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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; populismo</title>
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		<title>Entre Ingmar Bergman y Calígula</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Apr 2016 10:31:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La infancia de cada cual marca la vida, la influye grandemente, no la determina, puesto que la persona siempre debe tener presente que el segundero del reloj pasa rápido y que es su responsabilidad qué hace con su yo. No es conducente pasar el tiempo despotricando contra el padre que no le prestó la bicicleta o incluso temas mucho peores que pueden haber ocurrido. Es imprescindible arremangarse y encaminarse con decisión hacia metas de excelencia; los pretextos y las excusas no valen como escudo para no lograr lo que se debe.</p>
<p>Ingmar Bergman tuvo una infancia por cierto difícil, llena de nubarrones y tormentas. Su autobiografía se titula <i>Linterna mágica,</i> que tiene un sentido figurado, que es el cine y uno literal, que consiste en que cuando era frecuentemente castigado físicamente por su padre, a quien “terminada la tanda de azotes había que besar su mano” y luego encerrado en un ropero a oscuras durante largo tiempo, llevaba consigo de contrabando una linterna que al prenderla se imaginaba una producción cinematográfica.</p>
<p>Desde que nació, en julio de 1918, tuvo enfermedades y achaques de salud varios hasta su muerte en 2007. Inmediatamente después del parto, los médicos consideraban que no sobreviviría: “Era como si no acababa de decidirme a vivir”, escribe Bergman. Transcurrió su niñez acosado por su padre —pastor protestante—, con la noción truculenta de autoridad absoluta, pecado, castigo y misericordia, a pesar de lo cual asistió a discusiones de tono y contenido muy elevado entre sus padres; incluso en una oportunidad vio cómo el padre le pegaba a su madre.<span id="more-1407"></span></p>
<p>Según Bergman, “este hecho contribuyó posiblemente a nuestra pasiva aceptación del nazismo. Nunca habíamos oído hablar de libertad y no teníamos ni la más remota idea de a qué sabía. En un sistema jerárquico, todas las puertas estaban cerradas”. Sin duda que sin llegar a estos extremos inauditos, está presente la idea totalitaria en muchas familias. <b>Los comandos dirigidos a los hijos para hacer lo que digan los padres sin discutir no sólo afectan gravemente la autoestima de la prole, sino que dan por tierra con elementales procedimientos de la función educativa, de amistad y comprensión</b>. La conversación, la persuasión y el intercambio de ideas entre padres e hijos resultan esenciales para la formación de almas bajo su responsabilidad.</p>
<p>En el caso que nos ocupa, no solamente puede hablarse de “la aceptación pasiva del nazismo”, sino que en otro momento de su juventud Bergman relata que en una visita al territorio alemán terminó haciendo el saludo nazi en un clima festivo en ocasión de un discurso de Adolf Hitler —el consabido asesino serial— y constató: “Los domingos la familia iba a misa solemne. El sermón del pastor era sorprendente. No hablaba con base en los evangelios sino en el <i>Mein Kampf</i> ”. El día del discurso de Hitler “las campanas replicaban, tanto las severamente protestantes como las jubilosamente católicas” y “en la ópera se anunciaba la obra de Richard Wagner, <i>Rienzi, </i>en función de gala seguida de fuegos artificiales”. Bergman declara: “Mi hermano fue uno de los fundadores y organizadores del partido nacionalsocialista sueco, mi padre votó varias veces por los nacionalsocialistas”.</p>
<p>A esta altura es pertinente refutar con el mayor énfasis aquello que muchas veces se sostiene en cuanto a que sorprende el hecho de que un pueblo “bien educado” haya dado su apoyo a semejante movimiento criminal. Pues esto de la supuesta buena educación no es cierto, resulta de la mayor importancia constatar la gran difusión en colegios y universidades alemanas de los textos de autores que ponen de manifiesto su espíritu totalitario tales como Johann Herder, Johann Fichte, Friedrich Hegel, Friedrich Schelling, Gustav von Schmoller, Werner Sombart y Friedrich List.</p>
