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	<title>Carlos Mira &#187; Cepo al dólar</title>
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		<title>La candidatura de Massa</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Jun 2013 05:47:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El lanzamiento del intendente de <strong>Tigre</strong> como candidato a diputado por la provincia de<strong> Buenos Aires</strong> sólo sirvió para disparar docenas de especulaciones políticas. Porque en realidad,<strong> </strong><strong>Sergio Massa</strong> no ha dado una sola pista acerca de lo que piensa. Salvo su categórica y bienvenida opción por la no-reelección -como concepto político y no como un “no” a Cristina-, en lo demás la nueva estrella política del país ha permanecido en la ambivalencia. <strong>Massa cree en el agotamiento de las personas y de las maneras pero no del rumbo</strong>.<strong> </strong><strong>Supone que la sociedad está harta de las peleas y del enfrentamiento pero entiende que, en general, suscribe las líneas del gobierno.</strong></p>
<p>Y puede no faltarle la razón al intendente. El pequeño detalle que él y, evidentemente, la gente que piensa así no están advirtiendo es que una cosa no es posible sin la otra: este tipo de personas, las peleas, la agresión y el atropello son la consecuencia irascible y necesaria de una línea de gobierno. La continuidad de esa línea generará las mismas consecuencias que las que Massa supone -no sin razón- tienen hastiada a la gente.</p>
<p><strong><span id="more-168"></span>Por lo tanto Masa y la gente tienen un problema: creer que es posible construir un kirchnerismo democrático, respetuoso de la Constitución y noble en los modales y procedimientos. Error. Esa es una contradicción en los términos.</strong></p>
<p>El intendente -que tiene mayores responsabilidades que la gente común- debería hacer un esfuerzo por definirse frente a los temas que hoy concentran la atención de todos. En su edición de ayer el diario<strong> </strong><em><strong>La Nación</strong></em>, requirió la opinión de Massa sobre seis cuestiones de perentoria actualidad: la ley de medios, el cepo al dólar, el blanqueo de capitales, reforma constitucional, reforma judicial y sus proyectos para el Congreso.</p>
<p>Salvo en lo referente a la reelección de la presidente (no necesariamente sobre otros aspectos de la Constitución), Massa no se expidió concluyentemente en ninguno de los casos y en todos respondió con ambigüedades.</p>
<p><strong>La sociedad ya tiene un ejemplo certero sobre cómo terminan los personajes que adhieren a este tipo de rol.</strong> <strong>Daniel Scioli</strong> apostó a la nada durante 10 años. Y se quedó sin nada. Massa debería reflexionar sobre la vida política del gobernador.</p>
<p>Habiendo hecho lo más difícil -presentar una lista por fuera del <strong>Frente para la Victoria</strong>- debería ser más preciso en el perfil social y de país que tiene en mente<strong>. Es obvio que sus aspiraciones presidenciales son inocultables</strong>. Y, develadas, es muy posible que tenga chances. Pero si el intendente cree que el rumbo actual es correcto, estaría produciendo un engaño masivo si creyera que los errores son sólo de formas, de la falta de cierta urbanidad y elegancia.</p>
<p>Es necesario conocer sus opiniones sobre el rol del Estado en la economía, sobre las libertades civiles, sobre el control que el gobierno ejerce sobre la vida individual, sobre las relaciones internacionales de la Argentina y la precisión de sus aliados comerciales y políticos, sobre la vigencia del derecho de propiedad, sobre la división de poderes, sobre la libertad de trabajo y del ejercicio de las industrias lícitas, sobre la eliminación de los índices de pobreza, de inseguridad y de inflación… <strong>Es necesario, en fin, conocer sus ideas de gobierno.</strong></p>
<p><strong>Es correcto que la presente postulación de Massa es a una banca de diputado.</strong> Pero no nos engañemos: el intendente ha comenzado su camino a 2015 y en ese sendero se precisan explicaciones y definiciones certeras; no sanata.</p>
<p>No van más los “siganme que no los voy a defraudar”, o “un país normal”, o “la fuerza de la gente”. Esos eslóganes vacíos deben acabar. La sociedad tiene derecho a saber qué vota y que se propone hacer el votado. Es necesario un compromiso; <strong>la gente está harta de sorpresas.</strong></p>
