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	<title>Carlos Mira &#187; Alfonso Prat Gay</title>
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		<title>El otro costado de lo que dijo Prat-Gay</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2016 10:23:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonso Prat Gay]]></category>
		<category><![CDATA[inversión de capital]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Más allá de las consideraciones que tienen que ver con el necesario “arqueo de caja” que el ministerio de Hacienda le debía a toda la sociedad en cuanto al verdadero estado financiero de la Nación al momento de la transmisión del mando, la última conferencia de prensa de Alfonso Prat Gay reveló una especie de patrón de comportamiento presupuestario del nuevo gobierno.</p>
<p>El ministro dijo que, por indicación del Presidente, los dos pilares fundamentales para decidir la dirección del gasto, debían ser las coberturas sociales a los más necesitados y la inversión de capital.</p>
<p>Esta última referencia debe ser inédita en democracia. En efecto, debe ser la primera vez que un ministro de Hacienda tiene la expresa directiva de reservar parte de los recursos a la inversión en capital.</p>
<p>Eso significa que se privilegiará la recuperación del “capital de trabajo” de la Argentina que ha sido completamente diezmado. Como si el país fuera una empresa -mal que le pese a los puristas del romanticismo- el país necesita recuperar la savia que nutre los procesos productivos y la competitividad de la economía. Y esa savia es, en efecto, la inversión de capital.<span id="more-1244"></span>Es más, el ministro hizo una serie de análisis que los economistas llaman “ceteris paribus” (frase que deriva del latín y quiere decir “mientras el resto permanezca igual”) que obviamente no es lo que luego ocurre en la vida.</p>
<p>El propio Prat Gay advirtió esta circunstancia justamente para entregar un aspecto aún más optimista de su análisis en el sentido de que no puede saberse cuán positivamente reaccionará la economía cuando se le comiencen a sacar de encima todas las trabas, regulaciones, impedimentos, prohibiciones y controles con los que el kirchnerismo sembró a la Argentina durante doce años.</p>
<p>La situación remite a la genial frase de Alfio Basile cuando en alguna oportunidad se le criticó cómo había “parado” el equipo. Ocurrente y rápido como pocos, “el Coco” respondió: “yo lo paré bien, lo que pasa es que, cuando el partido empieza, los jugadores se mueven…”</p>
<p>En la economía sucede algo parecido. Los análisis y proyecciones se hacen sobre una situación teórica que necesariamente implica un estado “ceteris paribus” de todas las otras variables que, necesariamente, empiezan a moverse “cuando empieza el partido”.</p>
<p><strong>Una vez que millones de cerebros son liberados de ataduras estúpidas, nadie puede anticipar qué cosas crearán, qué mecanismos imaginarán para empezar a hacer más fácil lo difícil y más barato lo más caro.</strong> Todo eso tiene una repercusión inmediata en el giro económico imposible de medir “ceteris paribus”.</p>
<p>Esa liberación en conjunción con la inversión de capital es la noticia más importante que contuvo la aparición del ministro ayer. Sus propias metas, por ejemplo de inflación, podrían mejorar si las variables estáticas que él necesariamente debe tomar hoy para hacer una proyección, comienzan a moverse positivamente de un modo más que proporcional. Sería lo mismo que el comentario previo de un partido, en donde necesariamente el comentarista debe sacar conclusiones previas sobre el dibujo de un equipo “parado”.  Pero nadie sabe si, cuando ese equipo empiece a moverse, se sucederán una serie de factores multiplicadores que modificarán positivamente el análisis.</p>
<p>Del mismo modo sucede con la inversión de capital. Sin ese lubricante ninguna compañía puede funcionar; y un país tampoco. Que Prat Gay haya anunciado ayer que ese será uno de los pilares de las decisiones presupuestarias, también introduce un elemento inasible en el impacto final sobre el producto.</p>
<p>En efecto, nadie sabe a ciencia cierta cómo impactará en la mente de un inversor saber que la infraestructura, por ejemplo, recibirá una inyección de capital de tal o cual magnitud.</p>