<p>Después de transcurrido un tiempo, Bergman escribe, también en la antedicha autobiografía, una muy dolorosa confesión: “Cuando los testimonios de los campos de concentración se abatieron sobre mí, mi entendimiento no fue capaz, en un primer momento, de aceptar lo que veían mis ojos. Al igual que muchos otros, yo decía que las fotos estaban trucadas, que eran infundios propagandísticos. Al vencer, finalmente, la verdad a mi resistencia, fui presa de la desesperación y el desprecio de mí mismo, que era ya una carga grave, se acentuó hasta rebasar el límite de lo soportable”.</p>
<p>Más adelante nuestro personaje se topó con partidarios de Mao Tse Tung y consignó: “El fanatismo que recordaba de mi infancia: el mismo pozo emocional, sólo que eran diferentes las banderas. En lugar de aire puro nos dieron deformación, sectarismo, ansiosas complacencias y abuso de poder”.</p>
<p>De más está decir que en su <i>Linterna mágica </i>le dedica gran espacio a su profesión como director de cine y de teatro, con lujo de detalles en aspectos técnicos y no técnicos referidos a agudas observaciones de los respectivos procesos de elaboración y de ejecución, al tiempo que se detiene en observaciones también de gran calado sobre los modos y las personalidades de los actores y las actrices que trabajaron con él.</p>
<p>Asimismo, dedica largos tramos a exhibir su vida bastante disipada, con intentos de suicido y periódicamente su adicción al alcohol, incluyendo la borrachera. Las biografías sobre Bergman son múltiples, tal vez las más conocidas sean las de Jacques Mandelbaum, Vernon Young, Jesse Kalin, Roger Oliver y, en coautoría, Maaret Koskinen y Liv Ullmann. Todos se sorprenden de la maestría, el rigor y la asombrosa producción de este célebre director y guionista magistral quien traspasó todas las fronteras y los ámbitos artísticos.</p>
<p>Como es sabido, en estos menesteres el manejo del tiempo en los escritos puede ser lineal, circular y estanco, o a saltos para adelante y para atrás. Este último procedimiento es el que usa Bergman en el relato de sus memorias.</p>
<p>En estas pocas consideraciones no es la intención calibrar su trabajo profesional, que además el que estas líneas escribe no está en condiciones de juzgar a pesar de haber gozado con algunas de sus producciones cinematográficas desde el punto de vista estético de las tomas, las presentaciones y los jugosos diálogos, algunos de cuyos mensajes comparto y otros no, como entiendo que será el caso de todos sus espectadores.</p>
<p>Según algunos de sus biógrafos,<b> su presentación de <i>Calígula</i> en las tablas<i> —</i>que Albert Camus había escrito en 1945 para teatro en cuatro actos— influyó grandemente en su percepción de los megalómanos que pretenden dirigir vidas y haciendas ajenas</b>.</p>
<p>Como se recordará, Calígula (12-41 d. C.) era hijo adoptivo de Tiberio y como emperador mostró su desprecio a cualquier vestigio de institución republicana; gobernó con gran crueldad en medio de agudas crisis económicas y morales; entre otras, amante de su hermana, por lo que convirtió su palacio en un burdel, al tiempo que se vestía con ropajes de Júpiter y se hacía venerar como dios y, hacia el final de su gestión gubernamental, propuso a su caballo como cónsul.</p>
<p>Entre profesionales de la historia hay quienes lo catalogan como enfermo mental, tal como se ha hecho con muchos otros dictadores, lo cual significa que no serían imputables, en lugar de aceptar la maldad y, como explica Thomas Szasz, la patología enseña que la enfermedad significa la lesión de órganos, células o tejidos y no la de ideas dañinas (lo cual no excluye problemas químicos en el cerebro, cosa que con las herramientas disponibles en el momento no ha sido probada en el caso que comentamos, al contrario, mucho se ha escrito sobre la perversión y la malicia del sujeto de marras).</p>
<p>En la obra de Camus, el tirano Calígula, al igual que otros de su estirpe, manifiesta: “Yo poseo la verdad. Y precisamente poseo los medios para que la gente viva la verdad”. Con mucha más sinceridad que otros de su calaña, a continuación subraya: “Todas las personas del Imperio que dispongan de alguna fortuna —pequeña o grande, eso da igual— deberán obligatoriamente desheredar a sus hijos y hacer testamento ahora mismo a favor del Estado […] no es más inmoral robar directamente que gravar con impuestos […] Gobernar y robar son la misma cosa, eso es del domino público. Pero cada uno lo hace a su manera. Yo, por mi parte, pienso robar sin tapujos”.</p>
