unión Editorial de Madrid) se destacan  <i>Fundamentos de la moralidad </i>traducida al castellano por el argentino Centro de Estudios sobre la Libertad junto con la Fundación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y <i>Los errores de la “nueva” economía </i>traducida por la española Ediciones Aguilar, donde este autor <strong>estudia y critica línea por línea el trabajo más conocido de Keynes.</strong></p>
<p><strong>Hazlitt fue el predecesor de Milton Friedman</strong> en sus colaboraciones semanales durante años en <i>Newsweek</i>, también publicaba regularmente en el <i>Wall Street Journal</i> y fue miembro del Consejo Editorial de <i>The</i> <i>New York Times, </i>asimismo fue cofundador de la Mont Pelerin Society y enseñó en centros educativos estadounidenses, latinoamericanos y europeos. En oportunidad de sus 70 años fue agasajado por reconocidos profesores y periodistas en el New York University Club, ocasión en la que enfatizó el peligro del “crecimiento canceroso en el poder del estado”.<strong> Visitó Buenos Aires invitado por mi padre en 1960</strong> donde pronunció conferencias en diversos foros las cuales tuvieron amplia repercusión en medios locales.<span id="more-502"></span></p>
<p>En esta oportunidad nos concentraremos en la primera de las obras mencionadas e insertas en el título de esta nota periodística.  Es un libro escrito para todo público (por eso fue best-seller en varias lenguas) pero con recetas mucho más fértiles que buena parte de los mamotretos incoherentes fabricados por supuestos economistas. Abre el libro aseverando que <strong>“la economía se halla asediada por mayor número de sofismas que cualquier otra disciplina cultivada por el hombre”</strong>. En el libro de marras, Hazlitt pasa revista a las falacias más comunes generalmente desarrolladas por economistas profesionales que han mamado conceptos absurdos y contradictorios que mucho daño hacen a la gente, especialmente a los más necesitados.</p>
<p>Comienza por subrayar la importancia de mirar no solo lo que se ve a primera vista sino todos los efectos que en definitiva tienen lugar, evitando así escindirlos del análisis. Por ejemplo,<strong> la redistribución de ingresos</strong>: si se circunscribe el análisis a los beneficios que recibe el redistribuido no de verán los efectos negativos que se generan debido a los cambios en la asignación de los siempre escasos factores de producción que al desviarse de lo eficiente produce contracción en los salarios de todos. Se ven las instalaciones fastuosas de esta o aquella empresa estatal pero no se ven las abstenciones en la adquisición de otros bienes y servicios deseados por la comunidad al establecerse y como no se puede hacer todo al mismo tiempo, la alteración en las prioridades perjudica a los consumidores y reduce sus niveles de vida.</p>
<p><strong>Estudia con detenimiento la falacia de que las obras públicas estimulan el empleo sin ver que hay un desvío fatal desde el sector privado al público</strong> con lo que se impone compulsivamente trabajo en el área del aparato estatal en detrimento de lo requerido en el mercado. Explica los graves inconvenientes de los créditos gubernamentales con dineros de la gente, los cuales se otorgan en condiciones que nunca hubiera concedido la banca privada, situación que resulta antieconómica, es decir, se equivale a consumo de capital.</p>
<p>Alude a <strong>la inflación como un impuesto del que se hacen cargo principalmente los relativamente más pobres</strong> debido al impacto que reciben sobre sus magros ingresos y muestra la exclusiva responsabilidad de los aparatos estatales en esta maniobra fraudulenta a pesar de que los gobiernos intentan distraer la atención del foco del mal sobre las espaldas de los comerciantes que se ven obligados a elevar precios en términos nominales debido a la degradación del signo monetario.</p>
<p>Se refiere a la trascendencia del ahorro como ingreso no consumido destinado siempre a la inversión, lo cual permite incrementar la productividad y así consumir más y mejor. Esto <strong>lo contrasta con la falacia de anteponer el consumo como si fuera la panacea</strong> sin percatarse del principio elemental que no resulta posible consumir lo que no se produce y la producción depende de las tasas de inversión.</p>
<p>Dedica mucho espacio a la consideración del significado del <strong>sistema de precios como elemento coordinador indispensable</strong> para conocer que es lo que necesita la gente lo cual pone en evidencia con sus compras y abstenciones de comprar. Si luego de realizadas las consiguientes operaciones el gobierno establece precios,  todas las previas indicaciones naturalmente se distorsionan con lo que el uso de recursos se aparta de los cometidos que habían sido indicados por los consumidores con lo que se genera desperdicio de recursos con el consiguiente deterioro en la situación de la gente. Se refiere a los reiterados fracasos de tales políticas y se sorprende que se sigan adoptando.</p>
