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	<title>Carlos Mira &#187; AUH</title>
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		<title>Explosiones de cinismo</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Aug 2014 09:44:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La Presidente tiene <strong>una enorme facilidad para decir en público todo lo contrario de lo que hace</strong>. Ayer en Santiago del Estero presentó la idea de “empezar a pensar” el traslado de la Capital al interior del país -ella dijo, “¿por qué no Santiago del Estero, madre de ciudades?”- y en ese acto, sin perder ocasión para darle un palo a alguien, aprovechó para decir que estas ideas de avanzada había que llevarlas adelante más allá de lo que dijeran las encuestas.</p>
<p>“Estoy segura que mañana ya van a aparecer las encuestas diciendo que esto es impracticable, pero <strong>los líderes deben llevar adelante las ideas que benefician al país más allá de lo que dicen las encuestas…</strong> Estoy segura de que si San Martín hubiera sometido a una encuesta el cruce de los Andes le habría dado negativo..”</p>
<p>Más allá de que la referencia pendenciera era completamente inútil porque nadie la había atacado, el concepto, cuando se lo contrasta con las realidades con las que el gobierno se mueve, es completamente falso.</p>
<p><strong>Si hay un gobierno que en decisiones fundamentales se ha guiado por las encuestas, ese gobierno es el de los Kirchner</strong>. Recuerden lo que los documentos prueban de su postura respecto de los derechos humanos. No existe un solo registro que pruebe la preocupación de Néstor o Cristina por el tema, mientras transcurrían los años de plomo en la Argentina e incluso luego, en democracia, cuando ya Alfonsín había puesto el drama sobre la mesa.</p>
<p>Fueron las encuestas las que torcieron aquel protagonismo y lanzaron al matrimonio a hacerse pasar por los adalides de esa la lucha.</p>
<p>Del mismo modo ocurrió con el proyecto de ley de matrimonio igualitario. La Sra de de Kirchner tenía una postura fuertemente contraria a su implementación. Lo mismo que su esposo. <strong>Fue Vilma Ibarra quien, desde Nuevo Encuentro, había presentado la idea y a quien le habían sugerido sutilmente que la abandonara</strong>. La diputada no se amilanó y presentó el proyecto. A partir de su conocimiento comenzaron a conocerse encuestas que le daban un amplio apoyo. Los Kirchner cambiaron en el acto, a tal punto que <strong>ese voto fue el único que emitió Néstor mientras fue diputado</strong>. La presidente tuiteó: “Sin Kirchner no habría matrimonio igualitario”.</p>
<p>Otro tanto sucedió con la AUH que, cuando era un proyecto de la diputada Carrió, recibía las <strong>críticas de la Presidente bajo el argumento de que se trataba de una iniciativa “asistencialista”</strong>. Bastó que las encuestas lo endosaran para que el gobierno girara sobre su propio eje y se apropiara de la idea.</p>
<p><strong>Qué decir del cambio copernicano frente al Papa Francisco</strong>. De la frialdad más absoluta de “estamos contentos porque hoy tenemos un Papa latinoamericano” a convertir a Bergoglio practicamente en su confesor personal.</p>
<p>Y, más recientemente, <strong>en la cuestión de los buitres, la Presidente se envalentonó cuando las encuestas</strong> que le llevaban a su escritorio demostraban que una porción mayoritaria de la sociedad convalidaba su postura combativa.</p>
<p>Sin embargo, ayer la Sra de Kirchner la emprendió contra las encuestas bajo el argumento de que “los grandes líderes” no se deben dejar llevar por ellas. En fin…</p>
<p>Pero yendo al fondo de la cuestión del traslado de la Capital, la idea ha sido fomentada por el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Dominguez que también ha lanzado su candidatura a Presidente.</p>
<p>Escuchar a Dominguez hoy profundizar sobre los fundamentos de su iniciativa <strong>le hace a uno preguntarse si nos están cargando</strong>, si en el gobierno existen cauces complemente contradictorios y sus protagonistas hacen como que no los ven para cuidar su puestito detrás de un liderazgo monolítico al que no se le animan, o si lo que prima es un cinismo excelso que hasta podríamos llamar “profesional”.</p>
<p>Preguntado el Presidente de los Diputados sobre las razones que lo llevaron a presentar la idea dijo que si uno estudiaba las principales inversiones de los últimos años y el flujo de negocios regional, llegaba a la conclusión de que era el norte del país donde todo ese movimiento se concentraba, por lo que era estratégico mudar el centro de las decisiones políticas más cerca de donde todo eso pasaba y que en particular Santiago del Estero reunía muchas de las condiciones que se precisaban para aprovechar esas ventajas. Una de ellas era la cercanía al Pacifico, al que definió como el “centro de los negocios y del comercio del mundo de hoy”. Dominguez también dijo que el país debía aprovechar esta ola y convertirse en una máquina de exportar para “salir a comerse la cancha…”</p>
