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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; Popper</title>
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		<title>Recorrido intelectual de Vargas Llosa</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2015 09:34:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de mis proyectos aún no ejecutados consiste en invitar a varios de mis amigos, con algunos de los cuales he hablado en borrador, <strong>ex-marxistas y ahora formidables liberales para que escriban sobre sus respectivos tránsitos intelectuales y recopilar esos documentos en un libro</strong> (y no digo tránsitos ideológicos, porque esta palabreja en su acepción más difundida implica algo cerrado, terminado e inexpugnable, lo cual es la antítesis del liberalismo y de todo conocimiento que es por definición provisorio y abierto a refutaciones tal como nos enseña la visión popperiana).</p>
<p>Esta idea es naturalmente en interés personal <strong>al efecto de percatarme de cuáles han sido los autores, las obras y las ideas que los atrajeron cuando eran socialistas</strong>, cuales fueron las que los incitaron al cambio y finalmente cuales las que primeramente los atrajeron del lado liberal.</p>
<p>Esto es lo que en cierto sentido ha hecho muy resumidamente Mario Vargas Llosa en su reciente presentación<strong> <i>Mi trayectoria intelectual</i>,<i> </i></strong>una conferencia suya titulada “Mi trayectoria intelectual: del marxismo al liberalismo”, pronunciada en el Institut économique de Montréal un año antes de la publicación a que hacemos referencia, también en francés y en inglés en la misma edición.<span id="more-771"></span></p>
<p>En esa conferencia, Vargas Llosa alude a su recorrido intelectual que puede a su vez apretarse para esta nota periodística en nueve etapas. Primero, <strong>su alarma ante las dictaduras latinoamericanas y las consiguientes explotaciones especialmente a los más pobres</strong>, lo cual lo derivó a libros como el de Jan Valtin (<i>La noche quedó atrás</i>), en ese momento un autor comunista aunque luego se apartó de esa concepción. Segundo, sus estudios en la Universidad de San Marcos de su Perú natal donde comenzó a leer a Lenin, a Marx, a George Politzer y más adelante a Sartre.</p>
<p>Tercero, se produjeron <strong>disidencias con sus colegas comunistas debido a crecientes desconfianzas a las actitudes dogmáticas y sectarias</strong>, como resultado principal de sus lecturas de Albert Camus y de André Gide. Cuarto, se produce la <strong>Revolución Cubana</strong> contra Batista que lo llenó de entusiasmo. Quinto, <strong>comienzan sus primeras desilusiones con Castro</strong> a raíz del descubrimiento de que las llamadas Unidades Miliares de Ayuda a la Producción eran campos de concentración para encerrar y torturar a disidentes. Sexto, <strong>su viaje a la Unión Soviética lo convenció de la crueldad del sistema</strong>, de la miseria en que vivían sus habitantes y la censura que sufrió  el propio escritor cuando el régimen soviético eliminó  cuarenta páginas de una de sus novelas en ruso.</p>
<p>Séptimo, debido a estas y otras experiencias similares dejó de ser comunista y se dio cuenta que “había estado desperdiciando mi tiempo, había desperdiciado años leyendo muchísimo acerca del marxismo. Me sentí muy solo y desnudo”. Octavo, comenzó el estudio y la lectura de autores como Aron y Revel. Noveno, sobrevino <strong>el célebre caso Padilla en Cuba lo cual indignó a Vargas Llosa</strong> y a otros renombrados pensadores por lo que adhirió a varios manifiestos públicos contra el régimen comunista de la isla. Y noveno, ahondó en los trabajos de Berlin, Popper y otros cientistas sociales que lo encaminaron cada vez con mayor profundidad en las sumamente amplias y ricas avenidas liberales.</p>