<p>Más adelante, Camus le hace decir a su personaje, también al efecto de descubrir su modo de ser y pensar (lo cual en lo que sigue es hoy un lugar común de todos los populismos): “Quiero concederle a este siglo la igualdad”, que puesto en contexto no necesita recalcarse que no se trata del respeto al derecho de cada uno sino de la guillotina horizontal referida a los patrimonios. Termina la perorata el sátrapa afirmando: “Me resulta fácil matar porque no me resulta difícil morir. No, cuanto más lo pienso, más convencido estoy de que no soy un tirano”.</p>
<p>En esta línea argumental es del caso puntualizar que <b>cuando se habla de violencia, no debe circunscribirse al robo callejero de delincuentes comunes, sino principalmente a la ejercida desde el poder político</b>, desde el gobierno, que teóricamente está encargado de velar por los derechos de todos y, sin embargo, aplica la fuerza no de carácter defensivo sino de carácter ofensivo. En nombre de una supuesta solidaridad (la violencia nunca puede ser solidaria), usa la fuerza o la amenaza de la fuerza bruta al recurrir al aparato estatal para inmiscuirse en casi todos los aspectos de la vida de los gobernados.</p>
<p>Se apodera del fruto del trabajo de la gente para redistribuir ingresos que al malasignar los siempre escasos factores productivos empobrece, recursos que son distribuidos pacífica y voluntariamente en el supermercado y afines; cobra impuestos siderales; se endeuda a escala astronómica; deteriora la moneda y expropia recursos para atender las llamadas empresas estatales; controla precios; establece aranceles aduaneros; deteriora el mercado laboral; establece parques de diversiones y demás dislates que nada tienen que ver con los preceptos republicanos y la consiguiente severa limitación al poder de toda la tradición constitucional desde la Carta Magna de 1215. Y lo tragicómico del asunto es que hay quienes aplauden todo esto pensando que los recursos vienen de una tienda misteriosa, sin entender que son ellos mismos lo que financian todo, especialmente los más pobres, que al disminuirse las tasas de capitalización se contraen sus salarios.</p>
<p>La experiencia de un aspecto en la vida de Bergman nos debe servir para llevar a las últimas consecuencias la alerta sobre los horrores del totalitarismo y, sobre todo, para <b>no aceptar avances del aparato estatal en nuestras vidas al efecto de frenar a tiempo el estrangulamiento que produce el Leviatán</b>.</p>
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		<title>A raíz de Miguel Wiñazki</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2016 09:51:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mucho se ha escrito sobre lo que ha dado en denominarse populismo, algunos trabajos de fondo y otros de difusión (como la tan eficaz Gloria Álvarez), pero en todos los casos parecería que se prefiere eludir el término “socialismo”. En ciertas situaciones porque sus autores provienen de esa tradición de pensamiento y en otras por... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/01/02/a-raiz-de-miguel-winazki/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Mucho se ha escrito sobre lo que ha dado en denominarse populismo, algunos trabajos de fondo y otros de difusión (como la tan eficaz Gloria Álvarez), pero en todos los casos parecería que se prefiere eludir el término “socialismo”. En ciertas situaciones porque sus autores provienen de esa tradición de pensamiento y en otras por simple moda o conveniencia dialéctica.</p>