<p>Uno se restrega los oídos y dice, ¿pero es verdad lo que estoy escuchando?, ¿qué está diciendo este señor? <strong>La razón de la incredulidad estriba en que todo el discurso ideológico del gobierno al que Dominguez pertenece es completamente contrario a esas ideas</strong>. Por empezar, la noción general de “mundo” es una idea aborrecida por el núcleo duro del cristinismo. La Presidente es la líder de una corriente aislacionista que persigue descolgar a la Argentina del mundo; “del flujo de intercambio”, en palabras del presidente de la Cámara de Diputados. El modelo que Kicillof y la Presidente representan odian los “flujos de intercambio”. Al contrario, promueven el encierro y el “vivir con lo nuestro”. ¿Desde cuando el ala que tiene la sartén por el mango en el gobierno promueve la integración global, y el “salir a comerse la cancha”?</p>
<p>Dominguez se refiere al “centro de los negocios y al comercio del mundo de hoy”, ¡pero si la usina central del pensamiento económico decisivo del gobierno aborrece los “negocios” y el comercio! <strong>Lo dijo Kicillof en el Congreso: “Hay dos conceptos que odio: la seguridad jurídica y el clima de negocios”.</strong></p>
<p>Sin ir más lejos la propia Presidente acaba de lanzar en la Bolsa de Comercio la idea de generar <strong>un mercado de capitales propio</strong> con independencia del mundo, precisamente para no depender de él y para seguir encerrados en nuestras propias fronteras. ¿Cómo se compatibiliza eso con la idea de Domínguez de “salir a comerse la cancha”, si el mismísimo concepto de “salir” está mal visto?</p>
<p>En sus ensoñaciones, el presidente de los diputados salió a hablar de avalanchas de exportaciones, cuando la realidad es que decenas de industrias se han fundido por las prohibiciones de exportar, empezando por la industria láctea y la ganadería. Y otras miles se debaten entre mil trabas ridículas que seguramente se extrapolarán a la enésima potencia cuando la Cámara que él preside -y probablemente con sus ingentes esfuerzos personales para lograrlo- convierta en ley el proyecto de abastecimiento.</p>
<p>Por todo esto uno se pregunta ¿en manos de quien estamos?; ¿tiene esta gente una noción global, compatible y coherente sobre el set de ideas que quiere aplicar? Ni siquiera discutimos si estamos o no de acuerdo con esas ideas. Lo que preguntamos es algo previo: <strong>si tienen alguna idea enhebrada seriamente para presentarle al país. </strong></p>
<p>Da la sensación de que muchos personajes importantes del gobierno tienen una desconexión muy grande entre sus ideas, sus tácticas y hasta sus conveniencias personales. En el caso de Dominguez, por ejemplo, si este es su pensamiento real, debería estar peléandose con medio mundo en el gobierno, empezando por hacerlo con la propia presidente. Pero sus conveniencias políticas le indican lo contrario. Y Dominguez prioriza esas pequeñeces antes de salir a defender aquello en lo que cree. A veces cuando sale en público y manifiesta sus verdaderas convicciones estratégicas no tiene otro remedio que echar mano del cinismo, porque solo ese arte, pariente de la hipocresía, <strong>torna posible seguir perteneciendo al gobierno y decir todo lo contrario a lo que el gobierno hace.</strong></p>
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		<title>Confusiones esenciales</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Aug 2014 11:12:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La biografía no autorizada de la Presidente escrita por la periodista Laura Di Marco entrega varios costados interesantes sobre la personalidad de la Sra. de Kirchner pero también sobre cómo la Argentina define determinadas cuestiones y sobre cómo y por qué califica de tal o cual modo a las personas.</p>
<p>En el capítulo dedicado a la génesis de la Asignación Universal por Hijo (AUH), Laura cuenta que la iniciativa había surgido en el ámbito académico bastantes años antes del interés del Gobierno por implementarla. Tanto antes que sus orígenes se remontan a los finales de la década del 90, <strong>cuando la diputada Carrió presentó la idea basada en los estudios de Rubén Lo Vuolo y Alberto Barbeito.</strong></p>
<p>La Presidente siempre se mostró contraria a su implementación bajo el argumento de que se trataba de una medida “asistencialista” y que, a esos fines, eran mejor los planes Jefes y Jefas de Hogar que manejaba su cuñada, Alicia Kirchner.</p>
<p>Sin embargo, el 9 de Septiembre de 2009 todo aquello iba a cambiar. Ese día apareció en la portada de La Nación un artículo que se basaba en un reportaje a la Dra. Roxana Kreimer bajo el título “La violencia social y el delito son frutos de la desigualdad”.</p>