<p>Pone al descubierto el sofisma referido a <strong>la supuesta importancia de exportar al tiempo que se restringen las importaciones</strong> sin percibir que lo primero es el costo en que debe incurrirse para lograr lo segundo, del mismo modo que nuestras ventas constituyen nuestros costos para poder adquirir lo que necesitamos. Si previamente no vendemos bienes o servicios no podremos comprar lo que requerimos. En un proceso libre el balance de pagos siempre se encuentra equilibrado puesto que si las exportaciones son menores a las importaciones la diferencia se financia con ingreso de capital. Para que esto pueda funcionar es menester que opere un tipo de cambio libre y no sujeto a las manipulaciones burocráticas que necesariamente distorsionan el comercio exterior.</p>
<p>En un capítulo titulado “El odio a la máquina”, nuestro autor señala <strong>las falacias implícitas en el argumento que sostiene que la tecnología produce desempleo en lugar de sostener que libra recursos humanos y materiales al efecto de poder encarar otras necesidades</strong>, lo cual no podía hacerse antes de la introducción de la nueva tecnología precisamente porque estaban esterilizados en las faenas que ahora ayuda a producir la máquina. Y debe tenerse presente que no hay tal cosa como transiciones especiales en este contexto puesto que todo el proceso económico las transiciones son permanentes: cada uno de los comerciantes y sus empleados están permanentemente considerando cambios para mejorar y cada uno de esos cambios se traducen en transiciones. Para ilustrar la idea, Hazlitt se refiere al caso del invento de las máquinas para el hilado de algodón, tarea que antes se realizaba manualmente, sin embargo los hiladores manuales se ubicaron en otros trabajos y si hoy se liquidaran aquellas maquinarias no habría más empleo sino una caída en los salarios reales (del mismo modo que no es más productivo pescar a los cascotazos en lugar de hacerlo con una red de pescar).</p>
<p>En otra de las jugosas secciones del libro elabora sobre el rol de los beneficios y concluye que es fundamental como incentivo para la producción al efecto de que el comerciante los reciba si se adapta a los reclamos de sus congéneres y que incurra en quebrantos si se equivoca en sus decisiones. La cuantía de los mencionados beneficios depende de lo que los consumidores estimen conveniente, por ello es que resultan  tan destructivos los impuestos a las ganancias en lugar de mantener la carga fiscal lo más neutra posible a las decisiones del mercado, es decir,  de la gente.</p>
<p>Con una pluma directa y simple, el autor de este pequeño gran libro dirige su mirada al significado del progreso. Se trata de minimizar costos inútiles no de pretender un sistema perfecto, nada está al alcance de la perfección en el mundo terreno, como queda dicho, se trata de no poner palos en las ruedas y eso es precisamente lo que hacen los megalómanos, es decir, los que desde el poder consideran que poseen condiciones muy superiores al resto de los mortales, en otros términos los arrogantes y soberbios que con su entremetimiento en arreglos contractuales privados echan a perder todo la delicada e importante coordinación y con su tremenda ofuscación y ceguera generan miseria con sus siempre discursos altisonantes y guarangos en el sentido orteguiano de la expresión. Entonces Hazlitt observa el progreso como un proceso provocado por ámbitos abiertos en los que la creatividad desempeña un rol crucial y las mejoras en ingresos en términos reales con externalidades positivas que se deben a las tasas de capitalización que generan otros no como una consecuencia buscada sino al buscar la mejora personal de quienes hacen posible esas crecientes tasas.<strong> Cada uno persiguiendo su interés personal, en paz y en libertad hacen posible la mejora del prójimo puesto que para progresar deben satisfacer los intereses de terceros.</strong></p>
<p>Cierro esta nota con  una noticia que pone al descubierto el peligro de insistir por la senda estatista: el caso griego del que me ocupé en mi última columna semanal pero que ahora menciono desde otro ángulo. El nuevo ministro de finanzas –Yanis Varoufakis, declarado marxista- afirma que <strong>su país “está quebrado y es insolvente”,</strong> lenguaje que asusta a sus colegas de Bruselas y al FMI pero que es absolutamente correcto; <strong>el problema es que las medidas que se anuncian empeorarán en mucho la situación</strong> por más que se haya logrado extender el programa de ayuda. La situación actual está bien reflejada en el diseño lúgubre de un supuesto billete del euro fabricado por Stefanos.</p>