<p>Lo cierto es que en mayor o menor medida, la definición medular la ofreció Marx (no Groucho, del cual no pocos parecen derivar sus elucubraciones, sino Karl): la abolición de la propiedad privada tal como reza el <i>Manifiesto comunista</i> en su eje central. También puede adherirse a la conjetura de la honestidad intelectual de Marx, puesto que su tesis de la plusvalía y la consiguiente explotación no la reivindicó una vez aparecida la revolucionaria teoría subjetiva del valor expuesta por Carl Menger en 1870, que echó por tierra con la teoría del valor-trabajo marxista. Por ello es que después de publicado el primer tomo de <i>El capital </i>en 1867 no publicó más sobre el tema, a pesar de que tenía redactados los otros dos tomos de esa obra, tal como nos informa Friedrich Engels en la introducción al segundo tomo veinte años después de la muerte de Marx y treinta después de la aparición del primer tomo. Contaba con apenas 49 años de edad cuando publicó el primer tomo y siendo un escritor muy prolífico se abstuvo de publicar sobre el tema central de su tesis de la explotación; sólo publicó dos trabajos adicionales en otro contexto: sobre el programa Gotha y el folleto sobre la comuna de París.<span id="more-1292"></span></p>
<p>En realidad,<strong> lo que terminó de demoler la tesis marxista —y en general las estatistas— fue la contribución de Ludwig von Mises en 1920 sobre la imposibilidad de cálculo económico, evaluación de proyectos y contabilidad en ausencia de propiedad privada y, por ende, de precios.</strong> En otros términos, en esta línea argumental, no hay tal cosa como economía socialista, ya que, por ejemplo, no se sabe si conviene construir los caminos con oro o con asfalto si no hay precios de mercado.</p>
<p>De todos modos, como dice el ex marxista Bernard-Henri Lévy en su <i>Barbarism with Human Face</i>: “Aplíquese marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Este es el sentido por el que Stéphane Courtois <i>et al. </i>escriben en <i>El libro negro del comunismo</i><i> </i>que ese sistema asesinó a más de cien millones de personas hasta el momento. Y no es cuestión de buenas intenciones, puesto que estas son irrelevantes; lo importante son los resultados: por más que se adopte un socialismo moderado siempre se trata de atropellar derechos y estrangular libertades. Incluso en la isla-cárcel cubana el tilingaje se refiere a la educación, sin percibir la diferencia con el adoctrinamiento y el lavado de cerebro, a la par de la llamada salud pública, que, como bien explica la neurocirujana cubana Hilda Molina, consiste en pocilgas inauditas e inhumnas con una vidriera para ciertos enfermos VIP que hacen propaganda al sistema.</p>
<p>El problema básico de todo estatismo radica en los energúmenos de diverso color político que pretenden dirigir vidas y haciendas ajenas concentrando ignorancia, en lugar de comprender que el conocimiento está fraccionado y disperso entre millones de personas y que su coordinación es ajena a los caprichos de los engendros de la planificación de las pertenencias de otros. Los estatistas de toda laya no se percatan del nexo causal entre las tasas de capitalización y los ingresos y los salarios en términos reales, que no son un asunto voluntarista, sino de marcos institucionales que garantizan la libertad de cada cual (esto explica, por ejemplo, la diferencia en el nivel de vida entre Uganda y Canadá).</p>
<p>Uno de los libros que más ha calado hondo a favor del populismo es el de Ernesto Laclau titulado <i>La razón populista</i> (sobre el cual escribí en abril del año pasado en mi columna en <b>Infobae</b> junto con un comentario sobre otra de sus obras: <i>Nuevos resultados sobre la revolución de nuestro tiempo</i>). Pero ahora aparece no un simple <i>review</i> crítico sobre el primero de los libros mencionados de Laclau, sino un ensayo formidable por la calidad de su contenido, por cierto exhaustivo, y por la destreza en el manejo de la pluma. Se trata del anti-Laclau por excelencia (y anti-Chantal Mouffe, su mujer) titulado <i>Crítica de la razón populista,</i> cuyo autor es Miguel Wiñazki.</p>
<p>El libro de marras muestra la máscara del populismo “para encubrir el traspaso del dinero grande” hacia los que se esconden en el poder político y se presentan siempre como parte de un melodrama en medio de batallas y victorias celestiales. Explica Wiñazki: “La razón populista es la cosmovisión filosófica que concibe dos entidades sociopolíticas irreductiblemente antagónicas. El pueblo y al antipueblo.<b> El populismo propone una batalla cultural para promover e instituir la hegemonía del pueblo sobre el antipueblo</b>”.</p>