<p>El artículo captó la atención del entonces ministro de Justicia y Seguridad, Julio Alak, que ni lerdo ni perezoso citó a Kreimer a su despacho. En ese encuentro, la filósofa le soltó la definición sobre la que basa la edificación de toda su teoría, volcada en el libro “Violencia Social y Desigualdad”. Kreimer le dijo a Alak que “no es la pobreza, la falta de educación o el desempleo lo que determina el mayor o menor grado de inseguridad en los países, sino la desigualdad social. Las sociedades de consumo proponen, en lo formal, las mismas metas para todos, pero, en la práctica, solo algunos las pueden alcanzar. La frustración, la violencia y el delito son los frutos de esa desigualdad.”</p>
<p>Alak confesó que la Presidente era muy afín a “este tipo de miradas” y que él estaba trabajando en un plan de seguridad “que no podía llevar a cabo” por razones políticas”, pero que su idea le parecía muy acertada y muy buena para encarar una temática tan controvertida.</p>
<p>Más allá de cómo continuó la historia -la AUH fue sancionada un mes después en octubre de 2009 por el decreto 1602/09- surgen varias conclusiones de esta historia que podrán parecer simples pero que tienen interesantes costados cómo para descubrir el proceso decisorio de la Argentina.</p>
<p><strong>En primer lugar, salta a la vista que el Gobierno no tenía (ni tiene) ningún plan conexo prácticamente respecto de ninguna cuestión. Todos son arrestos individuales, movidos por la moda, las encuestas o “lo que dice la gente”. El propio Alak decía en esa reunión con Kreimer que él tenía una idea respecto de la seguridad pero que no la podía implementar por motivos políticos.</strong></p>
<p>En segundo lugar, llama la atención cómo una iniciativa importante del Gobierno (para algunos la más importante que tomó la Sra. de Kirchner) fue finalmente gatillada por un artículo de un diario. Es decir, no respondió a una estrategia pensada dentro de un marco interconectado de ideas y tácticas para encarar y resolver un problema, sino que fue un espasmo eventual, que podría no haber sucedido nunca si La Nación no entrevistaba a Kreimer.</p>
<p>En tercer lugar, da cuenta de cómo el país suele encandilarse con personas y corrientes con una facilidad pasmosa, con la misma facilidad que tiempo después las deja de lado. También es curioso ver cómo la sociedad (o cierta clase dirigente) tiene la alegre discrecionalidad de colgarle el mote de “eminencia” a ciertos personajes que luego llevan esa cucarda por efecto de la repetición impensada del adjetivo, que queda adicionado a sus personas como las palabras que aprenden los loros quedan pegadas a su memoria irracional. El alto impacto que acusó Kreimer en Alak se encuadra dentro de este misterio.</p>
<p>No sabemos de dónde obtuvo la Dra. Kreimer su prestigio, pero si debiéramos inferir su versación de la frase que pronunció como si fuera una sentencia frente al ministro, la conclusión no sería muy halagüeña. En efecto, Kreimer dijo aquella mañana que “el grado de inseguridad de los países no depende de la (…) educación, sino de la desigualdad social (…) la sociedad de consumo propone, en lo formal, las mismas metas para todos, pero, en la práctica, solo algunos las pueden alcanzar” generándose de ese modo el caldo de frustración que genera en violencia y delito.</p>
<p><strong>No sabemos de dónde ha sacado esto la Dra. Kreimer, pero sí sabemos que ha leído una historia, una filosofía del Derecho y una sociología económica o muy errada o muy sesgada.</strong></p>
<p>Es una mentira total que “las sociedades de consumo” -si lo quieren más claro, que la “democracia liberal”, o, más claro aún, que el “capitalismo”- propongan “las mismas metas para todos”. Ese concepto, que es el embrión de toda la idea que Kreimer desarrolla después, es completamente errado. La democracia liberal o el capitalismo lo que proponen es la misma “caja de herramientas” para todos y el mismo “manual de instrucciones”. Esto es, los mismos derechos y la misma ley, igual, única y general para todos. A partir de allí lo que cada uno de nosotros haga con la “caja de herramientas” (el uso libre y combinado de los derechos de que disponemos) dentro del marco de legalidad general, será una cuestión nuestra y también una manera de diferenciarnos en la vida, de acuerdo a nuestras personalidades, a nuestros gustos, a nuestras preferencias y prioridades. <strong>Es una completa falacia decir que el sistema capitalista promete las mismas metas para todos y que cuando esas metas, en la práctica, no se cumplen de manera pareja para todos la gente se frustra y empieza a robar y a matar a congéneres por la calle. Eso es un disparate.</strong></p>
<p>Los seres humanos no son robots que tengan objetivos por duplicado, copiados con carbónico, porque si eso fuera así, el sistema capitalista sería acusado justificadamente de no reconocer la variedad de las personalidades y de las preferencias humanas y de pretender estandarizar las metas de todos.</p>
<p><strong>La democracia liberal es un sistema multicolor que permite la libre elección de un plan de vida. Qué brinda un “manual de instrucciones” (el orden jurídico) general e igualitario para todos y una “caja de herramientas” (los derechos y garantías de la Constitución) para que cada uno podamos darle forma a nuestra vida (y a nuestras “metas”) dentro del marco de prioridades personales de cada uno. La democracia liberal está muy lejos de ser un sistema que estandarice las metas de todos. La riqueza y vivacidad de su sistema de vida radica justamente en esa diversidad.</strong></p>