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		<title>John Law, héroe de nuestra época</title>
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		<pubDate>Sat, 24 May 2014 11:19:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Muy bien ha dicho Hans Sennholz que “confiarle el manejo del dinero al gobierno es lo mismo que entregarle un canario a un gato hambriento”</strong>. Es curioso pero todavía hay quienes seriamente proponen que el aparato estatal administre la moneda “pero bien manejada” sin percatarse que, en definitiva, se está poniendo en manos de los políticos en funciones el patrimonio de la gente que nunca puede interponer una demanda frente al saqueo gubernamental. Y tengamos en cuenta que la denominada independencia de la banca central es del todo irrelevante frente a este problema puesto que quedan en pie las encrucijadas que apunto a continuación.</p>
<p>Esto es así puesto que los banqueros centrales están siempre y en toda circunstancia frente a la decisión inexorable entre tres caminos posibles: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria y cualquiera de las tres avenidas que se elijan se alteran los precios relativos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal. Este deterioro en los precios relativos necesariamente malguía la asignación de los escasos factores productivos con lo que disminuyen los salarios e ingresos en términos reales.</p>
<p>Los alquimistas del <i>fine tuning </i>y otras sandeces, son incapaces de imaginar siquiera la posibilidad que la gente ponga de manifiesto sus preferencias respecto a los activos financieros que desea utilizar en sus transacciones. Vuelvo a referirme a los premios Nobel en Economía Friedrich Hayek, que escribió el libro titulado <i>La privatización del dinero, </i>y Milton Friedman, que en <i>Moneda y desarrollo económico </i>consigna que “llego a la conclusión de que la única manera de abstenerse de emplear la <strong>inflación como método impositivo es no tener banco central</strong>. Una vez que se crea un banco central, está lista la máquina para que empiece la inflación” y en lo último que escribió en materia monetaria <i>Money Mischief </i>concluye que “la moneda es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de banqueros centrales”.</p>
<p>Y esto no es una cuestión secundaria de política económica sino que se trata del elemental respeto al derecho al fruto del trabajo ajeno, muy especialmente de la consideración a la integridad moral y material de los más necesitados. Desde Aristóteles en la <i>Ética a Nicómaco</i> se ha destacado la importancia del dinero hasta la prepotencia de los autoritarios que ven en la manipulación monetaria una fuente muy potente para controlar a sus súbditos. El dinero no es un asunto menor: hace al respeto a la propiedad privada tal como lo vieron los Padres Fundadores en Estados Unidos por lo que originalmente se opusieron a la idea de una banca central (recién en lo que se denominó la revolución del año 1913 se instaló, para lo cual se requirió una reforma constitucional).</p>
<p><strong>Desde antiguo los gobiernos vienen falsificando moneda en provecho propio</strong>, los relatos de Marco Polo sobre lo que se consideró el insólito descubrimiento que en China había papel moneda eclipsó el hecho de haber sido pioneros en la imprenta. Pero la forma sistemática y metódica de fabricar moneda inconvertible en base a largos razonamientos expuestos en extensos escritos con pretensión académica se sitúa con la aparición en escena de John Law. Un escosés heredero de cuantiosos recursos, jugador empedernido pero estudioso de sistemas bancarios y crediticios, primero propuso una banca central al Parlamento escocés basado en la contrapartida del valor de la tierra lo cual no fue aceptado y, además, finalmente se fugó de la justicia escocesa que lo condenó por haber matado a una persona en un duelo.</p>
<p>Volvió a presentar su proyecto esta vez en el continente europeo al regente -Duque de Orleans- después de la muerte de Luis XIV en pleno desorden fiscal y monetario. En esta oportunidad logró su cometido y fundó y dirigió personalmente la Banque Generale en 1716 como un banco central con el monopolio de emitir en Francia que a poco andar se transformó en Banque Royale con la imposición del curso forzoso y, al mismo tiempo, el gobierno le encomendó la dirección de la empresa Mississippi pergeñada por el mismo Law teóricamente respaldada por la tierra estadounidense de Luisiana. Los resultados de las ejecuciones de los referidos proyectos estallaron por los aires en 1720 con la hiperinflación provocada por la banca central y la burbuja financiera del esquema Mississippi, todo muy detallado en la bibliografía que menciono más abajo. Estallido que arrasó con la “soberanía” del papel falsificado en gran escala y comprometió aun más al “soberano”, y, sobre todo, intensificó la liquidación de la única y genuina soberanía cual es la de los gobernados (considerados súbditos <i>de jure </i>por el gobierno de entonces y súbditos <i>de facto </i>por los de nuestros tiempos).</p>