<p>Por nuestra parte, traemos a colación el hecho de que esta es la receta fundamental de Antonio Gramsci, en el sentido de tomar la cultura y la educación, puesto que, con mucha razón, para bien o para mal, el resto se da por añadidura. Si no se estudian los valores y los principios de una sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana), es imposible que tenga lugar el respeto recíproco, lo cual subrayamos es la esencia del liberalismo (no la estupidez del neoliberalismo, ya que ningún intelectual de fuste se reconoce bajo esa etiqueta que sólo ha servido para continuar con la corrupción y el ensanchamiento del Leviatán).</p>
<p>Miguel Wiñazki concuerda que la democracia entendida como los Giovanni Sartori de nuestra época en cuanto a que las mayorías no pueden avasallar los derechos de las minorías se ha transformado en pura cleptocracia, a saber, Gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida, lo cual ejemplifica con los bufones del Orinoco, el gobernante ecuatoriano, el boliviano y los Kirchner y concluye en esta materia: “Después de décadas de populismo, lo más concreto y tangible son los pobres”. Es decir, <b>se usa a los pobres en la articulación de discursos demagógicos pero el resultado, como señala el autor, es indefectiblemente el incremento de la pobreza en un ámbito de permanente clientelismo social </b>que se sustenta en una miserable explotación de los más necesitados.</p>
<p>Otro punto neurálgico que subraya Wiñazki del populismo es la xenofobia nacionalista, siempre haciendo uso (y abuso) de terminología épica (lo cual me recuerda un ensayo de mi autoría de hace años titulado “Nacionalismo: cultura de la incultura” publicado en una revista académica chilena, <i>Estudios Públicos,</i> y que se encuentra en internet).</p>
<p>También el autor que venimos comentando se detiene con fuerza argumental en los permanentes ataques a la libertad de expresión, un aspecto trascendente que nos retrotrae a lo consignado por Thomas Jefferson: “Frente a la alternativa de no contar con gobierno y disponer de libertad de prensa, por una parte, y por otra tener gobierno sin esa libertad, prefiero decididamente lo primero”. Los populismos no resisten la crítica, que es precisamente la misión del periodismo independiente (valga el pleonasmo).</p>
<p>Otras cuatro características que destaca este autor de la crítica populista son el estado “de beligerancia permanente”, “la oscuridad de las cuentas públicas”, “la adhesión, de rodillas a la Biblia oficialista” y la tendencia “a borronear la división de poderes”. Agregamos que aquel servilismo humillante y denigrante es a veces peor que la actitud prepotente y arrogante de los gobernantes populistas: cuando se hace un paneo televisivo y se ven los rostros de los aplaudidores oficiales da pavor y mucha vergüenza, un público integrado también por mal llamados empresarios que se amamantan del privilegio estatal y detestan la competencia y los mercados abiertos, ya que el populismo “es fascismo sin geometría marcial”. Los Gobiernos populistas, escribe también Wiñazki, “requieren de un eco y nada más que eso”.</p>
<p>Hay todavía otro acierto del responsable de <i>Crítica a la razón populista</i> y es el desafortunado uso de la expresión “militante” (y esto va para cualquier posición política), una palabreja que proviene de la organización militar rígida y vertical, lo cual está en las antípodas de cualquier manifestación en el campo civil y que más bien se condice con el circo público. Nada hay más parecido a un autómata que reniega de la condición propiamente humana que un militante con las consiguientes consecuencias éticas y estéticas. Es “el colapso de la razón”, dice certeramente Wiñazki.</p>
<p>Las referencias bibliográficas que aparecen en este libro son en su mayoría sumamente jugosas. Rescato la que alude a Gustave Le Bon, con su notable explicación del fenómeno nocivo de las masas, donde “lo que se acumula no es la sensatez sino la imbecilidad”, al decir de ese pensador; a Étienne de la Boetié y su análisis de gran calado sobre las cadenas que la gente se coloca al apoyar con su obediencia borrega a gobernantes descarriados; al gran George Steiner y, claro está, al correr de la pluma, irrumpe el ogro filantrópico de Octavio Paz.</p>