<p>Pero para que el “manual de instrucciones” sea entendido y la “caja de herramientas” sea útil, se debe educar a la sociedad. Educarla en los valores de la libertad y de la honradez de modo que las diferencias de “metas” sean tomadas como la consecuencia de un sistema de elecciones, libre, individual, por el que cada uno se ha inclinado en la vida siguiendo sus gustos y preferencias y no como el resultado de la maldad intrínseca de un sistema que me ha llevado al fracaso.</p>
<p>Si el sistema educativo trasmite esa concepción envidiosa del mundo, entonces será ése, y no el sistema capitalista, el embrión del mal. En efecto si los chicos desde muy chicos no reciben el mensaje de que viven en una sociedad que les permite elegir lo que quieren ser y cómo quieren serlo, usando un sistema de derechos y garantías dentro de un orden legal justo, sino que, al contrario, son educados bajo la idea de que viven en una sociedad injusta por definición que debería entregar el mismo “output” para todos y que, como no lo entrega es discriminatoria en favor de unos y en perjuicio de otros, obviamente se está creando un germen de resentimiento que muy posiblemente genere violencia y eventualmente delito (también teniendo en cuanta las diferentes personalidades de los seres humanos y la diferente manera que tenemos todos de absorber aquellos mensajes de cizaña)</p>
<p>Pero, de nuevo, lo grave aquí es que una intelectual de aparente renombre elabore teorías alambicadas que parten de una premisa completamente errónea y que el Gobierno le dé predicamento sin analizar lo que se está diciendo. Para la Dra. Kreimer -y evidentemente para Alak y la Sra. de Kirchner- la no violencia en comprable por plata y el delito no existiría si “las metas” de todos estuvieran igualadas. <strong>Esa sí que es una banalización del problema y una visión “consumista” de la vida.</strong></p>
<p>No hay dudas que el mejor camino para prevenir el delito, la violencia y otras tantas calamidades humanas es la educación y no la plata, o, si quieren, “la plata” pero  invertida en educación <i>buena </i>(esto es, de nada vale tirar millonadas de dólares -como de hecho ocurre en la Argentina que dedica el 6,5% del PBI al presupuesto educativo- si las premisas trasmitidas son aquellas basadas en la envidia y el resentimiento).</p>
<p><strong>Los chicos desde chicos deben ser educados en el espíritu sano, libre, igualitario y diferente de la Constitución para que aprendan que cada uno es dueño de su destino.</strong> Que la ley es pareja, que las metas personales son diferentes, que los derechos son iguales y que la Justicia es imparcial. Por supuesto que todo eso (los derechos iguales, la ley única, la justicia imparcial) debe ser cierto en los hechos, pero no es  diciéndoles a  los chicos que  la democracia liberal  “asegura”  las mismas  metas  para  todos y que eso es una falacia -como dice la Dra. Kreimer- , porque eso es definitivamente mentira. Al contrario, la democracia liberal quiere que todos tengamos metas distintas y que eso haga que la vida tenga sentido para cada uno, como seres únicos e irrepetibles que somos.</p>
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		<title>El mayor engaño del siglo</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Jun 2014 11:11:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estudios recientes de la <strong>Fundación Libertad y Progreso</strong>, basados a su vez en investigaciones internacionales, demuestran cómo, no solo en la Argentina sino en el mundo entero, <strong>el mejoramiento del nivel de vida y el acceso a mayores oportunidades está directamente relacionado con los índices de libertad económica</strong> del que gozan los países, siendo peores las condiciones de vida en aquellos países abrumados por las regulaciones y mejores donde la libertad permite un amplio horizonte de movimientos a los individuos.</p>
<p>Esas regulaciones están a su vez directamente relacionadas con el nivel de gasto público, tanto en términos absolutos como en términos porcentuales del PBI.</p>
<p>La vía regia para implementar estas políticas populistas son los planes asistenciales. Libertad y Progreso relevó la existencia de <strong>más de 100 planes de este tipo entre la nación y la provincia de Buenos Aires</strong>, sin contar los que existen en otras provincias. Esos planes insumen la friolera de <strong>ciento veinte mil millones de pesos anuales</strong> que, medidos al tipo de cambio oficial, trepan a <strong>casi 15 mil millones de dólares.</strong></p>
<p><span id="more-511"></span></p>
