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	<title>Carlos Mira &#187; cepo</title>
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		<title>El éxito en el fracaso del ministro Kicillof</title>
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		<pubDate>Sun, 24 May 2015 12:20:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Como si se tratara de un enorme choque contra la realidad, prácticamente el mismo día en que la Presidente inauguraba el Centro Cultural Kirchner (ya no es “Nestor Kirchner” sino simplemente “Kirchner” en un obvio cambio para que la mandataria esté incluida también) el Foro Económico Mundial ubicaba a la Argentina en el lugar 140 entre 141 países verificados -el último es Venezuela- en el listado conocido como “clima de negocios”.</p>
<p>En efecto, el país ocupa el anteúltimo lugar en lo que se refiere a cómo ven los inversores a los países cuando se trata de considerar su ambiente para llevar negocios adelante.</p>
<p><strong>Se trata de un objetivo cumplido: el ministro de economía Axel Kicilloff al poco tiempo de asumir su cargo dijo en el Congreso que había dos conceptos que odiaba: el de la seguridad jurídica y el de “clima de negocios”.</strong></p>
<p>Muy bien, dos años después el mundo le dice que ha tenido éxito en su cometido; ha generado las condiciones para que la Argentina no sea tenida en cuenta para invertir porque se la considera impredecible y en manos de la discrecionalidad caprichosa del poder.</p>
<p>Resulta curiosa esta situación a la luz de lo que decía el jueves la Sra. de Kirchner en su decimonovena cadena nacional al inaugurar parte de su Escorial: “Estas inversiones solo las puede hacer el Estado, no el sector privado”.</p>
<p>En su aldeana guerra contra el individuo, Pa presidente ignora que solo en EE.UU. (por no mencionar otros países en donde ocurriría lo mismo) debe de haber no menos de 10 empresas privadas que valen mucho más que toda la Argentina. No hay ningún avance de la tecnología, de la industria, del confort y hasta de la ciencia que deba su origen al Estado. <strong>No hay invención humana conocida que provenga del Estado, desde el microchip a la bombacha todo lo que el hombre toca y consume ha sido fruto de la inventiva, de la creatividad y de la inversión privada.</strong></p>
<p>Solo la compañía Apple dispone de activos líquidos de más de 200 mil millones de dólares, la mitad del PBI argentino. Repito: de activos líquidos, allí no se cuentan los materiales, los stocks, la marca. Nada. Solo billetes disponibles contantes y sonantes.</p>
<p>Según el documento del Foro Económico Mundial, este aspecto (el “clima de negocios”) analiza el entorno que tiene un país para que las empresas hagan allí negocios. “Estudios han encontrado relación significativa entre el crecimiento económico y aspectos como, cuán bien los derechos de propiedad son protegidos, y la eficiencia del marco legal”, reza el informe.</p>
<p><strong>Resulta obvio que los derechos de propiedad no están bien cuidados en la Argentina y que la Justicia no se ha demostrado todo lo eficiente que debería en mostrarse como la reserva última de defensa de los derechos civiles y las garantías constitucionales.</strong></p>
<p>Claramente, el exceso de regulaciones y un esquema de tipos de cambios múltiples, junto a limitaciones al giro de dividendos por parte de las empresas de capital extranjero, y manejo discrecional de la autorizaciones de pago de importaciones, además de un déficit fiscal que exige creciente financiamiento a través del aumento de la carga impositiva y de la inflación, han conspirado para configurar un severo deterioro del clima de negocios y pérdida de competitividad del país.</p>
<p>Son obvias las complejidades a las que el cepo cambiario ha sometido a toda la actividad económica. A ello sumábamos las consecuencias de pretender reprimir la inflación manteniendo el tipo de cambio oficial sobrevaluado lo que ha llevado a una contracción generalizada y a una clausura al comercio con el mundo que ha llevado al país a una situación de insignificancia extrema en cuanto a su peso específico y a su interrelación con los demás.</p>