<p>Wiñazki demuestra con afilada argumentación seguramente lo más dañino de los populismos en cuya prédica: “Los espíritus libres son herejes” en medio de “conspiraciones permanentes” y una “pasión loca por monopolizar el uso de la palabra”.</p>
<p>Por último, el autor subraya: “El Papa [actual] tiene muy buenas relaciones con los regímenes populistas latinoamericanos” y destaca la influencia de sacerdotes tercermundistas, no solamente en la construcción de populismos, sino, como es de público conocimiento, en la fabricación de movimientos violentos. Lo cita a Loris Zanatta, quien afirma: “los Morales, los Castro, los peronistas y los sandinistas […] Son estas las raíces del populismo en América latina y Bergoglio siempre adhirió a ellas”. Por lo que me toca, advertí de esto, entre otros, en mi artículo en <i>La Nación</i> titulado “La malvinización del papa Francisco” (por aquella manifestación de bipolaridad propia de muchos argentinos de euforia y depresión resumida en el período de auge en “el que no salta es un inglés”, antes del derrumbe anímico que naturalmente siguió a esa disparatada aventura militar que puso fin a un Gobierno que combatió al terrorismo con procedimientos repulsivos y absolutamente inaceptables).</p>
<p>Como en todo trabajo hay facetas que no compartimos (en este caso colaterales); incluso en los escritos de uno mismo revisados luego de un tiempo comprobamos que podíamos haber mejorado la marca, puesto que como ha apuntado Jorge Luis Borges —citando a Alfonso Reyes—, dado que no hay texto perfecto “si no publicamos, nos pasamos la vida corrigiendo borradores”. Pero para mi nota periodística semanal basta con lo dicho.</p>
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		<title>Default de la oposición argentina</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Apr 2015 08:54:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me refiero a los políticos de mi país. Ofrecen un espectáculo bastante patético por cierto. Y no es que quiera cargarles todas las tintas puesto que me doy cuenta de que la articulación de sus discursos está limitada por lo que la opinión pública pueda digerir, lo cual, a su vez, depende del clima educativo... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/04/25/default-de-la-oposicion-argentina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Me refiero a los políticos de mi país. Ofrecen un espectáculo bastante patético por cierto. Y no es que quiera cargarles todas las tintas puesto que me doy cuenta de que la articulación de sus discursos está limitada por lo que la opinión pública pueda digerir, lo cual, a su vez, depende del clima educativo en cuanto a la trasmisión de valores y principios compatibles con la sociedad abierta. <strong>Si no se llevan a cabo las suficientes faenas educativas no resulta posible cambiar el discurso político.</strong></p>
<p>En verdad <strong>la así llamada oposición no se opone al “modelo” que se viene aplicando desde hace décadas y décadas en Argentina,</strong> a saber el manotazo al fruto del trabajo ajeno. Nos hemos apartado grandemente de la visión alberdiana que por otra parte colocó a esta nación a la vanguardia de las naciones civilizadas, en cuya situación llegaban oleadas de inmigrantes para “hacerse la América” en vista de las condiciones atractivas de vida que se ofrecían en estas costas solo comparables con las que tenían lugar en los Estados Unidos. Era la época en que se prestaba mucha atención al <i>dictum </i>de Alberdi en cuanto a preguntarse y responderse <strong>“¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”</strong> y que “el ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado, en nombre de la utilidad pública”. Luego todo esto esfumó y se trocó por un estatismo rampante vía politicastros instalados en los gobiernos que pretenden manejar a su antojo vidas y haciendas ajenas.<span id="more-674"></span></p>