<p>Lo más dramático del caso es que esa fortuna <strong>no ha servido ni sirve para terminar con la pobreza</strong>, ni para mejorar sustancialmente el nivel de vida de la gente. Parecen, al contrario, preparados para endulzar con demagogia los oídos de las personas que menos tienen, para “hacer como” que el gobierno se preocupa por los pobres, pero al mismo tiempo para lograr que esa franja social quede estancada en la dependencia de los planes, sin poder iniciar un camino de independencia económica personal.</p>
<p>Es en este punto en donde no puede dejar de sospecharse una artera maniobra de doble filo: <strong>conquistar a las masas más pobres con limosnas estériles pero no permitirles que de verdad progresen y salgan de la pobreza</strong>, porque se presume que, en ese caso, esa gente será mentalmente más independiente, se educará mejor, vivirá mejor y, por lo tanto, será menos dependiente políticamente del gobierno.</p>
<p>No es extraño que siguiendo está política <strong>el kirchnerismo haya hecho un sinónimo del buen gobierno a aquel que más planes sociales tiene o desarrolla</strong>, cuando, en realidad la medida ideal de la mejor administración sería aquella que demostrara que durante su gestión fue posible eliminar la mayor cantidad de planes de asistencia. Esa sería la mejor medida de su eficacia económica, de lo verdaderamente “popular” de su política y de su eficiencia en la administración de los recursos.</p>
<p><strong>El plan de asistencia ideal sería aquel que le permite a la persona iniciar su camino hacia un trabajo formal</strong>, en la economía en blanco del país. Al contrario, salvo la AUH, todos los planes del gobierno se pierden si la persona encuentra trabajo formal. Como consecuencia de ello los beneficiarios de los planes tienen aversión por la búsqueda de empleo blanco, con los consiguientes efectos perniciosos para todo el sistema económico.</p>
<p>La propuesta que Libertad y Progreso insinúa es una drástica consolidación de los planes hasta que queden reducidos a no más de cinco y que puedan mantenerse durante un tiempo aun después de que la persona haya conseguido trabajo formal.</p>
<p>Está claro que para lograr semejante revolución todos los recursos del Estado deberían asignarse de manera diferente a como lo hace el populismo actual.</p>
<p>Entre enero de 2003 y enero de 2012 el gasto público consolidado (o sea el ejecutado por el gobierno nacional, los provinciales y los municipales) pasó de 29.4% a 45.9% del PBI. Si se lo mide en dólares a la cotización oficial (tomando como referencia los mismo extremos temporales) los números trepan de 45.2 miles de millones a 279.6 miles de millones de dólares. <strong>Se trata de una fenomenal pérdida de la competitividad del país</strong> con el consiguiente desmejoramiento del nivel de vida.</p>
<p>El país se ha caído como un piano en las tablas que miden los índices de libertad económica, siendo que es la libertad económica la que demostradamente produce el progreso y la elevación de la calidad de vida.</p>
<p>Si alguien tuviera alguna duda al respecto, el trabajo que produce el Fraser Institute -un think tank que desde 1996 investiga y publica cifras que permiten medir como es la performance de los países en esta materia- puede resultar útil para terminar de derribar mitos que solo sirven para que algunos vivos se hagan los reyes magos con el dinero ajeno mientras construyen fortunas personales que nadie puede explicar.</p>
<p>Esos trabajos demuestran que <strong>en los 38 países de mayor libertad económica</strong> (el 25% superior del total investigado) el ingreso promedio per cápita es de U$S 36446, que el ingreso promedio del 10% más pobre de su población es de U$S 10556 y que la esperanza de vida es de 79.2 años. En el otro extremo, en los 38 países de menor libertad económica (el 25% inferior del total investigado), el ingreso promedio per cápita es de U$S 4382; el ingreso promedio del 10% más pobre es de U$S 932 y la esperanza de vida es de 60.2 años.</p>
<p>En esa tabla entre los países de mayor libertad se encuentran Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Emiratos, Finalandia, Canada; Australia, Chile, UK, USA, Alemania y Japón. En la tabla inferior aparecen Congo, Burundi, Angola, Chad, Zimbabwe, Venezuela. <strong>La lista completa es de 152 países. Venezuela ocupa el último puesto; la Argentina el puesto 137.</strong></p>
<p>Estos números revelan el nivel de perversión del sistema en el que estamos viviendo: por un lado la convicción extendida (y propagandeada desde el oficialismo) de que estamos frente a un gobierno nacional y popular que beneficia a los pobres y por el otro, una realidad que demuestra que la filosofía aplicada hunde a los pobres y los hace vivir cada vez peor. Se trata de una especie de cinismo en donde el explotado viva y sustenta al explotador.</p>
<p>Los argentinos deberíamos empezar a prestar más atención a paradojas como ésta. Deberíamos dejar de “ir al toro”, enceguecidos por los anuncios demagógicos de más y más planes de asistencia para pasar a prestarle atención a cómo estamos viviendo y hacia donde van y para qué sirven las fortunas que se gastan. Probablemente<strong> cuando empecemos a medir la “popularidad” de un gobierno no por la cantidad de planes asistenciales que crea sino por la cantidad que elimina</strong>, habremos empezado a transitar no solo el camino del progreso sin también el de la verdadera libertad.</p>