<p>Pero lo interesante para esta nota periodística es resaltar la argumentación y la terminología que empleaba John Law y su correlato con la utilizada hoy por las “autoridades monetarias” y sus apologistas. Subrayaba Law la trascendencia de “cuidar el valor de la moneda” y en esa dirección de estar atentos a “los ratios clave” en un contexto de “absoluta independencia de la banca central y su cuidadoso manejo del sistema de reserva fraccional”. Vale la pena abundar en algunos pasajes de los escritos de Law a los efectos de ilustrar lo dicho.</p>
<p>En su <i>Money and Trade Considered with a Proposal for Supplying the Nation with Money</i>  escribe que <strong>“se reconocerá que no hay otro medio para mejorar nuestra condición que el aumento de nuestro numerario</strong> […] Los objetos dependen del comercio y el comercio depende del numerario y así, para ser potentes y ricos con relación a las otras naciones, deberíamos tener numerario en la misma proporción [de esas naciones y de la producción]”.</p>
<p>En <i>Considérations sur le Comerse et sur l´Argent</i> afirma que “El crédito que promete un pago en moneda metálica no puede extenderse más allá de una cierta proporción que debe observar con esta moneda metálica y de tal moneda sólo tenemos una cantidad tan módica que el crédito al que ella podría servir sería muy poco considerable”.</p>
<p>En <i>Lettres sur le Nouveau Systéme des Monnaies </i>dice que “Es como si hubieran substraído una parte de las lanas o sedas que hay en el Reino para convertirlas en signos de transacciones: ¿no sería más fácil que se las devolviera a sus usos naturales y que se aplicaran como signos de transacciones materias que por si mismas no sirvieran para nada? Aun habría una mayor ventaja en estos signos aplicados a esta clase de materias y es que nadie estaría nunca tentado de desviarlas de su verdadero uso que es el de circular […] ¿Para que emplear la moneda metálica? Cualquier papel hará el mismo servicio y más barato”.</p>
<p>En <i>Mémoires sur les Banques </i>señala que “Todas las monedas del Reino pertenecen al Estado, representado en Francia por el Rey y le pertenecen precisamente como las carreteras y grandes caminos, no para encerrarlas en sus dominios, sino, al contrario, para impedir que nadie las encierre en los suyos”. Por último, en <i>Troisiéme Letrre sur le Nouveau Systéme des Finances </i>explica que “el curso forzoso es superior al curso libre”.</p>
<p>Charles Gide en la obra que cito enseguida concluye respecto a los trabajos de Law que <strong>“Nunca se ha rechazado con un cinismo más completo el derecho de propiedad de la moneda ni se ha afirmado con menos hipocresía el derecho eminente del Estado sobre los bienes de los súbditos”.</strong></p>
<p>En resumen, como ha escrito Juan Bautista Alberdi en <i>Estudios económicos: </i>“No hay más que una esperanza de que el papel-moneda de Estado, una vez establecido y convertido en hábito, desaparezca, y es la de <strong>que arruine y entierre al gobierno que lo ha creado”</strong>.</p>
<p>Como señala Murray Rothbard en el primer tomo de <i>An Austrian Prespective on the History of Economic Thought</i> los dos discípulos más destacados de John Law fueron George Berkeley y John Maynard Keynes. Además de esta obra, por si interesara indagar en consideraciones sobre Law y, especialmente su vinculación con Keynes, puede consultarse de Charles Rist <i>Historia de las doctrinas relativas al crédito y la moneda. Desde John Law hasta la actualidad</i>, de José Antonio Aguirre <i>El poder de emitir dinero. </i><i>De J. Law a J. M. Keynes</i>, de Elgin Groseclose <i>Money and Man. A Survey of Monetary Experience</i>, el ensayo de Charles Mackay “The Mississippi Scheme” y el libro de Martin A. Larson <i>The Federal Reserve and our Manipulated Dollar</i>. <strong>Cualquier coincidencia actual con John Law no es casual sino más bien causal.</strong></p>
