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	<title>Alberto Medina Méndez &#187; inflación</title>
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		<title>Acorralados</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Dec 2014 10:30:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Medina Méndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[candidatos]]></category>
		<category><![CDATA[empleo]]></category>
		<category><![CDATA[inflación]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Casi sin querer, la política fue girando progresivamente, fue mutando lentamente, y por esas vueltas que plantea lo electoral, casi todos los candidatos deberán responder a la agenda que propone la sociedad. </strong></p>
<p>La inseguridad, la inflación y el empleo, lideran las preocupaciones de la gente. Más allá del autismo de la cúpula gobernante, que ha optado por negar la realidad, minimizar indicadores y construir un relato que tiene cada vez menos adeptos, lo cierto es que todo se hace demasiado evidente y ya son pocos los que se animan a desmentir lo que está a la vista.</p>
<p>Frente al inminente proceso electoral, los postulantes buscan diferentes formas de aproximarse de un modo elegante a esa lista de asuntos que la comunidad plantea como la de los grandes desafíos por enfrentar.</p>
<p><strong>Los más opositores, desde la comodidad que implica esa posición, critican a mansalva a los que gobiernan por su inacción, por sus persistentes medidas inadecuadas y hasta por sus torpezas indisimulables. <span id="more-172"></span></strong></p>
<p>Desde el oficialismo eligen un sendero claramente más zigzagueante, mucho menos lineal, pero no por ello menos encaminado hacia idéntico norte. Eso implica, muchas veces, <strong>mentir lo suficiente como para no desdecir demasiado al esforzado relato</strong>. Pero es tarde, ya todos saben que es imprescindible apelar a ese discurso para no quedar fuera del juego.</p>
<p><strong>En algún punto, la gente ha logrado instalar la nómina de temas a discutir.</strong> Las preocupaciones de todos ya están en el centro de la escena, y aunque no les guste demasiado, los dirigentes políticos son conscientes de que deberán decir algo al respecto y hasta tendrán que proponer estrategias para resolverlos, proponiendo algunas ideas puntuales que sean atractivas electoralmente y puedan percibirse como operativamente viables.</p>
<p>Tal vez por azar, probablemente con algún mérito de los ciudadanos y hasta parcialmente gracias a algunos periodistas y medios de comunicación, lo concreto es que la política ha quedado virtualmente acorralada. Tendrá que ocuparse irremediablemente de estos asuntos, al menos desde lo retórico.</p>
<p>Todos saben que se recorre un camino casi inexorable. Que lo que hoy transcurre tiene fecha de vencimiento y que el actual estilo imperante se modificará muy pronto, aunque sea parcialmente.</p>
<p><strong>No solo está agotado un gobierno y un modelo, sino fundamentalmente una forma de hacer y decir.</strong> La sociedad ya ha puesto un punto final. Y el síntoma más evidente que confirma esta visión es el que aporta el mismísimo partido gobernante que ni siquiera ha podido instalar un &#8220;delfín propio&#8221;, alguien desde el riñón del oficialismo, pese a sus numerosos intentos y variantes. Hoy no figura en la grilla alguien que garantice una posibilidad de continuidad de modos, formas y mucho menos de contenido.</p>
<p>Ya han perdido la batalla más importante. El futuro no será una extensión del presente, sino en todo caso un nuevo rumbo de mayor o menor magnitud según los matices que los comicios expresen.</p>
<p>Esa situación de encerrona circunstancial que enfrenta la política contemporánea, casual y no planificada, es una gran oportunidad pero no constituye, de ningún modo, una certeza de cara al porvenir.</p>
<p>La sociedad toda está invitada a decidir acerca de lo que viene. Puede aprovechar esta ocasión que se le presenta apretando el acelerador y haciendo que esa coyuntura le resulte funcional, o bien puede dejar pasar, como tantas otras veces, esta magnífica chance sin pena ni gloria.</p>
<p>Se ha llegado hasta aquí cometiendo errores, seleccionando mal, optando por alternativas que no fueron las mejores y que hicieron que se desperdiciaran años de viento a favor, dilapidando una ocasión que difícilmente se repita con tantas características favorables.</p>
<p>Pero si no se actúa en consecuencia, con inteligencia y empujando a la clase política a responder a las demandas explicitadas, podría repetirse el error, y hasta profundizar la pésima situación en esos asuntos ya que la pasividad o las decisiones desacertadas no mejorarían en nada la actualidad.</p>