<p><strong>¿Cuántos votos habría sacado Cristina si hubiera anticipado su cepo al dólar, sus trabas a libertades cotidianas mínimas, su “vamos por todo”, su intento de copamiento a la Justicia, la intensificación de la vigilancia ciudadana a través de la oficina de impuestos? </strong>Si Massa cree que un modelo de intervención en la vida individual como éste se puede llevar adelante con buenos modales y sin empellones, debería revisar sus teorías. <strong>No es posible seguir imaginando semejante nivel de intervencionismo sin la presencia de la violencia</strong>. En todo el mundo ha sido igual: un régimen con semejante pretensión de control debe recurrir tarde o temprano a la fuerza.</p>
<p>Como es lógico esperar que los tocados por la “intervención” (que cada vez son más) pataleen, el que aspira a que el control no se les vaya de las manos debe ejercer el monopolio de la coacción para enervar las rebeliones. Entonces aparece primero el insulto, luego el empellón y final, y eventualmente, la fuerza bruta.</p>
<p>Las maneras son, por lo tanto, una consecuencia necesaria del modelo de opresión. Aunque llegue un “educadito” como Massa, si su pretensión es el control social, deberá ejercer coacción y la coacción no se caracteriza por sus buenos modales.</p>
<p><strong>En el camino hacia 2015</strong> <strong>(que no será posible para nadie sin 2013) la sociedad espera definiciones</strong>. No importa que enfrentemos una elección legislativa de medio término<strong>. La gente empieza a reclamar precisiones</strong>. Ya ha tenido demasiado de la escuela de Scioli para ver al gobernador terminar arrodillado a los pies de la presidente, casi pidiendo perdón, mientras <strong>Cristina</strong> no se priva de seguir castigándolo. <strong>La sociedad necesita un líder positivo. Un líder democrático. Un líder civil, no místico, que asuma el desafío de poner a los individuos delante de él mismo.</strong> Y la sociedad también necesita asumir ese rol de protagonista, no de una sonoridad amorfa y masiva sino de una creatividad individual que multiplique la riqueza y deje atrás los dramas de la pobreza y del subdesarrollo.</p>
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		<title>Ahora, la Constitución</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Jun 2013 17:05:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nada está terminado para el kirchnerismo. La lógica de creer que el gobierno es capaz de procesar un “no” por respuesta a sus intenciones; de entender un “no se puede” como recordatorio de que sus pretensiones tienen límites, no entra en la dinámica de su cosmovisión. El kirchnerismo -el gobierno- no va a aceptar que... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2013/06/19/ahora-la-constitucion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Nada está terminado para el kirchnerismo</strong>. La lógica de creer que el gobierno es capaz de procesar un “no” por respuesta a sus intenciones; de entender un “no se puede” como recordatorio de que sus pretensiones tienen límites, no entra en la dinámica de su cosmovisión.<strong> El kirchnerismo -el gobierno</strong>-<strong> no va a aceptar que la Corte le diga que “no” a lo que quiere</strong>; y si el argumento judicial para decir que “no” es la Constitución, pues habrá que emprenderla, entonces, contra la Constitución. Éste es el próximo paso.</p>
<p>Si uno se fija bien en la historia de los últimos 10 años la mecánica uniforme del gobierno ha sido guiada por la lógica de la espiralización: frente a un obstáculo en el objetivo perseguido, la respuesta fue arremeterla contra el obstáculo, a cómo de lugar, de cualquier manera.</p>
<p><span id="more-161"></span>A la fuga del dólar se le opusieron las restricciones y al fracaso de las restricciones le siguió directamente el <strong>cepo</strong>. Al fracaso del <strong>7D</strong>, le siguió el intento de copar la <strong>Justicia</strong> que no le daba la razón y a la respuesta de Justicia que declara inconstitucional el copamiento, <strong>le seguirá el intento de voltear la Constitución.</strong></p>