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		<title>Desenredar la madeja</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Feb 2014 12:39:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay quienes están muy ocupados y preocupados con <strong>la transición desde un sistema estatista a uno menos paternalista</strong> o directamente más cercano a la sociedad abierta. En esta nota miraré el asunto desde otro ángulo, en el sentido de sostener que la transición no es el problema sino saber hacia qué meta debemos dirigirnos. Una vez comprendidos los objetivos, la transición se hará lo mejor posible, es decir, lo que permita la opinión pública al efecto de acercarse a la libertad. Pero esa transición, precisamente, se podrá hacer en pasos mayores en la medida en que se haya trabajado bien en explicar las metas.</p>
<p>Los debates sobre políticas de transición son interminables y muy farragosos cuando, como queda dicho, el ojo de la tormenta radica en saber hacia dónde debemos encaminarnos. Con razón ha dicho <strong>Séneca</strong> que “no hay vientos favorables para el navegante que no sabe hacia dónde se dirige”. No es que haya que abandonar por completo las ideas de transición, se trata de un tema de prioridades, las cuales están enormemente desbalanceadas a favor de las políticas que pretenden desplazarse de un punto a otro sin tener en claro cuál es ese otro. Y lo alarmante es que muchas veces se pretende navegar con las mismas instituciones y políticas que se desea reemplazar sólo que con “funcionarios buenos”. Con eso no vamos a ninguna parte ya que como nos han enseñado autores como <strong>Ronald Coase, Douglass North y Harlod Demsetz</strong>, el asunto es de incentivos que corresponden a instituciones y no de personas que son en verdad del todo irrelevantes al efecto de lo que venimos considerando.</p>
<p><span id="more-36"></span>Veamos entonces a título de ilustración sólo un par de medidas a las que conviene apuntar aunque en la transición no se logre el cometido en todo su significado, por lo menos se abre el camino y se señala el rumbo.</p>
<p>Para comenzar es importante recordar la premisa de la que partieron los padres fundadores en <strong>Estados Unidos</strong>, dado el notable éxito de operar en un clima de irrestricto respeto recíproco durante una parte sustancial de su historia. Dicha premisa es <strong>siempre desconfiar de monopolio de la fuerza que denominamos gobierno</strong> puesto que como decía <strong>Acton</strong> “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. De allí es la insistencia en redoblar los esfuerzos para establecer límites al poder político y tener siempre presente lo reiterado en Norteamérica desde el comienzo y es que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”. En una forma más gráfica lo escrito por <strong>Benito Pérez Galdós</strong> en 1812 en cuanto a que, en defensa propia y como una mediada precautoria, a los políticos hay que mirarlos como “una manada humana que no aspira más que pastar en el presupuesto” y en el contexto de lo posteriormente enseñado por intelectuales de la talla del premio Nobel en economía <strong>James M. Buchanan</strong> respecto a que el interés de los políticos es su propio confort, aspecto que constituye el centro del <em>Public Choice</em>. No es que no hayan habido políticos bien intencionados y decentes, esto no resulta relevante a los efectos del sistema que ha mutado de democracia a cleptocracia debido a los incentivos, lo cual hay que corregir a través de mecanismos y procesos como los sugeridos por pensadores de gran calado sobre los cuales he escrito en detalle en otras ocasiones. En todo caso, sin las mencionadas premisas, si la idea es anclarse en el<em> status quo</em> no vale la pena proseguir con lo que expongo a continuación&#8230;</p>
<p>Ahora se están estudiando y debatiendo teorías más sofisticadas que apuntan a resolver otros temas y proporcionar otros andamiajes conceptuales en relación al dilema del prisionero, los bienes públicos, la asimetría de la información y la llamada “tragedia de los anticomunes”, pero en esta instancia del proceso de evolución cultural debemos enfrentar los obstáculos que presenta el <strong>Leviatán</strong>.</p>
<p>Veamos este par de sugerencias anunciadas (ya que una nota periodística no permite desarrollar un programa de gobierno), como un primer paso de las metas antes referidas para ejemplificar y no “hacer la plancha” con la pretensión de administrar las mismas instituciones que provocaron el problema pero con “gente buena”. Es como dice <strong>Einstein</strong>, no es posible obtener resultados distintos con las mismas recetas (por más bienintencionados que sean los que la llevan a cabo).</p>