<p>En este contexto, <strong>el rol de la oposición es hoy en nuestro país realmente pobre. Cada candidato sostiene que manejará “eficientemente” el fruto del trabajo ajeno</strong>. No hablan de recortar funciones gubernamentales y, por ende, <strong>no mencionan la necesidad de recortar el gasto público</strong> al efecto de engrosar los bolsillos de la gente y aliviar la crisis fiscal. Más aun, hay temas en los que no se trata de entender de economía sino de pura esquizofrenia al declamar que hay que reducir impuestos sin reducir el gasto estatal y ocultar que las tarifas no pueden manejarse como si los costos pudieran resolverse por decreto. No hay otra posibilidad: o se trata de una ignorancia superlativa o de un engaño mayúsculo, en cualquier caso la disyuntiva no despierta confianza.</p>
<p>A los autodenominados opositores les disgusta el lenguaje, la arrogancia supina y los pésimos modales de los gobernantes que hoy están instalados en el poder, pero <strong>suscriben y pretenden adoptar el eje central de lo que se viene ejecutando.</strong> No quiero dar nombres porque el tema es de ideas, pero demos solo unos poquísimos ejemplos para ilustrar lo dicho.</p>
<p>El <strong>sistema de previsión social.</strong> Al momento todos concuerdan en que se hizo bien en expropiar los recursos de quienes preferían estar en un sistema de capitalización y no en uno de reparto donde, como es sabido, actuarialmente es un sistema quebrado que se base en el esquema Ponzi. Y no estoy diciendo que el sistema anterior era bueno ya que se basaba en la obligación de aportar ya sea en un plan o en otro (además solo en las empresas autorizadas por el gobierno de turno,  lo cual desde luego excluía también a empresas radicadas en el extranjero). Desde que se creó el sistema jubilatorio se basó en esa obligación en lugar de permitir que cada uno haga lo que estime pertinente con su dinero. Más aún, en el caso argentino, los antes referidos inmigrantes ahorraban en la compra de terrenos y departamentos lo cual fue liquidado por las leyes de alquileres y desalojos. Tras esta argumentación falaz por la que se obliga a la gente a aportar para su vejez está la premisa de que, de lo contrario, la gente no dispondrá de fondos para subsistir. Pero aquí hay dos temas básicos: en primer lugar si esto fuera correcto, cuando el jubilado cobra su pensión habría que destinar policías al mejor estilo del Gran Hermano orwelliano para que no la gaste en alcohol o en diversiones malsanas y, en segundo lugar, en los ya de por si pésimos sistemas de reparto el aparato estatal echa mano a los recursos por lo que nadie cobra jubilaciones razonables ni se puede vivir con lo que se cobra (salvo las jubilaciones de privilegio generalmente de burócratas). No se necesita ser un experto en matemática financiera para percatarse de la estafa. En resumen, ningún candidato hace honor al derecho de propiedad.</p>
<p>Segundo ejemplo, el caso de <strong>Aerolíneas Argentinas,</strong> que se conoce con la absurda e irrisoria denominación de “línea de bandera” y que arroja pérdidas por valor de dos millones de dólares cada veinticuatro horas. Todavía seguimos con la sandez de las “empresas estatales” sin percibir que no  se puede jugar al empresario ya que no se trata de un simulacro o un pasatiempo. En rigor, la empresa requiere poner en riesgo recursos propios. Los incentivos en uno y otro caso son de naturaleza completamente distinta. Como se ha puntualizado, la forma en que se toma café y se prenden las luces son distintas en uno y otro caso. Los cuadros de resultados guían permanentemente la asignación de los siempre escasos recursos, proceso incompatible con los ámbitos de la politización.</p>
<p><strong>La constitución misma de una empresa estatal significa derroche de capital puesto que de no mediar la coacción, el usuario hubiera destinado de otro modo el fruto de su trabajo</strong> (y si lo hubiera destinado en la misma dirección resulta superflua la intromisión estatal). Incluso si la “empresa estatal” arrojara ganancias -que no es el caso- habría que preguntarse si las tarifas no están demasiado altas. El único modo de conocer como debe operarse es en el mercado abierto y competitivo. Desde luego que esto no significa que se otorguen privilegios ni concesiones, como queda dicho se trata de asignar derechos de propiedad. Si el área en cuestión es estratégica o de seguridad mayor es la razón para que funcione bien y, por tanto, más razón que el emprendimiento no se encuentre en manos de la burocracia. En última instancia,  el término “eficiencia” en la asignación de recursos solo tiene sentido cuando la respectiva colocación se lleva a cabo libre y voluntariamente. Carece de sentido desde la perspectiva de quien le roban la billetera que el ladrón alegue que asignará los fondos “eficientemente” en tareas comunitarias. Por eso resulta tragicómico cuando los candidatos machacan que no hay que reducir el gasto público sino “hacerlo más eficiente”.</p>