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		<title>A propósito del impuesto a las ganancias</title>
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		<pubDate>Sun, 18 May 2014 10:08:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[José Luis Machinea]]></category>
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		<description><![CDATA[La expresa decisión del gobierno, confirmada tanto por la presidente como por el ministro de economía, de que no van a modificar el mínimo no imponible de ganancias constituye otra confirmación -por si hiciera falta- del rumbo y del modelo que encarna la idea que gobierna al país desde hace once años. Como se sabe,... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2014/05/18/a-proposito-del-impuesto-a-las-ganancias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La expresa decisión del gobierno, confirmada tanto por la presidente como por el ministro de economía, de que no van a modificar el mínimo no imponible de ganancias constituye otra confirmación -por si hiciera falta- del rumbo y del modelo que encarna la idea que gobierna al país desde hace once años.</p>
<p>Como se sabe, en la gestión de la Alianza, el ministro José Luis Machinea introdujo modificaciones al impuesto generando una serie de escalas según los ingresos (conocida como “la tablita de Machinea) para alcanzar a más personas a la base de tributación y con ello acercar más recursos a las siempre voraces y nunca conformes fauces del Estado.</p>
<p>De eso han pasado ya 14 años. Los valores en pesos de aquella “tablita” siguen siendo los mismos. <strong>Sí, sí, como lo escucha: los valores en pesos de aquellas escalas siguen siendo los mismos hoy, 14 años después de una inflación creciente y evidente.</strong></p>
<p>Como consecuencia de ello, hoy prácticamente toda la población económicamente activa en blanco, en relación de dependencia o independientes, paga impuesto a las ganancias sin que ningún mínimo lo proteja. Es más, las injusticias entre trabajadores en relación de dependencia y autónomos, entre los que entran en escalas subsiguientes por un aumento nominal de salarios y entre las personas verdaderamente ricas y aquellas que han cometido el inverosímil pecado de estudiar, emplearse y tener un puesto más o menos importantes en una empresa, son absolutamente desquiciantes.</p>
<p>Frente a todo esto, el gobierno tiene un solo argumento: si cambiamos este esquema, actualizamos las escalas, aumentamos el mínimo no imponible o ajustamos por inflación el ingreso de los autónomos, no podemos financiar los programas sociales, así que “sáquense la careta y digan: nosotros queremos que baje o se suprima la asignación universal por hijo”. Esta fue palabras más, palabras menos, la reacción oficial.</p>
<p>La cuestión tiene importancia porque estas decisiones indirectamente definen el perfil de país que se ha construido en los últimos años y el modelo que se pretende profundizar. <strong>Se trata de un sesgo por la informalidad, de una preferencia por la miseria igualitariamente repartida, de una desconsideración al esfuerzo, al estudio, al deseo de progreso y una opción por el clientelismo y la pauperización de las condiciones sociales.</strong></p>
<p>El gobierno prefiere dejar exhaustas a las fuerzas productivas formales de la economía aspirando todos los recursos que producen para transferírselos a los sectores informales que pasan a depender clientelarmente del Estado. El desafío “moral” de Kicillof (“digan que quieren eliminar la AUH”) no es otra cosa que una chicana.</p>
<p>El asalto al bolsillo de los argentinos productivos de todos modos resulta insuficiente para darle a los argentinos marginados un buen nivel de vida (la AUH, con la recomposición anunciada, no llega a $650), con lo cual el gobierno ha encontrado una ecuación perfecta para reunir de un solo plumazo lo peor de los dos mundos: deja esquilmados a los argentinos formales y, aun así, no puede llevar a la dignidad a los argentinos informales.</p>
<p>Antes de seguir con el análisis del costado económico de esta realidad, hagamos una digresión política: resulta obvio que con este procedimiento el gobierno coopta voluntades de gente que se forma la impresión de que es efectivamente posible vivir de la limosna estatal, “rebuscándosela” aquí y allá sin ingresar nunca en la economía formal. Se estima que hoy en día esa masa puede rozar el 20% de las personas en condiciones de votar.</p>
<p>Por lo tanto, es por aquí por donde deben buscarse las racionalidades de estas decisiones. Está claro que, desde el punto de vista económico, el sistema no resiste el menor análisis.</p>