<p>Por un camino imbricado finalmente el gobierno -y la situación toda- parece encaminarse hacia el choque previsible y frontal de dos visiones contrapuestas, excluyentes y contradictorias:<strong> el kirchnerismo no puede gobernar con esta Constitución.</strong></p>
<p>La ecuación es simple: la Constitución organiza un gobierno limitado, de poderes compensados, de libertad individual y de supremacía de la autonomía de la voluntad. Todos esos principios son anatemas para el gobierno. Lisa y llanamente no puede tolerarlos.</p>
<p>La presidente <strong>Cristina</strong> <strong>Fernández</strong> en ocasión de presentar los seis proyectos de “<strong>democratización de la Justicia</strong>” dijo textualmente que presentaba esas iniciativas “para no reformar la Constitución”. ¿Cuál fue su mensaje encriptado? Sencillamente éste: “La única alternativa para que no modifique la Constitución de la que están tan enamorados es que me dejen reformarla por ley como a mí se me canta. Si no me dejan, voy a cambiar la Constitución”.</p>
<p>Y ese es, efectivamente, el próximo paso. “Muerto el perro, se acabó la rabia”, es el mantra repetido del kirchnerismo en este y en todos los demás ejemplos en donde el orden jurídico le recordó que éste es un país con límites al poder.<strong> “La Constitución me pone límites y yo no quiero tener límites; entonces es la Constitución o yo”.</strong></p>
<p>La tradicional manera oblicua de hacer política en la <strong>Argentina</strong> (cuya tradición se remonta al uso de la “mascara de <strong>Fernando VII</strong>”, metáfora usada para explicar por qué se hizo la <strong>Revolución de Mayo</strong> aludiendo a que el movimiento no pretendía la Independencia sino confirmar la lealtad al Rey y no a las fuerzas napoleónicas de ocupación) hizo que hasta ahora también se intentara un montaje, una especie de puesta en escena, según la cual se pretendía “vender” el cuento de que era posible compatibilizar un fenómeno político como el kirchnerismo con la continuidad de la vigencia de la Constitución del ’53.</p>
<p>Pero eso no es posible. Del mismo modo que la “máscara de Fernando VII” fue una charada que lo único que hizo fue ralentizar el proceso de independencia, la utopía de mantener al mismo tiempo al kirchnerismo y a la Constitución del ’53 es un espejismo que acaba de romperse. El fallo de la Corte lo hizo mil pedazos.</p>
<p><strong>Ahora vuelve a plantearse la contradicción madre: el gobierno o la Constitución</strong>. No hay dudas de que el gobierno intentará utilizar su argumento central (el de la voluntad popular) para decir que lo legítimo es el gobierno porque el gobierno expresa la voluntad del pueblo y si hay una contradicción entre la voluntad del pueblo y la Constitución, pues lo que hay que derribar es la Constitución.</p>
<p>Y ésta es, sin dudas, la mayor falacia en torno a la cual el kirchnerismo hace girar toda su lógica. Es el principio que los lleva a responder toda crítica con la frase: “Armen un partido político y ganen las elecciones”. Para ellos todo se resume a quién ganó. En la respuesta a esa pregunta se haya la solución a todas las contradicciones.</p>
<p>Frente a la trascendencia que todo el mundo advirtió que el kirchnerismo le daba a ese punto, un día se le preguntó a <strong>Néstor Kirchner</strong>, por cuánto había que ganar una elección para asumir que se tenía la representación del todo. Y Kirchner respondió: “Por un voto”. Es decir,<strong> para el kirchnerismo la democracia es ganar y ganar es hacerlo por un voto.</strong> Como si fuera un partido de fútbol, definido en tiempo suplementario por un gol de penal, que no fue.</p>
<p>Éste es el centro de la contradicción entre la interpretación gubernamental de la democracia y la de la Constitución. <strong>El gobierno entiende que la democracia supone el sometimiento de todas las voluntades a la voluntad del que ganó</strong>, porque el que ganó interpreta la voluntad de <em>todo</em> el pueblo, aun cuando no se haya obtenido el 100% de los votos. La Constitución, en cambio, entiende que quien ganó tiene el derecho de gobernar, pero no representa la voluntad de <em>todo</em> el pueblo sino de una parte de él y que para respetar los derechos de la otra parte es necesario establecer límites que garanticen que un poder equilibrado reconozca los derechos de todos, de los que ganaron y los que perdieron.</p>
