<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; Poder</title>
	<atom:link href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/tag/poder/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch</link>
	<description>alberto_benegas_lynch</description>
	<lastBuildDate>Sat, 04 Jun 2016 04:19:48 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.2</generator>
		<item>
		<title>Tras el poder</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/09/12/tras-el-poder/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/09/12/tras-el-poder/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 12 Sep 2015 09:37:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Adolf Hitler]]></category>
		<category><![CDATA[Autómatas]]></category>
		<category><![CDATA[Baja autoestima]]></category>
		<category><![CDATA[Benedetto Croce]]></category>
		<category><![CDATA[Bertrand de Jouvenel]]></category>
		<category><![CDATA[Cadena de mandos]]></category>
		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Dependencia]]></category>
		<category><![CDATA[Dominante-dominado]]></category>
		<category><![CDATA[Educación formal]]></category>
		<category><![CDATA[Erich Fromm]]></category>
		<category><![CDATA[Gordon Tullock]]></category>
		<category><![CDATA[Gran inseguridad]]></category>
		<category><![CDATA[James Buchanan]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[León Tolstoi]]></category>
		<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Lord Acton]]></category>
		<category><![CDATA[Mandell Creighton]]></category>
		<category><![CDATA[Militante]]></category>
		<category><![CDATA[Obediencia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión de los demás]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamiento colectivo]]></category>
		<category><![CDATA[Poder]]></category>
		<category><![CDATA[Public choise]]></category>
		<category><![CDATA[Reinados]]></category>
		<category><![CDATA[Relación hombre-mujer]]></category>
		<category><![CDATA[Relación padre-hijo]]></category>
		<category><![CDATA[Ronald V. Sampson]]></category>
		<category><![CDATA[The Myth of Mental Illness]]></category>
		<category><![CDATA[Thomas Jefferson]]></category>
		<category><![CDATA[Thomas Szasz]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/?p=1074</guid>
		<description><![CDATA[No me refiero a la capacidad de hacer algo sino al dominio sobre otros. En primer lugar, como ha señalado Erich Fromm, quien ejerce el poder o quienes lo desean tienen una personalidad siempre débil, puesto que es del todo insuficiente, por lo que necesitan del sujeto dominado para completar su vacío existencial, ya que... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/09/12/tras-el-poder/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No me refiero a la capacidad de hacer algo sino al dominio sobre otros. En primer lugar, como ha señalado Erich Fromm, quien ejerce el poder o quienes lo desean tienen una personalidad siempre débil, puesto que es del todo insuficiente, por lo que necesitan del sujeto dominado para completar su vacío existencial, ya que no se sienten alimentados con su ser en verdad escuálido.</p>
<p>Desde que James Buchanan y Gordon Tullock explicaron el <i>public choice, </i>ya no cabe la sandez de sostener la teoría del “servidor público” en abstracto de los intereses personales, ya que se trata de sujetos que persiguen los suyos igual que cualquier mortal, es decir, no hay acciones desinteresadas (en verdad una perogrullada, dado que se actúa porque está en interés del sujeto actuante). Es cierto, sin embargo, <b>que en algunos casos puede estar en interés del político hacer el bien a otros, pero, como es de público conocimiento, la situación más frecuente es que se trata de individuos que buscan la foto, los favores <i>non</i> <i>sanctos</i></b>, cuando no, los dineros malhabidos.</p>
<p>Hay pigmeos mentales que toda su vida sueñan con ser ministros y equivalentes solo para satisfacer sus inclinaciones, aunque comprenden que no podrán hacer bien las cosas, puesto que no se han tomado el trabajo de abrir caminos con ideas liberales de fondo. Muchos son los que describen incendios, pero muy pocos son los que se detienen a explicar el foco del fuego y el modo de eliminarlo.<span id="more-1074"></span></p>