<p>Primero, es de vital importancia que se entienda que <strong>el fruto del trabajo de la gente está siendo evaporado vía el entrometimiento del aparato estatal en el dinero.</strong> Como han explicado tantos premios Nobel en economía como <strong>Friedrich Hayek</strong>, es necesario<strong> independizar la moneda del gobierno</strong>. Para citar otro ejemplo,<strong> Milton Friedman</strong> ha escrito en su última versión de la política monetaria que “la moneda es un asunto demasiado importante para dejarlo en manos de banqueros centrales” (<em>Monetary Mischiefs</em>) y que “llego a la conclusión de que <strong>la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo es no tener banco central</strong>. Una vez que se crea un banco central, está lista la máquina para que empiece la inflación” (<em>Moneda y desarrollo económico</em>).</p>
<p>Es que los banqueros centrales, por más competentes y decentes que sean, sólo pueden operar en una de tres direcciones: expandir la base monetaria, contraerla o dejarla inalterada. Cualquiera de las tres posibilidades distorsionarán los precios relativos, lo cual se traduce inexorablemente en derroche de capital que, a su vez, implica disminución de ingresos y salarios en términos reales. Y si se dice que la banca central tiene la bola de cristal con la que puede adivinar la cantidad de moneda que la gente hubiera preferido, no hay motivo para intervenir con el consiguiente ahorro de gastos administrativos.</p>
<p>Asimismo, <strong>contar con una banca central independiente del poder político tampoco significa nada</strong> puesto que los directores se encontrarán frente idéntico dilema. El único modo de eliminar el tema inflacionario es que la gente pueda elegir libremente los activos monetarios con los que llevará a cabo las transacciones, en un contexto en el que se elimina el sistema bancario de reserva fraccional, lo cual replicaría parte de la historia monetaria en la medida en que había libertad para seleccionar mercancías-dinero que eran canjeadas por recibos-billetes en casas de depósito (luego bancos).</p>
<p>Es completamente anacrónico creer que la banca central se establece para “preservar el valor del signo monetario”. Ninguna banca central ha hecho eso. Se trata de extraer recursos coactivamente de la gente. <strong>Alan Greenspan,</strong> considerado el conservador por excelencia, durante sus 18 años de administración al frente de la Reserva Federal en Estados Unidos, provocó un incremento del 74% en el índice de precios (oficial) y la Argentina, desde que se estableció la banca central en 1935, ha debido sustraer 13 (trece) ceros a su signo monetario. En la misma línea de pensamiento, <strong>es menester dejar de lado la sandez de la “soberanía monetaria” que es lo mismo que insistir en la soberanía de la zanahoria.</strong></p>
<p>La segunda medida alude a la cuestión medular de la <strong>educación</strong>. Hay muchísimo que elaborar en este tema, pero una primera etapa consiste en que <strong>los colegios y universidades privadas sean en verdad privadas y no como son actualmente privadas de independencia sin pautas ni imposiciones de ninguna naturaleza</strong>.</p>
<p>La educación debe consistir en un proceso abierto de prueba y error en el contexto de un permanente descubrimiento a las nuevas y cambiantes contribuciones. No cabe para nada ministerios o secretarías de educación sino la competencia entre quienes piensan en estructuras curriculares, textos, horarios y demás manifestaciones culturales. Incluso las acreditaciones deben hacerse como antaño por medio de instituciones no gubernamentales que procedan a su vez en competencia como una auditoría cruzada. También es de interés destacar que los fondos públicos no deben bajo ningún concepto financiar casas de estudio privadas. Este es el modo de asegurar la excelencia académica y la independencia.</p>
<p>Más aun, hoy en día constituye una manifestación retrógrada pensar de otra manera en pleno desarrollo de<em>l</em><strong><em> home-schooling,</em> </strong>las aulas virtuales para carreras de grado y posgrado y los <strong>MOOC</strong> en los que se excluye al<strong> Gran Hermano</strong> y la consiguiente politización de algo tan delicado como la educación. En la vereda de enfrente es natural que primero el marxismo y luego el nacionalsocialismo y el fascismo demanden enfáticamente la implantación de la educación estatal, gratuita y obligatoria (como es sabido lo “gratuito” constituye un despropósito superlativo puesto que todos pagan, especialmente aquellos que nunca vieron una planilla fiscal ya que lo hacen por medio de la reducción de sus salarios debido a la contracción en la inversión que producen los contribuyentes de jure).</p>
<p>En resumen, deben analizarse los procedimientos del momento con espíritu crítico y con mentes despejadas de telarañas y preconceptos al efecto de preservar las autonomías individuales y proteger, sobre todo, a los más débiles económicamente. <strong>Es hora de despertar de la modorra y revertir los caminos que permiten el avasallamiento de los derechos individuales.</strong></p>
