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	<title>Alejandro Gómez &#187; Argentina</title>
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		<title>Historiografía a la argentina</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Aug 2015 10:45:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Gómez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nuestro país es sorprendente por donde lo miremos. Desde casi todos los aspectos de análisis siempre encontramos alguna peculiaridad que, para bien o para mal, nos diferencia de otras sociedades. La historia nacional es uno de esos ámbitos que distintas generaciones de estudiosos y escritores han utilizado para dar forma a la idea de país... <a href="http://opinion.infobae.com/alejandro-gomez/2015/08/22/historiografia-a-la-argentina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Nuestro país es sorprendente por donde lo miremos. Desde casi todos los aspectos de análisis siempre encontramos alguna peculiaridad que, para bien o para mal, nos diferencia de otras sociedades. La historia nacional es uno de esos ámbitos que distintas generaciones de estudiosos y escritores han utilizado para dar forma a la idea de país que mejor definía sus aspiraciones ideológicas o políticas. Cierto es que la historia, como cualquier otro quehacer humano, está influenciada irremediablemente por una carga subjetiva de la que nadie se puede desprender.</p>
<p><b>Asistimos en la actualidad a una oleada de publicaciones históricas que refleja, a su vez, un creciente interés por parte del público en general por saber cómo ha sido nuestro pasado y cómo hemos llegado a ser lo que somos</b>. Lamentablemente, los escritores que más repercusión han tenido en este público son los que han encarado sus trabajos bajo el análisis de una historia conspirativa, que presenta a la sociedad argentina desde sus comienzos como víctima de una conspiración interminable en la que solo cambian los conspiradores, pero no las víctimas de esa conspiración.</p>
<p>Seguramente, el lunes salió más de un suplemento histórico en los distintos periódicos del país haciendo referenciar a otro aniversario de la muerte del padre de la patria y, especulo que muchos de ellos tuvieron un enfoque como el que señalara en los párrafos anteriores.<span id="more-85"></span></p>
<p>Por mi parte, entiendo a <b>José de San Martín como una de las paradojas argentinas, ya que, más allá de su persona y su obra, es interesante observar cómo su figura cobró trascendencia en el imaginario colectivo de los argentinos.</b></p>
<p>Al analizar el rótulo de padre de la patria, es importante detenerse a pensar en la época que le tocó vivir a San Martín. Nacido en 1778 en el recientemente creado Virreinato del Río de la Plata, desde muy pequeño parte hacia España con su familia. Allí lucharía contra las tropas napoleónicas a favor del rey. Recién en 1812 regresaría a Buenos Aires, donde comenzaría su carrera militar en las tierras que iniciaban su camino hacia la independencia. Estuvo en el actual territorio argentino hasta 1817, cuando partió en sus campañas libertadoras en Chile y Perú. Regresaría brevemente a mediados de 1823 para partir definitivamente hacia Europa a comienzos de 1824 (hubo un intento fallido de retorno en 1828, pero no llegó a desembarcar en Buenos Aires). Fueron sin duda estos años un período de transición entre lo que se llamó el antiguo régimen<i> </i>(entiéndase por esto los Gobiernos monárquicos y sus colonias) y la modernidad<i> </i>(que implica la irrupción de las formas republicanas de gobierno).</p>
<p>No es objeto de este trabajo cuestionar la actividad de San Martín ni plantear qué intereses lo motivaron a actuar de la forma en que lo hizo. Lo que <b>me parece paradójico es que un país llame “padre de la patria” a una persona que solo vivió poco más de cinco años de su vida adulta en el actual territorio nacional</b>. Quizás fuera precisamente esto lo que le permitió mantenerse ajeno a las disputas políticas e historiográficas que tendrían lugar con el transcurrir de las décadas. No haberse tentado con los ofrecimientos políticos de turno y su pronta partida a Europa le permitieron mantener su nombre inmaculado ante los ojos de la historia. Aunque, a mi entender, tanto respeto y tanta admiración lo llevaron a convertirse (muy probablemente a su propio pesar) en un ser semidivino.</p>