<p>Este panorama ocurre ya se trate del derecho divino de los reyes o del derecho ilimitado de las mayorías en sistemas de democracia pervertida, tal como apunta Bertrand de Jouvenel en su monumental <i>On Power. Its Nature and the History of its Growth</i>. El poder en este sentido se opone al amor, tal como lo explica magníficamente León Tolstoi en <i>The Law of Love and the Law of Violence </i>y también Ronald V. Sampson en su <i>The Psychology of Power, </i>donde ilustra su idea contraponiendo en los extremos la figura de Jesús a la de Adolf Hitler.</p>
<p>En general <b>los que ocupan posiciones en la estructura política son vistos con admiración por la gente, en lugar de mirarlos como sus empleados siempre con recelo</b>, y mayor el recelo cuanto mayor el poder, según escribió Lord Acton en correspondencia con el obispo inglés Mandell Creighton, que reclamaba mayor condescendencia para quienes detentan poder, de donde surge la célebre sentencia de aquel historiador decimonónico respecto al correlato entre corrupción y poder.</p>
<p>Hace bastante tiempo escribí sobre lo que considero la génesis del poder en un trabajo que titulé “La radiografía del poder” -para AIPE, que lo distribuyó-, que ahora en parte reitero y que puede describirse en el contexto de seis pasos sucesivos.</p>
<p>En primer término, la relación hombre-mujer. No pocas son las personas que desde su más tierna infancia se acostumbran a ver en su hogar, en la relación de sus padres, una relación de fuerza. La relación macho-hembra como una cuestión de músculo. Este es un cuadro de situación en el que no prevalece la argumentación mejor, sino la amenaza de la fuerza bruta: “Esto es así porque lo digo yo”. <b>Este espectáculo bochornoso del más primitivo salvajismo produce cierto acostumbramiento al escenario dominante-dominado.</b></p>
<p>La segunda etapa se extiende a la relación padres-hijos. Son muy frecuentes los casos en donde se imponen conductas e ideas “porque somos tus padres”, o más directamente “porque me da la gana” como toda respuesta. Casos en donde está mal visto que los hijos discutan con sus padres y cuestionen ideas y valores. No se trata de un intercambio pacífico de opiniones, sino de una relación de fuerza. Se impone, la discusión termina con manifestaciones absurdas de autoridad que se aceptan debido a las amenazas tácitas o explícitas.</p>
<p>La tercera etapa en esta serie de acontecimientos lamentables en los que se va creando un cierto acostumbramiento al sojuzgamiento servil se traslada al ámbito de la educación formal, en la que los Gobiernos establecen pautas, textos y sobre todo estructuras curriculares desde ministerios de educación y equivalentes. De este modo, <b>a través de la cadena de mandos, se crea una atmósfera enrarecida en el estudiantado</b>. Muchos terminan por resignarse y dar por sentado que la educación debe imponerse desde el vértice del poder y que de ninguna manera es fruto de arreglos contractuales entre educadores y educandos. A su vez, los profesores de escuelas y sus directivos no pueden ejecutar buena parte de sus iniciativas porque tienen la espada de Damócles: la Gestapo moderna, esto es, los inspectores de los aludidos ministerios y reparticiones gubernamentales. En este clima también es frecuente que se hagan formar a los alumnos al efecto de cantar cotidianamente marchas guerreras que son complementadas por los frecuentes regalos de padres a hijos varones de soldaditos, metralletas, misiles y otras manifestaciones de violencia, como fomentar que los adolescentes practiquen esos jueguitos virtuales donde gana el que mata más.</p>
<p>El cuarto capítulo se refiere a la influencia que tiene la opinión de los demás sobre el individuo, ya preparado a una conciencia colectivista y masiva. <b>Las opiniones mayoritarias anulan el pensamiento propio de la persona acomplejada de sus propias ideas</b>, todo esto como consecuencia de los climas que se han ido acumulando en las etapas anteriormente señaladas. La opinión dominante envuelve a las personas con baja autoestima y gran inseguridad de sus propios juicios y hace que se ahogue cualquier manifestación de su voz interior. Sofocan esta voz y la sustituyen por “el pensamiento colectivo”. Así, el hombre masificado deja de tener auténtica voz para convertirse en puro eco. En esta instancia, conviene recordar el conocido experimento por el que se le dice a un grupo de personas menos a una que se pronuncie equivocadamente sobre los tamaños relativos de bastones exhibidos en pantalla, con lo que se comprueba que en definitiva el individuo no informado del truco termina por manifestarse como lo hace el grupo, aunque el error sea evidente.</p>