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		<title>Otra vez sobre marxismo</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 11:21:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas veces he escrito y, desde luego, se ha escrito sobre <strong>marxismo </strong>pero nunca parece suficiente para intentar esclarecer sobre los errores de esta tradición de pensamiento y, consecuentemente, sobre los inconvenientes de la política contemporánea influida por esas recetas, las más de las veces sin reconocer la fuente pero imbuidos de la marcada tendencia a recortar el rol de la propiedad privada a través de la llamada “<strong>redistribución de ingresos</strong>” y afines.</p>
<p>En el <em><strong>Manifiesto Comunista</strong> </em>de 1848, se sostiene que “<strong>la burguesía es incapaz de gobernar</strong>” porque “<strong>la existencia de la burguesía es incompatible con la sociedad</strong>” ya que “se apropia de los productos del trabajo. La burguesía engendra, por sí misma, a sus propios enterradores. Su destrucción es tan inevitable como el triunfo del proletariado” (secciones 31 y 32 del segundo capítulo).</p>
<p>Y más adelante <strong>Marx</strong> y <strong>Engels</strong> escriben que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada” (sección 36 del capítulo tercero), para concluir en la necesidad de que el proletariado se ubique en el vértice político : “los proletarios se servirán de su supremacía política para arrebatar poco a poco a la burguesía toda clase de capital para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, en las del proletariado organizado como clase gobernante” (sección 52 del mismo capítulo, el cual concluye con la necesidad de la revolución en la sección 54).</p>
<p><strong><span id="more-12"></span>Lenin</strong> era más sagaz que sus maestros ya que nunca creyó que el llamado <strong>proletariado</strong> podía dirigir y mucho menos gobernar una revolución (ni en ninguna circunstancia). Por eso escribió lo que aparece en las páginas 391-2 del quinto tomo de sus obras completas en el sentido de que el vehículo de lo que denominaba “la ciencia socialista”, a su juicio, “no es el proletariado sino la inteligencia burguesa: el socialismo contemporáneo ha nacido en las cabezas de miembros individuales de esta clase”. Por esto también es que <strong>Paul Johnson</strong> en su <strong><em>Historia del mundo moderno</em> </strong>destaca que Lenin “nunca visitó una fábrica ni pisó una granja”.</p>
<p><strong>Todas las revoluciones de todas las épocas han sido preparadas, programadas y ejecutadas por intelectuales.</strong> Los obreros han sido carne de cañón y un adorno para los distraídos. Por esto es que resulta tan importante la educación, los estudiantes y los intelectuales porque, para bien o para mal, de esa formación depende el futuro.</p>
<p>De todos los dirigentes comunistas el que mejor vislumbró este punto crucial fue <strong>Antonio Gramsci</strong> en sus escritos desde la cárcel fascista. Denominaba “guerra de posición” a la tarea de influir en la cultura y “guerra de momento” a la toma del poder. Creía en la trascendencia de la educación en todos los niveles, especialmente en las faenas realizadas en las familias de obreros para entrenarlos y formarlos como intelectuales defensores de los principios comunistas.</p>
<p>Es muy común al indagar en las experiencias de antiguos socialistas convertidos al liberalismo, que se advierta que el autor que más atrajo atenciones en cuanto a sus posturas intelectuales anteriores era precisamente Gramsci. Pensadores de fuste no son atraídos por los métodos violentos sino por las tareas de la educación y la cultura. Por otra parte, en mis conversaciones con estas personas he comprobado que, en general, el campo de conocimiento que los ayudó a transitar el cambio de una posición a otra ha sido el de los mercados competitivos, al percibir que, además de la falta de respeto a la dignidad humana, la prepotencia estatal no puede contra los arreglos libres y voluntarios en el contexto de los marcos institucionales de una sociedad abierta.</p>
<p>El conocimiento está disperso y fraccionado, lo cual se pone de manifiesto a través de los precios de mercado que tramiten información a los operadores para asignar factores productivos a las áreas más requeridas. En la medida en que aciertan obtienen ganancias, en la medida en que se equivocan incurren en quebrantos. Los megalómanos de turno, con la intención de “dirigir la economía”, están, de hecho, concentrando ignorancia y apuntan a sustituir el conocimiento de millones de personas es sus respectivos “<em>spots</em>” por directivas ciegas emanadas desde el vértice del poder, puesto que resulta imposible contar con la información presente en los millones de arreglos contractuales simplemente porque no está disponible antes que las operaciones se concreten.</p>