<p>Como es de público conocimiento, Vargas Llosa ha publicado en abultada escala no solo en el género de la ficción sino escritos de gran calado en defensa de los ejes centrales de la sociedad abierta. En este último sentido, personalmente estimo que uno de sus mayores logros se refieren a su fundamentada y reiterada crítica a los nacionalismos. Por ejemplo, en su artículo “El elefante y la cultura” nos dice: “Resumamos brevemente en qué consiste el nacionalismo en el ámbito de la cultura. Básicamente, en considerar lo propio un valor absoluto e incuestionable y lo extranjero un desvalor, algo que amenaza, socava, empobrece o degenera la personalidad […] Hay que combatir resueltamente estas tesis a las que, la ignorancia de un lado y la demagogia de otro, han dado carta de ciudadanía, pues ellas son un tropiezo mayor para el desarrollo cultural”.</p>
<p>Los que participamos de la filosofía de la libertad estamos sumamente agradecidos por las múltiples faenas de Mario Vargas Llosa al explicar las ventajas de esa tradición en muy diversas tribunas y desde diversas perspectivas, especialmente al contemplar la situación de los relativamente más pobres que son usados por los autoritarios para incrementar su poder cuando no enriquecerse con dineros malhabidos, lo cual hacen en alianza con empresarios prebendarios que le escapan al mercado abierto y a la competencia.</p>
<p>Es de especial significación su permanente esfuerzo por el fortalecimiento de la democracia tan vilipendiada y desfigurada en no pocos lugares, donde la idea de los Giovanni Sartori de nuestra época ha sido sustituida y contrabandeada por <strong>una desfachatada cleptocracia, es decir, el gobierno de los ladrones de libertades, de propiedades y de sueños legítimos de vida</strong>. Hayek, Leoni y otros has sugerido medidas adicionales para ponerle bridas al Leviatán que deben ser consideradas junto a otras de tenor equivalente si es que no queremos sucumbir frente a votos mayoritarios que asaltan al Poder Judicial y a todos los organismos de contralor, incluyendo tribunales electorales en una farsa macabra e inaceptable que arrasa con las autonomías individuales.</p>
<p>En otro de sus artículos (“Muerte y resurrección de Hayek”), Vargas Llosa escribe que en el terreno liberal “ninguno fue tan lejos como Friedrich von Hayek” que insistió “que la planificación centralizada de la economía mina de manera inevitable los cimientos de la democracia y hace del fascismo y del comunismo dos expresiones de un mismo fenómeno, el totalitarismo, cuyos virus contaminan a todo régimen, aun de apariencia más libre que pretenda &#8220;controlar&#8221; el funcionamiento del mercado […] Como von Mises, como Popper, Hayek no puede ser encasillado dentro de una especialidad, en su caso la economía, porque sus ideas son tan renovadoras en el campo económico como en los de la filosofía, el derecho, la sociología, la política, la historia y la ética. En todos ellos<strong> hizo gala de una originalidad y un radicalismo que no tienen parangón dentro de los pensadores modernos”.</strong></p>
<p>Cabe en este contexto agregar que Hayek escribió en “El dilema de la especialización” que “nadie puede ser un buen economista si sólo es economista y estoy tentado a decir que el economista que es sólo economista tenderá a convertirse en un estorbo, cuando no en un peligro manifiesto”. Es decir, se torna indispensable para el economista el incorporar temas epistemológicos, filosóficos en general, históricos, éticos y jurídicos para esta disciplina que muy bien ha estipulado von Mises en el contenido y en el título de su <i>magnum opus</i>: <i>La acción humana. Tratado de economía</i>.</p>
<p>Efectivamente, la acción humana para ilustrar el campo de esa ciencia que hasta ese entonces era interpretada como circunscripta al terreno de lo material y sin conexión con otras áreas científicas, una línea que a contracorriente fue iniciada por Adam Smith con su <i>Teoría de los sentimientos morales </i>en 1759 como base para su posterior <i>La riqueza de las naciones</i>,<i> </i>pero desafortunadamente en gran medida abandonada hasta la irrupción de la decimonónica Escuela Austríaca.<i></i></p>