<p>Esta concepción, por lo demás, es compatible con la dinámica propia de la vida social. Una sociedad es un cuerpo vivo, no estático, que cambia con el paso del tiempo y que no queda soldada a la foto puntual de un instante. Las mayorías de hoy pueden no serlo mañana y viceversa.</p>
<p>El gobierno -si fuera realmente sincero- debería recordar que durante los ’90 la opinión del pueblo (“la voluntad popular”) respaldó masivamente dos veces ideas completamente contrarias a las actuales (el “pueblo” en aquellos años votó las privatizaciones, el alineamiento con <strong>EE</strong><strong>UU</strong>, la convertibilidad, la apertura económica). ¿Qué habría sido del <strong>socialismo camporista</strong> si el gobierno de ese entonces hubiera dicho “esta es la voluntad popular y acá se acabó la historia porque esto es lo que el pueblo quiere&#8221;? Evidentemente aquello era lo que el pueblo quería en <em>ese</em> momento; pero luego no lo quiso más, y entonces los Kirchner fueron posibles. L<strong>os Kirchner son la mejor prueba de que la “voluntad popular” cambia. Como cambiaron muchos de sus funcionarios que de ser menemistas acérrimos pasaron a ser nac &amp; pop.</strong></p>
<p><strong>El único esquema que permite que las voluntades populares (en plural) se vayan manifestando armónicamente según pasan los años es el de la Constitución.</strong> El esquema kirchnerista suelda la “voluntad popular” (en singular) al resultado de una elección y friza la posibilidad de que las “otras voluntades” se manifiesten. Eso, claramente, no es democrático. Y como la Constitución es verdaderamente democrática (es decir, establece un sistema por el cual <em>todas</em> las voluntades pueden convivir pacíficamente) <strong>para vivir bajo un gobierno no-democrático, hay que terminar con la Constitución democrática. Este será el siguiente pasó del gobierno.</strong> El último. El que quizás debería haber sido el primero. Los Kirchner vivieron con la “máscara de Fernando” durante 10 años, hasta que finalmente la realidad los forzó a “salir del closet”.</p>
<p>Ahora deberán decirle a la sociedad que quieren ir a una Constitución en donde solo se respete <em>una</em> voluntad. Ellos tratarán de vender el “paquete” diciendo que esa voluntad <strong><em>es</em> </strong>la voluntad del pueblo y que las demás son las de las <strong>“corporaciones antipopulares”</strong>. Pero a no engañarse. Esa es la voluntad de <em>ellos</em>, la que querrán imponer para ser los dueños constitucionales del Estado. Hasta ahora han intentado serlo de todos modos. Pero el faro constitucional del ’53 los mantenía iluminados, como el faro de la ley señala a quien ha pasado sus límites. Con una Constitución que corte esa luz ya no serán los dueños del Estado al margen de ley, sino dentro de ella.</p>
<p>Ese es el próximo paso<strong>: “si con la ley que existe no puedo hacer lo que quiero, pues cambio la ley”</strong>. <strong>Antes se intentó el “si con los jueces que hay no puedo, pues cambio los jueces”</strong>. El intento fracasó por la Constitución. Ahora irán por la Constitución, entonces, Es la lógica espiralista del kirchnerismo. Está en su naturaleza. ¿Lo logrará? Es poco probable. Pero eso no quiere decir que no vayan a intentarlo.</p>
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		<title>Viajes de egresados: &#8220;sólo algunos requisitos&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Apr 2013 15:26:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[articulo 14]]></category>
		<category><![CDATA[Cepo al dólar]]></category>
		<category><![CDATA[Prohibición]]></category>
		<category><![CDATA[viaje de egresdos]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora le ha llegado la hora a los chicos del colegio secundario que están por egresar. Prácticamente le han prohibido la salida del país <strong>doblándoles los seguros de caución</strong> que pagaban: del 30%, han llevado ese ítem al 100%; <strong>el costo eventual de un viaje se ha duplicado.</strong></p>
<p>¿Es tan grave esta decisión? Con las cosas que están pasando en el país, ¿es serio dedicar nuestro tiempo a comentar esta minucia?</p>
<p>Nuestro cuestión no son los viajes de los egresados. <strong>Nuestra cuestión es el artículo 14 de la Constitución que garantiza el derecho de entrar y salir libremente del territorio argentino.</strong></p>