<p>Las exportaciones han caído a niveles históricos, las importaciones están pisadas para entregar una falsa situación de reservas y la deuda está nuevamente en default. <strong>Estos han sido los logros duros de una gestión económica que se presenta como exitosa. Con una Presidente que cree (o hace que se cree) que los salarios aumentan a razón de 30% por año en términos reales en la Argentina y que se enoja porque no se lo reconocen cuando otros países apenas entregan mejoras del 1,5% (como fue su recordada acotación sobre España, un país que acaba de salir de un proceso deflacionario)</strong></p>
<p>Lo único que cuenta a la hora de ver la realidad es cuánta inversión libre y voluntaria convoca la Argentina. La Presidente hizo esa referencia al Estado inversor, como si fuese la única fuente de la que se pueden esperar las soluciones. El Estado no genera un solo puesto de trabajo que no pague la sociedad con sus impuestos. Ninguno de esos empleos multiplica la riqueza. El único motor de la multiplicación de la riqueza (producir más con menos) es el sector privado.</p>
<p>En parte, la Presidente tiene razón cuando habla de la “inversión” estatal porque en el país todo depende del Estado. Pero esa no es la realidad del mundo. Es una verdadera pena que el suelo argentino no haya sido la tierra en donde geminarán “Apples”, “Toyotas”, “Samsungs”, “Disneys”, “Fiats”, “Siemenes”. Es una verdadera pena que el país que tenía todo para convertirse en un refugio de millonarios sea hoy una tierra llena de pobres.</p>
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		<title>El comunismo como enfermedad del alma</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Oct 2013 19:21:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde que Thomas Jefferson escribió “nosotros el pueblo de los EEUU [...] sostenemos estas verdades como autoevidentes: que todo los hombres han sido creados iguales y que tienen derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de su felicidad” han pasado 237 años. El mundo ha conocido desde allí muchas ideas e... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2013/10/31/el-comunismo-como-enfermedad-del-alma/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que <strong>Thomas Jefferson</strong> escribió “nosotros el pueblo de los <strong>EEUU</strong> [...] sostenemos estas verdades como autoevidentes: que todo los hombres han sido creados iguales y que tienen derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de su felicidad” han pasado 237 años.</p>
<p>El mundo ha conocido desde allí muchas ideas e incluso muchos experimentos extravagantes que costaron tragedias y millones de vidas. Pero<strong> nadie, hasta ahora, había estatizado la felicidad</strong>.</p>
<p>Sin embargo desde la semana pasada ese hito ha sido alcanzado: el hombre que habla con los pájaros, el impresentable presidente <strong>Nicolás Maduro,</strong> ha creado en Caracas el <strong>Viceministerio de la Felicidad Suprema.</strong></p>
<p><span id="more-293"></span>Después de las primeras horas en las que todo el mundo pensó estar frente a un chiste disparatado, el profesor Jirafales confirmó la nueva dependencia del gobierno que se supone debe cristalizar el objetivo de la felicidad colectiva.</p>
<p>Cada uno los venezolanos ya no tendrá -ahora oficialmente- la capacidad individual de decidir con qué es feliz. Ahora será el Estado el que lo decrete.</p>
<p>Por supuesto que el régimen comuno-populista que instauró el dictador fallecido <strong>Hugo Chávez</strong> ya le había arrebatado de hecho, hace muchos años, esas veleidades a sus propios ciudadanos a quienes sencillamente les prohibió el ejercicio físico de la vida.</p>
<p><strong>Pero ahora la altanería comunista ha llevado esa aspiración sobrehumana a los propios escritorios de la administración con la segura intención de que la felicidad pueda ser impuesta por decreto, contra viento y marea.</strong></p>
<p>El ministerio es la encarnación de los deseos del pueblo, debe pensar -con perdón de la palabra- Maduro. El Estado, personificado en él mismo, impone a todos lo que él entiende por felicidad. Se trata de una vuelta de campana completa respecto de los primeros párrafos de la <strong>Declaración de la Independencia de los Estados Unidos</strong>: de una cosmovisión en la que cada uno diseñe el plan de vida que lo haga feliz a otra en donde esos planes son decididos por una nomenklatura burocrática que, desde un escritorio, impone la felicidad a todo el mundo.</p>