<p>En un plano diferente y privativo de cada uno (Vargas Llosa ha dicho cuando se postulaba a la presidencia de Perú que “la religión como el amor son temas reservados a la intimidad de cada cual”), este autor ha inventado para si una nueva categoría referida al ámbito de la religiosidad -claro, no de iglesias oficiales- que es la del <strong>“agnóstico relativo”</strong> admitiendo la posibilidad de algo más allá de la vida terrena. Mi conjetura es que de modo especial han influido sobre él, George Steiner a través de <i>Real Presence</i>. Recuerdo que escribió sobre esta obra en la época que lo conocí personalmente a Vargas Llosa con motivo de un seminario en el Instituto de Cultura Económica de la Universidad de Boston en 1990 (oportunidad en la que lo invité a pronunciar un par de conferencias en ESEADE, las que, dicho sea al pasar, fueron muy exitosas) y la otra influencia que en esta materia estimo de peso sobre él ha sido el libro de Emanuel Swedenborg titulado <i>El cielo y sus maravillas y el infierno</i> publicado originalmente en latín en 1758.</p>
<p>Es una obviedad sostener que entre los liberales hay diferencias, lo cual ocurre también con uno mismo muchas veces cuando leemos lo publicado y percibimos que podríamos haber mejorado la marca, puesto que como ha dicho Borges citando a Alfonso Reyes dado que no hay tal cosa como un texto perfecto “si no publicamos, nos pasamos la vida corrigiendo borradores”. No hay popes en este espacio tan fértil que apunta al respeto recíproco, todo está abierto en medio de un proceso siempre evolutivo. En todo caso, esto también va para Vargas Llosa con algunas pocas de sus reflexiones y posturas que no compartimos, temas sobre los que intercambiamos ideas en su momento, en el seminario de las II Jornadas Liberales Iberoamericanas, en Benidorm, en 1994.</p>
<p>Finalmente, <strong>una nota autorreferencial</strong> y si se quiere de vanidad aunque no me la crea, transcribo la generosa dedicatoria que me escribió Mario en el referido libro sobre su recorrido intelectual, la última vez que estuve con él, en marzo de este 2015, en Lima: <strong>“Para Alberto Benegas Lynch, maestro de maestros, con todo el afecto de su amigo y lector”.</strong></p>
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		<title>La historia que no se estudia</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Feb 2015 08:30:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay miradas infinitas respecto a las clasificaciones de la historia, algunas quedan completamente desactualizadas, como por ejemplo la que alude a la anacrónica “historia moderna” de otros tiempos, como si el presente quedara estanco, contradiciendo la visión agustiniana de cómo se escapa el presente entre pasado y futuro. Hay otras clasificaciones por lo menos curiosas como la de mi cuentista favorito Giovanni Papini quien la divide en grandes categorías según se use la fruta de la manzana.</p>
<p>Así, <strong>Papini concluye que hubo cuatro manzanas decisivas en la historia de la humanidad</strong>. La primera la de Adán que abrió cauce a la noción del mal. La segunda, la de la discordia, fue la de oro para premiar a la mujer más bella en el relato de Homero, entuerto que finalmente zanjó Paris -el hijo del rey de Troya- que la concedería a Afrodita, pero al secuestrar a Helena desencadenó la conocida trifulca. La tercera fue la de Guillermo Tell fabricada por Schiller y ejecutada por Rossini que desafió al poder político, y la cuarta fue la científica de Isaac Newton, un relato confirmado en la biografía de William Stukeley en cuanto a aquello de la célebre manzana que derivó en la formulación de la ley de la gravedad.<span id="more-467"></span></p>
<p>Por mi parte, estimo que una forma precisa y muy relevante de dividir la historia es según los grados de estatismos, lo cual ha hecho eclosión en nuestra época marcada por un  Leviatán desbocado avasallante. La contratara de esto mismo son los grados de libertad. Y esto no solo se refiere al achicamiento de los radios de acción del individuo y del estrangulamiento de sus libertades sino que la misma historia se desvía de los múltiples, variados y ricos acontecimientos de las personas para enfocar la atención en los megalómanos del momento puesto que abarcan y cubren casi todo.</p>