<p><strong>Falta poco para que empiecen las campañas políticas. La sociedad no puede relajarse demasiado y mucho menos distraerse. Pero debe asumir que lo que suceda de aquí en adelante depende, en buena medida, de su accionar.</strong></p>
<p>Si apura el trámite, si se ocupa de que los temas no desaparezcan de la agenda que tanto costo construir e instalar, existe una chance concreta de ganar la pulseada, para que la política haga su parte y pueda dar el primer paso en la discusión previa, en el debate mediático y hasta tenga que comprometerse a aportar soluciones en estos temas que tanto preocupan.</p>
<p>La paridad en las encuestas, ayudan y mucho. La necesidad de ganar, o de al menos calificar para una segunda vuelta, obligará a los candidatos a tratar de establecer diferencias que le den ese plus electoral. <strong>También será tarea de los ciudadanos asegurarse que cumplan sus promesas. Lo cierto es que hoy están acorralados y que ahora todo depende de la sociedad.</strong></p>
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		<title>Hacer lo difícil no les sale</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Feb 2014 10:20:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Medina Méndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[emisión monetaria]]></category>
		<category><![CDATA[escraches]]></category>
		<category><![CDATA[gasto estatal]]></category>
		<category><![CDATA[inflación]]></category>

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		<description><![CDATA[Negar la estrecha relación entre emisión monetaria e inflación ya no resulta razonable. Los dirigentes y los economistas lo saben cabalmente. Sin embargo, la política contemporánea prefiere brindar una infantil e incorrecta descripción del problema. Esto no es casualidad. El oficialismo no está dispuesto a dejar de emitir irresponsablemente porque ello implicaría reducir el gasto... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-medina-mendez/2014/02/09/hacer-lo-dificil-no-les-sale/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Negar la estrecha relación entre <strong>emisión monetaria e inflación</strong> ya no resulta razonable. Los dirigentes y los economistas lo saben cabalmente. Sin embargo, la política contemporánea prefiere brindar una infantil e incorrecta descripción del problema.</p>
<p>Esto no es casualidad. El oficialismo no está dispuesto a dejar de emitir irresponsablemente porque ello <strong>implicaría reducir el gasto estatal</strong> con todo lo que conlleva esa determinación. Los políticos no desean hablar de ajuste. Temen por las <strong>consecuencias electorales</strong> que se derivan de ese término. Después de todo, son ellos los que se han ocupado con perseverancia de engordar el aparato estatal durante años. Desarmar ese engendro significaría, para su concepción de la política, una absoluta calamidad.</p>
<p>Su estrategia es buscar responsables fuera de su entorno, culpando a los especuladores, comerciantes y empresarios, formadores de precios, para luego fabricar la ficción de una verosímil conspiración que pretende sacarlos del poder. Sus intelectuales y técnicos se ocupan de darle contenido a la gran mentira, manoseando números, aportando rebuscados razonamientos y manipulando hechos aislados que hagan posible su interpretación.</p>
<p><span id="more-136"></span></p>
<p>Instigan a la ciudadanía para que ataque a los supuestos culpables, con<strong> escraches y campañas de hostigamiento</strong> que erosionen el prestigio de las empresas hasta el punto de personalizar el embate señalando a los enemigos públicos como si fueran los verdaderos generadores de inflación. Ellos saben que no es cierto, lo que los convierte además en cínicos.</p>
<p>Si por un momento se aceptara su disparatada versión y la inflación fuera realmente engendrada por otros y no por la insensata emisión de moneda que ellos mismos instrumentan cotidianamente, cabría reclamarles entonces una decisión que resultaría tan simple como efectiva para resolver las dificultades del planeta. Si la emisión monetaria NO explica la inflación pues entonces podrían crear dinero ilimitado para todos, repartiendo millones entre los ciudadanos y así acabar definitivamente con la pobreza.</p>