<p>Hasta ahora habíamos tenido recursos cuya utilización era decidida por criterios más o menos demagógicos pero que estaban reñidos con la lógica económica. Y eso vale incluso para decisiones de inversión en aparente capital. Un ejemplo de ello lo constituyen, sin ir más lejos, las represas Kirchner y Cepernic en Santa Cruz.</p>
<p><strong>Rodeadas de la apariencia de una inversión de capital, dichas obras respondían a oscuros contratos con China, con empresas misteriosamente relacionadas con el anterior gobierno</strong>, con la épica política y con beneficiar sospechosamente al socio de la presidente Lázaro Báez, que había comprado esas tierras por chauchas y que recibiría una indemnización millonaria cuando esos terrenos se inunden.</p>
<p>A veces puede resultar muy lírico intentar manejar el país con los patrones de la poesía, pero lo que finalmente termina entregándole un buen nivel de vida a todos -incluso a los amantes de la poesía- son las decisiones de dura política económica que deben regirse, no por el florido lenguaje de la demagogia, sino por la certera influencia de los números.</p>
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		<title>La celebración de un fracaso</title>
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		<pubDate>Fri, 16 May 2014 10:13:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonso Prat Gay]]></category>
		<category><![CDATA[Asignación Universal por Hijo]]></category>
		<category><![CDATA[Clientelismo]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Kirchner]]></category>
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		<category><![CDATA[Jubilación]]></category>
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		<description><![CDATA[En el pasado día miércoles y con ánimo festivo, la presidente anunció el aumento de la Asignación Universal por Hijo a $644, un 40% respecto de la percepción anterior de $ 460. Se trata de la admisión pública de un fracaso económico estridente. En primer lugar, la asignación debería ser por definición un programa  de... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2014/05/16/la-celebracion-de-un-fracaso/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el pasado día miércoles y con ánimo festivo, la presidente anunció el aumento de la Asignación Universal por Hijo a $644, un 40% respecto de la percepción anterior de $ 460.</p>
<p><strong>Se trata de la admisión pública de un fracaso económico estridente.</strong> En primer lugar, la asignación debería ser por definición un programa  de emergencia asistencial  muy reducido, casi periférico, para una franja muy excepcional de la población. Contrariamente a eso, son cada vez más las personas que cobran ese plan y muchas las que casi dependen clientelarmente de él.</p>
<p>Que un país cuyo gobierno se ha estado vanagloriando de haber provocado un nivel de actividad económica que ha producido un crecimiento “chino” de su economía deba seguir asistiendo a millones de personas con una limosna impresentable de $ 650, es la admisión lisa y llana de que lo que ha ocurrido aquí es la venta de una enorme escenografía, una puesta en escena que tiene cada vez menos espacio para seguir convenciendo.</p>
<p><strong>Otro de los reconocimientos tácitos que el anuncio implica es, obviamente, la tasa de inflación.</strong> El ajuste admite la pérdida del valor adquisitivo de la moneda local y la enorme devaluación de su capacidad de compra. Es más, considerando el rubro alimentos, la asignación anunciada ayer está por debajo de los movimientos de precios que en ese rubro se han producido desde junio del año pasado hasta ahora y también desde el año 2009, momento en que el plan fuera anunciado por el gobierno, tomándolo del proyecto de los diputados Prat Gay y Carrió.</p>
<p><strong>Del anuncio de la Sra. de Kirchner también se desprende que todos los que reclaman un aumento del mínimo no imponible de ganancias deberían ir despidiéndose de esa aspiración.</strong> La presidente fue clara al decir que estos planes se financian con los ingresos de IVA y Ganancias y que cualquier retoque hacia la baja en esos impuestos haría imposible la continuidad del beneficio.</p>