<p>Hacia fines del siglo XVIII fueron menguando en algo los poderes de las monarquías absolutas (aunque quedaron impregnados en los estilos mobiliarios y similares los nombres de los monarcas, casi siempre sin mención a los ebanistas que fabricaron el mueble), situación que dio pie a que se pudiera hurgar en los acontecimientos de la vida propiamente humana para salir de los pasillos del poder político, pero de un tiempo a esta parte se ha vuelto a las andadas y se ha dado lugar a los desmanes de las botas que siempre acompañan a los ámbitos políticos.</p>
<p><strong>Los cinco tomos de <i>Historia de la vida privada </i>escrita por muchos autores pero coordinada por Philippe Ariés y Georges Duby constituyen una pieza de historiografía superlativa</strong> en la que se exhibe lo que podríamos denominar la verdadera historia, la historia de las personas y no el simple registro de las fechorías de los mandamás de todos los tiempos. Duby apunta en el prólogo de la antedicha obra que esa historia “ha de resistir hacia fuera los asaltos del poder público” a pesar de que “con el fortalecimiento del Estado, sus intromisiones se han vuelto más agresivas y penetrantes” y si “no nos prevenimos frente a ellas, reducirán muy pronto al individuo a no ser más que un número suministrado en un inmenso y terrorífico banco de datos”.</p>
<p>Es que <strong>los aparatos estatales en teoría son para proteger los derechos de las personas que gobiernan</strong>, es decir, sirven de marco institucional para que cada uno pueda seguir los proyectos de vida que considere pertinentes sin lesionar derechos de terceros. Es así que la multitud de procederes en los campos más diversos va forjando la parte jugosa y fértil de la historia.</p>
<p>Sin embargo, igual que en las épocas remotas de salvajismo, <strong>ahora resulta que el centro de la escena lo ocupa el monopolio de la violencia pero ni siquiera para velar por los derechos de todos sino para conculcarlos a través de atropellos crecientes y dirigiéndose a los gobernados como si fueran súbditos</strong>, generalmente subsidiando a grupos que hacen de apoyo logístico al abuso del poder con el fruto del trabajo ajeno.</p>
<p>En <i>Introducción al estudio del conocimiento histórico</i>, Enrique de Gandia nos dice que ese su libro “ojalá muestre a los jóvenes a amar la historia, no como exaltación de energúmenos o estatuas de cartón, sino como comprensión de la vida, con lo inesperado en cada recodo, y el amor a la libertad”, una obra en la que subraya la importancia del cosmopolitismo y lo destructivo de los nacionalismos, ideas muchas veces contradichas en centros de estudios en los que no solo se enseña a memorizar los pertrechos de guerra de cada bando sino que se alaba y pondera la xenofobia.</p>
<p>Ya <strong>Croce había destacado a la historia como hazaña de libertad y Popper había refutado la existencia de “leyes inexorables de la historia”</strong> punto que resume bien <strong>Paul Johnson</strong> al escribir que “una de las lecciones de la historia que uno debe aprender, a pesar de que resulta desagradable, es que ninguna civilización puede darse por sentada. Su permanencia nunca puede asumirse; siempre hay una edad oscura acechando a la vuelta de cada esquina”. Aquella visión falsificada de los inexorables “ciclos vitales” de la historia ha tenido como uno de sus máximos exponentes a Spengler.</p>
<p>Cuando se estudia la historia privada se estudia la historia de la vida humana, en cambio cuando se relata la historia de los aparatos estatales en expansión se estudia la anti-vida, la destrucción de lo propiamente humano, se mira el monstruo que asfixia al individuo. Cuando se estudia la historia privada se constatan los portentosos resultados de la mente, en el arte, en el derecho, en la filosofía, en la economía y en todas las manifestaciones de la conducta humana. Se aprenden las costumbres, los bailes, las gastronomías, la arquitectura, la música, la pintura, la escultura, las modas, las instituciones, el sentido de las conversaciones y la comunicación en general.</p>