<p>Esto, a su vez, hizo que no pocos argentinos dudaran de la existencia real de tal figura. Si hasta resulta incómodo hacer referencia a aspectos de su vida que no son del todo claros. No faltará quien salga a responder rápidamente a tales planteos como si se tratara de una cuestión de fe. Esta tendencia al juego de todo-nada que tenemos los argentinos nos hace pensar en seres totalmente buenos o totalmente malos, y así ha sido escrita la historia durante muchos años y parece ser que es la forma más difundida (y rentable económicamente) en la actualidad.</p>
<p>La interpretación histórica pone al sujeto de estudio en su contexto y sus circunstancias particulares para poder indagar cuáles fueron los motivos que lo impulsaron a actuar de tal o cual forma. <b>Una de las tareas del historiador es la de luchar contra la tentación (en la que muchos caen por ignorancia, conveniencia o intereses particulares o corporativos) de analizar al personaje histórico con parámetros morales, políticos o ideológicos del presente</b>. Siempre es más fácil (y marketinero) esto último que realizar la verdadera labor que implica el estudio historiográfico serio.</p>
<p>Sería algo positivo que cada 17 de agosto se recuerde al prócer como se debe, ya que (por otra de las paradojas argentinas) el día de la conmemoración suele pasar totalmente inadvertido, porque la fecha se corre a los “lunes turísticos”, con lo cual finalmente ni se lo recuerda el día original ni se lo hace en la fecha sustituta, aunque esta vez la casualidad haya hecho que la fecha caiga en lunes. Vaya, pues, desde esta columna un respetuoso recuerdo para una persona que con sacrificio contribuyó en gran parte al surgimiento de la patria. Cualesquiera hayan sido los motivos de su accionar, no quedan dudas de su nobleza de espíritu, su honradez y su coherencia de acción.</p>
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		<title>Un plan exitoso contra la inflación, en 1829</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Feb 2014 09:15:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Gómez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En estos días de turbulencia económica y depreciación del peso, les presento un caso ocurrido en Argentina hace casi 200 años. ¿Ha cambiado algo en todo este tiempo o estamos condenados a vivir las mismas situaciones una y otra vez? Al finalizar la guerra contra Brasil a mediados de 1828, la situación económica de las... <a href="http://opinion.infobae.com/alejandro-gomez/2014/02/02/un-plan-exitoso-contra-la-inflacion-en-1829/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En estos días de<strong> turbulencia económica y depreciación del peso</strong>, les presento un caso ocurrido en <strong>Argentina</strong> hace casi 200 años. ¿Ha cambiado algo en todo este tiempo o estamos condenados a vivir las mismas situaciones una y otra vez?</p>
<p>Al finalizar la guerra contra <strong>Brasil</strong> a mediados de 1828, la situación económica de las <strong>Provincias Unidas del Río de la Plata</strong> era más que crítica. Los bloqueos al puerto de <strong>Buenos Aires</strong> y la aduana, implementados por las fuerzas brasileñas, habían cortado la mayor fuente de ingresos del gobierno nacional en manos de<strong> Bernardino Rivadavia</strong> hasta mediados de 1827, cuando el poder volvería a manos de cada provincia al rechazarse la Constitución de 1826. Al no contar con recursos genuinos, el gobierno nacional primero y el de la provincia de Buenos Aires después, decidieron proveerse de recursos por medio de la emisión de billetes del <strong>Banco Nacional</strong> (entidad de capitales privados en aquellos años). Así las cosas, “la deuda de la provincia al Banco Nacional aumentó de $11 a $18.000.000 y el importe de papel moneda en circulación de $9.495.143 el 31 de enero de 1828, a $15.289.076 en octubre del mismo año” (Miron Burgin, <em>Aspectos Económicos del Federalismo Argentino</em>, p. 213). A todo esto había que sumarle la gran inestabilidad política que se vivía en la provincia debido al asesinato del gobernador <strong>Manuel Dorrego</strong> a manos de <strong>Juan Lavalle</strong>, lo cual hizo que en agosto de 1829 asumiera como gobernador interino <strong>Juan José Viamonte.</strong></p>