<p>En ese <strong>mundo de ilusión,</strong> se podría dejar de trabajar y dedicar todo el tiempo al ocio, ya que el dinero fluiría mágicamente desde las arcas del Banco Central hacia las personas, sin esfuerzo alguno. Todos serían ricos. Pero en realidad no lo hacen porque la emisión genera inflación y ellos lo saben. Este lineal razonamiento refuta cualquiera de sus retorcidas teorías.</p>
<p>No es que ellos deseen convivir con la inflación. Es solo <strong>su daño colateral</strong>. En realidad <strong>no están preparados para dejar de emitir porque no conocen otra forma de hacer las cosas que gastar mucho,</strong> siempre con dinero ajeno. Les fascina repartir recursos. Es su especialidad. <strong>Hacer lo difícil no les sale,</strong> porque supone sacrificio, honestidad e inteligencia y tienen poco de eso.</p>
<p>Pero nada de esto se puede implementar sin la connivencia de otros actores. Por un lado, <strong>los opositores piensan demasiado parecido</strong>, por eso no proponen abiertamente la extinción de la herramienta emisora de dinero. Pero existe un cómplice necesario e imprescindible para que esto ocurra y es la expresa participación de una sociedad que se presta a este juego sin darse cuenta que es la que siempre paga los platos rotos.</p>
<p>A algunos les resulta más fácil ignorar las verdaderas causas de los problemas que enfrentarlas. Evadirse de la realidad es un mecanismo habitual, más aun cuando comprender el fondo de la cuestión implica <strong>admitir responsabilidades</strong> propias. No es fácil abandonar el aparente confort del presente para dedicarse a una nueva construcción más sensata, que requiere de un trabajo lento y sacrificado que incluye elevados costos.</p>
<p>La clase política conoce esta dinámica al detalle y con gran hipocresía la aprovecha. Lo hace a sabiendas, asumiendo que es el <strong>único modo que conoce de hacer política</strong>, llegar al poder y disfrutarlo. Los políticos prefieren hacerse los distraídos. Lo que preocupa es que la gente sea funcional a la mentira y se deje engañar ya no por falta de explicaciones, sino porque el diagnóstico ofrecido importa hacerse cargo y obrar en consecuencia.</p>
<p>A estas alturas ya no es ignorancia sino solo el deseo de vivir una fantasía. <strong>Hasta que la sociedad no exija que el Estado deje de gastar mucho y mal,</strong> los gobiernos seguirán recurriendo al saqueo sistemático vía impuestos, quedándose con una parte del esfuerzo de los individuos, endeudándose y apelando a la máquina de fabricar dinero para cubrir sus despilfarros.</p>
<p>Es la sociedad la que debe salir de este círculo vicioso. Para eso será necesario ocuparse en serio de resolver las causas profundas exhortando a los políticos para que hagan lo necesario y así abandonar de una vez por todas, el capricho de embestir los síntomas.</p>
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		<title>El desatino como marca registrada</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Sep 2013 05:26:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Medina Méndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[crecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[década ganada]]></category>
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		<category><![CDATA[presupuesto nacional]]></category>

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		<description><![CDATA[El actual tratamiento parlamentario sobre el presupuesto nacional y las leyes complementarias que permiten su ampuloso despliegue, es solo otro ejemplo más de cómo la inconsistencia se ha instalado como el modo de ejercer la política y se asume con total naturalidad a un ritmo impensado. Tasas de crecimiento de la economía que nunca se... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-medina-mendez/2013/09/29/el-desatino-como-marca-registrada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El actual <strong>tratamiento parlamentario sobre el presupuesto nacional</strong> y las leyes complementarias que permiten su ampuloso despliegue, es solo otro ejemplo más de cómo la inconsistencia se ha instalado como el modo de ejercer la política y se asume con total naturalidad a un ritmo impensado.</p>
<p>Tasas de crecimiento de la economía que nunca se verifican, niveles de inflación que no se ajustan a la percepción ciudadana, cuestionados mundialmente por cuanta institución lo observe, un tipo de cambio que no tiene correlato con la realidad. En definitiva, <strong>una simulación</strong> que no debería ser admitida en un país que pretenda ser respetuoso de la verdad.</p>