<p>En esa mirada se percibe la evolución de la civilización o la involución puesto que como enseña Collingwood la civilización “significa como condición que el hombre adquiere lo que necesita para su sustento y confort no sacando a otros lo que les pertenece sino ganando lo suyo” de lo contrario la sociedad es una “del saqueo”, lo cual implica “la revuelta contra la civilización”.</p>
<p>En última instancia la historia del hombre es la historia del pensamiento, es la historia del espíritu como también destaca Collingwood, al tiempo que señala que “las ciencias naturales…no incluyen la idea de propósito”. En las piedras y las rosas no hay acción sino mera reacción. El historiador en las ciencias sociales interpreta el pensamiento de otros, a diferencia de los pseudohistoriadores que, para citarlo nuevamente a Collingwood, fabrican “la historia de tijeras y engrudo…donde repite lo que le dicen sus &#8216;autoridades&#8217;&#8221;.</p>
<p>Los gobiernos se han ensanchado tanto que, fuera de los crímenes, en las noticias prácticamente no figuran los hechos y dichos de los privados porque los diarios, la televisión y la radio están copados por los movimientos del príncipe. Y el asunto tiene  su explicación porque precisamente el Leviatán todo lo deglute, por lo que su figura no puede pasar desapercibida. Esto es lo que hay que cambiar drásticamente. De todos modos, ahora, con los progresos en las redes sociales y equivalentes surge con mayor frecuencia el individuo, pero, como decimos, el grueso de las noticias lo conservan las andanzas de los burócratas. Incluso, cuando se hace referencia a los ciudadanos se alude a los que están “en el llano” admitiendo que los funcionarios -que en verdad son empleados de la gente- están “en la cúspide” cuando la situación debiera ser la inversa. Quienes debieran estar en el llano esperando órdenes de sus mandantes son los gobernantes, pero el asunto se ha trastocado y los aparatos estatales son cada vez más adiposos.</p>
<p>Conviene a esta altura una digresión semántica. No se si es apropiado aludir a la historia de la vida privada para distinguirla de la referida a los ámbitos gubernamentales, en todo caso que quede claro que no se apunta a lo íntimo que es privativo de cada cual sino a lo que las personas manifiestan exteriormente, fuera de lo que reservan para sí y que excluyen de la mirada de terceros.</p>
<p>Otra vez debemos hacer referencia a la educación para poder vislumbrar una salida a tanta referencia a los príncipes. Es que si desde que son niños se machaca con la reverencia debida a las autoridades estatales, es poco probable que haya espacio para el pensamiento independiente y, por ende, para la historia de la vida privada en el sentido consignado ya que todo lo engulle el poder político.</p>
<p>Cuando hay la oportunidad de escarbar ya no en las costumbres y hábitos de un grupo humano sino en la biografía de algún pensador de fuste, se descubren recovecos y propuestas que maravillan a cualquiera. Pero es que muchas veces, con la idea de simplificar, se prefiere tomar la historia de a grupos inmensos y parece más fácil personificarlos en los gobernantes y sus dinastías, en lugar de tomarse el trabajo y sacar provecho de a todo lo que subyace. Más aun, resulta la mayor parte de las veces más fácil recurrir a la hipóstasis de que “el pueblo prefiere” o “la nación demanda” para ahorrarse el esfuerzo de detectar y auscultar el verdadero actor cual es el individuo.</p>
<p>En realidad, no hay queja justificada al aplastamiento de la vida personal cuando simultáneamente en los hechos se respaldan las ideas y principios que fortalecen y endiosa a las estructuras estatales y a su correspondiente radio de acción para administrar vidas y haciendas ajenas.</p>
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