<p>Un último ejemplo es el de los<strong> subsidios</strong>, en general los candidatos se resisten a considerarlos como si los integrantes del gobierno fueran los que los financian de su propio peculio, cuando en verdad cada vez que se anuncia que el aparato estatal entregará tal o cual suma de dinero o dispondrá de plazos más largos y tasas de interés menores a las de mercado,  son los vecinos los que se están haciendo cargo. No hay magias posibles. Se torna insoportable considerar a la sociedad como un inmenso círculo en el que cada uno tiene las manos metidas en los bolsillos del prójimo. Resulta llamativo que muchos de los candidatos suscriben las medidas “redistributivas” del actual elenco gobernante solo que dicen que “hay que llevarlas a cabo sin corrupción”, es decir, el antedicho modelo del manotazo al fruto del trabajo ajeno pero “sin corrupción”. Sin duda que este comentario no es para subestimar la inmoralidad de la corrupción pero un sistema autoritario sin corrupción no hace a la gente más libre ni próspera. Además, “redistribuir” significa que el gobierno vuelve a hacer por la fuerza lo que ya distribuyó en paz la gente en el supermercado y afines.</p>
<p>Incluso el presidenciable del partido que se siente visto como apartado del populismo (aunque en su gestión haya incrementado en términos reales el gasto, la deuda y los impuestos), ahora unido con otras dos fuerzas partidarias también comandadas por dos personas decentes, declaró que <strong> “reivindico el cien por cien de las banderas peronistas”</strong> y su principal asesor de imagen sostiene que ese partido “es el único partido de izquierda que hay en la Argentina”, que él sabe de eso porque “siempre fui un tipo de izquierda” y que el peronismo le parece “genial”. Las antedichas declaraciones tal vez expliquen que la juventud de ese partido haya fabricado remeras con el rostro del referido presidenciable con el gorro del Che Guevara. Estos comentarios van en parte para que en el exterior se comprenda y calibre en algo nuestros problemas políticos en relación al partido a veces estimado por personas consideradas sensatas como “el menos malo” de las ofertas existentes.</p>
<p>Los opositores mantienen que si acceden al poder habrá justicia pero si ésta significa “dar a cada uno lo suyo” según la definición clásica, no resultará posible lograr el cometido por las razones antes expuestas en cuanto a la subestimación y ataque a la propiedad privada. <strong>Lo único que tal vez resulte posible en un nuevo gobierno es evitar que se esté asesinando en la calle como ocurre permanentemente en la actualidad.</strong> También, conjeturo que al mostrar el nuevo gobierno mejores modales con el resto del mundo, es posible que entren capitales que contribuyan a mejorar la situación, aunque si no se toman medidas de fondo, a poco andar, luego del exitismo inicial con el cambio de gobierno (que ya hemos vivido en otras oportunidades), luego de este entusiasmo inicial decimos se caerá nuevamente en los consabidos pozos de desilusiones que nos han acompañado luego de los  primeros tramos de una nueva gestión.</p>
<p>Como hemos puntualizado al comienzo, <strong>el asunto fundamental consiste en la educación</strong>. Mientras este aspecto no sea considerado debidamente, no existirán discursos razonables de políticos que se dirijan a una audiencia que comprende y acepte valores como los alberdianos. Y no se diga que esta es una faena de largo plazo porque es lo que se ha venido repitiendo desde hace más de siete décadas. Cuanto antes se empiece más rápidos serán los resultados. Desde la vereda de enfrente a lo que venimos diciendo,<strong> cito por enésima vez a Antonio Gramsci quien ha escrito: “Tomen la cultura y la educación y el resto se dará por añadidura”.</strong></p>
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