<p>La quinta sección de este análisis frecuentemente termina en el diván del psicoanalista por parte de personas confundidas y aterradas de salirse del libreto, que propone la articulación de los discursos de los demás con lo que habitualmente intensifican su relación de dependencia. Esta vez con un profesional, que no siempre encamina las cosas hacia su debido cauce, tal como lo apunta Thomas Szasz en su obra <i>The Myth of Mental Illness</i>.</p>
<p>La última etapa (o el noveno círculo si se quiere hacer un paralelo con la figura de Dante) es la exacerbación y la adoración del poder político que se manifiesta en grado creciente en el uso y el abuso de la fuerza enquistada en instituciones contrarias a los principios básicos de una sociedad abierta. Se explicita este sexto capítulo a través de la <b>mayor e irrefrenable politización de las relaciones sociales, relegando los acuerdos voluntarios y pacíficos a un segundo o tercer plano</b>. El avance del Leviatán tiene así preparado el camino para el atropello a los derechos de las personas en un clima del acostumbramiento a la dependencia y a la reverencia al poder. De este modo, los individuos abandonan su condición humana para transformarse en autómatas o más precisamente en una pestilente y amorfa masa de carne que obedece ciegamente al líder, puesto que no alcanza a comprender la diferencia sideral entre la autoridad moral y la autoridad impuesta que le han enseñado a reverenciar para convertirse en aplaudidor oficial.</p>
<p>Es por esto último que la persona, cuando opera en el terreno político, se suele identificar como “militante”, una palabra agraviante que indebidamente se extrapola a lo civil: deriva de la cadena de mandos, de la obediencia debida y del ámbito militar, lo cual no tiene relación alguna con el mundo de la civilidad (claro que en no pocos casos se trata de mequetrefes que se limitan al coro, que pretenden decorar con saltos más o menos histéricos, que no reflejan rasgos de pensamiento alguno).</p>
<p>Este proceso decadente y muy maloliente, fruto del paisaje desolador descrito, solo puede revertirse en la medida en que aparezcan personas con coraje y honestidad intelectual y que se pongan de pie para defender a rajatabla sus autonomías individuales y la de su prójimo, y asuman de esta manera su condición de humanos, a saber, mostrar aprecio por lo más precioso de sus facultades: la capacidad de decidir, de elegir su destino y asumir las correspondientes responsabilidades.</p>
<p>Termino esta nota periodística con la mención de una parte sustancial de la tradición liberal-lockena-hayekiana en cuanto a que <b>la legislación contraria al derecho debe ser combatida y revertida y no acatada sumisamente si se desea vivir en libertad</b>. Al fin y al cabo, como ha dicho Benedetto Croce, la historia debe ser vista como “la hazaña de la libertad”, en cuyo contexto el costo de esa preciada libertad “es su eterna vigilancia”, tal como expresó Thomas Jefferson.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/09/12/tras-el-poder/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Peligros del fanatismo</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/01/26/peligros-del-fanatismo/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/01/26/peligros-del-fanatismo/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Jan 2015 09:28:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Civilización]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Fanatismo]]></category>
		<category><![CDATA[Hombre]]></category>
		<category><![CDATA[Poder]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/?p=397</guid>
		<description><![CDATA[Como es bien sabido, la característica central del ser humano es su capacidad para discernir, para decidir entre distintos cursos de acción, para razonar, conceptualizar y para argumentar. Esto es un privilegio de la condición humana que no posee ninguna otra especie conocida. Esto hace posible el conocimiento y las refutaciones. Posibilita el intercambio de... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/01/26/peligros-del-fanatismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Como es bien sabido, la característica central del ser humano es su capacidad para discernir, para decidir entre distintos cursos de acción, para razonar, conceptualizar y para argumentar. Esto es un privilegio de la condición humana que no posee ninguna otra especie conocida. Esto hace posible el conocimiento y las refutaciones. Posibilita el intercambio de ideas en el aula, en debates abiertos, conversaciones y a través de ensayos, libros y artículos.</p>