<p>¿<strong>Es posible que haya seres humanos que crean que esta concepción pueda ser viable</strong>; que este sistema pueda tener algún viso de lógica y aplicabilidad?</p>
<p>Olvidémonos de los vivos que forman parte de la nomenklatura porque ellos deben ser los primeros que deben reírse en la trastienda viendo cómo hay tantos idiotas que creen sus mentiras, las mismas que les permiten vivir como reyes mientras el pueblo verdadero se debate entre mil privaciones.</p>
<p>Centremos nuestra atención en la gente común; no en los usufructuarios del choreo y de la explotación de millones de zombies. Fijemos nuestro análisis en el pueblo, en los ciudadanos. ¿<strong>Cómo puede ser que siquiera una persona apoye estas notorias estupideces</strong>?</p>
<p>Solo presten atención a la magnitud de la brecha que separa estas maneras de ver la vida y de vivir: Jefferson consideraba que el hecho de que el ser humano tuviera el derecho a “buscar su propia felicidad” es una “verdad autoevidente”, es decir, algo que no necesitaba ser demostrado, una manifestación normal de la naturaleza; <strong>el comunismo en cambio cree que la felicidad es un valor colectivo que el Estado debe definir e imponer por la fuerza</strong>.</p>
<p>¿Cómo puede ser posible que alguien normal caiga en la trampa de este pensamiento? Respuesta: no es posible; no es posible que gente <em>normal</em> caiga en este pensamiento… La que cae no es gente <em>normal</em>, es gente carcomida por la envidia, condición esencial, definitiva y definitoria del comunismo.</p>
<p><strong>Sin envidia el comunismo no puede subsistir.</strong> Precisa de ella para que una mayoría decisiva esté dispuesta a sacrificar su libertad (que Jefferson también consideraba como una verdad incontrastable de la naturaleza) con tal de que el Estado aplique la violencia de su fuerza monopólica para evitar que otros la tengan también.</p>
<p>Este razonamiento se basa en la idea de que el ejercicio de la libertad para buscar la felicidad propia genera desigualdad. Y como esa desigualdad no es tolerada (por la presencia de la envidia) hay que investir a alguien con la fuerza bruta del Estado para que suprima el ejercicio de esa libertad e imponga un modelo único de hombre, sin diferencias y sin cabezas que asomen unas por encima de las otras.</p>
<p>En ese contexto la colectivización de la felicidad y su encarnación en un “viceministro” del Estado es perfectamente compatible con un modelo que no acepta la diferenciación humana, porque toda diferenciación humana es, por definición, envidiosa y condenable.</p>
<p><strong>Ahora el viceministro definirá la felicidad y la impondrá igualitariamente a todos</strong>. Los envidiosos conformes: ya nadie será dueño de elegir cómo ser feliz y tener el incalificable atrevimiento de conseguirlo, mientras otros no lo logren. Ahora mi felicidad será igual a la tuya; será la que el Estado nos entregue a todos: me importa un rábano que no te conforme o que creas que pudiendo elegir libremente serías más feliz, porque probablemente esa felicidad que alcances por las tuyas me ponga verde de envidia. El hecho de que yo disponga de la misma libertad para buscar mi propia felicidad es un argumento que no me conforma porque, en el uso de esa libertad, no soy tan bueno como tú y lo que consigo con su ejercicio es bastante menos de lo que tu consigues. En consecuencia prefiero ser esclavo con tal de que tú también lo seas y de ese modo tampoco tú puedas realizarte y ser feliz a tu modo.</p>
<p>Es muy triste llegar a la conclusión de que pueblos enteros puedan caer presos de estas bajezas. Pero son solo estas bajezas las que explican un sistema siniestro que ha secuestrado la mentalidad de millones y asesinado la vida de otros tantos.</p>
<p><strong>El comunismo no es una ideología política; es una enfermedad del alma:</strong> sólo aquellos que hayan sido contaminados por ese virus malsano pueden servir de apoyo a este engendro que ha superado con creces las otras pestes que ha conocido el mundo. Sólo aquellos dispuestos a entregarle a un burócrata nada menos que la definición de su felicidad pueden ser la carne de cañón para que esta calamidad siga produciendo las mismas penurias que el mundo empezó a conocer de ella hace casi 100 años.</p>
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