<p><strong><span id="more-95"></span>Cada vez son más los coqueteos con el encierro</strong>. Cada vez pican más cerca los tiros de las <strong>prohibiciones</strong>. Siempre usando maneras indirectas, pero al final con el denominador común de tornar más difícil trasponer las fronteras.</p>
<p>Primero fue el <strong>cepo al dólar.</strong> Luego el pedido de explicaciones por gastos hechos en el exterior o por la solicitud de adelantos en efectivo. Ahora son los chicos del secundario a los que se condena a quedarse aquí.</p>
<p>Por allí apareció <strong>De Vido</strong> diciendo que en la marcha del <strong>18A</strong> no había trabajadores y jubilados porque ellos gastan localmente “<strong>y no van a tocar la cacerola para ir a Miami</strong>”.</p>
<p>Más allá de la mentira intrínseca del ministro -porque las demostraciones de hace dos semanas estuvieron llenas, antes que nada, de jubilados y de trabajadores y que <strong>la gente no salió a tocar las cacerolas para ir a Miami sino para que no roben y para que no toquen la Justicia independiente</strong>-, ¿qué está sugiriendo el ministro? ¿Que el país deseable es aquel en que sus ciudadanos estén condenados a vivir encerrados en sus fronteras, sentenciados al provincialismo mental y al aislamiento internacional?, ¿es ése el perfil de país que quiere De Vido y el gobierno de la Sra. de <strong>Kirchner</strong>? ¿<strong>Acaso aspiran a ser ellos los únicos con capacidad para viajar para enrostrarnos un costado más de su obscena desigualdad?</strong></p>
<p>De modo que el, aparentemente, menor problema de los viajes de los chicos del secundario a <strong>Cancún</strong>, a <strong>Disney</strong> o a <strong>Porto</strong> <strong>Seguro</strong> es en realidad una cuestión mayúscula que, analizada a la luz de una tendencia que se viene profundizando en los últimos tiempos, no hace otra cosa que añadir un <strong>ítem más de preocupación a los muchos que ya carga sobre sus espaldas la sociedad.</strong></p>
<p>Por lo demás estas medidas son tomadas por un <strong>gobierno perfectamente compatible con las prohibiciones</strong>, con la reducción de los derechos y con el estrechamiento de las libertades públicas.</p>
<p>Cuando uno ve que suerte ha corrido el derecho a salir del país en aquellos lugares que son gobernados por regímenes parecidos al que encabeza la presidente, la preocupación aumenta.</p>
<p><strong>La restricción para abandonar el territorio ha sido una constante de los totalitarismos</strong>. Así ocurría en los países de atrás de la <strong>cortina</strong> <strong>de</strong> <strong>hierro</strong> durante la <strong>guerra</strong> <strong>fría</strong>; sucedía en <strong>Cuba</strong> hasta hace muy poco (y todavía hay que ver que efectos reales tiene el deshielo dispuesto por el mandamás <strong>Castro</strong> hace poco), sucede en <strong>Venezuela</strong> en tiempo de elecciones… De modo que la aprensión no es gratuita ni inventada: cuando se encadenan eslabones similares lo más probable es que se esté armando una cadena; no hay demasiados misterios en eso.</p>
<p><strong>Si esta tendencia sigue no sería de extrañar que en el corto y mediano plazo aparecieran más restricciones “indirectas” al derecho a salir del país</strong>, como por ejemplo, eliminación del reconocimiento de las tarjetas de crédito cuando se usen en el exterior, recargos impositivos a la compra de pasajes, requerimiento de una “visa” de salida, restricciones a la emisión de pasaportes, en fin, toda una gama de posibilidades que le permita al gobierno decir: “¿nosotros coartando el derecho constitucional de salir del país?, ¡Para nada! Simplemente estamos estableciendo ciertos requisitos legales. Quienes los cumplan no tendrán ningún problema…”</p>
<p>Semejante situación sería igual a la de aquel imaginario jefe comunal que, cansado de las motocicletas en su ciudad, establece como condición para su uso que las llantas sean bañadas en oro y que los manubrios sean de platino macizo. Cuando algún motoquero lo encare diciéndole que está prohibiendo el uso de las motos en la ciudad, el intendente podrá responder: <strong>“¿Prohibir yo? ¡Jamás! Simplemente estoy estableciendo algunos reuisitos de uso. El que los cumpla no tendrá ningún inconveniente…”</strong></p>
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