<p>Indicadores falsos, proyecciones económicas que ya han demostrado reiteradamente su absoluta irrealidad, manipulación de cifras para que todo sea como necesita la política, supuestos que todos saben que no se cumplirán, adulteración intencional de números que no se corresponden con el presente, en fin, el embuste institucionalizado, que nace del poder ejecutivo, pero que cuenta con el aval sistemático del legislativo y un preocupante silencio por parte del judicial.</p>
<p>Todos terminan jugando el mismo partido. Uno y cada uno de los protagonistas resultan funcionales a ese resultado final, plagado de inconsistencias, contradicciones y evidentes distorsiones que configuran un <strong>verdadero embuste institucional</strong> hacia la ciudadanía.</p>
<p>La ley madre, esa que define el plan de gobierno porque determina las partidas, su dimensión, el origen y aplicación de los recursos, es sistemáticamente manoseada por la política contemporánea, escondiendo lo que prefiere, generando un <strong>deliberado espacio para la discrecionalidad</strong> y sosteniendo así una farsa que no resiste ningún análisis serio.</p>
<p>Todo esto, es solo una muestra más de lo que ha conseguido la política de este tiempo. Su desprestigio tiene una explicación irrefutable. No es, como algunos pretenden, responsabilidad de cierto anarquismo, ni de los intereses sectoriales de las corporaciones, la falsificación informativa del periodismo o los medios de comunicación, ni a los caprichos de la opinión pública siempre proclive a la crítica fácil.</p>
<p>La política se ha ocupado y mucho del tema. Han hecho y siguen haciendo lo indebido. Y esto no es ni novedoso, ni monopolio de oficialismo alguno. Unos y otros se han tomado la tarea de construir esta abrumadora sensación en la sociedad, con actitudes permanentes y sin gestos que muestren un cambio creíble.</p>
<p><strong>Los mismos que dicen que el país ha logrado su “década ganada”, terminan votando la extensión de la “emergencia económica”</strong> y la prórroga de impuestos que fueron instaurados en “otra década” como justificación para superar dificultades que, se supone, ya han sido superadas.</p>
<p>Los gobernantes, los que manejan la caja, engendran intencionalmente áreas presupuestarias que les permitan maniobrar con total libertad las partidas, reasignándolas sin consultar, consiguiendo que se le deleguen poderes especiales, expresamente prohibidos en la letra constitucional.</p>
<p>Todos saben cuando aprueban estas normas, que están otorgando potestades que concentran decisiones en un esquema centralizado que todos recitan rechazar pero que terminan apoyando sin reparos.</p>
<p>Los ciudadanos de hoy, ya no pretenden un buen gobierno. Hace tiempo que se conforman con mucho menos que eso. Piden solo migajas de sensatez, un poco de sentido común, algo de integridad personal.</p>
<p><strong>La política no recuperará su reputación de la noche a la mañana,</strong> y mucho menos por el mero voluntarismo discursivo de algunos grandilocuentes dirigentes que creen que a la gente se la puede seguir engañando con facilidad. En realidad, eso ya es parte de la historia. En todo caso la gente, sin profundos conocimientos, al menos intuitivamente, se sabe engañada, desconfía sistemáticamente de la acción política y de sus interlocutores y vaya si tiene elementos concretos que le den soporte a esas presunciones.</p>
<p>La responsabilidad de lo que ocurre en el presente no es exclusivo de un sector de la política.<strong> Cada dirigente aporta lo suyo a esta farsa,</strong> algunos respaldándola descaradamente y otros con una actitud timorata, extremadamente corporativa, defendiendo sus propios intereses y dejando la puerta abierta para que en el futuro los roles cambien y esas arbitrariedades pasen a formar parte de sus propios arsenales partidarios.</p>
<p>El presente asiste a una forma de hacer política que algunos defienden con orgullo por aquello de que el fin justifica los medios y otros sostienen con algo de vergüenza, pero sin mayores objeciones a la hora de su instrumentación cotidiana.</p>
<p>Por eso, la aspiración ciudadana de este tiempo no parece tan disparatada. Pretender que algunos políticos, tomen en sus manos la heroica responsabilidad de recuperar el sendero de la cordura, no implica pedir demasiado y hasta podría ser un objetivo cívico más que razonable.</p>
<p>Mientras tanto, se sigue asistiendo al patético espectáculo de escuchar hasta el cansancio discursos que defienden una forma de hacer las cosas, en las que la incoherencia y las contradicciones se constituyen en el sello distintivo. Todo se resume en el desatino como marca registrada.</p>
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