<p><strong>El fanático es aquel que renuncia a su condición humana y adhiere ciegamente a lo que otros le dicen, deja de ser una voz para convertirse en puro eco.</strong> No digiere, no medita, solo obra por impulso, en verdad no actúa ya que no hay acción propiamente dicha sino reacción. La expresión proviene del latín antiguo: fanum, lo cual quiere decir templo, de ahí que los fanatismos más comunes con de carácter religioso donde la fe juega un rol decisivo. Sin duda que puede concebirse una persona religiosa no fanática en el sentido que razona la existencia de una primera causa (necesaria, no contingente como el Big-Bang), de lo contrario sabe que no hubiera nacido ya que las causas que lo generaron irían en regresión ad infinitum, por tanto, nunca hubieran comenzado. Pero el fanático atropella a los congéneres, los quiere convertir a su credo a toda costa e incluso se pone agresivo con los que no aceptan su modo de ver la religiosidad.</p>
<p>Este último sentido explica las matanzas horrendas a través de la historia que se han perpetrado en nombre de Dios, la misericordia y la bondad. Lo curioso es que esta situación no ocurría cuando abundaba el politeísmo, situación en la que cada uno tenía su dios personal que eventualmente otros podían compartir algunas de las formas de adoración. Cuando comenzó a practicarse el monoteísmo se acentuaron los problemas y las trifulcas, etapa en la que se generalizó la conducta de que cada religión así concebía pretendía una y otra vez imponer su visión absoluta a otros. Es en verdad desafortunado que el descubrimiento que varios seres perfectos no resultan posibles puesto que lo que tuviera uno no lo poseería el otro por lo que solo es concebible un ser que pueda atribuirse la condición de prefecto. Es desafortunado que de esta conclusión se siguiera que había que masacrar al que practicara procedimientos rituales diferentes.</p>
<p>Merced a la decisiva intervención de Juan Pablo II -principal aunque no exclusivamente- se instaló la noción del ecumenismo y del respeto, la amistad y comprensión mutua entre las religiones monoteístas y también la debida consideración a todas las otras maneras de encarar la religión y para con el deísmo y también para los que no tienen religión alguna (y su pedido de perdones por crímenes comandados por Papas como fueron las inquisiciones, la judeofobia y las instigaciones a guerras religiosas). Nada más decepcionante que los fanáticos religiosos obcecados con lo que les dice el líder con o sin túnicas y sotanas aunque se trate de un disparate superlativo.</p>
<p><strong>Pero el fanatismo no se agota en las religiones sino que se extiende a las concepciones políticas, lo cual produce los descalabros que son del dominio público.</strong> Se extienden a la adoración al líder del momento, habitualmente por parte de muchedumbres en las que como ha señalado en &#8220;La psicología de las multitudes&#8221; Gustave Le Bon “lo que se acumula no es la sensatez sino la estupidez”.</p>
<p>Por esto es que resulta una medida higiénica el alejarse de las ideologías que como se ha repetido en muy diversas ocasiones, en su acepción más generalizada da por sentado la fabricación de un sistema cerrado, clausurado, terminado e inexpugnable lo cual es la antítesis del conocimiento que por su naturaleza es provisorio sujeto a refutaciones tal como lo ha explicado, entre otros, Karl Popper.</p>
<p>El fanático no entiende que significa la tolerancia, está ensimismado en sus creencias fuera de lo cual piensa que lo demás es falso con lo que habitualmente procede a conculcar derechos de terceros con una ferocidad digna de un animal. Con el fanático resulta imposible conversar ni intercambiar ideas, está obnubilado con su credo. Como diría Borges “es asertivo, para seguir con él hay que cambiar de tema”.</p>
<p><strong>El fanático es militante, una de las palabras más desagradables del diccionario porque en primer término es impropio para el mundo civil y también para las fuerzas armadas ya que allí se trata de militares no de militantes.</strong> El término en cuestión deriva de militar y claro que, en ese sentido, el militante procede conforme a las órdenes que recibe del vértice, es verticalista y es una pieza que se mueve en el contexto de la obediencia debida. A su vez, los jefes totalitarios son fanáticos, son términos correlativos y consustanciales al mesianismo, el megalómano es necesariamente un fanático en su obsesión de manejar vidas y haciendas ajenas.</p>