<p>Si realmente se quisiera mejorar las condiciones de vida de esos sectores en la Argentina, deberían ocurrir dos cosas:<strong> por un lado el gobierno debería facilitar las condiciones para que se genere trabajo genuino y, por el otro, esos argentinos deberían estar dispuestos a aceptar esos trabajos que se generen en lugar de preferir los planes asistenciales.</strong></p>
<p>Para lograr esto el sector productivo del país debería disponer de excedentes que puedan ser derivados a la inversión, al mejoramiento de la infraestructura y a la innovación tecnológica. Si esos excedentes son aspirados por el gobierno para alimentar planes con los que se captan voluntades políticas, seguiremos sin generar trabajo y fomentando la informalidad de vivir a la espera de un plan.</p>
<p>Por eso las definiciones de la presidente y de su ministro son importantes en el sentido “filosófico”, para saber el contorno de país que se prefiere y que se moldea.</p>
<p>Ese país es el del socialismo, aquel que Churchill definía así: “El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria.” Es el perfil que uno observa hoy en Caracas o en La Habana en donde se multiplican los edificios descascarados, las viviendas enmohecidas y precarias, en donde una extensa red de miseria cubre el campo visual de cualquier observador.</p>
<p>El llamado proceso de redistribución de la riqueza -para el que la herramienta impositiva es esencial- se ha convertido en un proceso generador de pobreza en la que caen los esquilmados trabajadores formales, los empresarios y los trabajadores independientes, y de la que no pueden salir los asalariados informales, los indigentes y los marginales.</p>
<p><strong>El esquema económico en el que estamos profundizará este perfil. Bajo la demagógica <em>careta</em> de ayudar a los que menos tienen y bajo la chicana moral de que, quienes se nieguen a ello, quieren la exclusión de algunos argentinos, seguiremos construyendo un país cada vez más mísero, con menos trabajo real, con menos riqueza y con más dependientes de la limosna política.</strong> Será un perfil en donde el verso de la “moralidad” y la “solidaridad” tape la verdadera inmoralidad de mantener a propósito en la miseria a millones a cambio de que crean que el gobierno los ayuda y cubra la verdadera insolidaridad de perpetuarse para siempre en el poder.</p>
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		<title>Los otros aumentos</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Feb 2014 09:56:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La presidente volvió a la escena de la mano de una palabra que gobernó gran parte de su discurso. “Aumentamos” dijo, haciendo un juego de palabras, mofándose de los “aumentos de precios”, argumentando que “ellos” -el gobierno- aumentaron una cierta cantidad de dudosas variables. Pero la presidente olvidó otros muchos “aumentamos”. Algunos han sido muy graves... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2014/02/06/los-otros-aumentos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La presidente volvió a la escena</strong> de la mano de una palabra que gobernó gran parte de su discurso. “Aumentamos” dijo, haciendo un juego de palabras, mofándose de los “aumentos de precios”, argumentando que “ellos” -el gobierno- aumentaron una cierta cantidad de dudosas variables. Pero la presidente olvidó otros muchos “aumentamos”.</p>
<p>Algunos han sido muy graves en términos sociales. Algunos le han costado la vida a miles de argentinos inocentes, como el aumento del número de criminales sueltos por la calle que tienen a la ciudadanía viviendo en estado de pánico. Otros dejarán secuelas culturales que costará mucho erradicar, como la inútil división social y el rencor gratuitamente repartido. Algunos esperan respuestas judiciales, como fue el aumento inexplicado de algunas fortunas. Y otros han traído a la Argentina males y escenas desconocidas para nosotros hasta hace sólo unos años, como las que entregan<strong> los sicarios del narcotráfico</strong> matando gente por la calle. Otros están respaldados por las cifras oficiales: cuando en el censo de 2001 vivían 10 personas en una villa miseria, en el censo 2010 vivían 16, un 60% más.</p>
<p>Algunos tendrán impacto por años en la Argentina, como el “aumento” del aislamiento internacional y del pésimo concepto que le hemos trasmitido al mundo. Otros han profundizado las peores prácticas de nuestra historia, llevando el <strong>unitarismo fiscal</strong> a niveles extorsivos que <strong>convirtieron a las provincias en meras dependencias del gobierno nacional.</strong></p>