<p>Esa confesión también revela que son los trabajadores con un sueldo en blanco los que pagan esta enorme transferencia de recursos. En efecto, hay más o menos un millón y medio de empleados en relación de dependencia a quienes se les aplica el impuesto a las ganancias para financiar, entre otras cosas,  la asignación universal.</p>
<p>Se trata de una manera cómoda y segura de proveerse los recursos para mantener esta situación clientelar. Resulta obvio que esta no es la manera ideal de vivir, ni el cuadro ideal de una sociedad. Con el flujo de recursos que circularon por el país en estos últimos 10 años deberían haber creado las condiciones económicas como para que el país genere una actividad genuina que emplee gente de modo auténtico en actividades concretas y verdaderas que multipliquen el producto real de modo de no estar hablando hoy de cifras infladas sino de estadísticas tocables y contables.</p>
<p><strong>Es más, lo que la presidente definió como un “aumento del 40%” no es tal porque a esos números debería descontársele la inflación del período, ejercicio que, si se hace, arrojaría, como vimos, un resultado negativo en materia de poder de compra sobre la canasta básica de alimentos.</strong> “Aumento” habría sido si la inflación del período hubiera sido del 3%. En ese caso el “aumento” hubiese alcanzado al 37% neto.  Pero lo de ayer fue un nuevo acto de realismo mágico, solo explicable si se admite estar especulando con el bajo nivel de comprensión económica de vastos sectores sociales.</p>
<p>Ese es, también, un cinismo bajo y lastimoso: aprovecharse de que mucha gente no domina estos tecnicismos para hacer aparecer lo que se dice como una mejora manifiesta y encima como una concesión graciosa y bondadosa del Príncipe, ya entra en un terreno en donde el juzgamiento no debería  ser económico sino moral.</p>
<p>Esta presentación de los hechos confirma un estilo y una táctica. Lo que en realidad es la prueba de un fracaso económico, se presenta como un beneficio redistributivo fruto de la convicción revolucionaria de sacarle a los que más tienen para darle a los que menos tienen. Ya vimos cómo, en realidad, se les saca parte de su ingreso a los que tampoco tienen mucho y, también, cómo los que reciben, reciben algo que no es lo ideal, ya que una economía organizada y productiva (que además por obra de la Naturaleza y de las condiciones internacionales y a pesar de las políticas oficiales, generó fortunas en los últimos 1diezaños) lo que debería haber entregado son buenos salarios, producto de la generación de trabajo real.</p>
<p>Quizás lo que nos viene ocurriendo -y que fuera ratificado anoche- es un enorme pacto tácito entre un gobierno que prefiere la demagogia y una sociedad que prefiere los planes. <strong>Lo ideal, obviamente, sería un gobierno que prefiriera la inversión y una sociedad que prefiriera el trabajo.</strong> Pero por algún sortilegio del destino, parecen haberse combinado en la Argentina dos conveniencias que se retroalimentan y se benefician mutuamente: un gobierno que regala dinero en lugar de generar las condiciones para que haya trabajo, y una sociedad (para ser sinceros una parte de ella) que prefiere la dádiva y el “rebusque” al trabajo formal.</p>
<p>Más de una vez dijimos que el socialismo está doctorado en escasez. Lo común en él es la limosna, la insuficiencia, el racionamiento, la pobreza; la igualdad ante la falta. El kirchnerismo ha puesto en ejecución esas ideas. Hoy el 80% de los jubilados cobra la mínima, una miseria de $ 2700. Cada vez más argentinos cobran la “asignación”, ahora de $ 644. Las cifras dan vergüenza. Son un cachetazo a la grandeza argentina. Pero lo más preocupante es la celebración; el ambiente festivo del que se rodean estos anuncios. Cuando la mera existencia de una “asignación por hijo” debiera ser una afrenta para un país moderno y afluente, aquí es una fiesta que exista y que “aumente”, aun cuando el “aumento” sea otro engaño.</p>
<p>Algo muy profundo anda muy mal en la Argentina para que tomemos como “normal” lo “anormal” y como “bueno” lo “malo”. Se trata de un retorcimiento tan grande del sentido común promedio de la sociedad que si Gramsci viviera no podría creer que el país que primero tradujo su obra en el mundo hubiera llegado tan lejos en su aplicación.</p>
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