<p>Eric Hoffer en &#8220;The True Beliver&#8221; nos dice que “los hombres en general se ocupan de lo suyo cuando en lo suyo hay algo de sustancia, de lo contrario se ocupa de meterse con el vecino” y este es el fanático que dado su vacío existencial tiene que respaldarse en una causa externa a él por la que entregar sus pasiones. Le resulta insoportable, como apunta Hoffer, que “la libertad de elección coloca sobre sus hombros toda la culpa por sus fracasos”. Por eso, continúa este autor, es que el fanático tiende a subsumirse en lo colectivo, en los movimientos masivos, porque coloca la posibilidad de cambio fuera de su control, en las manos del líder, se traduce en “la total rendición del yo”. Hoffer ejemplifica no solo con los fanáticos religiosos sino en espesas y purulentas categorías cerradas y terminadas a las que se debe obedecer a pie juntillas como son los casos del nacional-socialismo y el comunismo y también los ateos militantes que operan “como si se tratara de una nueva religión”.</p>
<p>Por eso es que el espíritu liberal abre puertas y ventanas de par en par al efecto de permitir y estimular el debate y así reducir en algo nuestra colosal ignorancia. Esta es una de las razones por las que aboga por la tolerancia de tradiciones de pensamiento distintas que permiten reforzar argumentos en pro de la libertad y modificar los que estaban equivocados, en un contexto de permanente evolución. Cervantes escribió que “el camino es siempre mejor que la posada” pero, además, en el caso liberal, no hay posada, es todo camino, “la hazaña de la libertad” al decir de Croce siempre teniendo en vista que, otra vez según la pluma del autor del Quijote, todo debe entregarse “por la libertad, igual que por la honra”.</p>
<p>En &#8220;La rebelión de las masas&#8221;, Ortega destaca que los hombres asimilados a lo colectivo “no se exigen nada especial, sino para ellos vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre si mismos, boyas a la deriva”. El fanático revela su tontera y concluye Ortega que “no hay modo de desalojar al tonto de su tontería […] el tonto es vitalicio […] por eso ha perdido el uso de la audición ¿Para qué oír si ya tiene dentro de si todo cuanto hace falta?”.</p>
<p>Si se impone el hombre-masa en el sentido orteguiano la perspectiva es por cierto lúgubre, pues según el mismo pensador “La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar. La sociedad tendrá que vivir para el Estado, el hombre para la máquina del Gobierno”.</p>
<p><strong>El fanático considera que la lealtad debe ser total al líder -más bien el servilismo- todo lo demás es traición que tiene que ser desacabezada.</strong> Robert Nisbet en &#8220;Prejudices&#8221; mantiene que el fanatismo, además del religioso propiamente dicho, abarca la religión laica que sigue los pasos de los Robespierre de nuestra época y, salvando las distancias, da un ejemplo de Estados Unidos, el país que ha sido el más liberal del planeta, que concreta en el caso del fanático Woodrow Wilson quien bautizó su era como “progresista” con medidas en las que el Leviatán irrumpió con fuerza para “encaminarse a un lugar perfecto” al decir de aquél presidente estadounidense. El fanático representa aquello que Nisbet ilustra con una oportuna cita de Dostoievsky: “el fuego en la mente”.</p>
<p>En momentos en que ciertos fanatismos devienen en terroristas siempre criminales, es decir, resucitan inquisiciones en bandada, debe meditarse con cuidado cuáles son las defensas de la sociedad abierta y uno de los anclajes de mayor fertilidad consiste en mantener a rajatabla la libertad de expresión, la separación tajante entre religión y poder (“teoría de la muralla” según la concepción original norteamericana) y ocuparse y preocuparse de la educación como la trasmisión de valores y principios consistentes con seres libres para así asegurarse las necesarias defensas contra la incursión de fanáticos, un peligro mortal para la convivencia civilizada. Cierro esta nota con un conocido adagio que debe repasarse en toda ocasión: “la mente es como un paracaídas, solo sirve si se abre”, es que las telarañas mentales carcomen la condición humana.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/01/26/peligros-del-fanatismo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Dynamic page generated in 1.948 seconds. -->
<!-- Cached page generated by WP-Super-Cache on 2017-01-31 04:04:41 -->