<p>El nuevo gobernador percibió rápidamente que había que recomponer la situación económica pero no quería tomar decisiones efectistas de corto plazo. En su opinión el principal problema era la “inflación que socavaba el crédito público y hacía ilusorios todos los esfuerzos que se realizaban para equilibrar el presupuesto”; en consecuencia, “la estabilización de la moneda era una condición fundamental para la recuperación” (Burgin, p. 214). Es por este motivo que decidió promover un <strong>plan para revalorizar la moneda</strong> ya que la alternativa de aumentar los impuestos no sería viable porque esto tendría un impacto doblemente negativo, por un lado frenaría el crecimiento económico, y por el otro, aún recaudándose más, el gobierno estaría recibiendo una moneda con cada vez más devaluada. Es por ello que Viamonte optó por implementar un plan para volver a valorizar la moneda, lo cual a su vez le devolvería poder adquisitivo a los tenedores del billetes del Banco Nacional. Es interesante apreciar que entre 1828 y 1834 se dieron una serie de debates en la Legislatura Provincial que tenían por eje el tema del valor de la moneda, ya que muchos consideraban <strong>una estafa al público permitir la depreciación de la moneda</strong> porque eso violada la propiedad privada de las personas que recibían esos billetes como pago por sus servicios.</p>
<p><span id="more-9"></span>Para tener una idea de la magnitud de la depreciación de la moneda en aquellos años hay que tener en cuenta que en enero de 1826 la onza de oro cotizaba a $17, en enero de 1827 estaba en $51, en enero de 1828 la paridad era de $70, en enero de 1829 bajó a $63, pero luego, en la primera gobernación de <strong>Juan Manuel de Rosas</strong>, en enero de 1830 el precio de la onza de oro pasa $104, llegando a $134 en abril de ese mismo año. (Burgin, p. 104)</p>
<p><strong>El Plan de Viamonte</strong> consistía básicamente en retirar billetes de circulación para que al haber menor oferta de los mismos su valor con respecto al oro se fuera apreciando paulatinamente. Para ello propuso la creación de una <strong>Caja de Amortización de Billetes de Banco</strong> a la cual se destinarían los billetes recaudados por impuestos especiales (al ganado, importaciones, sellados y patentes, entre otros) que luego serían quemados públicamente todos los meses, quedando expresamente prohibido utilizar ese dinero para cualquier otro fin. Un mecanismo muy sencillo y efectivo a la vez. Tan efectivo fue el plan que, como veremos, terminó siendo víctima de su propio éxito. La Caja de Amortización comenzó a funcionar el 16 de noviembre de 1829 (Viamonte fue gobernador interino hasta el 6 de diciembre de ese año cuando fue reemplazado por Juan Manuel de Rosas quien ejerció su primera gobernación desde esa fecha hasta diciembre de 1832) y en los primeros dos meses sacó de circulación $131.460, aunque a partir de enero de 1830 dejó de quemar los billetes, aún cuando si continuó recaudando billetes hasta finales de 1832, llegando a reunir casi $4.000.000.</p>
<p>De haberse quemado todos los billetes de la Caja de Amortización del plan de Viamonte se hubiera retirado casi el 25% de los billetes en circulación, lográndose una considerable apreciación de los mismos. ¿Por qué no se continuó con el plan en todos sus puntos, manteniéndose solamente la parte recaudatoria del mismo? Podemos mencionar dos razones principales: primero,<strong> el gobernador Rosas no estaba de acuerdo con la política de Viamonte</strong>, ya que Rosas representaba los intereses de los ganaderos que cobraban en oro sus exportaciones mientras que pagaban los insumos locales en pesos devaluados; por otro lado, la Tesorería de la provincia estaba casi agotada y vio en los fondos de la Caja de Amortización una fuente de financiamiento inmediata, de modo que esos casi $4.000. 000 se utilizaron para solventar los gastos corrientes del gobierno aumentando la oferta monetaria y la depreciación del peso con respecto al oro.</p>
<p>Como vemos en este caso <strong>el abuso de la emisión monetaria para solventar el gasto público no es algo nuevo en la historia nacional</strong>; ya desde el inicio de la década de 1820 cuando se crea el <strong>Banco de Buenos Aires</strong> con capitales privados y autorización de emitir billetes convertibles en oro, el gobierno de turno abusó de su influencia para pedir préstamos que nunca devolvería, obligando al banco a emitir sin respaldo en metálico lo que provocó la depreciación de la moneda (un mal que nos “perseguirá” por casi 200 años). El ejemplo del Plan de Viamonte también nos muestra que no hay misterio en cuanto a la resolución del problema de la depreciación de los billetes (antes contra el oro hoy contra el dólar) que se debe a una simple relación de oferta y demanda. Tan sencillo es el tema y tan sencilla, aunque no por eso menos costosa, la solución. <strong>Mayor oferta monetaria, mayor inflación, menor oferta monetaria, menor inflación. Así de claro lo vio Juan José Viamonte</strong> en 1829 y por ello implementó un sistema para retirar un porcentaje de la excesiva emisión en la que se había caído durante la segunda mitad de la década de 1820. ¿Es posible implementar un plan similar en estos momentos?</p>
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