<p>Por otra parte, al arremeter contra la propiedad privada se debilitan hasta desaparecer las antes mencionadas señales, es decir, los precios, con lo que nadie sabe como proceder con los siempre escasos factores productivos. En otros términos,<strong> además de la falta de respeto a las libertades de las personas, las distintas vertientes del régimen de planificación estatal constituyen un imposible técnico</strong>. Sin precios o con precios falseados se desvanece la posibilidad de la evaluación de proyectos y la misma contabilidad. Se puede mandar, ordenar y decretar por puro capricho con el apoyo de la fuerza bruta, pero no puede conocerse la marcha de la economía allí donde se bloquean las señales que permiten asignar económicamente los recursos disponibles.</p>
<p>Entre otros, estos han sido los errores fatales de Marx y sus seguidores de todos los colores y constituyen las razones del derrumbe del<strong> Muro de la vergüenza en Berlín</strong> y de los reiterados y estrepitosos fracasos de la planificación estatal de las haciendas ajenas. Por eso los almacenes están rebosantes de mercancías cuando se permite que funcionen los procesos de mercado y quedan anémicos y vacíos cuando se entromete la arrogancia y la soberbia inaudita del planificador gubernamental.</p>
<p><strong>Thomas Sowell</strong> en su formidable<strong><em> Marxism: Philosophy and Economics,</em></strong> entre otros muchos asuntos, apunta sobre el materialismo filosófico de Marx ya puesto de manifiesto en su tesis doctoral sobre <strong>Demócrito</strong> y reiterada en varias de sus obras, por ejemplo, en <strong><em>La sagrada familia</em>. <em>Crítica de la crítica.</em> </strong>Esta posición que <strong>Popper</strong> ha bautizado como determinismo físico, no permite tal cosa como proposiciones verdaderas o falsas, ideas autogeneradas, la revisión de los propios juicios, la moral, la responsabilidad individual y la libertad.</p>
<p>Como también hemos señalado en otras oportunidades, la violencia está indisolublemente atada al marxismo. Por esto es que en el <em>Manifiesto</em> <em>Comunista</em> Marx y Engels “declaran abiertamente que no pueden alcanzar los objetivos más que destruyendo por la violencia el antiguo orden social”. Por esto es que Marx en <strong><em>Las luchas de clases</em> <em>en Francia</em> </strong>en 1850 y al año siguiente en <strong><em>El 18 brumario </em></strong>condena enfáticamente las propuestas de establecer socialismos voluntarios como islotes en el contexto de una sociedad abierta. Por eso es que Engles también condena a los que consideran a la violencia sistemática como algo inconveniente, tal como ocurrió, por ejemplo, en el caso de <em>Eugen Dühring</em> por lo que Engels escribió <em>El Antidühring</em> en donde subraya el “alto vuelo moral y espiritual” de la violencia, lo cual ratifica Lenin en<em> El Estado y la Revolución</em>, trabajo en el que se lee que “la sustitución del estado burgués por el estado proletario es imposible sin una revolución violenta”.</p>
<p>Lo dicho no va en desmedro de la conjetura respecto a la honestidad intelectual de Marx, como también he consignado hace poco, en cuanto a que su tesis de la <strong>plusvalía</strong> y la consiguiente explotación no la reivindicó una vez aparecida la teoría subjetiva del valor expuesta por <strong>Carl Menger</strong> en 1870 que echaba por tierra con la teoría del valor-trabajo marxista. Por ello es que después de publicado el primer tomo de <em>El capital</em> en 1867 no publicó más sobre el tema, a pesar de que tenía redactados los otros dos tomos de esa obra tal como nos informa <strong>Engels</strong> en la introducción al segundo tomo veinte años después de la muerte de Marx y treinta después de la aparición del primer tomo. A pesar de contar con 49 años de edad cuando publicó el primer tomo y a pesar de ser un escritor muy prolífico se abstuvo de publicar sobre el tema central de su tesis de la explotación y sólo publicó dos trabajos adicionales: sobre el programa <strong>Gotha</strong> y el folleto sobre la comuna de <strong>París</strong>.</p>
<p>Para ampliar y estudiar los aspectos más relevantes del fracaso marxista, es de gran interés consultar la obra titulada <em>Marx Refuted. A Veredict of History,</em> donde aparecen trabajos de <strong>Milton Friedman, Alexander Solzhenitsyn, Vladimir, Bukouvsky, Arthur Koestler, Karl Popper, Anthony Flew, Frederich Hayek y Andrei Sakharov.</strong></p>
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