<p><span id="more-377"></span>Pero hay tres “aumentos” -obviamente no mencionados por la Presidente- que han tenido la virtualidad de anular todos los beneficios de los &#8220;aumentos” aludidos por la señora de Kirchner. El gobierno de estos últimos 11 años <strong>aumentó el gasto público</strong> a niveles estratosféricos. La administración de la presidente en particular le aplicó una tasa de incremento de 40% por año. Esa monumental bola de nieve (compuesta por subsidios, una increíble política energética que nos convirtió en importadores netos por U$S 13 mil millones al aire -otro “aumento&#8221; imponente del kirchnerismo que la presidente no mencionó-, una acarralada de empleados públicos que supera el millón y medio de personas, una duplicación de funciones en dependencias estatales para acomodar a cientos de funcionarios con sueldos millonarios, la incorporación de 2,5 millones de jubilados nuevos que nunca habían aportado y una multiplicidad de planes sin contraprestación) produjo la<strong> pulverización del superávit fiscal</strong> para convertirlo en un déficit cercano a los 7 puntos del PBI.</p>
<p>Este “aumento” provocó a su vez otro desquicio. Como el “aumento” del aislamiento internacional nos dejó sin acceso a los mercados, el gobierno comenzó a financiar el excedente de gasto con emisión monetaria sin respaldo. <strong>Se calcula que el “aumento” de la cantidad de billetes en circulación supera los $ 150 mil millones, por encima de la base de reservas. </strong>Esto produjo otro “aumento”: el de la presión sobre los precios. Al haber más papel moneda pero mantenerse constante los niveles de producción (porque lo que sí no aumentó fue la inversión privada productiva) esos billetes tuvieron que “repartirse” entre los mismos bienes y servicios con la aritmética consecuencia de su aumento.</p>
<p>Este desquició originó otro “aumento”: el de la presión sobre el tipo de cambio. <strong>El precio del dólar quedó desfasado respecto de las demás mercaderías y la gente comenzó a drenar las reservas del BCRA.</strong> Con la intención de frenar esta situación, luego de las elecciones de octubre de 2011, la presidente estableció el control de cambios y, tiempo de después, instauró el cepo. Esa valla no impidió la salida de dólares porque el ingenio individual siempre encontró maneras de adquirir las divisas, pero sí puso un sello definitivo a su ingreso.</p>
<p>La velocidad de este deterioro fue también en “aumento” y estalló finalmente entre el 23 y el 24 de enero cuando el gobierno devaluó de un plumazo 15%, lo que llevó la pérdida del valor mensual del peso frente al dólar al 24%.</p>
<p>El empobrecimiento de todos los argentinos fue inmediato. Basta decir que las jubilaciones -cuyo “aumento” era el principal anuncio de la presidente- alcanzan hoy la friolera de U$S 215. Hace 15 años, cuando comenzaba la década “maldita” de los 90 era de U$S 200. El “aumento” es de U$S 15. Los más de 1300 puntos porcentuales que la Sra. de Kirchner remarcó se habían incrementado las jubilaciones desde que su esposo asumió significan U$S 15.</p>
<p><strong>Todos los “aumentos” recitados por Cristina han sido sepultados por estos otros “aumentos” que la presidente ocultó</strong>. El aumento del gasto, del déficit fiscal, de la emisión monetaria, de la inflación y de la devaluación, tornan risibles los niveles de las jubilaciones, de los <strong>planes Procrear, Progresar</strong>, el de la <strong>asignación familiar universal</strong> y las demás bondades del <strong>Estado de Bienestar</strong> que la señora de Kirchner se empeña en enfatizar.</p>
<p>Pero el listado de “aumentos” no estaría completo si no hiciéramos referencia al “aumento” del autismo. La presidente sigue convencida de que no gobierna, ella libra una batalla contra el mal. Parte de ese mal lo representan los empresarios que aumentan los precios (de allí que su infatigable vocación por la ironía la haya llevado a jugar con las palabras y enumerar las cosas que su gobierno había “aumentado” mientras los empresarios “aumentaban” los precios) y los comerciantes que especulan. En el afán de agitar esa división, cayó en errores groseros como poner como ejemplo de un bien no afectado por la devaluación del dólar la producción de cemento, cuando en realidad, el componente de costo más importante en su producción es la energía, impactada directamente por la millonaria factura de <em>fuel oil</em> que debemos pagar anualmente. Ese solo rubro aumentó 24% durante el mes de enero.</p>
<p>Del mismo modo, la presidente sigue encerrada en una nube de furia y parece que toma todas sus decisiones no por una convicción o por una aceptación de la realidad sino por simples venganzas. Es la imagen que dejó ver cuando anticipó que se reverían los subsidios para aquellos que compraron dólares. O sea, <strong>no es que los subsidios estén mal porque están matando el presupuesto público, los que están mal son los que compran dólares</strong>, entonces los castigo sacándole lo que les dejo a otros, simplemente para vengarme.</p>
<p>Lo cierto es que con cada aparición pública de la señora de Kirchner “aumenta” la preocupación. Estoy seguro de que la gran mayoría de los argentinos desearían ver una presidente más moderada, menos altanera y más dispuesta a aceptar lo que ocurre. Su legado está en peligro<strong>. La negación de la realidad “aumenta” el riesgo de que sea recordada simplemente como alguien que sólo sirvió para dividirnos.</strong></p>
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